“El tiempo entre costuras” Maria Dueñas

POR ARIODANTE

Tenemos en nuestras manos una opera prima, que sin embargo parece escrita desde la experiencia y el buen hacer de un autor consagrado.  De excelente factura y  presentación, a través de una prosa ágil, elegante, bien documentada y creadora de ambientes por completo diversos, la novela ha tenido una excelente acogida. María Dueñas (Puertollano, Ciudad Real, 1964), doctora en Filología inglesa, ha impartido clases en varias universidades norteamericanas y actualmente es profesora titular en la Universidad de Murcia.

Una feliz portada y un título muy bien elegido nos anticipan y resumen la novela, dividida en cuatro partes, coincidiendo con los cambios de rumbo de la vida de la protagonista, y a la vez los cambios políticos del país; la novela traza un círculo, desplazándose en tiempo y espacio de Madrid a Tetuán, y de vuelta a Madrid. Un breve pero intensísimo interludio portugués, pone el broche de tensión y de sorpresa.

A la vez histórica, negra, de espionaje o policíaca, esta novela nos muestra la trayectoria de una mujer, pero a la vez de una época. Confluyen en ella lo costumbrista, el thriller, lo psicológico y lo documental.  Pero sobre todo, su tema central es la lucha por la vida y por la identidad de una mujer, algo muy en la línea de aquella deliciosa película de Manolo Gutiérrez Aragón,  “La mitad del cielo”, en la que  Rosa,  asciende en la escala social gracias a su trabajo, su tesón. Siguiendo el símil cinematográfico, también hay algo de “Encadenados”, la película de Hitchcock en la que Ingrid Bergman hace un papel ficticio para conseguir una información importante, así como también hay una pizca de la “Casablanca” de Curtiz.

La novela, escrita en primera persona por la protagonista, comienza en los años previos a la contienda civil española, en el Madrid republicano, y acaba en el Madrid de la inmediata posguerra; siempre figuran como marco, nunca como tema, y de hecho, la protagonista vive la guerra a distancia, desde Marruecos, y sin seguir sus avatares, ya que su propia supervivencia es lo que ocupa sus días y sus noches. Supervivencia que consiste en recurrir a su único patrimonio: sus manos, y sus conocimientos de corte y confección, que era lo habitual en una época en la que las mujeres de humilde extracción y sin marido, o cosían, o fregaban, o hacían la calle y poco más.  Por otra parte, la recreación del ambiente de un taller de costura, la utilización de la terminología de las modistas, no sólo para las descripciones de la actividad en sí, sino también aplicándolas a las otras actividades de su vida, incluso hasta utilizar –logro muy imaginativo- las puntadas y los patrones para comunicarse. Hilvanando el amor, la traición, el abandono, la huída, la soledad, la desesperación, las distintas emociones que la protagonista va sintiendo y transmitiéndonos, se desarrolla una trama de casualidades, sorpresas, desafíos, y sobre todo, tesón y esfuerzo, que nos conmueve y nos llega muy hondo.

Como símbolo, la costura, resulta muy acertado: no sólo hace creíble cantidad de situaciones que en otro caso hubieran resultado forzadas, sino que además, simboliza, connota muchas cosas. El corte: las heridas, físicas y psicológicas, producidas por una época fraccionada; las composturas, el intento de recomponer una sociedad rota; la confección de un nuevo guardarropa: el cambio de chaqueta que haga presentable a la anterior o que la sustituya, pero que dé una apariencia de vida cuando lo dominante ha sido la muerte. La ficción que supone el vestido, con su simbología de disfraz, de pose, según el momento del día, el lugar o el público al que va destinado, y paralelamente, su relación con el problema de la identidad. De resultas de tanto cambio de ropa/personalidad, la protagonista llega a plantearse quién es ella realmente, dónde está su sitio, cuál es su normalidad, la vida normal a la que aspiraba a disfrutar algún día y que parece no llegar nunca. Pero Sira llega a una conclusión: “La percibí: cercana, conmigo, pegada a la piel. (…)La normalidad no era más que lo que mi propia voluntad, mi compromiso y mi palabra aceptaran que fuera y, por eso, siempre estaría conmigo.”

Así, de una vida y un cuerpo  desgarrados, como la ropa con la que llega a Tetuán, Sira, la protagonista, consigue apañarse, apuntar sus descosidos, y diseñar un futuro, cortar los patrones de su vida paso a paso, echando horas de trabajo y esfuerzo y cómo no, recibiendo ayuda de diversos personajes también solitarios, abandonados, rotos, que a su vez se ven correspondidos por su empuje vital.

