Archivo de la categoría ‘Libros del Asteroide’

Mi abuelo llegó esquiando. Daniel Katz. Libros del Asteroide

Un experto en urbanidad librera me diría que está muy feo eso de empezar una reseña hablando de mí, y no de la obra o del autor; pero este es mi pequeño espacio, así que las normas sufrirán pequeños desórdenes. Por algo escogí a Cosimo como ‘alter ego’.
Una cosa tengo en común con Daniel Katz: parte de nuestro árbol genealógico. Sus abuelos, judios finlandeses protagonistas de la novela, fueron coetáneos de mis bisabuelos, una rusa casada con un finés. Las historias de esta pareja que aún se cuentan en casa, que no por haber sido escuchadas decenas de veces dejan de fascinarnos como si fuese la primera, en esas reuniones familiares que sólo piden su dosis de recuerdos, tiene esa pátina delirante que baña las vidas de Benno y Wera en estas páginas que nos regala Acantilado, y que parece que escapan a nuestra realidad. Decir que mis bisabuelos, o la memoria que queda de ellos en casa, dan credibilidad a estas fantásticas vivencias que nos presenta en estas poco más de doscientas páginas. Además, yo me creo que Remedios, de Cien años de soledad, volaba. Igual me dejo seducir con demasiada facilidad.

Invito a leer esta novela a todo aquel que quiera asombrarse por una historia que le hará estallar en carcajadas durante las primeras cien páginas y que después, si bien mantiene ese tono agradable en el que una familia judeo-finesa busca su sitio en el rocambolesco juego inestable que ha sido la historia del país lapón, digamos que se pierde, o me perdí, la estructura, terminando de forma algo desconcertante.
Un periplo por los aconteceres de un país en el que a priori nunca pasa nada, pero rodeado de potencias y con curiosos devaneos nazis, de la mano de una familia disparatada a lo largo de tres generaciones, me reafirma en la opinión de que el pueblo judio es enormemente atractivo en el plano literario. Sentimiento de unidad que traspasa fronteras y activa algo así como un mecanismo genético de aislamiento.
Si la estupenda vida de Benno, el abuelo del título, no fuera suficiente para elegir esta novela entre las cientos que encontrareis en vuestra librería, Asteroide se ha encargado, como siempre, de presentarla de forma muy atractiva. También sabe seducir.

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“Levadura de malicia” Robertson Davies

La primera vez que visité Salterton, de la mano de Robertson Davies, este imaginario pueblo canadiense se encontraba envuelto en un desenfrenado estreno teatral, concretamente La tempestad de Shakespeare; una intrépida aventura disfrutar de su desarrollo acompañada por su no menos interesante elenco de protagonistas…ahora regreso a este interesante pueblo imaginiario, pero por motivos diferentes: algo trae de cabeza a los habitantes del pueblo, si en A merced de la tempestad era una obra de teatro, aquí será el anuncio en la prensa del falso enlace matrimonial entre los hijos de dos familias de la alta sociedad “saltertiniana”.

Con este titular da comienzo el enredo en Levadura de malicia, la nueva entrega que la editorial Libros del Asteroide nos trae de la maravillosa obra de Robertson Davies.

Lo curioso es que tras ese gran anuncio y el consiguiente enredo que provoca, la cadena de reacciones ante tal noticia será tan esperada como extraña, ya que los menos afectados serán los supuestos prometidos implicados, que casi permanecen ajenos a la broma. El revuelo se armará entre personajes ajenos a la historia, y por supuesto el padre de uno de los jovenes implicados en el falso matrimonio, el señor Vambrance, que no dejará que esto quede así….como podrán comprobar, en Salterton, no va a quedar nadie a salvo de este enredo.

