Archivo de la categoría ‘Varios’

“La banda de la casa de la bomba” Tom Wolfe

La contracultura de los años 60′ se vió fuertemente influenciada por los escritores de la llamada generación “Beat” como Jack Kerouac, Allen Ginsberg o William S. Burroughs, que junto a los miembros del llamado “nuevo periodismo” o “periodismo gonzo“, surgidos en esta convulsa década tan rica en todo tipo de necesarios movimientos civiles, como Tom Wolfe y Hunter S. Thompson, más las aportaciones de estrellas tipo Truman Capote o Norman Mailer, reflejaron, retrataron y participaron de “esos años del desmadre” en los que la contracultura quería cambiar el mundo, a la par que se divertía en plan hedonista total.

Si bien los “hippies” de ayer resultan ser los “yuppies” de hoy, los pacifistas que esgrimían símbolos de la paz y protestaban por la masacre de Vietnam, son los que luego apoyaron a las obscenas y ultraretrógradas administraciones de Reagan o la de los Bush ( y Clinton también ) y de Jimmy Hendrix y “The Doors” pasaron a escuchar a Kenny G., todos esos escritores siguieron su camino y no comulgaron con todo el conservadurismo que vino luego. No escupieron a sus sueños, no se convirtieron en lo que más odiaban y una de las razones principales es que nunca perdieron el sentido crítico, ese sentido que ya les hacía ver con ironía y escepticismo el movimiento “hippie” y del que muchos participaron pero no comulgaron. Los que eran conscientes de la irreversible oscuridad del ser humano, algo que muchos pacifistas se empeñaban en no ver.

Hoy novelista de prestigio, “Dandy” hasta la tumba y tal vez uno de los escasos escritores que sí se han vuelto más conservadores con los años, aún sin perder sus señas de identidad, Tom Wolfe reflejó la década en libros como “Las décadas púrpura” o en el gran “Ponche de ácido lisérgico, donde narró las famosas aventuras ( mayormente en su no menos autobús psicodélico ) del escritor Ken Kesey ( “Alguien voló sobre el nido del cuco”, que luego dió pie a la estupenda película de Milos Forman) con sus “alegres pillastres” entre los que se encontraban Jerry García, el lider de “Gratefuldead” o Neal Cassidy, el Moriarty de la mítica “En el camino” de Kerouac y en el que narraba, entre otras, el famoso encuentro “Hippies” vs “Ángeles del infierno” que milagrosamente salió bien y que también fue reflejado en la notable “Los Ángeles del infierno” de Hunter S. Thompson ( éste, posteriormente no salió tan bien y sufrió una paliza por parte de algunos descerebrados, salvajes motoristas, con lo que acabó su relación con ellos y sirvió como fín del libro.

Escrito en 1968 y con el subtítulo español “Y otras crónicas de la era pop”, esta colección de artículos es un libro representativo del trabajo del Wolfe periodista. Una recopilación estimulante que sigue conservando todo su brillo, todo su frescor, ironía y mala leche ( y sentido del humor, véase “El hotel automatizado”)

Todo tipo de retratos de gente apartada del sitema desde comunas y surfistas a yonkies de la velocidad. Los intereses de Wolfe eran ( y siguen siendo ) muy amplios y así “El rey de los marginados millonarios” trata de Hugh Hefner, el jefazo de la revista “Playboy” ¿Uno de los hombres más felices del planeta?. Desde luego que de los más envidiados porque se ha perpetuado más de 40 años en ese puesto desde su archiconocida mansión y llegó a presentarse hace poco a gobernador de California ( Perdió, ¡ que pena ! Hubiese sido más divertido que “El depredador”)

“¿ Y si tiene razón ? ” trata de Marshall McLuhan, el prestigioso teórico de la comunicación de los años 60′ y resulta inolvidable “Underground del mediodía”, el feliz retrato de ese Swinging London que ya no volverá nunca, con discotecas psicodélicas abiertas de día en subterráneos a las que la gente iba en los descansos del trabajo a bailar y a tomar algo distinto al café de turno.

14 artículos que configuran un libro agudo y divertido a la vez, el nivel no es del todo hemogeneo pero es una buena muestra del talento, alegre talento de Wolfe, alguien enemigo de la mediocridad que morirá con una copa de martini en la mano.

Share

“EL ROSTRO DE GÓGOL”. KJELL JOHANSSON Nørdica Libros

Por ARIODANTE EL ROSTRO DE GÓGOL

Gogols Ansikte, 1989

KJELL JOHANSSON

Nørdica Libros

Trad.: Carmen Montes

En esta autobiografía de ficción, nos vemos inmersos de tal modo en la propia obra de Gógol que tenemos que volver a releer la portada del libro para convencernos de que no ha sido el autor ruso el que firma el texto que estamos leyendo.

