Archivo de la categoría ‘Reseña invitada de la semana’

“La última raya” Javier Jorge

“Lo que verdaderamente te castiga el corazón cuando te deja tu novia es pensar que otra polla ocupará el espacio que durante años sólo ocupo la tuya”.

Esta cita resume la filosofía de "La última raya", el debut literario de Javier Jorge, un crack de la comunicación que triunfa en la tertulia deportiva de Albert Lesán en Canal Català, La Ronda, en la que ejerce de madridista cañero. Curtido en la escuela reporteril del Aquí hay Tomate, Javier no se corta en absoluto y dice las cosas por su nombre. Y fruto de esta sinceridad natural ha creado una novela que te engancha, como la coca que el protagonista disfruta en una vida disoluta y sin freno.

Es un libro sincero, directo, sin artificios y sin máscaras, que se merece el calificativo de novela generacional, o al menos de aquella parte más salvaje de la juventud que disfruta de la noche hasta el final, sin límites. No le darán el Cervantes, pero ni le importa ni lo busca. Javier quiere que sus lectores disfruten, y lo consigue.

Rinde un constante homenaje a su ciudad, Badalona, a la que cita continuamente, sobre todo a su vida nocturna. Pero esto es sólo una anécdota. Lo importante es seguir la senda de autodestrucción del personaje... pero sin caer en moralismos, ni en tonterías redentoras.

No se la pierdan. Les gustará.

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“Vercoquin y el plancton” Boris Vian

Reseña cedida por:

http://erratadevideoteca.wordpress.com/2010/10/04/vercoquin-y-el-plancton/

Las erratas se sorprendieron al ver que el primer libro de Boris Vian no había sido publicado anteriormente en español. Cuando trajeron esta novedad, venían impacientes sacudiendo el libro en sus manos alzadas mientras me decían que si no había leído este ejemplar. Son muy seguidoras de todo lo que Vian hace, como se puede observar por su reacción y les tuve que decir que, a pesar de que le idolatro, todavía me faltan algunos libros más del autor por leer.
No dijeron nada. Silencio. De repente: “Anoche soñé que volvía a Marienbad”. Silencio. Y finalmente, la voz de la errata razonable “Pero es el primero…debes leerlo ya”.

Antes de indicar la trama de la novela y analizar algunas de las cosas más destacadas, anunciamos que esta reseña no está pensada para detractores de Vian. – Todo lo que hace es grande- piensan las erratas. Y así mismo pienso yo. Como fetiche nuestro que es, todo lo que sigue será alagador (pero siempre con fundamento), puesto que leer a Vian supone una experiencia de por sí, la introducción a un imaginario personal…es dejarse llevar por el laberinto lingüístico y el ambiente desenfadado que consigue recrear a partir de un estilo único y jugando a la baza del surrealismo más literal y desternillante. Así pues, coger “Vercoquin y el plancton” significa reencontrar a un Vian en estado puro, lleno de malícia y ternura a partes iguales como es habitual. Significa retumbar a ritmo de jazz y pasear por un París desfigurado repleto de seres extravagantes y perdidos.

“Vercoquin y el plancton” es una novela estructurada en tres partes bien diferenciadas. La primera de ellas relata los diversos ambientes y situaciones que se dan en una determinada surprise-party, fiesta que el Mayor -protagonista de la novela y personaje recurrente en la obra de Vian- organiza habitualmente. Dichas fiestas se caracterizan por su salvajismo, por ser completamente liberales, desenfrenadas y regidas por unas pautas muy concretas establecidas en una especie de manual mental algo desquiciado.
En dicha fiesta el protagonista, acompañado por Antioche, conocerá a Zizanie, una joven aparentemente recatada que desatará las pasiones de los presentes y ante todo de Vercoquin, que se convertirá en rival absoluto del Mayor el cual, ayudado por las reglas de las surpirse-partys, tramará un perfecto plan para deshacerse de él. Así será como Zizanie caerá en la tentación que el Mayor le ofrece, acabando con la idea de una próxima celebración de boda.
Es por ello que éste pedirá a Antioche ayuda: pedir la mano al tío de Zizanie, actual tutor de la chica, la cual cosa dará paso al segundo acto, con el cual convertirá la trama en una alocada (y meitadamente tediosa) aventura situada en los pasillos de un consorcio donde los trabajadores se aburren y son pagados por ello. Así consiguen alargar y convertir en imposible (su trabajo, en realidad) los asuntos legales con los que tiene que lidiar.
Tras trabajar en el consorcio una larga temporada embaucados por Miqueut, por fin consiguen pedir la mano -tras un excelente razonamiento (comercial) por parte de éste- y celebrar la boda y el consecuente festín/surprise party, que constituirá la tercera parte.
Esta fiesta será amargada a causa de los presentes que no corresponden a la generación de los recién casados y que serán sacrificados en pos de una digna celebración.

La primera parte de la novela rebosa genialidad por parte del autor introduciéndonos en el mundo/retrato de las surprise-partys. Ocupa más de un cuarto de la extensión total de la novela (hasta la página 71) y casi se podría extraer para convertir de por sí en un relato redondo.
En esta parte, Vian utiliza un estilo frenético, transportando al lector de una habitación a otra para representarnos el sinsentido (no tan alejado de algunas realidades) del ambiente alcanzado por una fiesta desenfrenada. La velocidad de la narración es continua, ayudada por juegos de palabras también presentes en las demás obras de Vian, convirtiendo métaforas en realidades para así expresar a través del humor irónico, cínico y algo negro la fragilidad de la realidad, de la condición humana y de las relaciones personales -o no, tal vez por reírse y poner en evidencia absolutamente de todo-.
Así es como se nos presentan a unos personajes sin tabúes, dejados llevar por el fluir de la irracionalidad. Estos personajes carecen de moral y se mueven por instintos básicos. Representan una generación, la del propio Vian, caracterizada por la imposibilidad de contentarse con lo que hay, que se rebela por lo que quieren y es por ello que destruyen los antiguos patrones que veremos mejor representados en la fiesta con la que culmina el libro.