Pero un buen enredo, requiere una buena intriga y eso sucede en esta novela, la segunda de la trilogía de Salterton, la que supuso su debut en el campo de la novela. Hasta el final no sabremos quien ha organizado tal embrollo, pero eso es lo de menos si tenemos en cuenta que por el camino nos cruzaremos múltiples historias y personajes (ya conocidos, si tuvimos ocasión de adentrarnos en la primera parte de la trilogía), situaciones irreverentes y muy divertidas, no faltas de ese factor común que suele instalarse en las localidades pequeñas: ese asfixiante cotilleo y la constante observación de la vida del vecino. Pues bien, estos pueden ser algunos de los ingredientes de esta maravillosa novela, a los cuales se unen otros como el reflejo de aspectos como el religioso, o el mundo periodístico o esas fantásticas escenas que reflejan la vida del pueblo a través de las reuniones femeninas como las que se organizan los jueves en la casa de la señora en las cuales sus contertulias saben cómo entran o con qué idea, pero no si al salir sus ideas seguirán siendo la mismas; entre otras situaciones disparatadas no debemos olvidar la figura del organista Cobbler, mi favorito, cuando es descubierto, en un estado de ebriedad avanzado dirigiendo un grupo de universitarios no menos borrachos en la catedral el día de Halloween….y la lista nunca acabaría, porque Levadura de malicia es un donde el humor, la ironía, la sutilidad aparecen por doquier y llenan las páginas del libro hasta que llegamos al final.

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Las crónicas de la señorita Hempel. Autora: Sarah Shun-lien Bynum. Libros del Asteroide.

Las crónicas de las señorita Hempel

Sarah Shun-lien Bynum

Traducción de Gabriela Bustelo

Libros del Asteroide

Sara Shun-lien Byun  con esta novela de 2.008,   fue finalista del PEN /Faulkner Award en 2.009.

Beatrice ( la señorita Hempel) es una joven que  al acabar su carrera comienza a dar clase de Lengua y Literatura  en un colegio privado. Se trata de una maestra ingenua e  inexperta,  poco común, llena de frescura y originalidad,  con mucha imaginación, y simpatía. Comprende muy bien a sus alumnos y con las pinceladas con que nos  los dibuja  fácilmente nos hacemos una imagen de la personalidad de cada uno.

Ella está llena de dudas, no se considera así misma una persona competente. Bynum ha sabido abrir el corazón a la profesión de la enseñanza,  con  este  relato en el que nos adentramos en el peculiar razonamiento de la protagonista, quien con  sus reflexiones y  sus miedos nos deleita con graciosas anécdotas que nos resultan humanas y cercanas y nos permiten ver esa realidad a través de sus ojos. La autora muestra un gran dominio de los recursos narrativos, su prosa es directa, serena y cuidada. Sin abusar  de la descripción, sabe hilar los contenidos manteniendo una gran calidad, tanto en la narración como en los diálogos.

Refleja muy bien la naturaleza infantil,  su sentido equitativo de la justicia, su eficacia para descubrir la verdad, su curiosidad, su impulsiva espontaneidad, su autenticidad  y su candidez….

Las técnicas pedagógicas  de la señorita Hempel contrastan con la rigidez encorsetada que caracteriza los programas que rigen en su escuela y no es tarea sencilla decidir sobre lo que es apropiado  debatir con los alumnos en clase y abordarlo de forma apropiada. Hay que saber justificar con fundamentación a las familias,  porque ciertas opciones pueden ser malinterpretadas y escandalizar. Por ejemplo:   Para el curso de  séptimo habia elejido un libro ” Vida de este chico” que estaba  lleno de tacos  y en la reunión de padres se sorprendió ( a pesar de lo nerviosa que estaba) de cómo pudo salvar la situación respondiendo ante  la intervención de una madre preocupada por el lenguaje del libro:

“Cuando elegí  este libro estaba pensando en El guardián entre el centeno, porque siempre que se lo mando leer a un curso de octavo me sucede algo increible. Es como si todos mis alumnos metieran el dedo en un  enchufe y se les pusiera el pelo de punta. Se quedan absolutamente electrificados.  Están respondiendo, creo yo, a la inmediatez y autenticidad de la voz del narrador. Y si Holden les parece tan creíble, es en gran parte por el lenguaje que usa. El impacto que tiene el libro sobre ellos es…inconmensurable. Incluso niños a quienes no les gusta leer, ni les interesa el lenguaje . De pronto se les abre los ojos , a todas las posibilidades de  la literatura y la relación que puede llegar a tener con su vida.” ” Me planteaba por qué  los niños de séptimo no iban a tener la posibilidad de experimentar una cosa así -les siguió diciendo a los padres de sus alumnos- . ¿Por qué no dejarles sentir en primera persona ese gran sobresalto del reconocimiento?

