“El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas” de Haruki Murakami

Aprovechando el gran éxito de Murakami, Tusquets ha editado, por primera vez en castellano, esta novela que data de 1985, una de las más abiertamente fantáticas del autor, que narra dos historias paralelas que se entrelazan de una manera no muy sólida.

“El fin…” es una pequeña decepción. Un libro interesante y con aciertos parciales, pero decidamente fallido, lejos de los mayores logros de su creador.

Este ha sido el séptimo libro que he leído del escritor nipón en un año. En muchos momentos, ha sido un remedio contra la soledad – uno de sus grandes temas habituales, que aqui no es una excepción-, una especie de amigo lejano que comparte con los demás viviencias y sentimientos que son universales y eternos. Por lo tanto no me gusta decir esto, pero “El fin…” se me ha hecho interminable, farragoso, la trama es de lo más inconsistente y forzada, pasan demasiadas cosas porque sí, y cuando Murakami explica otras situaciones, como el mundo paralelo del protagonista, es irritante, cargante, algo pedante y nada convincente. Ni siquiera los diálogos están muy cuidados y hasta fragmentos que no están bien escritos, con abuso reiterado de las mismas palabras- la marca del coche, lo del corazón, que resulta hasta cursi.

Este es un cruce de incipiente cyberpunk -la realidad no es lo que parece, casi al estilo de Philip K. Dick- con un mundo sobrenatural y mágico donde las ambiciones de Murakami están muy por encima de los resultados, que a veces parecen más un esbozo que una novela sólida y profunda.

La publicidad, muy astuta, la vende como un cruce entre “Matrix” y “El señor de los anillos“, pasando por el filtro Murakami, y aunque hay algo de todo eso, no deja de ser una visión superficial, oportunista y comercial del libro. Además “Matrix” se rodó 13 ó 14 años después, y por lo tanto no puede ser una influencia para el  autor.

La precisión y solidez unidas a la sugerencia en temas sobrenaturales que han hecho del novelista nipón uno de los grandes, se diluye en una narración dispersa, imprevisible pero excesivamente absurda, llena de situaciones increibles y cuyo tono informal, si bien se agradece en contraposición a un enfoque trascendente, pues si no, hubiera pasado de algo pomposo a ridículo.

Puede que sea una percepción errónea mía- con Murakami o conectas en seguida o te quedas fuera- y siento curiosidad por como la han recibido los lectores habituales de este hombre, pero creo que dentro de su carrera esta novela es hasta prescindible y eso que dista de ser mala aún con sus numerosos defectos.

Para mi es un libro de tres estrellas – peladas- donde el talento de Murakami brilla en la definición de los personajes, en la creación de atmósferas, sean perturbadoras – el mundo de las tinieblas- o serenas – la ciudad del fin del mundo-, en sus reflexiones existencialistas, en su ligero sentido del humor y en determinadas situaciones, con ese protagonista tan propio del japonés intentando ser él mismo, reivindicando su individualismo, su razón de ser, con todos sus virtudes y defectos frente a una sociedad burocratizada, un mundo inmenso y hostil que le ataca o le ignora.

La irregularidad es lo que prima en este libro indiscutiblemente personal, donde Murakami e siempre reconocible, lo que le aleja de ser una mediocridad más.

2010 va a ser un año Murakami. Llegará a los cines la primera adaptación de una de sus novelas, “Norwegian wood(Tokio Blues)”, dirigida por el vietnamita Tran Ang Hungh, el responsable de “El olor de la papaya verde” o “Cyclo“, y protagonizada por Rinko Kikuchi, conocida por “Babel” y “Mapa de los sonidos de Tokio“, una elección de lo más adecuada. Pero lo más interesante, a priori, será la publicación de la última – esta vez sí- novela del escritor, “1Q84“, inspirada en el “1984” de Orwell, la novela más ambiciosa del novelista, pues es la más larga que ha realizado, más de mil páginas. Puede que esta sea una de sus obras mayores. Ojalá sea sí

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