Kjell Johansson (Estocolmo, 1941) escritor sueco, que, tras cursar estudios universitarios, alternó su trabajo como profesor con otros como asistente social, trabajador portuario, y repartidor. Interesado muy temprano por la literatura rusa, ha publicado diversas obras con esta inspiración.

Nikolai Vasilievich Gogol (Soróchintsi, Ucrania 1809- Moscú, 1852), escritor, novelista, y dramaturgo, nació en el seno de una familia de la baja nobleza rutena. En San Petersburgo ejerció como administrativo. En 1828 conoció a Pushkin, con quien desarrolló una fuerte amistad. Impartió clases de historia en la Universidad por breve tiempo, y estuvo varios años viviendo por Europa, época en la que escribió su obra más famosa, Almas Muertas, así como la novela histórica Tarás Bulba. En el 48, tras un fuerte arrebato religioso y conservador, peregrinó a Jerusalén, e influenciado por un sacerdote fanático, decidió abandonar las letras, quemando la segunda parte de Almas muertas, así como otra serie de escritos, convencido de que eran fuertemente pecaminosos. En un estado de enloquecimiento y quebrantamiento físico tuvo lugar su muerte, a los cuarenta y tres años.

Efectivamente, Johansson se introduce con tal maestría en la piel literaria de Gógol, en su estilo y en su propio pensamiento, que desarrolla su autobiografía como si de él mismo se tratase. Cualquiera que haya leído algo del autor ruso, reconocería inmediatamente en estas páginas la mano del maestro. Así, con maestría y gracias a una magnífica traducción,  transitamos por la novelada y ficticia vida de Gógol, al modo gogoliano, si pudiéramos decirlo así. Porque los principales datos de la vida de Gógol están correctamente representados; pero también está representada su desbocada imaginación, su hipocondría, su periódica enajenación, sus arrebatos emocionales, su ironía, su humor, casi grouchiano, absurdo, increíblemente desmadrado y divertido. Pero también están expuestas todas sus obsesiones, su neurosis, su locura religiosa y su obsesión por la neutralidad política, llevada a extremos enfermizos.

Asistimos a la infancia y juventud del gran autor ruso, a sus comienzos, sus temores, su miedo al ridículo y al fracaso, escenificado en la famosa cena, casi surrealista, con los escritores petersburguianos y su encuentro con Pushkin, alma viva de su obra, inspirador de ella, amigo y maestro a la vez: salíamos a pasear juntos -nos cuenta-e incluso el cielo de Petersburgo me parecía alto y claro. Tomábamos el té y cenábamos. Hablábamos de arte. Yo tenía veintidós, y Pushkin treinta y dos (…) Nos hicimos muy amigos. A Pushkin lo adoraba.

Largos recorridos viajeros, huidas de la madre Rusia, por la que padece un amor-odio constante, idas y venidas conforman los capítulos del libro. Los amigos con los que viaja y con los que se relaciona en París, en Roma, el periplo italiano y el desastroso viaje a Tierra Santa, ya inmerso en su delirio religioso, que agravó la locura que le acechaba en los últimos años de su corta vida.

Y mezclado con todo ello, contados como un suceso más, sueños, relatos imaginados mientras narra otros hechos reales teñidos de imaginarios dislates, de emociones y jugosísimos y divertidos diálogos. Ya nos lo advierte el autor, cuando, transformado en Gógol, nos dice que dos caminos principales –como podría decirnos Proust- conducían al ancho mundo: el uno, el de la realidad palpable, Gran paseo de rosas; y el otro, era el de la imaginación, creado por los relatos de mi padre y por mi propia fantasía (…) El camino de la misión, El camino el sacrificio, el camino del futuro. Y de ese modo alterna, muy bien imbricados, cuentos y recuerdos, diálogos con diablos o seres imaginarios, con charlas literarias. Aventuras petersburguesas e italianas, parisinas y alemanas. Y de ese modo se produce una continua interacción de realidad y ficción, imaginación y datos, verdad y mentira. Recordé- nos dice Johansson-Gogol- las muñecas con las que jugaba de niño, cada una de las cuales contenía una dentro. Pensé que no eran sólo las muñecas o las personas las que contenían otras en su interior. Otro tanto les ocurría a las intenciones y deseos de los hombres, a sus acciones…

Ariodante

Diciembre 2010

Share

“Merienda de negros” de Evelyn Waugh

merienda-negrosNovela divertidísima en la que el autor aprovecha su indudable talento para el humor cínico y corrosivo, para no denunciar-escribiendo sobre algo creo que no se denuncia nada- pero si mostrar todas las fechorías de los auto denominados países “civilizados” en el continente africano.