Los padres empezaron a narrar las reacciones que tuvieron  sus hijos  ante el libro,  demostrando que  les había cautivado. Personalmente yo disfruté leyendo las graciosas situaciones descritas.  Los padres acaban alabándola por haber elegido el libro adecuado con el que habia logrado el maravilloso objetivo de hacer que disfrutaran con la literatura, de despertarles el hábito lector.

Han visto cómo el protagonista  Tobi ( Tobias Wolff , el escritor del libro)  tras una infancia dura, llena de humillaciones por parte de su padastro ha podido llegar a  superar las adversidades y lograr grandes metas en la actualidad. Además la lectura del libro motivará un ingenioso proyecto: un anecdotario  en el que los alumnos  adquieren el rol de su maestra, y  deberán redactarlo esforzándose para intentar ser convincentes (tratando de usar un lenguaje elaborado y  de imitar  su firma) que resultará  ser un interesante ejercicio de autoevaluación para los alumnos y a los padres les ofrece  ” la oportunidad  ver a sus hijos como ellos se ven a si mismos”.

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“Martin Dressler” Steven Millhauser. Libros del Asteroide

“La única razón de ser de la novela es que intenta representar la vida”

(Henry James)

Con “Martin Dressler”, Historia de un soñador americano“, Steven Millhauser ganó en 1996 el Premio Pulitzer y ahora nosotros hemos tenido la inmensa fortuna de poder leer esta novela gracias a Libros del Asteroide ( traducción de Marta Alcaraz ), cuya labor viene a aportar un poco de aire fresco al panorama literario.

Se trata de una novela con mayúsculas – en la línea de “Roscoe, negocios de amor y guerra” de William Kennedy, “El quinto en discordia” de Robertson Davies, “Los inquilinos de Moonbloom” de Edward Lewis Wallant,  o hasta “El pentateuco de Isaac” de Angel Wagenstein, todas ellas del sello Libros del Asteriode -. Es una novela que se parece a las anteriormente citadas sobre todo en una cosa – puede que sólo en eso -: que te cuenta una historia de tal manera, tan bien narrada, que logra que el lector saboree literatura de primera. Tanto los temas, los lugares y los protagonistas no son precisamente cercanos a nosotros, al menos a mí. Entonces, ¿por qué atrapan tanto? Simplemente – fácil de decir difícil de plasmar en un libro – porque se trata de una buena historia, bien contada, personajes bien perfilados, y un buen final. Qué más se puede pedir. No sé si la expresión adecuada es “una historia como las de antes”, pero es la que me viene a la mente. En una palabra: un intento de representación de la vida. Estas buenas historias aún se puede encontrar en las librerías. Sólo hay que saber buscarlas.

“Martin Dressler” es la historia de un joven que tiene lugar en el Nueva York de finales del siglo XIX, hijo de un estanquero, un chico que tenía un sueño, y lo siguió hasta el final. Martin no sólo era un soñador. Dotado de talento, trabajador infatigable, y con un innegable don de gentes, pronto entró a formar parte de la plantilla del hotel Vanderlyn. Dejó  la cigarrería de su padre, y en el hotel fue avanzando. Pasó a botones a  recepcionista. Luego ayudante del director. Creó una cadena de cafés: Café Metropolitan. Los vendió y creó su propio Hotel. El Dressler, el New Dressler, hasta llegar a su gran creación, el Grand Cosmo, su sueño, algo más que un hotel, un micro mundo que rivalizara con el mundo, sueño que tal vez no estuviera permitido a los hombres, pero al que se aferró hasta el final.

“Lo que le apasionaba era solucionar problemas, organizar cosas, resolver lo irresoluble, crear combinaciones” (pág 119 )

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“Los amigos de Eddie Coyle” George V. Higgins. Libros del Asteroide

Tras Edward Bunker, ha sido genial leer el debut de Higgins, que data de 1970, pero que, salvo los detalles propios de la época, parece escrito ayer mismo, tal es su vigor y su frescura.

Considerada la mejor novela de una longeva carrera, dio lugar en 1973 a la película del mismo título, que en España se vió con el título de “El confidente”, dirigida por Peter Yates en su época más celebrada, cuando era un cineasta en la cúspide gracias a films como “Bullit“.

