“Elna y la caja de cerillas” Modernito Books
Elna y caja de cerillas es un cuento que nos llega de la mano de Modernito Books, una nueva editorial que entra en el panorama infantil pisando fuerte, con una declaración de intenciones que reza “Nos gustan los libros; Nos gustan los buenos libros; Nos gustan los libros bonitos…” Sin duda, este álbum ilustrado es uno de esos libros que podemos considerar buenos y bonitos.
El cuento que nos ocupa narra la historia de Elna, una fantasiosa jovencita cuyo mayor sueño es tener una mascota, pero como todo soñador que se precie no se conforma con las cosas que tiene al alcance de la mano, en este caso, Elna no quiere una mascota común, no le gustan las palomas y no se lleva demasiado bien con los gatos. Lo que ella quiere es tener un león comiendo de su plato o una ballena nadando en su bañera.
Nuestra protagonista se pasa tanto tiempo soñando con animales grandísimos que no se le ocurre pensar en los animales chiquitines hasta que su padre le regala un bichito en una caja de cerillas.
Judit Canela es la autora de este cuento entrañable con un final inesperado, y no solo firma el texto, sino que las imágenes que lo ilustran también han salido de su pluma. Se trata de una suerte de collages muy poperos salpicados de tonos ocres y una serie de estampados que nos recuerdan a los años 60.
Elna y la caja de cerillas es uno de esos cuentos que despierta la imaginación de los niños y hace aflorar el sabor de la nostalgia en los no tan niños.
Hasta la fecha Modernito Books ha publicado cuatro textos infantiles. Yo he tenido la oportunidad y la suerte de disfrutar de dos ellos. Esta editorial defiende la calidad. No solo apuesta por los buenos textos, sino que también apuesta por la belleza y el valor que posee el libro como objeto. Puedo decir que me encanta lo que he visto hasta el momento y estoy deseando ver nuevas publicaciones porque estoy segura de que no nos defraudarán.


“DISTURBIOS“ JAMES FARRELL
JAMES FARRELL
Trad.: J.M. Álvarez Flórez
Ed. Acantilado, 2010
Primera parte de la llamada Trilogía del Imperio, Disturbios pertenece a ese tipo de narración que han desarrollado algunos escritores británicos como Anthony Burgess, Evelyn Waugh, Stella Gibbons, etc., en la que se refleja el caos y desmoronamiento del imperio y el fuerte impacto que supuso en la sociedad británica, pero mostrado desde un punto de vista cargado de un humor muy británico, a veces sarcástico, a veces irónico, pero inevitablemente hilarante. Para Inglaterra la caída fue durísima. Y quizás sea el humor la única manera de sobrellevarlo.
Brendan Archer, comandante retirado regresa de la primera gran guerra con los nervios algo perturbados. Tras un tiempo de descanso, decide visitar a Angela Spencer, con la que supuestamente está prometido, aunque de modo muy informal. Ella vive en Kilnalough, un pueblecito de la costa sur de Irlanda, donde su padre, Edward, terrateniente local, regenta el Majestic, un vetusto hotel en franca decadencia, ocupado por un grupo de ancianas y algún otro vejestorio, un inestable hijo, Ripon, y una ingente cantidad de gatos y otros animales de granja. Angela no parece recibirle con demasiado interés, pero el resto de los huéspedes y el dueño, lo acogen como agua de mayo, para sacudirles del mortal aburrimiento que sufren. Sarah Devlin es otro personaje importante: amiga de la infancia de Angela, frecuenta el hotel, pero no es muy bien vista, por ser católica, frente a la mayoría protestante de los habitantes del Majestic. Tomará el relevo de Angela en el corazón del comandante, pero los planes de Sarah son diferentes.
De momento el comandante Archer se instala, con la idea de romper su compromiso y marcharse de allí, lugar que encuentra desolador y lleno de perturbados y enloquecidos personajes. Pero, al modo que Buñuel nos presenta en El ángel exterminador a un grupo de aristócratas encerrados en una mansión de la que misteriosamente no consiguen salir, Farrell nos presenta a los pobladores del Majestic, un reducto de unionistas protestantes (de clase alta venida a menos) como adosados al edificio, ya en grave deterioro, invadido por las plantas y por los gatos. Incapaces de abandonarlo, salvo excepciones, Archer es el único que entra y sale, pero poco a poco va invadiéndole la molicie y recorre las desoladas habitaciones vacías, en una imagen que recuerda los pasillos de Barton Fink, de David Lynch. La llegada de las gemelas, las hijas menores de Edward Spencer, añade leña al fuego: los disparates se suceden constantemente. Tras un intento de recuperación de los viejos tiempos, con la organización de una gran fiesta, canto de cisne del Majestic, se inicia un proceso acelerado de decadencia que finaliza de modo abrupto, coincidiendo con los comienzos de la independencia irlandesa y el caos del abandono masivo de ingleses y el despliegue del IRA.
