“EL PENTATEUCO DE ISAAC” ANGEL WAGENSTEIN
Por ARIODANTE
Una vez Kaplan, muy emocionado, le dijo a Mendel: “¿Sabes a quién vi anoche en el metro de Berdichev? No te lo vas a creer: ¡Al propio Karl Marx!” A lo que Mendel, escéptico por naturaleza, contestó: “Pero, ¡qué bobadas dices! En Berdichev ¡no hay metro!”
Título original: Петокнижие Исааково
Traducción: Liliana Tabákova
Editorial: Libros del Asteroide
Fecha edición: 2008
ISBN: 978-84-935914-6-5
Páginas: 316
Género: novela
Angel Wagenstein, (Plovdiv, Bulgaria, 1922), nacido en una familia sefardí búlgara, pasó su infancia exiliado en París. Regresó a su país siendo un adolescente, Durante la segunda guerra mundial, fue internado en un campo de trabajo, del que se evadió para integrarse en las filas de los partisanos. Arrestado y condenado a muerte en 1944, logró salvarse al entrar el Ejército Rojo en Bulgaria. Finalizada la guerra, cursó estudios cinematográficos en Moscú y empezó una larga y reconocida carrera como guionista y realizador. Su carrera literaria comenzó tardíamente con la publicación de la novela El Pentateuco de Isaac (1998), que fue el inicio de una ambiciosa trilogía dedicada al destino de los judíos en la Europa del siglo XX que completaría más tarde con Lejos de Toledo (2002) de próxima aparición en Libros del Asteroide) y Adiós, Shangai (2004). Actualmente vive en Sofia.
En esta magnífica y delirante obra, derrochando humor por los cuatro costados, el autor aborda el tema de la situación de los judíos centroeuropeos desde la I Gran Guerra, y nos lo cuenta recurriendo a un personaje imaginario, Isaac Blumenfeld, dirigiendo una carta a su cuñado, el rabino Samuel Bendavid, en la que le comenta el cumplimiento de sus cinco sueños, al modo del Pentateuco bíblico. Bendavid es el leit motiv de toda la obra, su alter ego con el que se desahoga y con el que sueña en las largas soledades de sus múltiples reclusiones. A partir de ahí Isaac nos narra su vida, en primera y segunda personas, dirigiéndose al lector como si hablase con su cuñado o con un amigo cualquiera en una de las tertulias de su sastrería. En tono muy ingenioso, intercalando chistes y tomándose la vida como un hombre sencillo de pueblo, el hijo de un sastre que es; su pericia en darle la vuelta a los abrigos para poder seguir utilizándolos unos cuantos años más como nuevos, refleja parabólicamente cómo los habitantes del pequeño pueblito de Kolodetz (Galitzia) han ido pasando, sin moverse de sitio, del Imperio Austrohúngaro a Polonia, de Polonia a la URSS, de la URSS al Tercer Reich y finalmente a Austria, como si le dieran vueltas y más vueltas a sus chaquetas. Su mirada hacia el mundo que le rodea es limpia, inocente, aunque no exenta de preguntas, preguntas que no tienen respuesta, o cuya respuesta mejor es ignorarla.
To be or not to be: como el genial cineasta judío Lubitsch hace una magistral obra humorística con un tema tan dramático, esa manera de mirar la vida y mirarse a sí mismos les ha hecho sobrevivir espiritualmente a muchos judíos y evitar la demencia. En palabras de Wagenstein: “Ya se ha dicho: tantos judíos, tantas opiniones y divergencias…No sé, quizá desde los tiempos de la Torre de Babel hemos aceptado la variedad idiomática y de opiniones como algo congénito de la tribu y no buscamos deshacernos de nuestros contrincantes por medio de la violencia. Lo que ha dado pie al engaño de que los judíos estamos enternecedoramente unidos.Tan unidos como el banquero Rothschild y el revolucionario Marx, quien aspira a expropiar sus bienes. Por otro lado, los peores conflictos y discrepancias el judío los tiene consigo mismo. El suicidio es la única manera de quitarte de encima a este enemigo interno tan pesado, que todo el tiempo se mete contigo y te contradice…” Otros a los que les ha faltado el humor, han recurrido al suicidio, como Zweig. Y son precisamente los propios judíos los más capacitados para reírse de sí mismos. Los gentiles pueden solidarizarse con ellos, pero no reírse de su situación, lo que se podría entender como un ataque, una humillación. Y así, del mismo modo que Billy Wilder, Ernst Lubitsch y otros han sabido presentar todas esas terribles situaciones vividas con un humor y una ironía mucho más agresiva que una lastimera queja dramatizada, Wagenstein nos cuenta el drama de Europa desde una humorística versión judía, que casi nos recuerda los cuentos de Gógol. El propio Wagenstein destaca la risa como una coraza protectora, una fuente de ánimo y de confianza. Y aunque el autor suele citar a Chaplin –que no consta que fuese judío- como ejemplo, creo que en Chaplin el humor tiene un deje lastimero, dulzón, muy distinto al humor centroeuropeo de un corrosivo Roth (Joseph), con ecos del pintor y dibujante Grosz, y de Otto Dix, del buen soldado Švejk, creado por el autor checo Jaroslav Hašek, en fin, toda una serie de personajes que nos muestran a través de la sátira y el humor la decadencia de una sociedad que desemboca en dos guerras demoledoras.
Su calvario personal, a través de dos guerras mundiales, campos de concentración alemanes y posteriormente soviéticos, el absurdo de su situación, es rememorado por un viejo Isaac finalmente afincado en Viena, que va conversando mentalmente con sus seres queridos, todos muertos, amados en sus sueños.
2010
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EXCELENTE ENTRADA. ¡Me encantó el libro!
Gracias.
Marisol Sánchez (BOX8)
[...] como Angel Wagenstein (en búlgaro: Анжел Раймонд Вагенщайн) y su delicioso EL PENTATEUCO DE ISAAC (excelentemente traducido por Liliana Tabákova), un prodigio de finura y humor que empezó a [...]
gracias a ti, marisol por tus palabras y por poner un link de nuestra reseña en tu blog