Convirtiendo en todavía más laberíntico y extraño el pasaje entero, Vian decide rehacer la numeración de los capítulos jugando con la estructura entera del texto. Es así como, encontrándonos supuestamente en el capítulo cuarto, pasaremos de nuevo al tercero tras las disculpas del autor, que confiesa que ha sido completamente innecesario y falto de interés y debe reajustar el contador. Deteniendo la acción con dichos ajustes numéricos y inmiscuyéndonos todavía más en los recovecos más hilarantes de su mente, Vian acaba por hacernos sentir un participante más de su propia locura lúcida.

Y tras esta continua agitación, Vian cambia el registro sin perder el ritmo al entrar en la segunda parte. En ella nos introduce en los edificios del Consorcio Nacional de la Unificación, descritos como eternos pasillos repletos de puertas. Dicho consorcio no es más que un trasunto del AFNOR (Assosciation Française de Normalisation), parodiado hasta la saciedad y donde el mismo autor trabajó. Dicha asociación trabaja en el establecimiento de unos criterios unificados en las leyes de seguridad industrial, sea nacional o internacional.
En “Vercoquin y el plancton” la asociación se convierte en un espacio inmenso repleto de gente aparentemente ocupada que trabajan envueltos de papeles (porque hacen parecer interesantes a los trabajadores) y enredados en frecuentes reuniones eternas en las que se discuten temas de lo más variopintos.
Uno de los grandes rasgos de esta parte la encontramos en los diálogos que Vian construye y pone en boca de Miqueut. Estos mismos resumen las intenciones de Vian para esta parte de la obra: la burla total hacia un sistema por completo incompetente.
Y es que la forma de hablar de Miqueut ocupa los parágrafos más largos de la novela, que rompen con el ritmo acelerado y que son creados a partir de un vocabulario pomposo que tan solo provoca que el personaje caiga en su propia trampa, para acabar sin haber dicho nada.
Y, en concreto, aplicando a este personaje la manía de repetir ¿verdad, usted? En estos eternos diálogos, Vian no hace más que corroborar la falta de aptitudes y la necesidad de mostrar una perfecta imagen en entidades que se supone deberían trabajar con exactitud y rapidez.

En la tercera parte, la boda de Zizanie y el Mayor y la celebración, se destaca por el sacrificio de las personas mayores que están boicoteando la fiesta. Los cuerpos de los sacrificados van directos a la papelera y los participantes que han sobrevivido se mudan a una casa para iniciar definitivamente la surprise-party que se merecen. Aquí se muestra la presencia de una juventud perdida pero a la vez luchadora por sus ideales, paradoja absoluta en el momento en que los ideales parecen ser los bailes destructivos y la construcción de habitaciones llamadas “folladeros”, pero que, a su vez, no deja de tener una cierta contemporaneidad.

Y, en definitiva, lo más positivo de la obra de Vian es su total vigencia en la actualidad. ¿No hace el tiempo al clásico? En Vian, vemos como la crítica a la ineptitud de los estamentos legales está completamente presente en la sociedad de nuestros días. Leyes que se crean de un día para el otro sin sentido, leyes necesarias que son atrasadas, ayudas a la emancipación que se retrasan o nunca llegan, papeleo universitario con problemas continuos, etc.
La juventud sigue siendo esa masa insaciable y descontenta, desordenada y revolucionada. Y en cuanto a las fiestas…las fiestas nunca dejan de ser vigentes. Por tiempo que pase, las fiestas locas, son eso.
La exageración hace todo lo demás.

Releer o redescubrir a Vian no hace más que reiterar la actitud de las erratas y un presente de tener en sitio preferente en nuestras estanterías su obra. Aconsejamos a los que nunca se han introducido en su mundo que lo hagan (aunque creemos que la mejor iniciación tendría como base “La espuma de los días”, absolutamente perfecta) y agradecemos a Impedimenta un ejercicio tan necesario como este rescate.

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“Zeitoun” Dave Eggers

Reseña cedida por:

http://erratadevideoteca.wordpress.com/2010/09/27/zeitoun/

UNO-Sobre el clasicismo

Clint Eastwood presentó hace ya un par de años la película “El intercambio”, protagonizada por Angelina Jolie y que giraba en torno a un hecho real en el que la extraña desaparición de un niño destapaba una red de mentiras que únicamente beneficiaban al estamento policial y al público general de la prensa amarilla ávida de happy endings.
La película recibió numerosos halagos y se hablaba del perfecto clasicismo que presenta Eastwood y que lo convierte en uno de los pocos heredereos de dicha etapa del celuloide.

El clasicismo en el cine trataba de contar historias sin rodeos, presentando los hechos tal y como son a través de una estructura que siguiera la fórmula introducción-nudo-desenlace, presentando a sus personajes poniendo en sus labios frases siempre útiles que les describieran a la perfección y encajando absolutamente todos los detalles abiertos a lo largo de la trama. Actualmente se recuerda como la época dorada de Hollywood, la etapa de las grandes estrellas y del inicio de la fama mediática.

Muchas de las películas de Spielberg continuan esa estela, presentando historias construidas al más puro estilo del cine del star system (véase “Parque Jurásico” o “El color púrpura”), siguiendo el estilo y la estructura de uno de los grandes del clasicismo cinematográfico, Alfred Hitchcock (veáse “Minority Report”) y con ecos a las grandes épicas tan al gusto de aquellos maravillosos años (véase “La lista de Schindler”, “Salvar al soldado Ryan” o “El imperio del sol”).

