Archivo de la categoría ‘Poesía’
“El Jardín” de César Simón
Según Nabokov no leemos con el corazón, ni siquiera con el cerebro, leemos con la columna vertebral. Es allí donde sentimos el hormigueo de la alta literatura. Es allí donde yo noto un erizamiento cuando leo poemas de César Simón. Es allí donde se reúnen mis nervios convocados por la voz de este hombre asomado constantemente al misterio y a lo sagrado anterior a dios. Simón es un ingeniero de la conciencia abismado en su propio crepúsculo, practicante de un zen mediterráneo de mecedora, grillos y habitación vacía está siempre a la espera de que – parafraseando a Sebald – “algo centellee por entre un tejido ajado”. César adelgaza los versos hasta casi convertirlos en el silencio, ese silencio que es la auténtica música de la nada, esa nada que somos, esa nada de la que venimos, esa nada a la que vamos. César habita en la estrecha franja de conexión entre el mundo escrito y el no escrito y su consejo para los que quieran visitarle es: “no busquéis nombre alguno, mirad lejos, callad, bebed el agua de la fuente en silencio y nada más”. Adiós.
“Poemas de la última noche de la tierra” de Charles Bukowski
Bukowski es más conocido en Europa por sus novelas y relatos, cuando en realidad fue mucho más prolífico como poeta, y este libro, su última recopilación, reune todas sus ya conocidas características, a las que se añade una mayor presencia de la muerte, que intuía cerca y que lo convierte en el libro más crepuscular de su obra.
Sus libros casi siempre han trascendido la trilogía “mujeres-alcohol-juego” en la que sus detractores lo han encasillado- bueno, y también algunos de sus seguidores- y éste último tampoco es una excepción, si bien el estilo es casi idéntico al de “la senda del perdedor”, “factotum” o “música de cañerías”, es decir, sencillo, directo, depurado en su simplicidad narrativa, sus poemas no son como los poemas al uso. Complejo en ocasiones y alguna vez incluso surrealista, la variedad temática es de lo más amplia. Con la muerte próxima y ya escritor reconocido y famoso, Bukowski sigue haciendo gala de una honestidad brutal y de un individualismo acorazado.
El alcohol es igual que su amor por la música clásica o su devoción por ciertos escritores entre otras aficiones: un refugio y un arma que le sirven para buscar la luz, para sobrevivir, para autoafirmarse frente a una sociedad gris, mediocre, vacía, sórdida, violenta, conformista, inconscientemente absurda y compuesta por rebaños de gente cuya sola presencia le molesta y hasta le duele.
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Share“Lámpara de fiebre” de Jorge Castillo Fan
“La muerte y la vida están en el poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos”.
Proverbios 18:21
Hay cegueras escrupulosas -bienaventuradas mareas- que permiten, solapadamente o no, increible y pesadillescamente, el acceso a territorios de contraluces extremos donde emerge la Poiésis. Es una zona de llegada, pero también de principios. René Char, que la conoció bebiendo feroz de su manantial, la llamó lo imposible fascinante: vale decir, el más alto grado de lo comprehensible.
Desde Platón con su caverna mítica y Plotino con su asediante Ojo interior, tan cercano a las indagaciones de Hermes Trimegistos, hasta Shakespeare con la mirada con que miran los ciegos o -más acá en el tiempo- las sumersiones posesas de un Rimbaud o de un Apollinaire, el intento provoca una escición de fuego en mitad del desierto. ¿No fue acaso Nietzsche, a su vez, el que recomendaba pararse en mitad del desierto y celebrar una gran fiesta?
Jorge Castillo Fan, declarador de vértigos, anunciador de crueles seàraciones en la descripción de un mundo en duelo, provoca con su Lámpara de Fiebre que esta diáspora sea un medio de llegar a descubrir-revelar zonas vedadas a plena luz del día:
La dimensión de esta herida es dos distancias:
derrumbe de los cuerpos almas que se apagan /Un llanto clandestino como en los eclipses.
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Share“Antología personal” de José Hierro
Por alguna razón que hoy se escapa de mi recuerdo, mantenía yo las distancias con este autor. Pero una amiga que conoce mi gusto por la poesía me regaló este libro. Viene acompañado de un CD con los poemas recitados por el propio José Hierro. Recomiendo sin embargo su lectura primero, sin escuchar el CD.
Recopila en esta antología poemas de “Tierra sin nosotros”, “Quinta del 42”, “Cuanto sé de mí”, “Libro de las alucinaciones”, “Agenda”, y “Cuaderno de Nueva York”. Son poemas diversos, tanto en épocas como en temática y estilo. Desde el clásico soneto al verso libre.
Desde la añoranza del mar a la crítica social, pasando por la cárcel y el amor. De las cosas sencillas, convertidas en el centro del sentimiento, a las grandes, dichas como el que no quiere la cosa.
Uno pasa por estos poemas como si estuviera conversando con el autor en un caminar tranquilo por un parque. Esa fue al menos mi sensación, la de estar participando de una conversación natural, sin artificios, donde los pensamientos, sencillamente, se dicen.
Si recomiendo leerlo primero y sólo después de haberlo leído escuchar el CD es por tener la oportunidad de percibir esa sensación antes de escuchar la voz de José Hierro. Escuchándole, la sensación es aún mayor.
No se pierdan la experiencia.
Gades.
