“El perfume” de Patrick Süskind
El perfume es uno de los libros más leídos en los últimos veinte años. Y es lógico. Tiene una historia muy original, realmente cautivadora, repleta de fragancias, con un final trágico pero liberador.
Es la historia de Jean-Baptiste Grenouille, nacido en un ambiente miserable, parido sobre un montón de humeante pescado podrido. Su vida es una sucesión interminable de olores. Viviendo siempre en el linde de la desnutrición y carencias afectivas, rechazado por todos, su vida pende de un hilo, pero parece que el azar está aliado con él. Pronto descubre su gran punto fuerte, una capacidad terrible por almacenar fragancias en la cabeza, de sentirlas a distancia. Un impresionante sentido del olfato. Deberá retenerlas y concentrarlas. Alimentarse. Su arte de perfumista crece proporcionalmente a la de su voraz maldad – ¿ o es otra cosa? -. Matará a sus victimas, jovenes doncellas, no para quitarles su alma, sino su olor, aunque vendría a ser lo mismo. Los querrá todos para él. Hasta caer en la locura.
La historia es conocida por casi todos. Quién no lo haya leído yo recomiendo que lo haga. También tiene sus debilidades. Hay unas cincuenta hojas centrales, en la que Jean-Baptiste marcha a las montañas en busca de reflexión y paz, que son – y esto es una opinión, subjetiva y por tanto discutible – brutalmente soporíferas.
Existe una versión cinematográfica, film alemán de 2006 con Dustin Hoffman, que sabe obviar este episodio montañero, y que me pareció mejor que la novela incluso. Capta muy bien la idea de la novela, cierto que juega con ventaja, al olfato añade la vista.
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