“MIGUEL ÁNGEL, UNA VIDA INQUIETA” Antonio Forcellino
POR ARIODANTE
Antonio Forcellino (Vietri sul Mare, 1955), gran especialista en el arte del Renacimiento, tuvo a su cargo la restauración del Moisés de Miguel Ángel y el Arco de Trajano.
Autor de numerosos estudios sobre la obra de Miguel Ángel, Rafael, Leonardo, y sobre la Capilla Sixtina en particular, que, a raíz de su reciente restauración, nos ha hecho cambiar tantos conceptos sobre su autor y su trabajo.
El genial pero conflictivo artista Miguel Angel Buonarroti nos es presentado en esta obra por el escritor, restaurador e investigador artístico Antonio Forcellino desde una perspectiva novedosa; Forcellino no sólo nos relata la vida de Miguel Angel: nos hace revivir la historia italiana, la época vivida por el artista, una época turbulenta, de luchas, conspiraciones, alternancias políticas constantes, pero a la vez, de enorme proliferación artística, un hervidero de grandísimos autores, muchos de ellos polivalentes, como es el caso de Miguel Angel, que lo mismo pintaban, que esculpían o proyectaban un edificio. Miguel Angel, tal y como nos lo presenta Forcellino, es un genio, pero también es un hombre, con sus defectos, sus miserias, sus esperanzas y sus deseos. Y es un hombre que vivía inmerso en la vida de su ciudad, Florencia, floreciente de arte, desbordante de ideas nuevas filosóficas y políticas, patria de Maquiavelo, del terrible Savonarola, y de los contradictorios y temidos Médicis, así como de Roma, donde tantos años pasó trabajando, al servicio de múltiples papas.
Forcellini abunda en descripciones técnicas interesantísimas para los amantes del arte que, sin embargo, no son farragosas para los legos en la materia, sino más bien didácticas; así como apoya sus recreaciones de la vida del artista en numerosas cartas y documentos, que nos presentan como distinto el enfoque que hasta ahora se ha sustentado sobre él. Y trata muy sutilmente, a mi juicio, el tema de su orientación sexual, porque Miguel Angel era, sobre todo, un genio artístico y el hecho de preferir la compañía masculina es una simple anécdota en una persona de fuerza y vitalidad creadora excepcional, que concentraba su vida en su trabajo artístico.
Aunque sus orígenes eran modestos, su ascendencia había sido patricia, y toda su vida trató por todos los medios de que su familia recuperase la posición social perdida. A ello dedicaba sus inmensas ganancias, ya que Miguel Angel desde muy pronto comenzó a ganar mucho dinero y a tener fama y ser altamente considerado por los mecenas de la época. El problema es que los pagos que recibía los derivaba inmediatamente a su familia, mientras que él vivía pobremente, porque en realidad nunca le interesó el lujo; no tenía verdaderamente otro interés que su trabajo, que constituía para él en una pasión. Sólo en sus últimos años se permitió la debilidad de enamorarse y también la de relacionarse con un grupo de disidentes religiosos, en la época en que la Reforma hacía estragos en Europa Central, y sus últimos trabajos están influenciados por las ideas mantenidas por este grupo, que finalmente fue perseguido y dispersado, y su trabajo sufrió una cierta censura, pasando unos tristes años antes de su muerte, ya nonagenario.
El drama de su vida era su terrible carácter: terco, perfeccionista, belicoso, insoportable para los que le rodeaban, haciendo del arte una pasión incontrolable, que le llevaba a aceptar y acumular encargos que sobrepasaban sus fuerzas y sus posibilidades, pero inasequible al desaliento que a temporadas le invadía, ante la avalancha de reclamaciones ante obras no terminadas, compromisos incumplidos, originados en parte por los vaivenes políticos y en parte por sus propios vaivenes, su competencia con otros artistas geniales como Rafael, o Bramante, sus incontinentes deseos de crear, de hacer surgir de la piedra o de los muros aquellas figuras impactantes, aquellos hombres musculosos, aquellos jóvenes fuertes y exuberantes, aquellas mujeres andróginas, aquellas formas artísticas, en suma, que nos anunciaban una nueva época en el arte, una nueva manera de hacer, un nuevo enfoque de motivos, una vuelta al clasicismo pagano, y a la vez un resurgir del humanismo, el hombre como centro del universo, la humanización de lo divino. Su genialidad radica en la creación de nuevas formas artísticas y de nuevas maneras de crear arte. En hacer lo que aún no se había hecho, en pretender lo imposible.
El autor nos narra las etapas florentinas de Miguel Angel, primero siendo muy joven, al servicio del gran Lorenzo el Magnífico, que sabía descubrir en seguida cuando se hallaba ante un gran artista. Después de su huida de Florencia tras la caída de los Médicis, vuelve y realiza el David, obra que constituyó el símbolo de una pequeña república que luchaba contra el Goliat que representaba Roma y el Imperio de Carlos V, por un lado, y la potencia francesa por otro, todos ellos tratando de hacerse con Florencia. También de esa época es la realización de la primera Pietá, que hoy se encuentra en San Pedro.
Posteriormente es reclamado en Roma por el papa Julio II, el papa guerrero, que le convence primero para que construya su tumba, obra que le duró casi toda su vida y que abandonaba y retomaba según las circunstancias y que fue una espinita que le amargó la existencia hasta el final. Y después Julio II le convenció para que pintase los techos de la capilla Sixtina, a él, un escultor que apenas había pintado y que no conocía la técnica del fresco. Y a pesar de todo, lo hizo, ¡y cómo! Al morir Julio (que era un Della Rovere) y ascender al papado un Médici, vuelve a Florencia, tratando de escapar del encargo de la tumba juliana, y es entonces cuando, tras una serie de complicaciones, disgustos y problemas, acaba por realizar las maravillosas figuras del mausoleo de los Medicis en San Lorenzo. En esa etapa diseña también las murallas defensivas de la ciudad, que era atacada por los ejércitos imperiales, por los franceses, por la Liga italiana… Miguel Angel desata una frenética actividad a favor de la República.
Más tarde retorna a Roma, donde le reclaman que siga con la tumba juliana, y le es encargado el fresco del Juicio final, en la Sixtina, más sorprendente si cabe, y que pinta prácticamente solo, ya que sus ayudantes no soportaban mucho tiempo con un jefe tan puntilloso y terco. Forcellini analiza aquí las importantes innovaciones que representa su pintura, en unas reflexiones muy interesantes. Llegamos a la etapa más penosa de la vida de Miguel Angel: la que comienza con su enamoramiento, ya sesentón, y sus relaciones con el grupo de Vittoria Colonna y sus Espirituales, y la finalización de la tumba de Julio II con el magnífico grupo escultórico dominado por la espléndida figura del Moisés. Vuelve a la pintura al fresco con la Capilla Paulina, donde realiza asimismo innovaciones muy novedosas y que le acarrearon posteriores censuras religiosas (los famosos calzones, pintados posteriormente para tapar las partes pudendas). Y finaliza su vida, marginado y acosado por los contrarreformistas y la Inquisición, esculpiendo dos impresionantes pietás de una fuerza y contemporaneidad impresionantes.
En fin, una magnífica biografía, que disfrutarán no sólo los amantes del Arte, sino los de la Historia, ya que es un fresco narrativo de un siglo y de un país maravilloso: Italia renaciendo.
Publicado en: http://www.hislibris.com/miguel-angel-una-vida-inquieta-antonio-forcellino/
Share








hay mucho simil entre la asociacion de miguel angel, victiria colonnna y wolf con lo que que hace el opus dei por la iglesia catolica en el mundo.