Editada por Libros del Asteroide, este libro es un clásico de la novela negra, innovó en el momento de su publicación y no es extraño que suscitará elogios de gente tan dispar como Norman Mailer, Elmore Leonard ( al que yo juraría que influenció notablemente, sobre todo en los diálogos ) o del encargado del prólogo, Dennis Lehane, que da en la diana describiendo lo que nos vamos a encontrar en su interior.

Higgins y Lehane, que además de compartir el que sitúan muchos de sus trabajos en el mundillo criminal de Boston, parecen conocer a la perfección, y hay que resaltar que es una lástima que éste siga siendo un trabajo no muy conocido en nuestro país. Sería estupendo que esto cambiase pues estamos, además, ante un libro que hará las delicias de cualquier seguidor de Tarantino, sobre todo el de sus primeros films, concretamente “Resorvoir Dogs”, “Pulp fiction” y “Jackie Brown” . De hecho hay un personaje en “Los amigos de Eddie Coyle” con el mismo nombre que este último film y está claro que el director debe tener el trabajo de Higgins entre sus libros de cabecera, ya que el 80 ó 90 por cien de su contenido son diálogos.

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“El frente Ruso” de Jean Claude Lalumiere

Hay ocasiones en las que tomas un libro y lo miras, lo ojeas, lo cierras, lo abres… Parece que te apece leerlo, pero al mismo tiempo necesitas un pequeño empujón para comenzar a leerlo.

Y menos mal que ese empujón me lo di yo a mí mismo.

Lalumiere ha creado un personaje desternillante, gracioso, un “pocacosa” con el que nos podríamos identificar muchos de los humanos que actualmente habitamos países desarrollados con un exceso de burocacia y papeleo.  Es un chico que abandona el hogar familiar porque ha conseguido aprobar unas oposiciones (por los pelos, pero lo hace, como lo haríamos muchos) y piensa que le destinen a algún lugar exótico.

No voy a desvelar las andanzas de estre chico, pero teniendo en cuenta su manera de ser y la suerte que corre, ya os podeis imaginar cómo de lejos está su destino de su casa.

Y si al empezar a trabajar ya lo hace con ese buen pie, el resto del libro no se queda atrás. Un personaje entrañable por los cuatro costados, nos habla de sus relaciones de pareja desde un punto de vista tal que parece que eres tú el que las está viviendo.

Una recomendación a la hora de leer este libro:

No lo hagas en el metro, el tren o el autobús. Pensarán que estás loco.

Una vez más libros del asteroide nos vuelve a deleitar con otra sorpresa más que agradable de esas que te hacen esperar a la siguiente.

Por favor, leedlo y no os perdáis el incidente de la paloma

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“Los inquilinos de Moonbloom” de Edward Lewis Wallant

Hace varias semanas que leí Los inquilinos de Moonbloom y aun no he conseguido quitarme de encima la atmósfera que teje y envuelve una de esas historias que hacen sentirte afortunado por haber dado con ella.

Norman Moonbloom, de treinta y pico años, entra en el mercado laboral como administrador de varios edificios de su hermano mayor, no más que un eufemismo para designar su verdadero cargo, el de cobrador de alquileres de unos apartamentos que en su mayoría están faltos de urgentes mejoras.

Tras una vida dedicada al estudio, casi como quien colecciona carreras universitarias, da la bienvenida a la vida adulta dedicándose a aquello para lo que su preparación se vuelve inútil. Poca cosa físicamente y vistiendo tallas exageradamente grandes para su escuálido porte, realiza visitas diarias a un elenco de personajes sólo posibles, probablemente, en la fauna neoyorquina; protagonistas y ambientes de toda clase se suceden en un curioso peregrinar por casas extrañas. Con el único objeto de cobrar unos alquileres, no consigue dejar de mostrarse a los ojos de sus inquilinos como el tipo agradable y accesible con el que compartir tanto sus preocupaciones cotidianas como sus quejas por los desperfectos de sus destartaladas viviendas.

Sabiéndose incapaz de forjar una coraza de frialdad y desinterés hacia esas demandas, consciente de su insípida juventud y de lo monótona e insidiosa vida recaudatoria, Moonbloom, como tantos otros personajes literarios, sufrirá su peculiar metamorfosis. Henchido de energía y escudado por otros no menos peculiares individuos, dirigirá sus pasos hacia el único fin al que su existencia podía devenir: llevar a cabo pequeños actos que hagan de su mundo, del mundo, algo mejor.

