“Pacific Alamo” de John Wukovits

La batalla de la isla de Wake, en el pacífico en diciembre de 1941, fue la primera en la que los estadounidenses presentaron dura resistencia al invasor nipón tras el desastre de Pearl Harbour y tras varias derrotas consecutivas en el espacio de pocos dias. Su tenacidad fue tal que antes de la inevitable derrota final, la isla recibió el sobrenombre de “Pacific Alamo” en recuerdo de la feroz lucha que los tejanos ofrecieron a los mejicanos en el siglo XIX.

Este libro cuenta tanto la historia de la batalla como el posterior suplicio que sufrieron los prisioneros USA hasta el final de la guerra.

Por desgracia este libro es uno de los muchos, demasiados libros, que abordan la II guerra mundial – y lo mismo ocurre con otras guerras- desde una postura tipícamente estadounidense más propia de los films de propaganda de los años del conflicto que de un libro de historia de verdad, resultando más bien un panfleto patriotero y militarista de tufillo derechista.

Este es un trabajo maniqueo, de buenos y malos, visto desde un punto de vista casi 100% “yanki”, con los japoneses tratados de diversas maneras excepto como seres humanos, al menos como norma general. Resulta edulcorada su visión de la guerra, venciendo una óptica épica e inflamada sobre el horror, la crueldad, y la inmensa estupidez que resultan todos los malditos combates de la historia.

El resultado final es de lo más manipulador y repugnante. Cierto que no se puede discutir el coraje de los estadounidenses,las aberraciones de los japoneses y que el libro cuenta bien los hechos centrales de la batalla. Pero Wukovits, que no es precisamente Antony Beevor, con su enfoque belicista, desfasado, tendencioso, simplón, poco objetivo, lo echa todo a perder, y el mejor ejemplo de ello es que pertenece al grupo de historiadores, inmorales, que apoyan el lanzamiento de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki que tantas muertes y sufrimiento innecesario crearon.

Su previsible y muy discutible tesis  es que, como típico historiador yanki, las dos malditas bombas – a eso llega la inteligencia y capacidad del ser humano- sirvieron para poder poner fin a la monstruosa guerra. Que eso lo piensen los antiguos prisioneros USA que vieron como sus años de infernal cautiverio llegaban a su fin, es comprensible, aunque parece ser que no pocos de ellos y de otros paises occidentales murieron en las explosiones. Ahora: que eso lo defienda un “historiador” cuya principal labor es investigar y no dejarse llevar por opiniones parciales o interesadas resulta despreciable. Hay otras tesis más rigurosas y objetivas pero menos oficiales que cuentan que el Japón imperial estaba dispuesto a rendirse conla mediación de los hasta entonces neutrales rusos, algo que sabían perfectamente los americanos gracias a la interceptación de mensajes. Pero ni a uno ni a otros les interesaba, por el momento, la paz.

Los soviéticos – que se callaron- querían meterse en la guerra del pacífico para invadir manchuria y diversas islas clave en manos de los nipones. Los americanos querían probar las bombas y así hacerles una buena advertencia a los comunistas, que se perfilaban como su próximo enemigo.

Para Wukowits, los americanos parecen incapaces de hacer algo mal, probablemente se trate de uno de esos propagandistas que se creyeron lo de las armas de destrucción masiva de Husseim.

Los innegables aciertos del libro se ven oscurecidos por su falta de rigor, por su visión facilona, que lo convierte en un panfleto demagógico que produce hasta asco. Había mejores maneras de rendir homenaje a sus compatriotas , sobre todo para el lector ávido de aprender no sólo de historia, sino también acerca de la condición humana.

Hollywood se ocupó de Wake – “Wake island“, 1942, con la típica película de propaganda poco después de finalizada la batalla, algo normal en el contexto de la guerra, pero no ahora, en pleno siglo XXI.

UN HILUSTRE HARTISTA,

UN SAVIO HINTELECTUAL

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