Azania es un país ficticio creado por Waugh para desarrollar lo que quiere decir. El emperador Seth-casi dios- de este país, tiene educación británica, es apoyado por estos, para reducir a escombros a los pertenecientes de la etnia rival- base de las posteriores matanzas entre etnias de países africanos en la era postcolonial-. Por supuesto Azania debe ser un país moderno-estilo “Freedonia” en “Sopa de Ganso” de los hermanos Marx-, siendo acometidas reformas para el progreso, suervisadas por el embajador inglés, un tipo grandioso,  que van de surrealistas a esperpénticas, dotando al relato de un humor que conduce a la carcajada.

Barbarie contra civilización. Ni se acaba con una ni se llega a la otra.

Fantástico  este escritor británico de principios del siglo XX. Sabe provocar risas contando algo tan lamentable como la época colonial, base de las riquezas europeas y miserias periféricas

Existe otro libro de Evelyn Waugh sobre África, “Un turista en África”, mitad relato de viajes mitad ensayo, con fotografías del continente negro, descatalogado por completo-buscar en UNILIBER.com- si no me equivoco.

Share

“Perdita Durango” de Barry Gifford

perdita durango giffordEsta novela es conocida ante todo por la adaptación al cine que realizó Álex de la Iglesia cuando se encontraba en sus mejores momentos, uno de los productos más inusuales del cine español – era una coproducción con USA- y recordada ante todo por la memorable interpretación de Javier Bardem en la piel de Romeo Dolorosa.

Perdita Durango es uno de esos peculiares personajes que aparecen en otras novelas de Barry Gifford, un escritor de estilo sencillo, tan directo que a veces resulta simple, minimalista, que relata historias de la América profunda – habitualmente cerca de la frontera con México -, llenos de personajes extraños al margen de la ley, llenos de crueldad, toques freak, sentido del humor negro, un tono esporádico de serie negra con toques Pulp, con el azar como invitado haciendo de las suyas, con una buena dosis de ironía y fatalismo.

Esta es una novela corta que no llega a las 200 páginas y que se lee tan rápido que parece tener menos de 100 pues sus capítulos son realmente breves. Es más simple y depuarada de lo habitual en el personal escritor y no se puede comparar con otras novelas suyas como “Gente nocturna”, que es mágnífica, o “Baby Cat-face”, o con su labor como guionista en carretera perdida, de David Lynch, uno de los clásicos de los 90 -aunque muchos no se enteran-.  Lynch ya llevó al cine “Corazón salvaje”, la primera adaptación de una novela de Gifford, y está claro que el escritor le debe buena parte de su popularidad a la alianza que hizo con el marciano cineasta.

Gifford es autor también de libros de poesía, algo que puede sorprender a un lector que se adentre por primera vez en su mundo con “Perdita Durango”, una novela con gran capacidad para irritar, pero que es muy recomendable. Una buena muestra de las virtudes de Gifford: la naturalidad con la que narra historias alucinógenas de extrema violencia – aqui el cocktail incluye santería, sacrificios de niños, reflexiones sobre los asesinos en masa, un claro amor a la serie B en USA, de Russ Meyer, clara influencia, al “Shocker” de Wes Craven, etc-. Su contundencia, su talento para crear diálogos tan memorables como los personajes que los encarnan, su capacidad para sorprender, su falta de límites y prejuicios. Como en el film, lo que más llama la atención es el carismático personaje de Romeo Dolorosa, que le hace sombra a la propia Perdita Durango.

Sátira clara a los USA más bienpensantes y puritanos, “Perdita Durango” es una novela apreciable cuyo tono fuerte, salvaje – con diálogos tipo “los dos únicos placeres que le quedan al hombre en este mundo son follar y matar”- no es apto para personas que gusten de este tipo de historias, las mismas que no apreciaran o no sabrán apreciar la historia de amor que contiene, no muy desarrollada, es cierto, en la que sí profundizó más Álex de la Iglesia, convirtiendo su película en una extraño, cruel y visceral cuento romántico, también algo irregular, pero lleno de grandes momentos.

“EL DIABLO NEGRO”

perdita durango film

Share

“CUENTOS NEURÓTICOS” STELMARCH Ediciones Atlantis, 2010

Por ARIODANTE

CUENTOS NEURÓTICOS

STELMARCH

Ediciones Atlantis, 2010

Nos encontramos ante un conjunto de once relatos escritos por la autora valenciana Amparo Andrés, que, bajo el seudónimo de Stelmarch, nos presenta su obra. Narradora y poeta valenciana vocacional, participa en varias publicaciones digitales, entre ellas el diario Las Provincias, donde tiene un blog; la página literaria argentina “elaleph.com”, para cuyo blog Caleidoscopio hace más de seis años que escribe artículos; es colaboradora del periódico suizo Terra Migrante; propietaria de la web cultural Ebookería, ágora digital, así como de un blog personal Litterae. También dirige un grupo de poetas y escritores en la red social de Xing. Ha publicado en algunas revistas digitales y también en papel, como Milenium, Poetas del Mediterráneo y otras de la ciudad de Valencia. Participó en el taller literario de Fuentataja, a cargo del escritor Ángel Zapata. Ha sido seleccionada para publicar en 2006, en el Certamen Voces Nuevas, de la editorial Torremozas. También ha publicado en varias antologías de la editorial Hipálage y hace unos días ha recibido una mención especial en el Certamen Internacional de poesía Nósside, en Calabria, Italia.

