Archivo de la categoría ‘Varios’

“El perfume” de Patrick Süskind

perfumeEl perfume es uno de los libros más leídos en los últimos veinte años. Y es lógico. Tiene una historia muy original, realmente cautivadora, repleta de fragancias, con un final trágico pero liberador.

Es la historia de Jean-Baptiste Grenouille, nacido en un ambiente miserable, parido sobre un montón de humeante pescado podrido. Su vida es una sucesión interminable de olores. Viviendo siempre en el linde de la desnutrición y carencias afectivas, rechazado por todos, su vida pende de un hilo, pero parece que el azar está aliado con él. Pronto descubre su gran punto fuerte, una capacidad terrible por almacenar fragancias en la cabeza, de sentirlas a distancia. Un impresionante sentido del olfato. Deberá retenerlas y concentrarlas. Alimentarse. Su arte de perfumista crece proporcionalmente a la de su voraz maldad – ¿ o es otra cosa? -. Matará a sus victimas, jovenes doncellas, no para quitarles su alma, sino su olor, aunque vendría a ser lo mismo. Los querrá todos para él. Hasta caer en la locura.

La historia es conocida por casi todos. Quién no lo haya leído yo recomiendo que lo haga. También tiene sus debilidades. Hay unas cincuenta hojas centrales, en la que Jean-Baptiste marcha a las montañas en busca de reflexión y paz, que son – y esto es una opinión, subjetiva y por tanto discutible – brutalmente soporíferas.

Existe una versión cinematográfica, film alemán de 2006 con Dustin Hoffman, que sabe obviar este episodio montañero, y que me pareció mejor que la novela incluso. Capta muy bien la idea de la novela, cierto que juega con ventaja, al olfato añade la vista.

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“El informe de Brodeck” de Philippe Claudel

brodeckMe ha sido encomendada la tarea de hacer un informe sobre el informe de Brodeck. Debo hacerlo aunque intuyo que no le haré justicia.

Los seres humanos venimos a hacer más o menos lo que los animales. Llevamos una vida lo más plácida posible, hasta que algo nos molesta, lo que nos lleva a actuar violentamente. Solucionado el problema, somos pacíficos como si siempre lo hubiéramos sido. Lo que nos diferencia son los remordimientos. Necesitamos hacer a alguien depositario de nuestras acciones, confesarnos, aligerar nuestro peso, atormentar al recipiente de nuestras miserias. Este es Brodeck

Brodeck sabe que ser inocente entre culpables, equivale a ser culpable entre inocentes. Sabe que en este mundo tener la razón es algo que se paga muy caro, que nadie soporta la verdad arrojada a la cara, la cruda verdad. Si alguien nos recuerda nuestro mal proceder, es como una piedra en el zapato, piedra de la que deshacerse rápidamente. El miedo nos atenaza, por miedo a los demás somos capaces de hacer casi cualquier cosa; miedo a que no se nos tome en serio, a no estar a la altura,a nuestros superiores…también a los de abajo.

Tras la guerra- la segunda guerra mundial, aunque esto no es citado en ningún momento-, un desconocido proveniente de otro país se presenta en un pueblo – se supone que de Alemania, pero esto tampoco es citado- para quedarse durante un tiempo. ¿Cuánto? Nadie lo sabe. El ejercito nazi ocupó el pueblo– tampoco los cita- y los lugareños primero con miedo, luego ya incluso diríase con entusiasmo colaboran con los ocupantes. Grandes barbaridades son efectuadas bajo la ocupación. Tras la marcha de estos, todo debería volver a la “normalidad” y todo debe ser olvidado, pero ese extranjero, les recuerda una y otra vez su bajeza. Los lugareños acuerdan eliminarlo y debe ser Brodeck, que estuvo en un campo de concentración, arrojado al fuego como sacrificio a los nazis por parte de los civilizados pobladores del lugar, quién redacte el informe que acto seguido de acabarlo deberá ser olvidado por todos. Confesar para olvidar.

Claudel nos relata una historia de violencia, violencia en los campos de concentración, violencia fuera de los campos incluso en tiempos de paz, la misma que durante toda la historia de la humanidad. La diferencia estriba en la brutal y perfecta planificación de la misma. Que no haga referencia ni el lugar en el que pasa todo, ni cite países, ideologías, ni nada de nada, es un gran acierto del autor. La violencia no es etiquetada. Siempre etiquetamos las cosas para deshacernos de toda culpabilidad. Además siempre con una etiqueta lejana, que no nos haga referencia

El informe Brodeck es una gran novela, que mientras la leía me iba recordando la Suite francesa de Nemirovsky.