DOS-Sobre Dave Eggers

Eggers es un personaje completamente polifacético: escritor de varias novelas, recién estrenado en el mundo del guión (con la película “Away we go” de Sam Mendes) además de editor y creador de la (estilísticamente cuidadísima) revista literaria McSweeney’s.
Y con este sello, Eggers ha demostrado su absoluto compromiso por las dos causas que ha apadrinado: el descubrimiento de nuevas voces para la literatura norteamericana y la promoción de los derechos humanos.
De hecho, “Zeitoun” se inscribe dentro del proyecto de la revista McSweeney’s nombrado Voices of witnesses(las voces de los testigos), a través de la cual da la palabra a diferentes personalidades que han vivido situaciones en que los derechos humanos han brillado por su ausencia. Si en el 2007 le tocó a Valentino Achak Deng en su novela “¿Qué es el que?”, ahora le toca a Abdulrahman Zeitoun.

Así pues, el que parecía ser relevo de la narrativa americana gamberra habiendo seguido la estela de otras grandes voces de este tipo de literatura como lo son las de Palanhiuk o Foster Wallace con el libro “Ahora sabréis lo que es correr”, actualmente ha redirigido su carrera hacia el más estable territorio en el que se le ha etiquetado como el chico bueno de la literatura.

TRES- Introducción-Nudo-Desenlace

Así pues, en “Zeitoun” Eggers nos situará en una Nueva Orleans a dos días del fatídico huracán Katrina. Eggers se servirá de dicho espacio de tiempo anterior a la tormenta para introducirnos en los personajes, para desarrollar sus vidas y situarnos en su mundo.
Así se nos presenta a Abdulrahman Zeitoun, árabe y musulman afincado en esta Nueva Orleans pre Katrina. Ciudadano y vecino ejemplar, fundador de una conocida empresa que se encarga de los arreglos en carpintería y pintura de muchas de las casas de la ciudad y poseedor de varios edificios. También padre de familia numerosa (cuatro hijos nacidos en Estados Unidos) y esposo ejemplar de una americana -Kathy- que largo tiempo atrás (antes de conocerle) decidió pasarse al Islam por reconocer en él una religión mucho menos autocastigadora y más apaciguante.

El nudo se inicia con el episodio referente a la tormenta, una vez que Kathy huye con sus hijos de la ciudad mientras que Zeitoun decide quedarse para vigilar las casas de su propiedad. En esta parte, descubriremos pasajes de una belleza casi apocalíptica en las que Zeitoun recorre las calles ahora inundadas con una balsa de segunda mano (a través de la cual Eggers clama por la naturaleza/simplicidad frente a la tecnología/ambición -el silencio de la barca le permite escuchar los gritos de ayuda a diferencia de las balsas mecánicas que ahogan los ruidos de los malparados-). De hecho es en esta parte de la novela en que más ecos clásicos, esta vez narrativos (porque también los tiene), encontramos, como lo son los de Dickens o Twain, con el personaje central navegando a través de innumerables episodios/escenas.
Los días se suceden con una calma que Kathy no puede ver, pues es completamente aturdida por los miles de noticiarios que avisan de las espantosas escenas que se suceden continuamente en la ciudad destrozada: saqueos, violaciones, violencia…Por suerte, en una de las casas arrendadas, Zeitoun puede llamar por teléfono a su mujer, mantenerla informada de sus actividades y desmentir algunas de las informaciones televisivas.

Y, he aquí el golpe de efecto (¡atención al spoiler!), cuando la desaparición de Zeitoun provoca la desesperanza de Kathy en una parte del libro en que Eggers, magistralmente, enfoca la cámara hacia la desamparada esposa dejando fuera de encuadre al protagonista para introducirnos en el terror vivido por Kathy. Finalmente resulta que a Zeitoun le han hecho prisionero, acusado de saqueo y de terrorista, momento en que el nudo incrementa su tensión para desembocar en el desenlace.

CUATRO-Sobre el clasicismo cinematográfico de “Zeitoun”

En Dave Eggers podríamos observar la tendencia al clasicismo cinematográfico que se pudo observar en Eastwood, pero situado en el mundo de la narrativa. Y es que el chico bueno de las letras norteamericanas nos presenta una perfecta historia clásica siguiendo los parámetros característicos de ella para desarrollar su trama.
Así pues, desde un narrador en tercera persona, Eggers nos acompaña por cada una de los pasajes siguiendo al personaje en sus continuas desventuras. Sin apenas flujos de pensamiento, desde una objetividad calculada y algo distante, nos muestra cada uno de sus movimientos y nos descubre con un ritmo perfectamente mesurado la historia anterior de los personajes a través de objetos y recuerdos.

Y es que Eggers se comporta de la manera más correcta al presentarnos una historia tan comprometida en tan diversos temas. Pues, a través de la sencillez de su prosa y de la elección de un estilo tan efectista, se ponen en entredicho los estamentos judiciales americanos, las fuerzas armadas, la Guerra contra el Terror, la fobia al Islam que se da en su país, el mandato de Bush, el terrorismo, la efectividad en los asuntos inmediatos al destrozo del Katrina, la poca profesionalidad de los medios de comunicación y su absoluto sensacionalismo…
Y el gran acierto de Eggers es mantenerse en la individualidad obviando la colectividad, pues acercándonos a un único caso, dando la voz al “buenazo” de Zeitoun puede denunciar tal sinfín de temáticas tan presentes en la historia americana del reciente siglo XXI sin tener que mencionar siquiera una de ellas de forma directa.
Eggers se muestra sutil y efectivo, correcto y sentimental (a punto de caer en la lagrimita fácil en algún momento) pero, en definitiva, documentado, nada excesivo y dominando con maestría el tempo literario al más puro estilo clásico. Basada en hechos reales (otra de las etiquetas de el mundo del séptimo arte), la experiencia de Zeitoun encuentra en Eggers la traducción estilística perfectamente calculada, estructurada de forma simple y completamente efectiva/positiva.

