28 Feb 2010

“El sitio de Leningrado. 1941-1944″ de Michael Jones

por  invitado    

El asedio de Leningrado, hoy San Petersburgo, durante la segunda guerra mundial, fue uno de los ejemplos más claros de la guerra de exterminio que llevaron a cabo los alemanes, con su creencia de pertenecer a una raza superior, en el frente del este contra los rusos – eslavos y comunistas, su guerra, su cruzada soñada-.

Al contrario de lo que se ha afirmado muchas veces, los soviéticos no frenaron el ataque de los nazis en 1941 contra la ciudad que vió nacer la revolución bolchevique, sino que éstos renunciaron a conquistarla, optando por cercarla para matar de hambre, y mediante bombardeos, a la población. Es algo de lo que se posee numerosa documentación. Probablemente hasta el último soldado de la Wehrmacht implicado en el atroz cerco- en el que colaboró la división azul española- era consciente de lo que estaban haciendo, desmontando esa enorme falacia, tan complaciente para el pueblo alemán en la actualidad, de que los crímenes sólo los cometieron las SS y demás cuerpos nazis.

Nunca se sabrá del todo la magnitud de la tragedia en una ciudad cercada durante 872 días, pero las cifras hablan de al menos un millón de civiles muertos, especialmente en los primeros meses de 1942 cuando los suministros apenas llegaban a la población - se los quedaban los de siempre, los de arriba- y el canibalismo, donde la gente familias incluso entre ellas, se mataban, no era nada extraño.

Jones ha realizado ante todo un libro que es un homenaje a la ciudad, a los supervivientes, a los muertos, a los que en una situación extrema y horrorosa, no se dejaron abatir y conservaron su humanidad, sus principios, mientras todo se desmoronaba a su alrededor.

Los escalofriantes, excepcionales testimonios diarios a los que recurre Jones son lo mejor del libro, y sólopor eso ya vale la pena leerlo. Son muestras conmovedoras de lucha, de dignidad y de esperanza- Jones tal vez haga demasiado enfasis en ellas en detrimento de todos los instintos bajos que también salieron a relucir en buena parte de la población- e igualmente de deseperación, dolor y fatalismo que contrasta con el abyecto comportamiento que tuvieron las autoridades de Leningrado, dedicadas a la represión interna y a acaparar comestibles, cuando la ciudad se moría de hambre.

El historiador hace un retrato visceral y diáfano de la ineptitud y crueldad de los mandos rusos y de las sucesivas derrotas soviéticas – algunas en Letonia, Lituania, y Estonia, invadidas en 1940 por los rusos, donde hicieron algunas de las suyas- en el frente norte que permitieron el cerco de la ciudad, una ineptitud que arrancó con las famosas purgas stalinistas del ejército rojo de 1937-38 que costaron la vida a más de 40.000 oficiales, de entre ellos lo mejor de lo que contaban, como Tukachevsky, que ocurrieron al mismo tiempos que las purgas entre la sociedad civil.

Estas matanzas aleatorias les pasaron una enorme factura a los rusos, tanto en la guerra  con Finlandia como en la posterior y salvaje invasión nazi, siendo una muestra clara de la paranoia, estupidez y crueldad tanto de Stalin como del inepto Voroshilov – algo de lo que ya habló Trotsky- entre otros.

Hay una magnífica novela sobre estos hechos: “El cero y el infinito” de Arthur Koestler, un escritor comunista que estuvo a punto de ser asesinado por las tropas de Franco enla guerra civil. Afortunadamente logró huir antes de que lo pillaran.

EL retrato de dichos mandatarios soviéticos por parte de Jones, es demoledor, e incluye a Zhdanov y al infame alcalde de Leningrado, que fue purgado después de la guerra- como muchos otros- aunque por otros motivos, claro.

Lo que resulta especialmente interesante es la imagen que ofrece de Zhukov. El vencedor de Stalingrado y tantas otras batallas. El conquistador de Berlín ¿siempre? ha tenido una reputación intachable. Aqui se desmonta el mito. No sólo hay testimonios de soldados rusos que hablaron de él como un matón, que sale malparado en comparación con Govorov, el auténtico heroe de Leningrado, pues él fue el principal responsable del desastre de la cabeza del puente del río Neva: una de las operaciones militares más estúpidas e irresponsables de la historia, donde Zhukov, sin escrúpulos, mandó en sucesivas oleadas de ataques casi suicidas a cientos de miles de soldados rusos, que fueron masacrados por unos regocijados alemanes que casi jugaron con ellos al tiro al blanco, una operación que duró meses ante la insistencia de Zhukov- también había que recordar que al mismo tiempo que Stlingrado, en diciembre del 42, fue también responsable en el frente central de una catastrófica y casi olvidada ofensiva que le costó más de 100.000 muertos( a los generales rusos no les importaba, con las excepciones de rigor, despilfarrar la vida de sus numerosísimos soldados).

Jones ha hecho un muy buen libro, pero ha perdido la ocasión de hacer una obra maestra, pues pasa muy por encima del último año y medio del cerco, narrando estos hechos superficialmente. Por ejemplo, no menciona que en la batalla del lago Ladoga de septiembre del 42, fue exterminado todo un ejército ruso por las tropas de Manstein – otro criminal con reputación-, un suceso importante para Leningrado, pues significó que la ciudad siguiera sitiada hasta enero del 44, fecha en la que por se retiraron los alemanes.

Para hacer justicia a la gesta de supervivencia de la ciudad, éste tendría que haber sido un libro de 800 hojas y no uno con poco más de 300, pues acaba dejando con ganas de más.

Dos apuntes: Primero que el gran Sergio Leone, autor de obras maestras como “El bueno, el feo, el malo” o “Hasta que llegó su hora“, planeaba hacer una película sobre Leningrado. Por desgracia su muerte, en 1989, truncó el proyecto, y la gran película sobre el asedio está por hacerse. Segundo que la 7ª sinfonía de Shostakovich, ciudadano de Leningrado, se estrenó durante el cerco y fue una demostración, como narra Jones de la valentía y amor por la vida de los habitantes de la ciudad, toda una lección de civismo que impactó hasta en los propios alemanes que fueron conscientes en ese momento, de que jamás la tomarían. Sus máquinas de guerra y muerte no pudieron ni con la belleza ni con el afán de sobrevivir de los civiles

KRUSTY KONG Nº6

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