Finalistas del concurso de microrrelatos
En primer lugar, pedimos disculpas por el retraso que está teniendo tanto el fallo como la publicación de los finalistas. Afortunadamente ya tenemos los tenemos disponibles:
Niño perdido
Solía imaginar que yo también era un niño perdido. Soñaba que, por las noches, me escapaba volando por la ventana y en la segunda estrella giraba a la derecha hasta llegar a la portentosa tierra de Nunca Jamás, donde todo era posible. Allí Peter, Wendy, Nibs, Curly, Slightly, Tootles y los demás me esperaban para iniciar nuestras correrías contra el capitán Garfio y su contramaestre, Smee.
Hoy, en cambio, sólo soy un niño perdido en la mente de un anciano enfermo en la tenebrosa y lúgubre tierra de Alzheimer.
La sombra.
Quizás no se había preguntado nunca la manera en que ella le abordaría y el momento en el cual le haría presa de sus cálidos abrazos. El beso del silencio confortaría su sed infinita y sus ansias de sosiego para el cuerpo y el alma que fugitiva llevaba tanto tiempo.
Acudiría con su mejor vestido cubriéndole suave y lentamente en su regazo, como a un niño perdido en la noche apaciguando su miedo y su llanto. Ella estaba allí con él, ya no había marcha atrás, todo las luces se apagaron, solo quedaron las sombras.
Formularios.
Mezcló el esputo sobre sus mejillas en lágrimas. Las llamas del motor relampaguearon detrás. Cayó de rodillas intentando olvidar el seguro edificio de papeles que había constituido su vida. Tras el mirador, las luces de la ciudad, titilantes y dubitativas, le sonreían. Desanudó por fin su corbata. Se desnudó. El frío erizó sus castigados pezones.
El vello bailó un frenético compás. Dos minutos después, eyaculó libre sobre la tierra seca. Esparció el esperma, buscando una suerte de mandrágora entre el polvo. Se deslizó por la barandilla y corrió ladera abajo, perseguido por su propio espanto.
NADA VOLVERÁ A SER COMO ANTES
Cerró la puerta de la calle de un portazo y volvió a la cocina con el corazón encogido.
Acababa de tener una fuerte discusión con su hija. Quería que dejase de vivir solo y se marchase a una residencia. Aurora le comentó que ya no se desenvolvía como antes.
¡Qué se estaba haciendo mayor! Y una mierda, se dijo el hombre, mientras se preparaba el desayuno. Después puso el programa corto de la lavadora, metió el vaso de leche en el tambor, cerró la escotilla y esperó a que se le calentara.
Transformación
Se despertó. No reconoció ni su cabello ni sus manos ni sus pensamientos. Corrió al espejo de la entrada y se lo confirmó, era otra, la que siempre soñó ser, increíble, ¿sería cierto? . Se detuvo ante a la imagen del otro lado, sus facciones eran nuevas, serenas.
Sonrió y empezó a volar por la estancia, sorprendida por sus propias carcajadas despertó pero a su alrededor caras tristes le miraban con pena, blancos cirios alumbraban la estancia y cientos de flores la rodeaban. Gritó sin voz. De pronto recordó una última imagen: los faros de un coche bajo la lluvia.
Pequeño descuido
Me levanté temprano, como cada mañana. Me preparé un té en el microondas, aplastando durante un rato la bolsa con la cucharilla, como a mí me gusta hacerlo.
Salí a la calle. La gente me miraba presa de un extraño horror.
Mientras esperaba el autobús vi mi reflejo en un escaparate. Ahora lo comprendía.
Había olvidado quitarme el capuchón de verdugo.
Agridulce
La noche que la perdí, nevaba sobre Berlín; vaho en los cristales, música de Wagner y su pincel robando el blanco a un lienzo colgado en la pared. Yo la contemplaba desde la ventana, la luna abrigando mi espalda, atrapado en silencios reveladores; en mi mano una copa de vino dulce, nuestra ropa en el suelo, la silla, el diván. Era feliz. Y ella fingía tan bien… que su último beso aún me sabe a hiel.
FIN DE AÑO
El eco de la última campanada vibra aún en el aire.
Carmen le desea un feliz año nuevo. Luego, tras besarlo, le ofrece un pequeño paquete.
-Es para ti. Espero que sea un regalo inolvidable-dice con una sonrisa.
A él le parece la sonrisa de un ángel triste y piensa en cuantas veces se puede llegar a decepcionar a una persona sin coste. Abre el estuche de madera noble. Dentro hay una gargantilla con un nombre: “Zoé”.
La reconoce al instante: es la misma gargantilla que, apenas dos semanas antes, había regalado a su amante.
PHANTASMA
No sé si os pasa, pero yo nunca logro evitar que mis palabras suenen como aullidos y ululen a capricho —y no, en serio, no lo hago a posta. Tampoco sé cuándo sobro en un lugar, ni la manera de caer en gracia desde un principio, «causar buena impresión», que decía mi madre. Será mi rostro apergaminado, mi pátina incorpórea, mi rielar nervioso por ese resultarles simpático o no sé el qué, pero me consta no ser una presencia grata para los vivos.
Desde luego, qué soledad la del muerto. Si lo sé, no vivo.
Enhorabuena a todos. En breve publicaremos tanto el primer premio como el segundo premio.
Perdonad las molestias
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