Ni las erratas ni uno mismo nos sorprendemos al descubrir que será llevada al cine en el 2011 ni que el director vaya a ser Jonathan Demme.

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“Wilson” de Daniel Clowes

Reseña cedida por:

http://erratadevideoteca.wordpress.com/2010/09/17/wilson-daniel-clowes/

Esta vez he sido yo el que ha entrado en la videoteca para ir a buscar a las erratas y dejarles un libro. Mi propuesta ha sido “Wilson” de Daniel Clowes, ante todo para introducirlas al terreno absolutamente novedoso para ellas de la novela gráfica. De hecho, y para no parecer un erudito en la temática, yo mismo soy un recién introducido en el mundo del cómic. Aunque, y eso sí lo sé, a la hora de utilizar el término novela gráfica -y todavía más si hablamos de este autor- debería ir con pasos de plomo.

Y es que el concepto derivado de la etiqueta novela gráfica ha producido ciertas disputas en el mundo del cómic, debates que os invito a visitar en este interesante blog y por lo que no me extenderé en exceso aquí. Pero para apuntar cuatro cosas que sirvan de guía a la siguiente reseña, debería decir que dicho término implica una compleja situación que se viene extendiendo desde hace unos años.
Punto número 1: ¿Qué caracteriza a la novela gráfica?
El término “novela gráfica” engloba a todos aquellos cómics que tienen una tendencia hacia lo literario o que comparten con la literatura (general) algunos puntos en común.
Por lo tanto, se trata de un género narrativo ilustrado. Aquí quedan excluídos todos aquellos cómics sobre superhéroes, mangas…
Punto número 2: ¿Por qué el debate?
Para muchos de los introducidos en el mundo del cómic, el término “novela gráfica” lleva implícita una degradación de la esencia del cómic. Se apoyan en ello alegando que dicho término se trata de algo impuesto por las grandes editoriales para introducir a nuevos lectores, rebajando el nivel de “freakismo” (disculpen el vocabulario) para, introduciendo la palabra “novela” en la etiqueta, igualarlo a un público general.
Por lo tanto, dichos seguidores denuncian la degradación que supone la introducción del concepto “novela” a un género suficientemente fuerte de por sí.
Punto número 3: ¿Qué papel juega Daniel Clowes en este debate?
Daniel Clowes ha sido desde siempre un autor reticente a dicho término. Para éste, la introducción del mundo del cómic al público general a través del término “novela gráfica”, le hace temer la pérdida de una calidad hasta ahora asegurada, procedente y alimentada por la cultura underground y otras subculturas…Teme, por lo tanto, la estandarización del cómic, en contrapunto al riesgo y la ruptura que hasta el momento ha significado.
Tanto es así que, en su última obra (“Ice Heaven”) se inventó el término comic-strip novel con tal de no utilizar el mareado graphic novel (un apunte: en la versión española de este “Ice Heaven”, no se respetó la versión original de comic-strip novel, cambiada por novela gráfica, obviando los trasuntos ideológicos del autor a causas comerciales).
Punto número 4: ¿A qué viene todo esto?
Daniel Clowes parece haberse bajado del burro con Wilson declarando en el hueco dedicado a su biografía que Wilson es “su primera novela gráfica”.

Partiendo de la aceptación del autor de etiquetar de esta forma su obra, ¿qué nos presenta Wilson?
Pues ante todo un personaje. Un personaje desagradable, egocéntrico y egótico, autodestructivo, sociópata y desquiciado. Tal vez uno de los personajes más incómodos del autor.
Sin embargo, a través de los episodios de la vida por los que el lector acaba discurriendo, se establece un ligazón con este antipático Wilson que, desde un punto de vista personal, se asemeja con el que uno siente con Michael Scott, de la serie (en su versión estadounidense) “The Office” -en su caso, demostrando que tras la fachada de mismas características de Wilson, se esconde un ser abrumado/deprimido (magnífica escena la del cierre de un episodio de la segunda temporada, donde vemos a Scott con la cara entre las manos llorando, desde un plano de fuera de su casa haciendo la escena completamente fría y rompiendo con el tono y ritmo de la serie)- .
Pero hay algo que diferencia a Michael Scott de Wilson y es la absoluta falta de bondad del segundo en contrapunto con el primero. Wilson no parece tener remordimientos. La gente se equivoca, pero no él. Él es social, pero la gente habla demasiado.
Es así como Wilson acaba por parecerse más al (estilizado) Jimmy Corrigan: ambos personajes solitarios, desencantados del lugar que les ha tocado vivir, seres errantes encerrados en una burbuja de egoísmo y frialdad.

Así nos presenta Clowes a Wilson, en un primer episodio que ya apunta todos los sentimientos y actitudes que encontraremos en las siguientes páginas y a través de las cuales se irán rescatando los temas recurrentes del autor. Y es que, estructurado en forma de episodios restringidos por una extensión continua de una única página, Clowes juega a mostrarnos a través de elipsis que juegan con un espacio de tiempo indeterminado, escenas importantes y muy concretas de su vida.
Por lo tanto, podemos ver como poco a poco y gracias al dominio del autor en cuanto a guión y ritmo, la historia juega a introducirnos lentamente en la intimidad de Wilson. Así pues emplea en un principio escenas mucho más abiertas y genéricas que sirven de introducción del personaje para poco a poco cerrarlas y centrarnos en su historia.
Un lector que se introduzca en el cómic sin previo conocimiento, puede llegar a pensar que es una recolección de viñetas del autor publicadas en alguna revista/periódico, para llegar a descubrir lentamente el hilo argumental que sigue la historia.

