“La senda del perdedor” Charles Bukowski

No existe formato que albergue mayor abanico de posibilidades que un folio en blanco, al mismo tiempo que paraliza como pendiente terriblemente escarpada a la que hay que perderle tanto el miedo como el respeto. Para ello todo lo que hay que hacer es respirar hondo y dejarte llevar.  Si cuando terminas te sientes como cuando acabas de echar el mejor polvo de tu vida, probablemente seas escritor.

Esto es justamente lo que creo yo, o mejor aún, estoy convencido que sintió Charles Bukowski cuando pulsó la tecla del punto final en “La senda del perdedor”.

No fue en ese momento cuando se convirtió en escritor pues sin saberlo ya nació siéndolo, como cualquier escritor de verdad. Otra cosa es ser reconocido, y esta, más que su suerte, fue Nuestra Suerte.

Si existe algún otro libro capaz de hacerte vibrar las entrañas, anular todos tus complejos, embadurnarte de ternura y odio a la vez, sin que se peleen entre si, y recargar tu vida como un arsenal de valentía, desde luego que yo, no lo he leído. No importa si es autobiográfico o no, Bukowski consigue hacer creíble casi todo lo que inventa tan solo porque escribe de adentro hacia afuera, sin pensar en la reacción del lector cuando presente su obra, y al final los honores son siempre compartidos entre creador y personaje, pues se lo debe todo a él mismo.

Lanzar mensajes de humildad y arrogancia a la vez parece algo imposible y Bukowski lo consigue en esta novela lanzando frases como la siguiente:

“Así que eso era lo que querían: mentiras. Mentiras maravillosas. Eso es todo lo que necesitaban. La gente era tonta. La cosa iba a ser fácil”.

Esta era la conclusión que sacó por las alabanzas que recibió cuando en el colegio valoraron lo que él había escrito sin ningún esfuerzo. Fue aqui cuando comenzó a reirse del mundo y no dejó de hacerlo mientras el mundo creía reirse de él.

“No había otra cosa que hacer. Sólo ver el aire y esperar”

No tuvo que esperar mucho para sorprenderse con su mejor descubrimiento, su compañero fiel, el único que estuvo siempre a su lado hasta la muerte y con el que disfrutó sin un sólo momento de arrepentimiento “El alcohol”.

“Nunca me había sentido tan bien, era mejor que masturbarse. Ahora sí que he encontrado algo, algo que me va a ayudar en los días venideros.

Decidí que siempre me emborracharía. Todo lo vulgar de la vida desaparecía y quizás si te apartabas de ello muy a menudo, no te convertirías en un ser vulgar”.

Decir clara y abiertamente cosas como

“A la edad de 25 la mayoría de la gente estaba acabada. Todo un país repleto de gilipollas conduciendo automóviles, comiendo, pariendo niños, haciéndolo todo de la peor manera posible, como votar por el candidato presidencial que más les recordaba a ellos mismos. Deseaba dormir cinco años”.

Hacerse preguntas como:

“¿Era yo el único en agobiarme por un futuro sin posibilidades?”

Y no por ello ser un amargado. Todo lo contrario, supo discernir entre el camino que su padre y el mundo entero querían marcarle y el que realmente debía tomar:

“Coge la familia, mézclala con Dios y la nación, añade diez horas de trabajo diario, y tienes la exaltación de la insipidez más indecente”

Se deshizo de la medalla que le entregaron en la universidad tirándola por un gran sumidero sin fondo. Cuando le hablaban de la guerra en Europa, su respuesta era:

“Tus padres controlaban los años de tu desarrollo jodiéndote todo el rato y cuando ya eras capaz de vivir por ti mismo, otros querían embutirte un uniforme para que te pudieran volar el culo”

Por desgracia y por otros motivos que no voy a nombrar ahora, yo sí que tuve que embutirme ese maldito uniforme del que habla Bukowski. Fui herido mentalmente, pero incluso de haber muerto y posteriormente haber tenido la posibilidad de leer este libro en el infierno, tened la completa seguridad que hubiera resucitado y encaminado mi vida de la misma manera que lo hizo él; Genio de la literatura y del arte de vivir.

Gracias a tu existencia, algunos seguimos gozando de su legado y orgullosos de ser lo que los demás no quieren que seamos.

Estimado Sid Vicius, lamento comunicarte que, pese a lo relevante que fue tu visión del mundo, no fuiste tú el primer Punk, sino Charles Bukowski, sin necesidad de posar con cresta.

Por MIQUEL HERNÁNDEZ RAMÓN

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