Melibro entrevista a Jesús Cañadas autor de “El baile de los secretos” editado por AJEC

Entrevistamos a Jesús Cañadas, autor gaditano autor de “El baile de los secretos”, editado por la editorial GRUPO AJEC.

La nuestra es una labor de promocionar y dar a conocer a un mayor público, a autores que sin llegar, aún, al gran público, luchan por abrirse paso y hacerse un hueco en el mundillo litarario.

Esperamos os resulte interesante.

1. ¿Qué te inspiró para escribir (la novela)?

Hay un rasgo que aparece en muchas de mis historias: la dualidad. Casi todo lo que escribo está dividido en dos: dos estilos literarios, dos visiones de una misma historia, dos voces complementarias. Me apetecía hacer una historia en la que dos mundos diferentes se acercasen y colisionasen. Nada de mundos paralelos, los paralelos no se tocan, sino dos realidades que chocan una y otra vez.

Quise escribir sobre personajes ficticios que se dan cuenta de que viven en una ficción. Ya se ha hecho antes, por ejemplo en Niebla, de Unamuno, pero me apetecía dar mi punto de vista. A partir de ahí, mis obsesiones se metieron en la historia y todo empezó a rodar.  O a volar.
2. ¿Cuáles son tus mitos literarios? ¿Y cinematográficos?
Igual que Chuck Palahniuk decía que quería ser el nuevo Stephen King antes de que Stephen King muriese, yo quiero ser el nuevo Palahniuk mientras Palahniuk vive. Al final Palahniuk se fue por sus propios derroteros, que no tenían nada que ver con King. Me gustaría que a mí me pasase lo mismo.

Por otro lado, de las letras hispanas, de cuando en cuando les hago una visita a Cortazar y a Borges, pero como decía Ricardo Darín al principio de “El mismo amor, la misma lluvia”, dejemos a los genios con sus genialidades.

Uno de mis autores de cabecera en cine es David Lynch. No me gusta todo lo que hace, pero siempre me fascina. Aparte de eso, devoro todo el cine que puedo. Sí, también español.

Un último apunte, que supongo que comparten todos los escritores de fantástico de mi generación: yo de mayor quiero ser Alan Moore.

3. ¿Cómo te documentas para poder ambientar tus novelas?
Bueno, para El Baile de los Secretos no tuve que documentarme mucho. La historia más cercana a nuestro mundo transcurre en un apartamento normal y corriente; está mucho más basada en la interacción de personajes que esconden secretos. La parte fantástica no necesitó más documentación que unos larguísimos paseos entre mi residencia de estudiantes y el centro de la ciudad de Göttingen, donde escribí la mayor parte del Baile.  Eso, y un viaje de seis días bastante intensos a una ciudad que no puedo revelar.

Para la novela que estoy escribiendo ahora, en cambio, he tenido que documentarme durante más de un año. Hay mucho trabajo de biblioteca detrás, mucho correo desesperado a la Biblioteca del Congreso y algún que otro viaje más.

4. ¿Qué personaje enmascara tu “alter ego”?
Tengo un poquito de cada uno, incluso de Abandono, pero creo que el que menos se parece a mí es Carla.

5. ¿Qué novela te gustaría haber escrito?
Te digo dos, una española y una internacional: Saltatempo, de Stefano Benni, y Ventajas de Viajar en un Tren, de Antonio Orejudo.

6. ¿Y cuál detestarías ser su autor?
¿Quieres ponerme en un compromiso? Vale, me mojo: no me gustaría nada haber escrito La Vida Invisible. No diré el autor, que para eso ya está Internet, aunque no es difícil.

7. Una época / vida épica digna de novelar

La Primera Guerra Mundial. Y la Guerra Civil en España, pero desde un punto de vista objetivo.

8. ¿Cuáles son los ingredientes que incluyes en tus relatos?

Las historias que escribo suelen centrarse en temas como la familia, la reconciliación con el pasado y la posibilidad de redención. Pero también intento que haya aventura, me gusta emocionarme con un libro.

9. Un escritor inmortal
No hay manera de salir bien parado de esta pregunta sin quedar demasiado políticamente correcto. En esta sí que no me mojo.

10. ¿Qué estás escribiendo ahora?

Estoy escribiendo una novela, de la cual de momento sólo os puedo revelar el título: “454 de Angell Street”. Creo que con eso basta para saber por dónde van los tiros.