Y a esta sensación contribuye el estilo elegido por el autor para desarrollar a su personaje, pues cada episodio se nutre de un tipo de dibujo completamente diferente, que va de la caricatura al realismo más conocido del autor. Del tintado al coloreado recorriendo diferentes tonalidades y formas.
La elección de jugar con el estilo es tal vez uno de los puntos que más inquietan a la hora de juzgar el cómic, pues si por un lado sirven como ejercicio de estilo para Clowes, por otro nos preguntamos si la historia realmente lo necesita.
Creemos, por lo tanto, que dicho ejercicio se inclina más por la posición del autor en referencia al debate que antes anunciábamos sobre la etiqueta novela gráfica. Pues si bien es la primera vez que remite a su obra como tal, también es una de las obras más esquivas al concepto de novela.
La absoluta intención de romper con la narración continuada acompañada por las diferencias estilísticas de cada episodio provoca al lector una sensación de discontinuidad que distancia la obra de la narración convencional. Entonces, ¿se ríe definitivamente Clowes del mundillo comiquero? Dejaremos que sus siguientes obras nos hablen de ello.

Y es que en definitiva, sólo hace falta recurrir a obras anteriores del autor como “Ghost World” (también estructurada en episodios pero más extensos y por ello más alejados de la anécdota que este “Wilson”) o “Ice Heaven” para descubrir que resultan ser más novelas gráficas que esta nueva obra.

“Wilson” es divertida. Desenfadada. Comparte, como el resto de obras del autor, ese aire de risa congelada, de divertimento que oculta una realidad penosa, por otro lado tan presente en el cine de Todd Solodnz. De hecho surgen teorías interesantes comparando las obras de los dos autores: en el retrato de la adolescencia comparando “Ghost World” a “Bienvenidos a la casa de muñecas”; en el retrato de la decadencia americana a través de “Ice Heaven” y “Hapiness” o, la más interesante en cuanto a la obra que reseñamos, el trato y desarrollo de un sólo personaje con “Wilson” y “Palíndromos” (con la que también comparte los cambios de estilo).

En definitiva, una obra de Clowes. Tal vez no la mejor, pero se agradece, de nuevo, la sensación agridulce que desprenden sus viñetas. Se agradece volver a visitar el imaginario tan personal y reconocible del autor.

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“Terminator: Tierra en llamas” Alex Ross

Uno de los mayores deseos de los seguidores de la saga Terminator era ver una historia completamente ambientada en el futuro dominado por las máquinas, algo que en cine no se vió hasta la entretenida “Terminator: Salvation” de McG. Los dos clásicos films de James Cameron, un cineasta megalómano que, posteriormente ha demostrado tener más técnica que alma, y la infravalorada tercera entrega de Jonathan Mostow, dejaban ver sólo retazos de ese mundo apocalíptico.

Lo mismo pasaba con la posterior y recomendable serie de TV “Las crónicas de Sarah Connor”, con una maravillosa Lena Headey haciendo olvidar a Linda Hamilton, y en estimulantes, trepidantes y a veces deslumbrantes series de cómics, como “Terminator: objetivos secundarios” o “Terminator, enemigo interno”, que bebían de las premisas de viajes en el tiempo de la primera película.

Por lo tanto, la aparición de una serie, ya revivida en un tomo único, que sucedía completamente en ese hostil futuro, fue saludado por algunos aficionados, con saltos de alegría, alegría genuina y natural, sin necesidad de recurrir al alcohol o sustancias alternativas, sustancias en las que tal vez más de uno caiga tras comprobar los desalentadores resultados del , a priori, prometedor “Terminator : tierra en llamas”.

Llama la atención que en la cubierta ponga que es el primer trabajo del dibujante especialista en portadas Alex Ross, y no se mencione que el guión es obra de Ron Fortier, y leyendo el cómic uno casi lo entiende: nadie espera, ni hace falta, personajes de hondo calado psicológico, ni una historia compleja, profunda  y densa, pero tampoco puede uno conformarse con la banalidad y endeblez de dicho guión.

Los personajes son casi inexistentes,  incluido John Connor. Los diálogos son sosos, sin chispa alguna, lejos de la contundencia lapidaria de la saga y las situaciones hacen aguas por todas partes. ¿Cómo es que no disparan a los escaladores? ¿Por qué a Skynet después de 40 años de guerra – ¡ 40 ! – se le ocurre acabar con los humanos a bombazo nuclear limpio? ¿A la supercomputadora no se le podía haber ocurrido antes?Preguntas como estas hay unas cuantas y lo que no hay son personajes de peso, ni sorpresas, ni ningún hallazgo nuevo de relevancia. Es como una previsible extensión de lo que habíamos visto en otros cómics/films y el dibujo de alex Ross es tan oscuro y realista, la antítesis de la estética grisácea de “Terminator Salvation”, que a veces es confuso, poco nítido.

Un flojo cómic, mal estructurado, con el típico final abierto sobadísimo. Sólo se salva la potente batalla inicial con sus toques nihilistas, aciertos que van diluyéndose conforme avanza la trama. Con diferencia lo peor que he visto/leído en relación al mundo de los Terminators.

El ahora tan de moda Frank Miller realizó en los 90′ un crossover de los cyborgs asesinos con Robocop ( hay que recordar que fue coguionista de la salvaje segunda parte y también de la infantiloide tercera entrega del robot policía ). Creo que no se editó en España. Ahora que Miller vende como nunca y han reeditado “Hard Boiled”, ¿A qué esperan?

LA TENIENTE MELANIE BALLARD

(COPILOTO DE SU INCESTUOSA HERMANA CATHERINE)

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“Muerte y transfiguración. Historia del cine americano/3 (1961-1992)” José Luis Guarner

J. L. Guarner, fallecido prematuramente en 1993, fue uno de los críticos de cine más estimados de este país, y su nombre, aún aparece de cuando en cuando en el trabajo de sus compañeros de profesión, algo que va más allá del perpétuo peloteo con el que se tratan, citándose contínuamente entre sí.