Lejos de cursilerías, la novela se resuelve como una demostración heroica de altruismo que choca tanto con el agradecimiento o la apatía, como con el desdén, la incredulidad y la crítica. Y parece que todo da igual cuando esa gigantesca maquinaria del anonimato que es Nueva York borra tus huella. Para Norman Moombloom, inasequible al desaliento, no.

No pretendo ser pretencioso, ni llevo muy bien eso de reseñar con ojo crítico, pero sólo puedo decir que me ha parecido una novela magnífica, estupenda, a la que llegué por su fachada -me gusta como edita Asteroide- y que sé volveré a leer y regalar.

En un momento dado, Norman nos dice que no puede quejarse de haber vivido horror alguno, tan sólo “un lento ensancharse de la sensibilidad”. Su existencia consistirá en tratar de vivir a la altura de ese sentimiento.

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“Ratas de Montsouris” de Léo Malet

Imagínate con todos los detalles y exactitud que puedas un lóbrego bar francés, de esos de postguerra mundial. Imagínate que ese bar está lleno de borrachos, maleantes y gente de mal vivir. Pues no. No lo hagas. todo lo que tu imaginación  pueda hacer, va a ser superado con creces por esta creación de Léo Malet.

Pero bueno, sigamos imaginando…

Imagina una novela policíaca que llama la atención por su calidad, su trama enrevesada y sorprendente a cada momento y porque no puedes dejar de quitarte sus imágenes de tu retina…

Imagina una novela policíaca francesa buena.

Libros del Asteroide edita con un acierto sin parangón, La serie del detective Néstor Burma, que en esta ocasión conoce a un tipo misterioso, que ha pasado por la prisión y le propone un negocio, por extraño que parezca, legal, y en un momento inesperado ese negocio no puede llevarse a cabo por culpa del asesinato del citado ex-presidiario. Lógicamente, Burma se pone manos a la obra  y ahí comienza todo…

Ratas de Montsouris. Sin duda, hay que tenerlo en cuenta

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Reseña:”A merced de la tempestad” Robertson Davies. Libros del Asteroide

Qué suerte tenemos de conocer la obra del canadiense Robertson Davies gracias a la editorial Libros del Asteroide. Conocí a este autor con la primera parte de otra trilogía, la Trilogía de Deptford, “El quinto en discordia”, y simplemente quedé maravillado. Me impresionó no sólo lo bien escrito que estaba, sino también su elegancia, su erudición sin caer en la pedantería sin ser tampoco plomizo, su humor sutil, lo bien que metía el dedo en la llaga en contradiciones que nuestra civilización ni se plantea y metía “pullitas” a más de uno/a con mucha gracia. Aunque sin duda lo mejor son los personajes, lo bien perfilados que están, a los que acabas conociendo por completo, con unos simpatizando, con otros no tanto.

“A merced de la tempestad“, como bien reza la contraportada, es “Fruto de su ( del autor ) larga experiencia teatral, la primera novela que escribió Robertson Davies es un divertido homenaje a las grandezas y miserias de los escenarios y a la vida que revolotea en torno a ellos“.

La novela, escrita en 1951, la primera de Robertson Davies, es completamente deliciosa. Transcurre en la localidad canadiense, ficticia, de Salterton. Es la primera parte de una trilogía que esperemos Libros del Asteroide publique pronto en castellano. Yo las espero con impaciencia. En inglés se titulan “Leaven of malice” y “A mixture of frailities”.

La Trama:

La compañía amateur de teatro, El teatro Joven de Salterton, se dispone a representar “La tempestad” de Shakespeare, una de las comedias shakespearianas, aunque esto no tenga que significar que sea necesariamente humorística. La representación será al aire libre, siendo el emplazamiento elegido el jardín del señor Webster, viudo acaudalado padre de dos hijas que no siente especial parecio por el teatro pero que siente que se debe a su comunidad. Así veremos viendo la selección de personajes para la obra, y como los actores que los encarnan se van endiosando algunos hasta la insoportabilidad. Veremos la cara y la cruz del teatro, con sus risas y lágrimas. Conoceremos a personalidades  eminentes de Salterton, y a ciudad misma, que como pronto nos daremos cuenta, no es Nueva York.

