EL JARDÍN DORADO, Gustavo Martín Garzo
por Musetta
El jardín dorado es el lugar perfecto para contemplar la belleza de la Naturaleza, de lo creado por los Dioses o los hombres, de lo sencillo; del pensamiento libre, del sexo.
Un homenaje magnífico no sólo al mito de Ariadna y el Minotauro o al amor, sino al cuentacuentos -ese personaje que entretiene- que narra historias fantásticamente engalanadas, para gozo del que escucha.
La delicadeza de Martín Garzo se pone de manifiesto al utilizar su voz en una mujer en esta historia. Una Ariadna que echa de menos los felices momentos del pasado, que cree en la pureza del amor que todos se profesaban en aquella ciudad prohibida, donde sin reconocerlo estaban prisioneros.
En un corto espacio de tiempo rememora su vida y la de sus hermanos para permanecer, para que no se pierda en el laberinto la verdad de lo que allí aconteció.
Una loa a la ociosidad, al amor fraternal, al despertar de la sexualidad y también a la muerte.
Mientras lees, notas que tus pies descalzos pisan la hierba fresca del jardín, hueles sus aromas infinitos, escuchas a las aves que lo habitan, el correr del agua en sus fuentes, hasta me parece saborear la miel o las almendras.
Y sobretodo me estremece la quietud, ese tiempo detenido del que disfrutaban, cuando al otro lado de las murallas que los separaban de las gentes del pueblo se vivía con otro ritmo, más acelerado aunque no tanto como ahora.
Disfrutemos de las pequeñas cosas que nos alegran el día, porque hasta la belleza tiene su lado oscuro.
Musetta
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