“El sótano” de Thomas Bernhard
Bernhard, tras comprender en “el origen” que la escuela es un mero intento de embrutecer a la población, dotándolos de a lo sumo ideas a priori de todo, que le impedirán ser libre y racional, en “el sótano“ opta por ir hacia “el otro lado“. Entra a trabajar en un almacén de comestibles en el barrio más pobre y conflictivo de Salzburgo, en contraposición a las comodidades del instituto del que cualquier persona sale como un animal social, donde se aprende a evitar obstáculos para conseguir lo deseado, sin distinguir cosas de personas, a juicio de Bernhard. De este barrio se nutría la estructura judicial de salzburgo para subisistir: de aqui salían ladrones, rateros, criminales; mejorar la situación hubiera ido en detrimento del aparato; una población arrastrada a ello por la falta de recursos económicos y un empobrecimiento mental que les impedía dejar de hacerlo o simplemente huir de tal barrio, mientras a la vez, en la otra parte de la ciudad, se interpretaba a Mozart sin descanso.
Una neumonía sacó a Bernhard del trance de autoaprendizaje, pero esto es ya adelantarse al tercer volumen.
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