“LA NOCHE DE LOS TIEMPOS” DE ANTONIO MUÑOZ MOLINA

Cuando me encontré con Antonio Muñoz Molina en el Colegio de Arquitectos de Valencia, le pregunté, entre otras cosas, si estaba cociendo algo en su horno. Me dijo que sí, pero que todavía tardaría un poco en editarse ya que era una novela más larga y contundente y le estaba costando.

Después de leerla entiendo que le dedicase tiempo, es espléndida, maravillosa. Su novela más audaz.

La sensibilidad de  Muñoz Molina es sublime, la pone en todo lo que escribe. Me siento de su familia cuando me cuenta algo, lo que sea. Y no puedo evitar sentir nostalgia de tiempos pasados que no conozco y aún así padezco.

En esta novela, Antonio es un observador fiel de la vida de Ignacio Abel, un arquitecto madrileño que, durante su marcha de España y sus viajes por ciudades de Estados Unidos, hace balance de su historia reciente, personal y profesional, que dio comienzo a finales de 1936, cuando conoció a Judith Biely.

Lo deja todo y lo recuerda todo, incluso la frialdad con la que trata a varias personas que se le acercaron. Es un hombre triunfador, con su vida bien asentada, al que se le derrumba toda su estructura en unas pocas semanas; rompe a pedazos su matrimonio, abandona a sus hijos, todo por esa necesidad de amor que siendo niño perdió.

Ignacio es un hombre que no tuvo infancia, es lo que es por un ansia de salir del lugar que como hijo de su padre y su madre le correspondería. Acaba ocupando su sitio en el mundo, pero sin saber que un amor a escondidas, al que se rinde, va a hundir su vida entera, sin compasión.

El comienzo de la guerra civil en nuestro país ha abierto brechas en las ciudades y los pueblos, la crispación se nota y se ve. Momentos muy difíciles que crearán el desconcierto en una sociedad rota. De vestir elegantemente, pasa a ser un hombre anónimo, al que nadie mira en los andenes de las estaciones de tren. Va triste, sucio y roto por una ciudad extranjera, en la que cree oír su nombre dicho en la lejanía; sin soltar la última carta de su mujer y empezando una nueva vida en la soledad de un lugar ajeno y desconocido.

Es Muñoz Molina el que grita su nombre a cierta distancia, él, el que pasea por las calles de ese Madrid que huele a desastre, él, el que lo sabe todo de este hombre: a veces cobarde, otras, sólo un hombre silencioso que amó profundamente a una mujer.

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