“Crónicas Berlinesas” de Joseph Roth
No sé si soy capaz de imaginar el tormento existencial de Joseph Roth. Hijo del moribundo imperio austro-húngaro, ese padre podría tener todas las faltas del mundo, pero era su padre. De esa angustia por la caída de su mundo, se une la desesperación por comprobar hacia donde se dirigía la civilización. No se le puede negar clarividencia. Ambas cosas, unido a una forma de escribir violentamente sencilla y sosegada, pese a lo desesperado de lo descrito, lo dotan de una lucidez tal-incomprendida en su momento por supuesto- que es, al menos para mi humilde manera de ver las cosas, uno de los escritores más interesantes que hoy día podemos leer.
“Crónicas berlinesas“, editado por Minúscula, es una selección de artículos sobre la cosmopolita ciudad de Berlín. En la misma línea que “Viaje a Rusia“. Artículos que datan desde 1920 a 1933, momento en el que la vida en esta ciudad ya no era aconsejable. En realidad, por lo narrado, nunca lo fue para la mayoría. Bolsas de pobreza extensas, refugiados del este de Europa, la mayoría judíos, barrios bohemios repletos de artistas de vida disoluta, en fin, lo típico que se le presupone a una gran ciudad que antepone progreso a cualquier otra idea.
Por supuesto,por encima de todo lo que Joseph Roth escribe, está el ascenso de los Nazis al poder. Factores: miseria de la población, ruina del Estado-reparaciones de la I guerra mundial a los vencedores-, inflacción brutal y desproporcionada- por la tarde algo perdía 100 veces el valor de tenía por la mañana, y cosas de primera necesidad-, Weimar como sinónimo de derrota, cobardía, nacionalismo alemán dolido y exigente de venganza. Los judíos vistos como el origen del problema, señalados como cabezas de turco. Existen dos novelas que pueden ilustrar bien esto: “Berlin Alexanderplatz” de Alfred Doblin, novela que, con, perdón, se me hizo insoportable, y “Una princesa en Berlín” de Arthur Solmssen, maravillosa novela, que explica muchas cosas.
El punto a favor de Roth, lo mismo que Doblin, es que lo escribe allí, in situ, entre la mugre del supuesto progreso, sin abandonar el puesto, contando desde anécdotas a elementos de la vida política. Sus artículos eran una llamada de atención, un aviso. Como a Casandra, nadie le hizo caso.
Eso podría explicar su triste final en 1939, en Paris, justo antes del apocalipsis, compleamente alcoholizado. Bajo el espíritu del vino.
Share






He visto muchas veces este libro y he estado tentado de comprarlo. Hace tiempo leí otro libro similar de un periodista catalán enviado especial a Alemani por un diario español durante los años del ascenso nazi en el que se recogían las crónicas que enviaba y disfruté como nunca. Así que, tras leer tu reseña espero no dejar pasar por alto más este libro.
Un abrazo agradecido.
hola amigo. Roth es un autor imprescindible y con este libro se disfruta y mucho. Si quieres esto mismo, sobre los los orígenes del ascenso del nazismo al poder, cuando el fallido pustsch de la cervecería de Munich del 23′, de Roth pero novelado te recomiendo “La tela de araña”, editado por la editorial acantilado
Un abrazo amigo