“El arpa birmana” de Michio Takeyama

La obra más conocida del profesor Michio Takeyama es esta novela pacifista y llena de esperanza escrita inmediatamente después del fin de la II guerra mundial, con su país, Japón, en ruinas, donde miles de soldados japoneses aún no habían sido repatriados, muchos de ellos perdidos, que jamás volvieron a sus casas.

Esta es una novela alejada del belicismo extremista que caracterizó al Japón de la época – de dictadura y guerra- y su repercusión fue tan grande que en los años 60 fue llevada al cine por Konichikawa, dando lugar a uno de los clásicos del cine antibélico de todos los tiempos.

Acabada la guerra, un soldado nipón, popular entre sus compañeros, desaparece de su compañía, compañía conocida como la “compañía de las canciones”, por su amor a la música, y se dedicará a recorrer Birmania enterrando los cientos de cadáveres de sus compatriotas, en una misión donde el budismo tiene mucho que ver.

Con esta premisa, y en un momento muy duro lleno de incertidumbre para su país, Takeyama creó una obra hermosa, casi bondadosa, con la mirada puesta en el futuro, impregnada de una gran melancolía, con no pocos momentos poéticos y que se caracteriza especialmente por la ingenuidad tanto del lenguaje como de su mensaje, una ingenuidad que se reveló oportuna en su momento, en una sociedad en bancarrota y desolada por las altas cifras de muertos y desaparecidos. Los 300.000 del frente birmano rozan lo irreal.

Takeyama fue un hombre que vivió el horror en la retaguardia, y eso se nota en detrimento de su libro,pues a veces resulta de un candor dificilmente verosímil, con  algún eufemismo ciertamente reprochable e incluso despreciable como cuando dice que las epidemias acabaron con las vidas de miles de prisioneros aliados – murieron sobre todo por los malos tratos que les causaron los guardias nipones-, como si el Japón imperialista nunca hubiera cometido innumerables atrocidades en el sudeste asiático; pero acierta al transmitir todo el infierno y el dolor que representó la cruel y deseperada lucha en Birmania. Decididamente es, ya desde las primeras páginas, una obra tan bien intencionada, insólita y optimista, una rareza en su género, que acaba convenciendo desde la fé en la que está escrita.

Con todos sus hándicaps, baches y repeticiones – un defecto no menor en una obra tan breve- “El arpa birmana” es una novela sobrevalorada cuya indiscutible sensibilidad cae a veces en la pura sensiblería, pero hay pasajes donde el  libro cala al lector – especialmente el tramo final- y que resulta estimable desde el punto de vista literario, e importante desde el sociológico.

EL ANTISUBJUNTIVO

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