Share“La palabra en el archipiélago” de René Char
“Poesía y verdad son sinónimos” decía Char. Y tengo que confesar que no me canso de comprobar esta equivalencia en cada uno de sus poemas. Descubrí a Char con este libro justo en el momento en que buscaba la verdad en la poesía y encontraba lo poética que puede ser la verdad más sencilla. Cuestión aparte sería preguntarnos ¿qué es la verdad? o ¿qué es la poesía?. La respuesta a estos interrogantes la dejo para filósofos, críticos literarios y tertulianos, yo tan sólo soy un lector, alguien que trata de convertir en carne propia aquello que lee. Exsurrealista, expartisano, este hombre comprometido con lo humano y fiel a la tierra confesaba que sólo le obsesionaba la vida y el estremecimiento de sentirse vivo entre heridas antiguas y avisos de muerte sin resurrección. ¡Cuidado lector! Estos poemas te retorcerán el brazo hasta que vivas o mejores tu muerte. Avez vous lu Char? Yo sí. Adiós.
“Postpoesía”, de Agustín Fernández Mallo
Si Ferrán Adriá es capaz de deconstruir una tortilla de patatas sin apenas haber leído a Jacques Derrida ¿por qué razón los poetas españoles – seres cultos y leídos – no pueden hacer lo mismo con sus creaciones?. La condición sacerdotal y chamánica del poeta unida a una sobredosis de lírica tradicional puede alterar y obturar las conexiones del poeta con la realidad y producir una desincronización con su tiempo. La escasa permeabilidad del micromundo poético a las nuevas ideas provenientes de los distintos campos del conocimiento está provocando la muerte de la poesía por endogamia aguda y colapso incestuoso (“cualquier sistema aislado que no intercambia materia, energía o información con el exterior tiende a una homogeneización y una desorganización progresiva”). Mientras lo poético se vuelve cada vez más complejo la poesía se encapsula en fórmulas, dogmas, mitos y ritos excluyentes e inmóviles. La postpoesía, lejos de proponer una teoría o un método es simplemente una actitud, un espíritu, una forma de abordar la artesanía poética. El espíritu de fondo es pragmático, desacralizador y experimental. Propone matar a los autores, cruzar las diversas sintaxis y elaborar enormes listas con materiales provenientes de cualquier campo interesante (artes, ciencias, tecnologías…) a los cuales haremos colisionar y entrechocar. El objetivo: conseguir metáforas inéditas y verosímiles, artefactos poéticos mestizos pero eficaces. En un mundo de redes complejas y porosas la postpoesía también lo es. Una red abierta, rizomática, autoorganizada, alejada continuamente del equilibrio; en definitiva, una red expansiva, viva y vivificadora. Melibro.com recomienda la lectura atenta de este brillante ensayo de Fernández Mallo a los mantenedores de la sagrada llama poética y a sus voceros y les manda un mensaje: los altares también sirven para comer, copular y apoyar el microscopio. ¡Hay vida más allá del ombligo! Adiós.
Poesía
A petición popular melibro.com estrena página de poesía. Somos conscientes de que corren malos tiempos para la lírica, como siempre. Que las musas y los paladines de la crítica nos pillen confesados. Amén
¿Y TÚ ME LO PREGUNTAS?
La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar al mundo, la actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior. La poesía revela este mundo; crea otro. Pan de los elegidos; alimento maldito. Aísla; une. Invitación al viaje; regreso a la tierra natal. Inspiración, respiración, ejercicio muscular. Plegaria al vacío, diálogo con la ausencia: el tedio, la angustia y la desesperación la alimentan. Oración, letanía, epifanía, presencia. Exorcismo, conjuro, magia. Sublimación, compensación, condensación del inconsciente. Expresión histórica de razas, naciones, clases. Niega a la historia: en su seno se resuelven todos los conflictos objetivos y el hombre adquiere al fin conciencia de ser algo más que tránsito. Experiencia, sentimiento, emoción, intuición, pensamiento no-dirigido. Hija del azar; fruto del cálculo. Arte de hablar en una forma superior; lenguaje primitivo. Obediencia a las reglas; creación de otras. Imitación de los antiguos, copia de lo real, copia de una copia de la idea. Locura, éxtasis, logos. Regreso a la infancia, coito, nostalgia del paraíso, del infierno, del limbo. Juego, trabajo, actividad ascética, confesión. Experiencia innata. Visión, música, símbolo. Analogía: el poema es un caracol en donde resuena la música del mundo y metros y rimas no son sino correspondencias, ecos, de la armonía universal. Enseñanza, moral, ejemplo, revelación, danza, diálogo, monólogo. Voz del pueblo, lengua de los escogidos, palabra del solitario. Pura e impura, sagrada y maldita, popular y minoritaria, colectiva y personal, desnuda y vestida, hablada, pintada, escrita, ostenta todos los rostros pero hay quien afirma que no posee ninguno: el poema es una careta que oculta el vacío, ¡prueba hermosa de la superflua grandeza de toda obra humana”. (Octavio Paz)
Como se puede deducir del texto anterior hay tantas poéticas como poetas y hay tantas poéticas en cada poeta como fases tiene su ser y la única forma de ser es siendo, es decir, estando donde pasan las cosas más extrañas, vagando por territorios ricos en hallazgos, alternando con musas esquivas y “doblemente armadas”, braceando olímpicamente en aguas abiertas y caóticas y después de haber mantenido relaciones promiscuas, audaces y excesivas con la vida y engendrado bastardos magníficos irse con el alma ligeramente triste y la marca de los bravos en la frente. Adiós.