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“El sobrino de Wittgenstein” Thomas Bernhard

“El sobrino de Wittgenstein” es un canto a la amistad entre el autor, mi admirado Thomas Bernhard y el sobrino de Ludwig Wittgenstein, célebre por su tractatus, Paul, Paul Wittgenstein, perteneciente a la misma adinerada familia austriaca que Ludwig, Paul, igual de inteligente y loco, genialmente trastornados ambos, pero de manera distinta. Como bien apunta la contraportada de la edición de Compactos Anagrama, “Ludwig llevó su filosofía al papel y no su locura, mientras él reprimió su filosofía y no la publicó, exhibiendo sólo su locura”.

Paul, apasionado de la música en general, de la ópera en particular, auténtico fanático, auténtico entendido, el que más, que hubo un tiempo que era quien decidía que óperas tendrían éxito y cuáles no, por mor de su locura, de su peculiariedad, acabó pasando largas temporadas en un sanatorio, exactamente en el pabellón Ludwig de la Baumgartnerhöhe, el pabellón de los trastornos mentales, donde a no muchos pasos nuestro amado Bernhard pasaba otra no menos larga estancia en el mismo hospital, en el pabellón Hermann, para enfermos de pulmón.

La novela, es ciertamente deliciosa, suerte de autobiografía Bernhardiana y biografía de su gran amigo Paul, con el que no creamos que coincidía en mucho, pero que sí le aportaba vida, amena conversación, aunque fuera “pelando” a todo lo que les rodeaba, sin dejar títere con cabeza, atacando al mundillo del arte, a los que vivían de ello, gente sin criterio que no repite sino clichés.

Pero no nos adelantemos. Enfermos ambos pabellones del mismo hospital, uno del pulmón – “leer “El aliento” y “El frío” – otro mental, Thomas quiere visitar a Paul, pero no tiene aliento, fuerzas, para llegar hasta su pabellón. Mientras recobra esas fuerzas, ese aliento,  no pierde la oportunidad para volver a cargar contra los hospitales, como centro de muerte, y contra los médicos, a los que considera seres insensibles que deciden arbitrariamente el destino de un ser humano mandándolo al gulaj de la enfermedad, y más en casos de enfermedad mental, sin ningún tipo de contemplación y para colmo, en nombre de la ciencia. Una vez pasada la pataleta – pongámonos en su lugar – contra los hijos de Hipócrates, recuerda a Paul Wittgenstein, su amigo, personaje antológico, extravagante, que odiaba a su familia, la misma que se avergonzaba de él, la misma que lo mandaba al sanatorio después de su ataques, cuando ya no podían más con él. Unos recuerdos que se cruzan con los suyos propios, los de su relación con Paul, el sobrino de Wittgenstein, hablando de música, de arte, ” pelando” , de nuevo, al mundillo literario al que simplemente detestaba, sentados en el Café Sacher y no en el Bräunerhof, donde, en este último, ” reina durante todo el día una penumbra desesperante”, donde podía leer prensa en Inglés y Francés y no la prensa en alemán que tanto aborrecía. Grandiosa la anécdota acaecida cuando le dieron un premio, sentándose de incognito entre el público sin que nadie fuera capaz de reconocerle y dejándolos plantados sin que la ceremonia hubiera realmente finalizado. Para él, aceptar un premio era como aceptar ¡ que te defecaran en la cabeza ! – leer su libro “Mis premios” editorial Alianza -.

Bernhard hace un canto a la amistad, realmente conmovedor, lleno de sentimiento, reconociendo no haber estado a la altura en los últimos días de vida de Paul, su amigo, su gran amigo, posiblemente su único amigo. Verle era como ver la muerte, su muerte, no era capaz de dominarse, coger aliento, dominio de sí mismo, valor para hacerle  una simple visita. La muerte, la gran obsesión de Bernhard. Es increible la sinceridad de Bernhard,  lo que desnudaba  su alma cuando escribía sobre sí mismo, hasta hacerla cristalina ante nuestros ojos. Vemos sus entrañas. Por eso su escritura es genial.

Paul Wittgenstein, el sobrino de Wittgenstein. Este libro es el homenaje a un amigo, a alguien que despreciaba la sociedad de su época, justamente por considerar que negaba su historia y que por tanto, tampoco tenía futuro, alguien que despreciaba igual la  megalomanía del parlamento que la vanidad de los que consideraba “artistas reproductivos”, artistas en serie. Alguien cuyos pensamientos, con toda su excentricidad, son a tener muy pero que muy en cuenta. Lo mismito que los de Bernhard.