Desde las páginas de muchas revistas y periódicos, sobre todo de la entrañable “Fotogramas”, una institución en la vida de muchos, Guarner cultivó un estilo sereno, elegante, comedido, sutil y ligero, engañosamente discreto. Una escritura muy personal y sabia que ha influido en no pocos, pero muy clásica, lejos del contenido más moderno de éstos.

Uno de sus últimos trabajos fue el cierre de la trilogía que empezó con “Desde la creación al primer sonido” de Homero Alsina Thevenet y “El esplendor y el extasis” de Javier Coma, un repaso a la historia del cine estadounidense.

Guarner compaginó aqui el análisis crítico y un sucinto repaso por lo que él juzgaba más destacado de ese periodo ( 1961-92) del cine norteamericano, junto a una radiografía de ese podrido, perpétuo Hollywood, con los inflados sueldos de las estrellas, las super producciones grandilocuentes y lo peor de todo, la obsesión por los beneficios que tanto choca, ha chocado y chocará con los intereses artísticos, algo que ha ido más aún en alza desde entonces.

Guarner era, en algunos aspectos, el típico crítico. Aqui faltan muchos films, y desprecia, con cierto irritante paternalismo, películas que hoy están consideradas clásicas.

Como tantos otros, Guarner despreció, en su momento, al gran Sergio Leone. Décadas de vituperios después, lo reivindicó. Deijo que el tiempo lo había mejorado. Defensores de Leone, empezando por el público llano, ya había a miles. ¿Por qué abundan tanto los críticos que viven desfasados, retrasados, respecto al presente. Recuerdo que cuando el programa “Días de cine” daba sus primeros pasos, salía Guarner y el hoy famoso cineasta Daniel Monzón, director de la premiada “Celda 211″ entre otras – yo prefiero “La caja Kovac” – dando su visión sobre la misma película, era más fresco, abierto, incluso creativo que Guarner. No en vano, fue uno de los escasos críticos que renovó el esclerotizado panorama nacional.

Ahora, también es cierto y este libro es una viva confirmación de ello, que Guarner defendió la grandeza de cineastas infravalorados como Robert Aldrich“La venganza de Ulzana, “La banda de los grissom”…- o el Paul Newman director, y que fue uno de los primeros en reivindicar a Clint Eastwood cuando casi todos lo insultaban. Guarner supo ver que tras la apariencia derechista de films como “Harry el sucio” del gran Donald Siegel o películas del Eastwood director ( del que acaba de publicarse una biografía que huele a carroña y escasa veracidad ) como “Bronco Billy” o “El sargento de hierro” – film rechazado y odiado por el ejército USA, elpentágono e incluso, al parecer, por Ronald Reagan – había algo muy distinto para todo aquel que supiera verlo. Gran cine, para empezar. Y es que, en sus mejores momentos, Guarner era como Eastwood: miraba, observaba, e intentaba comprender antes de juzgar a la ligera.

Con sus virtudes y defectos, se le echa de menos.

SUPERDUCK

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“MIGUEL ÁNGEL, UNA VIDA INQUIETA” Antonio Forcellino

POR ARIODANTE

Antonio Forcellino (Vietri sul Mare, 1955), gran especialista en el arte del Renacimiento, tuvo a su cargo la restauración del Moisés de Miguel Ángel y el Arco de Trajano.
Autor de numerosos estudios sobre la obra de Miguel Ángel, Rafael, Leonardo, y sobre la Capilla Sixtina en particular, que, a raíz de su reciente restauración, nos ha hecho cambiar tantos conceptos sobre su autor y su trabajo.

El genial pero conflictivo artista Miguel Angel Buonarroti nos es presentado en esta obra por el escritor, restaurador e investigador artístico Antonio Forcellino desde una perspectiva novedosa; Forcellino no sólo nos relata la vida de Miguel Angel: nos hace revivir la historia italiana, la época vivida por el artista, una época turbulenta, de luchas, conspiraciones, alternancias políticas constantes, pero a la vez, de enorme proliferación artística, un hervidero de grandísimos autores, muchos de ellos polivalentes, como es el caso de Miguel Angel, que lo mismo pintaban, que esculpían o proyectaban un edificio. Miguel Angel, tal y como nos lo presenta Forcellino, es un genio, pero también es un hombre, con sus defectos, sus miserias, sus esperanzas y sus deseos. Y es un hombre que vivía inmerso en la vida de su ciudad, Florencia, floreciente de arte, desbordante de ideas nuevas filosóficas y políticas, patria de Maquiavelo, del terrible Savonarola, y de los contradictorios y temidos Médicis, así como de Roma, donde tantos años pasó trabajando, al servicio de múltiples papas.

Forcellini abunda en descripciones técnicas interesantísimas para los amantes del arte que, sin embargo, no son farragosas para los legos en la materia, sino más bien didácticas; así como apoya sus recreaciones de la vida del artista en numerosas cartas y documentos, que nos presentan como distinto el enfoque que hasta ahora se ha sustentado sobre él. Y trata muy sutilmente, a mi juicio, el tema de su orientación sexual, porque Miguel Angel era, sobre todo, un genio artístico y el hecho de preferir la compañía masculina es una simple anécdota en una persona de fuerza y vitalidad creadora excepcional, que concentraba su vida en su trabajo artístico.