La narración hecha en tercera persona, pero desde la óptica de Archer, se desarrolla en el marco de la Irlanda de los años previos a la independencia, concretamente, entre el verano del 1919 y la primavera de 1922. Los propios irlandeses entre sí están sumidos en la confusión. Pero los disturbios, que de ahí toma el nombre el libro, no sólo se producen en Irlanda: en Egipto, en India, en todo el mundo imperial británico. Y Farrell los introduce asépticamente a modo de noticias de prensa, para dar cuenta del clima general, exterior al pequeño universo del Majestic. Es decir, el hotel y sus habitantes funcionan en la novela como un símbolo de la Vieja y decadente Inglaterra imperial, con la estatua de bronce de la Reina Victoria como guardiana. El tono general es tragicómico; las palizas, los asesinatos, los insultos y vejaciones son vividas por los huéspedes como algo casi natural, que han de compartir con resignación, aunque de vez en cuando hagan amagos de indignación y traten de defenderse, sobre todo el belicoso Edward, conforme va aumentando su nivel de desequilibrio mental. El comandante acaba por asimilar el papel del propio Edward, haciéndose cargo de todo hasta el final, si bien Murphy, el viejo sirviente, es el que juega la última baza.

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“LA INDIGNACIÓN A ESCENA DE PASIÓN MORAL A LA AGITACIÓN POLÍTICA” Fernando R. Genovés
| Portada de Fuensanta Niñirola |
LA INDIGNACIÓN A ESCENA
DE PASIÓN MORAL A LA AGITACIÓN POLÍTICA
Fernando R. Genovés, 2012.
Libro disponible en Amazon – 3’10€
http://www.josevicentepascual.com/p/libroslecturas.html
Dice Elías Canetti, en su muy justamente archicélebre Masa y poder, que “a la masa desnuda todo le parece la Bastilla”. Hay una presunción de autenticidad, verdad y razón en las demandas del indignado. Si están indignados, “por algo será”.
Fernando R. Genovés desmonta pacientemente el mito de la indignación como atributo moral (la ética de la furibundia), a través, primero, de un repaso histórico a la cuestión lleno de jugosas referencias, atinadas citas de los clásicos y un análisis sutil, amable, de la (sin)razón última que sostiene a la actitud indignada. Quienes en el ámbito de lo político y social expresan y escenifican indignación, en realidad ponen de manifiesto, con exceso de alharaca, su frustración ante la injusticia basal de un sistema que no puede en momentos puntuales (por decirlo llanamente: a la hora de la verdad), atender las quiméricas demandas de “la sociedad del bienestar”, tal como nos tiene prometido. No se trata por tanto de una impugnación a la totalidad, sino de una reacción desaforada ante los agravios que, necesariamente, emanan de ese núcleo inalterable que continua determinándolo todo. Paradójicamente, las incurias de lo anecdótico sepultan la refutación de la categoría. Ese es uno de los problemas, no el único, acaso no el decisivo, del “pensamiento indignado” orientado a la acción y la agitación política.
En la segunda parte del ensayo, Genovés propone una ética personal y política “del contento” (no de la resignación, mucho menos de la alineación), fundamentada en el optimismo (dentro de lo que cabe) y la racionalidad. Si el indignado tiene tantos motivos de queja, y tan graves, que no puede expresar ninguno de ellos con sosiego (y por supuesto, no puede admitir discrepancia porque el oponente se expone a padecer su ira), es entonces necesario articular una ética de lo público donde las ideas y acciones propendan a la modelación de la conciencia, no a su disolución en el magma del descontento colectivo.
La verdad es que me lo he pasado de fábula leyendo este delicioso ensayo. En tiempos lóbregos, de griterío y demasiado desconcierto, se agradece este ejercicio de sentido común y, sobre todo, de sosiego. El mundo puede (debe) cambiar y ser cambiado. Pero “a lo bestia”, “por razones o por cojones”, es un camino en exceso pisoteado. Ya pasaron por él todos los indignados de la historia (de derechas, de izquierdas y de “ni una cosa ni la otra”). Y mire usted los resultados. Un poco de cordura, por favor.
Reseña de José Vicente Pascual en su blog LEJOS DE ITACA:
http://www.josevicentepascual.com/p/libroslecturas.html
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“La tregua” Primo Levi
La tregua (1962) – Primo Levi (1919/1987)
Ya he reseñado “Si esto fuera un hombre”, “La tregua” es la continuidad de esta trilogía que la completa “Los hundidos y los salvados”. El relato nos sitúa en lo que pasó después que los Alemanes abandonaron el campo donde lo tenían prisionero.
Luego que los Alemanes se marcharan, llevando solo a aquellos que se podían mover por sus propios medios, atrás quedarían los enfermos, los moribundos y los cuerpos sin enterrar de quienes no habían podido resistir tanto maltrato.