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MATILDE POMPAS, de Roberto Aliaga con ilustraciones de Cristina Hernández

MATILDE POMPAS,  de Roberto Aliaga con ilustraciones de Cristina Hernández

Quién no ha pensado desde su más tierna infancia que las pompas de jabón son la cosa más espectacular del mundo mundial y que sería genial que durasen eternamente.

Pues se acabaron las esperas, ha llegado Matilde Pompas, la única que ha conseguido,  con tiempo y mucho esfuerzo, claro,  nuestro sueño infantil.

Es una experta en arreglar desaguisados gordos por todo el planeta  y  fabrica pompas eternas para ello…pero ¡ay, pobre Matilde! en las cosas de a pie falla; intenta arreglar algo cuya solución no pasa por  cubrir con una burbuja, sobreproteger,…pero es que ella no controla las cosas sencillas como jugar, abrazar, así que es normal que vea el mundo desde su  particular ‘triunfo’ y,  sin darse cuenta, aplique métodos grandiosos a alguien pequeñín.

Es triste lo que ocurre después, nos parece que con su apaño ha quitado la oportunidad de mejorar a ese niño que encuentra en la calle,… o no, quién lo sabe; Matilde Pompas se ha equivocado, pero no la juzguemos mal, no todos tenemos la solución a cada problema, lo peor  es no hacer nada, y ella  al menos lo ha intentado.

Y así, leyendo, leyendo, ¡zas! se acaba el cuento…pero Rober te deja pensar mientras ves las pompas volar, pompas preciosas que surcan las páginas del libro.

Bellamente ilustrado por Cristina, otra amante del jabón,  eso se nota,… es para quedarse a vivir dentro del cuento o para leerlo millones de veces, qué digo millones, trillones…

Disfrutar con este bombón que no se deshace con el calor.

Matilde Pompas de nuestro amigo Roberto Aliaga, pone color Cristina Hernández y lo edita Narval

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“It’s a boy – It’s a girl. Editorial Taschen

Editado por Taschen

¡Dos libros en uno!

It’s a Boy – It’s a Girl añade una nueva dimensión a la clásica búsqueda de un nombre para los recién llegados al planeta Tierra: ¡un nombre es una trayectoria! Kirsten Dietz ha tomado casi 300 fotos para registrar edificios corporativos y escaparates de tiendas de EE UU, Europa y Asia que llevan el nombre de su dueño. Desde salones de exposición para automóviles hasta peluquerías y pubs en una esquina, y desde supermercados a floristerías y lavanderías, incontables áreas de actividad están abiertas al titular de cada nombre, un modo ideal de ayudar a los padres primerizos o expectantes a tomar su decisión. Con nombres desde Alberto a Yusuf y desde Açelya a Yvonne, este libro bifronte (It’s a Boy en una mitad, y dale la vuelta para descubrir It’s a Girl en la otra) también es un volumen de fotografía bellamente diseñado.

Sobre los editores y autores:
Kirsten Dietz ha disfrutado de éxito internacional durante años como diseñadora y fotógrafa con su agencia Strichpunkt y ha ganado muchos premios de diseño. Participa como jurado en numerosos concursos de todo el mundo y es miembro del Art Directors Club, el Type Directors Club de Nueva York y D&AD.

Jochen Rädeker, diseñador gráfico y escritor, fundó la agencia de diseño Strichpunkt con Kirsten Dietz y es uno de los talentos creativos más destacados de Alemania. Jochen Rädeker es el presidente del Art Directors Club de Alemania y cuenta con diversos proyectos internacionales de libros bajo su nombre.

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“En los aledaños del infierno” Abelardo Martínez ( Editorial CULTIVALIBROS )

Abelardo Martínez es bien conocido como poeta. Destacan sus dos libros de poesía publicados, “En la cumbre del viento” y el más reciente, dentro de un precioso proyecto con los presos de la cárcel de Picassent , en Valencia, “Poemas desde la prisión”. Sin embargo, Abelardo nos sorprende aquí con una obra en prosa, con una novela de tintes policíacos ambientada en la ciudad de Badalona.

