“H. P. Lovecraft. Contra el mundo contra la vida” de Michel Houellebecq

A este libro acudí no por H. P. Lovecraft sino por el gran Michel Houellebecq, autor francés que es de lo más interesante de estos repetitivos tiempos llenos de clichés, el justo contrapunto a la ideología de la sonrisa falsa y mirada hueca.

Ya sea por la prosa de Houellebecq, por haber llevado a Lovecraft a su terreno, o por lo qué sea, el caso es que mientras lees esta biografía te van dando ganas de emprender la lectura de la obra lovecraftiana. Cuando finalizas, acabas convencido de ser un fiel seguidor de Howard Phillips Lovecraft, aun cuando no hubieras, como en mi caso, leído más que algún cuento suelto del autor. Houellebecq te convence de algo asi como que no es difícil llevar el pensamiento Lovecraftiano dentro de ti.

Valga como muestra la cita con la que inicia el libro: “Quizás haya que haber sufrido mucho para apreciar a Lovecraft“. Jacques Bergier

Lovecraft detestaba el realismo en la literatura( y en general). La novela en el siglo XIX, llena de curiosidad sobre el ser humano, fue prolífica en historias llenas de realismo donde el ser humano era retratado en un intento de comprender su compleja naturaleza. Lovecraft considera que – a inicios del siglo XX, ¡si hubiera llegado a nuestra época!- el ser humano ya ha sido mostrado tal y como es. Houellebecq cita a Lovecraft: “Estoy tan harto de la humanidad y del mundo que nada logra interesarme a no ser que incluya, por lo menos, dos crímenes por página o que trate de horrores innominados procedentes de espacios exteriores“. Se necesitaba un antídoto  contra todas esas formas de realismo. Y eso es justo el universo que creó Lovecraft.

Nuestro biografiado no fue un muchacho común. Aquejado de cierta depresión nerviosa pasó infancia y adolescencia recluido en casa. Cuando se reincorpora a la sociedad, se nota que no se siente cómodo, hasta acabar afirmando que la vida adulta es el infierno. La sociedad le asquea y siente que no encaja. Un mundo en el que las personas sólo son valoradas por  su capacidad de hacer dinero y de atraer sexualmente a los demás. Él se considera que no posee – como muchos otros – ni una ni otra.

Su modo de pensar es típico del mundo conservador y aristocrático del que se sentía heredero. Sentía aversión por los cambios, y despreciaba a la gente en general. Sin embargo individuo a individuo era una persona que  sentía  gran respeto por todo aquel a quien trataba. Hombre de extraordinaria dulzura y educación. Como debe ser

De ahi que cree su mundo basado en el gran horror, “El gran Cthulhu”, un mundo con unas fuerzas superiores a la nuesta, las cuales tratan a los humanos igual que nosotros a inteligencias que consideramos inferiores. A lo máximo que podríamos aspirar, de acabar dentro de ese horror,  es acabar en una mesa de disección, cuando no triturados. Ese es el gran terror. Lo curioso, indica Houellebecq es que preferimos esa realidad alternativa a nuestra realidad – dios, satanás ….- cualquier cosa, por espantosa que sea que nuestra realidad. Y ahí emerge Lovecraft.

Los protagonistas son siempre seres ilustrados, victimas de lo innombrable, de lo inimaginable, seres de pesadilla, una máquina de malos sueños para personajes sensibles, capaces de sentir miedo, terror. Aqui podemos ver cierto incluso masoquismo, pues el destinatario de estos horrores sería él mismo y los que son como él.

Ahi otros puntos interesantes. De un lado lo increiblemente bien trazada que está la arquitectura de los sitios que describe. Parece que el lector vaya caminando por los paisajes descritos “sintiéndose” dentro de esa compleja arquitectura, lo mismo que los protagonistas que tan fascinados por lo que le rodea,  inconscientemente, o no, ven  el peligro pero son incapaces de huir. ¿Huir a donde?

Otro punto es su rechazo por dos elementos que lo alejan de nuestro mundo: el dinero y el sexo. En sus relatos no se hace referencia alguna dichos elementos. Esto ha hecho que no falten estúpidas especulaciones sobre Lovecratf – ¿homosexualidad?- rechazadas por Houellebecq con bastante gracia y contundencia.

Otro punto es el racismo de Lovecraft. Crecido en Providence, su racismo, su conservadurismo, no deja de ser teórico. Producto del único amor en su vida, marchará a vivir a Nueva York, donde tendrá que convivir con decendientes de esclavos negros entre otros. Esto sin duda acrecenterá su racismo. Este elemento negativo en sus escritos es revertido en la calidad de sus narraciones. Todas las criaturas salvajes que pueblan sus creaciones, todos esos horrores cogen inspiración de aqui. A lo que hay que añadir que su estancia en Nueva York es traumática. Casado – con Sonia haft greene -, es incapaz de conseguir empleo alguno. Es inútil para el mundo moderno, ese mundo que come hombres sin cesar. ¿No podría ser el mundo moderno su principal fuente de inspiración? Una vez separado y vuelto a Providence con una de sus tías es cuando su obra alcanzará mayores cotas. Una obra en la que se reflejan todas sus obsesiones, traumas, propias de alguien que nunca fue del todo feliz, de quien nunca se sintió encajado en el mundo. ¿Pero, quién lo está?

Espero haber sabido reflejar, aunque sea un poco,  quien fue Lovecraft y lo que fue capaz de plasmar en el papel. Un autor que ha influido a multitud de autores posteriores a él, y que ninguno de ellos lo ha superado. Al final del libro Houellebecq deja una bibliografía de obras de Lovecraft y sobre Lovecraft. El consejo que nos da, que es el que yo voy a seguir, es leer directamente las grandes obras. Por suerte en España las tenemos editadas en dos volúmenes por la Editorial Valdemar. Se suponía que tal vez, algún día sacarían una tercera parte, con la correspondencia, que permitiría conocer en profundidad al genio de Providence, ese que huyó de la realidad, asqueado, y construyó otra, igual de inquietante o más. Lovecraft, que decía no al mundo, no a la vida. Pero de momento nada

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