“La isla de los perros” de Daniel Davies
La fajita publicitaria que acompaña a este libro, atrae y da miedo a la vez. Compara “La isla de los perros” con Easton Ellis, Houellebecq y J. G. Ballard. Sin que sirva de precedente, y no por primera vez pero casi, la faja anunciadora acierta de pleno. He disfrutado de esta novela. Y mucho. No hay muchas como ésta.
La novela es valiente, arriesgada, mete el dedo en las heridas que nuestra sociedad arrastra sin cicatrizar. Lo hace con ironía, de manera cachonda – en el doble sentido- y en ocasiones con un toque de anticipada nostalgia por un futuro pensado pero no alcanzado. La tristeza llega por no ser capaz de aprehenderlo, aun pareciendo bien sencillo.
Narra la historia de Jeremy Sheperd, triunfador en la city londinense – afirma que Londres es la ciudad más sobrevalorada del mundo-, que harto de amontonar ego y dinero, decide abandonarlo todo y volver a sus raices, a su pequeña ciudad, con sus padres – con 39 años-, donde busca un trabajo menor para el Estado, en el que se niega a ascender, buscando así la libertad perdida.
Sólo hay algo que echa de menos: el sexo. Una vez satisfechas todas las necesidades básicas – véase piramide de Maslow – sólo le falta lo que él considera más importante: el sexo. Así, tras una ardua busqueda, gracias a internet, dará con “el circuito”. En el circuito se hacen quedadas por Internet en las llamadas zonas de can-caneo para practicar sexo con pseudo desconocidos. La peculiariedad es que esto se hace al aire libre, aunque no en cualquier sitio: en lugares no filmados por cámaras de seguridad, puntos ciegos donde quede un resquicio de libertad. Toda una metáfora. Para el protagonista Inglaterra está sobre vigilada, y estos lugares libres de vigilancia – descampados, alguna esquina de un parking de un centro comercial – y de noche- o un club de Tenis abandonado- son los últimos resquicios de libertad para el ser humano, donde se libere de la educación paralizante de nuestros más naturales y primigenios instintos.
La narración es divertida, trepidante y consciente de que propone una utopía. Los integrantes del circuito topan con la autoridad, al fin y al cabo es un delito contra el orden público, estés de acuerdo o no. Pero también toparán con Hooligans y demás porción de población que consideran, en forma de brutales palizas indiscriminadas, que éstos no son más que unos pervertidos: practican el deporte de la violencia sin piedad mientras traen al mundo niños antes de cumplir la mayoría de edad, completando el circulo de degradación humana una vez más, en un entorno de pobreza sobre todo mental. La lógica es que quien no hace lo normal es un “anormal” y a más te perjudica esa “normalidad” más la defiendes.
La novela es un toque de atención a nuestro modo de vida – se echa de menos un trabajo así realizado aqui en España, tan directo en las críticas al modo de vida de nuestro propio país, tal y como hace Davies con el suyo, traspasando las barreras de lo políticamente correcto-. Obra que sabe expresar la asfixia de aguantarnos unos a otros, en los ámbitos familiares, laborales…y no poder toma una alternativa.
No hay que tomárselo al pie de la letra e irse al primer polígono industrial y montar una orgía – o sí-. Es como en “El club de la lucha“. Otra metáfora, que no dice que nos liemos a puñetazos sino que rechazemos esta vida “tan cómoda” que llevamos, llena de barrotes que nos impiden dar un sólo paso.
El final, que no revelaré detalles, sí diré que no es un happy end, cosa inevitable. Llevamos dentro el alien de la esclavitud y el borreguismo. Verlo en los demás te revuelve el estómago. Lo malo es el día que te das cuenta que tu también lo llevas, porque todos lo llevamos, no nos engañemos. Lo que nos diferencia es el grado de percepción de ese problema. A menor más felicidad.
No quiero finalizar sin añadir una de las cualidades que más me han gustado de la novela: incluye multitud de referencias a cine, música, literatura y arte en general, no todas directamente sino tras pistas y detalles que sólo pueden ser detectadas si conoces lo referenciado, y bastante interesantes además. Ahí van algunas: Beethoven, Kandisnki, “Otelo” de Shakespeare, la novela “Marranadas” de Darrieusiecq, Kafka, Ovidio, Quentin Crisp, “Kid A” de Radiohead, Einstein, Warhol, el poeta E.E. Cummings, “La vida sexual de Catherine M.” de Catherine Millet, Robbie Williams, el film “amores perros”, John Updike “Corre Conejo”, “Mezzanine” de Massive Attack, Sonic Youth, “Pink Moon” de Nick Drake, “Trampa 22” de Heller, Houellebecq, Fuga de alcatraz, “El fenotipo extendido” de Richard Dawkins
¿Me dejo alguna?
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