El protagonista, quien no es otro que el mismo Primo Levi, ha quedado en el campo muy enfermo, junto a otros que se encuentran igual que él tratan de mantenerse vivos con lo poco que han podido conseguir, a costa de no ayudar a quienes se encuentran en el mismo estado. Sobrevivir como sea hasta que llegue la ayuda. El invierno arrecia y todo a su alrededor es hielo y muerte.
Con el paso de los días el grupo se ha organizado y trata de mantener la fe de que serán rescatados. Con la llegada de la primavera son apenas un puñado de escuálidos hombres, los Rusos por fin llegan al rescate y la ilusión de que están a salvo se renueva.
Primo junto a otros compañeros de distintas nacionalidades son trasladados hasta un campo cercano y atendidos con lo poco que aún tienen de medicinas y comida. La guerra aún continua, el desorden y la falta de información desesperan a los hombres que quieren regresar a sus hogares.
El autor analiza cada situación y la transmite con verdadera luz, los actos de los hombres no mejoran con la tan ansiada libertad. Muy dentro de cada uno de ellos la esencia ha cambiado, todo aquello en que creían está en duda, en un mundo destruido y sin futuro donde proyectarse los vuelve casi bestias. Es así como deciden marcharse por sus propios medios en busca de lo que les es negado. Toman un tren sin rumbo, sus corazones faltos de protección y esperanzas los alienta a seguir para adelante a pesar de todo…
Cada página es un descubrimiento del hombre y sus falencias, de sus miedos y padecimientos. En verdad creo que hace bien leer sobre estos temas, nos permite encontrarnos a nosotros mismos y entender el pasado un poco más. Leer esta trilogía es casi un deber, no para cumplir con una tarea, simplemente para calmar en nosotros tantas dudas que a través de los años nos han acompañado y seguirán haciéndolo porque en definitiva no hay respuestas para tanta muerte inútil.
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“El Barça. Del fútbol total al fútbol cuántico” Sandro Modeo
Ediciones Alfabia publica este notable y singular libro escrito por el mismo autor de “José Mourinho. Veni, vidi, vinci”, cuando el F. C. Barcelona de Guardiola tenía 12 títulos, que luego serían 13 tras esa exhibición histórica ante el Santos brasileño que tantas ampollas ha levantado en el país carioca.
“Un libro de Fútbol que no es como los demás” pone en la contraportada. Que el prólogo sea obra de Irvine Welsh, el creador de “Trainspotting“, “Acid House” y tantos trabajos transgresores, ya indica que el habitual tono “hooligan” propio de estos lares, brilla por su ausencia. Que Modeo, hombre de ciencias, empiece comparando el equipazo de Guardiola con la literatura de William Gibson, Philip K. Dick y el malogrado Forster Wallace, confirma este insólito feliz hecho.
A mí, muchas veces, me ha dado vergüenza reconocer que me gusta el fútbol, ya sea porque detesto casi todo lo que le rodea, por haber aguantado lo que Modeo llama, con cierto solapado desprecio, millones de “conversaciones de barra de bar”, por comprobar que muchos aficionados son fanáticos incultos orgullosos de serlo o por el pésimo nivel de muchos periodistas deportivos que no son más que hinchas disfrazados, lo cierto es que hubo una época en que creía, equivocadamente, que la inteligencia, era un “rara avis” en este mundillo.
Por fortuna el haber leído unos cuántos grandes libros sobre el tema ha hecho trizas mi error, y aunque entiendo, entre asqueado y burlón, que el “deporte rey” se ha extendido a la telebasura en programas en los que todos gritan a la vez y se visualizan sms tipo ” Bmos ha gana ete prtido” o “lo an alludao ls harbitros” ( cuando pasa al revés no dicen nada ) por medio de aficinados y supuestos periodistas. Pero tras el trabajo de Modeo comprendo que sí, que hay mucha inteligencia en el planeta fútbol. Hacen falta más “maldinis” y menos de los otros. Cómo dice uno de los escasos representantes del fútbol total en suramérica, Pacho Maturana, refiriéndose a su país, Colombia: “nuestro fútbol y nuestra sociedad necesitan más cultura”, aqu incluida en la página 218 y que puede extrapolarse al resto del mundo.
¿Qué es eso tan europeo del fútbol total? Es el sistema en el que “atacan todos y defienden todos”, como afirmó uno de sus máximos gurús, el holandés Rinus Michels. Ese orden riguroso que, como define Modeo, construye antes que destruye, anticipa antes que espera y propone antes que responde. Un sistema netamente ultraofensivo que, nada contradictoriamente, se ve cimentado en una fuerte defensa y que ha llegado a su máxima expresión con el BARÇA de GUARDIOLA, muy posiblemente el mejor equipo de todos los tiempos ( eso no quita que pueda perder )
Historia tanto del Barça como de esa alegría para la vista, el fútbol total se hizo famoso con la Holanda subcampeona del mundial del 74 entrenada por el propio Michels y con Johan Cruyff como máxima estrella. Un equipo que, entre otros logros, arrolló a Argentina, Brasil o Uruguay antes de perder en la final, donde primaba la estética por encima del resultadismo.

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