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“Del asesinato considerado como una de las bellas artes” de Thomas de Quincey

quinceyRelato humorístico filosófico, en el que De Quincey expone el que él considera una de las bellas artes. El asesinato.

Primero de todo manifiesta su rechazo ante la mera idea de matar a otra persona. Una vez dejado esto claro, y ante el evidente gusto del ser humano por practicarlo, asi como de hacer todo tipo de daño al prójimo, expone una serie de máximas que hay que seguir para hacerlo bien. Así, es mejor atentar contra alguien debil, indefenso, o que se encuentre en situación de no poder defenderse. De Quincey lamenta los torpes intentos de asesinar pero de hacerlo no siguiendo estos principios que serán utiles a la hora de acometerlos y también útiles cuando las autoridades intentes esclarecerlos. Tambien dice que una alternativa a esto sería modificar nuestra naturaleza cobarde y dañina, pero ve más factible mejorar lo primero que cambiar en lo segundo.

Igualmente nos muestra una serie de homicidios acaecidos en el Londres decimonónico que muestran justamente lo que no hay que hacer en caso de dejar rienda suelta a nuestros más oscuros instintos.

Autor muy jocoso y gracioso muestra en clave de metáfora nuestras debilidades de espíritu. Pero no olvidemos que todo es un chiste. No debemos tomarnoslo todo al pie de la letra. Relajémonos.

De este autor me leí posteriormente “Confesiones de un inglés comedor de opio”. Reconozco que ya me gustó algo menos

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“La banda de la casa de la bomba” Tom Wolfe

La contracultura de los años 60′ se vió fuertemente influenciada por los escritores de la llamada generación “Beat” como Jack Kerouac, Allen Ginsberg o William S. Burroughs, que junto a los miembros del llamado “nuevo periodismo” o “periodismo gonzo“, surgidos en esta convulsa década tan rica en todo tipo de necesarios movimientos civiles, como Tom Wolfe y Hunter S. Thompson, más las aportaciones de estrellas tipo Truman Capote o Norman Mailer, reflejaron, retrataron y participaron de “esos años del desmadre” en los que la contracultura quería cambiar el mundo, a la par que se divertía en plan hedonista total.

Si bien los “hippies” de ayer resultan ser los “yuppies” de hoy, los pacifistas que esgrimían símbolos de la paz y protestaban por la masacre de Vietnam, son los que luego apoyaron a las obscenas y ultraretrógradas administraciones de Reagan o la de los Bush ( y Clinton también ) y de Jimmy Hendrix y “The Doors” pasaron a escuchar a Kenny G., todos esos escritores siguieron su camino y no comulgaron con todo el conservadurismo que vino luego. No escupieron a sus sueños, no se convirtieron en lo que más odiaban y una de las razones principales es que nunca perdieron el sentido crítico, ese sentido que ya les hacía ver con ironía y escepticismo el movimiento “hippie” y del que muchos participaron pero no comulgaron. Los que eran conscientes de la irreversible oscuridad del ser humano, algo que muchos pacifistas se empeñaban en no ver.

Hoy novelista de prestigio, “Dandy” hasta la tumba y tal vez uno de los escasos escritores que sí se han vuelto más conservadores con los años, aún sin perder sus señas de identidad, Tom Wolfe reflejó la década en libros como “Las décadas púrpura” o en el gran “Ponche de ácido lisérgico, donde narró las famosas aventuras ( mayormente en su no menos autobús psicodélico ) del escritor Ken Kesey ( “Alguien voló sobre el nido del cuco”, que luego dió pie a la estupenda película de Milos Forman) con sus “alegres pillastres” entre los que se encontraban Jerry García, el lider de “Gratefuldead” o Neal Cassidy, el Moriarty de la mítica “En el camino” de Kerouac y en el que narraba, entre otras, el famoso encuentro “Hippies” vs “Ángeles del infierno” que milagrosamente salió bien y que también fue reflejado en la notable “Los Ángeles del infierno” de Hunter S. Thompson ( éste, posteriormente no salió tan bien y sufrió una paliza por parte de algunos descerebrados, salvajes motoristas, con lo que acabó su relación con ellos y sirvió como fín del libro.

