“Las almas grises” de Philippe Claudel

Un lugar en concreto: un pequeño pueblecito francés perdido – en realidad resguardado – en medio de ninguna parte. Un momento más concreto aún si cabe: durante  la I guerra mundial. Con estos dos apoyos temporal y espacial, Claudel nos cuenta una historia maravillosa, que atrapa sobremanera, donde el ser humano es retratado con fiereza, mientras un halo de tristeza lo invade todo.
En esta población francesa, cerca de V., se entrecruzan los destinos de varios personajes. Todo un microcosmos se entrecruza. Tenemos al Fiscal Destinat. Hombre de familia poderosa, que podría haber sido algo grande de haber querido. El hombre más triste del mundo. Claudel perfila muy bien a este personaje. En sus juicios, sabía impresionar al jurado para conseguir de estos una sentencia favorable para sus intereses, a saber, la condena del acusado. El jurado veía al acusado como uno de ellos. El acusado bien podría haber sido cualquiera de los que ahora se sentaban en el asiento del jurado, quien sabe si mañana se sentarían en el del acusado. Esto hacía que estos hombres sintieran desprecio por el acusado. Condenando a otro se desvía la atención. Acto que viene del que se sabe culpable aunque no sabe de qué. Así somos. Otros personajes son los inquietantes juez Mierk y Coronel Matziev. Comedores, bebedores y condenadores sin escrúpulos. Capaces de mandar atar a un hombre a un árbol a  media noche, sin abrigo, a diez bajo cero, para que confiese un asesinato que no ha cometido – eso no significa que no sea culpable de otras cosas -, mientras se toman el postre, copa de cognac y se fuman un buen puro.
Todo es narrado por un policia local,  hombre cabal – tal vez el único – que a fuerza de estarlo a ha enloquecido. Nos da cuenta de como en la pequeña población, la guerra, a la que llama “la gran masacre“,  se oye, se huele, pero se saben a salvo de ella, aunque no de la barbarie inherente al ser humano. De eso serán consciente sólo a posteriori.
En este contexto una muerte, homicidio en toda regla, de una niña de diez años, Belle, también conocida por todos como “Belle de jour”, viene a romper la fina linea que separa la normalidad de su contrario. Todo apunta al fiscal Destinat, ya retirado, pero las autoridades tienen otros planes. Todos tienen otros planes menos nuestro narrador, el único loco que lo es en contra de su voluntad. La muerte de la maestra, lysia, añade más misterio a la historia. El asesinato de la mujer de nuestro protagonista – ya van tres muertes – le conducen a un estado de tal desazón, a un estado de tal incomprensión, hartazgo ante todo lo que le rodea, que acaba renegando de la raza humana. Su única motivación es recordar y contarnos como todo sigue en pie, como si nada hubiera ocurrido, por la senda de la locura.
Novela muy recomendable, llena de personajes desesperados, repleta de comentarios ácidos y amargos, muy afilados sobre nuestra condición, donde se expone megáfono en mano que con qué suma facilidad nos salimos del camino que decimos recorrer. La tendencia a recurrir a ” borrón y cuenta nueva”. Al escudarse en unas circunstancias que se supone se salen de lo corriente. La amnesia como manera de sobrevivir.
Se sobrevive pero no se aprende. No se puede

Share

Deja un comentario


7 + = trece