Aunque el título los agrupa bajo el concepto de neuróticos, el nexo entre ellos más bien lo encuentro en una reflexión sobre la vida cotidiana marginal, con unas gotas de soledad, tristeza y desesperanza en unos, y de humor negro, en otros. Aún así, los relatos son desiguales no sólo en longitud, sino también en cuanto al tono mantenido en ellos. No veo neurosis, salvo en el caso del coleccionista; veo más bien una fría visión de la realidad descarnada, al estilo del dirty realism americano.

El primer relato -y en mi opinión, el mejor de todos, junto a La apuesta- El factor humano, es el más largo y el más consistente. Trata de la convivencia de una pareja de jubilados sin hijos, y de su malestar soterrado, inevitablemente unido a su necesidad de apoyo mutuo, que descubren cuando ya es inevitable.

Avelina, genio y figura, nos cuenta de una vieja avara que vive de alquilar un piso, y que por apego al dinero encuentra su final. Camino torcido es un breve texto con un regusto amargo y triste, una reflexión sobre la educación y el recuerdo de una infancia infeliz. Cautivos toma la forma de fragmentos de un diario, y evoca la libertad ansiada por un preso y simbolizada por un pajarillo. Leyéndola me viene la imagen de aquella película de El hombre de Alcatraz, en la que Burt Lancaster, condenado a cadena perpetua, cuida a un pajarillo en su celda.

Lo fantástico y lo real se entremezclan en La última estación, también breve, que narra los encuentros de un viejo ferroviario, no resignado a separarse de su mundo y que deambula entre vagones tan viejos como él, recordando a su perro Platón y charlando de ángeles con un extraño personaje. El coleccionista es un brevísimo relato de un enloquecido –en este caso, un verdadero neurótico- que abarrota su casa de trastos como una urraca. Ecos de Homer &Langley, de Doctorow, pero con un humor más negro.

Ilusiones perdidas es otro relato de corte más triste y desamparado, de un niño gitano que rebusca tesoros en las basuras para regalar a su madre, tesoros que no va a necesitar.

La ventisca nos hace mirar la vida con los ojos de una profesora y sus encuentros con una vieja mendiga, Blancanieves, cuya triste pero libre vida le sugiere profundas reflexiones.

Historia de todos los días relata la brega diaria de una madre con sus dos niños para conseguir levantarlos y llevarlos al colegio. La apuesta, el más breve de todos, y en mi opinión, muy bueno, me recuerda a aquella película de Max Ophüls, Madame de... en la que seguimos la trayectoria de una joya de amor. El profesor X y la muerte es el último de los relatos, y es un tête-à-tête satírico de un profesor con la Muerte, en el que el profesor bombardea a la muerte con citas de Schopenhauer, tratando de convencerla para que no se lo lleve. Ecos de la famosa partida de ajedrez de El séptimo sello bergmaniano.

Si bien las situaciones que leemos en estos relatos son cotidianas, realistas, hay en ellas algo de suprarrealismo, o quizás un sexto sentido, una incidencia que salta de lo habitual a lo ficticio, a lo imaginario o a lo supranatural. Los personajes son seres solitarios, desarraigados o simplemente, comunes y cotidianos. La escritura es llana y directa, aunque impregnada de un toque fuertemente nostálgico o de tristeza, que predomina sobre los demasiado breves y negros toques de humor.

Ariodante

Diciembre 2010

Share

“GLADIATOR, EL SUPERHOMBRE” de Philip Wylie

“GLADIATOR, EL SUPERHOMBRE” de Philip Wylie

La contraportada de este libro hace hincapié en la influencia que tuvo sobre uno de los iconos más populares del siglo XX: Superman. Mal que les pese a Siegel y Shuster, un gran número de estudiosos del fenómeno de los superhéroes afirman la ascendencia, más o menos evidente, de la novela de Wylie sobre el conocido hijo de Krypton.

Personalmente, fue este interés por comprobar cuáles eran las semejanzas entre ambos personajes lo que me llevó a leer el libro. Y aunque el parecido resulta “evidente” (sobre todo respecto al Superman original de 1938), lo es en el entorno de lo puramente físico. Los poderes de Kal-El y Hugo Danner son equiparables, sí. Pero el protagonista de Gladiator está marcado por un perfil psicológico y unos avatares que lo sitúan en las antípodas del Héroe de Acero.