Escrito en 1968 y con el subtítulo español “Y otras crónicas de la era pop”, esta colección de artículos es un libro representativo del trabajo del Wolfe periodista. Una recopilación estimulante que sigue conservando todo su brillo, todo su frescor, ironía y mala leche ( y sentido del humor, véase “El hotel automatizado”)

Todo tipo de retratos de gente apartada del sitema desde comunas y surfistas a yonkies de la velocidad. Los intereses de Wolfe eran ( y siguen siendo ) muy amplios y así “El rey de los marginados millonarios” trata de Hugh Hefner, el jefazo de la revista “Playboy” ¿Uno de los hombres más felices del planeta?. Desde luego que de los más envidiados porque se ha perpetuado más de 40 años en ese puesto desde su archiconocida mansión y llegó a presentarse hace poco a gobernador de California ( Perdió, ¡ que pena ! Hubiese sido más divertido que “El depredador”)

“¿ Y si tiene razón ? ” trata de Marshall McLuhan, el prestigioso teórico de la comunicación de los años 60′ y resulta inolvidable “Underground del mediodía”, el feliz retrato de ese Swinging London que ya no volverá nunca, con discotecas psicodélicas abiertas de día en subterráneos a las que la gente iba en los descansos del trabajo a bailar y a tomar algo distinto al café de turno.

14 artículos que configuran un libro agudo y divertido a la vez, el nivel no es del todo hemogeneo pero es una buena muestra del talento, alegre talento de Wolfe, alguien enemigo de la mediocridad que morirá con una copa de martini en la mano.

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“EL ROSTRO DE GÓGOL”. KJELL JOHANSSON Nørdica Libros

Por ARIODANTE EL ROSTRO DE GÓGOL

Gogols Ansikte, 1989

KJELL JOHANSSON

Nørdica Libros

Trad.: Carmen Montes

En esta autobiografía de ficción, nos vemos inmersos de tal modo en la propia obra de Gógol que tenemos que volver a releer la portada del libro para convencernos de que no ha sido el autor ruso el que firma el texto que estamos leyendo.

Kjell Johansson (Estocolmo, 1941) escritor sueco, que, tras cursar estudios universitarios, alternó su trabajo como profesor con otros como asistente social, trabajador portuario, y repartidor. Interesado muy temprano por la literatura rusa, ha publicado diversas obras con esta inspiración.

Nikolai Vasilievich Gogol (Soróchintsi, Ucrania 1809- Moscú, 1852), escritor, novelista, y dramaturgo, nació en el seno de una familia de la baja nobleza rutena. En San Petersburgo ejerció como administrativo. En 1828 conoció a Pushkin, con quien desarrolló una fuerte amistad. Impartió clases de historia en la Universidad por breve tiempo, y estuvo varios años viviendo por Europa, época en la que escribió su obra más famosa, Almas Muertas, así como la novela histórica Tarás Bulba. En el 48, tras un fuerte arrebato religioso y conservador, peregrinó a Jerusalén, e influenciado por un sacerdote fanático, decidió abandonar las letras, quemando la segunda parte de Almas muertas, así como otra serie de escritos, convencido de que eran fuertemente pecaminosos. En un estado de enloquecimiento y quebrantamiento físico tuvo lugar su muerte, a los cuarenta y tres años.

Efectivamente, Johansson se introduce con tal maestría en la piel literaria de Gógol, en su estilo y en su propio pensamiento, que desarrolla su autobiografía como si de él mismo se tratase. Cualquiera que haya leído algo del autor ruso, reconocería inmediatamente en estas páginas la mano del maestro. Así, con maestría y gracias a una magnífica traducción,  transitamos por la novelada y ficticia vida de Gógol, al modo gogoliano, si pudiéramos decirlo así. Porque los principales datos de la vida de Gógol están correctamente representados; pero también está representada su desbocada imaginación, su hipocondría, su periódica enajenación, sus arrebatos emocionales, su ironía, su humor, casi grouchiano, absurdo, increíblemente desmadrado y divertido. Pero también están expuestas todas sus obsesiones, su neurosis, su locura religiosa y su obsesión por la neutralidad política, llevada a extremos enfermizos.