Los Personajes:

La dirección corre a cargo de Valentine Rich, mujer de talento que está de paso por Salterton, la primera que debe darse cuenta que Salterton no es Nueva York; Nellie Forrester, mujer de lágrima fácil que practica muy bien el judo moral; Solly Bridgetower, estudiante en Cambridge, cuya madre también practica muy bien el judo moral, obsesionada con el peligro amarillo ( Japón ) temor sustituido tras la segunda guerra mundial por el peligro rojo. Solly está enamorado de Griselda Webster; Hector Mackilwraith, gris profesor de matemáticas, que todo lo hace con planificación y sentido común metido a actor, enamorado también de Griselda Webster,pese a doblarle la edad; Roger Tasset, auténtico Don Juan, sinvergüenza y guapo, diríase más bien obsesionado con Griselda Webster; Pearl Vambrace, hermosa pero acomplejada, enamorada de Tasset e hija del profesor Vambrace, todo un personaje; Griselda Webster, la deseada. No nos olvidemos de Humphrey Cobbler, músico genial, pobre, alegre, que odia a los críticos, cuyo lema es “pásale el muerto a otro”. Sin entrar en más personajes, mis dos personajes favoritos: Tom, el jardinero y Freddy Webster, niña de catorce años, hermana de Griselda, con más inteligencia que nadie, aficionada a destilar alcohol, que si no se mete a monja, eso dice ella, se casará con Solly.

Los personajes están brutalmente perfilados, observas sus miserias y grandezas. Entiendes sus procederes, sus miedos, obsesiones, esperanzas. Te ayuda a comprednerlos, en sus meteduras de pata, que son bastantes, y no juzgarlos a la ligera. Impresionante. Como lector, es tan ameno e interesante saber de ellos, que igual da que te cuente Robertson los amores de éstos, que sus aficiones más a priori intrascendentes.

El Nudo:

El devenir de la novela, nos muestra los ensayos, los super egos que fluyen en medio de la tempestad, nunca mejor dicho, los amoríos entre ellos, sus peleas, la fuerte personalidad de la directora Valentine Rich que debe manejar la nave para que no se hunda, mientras se da cuenta que no, que efectivamente, Salterton no es Nueva York. Mientras se pegan, se quieren, se destestan, y mi amigo el jardinero Tom sufre por el césped del jardin, vamos viendo como la obra va tomando cuerpo, mientras el nudo se enreda y se enreda. Os aseguro que pura delicia.

El Desenlace:

Si os pensábais que os iba a contar el final estáis muy equivocados. Si diré que la novela es fantástica, dan ganas por supuesto de leer “La tempestad” de Shakespeare, que el humor está siempre ahí ( buenísima la escena donde otro de los personajes, el gracioso, eso cree él, Shortreed, se subió a lomos del caballo de los Webster y sin querer, lo desbocó y lo mató, pobre Old Bill ). Aprendemos de la idiosincrasia de esta localidad canadiense, símbolo de un país, donde Robertson hace referencias a todas las confesiones religiosas, para las que lanza “pullitas” para todas; se acuerda de la democracia a menudo ( pág 43: ” Sé que suena antidemocrático, pero en estos teatros amateurs, además de la democracia, hay que poner el sentido común, ¿verdad?” ), como si no se fiara de la adhesión ai ideario demócrata de sus personajes; se mete con la educación privada, y si nos atenemos al personaje de Hector Mackilwraith, también de la pública, y vemos su no excesivo amor por los adolescentes ( pág 66: ” En general los adolescentes tienen algo de fascistas:admiran a los adultos de de caracter fuerte que no dejan pasar una; aprueban que se pisotee al débil…“)

En fín, una novela de la que he disfrutado enormente y que recomiendo lo mismo que al autor. Si no sabéis que leer, y ya os cansa la llamada literatura de consumo rápido, tanto en su consumo como en su olvido, leer a Davies, y ya me contáis.

