“Conversaciones con Al Pacino” de Lawrence Grobel
Michael Corleone besando furiosamente a su hermano y desenmascarando su traición. Tony Montana acribillado pero vivo y en pie gritando desafiante y con una mala hostia que hay que verla para creerla hacia los sicarios que le disparan. El policía corrupto y malherido que le pide al personaje de Hillary Swank que no se aparte del camino justo. Carlitos Brigante con sus principios hasta el fin del mundo. El abogado de “justicia para todos” de Norman Jewison, en pleno juicio. El mítico “grito silencioso” de, nuevamente, Michael Corleone...
Podrían ponerse docenas y docenas de ejemplos, docenas y docenas de secuencias memorables de Al Pacino, ese hijo puro de Nueva York, que es uno de los actores más grandes de la historia del cine. Poco importa que desde hace años no haya vuelto a hacer nada especial o que haya rodado películas tan malas como ” 88 minutos “, de Jon Avnet. Poco importa que haya rodado con ese infame villano llamado Matthew McConaughey o que a veces sobreactúe ( aunque no tanto como Jack Nicholson ). Al Pacino es grande y punto. Así lo demuestra la trilogía de “El padrino” de F. F. Coppola, de la que es el auténtico motor ante las cámaras. Su impresionante trabajo en “Scarface” de un añorado Brian de Palma, la típica gran película maltratada por los críticos obtusos de su época y que el público supo poner en su lugar: el de un clásico indiscutible y unas cuantas interpretaciones memorables más, siempre arrebatadoras, apasionadas.

Actor poco dado a la vida pública, que concede pocas entrevistas, “Conversaciones con Al Pacino” es la recopilación de las que concedió a Lawrence Grobel, famoso por sus retratos de Marlon Brando o Truman Capote. Desde 1979 en el rodaje de “A la caza”, el controvertido y tachado de homófobo film de William Friedkin ( a mí no me lo parece ) hasta el 2005. Teniendo en cuenta que el libro se publicó al año siguiente, y la escasa actividad cinematográfica del acotr en los últimos años, su contenido no está desfasado.
Grobel, que se convirtió en amigo íntimo de Al Pacino, ha realizado un libro entretenido, muchas veces interesante pero también algo intrascendente como suele pasar en muchos de estos casos. Su reportaje de “El padrino III” no tiene interés y menos sus preguntas sobre la vida privada del actor. “La fama es la primera de las vergüenzas” dice Al Pacino en un momento dado y ese afán del público por cotillear en las intimidades de los demás me parece como mínimo discutible, por muy versado en cine y amigo que sea Grobel. El actor no da muchos datos, y se agradece.
Mucho más jugosas son las historias sobre la mencionada trilogía de Coppola, sobre la convincente “Insomnio” de Christopher Nolan, donde realizó una creación suprema, elevando considerablemente la calidad de este remake de un film noruego ( y comiéndose al resto del reparto, incluido a un Robin Williams en el papel de psicópata manipulador que no era adecuado para él ), sobre “Tarde de perros” y “Serpico” de Sydney Lumet, y otros films.
También se echa en falta más información sobre los dos films que hizo con De Palma – “Scarface” y “Atrapado por su pasado” – y hay unas cuantas páginas de relleno y comentarios sobrantes como la mención a esa endiosada, mediocre y egocéntrica crítica que fue la nada visionaria Pauline Kael. Grobel hace un recorrido por la infancia pobre del actor, su pasión por el teatro y por Shakespeare, auténticas bases de la carrera de alguien que desfruta sobre todo encima de un escenario ( hace poco representó a su admirado dramaturgo inglés en pleno Central Park en una funciones gratuitas ), sus incursiones como director, su paso por el cine más underground, etc…
Y ofrece un retrato que se queda un poco a medias: no es superficial, para nada, pero tampoco muy profundo. Como es difícil que Al Pacino escriba sus memorias, habrá que conformarse con esto. Al menos, por ahora, nunca se sabe.
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