“El húsar” de Arturo Pérez-Reverte

Desde esta inicial “El húsar” hasta la reciente “El asedio”, pasando por “La sombra del águila”, “Cabo trafalgar” o “Un día de cólera”, las guerras napoleónicas y en especial La guerra de la Independencia española ( 1808-1814 ), han sido una continua fuente de inspiración en la obra de Pérez-Reverte.

El escritor nacido en Cartagena, suele mostrar más preferencia y respeto por los ilustrados franceses que por los ignorantes, beatos españoles. En sus novelas, como en esta, todo el mundo tiene sus razones, y el maniqueismo brilla por su ausencia, pero hay un razonado rechazo a la iglesia espñaola, que con la ayuda de una monarquia cobarde y obsoleta, destrozaron los sueños de progreso y libertad que hubieran podido sacar adelante a España.

Si Napoleón – que, aunque con sus atrocidades y represalias,  quería ilustrar a sangre y fuego a una España bárbara, oscuramente católica, sumisa y obediente, ciega de odio donde se linchaba a todo aquel que pensara diferente – o la moderna constitución de 1812 hubiese seguido vigente, la historia de este triste país podría haber sido muy distinta. Al menos habría tenido esperanzas de un futuro mejor, esperanzas que cortaron de raiz los de siempre: la iglesia, los nobles retrógrados y uno de los peores reyes de todos los tiempos, con la ayuda y el sucio servilismo de las masas ya mencionadas.

Escrita en 1983, cuando Pérez Reverte era corresponsal del guerra, esta estupenda primera novela, seca y demoledora, tiene ecos de la apreciable “La roja insignia del valor”-  de Stephen Crane, llevada al cine por John Huston – y sobre todo de Joseph Conrad ( incluso de Ridley Scott, no en vano su adaptación de “Los duelistas” conradianos que dió lugar a su primera película, es uno de los films favoritos del veterano escritor ), pero es ante todo, una obra muy personal, por encima de todo tipo de influencias, madura, impropia de un principiante en esto de la literatura, y que traza perfectamente tanto el estilo como las temáticas que van a caracterizar su extensa obra posterior. Sus puntos de contactos con la ambiciosa “El asedio”, son más que evidentes.

Un bisoño húsar del ejército francés en la invasión de España, vive de la noche a la mañana una radical transformación en sus ideas de gloria, heroismo y honor, al entrar por primera vez en combate. Lo que hay detrás de toda fanfarria patriotera y belicista, es locura, horror, estupidez, miedo…nada positivo, un cúmulo de tormentos que desembocan en una sabia, cruel y  escéptica indiferencia, fruto del desengaño y la traumática experiencia, una indiferencia tras la que se esconde la nada, el vacío más absoluto.

Libro con un sutil “in crescendo” narrativo, en el que no hay balbuceos propios de un escritor inexperto, y que deja, con su nihilismo, una sensación de desazón en el lector.

Una obra contundente, medida, si no es redonda es por algún ligero desliz o por su engañosa humildad. Se lee en un santiamén. Es un libro implacable e impecable al mostrar toda la suciedad, toda la porquería que resulta ser una guerra. En este país, pocos tienen más experiencia en esto último que el escritor, el padre de Alatriste

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