Parafrasendo a Shakespeare, en “La tempestad”, Estamos hechos de la misma materia que los sueños”

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Reseña de “Roscoe, negocios de amor y guerra” William Kennedy

Reseña originalmente aparecida en:

http://erratadevideoteca.wordpress.com/2010/10/19/resena-critica-roscoe-negocios-de-amor-y-guerra/

Emprendemos de nuevo nuestra inmersión en las novedades editoriales. Me acerco por la mañana temprano a la videoteca y pico, como normalmente hago, con los nudillos en la puerta de madera (tres golpes). Se abre la puerta, sale un libro disparado y se cierra.
Las erratas no tienen el día. Pero me extraña, por lo que acerco mi oído a la puerta y escucho de qué hablan. Veo que la errata cuerda dice palabras como “entronizar”, “ilustrativo”, “magnificencia” y “estornino”. Arqueó mis cejas. En realidad quiero entrar y saber lo que sucede, pero sé que se lo podrían tomar muy mal.
Así que me giro, recojo el libro del suelo y miro la portada. Se trata de “Roscoe. Negocios de amor y guerra”. Su autor, William Kennedy. De nuevo, Libros del Asteroide se hace con uno de esos autores completamente desconocidos en nuestro país y nos pregunta otra vez: ¿Cómo nos hemos podido permitir no conocer a este autor?

Y es que Libros del Asteroide se ha ganado la confianza del público con una selección más que cuidada de títulos. Ahora nos llega este “Roscoe”, novela que se inicia como una rareza curiosa y compleja y se termina con la boca abierta por lo que el autor ha llegado a conseguir.

A lo largo de las 342 páginas que nos ocupa este volumen, Kennedy nos presentará a Roscoe, un personaje singular, uno de los dirigentes del Partido Demócrata de Albany, capital del estado de Nueva York. Se nos sitúa en esta ciudad el día del final de la Segunda Guerra Mundial, cercano a las elecciones que pueden hacer que su partido se convierta en el líder.
Roscoe es insparable de sus dos compañeros, con los cuales comparte la gerencia del partido, Patsy y Elisha. Esa misma noche, Elisha morirá en circunstancias un tanto extrañas ( por lo imprevisto de la situación ), que poco más tarde se revelarán como suicidio. Es en este momento cuando un postmortem Elisha lanzará su posterior mensaje a Roscoe, que acaba de decidir dejar el partido tras 25 años en el puesto que ocupa: los enemigos se acercan y sabrás quiénes son.
Con este inicio, Kennedy pasará a recorrer los entresijos de la política americana; nos hará pasear por los tiempos pasados de Roscoe y el partido para ver así el periodo de entreguerras, introduciéndonos en el mundo del crack del 29, de la ley seca, de las mafias; nos mostrará el mundo de la corrupción, de las peleas de gallos, de las prostitutas, del contrabando de alcohol y otras substancias y en general, de las armas del poder.

Cuando uno decide empezar a leer “Roscoe. Negocios de amor y de guerra”, se encuentra introducido en un frenético torbellino de personajes, de situaciones encadenadas unas tras otras sin pausa, de los recuerdos que Roscoe rememora y detienen la acción presente para seguir con la pasada, de temáticas diferenciadas pero unidas al mismo hilo. Y es lo que provoca una primera sensación de absoluto vértigo.
Sin embargo, ese sentimiento primerizo caótico irá descubriendo poco a poco una perfecta estructura de tono desenfadado pero a la vez, casi clásico: es lo que hace de la obra algo singular.
Con semejante y veloz trama, lo primero que uno piensa es la imposibilidad de abarcar un entramado tan complejo en una misma historia sin conseguir en el lector la absoluta confusión o el posible tedio surgida de una incómoda necesidad de adaptación al estilo y al ritmo. Sin embargo, todo esfuerzo se verá recompensado en el momento que uno adquiere dicho ritmo y es tal vez este momento una de las grandes satisfacciones de su lectura. Pues es a partir de ahí que encontraremos y podremos valorar en Roscoe los miles de detalles precisos y minúsculos que se detallan en cada una de sus páginas, los diálogos sorprendentemente frescos y realistas consecuencia de uno de sus mayores logros: la construcción al mínimo detalle y a la perfección de unos personajes genuinos y perfectamente construidos.
Y es que Kennedy consigue con la paciencia del lector, que éste vaya encontrándose en un in crescendo de disfrute. Y no esperemos encontrarnos con un gran clímax final. El clímax es de presencia continua una vez adquirida dicha capacidad de adaptación y logra una introducción a un mundo tan real que incluso el autor debe introducir un postfacio alegando que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Kennedy es, por lo tanto, ese personaje único que frota la lámpara en las “Mil y una noches” y saca al genio enfadado que le concede un turbio deseo: el genio de Roscoe, antihéroe embustero que se gana con palabrería -como hace con el lector- a cualquier hombre y que nos concede, sea con gana o a desgana, la visión en primera persona de las triquiñuelas de la política.
En realidad, la obra está cargada de esos antihéroes a los que tanto nos gusta aferrarnos. Y en esta situación rodeada de ganadores ambiciosos y perdedores igualmente ambiciosos, podemos ver en Roscoe al menos malo de los malos: es el mediador de cualquier disputa, el dictador de la útlima palabra, el apaciguador y negociador. Y por eso se nos muestra como el perfecto personaje al que acompañar en las peripecias pasadas y presentes del partido y de todos sus componentes. Así, la narración utiliza a un narrador externo que se sitúa en el hombro de Roscoe, dejando entrar en el texto algún que otro pensamiento del personaje para acercarlo más al autor – o para liar todavía más la narración-.