Sobre el autor, nada más decir que probablemente sea uno de esos escritores de los que muy pocos sabemos nada y aún habremos leído menos. Pero el número de obras sobre las que puede reclamar la paternidad Wylie es realmente extenso, e incluso cabe decir que presumir, pues Doc Savage y Flash Gordon también han de confesar una gran deuda de parte de otros dos de sus libros: “Cuando los mundos chocan” y “The Savage Gentleman”.

En Gladiator, la historia que desarrolla Wylie comienza con un científico obsesionado por sus teorías de “modificación genética”, que acaba utilizando a la esposa embarazada (y por ende, a su propio hijo) como inusitada placa de Petri para probar esos conceptos. Este papel del padre, como representante de una ciencia capaz de cambiar la naturaleza de las cosas, sorprende por plantearse en un momento muy alejado aún del momento actual. Y tal y como lo plantea el autor, podemos aventurar que su postura era negativa al especular con la idea.

Quiero aquí añadir una reflexión personal. Se trata de la, a mi parecer, posible influencia psicológica del “Crack del 29” en el espíritu de la obra. A pesar de que esta es la única obra que he leído de Wylie, y aunque en las biografías se refieren a su tendencia a la polémica y al existencialismo, el impulso trágico que subyace en la novela sumado al patente descreimiento en la sociedad me empuja a pensar que no fue impermeable a la impresión que causó la crisis del 29 y sus consecuencias posteriores. Teniendo en cuenta que la obra se publica en 1930, no me parece que la idea de una “causa-efecto” sea un pensamiento peregrino.

Porque eso es algo que aparece a lo largo de toda la obra: un pesimismo trágico, encarnado en Hugo Danner. ¿O acaso puede haber destino más terrible que saberse elegido para un bien superior y ser incapaz de encontrar la manera de llevarlo a cabo? En ese sentido, y por no abandonar los símiles del comic-book, me recordó mucho más al temido y odiado Increíble Hulk. El peregrinar del protagonista le lleva de un lado a otro (de Colorado hasta New York, y de allí al frente de la Primera Guerra Mundial), siempre procurando ocultar lo extraordinario de su naturaleza y, al mismo tiempo, queriendo ser útil buscando una tarea que precise el uso de esos poderes sobrehumanos.

Lo que apena de modo especial al lector es ese descreimiento en el ser humano al que ya he aludido. Wylie no sólo no espera encontrar bondad en las personas, si no que incide en cómo la avaricia, la suspicacia o la simple ignorancia hace de cada uno de vosotros algo horrible. Y los casos en los que permite vislumbrar un poco de luz, son atajados por una nueva bofetada de pesimismo.

En resumen, Gladiator supone un hito muy especial en la literatura de ficción. Un precedente del arquetipo de superhéroes con tintes de tragedia clásica, en el que el autor se planteó cuestiones que ahora nos pueden parecer novedosos; muy especialmente ese sufrimiento al sentirse diferente y temer la reacción de los demás si desvela su secreto. Y con ese planteamiento pesimista, tan alejado de la norma habitual en estos casos, los aficionados al cómic deberían aprovechar la oportunidad para acercarse al texto.

http://parrafosperturbados.blogspot.com/

RAFAEL GONZÁLEZ

Share

Reseña de “Moviola de tres vidas truncadas” de Antonio Gargallo, a cargo de Mari Carmen Moreno

Hace unas semanas asistí en Valencia a la presentación de Moviola de tres vidas truncadas del joven escritor Antonio Gargallo (Teruel, 1976). No sólo yo, todos los asistentes al acto, quedamos prendados de la naturalidad con la que el autor habló de su obra, de sus inminentes incursiones (ya que prepara con entusiasmo nuevas novelas), pero sobre todo de la impagable satisfacción con la que asistía día tras días, a los comentarios de sus lectores, de manera que para él estas opiniones eran la llave maestra que abría todas las puertas: el tesoro que anidaba en su corazón.

Lo cierto es que todo aquel que se aproxima a la obra, se siente arropado por una voz cálida y humana, capaz de ahondar en los problemas más inmediatos que nos asolan, aquellos que nos avergüenzan, pero que nadie se atreve a denunciar, aquellos que nos obligan a desnudar nuestra conciencia. El autor no permite que quedemos al margen y no lo permite porque sus personajes son radiografías tan reales que sentimos sus yagas, sus frustraciones, sus sueños rotos, sus equivocaciones, se hunden en nuestra piel y nos obligan a mirar en nuestro interior, a buscar los costados dolidos de nuestras propias heridas.

