“Los libros arden mal” de Manuel Rivas

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La idea de ver y oler libros quemados me remueve las tripas por lo que significa.

Eso es lo que debió parecerles a esos hombres encargados de aquel montón de hojas echas puré de cenizas.  Aquellos hombres y mujeres que sufrieron injusticias y que, pasados los años, en sus cuerpos curtidos y en sus cabezas, todavía perduran las peores imágenes que llegaron a ver. El olor a cuero, las impresionantes bibliotecas de la ciudad, los amigos, los conocidos, el porvenir…todo a la mierda…y eso a quién sobrevivió, claro, que pudo ver el después.

La gente del pueblo sabe que no ha de saber nada, y aún siendo así, no te salva del sufrimiento; tras cualquier esquina puedes encontrarte a la persona que, conociéndote, te hará daño. ¿Cuánto dolor se puede infligir a una persona y por qué? Creo que no hay nada en el mundo por lo que maltratar o matar. Nada.

Entre tanto caos y tanto desorden las vidas continúan. Cada uno o una llevamos nuestra historia a cuestas, con sus dulzuras y sus malos capítulos. El ser humano se acostumbra a todo ello con la facilidad con la que nos bebemos un  vaso de agua. Al mirar el pasado que no he vivido con ojos tristes, no puedo imaginarme, ni por un instante, lo que la guerra hizo a este país, lo que hace con muchos pueblos hoy, porque lo deplorable es que aún no se ha acabado, por más que todos recordemos  (por aquello de no repetir).

He de decir que hasta la página 150 más o menos no me involucré en el libro, y no sé la razón, porque a  partir de ahí todo fluye.

Me ha encantado el capítulo de Ó y Armonía;  qué belleza pinta Manuel Rivas al describir este pasaje: el agua, las charlas de las mujeres, esos hatillos de hierbas aromáticas sobre la colada…por un momento se hizo la paz en mi cabeza, un respiro.  Polca, un sabio en su silencio y cuando no calla. La valentía de muchos y muchas, gentes bajo nombres prestados, haciendo bien en la oscuridad.  Y el tiempo y la enfermedad que no entienden  ni de poder ni de clases.

Todo está en las palabras, sean por boca o leídas, aunque este placer último de leer,  lo quieran arrebatar siempre el odio y la sinrazón de los verdaderos asesinos. Me da miedo pensar que cualquiera podría matar.  Y todo comienza  así, quemando, robando y  borrando para hacer desaparecer la oposición, al diferente, al libre, a la persona.

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