A partir de estos parámetros, Kennedy habla en su libro de la fragilidad de la verdad en el mundo de la política, como Roscoe dice: todo hombre que busca poder por medio de la verdad o bien es un necio o bien un perdedor. Pero esta verdad principal en la obra se extrapola al lector medio para descubrirnos que en realidad no vivimos más que una enorme farsa, repleta de verdades falsas. Un teatro de marionetas descontrolado y vertiginoso. Pero, en realidad, ¿no es la creación literaria la farsa más grande y real que existe? A esto juega cualquier autor, a las verdades de las mentiras. Y Kennedy se revela como un perfecto embustero.

Roscoe no sabe distinguir su vida real con su vida profesional. La política está presente en cada una de sus acciones, como lo fue con su padre, el cual decidió vivir entre semana en un hotel de la ciudad y pasar los fines de semana con su família.
Por lo tanto, Kennedy trata la política como motor de la acción, pero también como ilustrador de todos y cada uno de los detalles de la vida en la actualidad. Así pues, cualquiera en busca de poder, sea político, sea estudiante, lo alcanzará de forma más rápida a través del engaño. O del autoengaño.
Roscoe ha vivido una vida de autoengaño, casándose con la hermana de la mujer a la que realmente ama (casada, a su vez, con Elisha, el suicida). De esta forma, se humaniza a Roscoe y lo convierte en una especie de Charles Foster Kane: entregado a sus miles de responsabilidades e incapaz de hacer frente a su vida personal. Pero a diferencia de la obra maestra de Welles, Kennedy se inclina por la desmesura (controlada, eso sí) y decide presentarnos a tres posibles Kane(s).

Cada uno de ellos tiene que lidiar sus cargas profesionales con sus vidas personales, por lo que o bien deciden entregarse a una de ellas por completo e ignorar la otra o integran en una misma vida ambas opciones creando la incapacidad de conseguir la plenitud.
Así es como Kennedy nos presenta una sociedad actual que ha perdido cualquier valor: la verdad y el honor no es algo que se persiga, es un medio con el que jugar y hacer trampas para conseguir lo querido.
La ambición está presente en cada una de las mentalidades y, por ello, la incapacidad de acercarnos a una realidad plana y simple. Los personajes de Kennedy se hacen eco de la política para representar los grandes males de la sociedad, pero sin ningún tipo de moralina, por supuesto: con desenfado, rapidez y un encanto algo maligno.

Y es que en definitiva, la capacidad y el aplomo de Kennedy presente en su escritura, nos recuerda a un Robertson Davies corrupto y desfasado, más cercano a nuestras épocas de ritmos acelerados. De momento, por supuesto, nadie ha llegado a adquirir el talante magestuoso, íntegro y de sabiduría total del (nuestro -de las erratas y mío- adorado y venerado) Robertson Davies. Pero eso sí, nos alegra, en definitiva, poder decir que ha sido una de las sorpresas de la temporada.

http://erratadevideoteca.wordpress.com/

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