7 Mar 2010

“Martin Eden” de Jack London

por  J.J. Holden    

Se acaban de cumplir 100 años de la publicación de esta demoledora novela, plenamente vigente, donde se narra la vida de Martin Eden, el ignorante marinero que se convierte, tras un proceso doloroso, en un célebre escritor, alter ego del propio London (1876-1916), para comprobar, una vez llegado a la cima, que ésta es un sitio solitario y carente de belleza, lo que le llevará a una decisión que no me atrevo a juzgar o a condenar, como pasó con el propio novelista.

Este es un libro fuertemente influido por las doctrinas de Nietzsche y especialmente la teoría del super hombre de “Así habló Zaratustra“, doctrinas pervertidas por el nazismo y que son clave en las corrientes del satanismo moderno, que no por casualidad, tienen a Jack London en un altar.

El viaje personal de Eden, sediento de vida, belleza y arte, locamente enamorado de una mujer de elevada posición social, es un viaje hacia la desilusión y la autodestrucción. Un viaje, como diría Baudelaire, hacia el aniquilamiento. Cuando Eden cumpla sus sueños, verá que está vacío y solo, que no tiene a nada ni a nadie sobre lo que agarrarse. Porque, una vez caídas todas las máscaras, todas las fachadas, todas las falsedades, la realidad le revela que nunca ha existido nada que lo pueda sostener permanentemente. Ni las personas ni los libros. Nada. Un descenso camuflado de ascenso hacia la nada más absoluta.

Su tremenda y apática lucidez le muestra las miserias del ser humano, sin distinción de religión, creencias políticas, sexo o posición social. Cuando la venda se le ha caído de los ojos, comprueba que esa maravillosa mujer que amaba, era una farsante carente de ideas propias. “La belleza está en los ojos del que mira”, dice un conocido refrán, pero cuando ve que el objeto de deseo es tan repugnante, dicha belleza se desintegra. Una belleza que quizás nunca existió de verdad( por darle un calificativo más moderno y vulgar, definiría a Ruth como una completa gilipollas, de las que por desgracia abundan. Y en hombres igual). Famoso y rico, Eden ve como los mismos que le despreciaban y le insultaban, ahora le adulan, hacen reverencias, todo intentando sacar tajada.

Sus sueños de belleza, de poesía, de trascendencia, cuando por fin se cumplen con sus libros y su arte, no tienen efecto alguno entre los borregos que forman parte de una sociedad embrutecida y avariciosa hasta lo enfermizo, donde vales según lo que tienes, consigna que en el siglo XX, y lo que llevamos del XXI, ha alcanzado su máximo esplendor. No importa como lo has conseguido, lo que importa es que a los ojos de esta sociedad cancerígena, ya eres alguien. Eden – London- sufre esto en su propia carne. Unsa sociedad alienada, enferma por el dinero y la fama, basada en el trabajo y en la explotación, concepto rechazado por London. Para él, el alcoholismo es una consecuencia de esta sociedad y su ética laboral, nunca una causa.

Una sociedad compuesta por rebaños humanos, mediocre, estúpida, amiga del linchamiento mediático, enemiga del auténtico individualismo, aunque si éste triunfa, lo puede abosrber para sus fines, como pasa con Eden, como pasa con ese misántropo que fue London.

London, al igual que la película “El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford“, habla del poder de los medios de comunicación, un poder fuera de control. La gente está ansiosa por la fama, por ser popular, por ser visto con alguien famoso, un reflejo de su tiempo que se ha acentuado extraordinariamente con los avances tecnológicos. London, antes que Andy warhol, ya hablaba directa o indirectamente de los quince minutos de fama a los que aspira todo bicho viviente, como si fuese el sumun de la revelación, de la trascendencia. La misma fama que sirve para que la sociedad te linche o te olvide tras la efímera gloria. La belleza de las obras de Eden está indefensa ante esta maquinaria brutal, zafia y primitiva.

Sería un error verlo sólo, en mi opinión, como la historia de un hombre que vive su vida al máximo y que una vez saciado, ahíto de placeres, (¡¡¡¡¡¡ojo, que voy a destripar el final!!!!!!!!!!)acaba quitándose la vida, un anticipo del suicidio del propio London. Hay algo de esto, pero el dolor, la perplejidad, la decepción, incluso el odio y el asco que siente por el ser humano, es parte fundamental de esta elección.

Mucho antes Eden atraviesa una época nietzschiana donde su justificado rechazo a sus semejantes se vuelve momentaneamente más siniestro: “soy oponente del socialismo, lo mismo que soy contrario a una democracia híbrida, mestiza, que no es más que un pseudosocialismo enmascarado…yo soy un reaccionario”. El problema de dicha filosofía es que un individualismo sano y una misantropía lúcida dan paso a unas consignas solapadamente racistas y belicistas, con la crueldad como eje central. Un maniqueismo de fuertes y débiles, que asoló el siglo XX, desde Auschwitz a Wall Street, donde prima la diferencia de clases y un egoismo salvaje y cruel. Eden pasa de ser un proletario a detestar a los de su condición: “Más vale un tonto ignorante que un tonto  ilustrado”, dice una frase de Moliere, y Eden, momentaneamente repito, se convierte en un ejemplo de esta frase. Se convierte en un engreido, arrogante, que se cree superior a los demás por el mero hecho de tener una vasta cultura. La cultura creo yo que entre otra muchas cosas debe servir para aprender a ser humildes, no para tener un ridículo afán de quedar por encima de personas que no han leído tal libro o visto tal película.

Ironicamente Eden demuestra su “superioridad moral” o su intransferible, innegociable individualismo de otra manera: cuando alcanza la fama no ejerce una justificada venganza sobre lo parásitos que quieren chupar de él. Eden está por encima de eso: los trata con educación y magnanimidad. El desprecio se lo guarda y reparte su dinero, el auténtico dios de la sociedad capitalista, entre los que ahora le jalean groseramente sin entender un ápice de su arte. Él es mas humano, en el buen sentido, que los insectos que le rodean. No hace caso al vil metal.

Eden ha llegado al final de su viaje. Apático, desprovisto de emociones, vacío, cansado. La belleza se ha extinguido. Eden es demasiado lúcido – lo peor que le puede pasar a un ser humano, tener lucidez-  y ve a los demás tal y como son. No hay nada más. Su suicidio no tiene nada de atormentado. Si acaso una cierta melancolía. Y enorme alivio.

No soy un experto en Jack London. Pero la decisión de suicidarse, multimillonario, a los 39 años, está claro que fue causado por su aversión al ser humano. Esto ocurrió cuando era un escritor reconocido. ¿Pero qué importa el reconocimiento cuando te importa un carajo la opinión de los demás?¿Cuándo te ensalzan los mismos que detestas?

Bajo su apariencia clásica, incluso con un arranque tradicional, ortodoxo, casi convencional, con sus defectos y aciertos, llamaradas de luz y contradicciones, o aparentes contradicciones, “Martin Eden” es una de visiones más  devastadoras sobre el ser humano- ese virus, como decía el agente Smith en “Matrix“- que he leído en mi vida.

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