Aunque sus orígenes eran modestos, su ascendencia había sido patricia, y toda su vida trató por todos los medios de que su familia recuperase la posición social perdida. A ello dedicaba sus inmensas ganancias, ya que Miguel Angel desde muy pronto comenzó a ganar mucho dinero y a tener fama y ser altamente considerado por los mecenas de la época. El problema es que los pagos que recibía los derivaba inmediatamente a su familia, mientras que él vivía pobremente, porque en realidad nunca le interesó el lujo; no tenía verdaderamente otro interés que su trabajo, que constituía para él en una pasión. Sólo en sus últimos años se permitió la debilidad de enamorarse y también la de relacionarse con un grupo de disidentes religiosos, en la época en que la Reforma hacía estragos en Europa Central, y sus últimos trabajos están influenciados por las ideas mantenidas por este grupo, que finalmente fue perseguido y dispersado, y su trabajo sufrió una cierta censura, pasando unos tristes años antes de su muerte, ya nonagenario.

El drama de su vida era su terrible carácter: terco, perfeccionista, belicoso, insoportable para los que le rodeaban, haciendo del arte una pasión incontrolable, que le llevaba a aceptar y acumular encargos que sobrepasaban sus fuerzas y sus posibilidades, pero inasequible al desaliento que a temporadas le invadía, ante la avalancha de reclamaciones ante obras no terminadas, compromisos incumplidos, originados en parte por los vaivenes políticos y en parte por sus propios vaivenes, su competencia con otros artistas geniales como Rafael, o Bramante, sus incontinentes deseos de crear, de hacer surgir de la piedra o de los muros aquellas figuras impactantes, aquellos hombres musculosos, aquellos jóvenes fuertes y exuberantes, aquellas mujeres andróginas, aquellas formas artísticas, en suma, que nos anunciaban una nueva época en el arte, una nueva manera de hacer, un nuevo enfoque de motivos, una vuelta al clasicismo pagano, y a la vez un resurgir del humanismo, el hombre como centro del universo, la humanización de lo divino. Su genialidad radica en la creación de nuevas formas artísticas y de nuevas maneras de crear arte. En hacer lo que aún no se había hecho, en pretender lo imposible.

El autor nos narra las etapas florentinas de Miguel Angel, primero siendo muy joven, al servicio del gran Lorenzo el Magnífico, que sabía descubrir en seguida cuando se hallaba ante un gran artista. Después de su huida de Florencia tras la caída de los Médicis, vuelve y realiza el David, obra que constituyó el símbolo de una pequeña república que luchaba contra el Goliat que representaba Roma y el Imperio de Carlos V, por un lado, y la potencia francesa por otro, todos ellos tratando de hacerse con Florencia. También de esa época es la realización de la primera Pietá, que hoy se encuentra en San Pedro.

Posteriormente es reclamado en Roma por el papa Julio II, el papa guerrero, que le convence primero para que construya su tumba, obra que le duró casi toda su vida y que abandonaba y retomaba según las circunstancias y que fue una espinita que le amargó la existencia hasta el final. Y después Julio II le convenció para que pintase los techos de la capilla Sixtina, a él, un escultor que apenas había pintado y que no conocía la técnica del fresco. Y a pesar de todo, lo hizo, ¡y cómo! Al morir Julio (que era un Della Rovere) y ascender al papado un Médici, vuelve a Florencia, tratando de escapar del encargo de la tumba juliana, y es entonces cuando, tras una serie de complicaciones, disgustos y problemas, acaba por realizar las maravillosas figuras del mausoleo de los Medicis en San Lorenzo. En esa etapa diseña también las murallas defensivas de la ciudad, que era atacada por los ejércitos imperiales, por los franceses, por la Liga italiana… Miguel Angel desata una frenética actividad a favor de la República.

Más tarde retorna a Roma, donde le reclaman que siga con la tumba juliana, y le es encargado el fresco del Juicio final, en la Sixtina, más sorprendente si cabe, y que pinta prácticamente solo, ya que sus ayudantes no soportaban mucho tiempo con un jefe tan puntilloso y terco. Forcellini analiza aquí las importantes innovaciones que representa su pintura, en unas reflexiones muy interesantes. Llegamos a la etapa más penosa de la vida de Miguel Angel: la que comienza con su enamoramiento, ya sesentón, y sus relaciones con el grupo de Vittoria Colonna y sus Espirituales, y la finalización de la tumba de Julio II con el magnífico grupo escultórico dominado por la espléndida figura del Moisés. Vuelve a la pintura al fresco con la Capilla Paulina, donde realiza asimismo innovaciones muy novedosas y que le acarrearon posteriores censuras religiosas (los famosos calzones, pintados posteriormente para tapar las partes pudendas). Y finaliza su vida, marginado y acosado por los contrarreformistas y la Inquisición, esculpiendo dos impresionantes pietás de una fuerza y contemporaneidad impresionantes.

En fin, una magnífica biografía, que disfrutarán no sólo los amantes del Arte, sino los de la Historia, ya que es un fresco narrativo de un siglo y de un país maravilloso: Italia renaciendo.

ARIODANTE

Publicado en: http://www.hislibris.com/miguel-angel-una-vida-inquieta-antonio-forcellino/

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“Sangre vagabunda” James Ellroy

( Sangre vagabunda, de James Ellroy, tercera parte de la trilogía Underworld)

Primero: las similitudes con las otras dos partes de la trilogía.

Igual que en América y Seis de los Grandes, hay tres personajes principales y tropecientos secundarios. Los principales van de acá para allá cruzando varias veces los EEUU de costa a costa.

También se incluyen informes oficiales, conversaciones del FBI; recortes de prensa.

Y en esta ocasión, en vez de Cuba y Vietnam, hay escenario exótico, pero es Haití y la República Dominicana.

Hasta aquí, las similitudes.

Las diferencias empiezan cuando nos damos cuenta de que en Sangre Vagabunda no hay magnicidio, no mueren los Kennedy ni MLK, por lo que Ellroy puede meterme más de lleno en las motivaciones de los personajes.