La obra se abre con una proposición insólita: tres almas se encuentran en el purgatorio y, puesto que no aceptan sus muertes, se atreven a pedirle al ángel omnipresente el libro de reclamaciones. No aceptan sus muertes, el hecho de que su vida haya sido truncada sin previo aviso, sin haberles dejado el espacio necesario para terminar sus proyectos vitales. Ninguna de esas almas se sonrosa ante la semilla de ignominia que ha sembrado en su corto recorrido. Ni Nerea (una estudiante universitaria radical que fabrica explosivos para ETA), ni Mario (el político corrupto, capaz de aplastar a sus semejantes por ¿un puñado de monedas?), ni siquiera Vicente (el adolescente que cae en picado en las drogas, después de agujerear el paracaídas familiar) son capaces de quitarse la venda de los ojos, están tan ciegos que son incapaces de reconocer sus errores. El ángel decide abrir sus corazones y para ello utiliza un sabio bisturí, obliga a cada de ellos a asistir al espectáculo de sus vidas en otros cuerpos o mundos paralelos capaces de mostrarles los renglones torcidos de su vida.

Gargallo sabe cómo mover los hilos para que cada uno de los personajes se reencuentre con su yo más profundo, para que desanden los equívocos y se reencuentren con la verdad. El lector traspasa los umbrales de sus vidas y se mira en cada uno de esos espejos. Sus vidas rotas le obligan a acampar a la intemperie, para mirarse a sí mismo. Autor y lector lo saben. La vida merece la pena vivirla, únicamente debemos alzar el vuelo cada día con la conciencia limpia, con el deseo de entregar el alma a nuestros semejantes; sólo viéndonos reflejados en su perfil, seremos capaces de reencontrarnos con nosotros mismos.

Gargallo nos invita a penetrar hasta la médula en el corazón de sus personajes y estos interfieren en cada uno de nosotros, porque no son espejos fríos de la realidad. No es necesario vestir esta literatura con falsos dogmatismos, sólo hay que atreverse a traspasar el umbral, sólo hay que caminar por esa “tierra fértil” y dejarse cautivar por la belleza que despiertan sus emociones.

Mari Carmen Moreno

Share

MAESTROS ANTIGUOS THOMAS BERNHARD Traducción de Miguel Saénz, Alianza Madrid, 2008

Por ARIODANTE

MAESTROS ANTIGUOS

THOMAS BERNHARD

Traducción de Miguel Saénz,

Alianza Madrid, 2008 (primera reimpresión),

199 páginas.

Aunque nacido el año 1931 en la ciudad holandesa de Heerlen, Thomas Bernhard es un escritor vinculado casi con fijación genética a Austria, donde transcurre gran parte de su vida (además de Alemania), y donde fallece en 1989. Novelista, dramaturgo, poeta y cuentista, Bernhard es, en realidad, el principal personaje de toda la obra que dejó escrita. De hecho, su propia biografía comporta caracteres literarios: existen dudas sobre la fecha del nacimiento, fue hijo ilegítimo y con una constitución débil y enfermiza, lo que no justifica de por sí, aunque tampoco frena, la pasión (casi pulsión) siempre profesada por las ideas de locura y muerte.

Autor prolífico —no exageraríamos si lo calificamos asimismo de compulsivo— firma alrededor de dos decenas de novelas. Algunas de las más conocidas son: Helada (1964); Trastorno (1967); La calera (1970); El malogrado (1983); además de su saga autobiográfica: El origen, El sótano, El aliento, El frío y Un niño (1975-1982).

Sintió una intensa inclinación por el teatro, género literario al que dedica diecisiete obras. Citamos algunas de ellas: El ignorante y el demente (1972), La partida de caza (1974), La fuerza de la costumbre (1974) y El reformador del mundo (1979). El estilo dramático que practica se conoce con el nombre de Theater der neuen Subjektivität (Teatro de la nueva subjetividad), movimiento artístico dentro del que también se mueve el novelista y dramaturgo austriaco Peter Handke.

En la novela o en el drama, Bernhard practica una literatura marcada por un mismo sello: la huida de la soledad y la muerte, que, sin embargo, atrapan a los personajes, hasta el punto de atraerlos sin remedio, una y otra vez, hacia ellas, con la fuerza de la desesperación, con la letanía del eterno retorno. Narraciones u obras teatrales, los textos de Bernhard se estructuran en forma de largos monólogos, en los que el autor coge un tema, lo retuerce, para volver a él pocas líneas después. La monotonía, la repetición y la costumbre son pretendidas. Bernhard intenta crear de este modo en el lector una sensación de desasosiego, de obsesivo viaje hacia la nada, una comprobación física y metafísica del absurdo y el sinsentido de la vida.

Maestros Antiguos, escrita en 1985, no se aparta un milímetro del modelo bernhardiano. Hasta el punto de que del autor austriaco podría decirse que siempre está escribiendo la misma historia. No pregunte, entonces, el lector por el argumento de la misma. En Bernhard, la trama es meramente un pretexto para escribir y decir, decir y escribir, sobre todo y sobre nada.

