“John Barleycorn. Las memorias alcohólicas” Jack London
Este libro autobiográfico, uno de los más sabios y lúcidos que pueden leerse sobre este tema, narra, reflexiona y analiza la larg relación que tuvo Jack London con el alcohol, conocido en su época con el sobre nombre de “John Barleycorn”.
Desde la primera vez que se emborrachó, ¡ a los cinco años !, hasta el momento en que escribió este libro, ya consolidado, en 1913, tres años antes de su muerte. London traza su relación de amor-odio con una bebida que le hizo trascender a sí mismo en una explosión de vida, facilitó sus relaciones sociales y le brindó, nunca mejor dicho, no pocos momentos de absoluta felicidad. Una felicidad conseguida a base de componentes artificiales, que en otros muchos momentos lo sumió en los más oscuros abismos cercanos a la adicción y la más honda desesperación.
Todas las constantes de London asoman aqui, si bien algunas de forma pasajera: su socialismo, el amor por la aventura salvaje y romántica, la apología de la amistad y de la virilidad, el mar, las influencias de Nietzsche y Schopenhauer en su vida ( ¡ siempre ellos ! ), si infancia pobre, su éxito tras años de rechazo editorial, su trabajo embrutecedor en todo tipo de horrorosos empleos que hizo que abominara del término “trabajo”, su rebeldía frente a una sociedad estúpida y vacía, y sobre todo su vehemencia, su caracter fuerte y pleno de resolución que hizo que pasara de ser un trabajador que había cultivado el cuerpo, a convertirse, en pocos años, y tras la cantidad de experiencias y estudios que vivió, en un erudito y sabio como pocos.
“John Barleycorn” le hizo ser más consciente de lo efímero de la vida, de la futilidad de toda existencia, un pensamiento revelador, que él intentó combatir en beneficio de unas ilusiones ( mentiras ) que le mantuvieran en pie y le hicieran feliz. Un combate desigual que le hizo juguetear con el suicidio. London había abierto los ojos a la realidad del mundo y después de eso es imposible cerrarlos. Puedes disimular, convencerte de que todo va bien, pero tarde o temprano vuelves a caer en los más negros pensamientos…a no ser que aceptes la realidad tal como es.
“El hombre, al contrario que los animales ha sido dotado con el don de la razón. Con su cerebro puedepenetrar y descubrir la mistificación de las cosas y contemplar el universo, indiferente consigo mismo y para con sus semejantes. Puede hacer eso, pero no le resultará p lacentera tal contemplación. Para vivir, y vivir abundantemente….es preciso estar ciego y con los sentidos embotados. Lo cual es una verdad irrefutable”. Otra cita, “ La moral no existe, sólo en el hombre hay moral porque el hombre la creó. Ese código de conducta que ordena el vivir y que no tiene nada de verdadero, sino que es absolutamente dudoso”. Son muestras de hasta donde llegó el pensamiento de London. Y la paradoja es que esto lo supo por “John Barleycorn” y que el mismo líquido amenzaba con hundirle o alzarle según el momento.
El libro acaba con una ingenua y hasta puritana diatriba en contra del alcoho, aún reconociendo que lo seguía bebiendo ocasionalmente. ¿ Fue una victoria definitiva ? Todo parece indicar que no y que London siguió bailando con “John Barleycorn” hasta el fín de sus días. Pocos libros muestran con tanto detalle, precisión e inteligencia, pese a ese moralizante final, toda la gloria y toda la sordidez del alcohol. Y lo primero suele llevar a lo segundo. Así, pese a sus altibajos y merced a una narración rica en anécdotas salvajes y hasta divertidas, y reflexiones mayoritariamente agudas, “John Barleycorn. Las memorias alcohólicas” se erige en, además de otra notable obra de London, en uno de los estudios más perspicaces sobre este líquido elemento que tantas veces te lleva al paraíso para a continuación despeñarte hacia el infierno, pero que mucha gente seguirá tomando hasta el fín de los tiempos para soportar la triste vida y sacarla de la rutina que amenaza con reventarles por dentro, algo que en muchos casos, ya se encargará de hacer este engañoso amigo.
¿Se suicidó London de verdad?¿Acabó perdiendo su batalla con “John Barleycorn” y pasó a ser él el sujeto pasivo?¿O fue un desgraciado accidente, una sobredosis no buscada?Algo parezca algo bestia yo prefiero casi lo primero. Así, como dice el poema, London fue “el capitán de su alma, el amo de su destino”. Hasta el final, y lo cometió por ese hartazgo, ese asco existencial hacia todo bicho viviente que asoma, junto a la idea de suicidio, intermitente en toda su obra. Claro que se fue mucho antes de tiempo y nos dejó huérfanos de una obra que podría haber sido mucho más considerable de lo que ya es.
Escribía London, ” nuestra vida es una trampa, nuestra muerte un abismo negro. Los pies de las víctimas, invariablemente, quedan suspendidos sobre la muerte”. Para consolarnos en este mundo hermoso y horrible a un tiempo y para no engañarnos antes que llegue el inevitable y dicharachero final, está la obra de este genial escritor que se atrevió a mirar a la cara a la realidad.
Baudelaire decía que lo que uno llevaba a la droga, la droga se lo devolvía. A London, por desgracia, y como él mismo afirma, se lo acabó devolviendo con intereses.
UN APÓSTATA
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