“La flor roja” Vsévolod Garshín. Editorial Nevsky prospects
“La flor roja” es un relato escrito en el siglo XIX por Vsélovod Garshín, rescatado por la editorial Nevsky Prospects, editorial especializada en autores rusos. Esta edición viene acompañada por unas fantásticas ilustraciones a cargo de Sara Morante, preciosas e inquietantes a la vez.
La historia tiene lugar en la Rusia decimonónica, en tiempos del Zar Pedro I, en un manicomio. Al centro, lugubre, irrespirable y enfermizante, llega un buen día un nuevo enfermo que se presenta en su delirio como el encargo de inspeccionar las instalaciones. Recluido en una horrible habitación de aislamiento, nuestro protagonista presenta una suerte de locura cuerda. Se cree victima de una conspiración, de noche se acerca muy muy mucho a la cordura, pero durante el día cae orate total. Se considera el menos loco del lugar, y opina que hay muchas realidades paralelas, que no hay un tiempo ni un lugar, y que estar en un manicomio no es ningún problema, lo mismo que estar vivo o no. Siempre habrán otras realidades en las que habitar y gozar, a las que podrá huir – momento FRINGE -.
Nuestro hombre busca un motivo. Sabe que hay un motivo para haber sido encerrado allí sin motivo. Y lo encuentra. Una flor roja, una amapola, preciosa, de un tono rojo intensísimo. Debe destruirla. Esa flor roja es la fuente de todo el mal del mundo. Toda la sangre derramada se concentra en sus pétalos. Nuestro heroe, a sabiendas que aplastarla supondrá acabar también con su vida, acepta el reto. Tras algunas peripecias con los celadores y médicos, logrará su objetivo y salvará al mundo. Morirá con la mano apretada, que los celadores no pudieron abrir. Y así fue enterrado, con su trofeo.
Vsévolod Garshín ( 1855-1888 ), veterano dela guerra Ruso-Turca de 1877-78, pasó tras este trance, algún tiempo en un sanatorio a resultas de una crisis nerviosa. Su paso por un centro de este tipo y sus experiencias vitales, hacen inevitable observar ciertos paralelismos con el relato aqui reseñado. La historia de un loco – ¿ o el más cuerdo de todos ? – incomprendido por todos, que en su delirio encuentra un modo de salvar a la humanidad. Un ser sin duda de lo más optimista – no es un loco, es un idealista -por creer que el mal puede erradicarse del mundo con ese simple gesto, el de aplastar los pétalos del tono más rojo que nadie haya visto nunca. Ojalá fuera sí de sencillo. Es muy duro tener tanta lucidez, como la que tenía el protagonista de “La flor roja”.
Vsévolod tuvo un final parecido al del protagonista de este relato. Se suicidó tirándose por el hueco de una escalera
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