En esta ocasión, el personaje de la narración responde al nombre de Reger. Musicólogo de fama mundial, escribe críticas para el Times. Pero Reger se rinde, en realidad, a un solo oficio, ante un solo ídolo: la rutina, esto es, la costumbre. En días alternos, menos los lunes, visita el Kunsthistorische Museum de Viena, atraído como un imán por el cuadro El hombre de la barba blanca de Tintoretto. Por las tardes, acude al Ambassador. Siempre la misma historia, el mismo recorrido, la misma existencia, repetitiva, reiterativa.

«Tengo que venir a ver a los Maestros Antiguos para poder seguir existiendo, precisamente a estos, así llamados, Maestros Antiguos, que al fin y al cabo aborrezco desde hace ya mucho tiempo y desde hace ya decenios, porque en el fondo nada aborrezco más que estos llamados Maestros Antiguos, llámense como se llamen, hayan pintado como quieran, dijo Reger, y sin embargo, son ellos los que me mantienen vivo.» (pág. 135).

Con una escritura compuesta con frases largas, que parecen no tener fin, ni principio, igual que la literatura o la conciencia desdichada, Bernhard hila el discurso como si se tratase de una tela de araña. El resultado concita entusiasmo o indiferencia, pero no ambas sensaciones al mismo tiempo, en el lector, quien debe saber dónde se mete cuando penetra en el laberinto bernhardiano. Sea como fuere, si decide, finalmente, adentrarse en esta novela, en sus novelas, tómeselo con sentido del humor. Bernhard es el primero en hacerlo, aunque no lo parezca. El subtítulo de Maestros Antiguos, libro de desesperanza, desilusión y amargura, reza así: «Comedia».

Ariodante

Diciembre 2010

Share

KAMIKAZES, por Albert Axell y Hideaki Case

Este libro habla, sobre todo, de los pilotos suicidas nipones de la II Guerra Mundial pero no se queda sólo en esto e intenta analizar los aspectos de la cultura japonesa que facilitaron la creación de este tipo de unidades y trata otros hechos de la guerra como el lanzamiento de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki y otras circunstancias que  lo rodearon.
El principal problema de este, pese a todo, interesante libro, es que a pesar de su introducción el libro desprende, como tantos otros de Historia un tufillo militarista y patriotero, que a ratos nos parece escrito en el Japón Imperial y no en el Siglo XXI.
Hay que recordar que el Imperio Japonés era una dictadura ultraderechista, militarizada, racista, xenófoba y anticomunista que poseía lo que puede denominarse una “cultura de la muerte” en contraposición a la vida. Donde el pensamiento crítico individual estaba apartado y era perseguido, donde el borreguismo era alentado, un imperio que cometió unas atrocidades, unas aberraciones, que no tienen nada que envidiar a las de  la Alemania nazi. Y no sólo contra los aliados, si no infligidas sobre las poblaciones asiáticas, en China, donde asesinaron a millones de civiles. Lástima que no se encuentren en España (al menos fácilmente) libros sobre la monstruosa guerra chino-japonesa que empezó en 1937 y enlazó con la II Guerra Mundial. Los autores pasan por encima demasiado rápido y le dan credibilidad a la repugnante, manipuladora propaganda oficial nipona.
Era un imperio tan moralmente enfermo que una de sus lógicas consecuencias fueron las tácticas suicidas: no sólo de los pilotos Kamikazes (generalmente jóvenes inexpertos que caían a miles antes de alcanzar sus objetivos) sino las de los ataques Banzai en tierra e incluso en algún caso, como en Saipan en 1944, los suicidios en masa de civiles nipones
Una cultura de la muerte que aún sigue notándose en el Japón actual. Es el país con más suicidios al año, al menos 30.000 (¡ en una década 300.000! ) y tiene mucho que ver el lado más alienante de esta sociedad, sea con un imperio ya extinto o con una salvaje sociedad capitalista.
El tratado de Axell y Case adolece de maniqueísmo. Para todo aquel interesado en este apartado de la guerra del Pacífico es un libro recomendado por su abundante información que da cuando se ciñe a hechos históricos.
Su estructura es un tanto deslavazada y no sigue estrictamente el orden cronológico de los hechos, desde que los kamikazes empezaron a ser utilizados en la batalla del golfo de Leyte en octubre de 1944 hasta los últimos días de la guerra en agosto de 1945 pasando por el clímax de su historia en la larga batalla de Okinawa donde se utilizaban en oleadas de ataques masivos suicidas que hundieron más de 30 barcos y averiaron más de 300, casi  todos norteamericanos y que estuvieron cerca de provocar la retirada aliada. El precio fue exageradamente alto y miles de aviones con sus pilotos fueron derribados antes de alcanzar sus objetivos. En dicha batalla tuvieron lugar ataques suicidas terrestres y marítimos como el famoso ataque suicida del acorazado “Yamato” y sus escoltas, hundidos antes de acercarse a la flota USA. Una batalla que a Japón costó más de 110.000 vidas y en la que se lanzaron todas las sabias tácticas de defensa de Iwojima (que acabó, pese a todo, son los mismos resultados inevitables por otra parte).
Se incluyen numerosos diarios y testimonios dejados por pilotos kamikazes, no sólo japoneses, también coreanos y de Formosa (actual Taiwan) y que tienen un gran valor tanto histórico como psicológico. Lo que resulta infame son las estúpidas alabanzas en las que se deshacen sus autores (¿más el japonés que el norteamericano? Casi parece que sí), propias de otra época y son las que interfieren en el auténtico trabajo de historia.
Son acertadas sus críticas a esas matanzas masivas que fueron los bombardeos USA de ciudades niponas pero sus excusas, justificaciones y omisiones de la mentalidad imperialista japonesa y sus atrocidades rozan lo pueril, lo obsceno y lo infantiloide.
Se incluyen extractos del original “manual del suicida”, se habla de los pilotos “kamikazes” de Stalin y de los poco conocidos pilotos suicidas nazis y de todo tipo de historias y anécdotas (una mujer subiéndose con su pareja piloto kamikaze, para morir con él).
Notable a nivel informativo, un tanto pobre a nivel crítico, analítico y ético. Demasiados historiadores cuentan con la suficiente distancia y crítica y les pesan demasiado sus propios, y a veces muy discutibles, claro que en libros de la II Guerra Mundial hay muchos casos aún peores.