Las mujeres, que hasta Sangre Vagabunda, sólo son unos trazos, participan de la trama con toda intensidad. De hecho, ya lo habían hecho antes, como la relación de Wayne Tedrow con su madrastra, o la de Ward Littell con Arden Smith o Pete B con Barbara, pero digamos que en Sangre Vagabuda esas relaciones participan del devenir de la trama tanto como las acciones mafiosas, las revueltas de los negros o las trampas de Nixon.

Otra novedad es que a los documentos anexos se añaden diarios personales. El de un ex poli negro, inflitrado en los Panteras, es genial.

Y en mi opinión, lo mejor de todo el libro, lo más logrado, son las transcripciones de conversaciones entre Dwight Holly y un decrépito Hoover que ha perdido la memoria y también las de Holly con Nixon.

A nivel formal, no es tan escueto ni telegráfico como “Seis de los  grandes”. La voz narradora se acerca de nuevo a la de América.

BARB BONDURANT

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“John Bonham. El rugido del oso” de Chris Welch y Geoff Nicholls

El 30º aniversario de la desaparición de John Henry ‘Bonzo’ Bonham se cumple en éste año que arrancamos, un año en el que nos vemos casi obligados a profundizar en los datos relacionados a su vida y muerte, reflexionar acerca de los inmejorables atributos musicales que el batería de los Zeppelin poseía o estudiar su técnica si manejamos las baquetas en alguna banda. Todo ello lo encontramos comprimido en el libro publicado por la editorial musical Lenoir, titulado John Bonham, El Rugido Del Oso (a la venta en librerías especializadas)

La edición cuenta con infinidades de sorpresas, entre ellas el prólogo, que cuenta con la opinión del desaparecido batería Alberto Madrid (Sôber, Savia) y una gran selección de fotografías que convierte éste tomo en uno de los ineludibles dentro del género biográfico de la música moderna. Y si, todo el mérito lo tiene llamarse John Bonham y haber tocado en una de las bandas legendarias del Rock, pero no debemos olvidar el gran trabajo de los autores (Chris Welch y Geoff Nicholls) y de una maquetación impecable por parte de la editorial Lenoir.
Chris Welch que mamó directamente en los ’70 de bandas como Rolling Stones, Jimmi Hendrix o Cream realizó críticas musicales por esos años, iniciando así su carrera como periodista musical alcanzando además la posición de editor de la prestigiosa revista Metal Hammer, se ha encargado de la parte biográfica, hablándonos de la primera etapa de su vida, desde su nacimiento “Cuando por fin salió, después de 26 horas de parto, los latidos de su corazón se habían detenido”.
Descubrimos también como el virtuoso de las baquetas comienza su aprendizaje con botes de café y cacerolas golpeadas con cubiertos, con tan solo cinco años, y como su madre adquirió ese instrumento tan deseado por John, una batería algo oxidada pero con la que pudo continuar su instrucción. También vemos como Joe Morello fue el primero al que vio tocando con las manos, (técnica que más tarde sorprendería a medio mundo) y un sin fin de anécdotas personales que vivió junto a la banda con la que conoció el éxito, Led Zeppelin.
Geoff Nichols sin embargo, músico, periodista y conferenciante, que ha dedicado su vida al mundo de las baterías, publicando incluso el aclamado Drum Book (Backbeat Books), el único libro que existe que cuenta la historia de la batería como instrumento musical, desmenuza a la perfección la técnica autodidacta de Bonzo, analizando su figura como músico. Asimismo su extremada fuerza a la hora de golpear el instrumento, el sonido que le hizo único, ser uno de los baterías más influyentes del siglo XX siguiendo a Buddy Rich, además de sus múltiples tipos de kits desde 1969 hasta 1980, y las 40 canciones en las que realmente Bonham destaca y se luce junto a sus compañeros de Led Zeppelin, son temas también incluidos en éste tomo.

De lectura rápida y cómoda para los más desconocedores en el ámbito músical a pesar de los tecnicismos utilizados (términos debidamente aclarados) que convierte John Bonham, El Rugido Del Oso en una de las guías básicas que ayudan a aclarar los secretos del músico. A tener en nuestras bibliotecas personales y en nuestras retinas.
VANESA

Lenoir Ediciones


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“Nunca es tarde” Daniel Ramos Autó

Nunca es tarde es un recopilatorio de 50 reflexiones breves alrededor de cuestiones como el amor, la felicidad, el autoconocimiento, la autoaceptación, la autoestima, el éxito y el fracaso, la responsabilidad fruto de la libertad, entre muchos otros.

A pesar de la simplicidad y la humildad con que el autor expone sus reflexiones y pensamientos, el libro contiene mensajes muy potentes con una gran carga psicológica, espiritual y filosófica.

Lo que llama la atención es que el autor, en el prólogo, así como a lo largo del libro, apela al espíritu crítico del lector y hace hincapié en que su libro no pretende “extender recetas fáciles, cómodas e infalibles para hallar la felicidad, la paz interior o la satisfacción personal”. Se declara experto, experto en su propia vida y no en la de los demás y añade “cada cual debe hallar sus propias respuestas, sus propias fórmulas, su propia verdad”.

Un libro ágil, inteligente, cargado de reflexiones útiles que nos hacen pensar en la propia vida, en cómo vivimos, y nos invita a la búsqueda de la propia identidad y a la propia superación personal.

Ficha del libro:

Título: Nunca es tarde
Autor: Daniel Ramos Autó
Género: Ensayo breve/ Crecimiento personal
Edita: Versos & Reversos

Edición: 2ª – ampliada y revisada

ISBN: 978-84-612-5678-5
Páginas: 208 páginas
Encuadernación: Rústica con solapas, 21cm x 14,85 cm
Precio: 11,90 Euros
(http://nuncaestarde-danielramos.blogspot.com)

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