Toda narración tiene un protagonista. Aquí el autor cuenta una historia de tristes pasiones humanas, de la mano de, de un lado individuos comunes que no mediocres – un librero, un carnicero, un voluntario en un centro de enfermos de SIDA…- y de otro  – un sacerdote ávido de acumular riquezas y provocar miedo, un detective privado sin escrúpulos ni vergüenza, un cazador aficionado a los lupanares…- seres menos comunes, eso creen ellos,  totalmente desbocados en la búsqueda del verdadero protagonista de esta historia no tan alejada realmente de la ficción: el poder, con  sus  inseparables compañeros: traición, miedo, extorsión…, y su inevitable obsesión: el dinero.

“Los aledaños del infierno” gira alrededor del caso del  hermano del sacerdote de Badalona, que desaparece sin dejar rastro. El susodicho sacerdote, influyente, acaparador, mafioso…, contacta con la policía para que resuelvan el enigma. El desaparecido, personaje igualmente turbio, regentaba una inmobiliaria, debía dinero a bastante gente a lo que se suma sus desvaríos producto de su relación con una rubia ucraniana ex prostituta, mujer que le sacó lo que quiso hasta que se hartó de él,  dejándolo, según era bien sabido por todos, compuesto y sin dinero.

La investigación nos permite conocer el barrio, a sus gentes, con sus deseos mundanos, sus anhelos, sus miedos. Uno de ellos trabaja en la librería del colegio que depende del patronato de la  iglesia. Ahí  que vemos hasta qué punto está a merced del cura, del que depende su sustento. A partir de lo que éste sabe – la última vez que se vio al desaparecido iba con él-  se inicia la investigación que lleva a la policía hasta un taxidermista que algo parece ocultar.

De un lado, mientras la investigación avanza, es relatado paralelamente, la vivencia de uno de los personajes, voluntario en un hospital para enfermos de SIDA. Asistimos a unos dramas personales sin igual. Historias que seguro Abelardo habrá tomado de sus experiencias en la prisión de Picassent con los presos con los que colaboró para la confección de “Poemas desde la prisión”. Relatos muy duros sin duda, pero que no por no mirarlos van a dejar de estar ahí.

La trama trae nuevas sorpresas, giros que sin duda harán las delicias del aficionado a las novelas policíacas, que nos llevarán desde al drama de vivir en prisión, a los fríos parajes de Kiev, Ucrania, donde el relato toma cuerpo y es, sobriamente, resuelto.

Lógicamente no adelantaré nada a ese respecto. Faltaría más. Sí diré que tiene el acierto  de presentar la historia, sus personajes, y cuando crees que como en cualquier novela al uso, ésta va a recrearse en alargar la trama y darte pistas falsas para supuestamente sorprenderte, ¡Zas!, te da con la verdad, con toda su sordidez, en toda la cara. La novela de Abelardo tiene la primera virtud de retratarnos los mecanismos de poder de cualquier sociedad humana. Mostrar como unos individuos se alzan sobre otros sin misericordia ni escrúpulos, donde la violencia física no es siquiera necesaria, dando por sentado unos que deben dominar para no ser dominados, y otros que deben ser dominados. Una segunda virtud es contarnos como en segundo plano,  existe un mundo poblado por seres malogrados por el infortunio, por haber jugado mal sus cartas o simplemente arrollados por las adversas circunstancias que les ha tocado vivir. Un mundo que ocultamos desesperadamente, fingiendo que ni existe ni se ve, cosa que hace tan difícil salir al que cae en él. Sólo por esto el presente libro valdría la pena, pero es mucho más. Su tercera virtud es, ya en el plano novelesco, una vez mostrado el plano de no ficción, es como digo, ser ameno, directo, ágil, no “marear la perdiz” como se suele decir. Me ha gustado justamente porque la novelización parece más realidad que ficción. Las cosas por desgracia no son tan retorcidas como en las películas o novelas, ojalá. Y aquí eso es perfectamente descrito. Cuando el caso es resuelto, con una línea de investigación lineal aunque de avance arduo, debido a las trabas que los que juegan con cartas marcadas ponen a cada paso, todo es presentado tan claro, cristalino, tan…..¡tan real!. Debe de ser que para escribir una obra de ficción lo menos contaminada posible por ese mundo alejado de lo real, hay que tener justamente poco contacto con el mundo de ficción que nos ofrece el arte, y mucho con la cruda realidad. Haberla visto de frente.  Creo sinceramente que Abelardo en esta obra de ficción, nos regala unos jugosos bocados de realidad.

Pasen y lean

Félix Villanueva Barrero

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