Share

“El espíritu de cristal” Carlos Jover. Editorial Sloper

La editorial Sloper se caracteriza por presentar dos tipos de narraciones. Una de humor,  donde el absurdo campa a sus anchas para regocijo del lector. Léase “Stradivarius Rex” de Román Piña. Otra de poesía en prosa, donde se juega con el lenguaje hasta ir más allá de sus fronteras. Léase “Creta” de Agustín Fernández Mallo. “El espíritu de cristal” pertenece a los segundos.

La presente obra viene a desmantelar el mundo tal y como nuestros sentidos lo captan. Nuestros cuerpos son meras carcasas caducas. Necesitamos algo menos perecedero, algo a lo que valga la pena rendir culto sin que en pleno extasis éste se marchite. Nuestras mentes son un vertedero. ¿El mundo? Está lleno de cadenas que nos impiden no ya demolerlo, siquiera mejorarlo. ( página 16 – memorable página 16-: “la democracia como paradigma de argucia para silenciar cualquier amago de revolución”)

Su lectura no es como beberse un zumo de manzana. Es como meterse un tequila entre pecho y espalda pensando que no habrá siquiera limón. Cuesta pero se consigue. Y al final sí que hay limón. Porque lo contado duele, y el lector debe meterse en la historia, ¿no?. Carlos Jover juega con las palabras, las modela, va más allá de ellas, de su significado, es un orfebre de la palabra, esa que ya no sirve para comunicarse con nadie. El lenguaje ha muerto, larga vida al metalenguaje.

Es la historia de Aníbal Ritsos ( ¿ pariente del poeta Yannis Ritsos? ). Su visión del mundo es la descrita en el segundo párrafo, y más, creedme. Su solución, hacer un pacto con el Espíritu de cristal: Todo o nada. No quiere ser un borreguito más en el rebaño. Detesta la mediocridad. Mediocridad impuesta, por otro lado. Hacer un pacto con el Espíritu de cristal podría hacer pensar en el pacto con el diablo del Doctor Fausto, pero yo casí más creo que es hacerlo con el Cthulhu, de la mitología de Lovecraft. Éste no se arruga. Pero Aníbal tampoco. Todo o nada. O una vida total, completa, sin medianías grisáceas, o mejor ser un despojo carne de contenedor. La pregunta es ¿puede un ser humano realmente aspirar a eso? I don’t think so.

Aníbal empredenderá un viaje al infierno, completamente desbocado e ingobernable en busca del más absoluto de los todos aceptando la posibilidad de caer en la más absoluta de las nadas. Pero, ¿ no estaba ya en la nada? Drogas, masoquismo tabernario, proxenetismo callejero. Hasta eso cae nuestro nunca sabremos si heroe o antiheroe Aníbal. Buscando el todo encontrará la inevitable nada. ¿O es eso precisamente el todo? Eso tampoco lo sabremos. No podemos ponernos en la piel de Aníbal Ritsos. Quien tuvo la valentía de jugársela, no como la mayoría. Lo que sí podemos hacer es leer este esplendido libro.

Una vez acabado el relato, recomiendo leer de un tirón todas las notas a pie de página.

Mención final, y especial a la portada del libro. Se trata de una fotografía de Emma Suarez a cargo de Alberto García-Alix. Considero que tras leer el libro, y mientras esperamos la NADA, lo mejor que se puede hacer es quedarse mirando embobado la portada.

Share