“El asedio” de Arturo Pérez Reverte
Gracias a mis “artimañas” de librero, pude consegir un ejemplar de “El asedio” un mes antes de su publicación, prevista para hoy día 3 de Marzo. Puedo dejar una reseña o comentario de primera mano del último libro de Pérez Reverte. He de reconocer que no las tenía todas conmigo. Tengo ciertos prejuicios contra “el último libro” de cualquier autor consagrado. Pero no, la verdad es que me ha gustado mucho, me ha atrapado, tanto por lo narrado como por el contexto en el que se desarrolla todo, Cadiz asediada por las tropas del primer Imperio Francés en 1811, en plena guerra de la independencia española.
El contexto. La acción de la novela se desarrolla en Cadiz. Estamos en 1811. Las cortes españolas se hallan refugiadas aqui, huidas de Madrid, donde José Bonaparte “reina” según le impone su hermano. Posiblemente es la ciudad más liberal de su época en toda europa. Cadiz respira aires de cambio, de deseos de que la soberanía recaiga en el pueblo y no en un monarca absoluto. Es una ciudad cansada por la guerra pero que resiste valerosamente. De momento hay provisiones, y de América sigue llegando aire. Pero a parte de estar sitiada por los franceses, los ingleses, aliados de España – sólo circunstancialmente pues existe bastante animadversión: ellos ven al ejército español como vago e indisciplinado; el español ve al inglés exageradamente arrogante-, buscan pescar en río revuelto. Esto preocupa a las clases comerciantes de la ciudad, que dependen del monopolio en el comercio con América para sobrevivir. Se saben vencidos en este aspecto. Tras la guerra saben que el mundo que han conocido será demolido, pues las colonias americanas empujan para conseguir exactamente lo mismo que España: la independencia.
Los franceses bombardean Cadiz sin excesivo éxito pues no disponen de los medios necesarios, pero sí consiguen minar la moral de la población, o al menos lo intentan. Las levas forzosas obligan a muchos hombres a ir a la guerra, y cada uno se libra como puede. Hay mucha picaresca. En la real armada hay quien ya se está preparando para después de la contienda, de ascender, tomar el poder- pasar de gobernador a regente, por ejemplo-, mientras el devenir de la guerra queda casi en segundo plano para ellos, mientras los soldados siguen muriendo como peones
Los protagonistas. La novela consta de seis personajes principales que se entrecruzan. Tizón, un comisario de policía de lo más oscuro; Lolita Palma, hábil y muy respetable – esto va muy en serio- mujer de negocios que cree en arriesgar y no especular, que acaba sin remedio recurriendo al corsarismo; Pepe Lobo, rudo marino que pilota “La culebra”; Fumagal, taxidermista, misántropo afrancesado; Mojarra, salinero que acostumbra a pasar al lado francés, con el ejército español y a veces sin él; Desfosseux, capitan francés experto en artillería, que sólo piensa en como lanzarlas más lejos y contra más lo hagan en el corazón de Cadiz mejor. Pero más por amor a la técnica que por hacer daño a la ciudad.
Los hechos. En este contexto en el que domina el contrabando, tabernas de mala muerte combinadas con distinguidos cafés en la otra parte de la ciudad, llena de chusma portuaria y vividores de rentas – cada uno por su lado-, las prostitutas, confidentes, torturas policiales y espías franceses por doquier, en este ambiente digo, comienzan a aparecer muchachas jóvenes muertas, amordazadas, atadas por las manos. Éstas mueren a latigazos, hasta que su piel es reventada y se acaba viendo los huesos. El comisario Tizón, siniestro policía, amante del ajedrez y obsesionado con un fragmento de una traducción de Sofocles que cree importante para resolver el caso, se enfrenta al enigma de estas muertes. Cree que tiene relación el hecho que poco antes, o poco después de estos asesinatos, caiga una bomba francesa, que a veces estalla y otras no.
Mientras el comisario investiga, con brutales métodos que las cortes reunidas en Cadiz están a punto de prohibir, – y que seguirán pese a ello siendo moneda común – Reverte nos muestra la Cadiz de la época. Sitiada por los franceses que llaman a los españoles, de forma despectiva, “Manolos“, a los que consideran crueles y bárbaros, aunque bravos en la lucha. Asisitiremos a batallas navales. Veremos los bajos fondos, selectos ambientes, el germen de la aristocracia, el dinero fácil, el anhelo de la burguesía por cambiar la mentalidad hacia un comercio que no sólo especule. Un pueblo llano que sobrevive con acciones ilicitas, que suelen ser dejadas pasar por las autoridades, hasta cierto límite. Un pueblo llano supersticioso, capaz de linchar a un gobernador por sus ideas afrancesadas o a un forastero porque alguien grita que es un espía. Reverte sabe mostrar lo peor que lleva el ser humano dentro, con nuestros miedos, cobardías, pero también lo bueno que llevamos. Los personajes más reflexivos se plantean sobre nuestra naturaleza, nuestra infinita capacidad de oportunismo en momentos difíciles. De aprovechar la desgracia ajena. Una guerra no es mala para todos, se dicen. Hablan con nostalgia del pasado, aún rechazándolo politicamente: más difícil tal vez pero más ordenado, más predecible- eso creo que se lo plantan todas las generaciones, antes y después hasta la nuestra-. Se plantean que ahora que son tiempos de liberalismo político y llevar otra chaqueta no tiene sentido, ya pocos la llevan pese a su pasado. Otros más agudos aún – y algo jacobinos- se dicen que la guerra ha sido una oportunidad perdida de limpiar España, al estilo francés, y que la chaqueta cambiará pero que poco más. No todos piensan así.
Una novela muy interesante, aventurera, de suspense, con algo de romanticismo, con anotaciones de índole científica, con algún chascarrillo a costa del rey José I, llena de incisivas reflexiones sobre nuestra idiosincrasia como seres humanos en general y como españoles en particular.
Share





[...] “El asedio“, lo último que había sacado – sin contar por supuesto con la publicación infantil “El [...]