“El lobo de mar” de Jack London

Una de las novelas del singular London donde subyace la filosofía de Nietzsche. En ella se narra el enfrentamiento, en alta mar, entre el Lobo de mar del título, Wolf Larssen, y el protagonista, un burgués convertido a la fuerza en marinero. O dicho de otra manera: entre un ser cruel, individualista, carente de compasión y de empatía, salvaje, primitivo, aunque no exento de cultura, que ha vivido siempre en condiciones precarias y hasta extremas, alguien para el que el planeta y el ser humano son elementos hostiles, y un joven idealista, educado en el civismo, en el arte y la belleza, en el respeto al prójimo y cuyos pensamientos van a ser sacudidos por la dura realidad.

London era un escritor que sabía definir perfectamente a los personajes, describir el ambiente en el que se movían e integrar discurso, diálogos y acción, en un conjunto dinámico y sumamente armonioso donde cada elemento tenía su función narrativa.

Este es un libro de una exaltada belleza pero también de una crueldad terrible, que sigue incomodando hoy día, un libro vigente, de eterna modernidad. London era un genuino narrador que contaba buenas historias con las tripas y el cerebro, producto tanto de su amplia aunque desordenada formación intelectual y sus viviencias como aventurero.

El mundo marítimo de “El lobo de mar”, es un mundo hostil, de depredadores que se comen los unos a los otros en su afán por sobrevivir, donde el super hombre nietzschiano se mueve como pez en el agua ( o como un tiburón blanco ) y pone a prueba su vida bajo las circunstancias más adversas llevado por su arrogancia y sus ansias de superar todo tipo vicisitudes para reafirmarse. Los pensamientos del filósofo alemán se hacen realidad, se hacen carne, se concretan en un ser humano transformado en su propio dios.

Si es este personaje el que dota de principal interés, de una perversa fascinación a la que aparenta ser una novela tradicional de aventuras, dicho interés desciende en picado en la parte final. En mi opinión acaba siendo un remedo tópico de “Robinson Crusoe”, con pareja de enamorados virginales incluidas, mucho más blando y menos riguroso de lo que era. Del tenso, magnético duelo entre Larssen y el protagonista sólo quedan resquicios, y ese climax final parece más propio de una historia de psicópatas invulnerables, de esas que enlas últimas décadas han saturado librerías y pantallas de cine y televisión.

Vista en conjunto, y sin ánimo peyorativo,  ya que es una pequeña joya se mire como se mire, le veo muchísimas similitudes con el cine de la hoy de moda Kathryn Bigelow, en particular el de sus primeras, personales y mejores películas: “Los viajeros de la noche”, “Acero azul” y “le llaman bodhi”, más el guión que escribió junto a Eric Red para “Carretera al infierno” de Robert Harmon, con un gran Rutger Hauer. Todas ellas narran las historias de unos jóvenes normales que se verán enfrentados con sus monstruosas némesis: seres amorales, salvajes, al margen de la ley, tan peligrosos como sabios, que les sumergen en una relación amor/odio, en un viaje hedonista y peligroso por el lado oscuro de la vida, hombres que viven en una montaña de sensaciones que no tiene nada que ver con la mediocridad y la rutina de sus potenciales víctimas. Victimas que aprenden de sus malsanos maestros para salir de los abismos más fuertes, más maduros tras vivir lo impensable, lo que no soñaban siquiera en hacer. Ahora ya pueden mirarlos a la cara, volver a su posición original y enfrentarse a ellos en un último duelo mortal ¿No es esto lo que narra “El lobo de mar”?Incluso, ¿No subyace su verdadero espíritu, aunque sólo sea un poco, en esas historias de vampiros humanos?

Aún difuminado y no tan despiadado, veo a London en muchas de esas imágenes. London sigue siendo un escritor peligroso, a su manera. ¿Cómo habría sido su vida su no se hubiera suicidado? Tal vez hubiese madurado sus ideas socialistas que chocaban con su racismo o su devoción por Nietzsche, tal vez, harto de ser multimillonario, y si su alcoholismo se le hibiese permitido, hubiera vuelto a la vida aventurera. Un año después de su muerte, USA entró en la I guerra mundial. Casi me lo imagino de corresponsal en Francia. Sea como sea, nos hemos perdido seguro unas cuantas grandes obras, aún reconociendo que alguien como el autor de “La llamada de la selva” era casi imposible que llegase a viejo.

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