La vida de la modista Sira Quiroga, nos muestra, a la vez, la historia de esos años turbulentos de la España republicana y de guerra, pero vistos desde fuera, desde los ojos de una simple mujer, sin estudios ni conocimientos, salvo su sentido común; desde Marruecos,  que, al ser el foco del que parte el alzamiento que desata la guerra civil, resulta ser un lugar donde se vive tranquilo, y salvo unos primeros alborotos en la etapa inicial, se convierte en una zona donde la vida social y política bulle, los encuentros internacionales son continuos, el espionaje inevitable. El mundo de los europeos, donde alemanes y británicos tratan de hacerse con la hegemonía en España, ya programando la siguiente guerra, ensayada en tierra española; su discurrir paralelo al mundo árabe, como los ensanches de las ciudades coloniales junto al laberinto de las medinas; los cafés y el té moruno, el olor a especias y el de los caros perfumes y telas conseguidos en Tánger, aún ciudad internacional, el pasado y el presente, la guerra y la paz, todo esto nos lo presenta tan naturalmente la autora, que nos vemos inmersos en ello sin darnos cuenta, emocionados ante la turbulencia de la acción, las conversaciones de los personajes y el giro constante de los acontecimientos, siempre sorprendente, siempre con un punto inesperado, llegando en algunos momentos a alcanzar un verdadero clímax de tensión y de intriga.

La autora combina personajes ficticios –los más- con algunos reales,  así que de modo indirecto nos fabula partes de unas vidas que están documentadas y que si no fueron exactamente así, en algunos momentos, al menos pudieron serlo. De ese modo, el novio Ignacio, el seductor Ramiro, el periodista Marcus Logan, Don Gonzalo Alvarado, comparten la acción con el agregado naval Hillgarth, el coronel Beigbeder y su amante británica Mrs Rosalind Fox, el cuñadísimo Serrano Súñer,…asimismo con el taimado y apuesto negociante Da Silva, Doña Manuela la modista, la estraperlista Candelaria, el bujarrón Félix, la morita Jamila, Doña Dolores.

La vida en el Madrid de la inmediata posguerra, el mundo de las altas esferas, en connivencia con los mandos alemanes, sus esposas y amantes, moviéndose entre el salón de belleza y el de alta costura, para luego asistir a cócteles en Embassy y fiestas en el Palace y el Ritz; en contraposición con la sordidez de las clases medias, enclaustradas y racionadas: entre la Iglesia y el funcionariado; y la miseria de los barrios bajos,  las pobres gentes del extrarradio: el estraperlo, olor a col y a achicoria, a casas en penumbra, a tristeza, a hambre… y el mundo en el que Sira había crecido, que de pronto resurge ante ella brutalmente, como una factura impagada.

Sira traza un recorrido casi inevitable: desde el azar con forma de máquina de escribir que le trastoca la vida por completo, las decisiones que toma y las que se ve forzada a tomar, la vida le va presentado un camino que difícilmente puede evitar. Posteriormente, se puede permitir elegir, y elige. Y su elección la lleva de vuelta al lugar de donde salió, pero con su imagen invertida, incluso su nombre se invierte también, y retorna una Arish elegante, altiva, mundana, al menos en su fachada, que le hace regresar a los brazos de algunos a los que abandonó, y le abre unas puertas al tiempo que cierra otras.

También la ciudad a la que retorna es distinta: asolada por la guerra, atemorizada y a oscuras, viviendo de rumores y de sucedáneos alimenticios, dándole la vuelta a sus chaquetas para que parezcan nuevas, alegrando fachadas para no ver los tristes interiores; sólo una pequeña élite mantiene el nivel que ella trae, y es a ésa a la que se dedica su trabajo, sus telas y sus diseños, su glamour y su caché, aunque son otros los diseños que realmente persigue y a los que dedica sus desvelos y sus soledades; pero surgen imprevistos y las cosas se complican. La jovencita ingenua ya ha madurado y resurge como ave fénix, haciéndose dueña finalmente de su vida y su propio futuro.

La novela desarrolla una trama cuidadísima: muy bien hilvanada, con un patronaje muy bien cortado, y unos fuertes pespuntes con botonaduras  doradas. Recrea un tiempo y a la vez un alma, una vida de la que podemos ser partícipes durante el tiempo que nos dura su lectura, que por cierto, pasa volando y desearíamos que hubiera durado algo más su disfrute. Y finaliza con mucho tiento y un toque vaporoso, evasée, remarcando más lo que ha contado que lo que no cuenta, dejando que el lector decida entre líneas cual es el trazado que más le puede interesar.

Ariodante

Abril 2010

Publicado en http://www.hislibris.com/el-tiempo-entre-costuras-maria-duenas/

EL TIEMPO ENTRE COSTURAS

MARÍA DUEÑAS

Planeta/Temas de Hoy

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