“Mi madre” de Richard Ford
Hasta ahora no había leído nada de Richard Ford. Novelas como “El periodista deportivo” o “Acción de gracias“, novelas con el encomiable, y ambicioso, objetivo de retratar a la sociedad norteamericana, me habían atraído pero a la vez echado para atrás.
Anagrama ha publicado este libro cortito – 78 páginas – que puede ser una buena iniciación para leer a Ford. A mi me ha resultado una lectura muy gratificante, terriblemente amena. Igualmente me sentí atraído por la época de juventud y primera “adultez” de la madre de Ford, los años de la gran depresión, esos años también retratados -a su manera- por la serie de TV “Carnivàle“, serie fantástica.
La madre de Ford se llamaba Edna Akin, nacida en 1910 en un rincón de Arkansas, una zona dura y más en esa época. Su madre, la abuela de Ford, dejó a su marido – a su abuelo- y sentía que su hija era un estorbo en su idea de seguir “hacia adelante”. Así hacía pasar a su hija por su hermana. En este difícil ambiente Edna creció, hasta que encontró al padre de Richard. De esta unión nació el escritor y en este breve relato nos lo cuenta.
A partir de estas vicisitudes familiares, lo que más me ha gustado en como fue moldeándose la relación madre hijo, sobre todo tras la muerte del padre en 1960. Una mujer que nunca ya fue feliz, si es que lo fue en algún momento, que parecía sufrir pero que se esforzaba por ocultarlo, que tuvo que ocuparse del hijo que ya a la edad de 16 años se metía en problemas, del que luego se separó para ir éste a la universidad en Michigan. Luego llegó el cáncer que acabó con su vida en 1981. Una mujer que aceptaba el destino que le había tocado, con la única casi obsesión que su hijo fuera feliz, sin preocuparse por ella en exceso.
Todo es relatado de manera exquisita, he disfrutado. Un homenaje a su madre y a todas las madres. Leyendo el libro te acuerdas de la tuya propia y eso le da más valor aún. En la página final, en la 78, hay una gran frase que redondea todo lo anterior, con las palabras idoneas, la guinda al exquisito pastel: “No hubo en su vida nada particularmente brillante, nada notable. Nada heroico. Ningún logro honorífico que ensanchara el corazón. Se daban bastantes factores negativos (…)Pero de alguna manera, hizo para mí posibles mis afectos más verdaderos, como los de una gran obra literaria conferiría a su lector devoto”
Chapeau
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