Asistimos a la infancia y juventud del gran autor ruso, a sus comienzos, sus temores, su miedo al ridículo y al fracaso, escenificado en la famosa cena, casi surrealista, con los escritores petersburguianos y su encuentro con Pushkin, alma viva de su obra, inspirador de ella, amigo y maestro a la vez: salíamos a pasear juntos -nos cuenta-e incluso el cielo de Petersburgo me parecía alto y claro. Tomábamos el té y cenábamos. Hablábamos de arte. Yo tenía veintidós, y Pushkin treinta y dos (…) Nos hicimos muy amigos. A Pushkin lo adoraba.

Largos recorridos viajeros, huidas de la madre Rusia, por la que padece un amor-odio constante, idas y venidas conforman los capítulos del libro. Los amigos con los que viaja y con los que se relaciona en París, en Roma, el periplo italiano y el desastroso viaje a Tierra Santa, ya inmerso en su delirio religioso, que agravó la locura que le acechaba en los últimos años de su corta vida.

Y mezclado con todo ello, contados como un suceso más, sueños, relatos imaginados mientras narra otros hechos reales teñidos de imaginarios dislates, de emociones y jugosísimos y divertidos diálogos. Ya nos lo advierte el autor, cuando, transformado en Gógol, nos dice que dos caminos principales –como podría decirnos Proust- conducían al ancho mundo: el uno, el de la realidad palpable, Gran paseo de rosas; y el otro, era el de la imaginación, creado por los relatos de mi padre y por mi propia fantasía (…) El camino de la misión, El camino el sacrificio, el camino del futuro. Y de ese modo alterna, muy bien imbricados, cuentos y recuerdos, diálogos con diablos o seres imaginarios, con charlas literarias. Aventuras petersburguesas e italianas, parisinas y alemanas. Y de ese modo se produce una continua interacción de realidad y ficción, imaginación y datos, verdad y mentira. Recordé- nos dice Johansson-Gogol- las muñecas con las que jugaba de niño, cada una de las cuales contenía una dentro. Pensé que no eran sólo las muñecas o las personas las que contenían otras en su interior. Otro tanto les ocurría a las intenciones y deseos de los hombres, a sus acciones…

Ariodante

Diciembre 2010

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“Merienda de negros” de Evelyn Waugh

merienda-negrosNovela divertidísima en la que el autor aprovecha su indudable talento para el humor cínico y corrosivo, para no denunciar-escribiendo sobre algo creo que no se denuncia nada- pero si mostrar todas las fechorías de los auto denominados países “civilizados” en el continente africano.

Azania es un país ficticio creado por Waugh para desarrollar lo que quiere decir. El emperador Seth-casi dios- de este país, tiene educación británica, es apoyado por estos, para reducir a escombros a los pertenecientes de la etnia rival- base de las posteriores matanzas entre etnias de países africanos en la era postcolonial-. Por supuesto Azania debe ser un país moderno-estilo “Freedonia” en “Sopa de Ganso” de los hermanos Marx-, siendo acometidas reformas para el progreso, suervisadas por el embajador inglés, un tipo grandioso,  que van de surrealistas a esperpénticas, dotando al relato de un humor que conduce a la carcajada.

Barbarie contra civilización. Ni se acaba con una ni se llega a la otra.

Fantástico  este escritor británico de principios del siglo XX. Sabe provocar risas contando algo tan lamentable como la época colonial, base de las riquezas europeas y miserias periféricas

Existe otro libro de Evelyn Waugh sobre África, “Un turista en África”, mitad relato de viajes mitad ensayo, con fotografías del continente negro, descatalogado por completo-buscar en UNILIBER.com- si no me equivoco.

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“Perdita Durango” de Barry Gifford

perdita durango giffordEsta novela es conocida ante todo por la adaptación al cine que realizó Álex de la Iglesia cuando se encontraba en sus mejores momentos, uno de los productos más inusuales del cine español – era una coproducción con USA- y recordada ante todo por la memorable interpretación de Javier Bardem en la piel de Romeo Dolorosa.

Perdita Durango es uno de esos peculiares personajes que aparecen en otras novelas de Barry Gifford, un escritor de estilo sencillo, tan directo que a veces resulta simple, minimalista, que relata historias de la América profunda – habitualmente cerca de la frontera con México -, llenos de personajes extraños al margen de la ley, llenos de crueldad, toques freak, sentido del humor negro, un tono esporádico de serie negra con toques Pulp, con el azar como invitado haciendo de las suyas, con una buena dosis de ironía y fatalismo.

Esta es una novela corta que no llega a las 200 páginas y que se lee tan rápido que parece tener menos de 100 pues sus capítulos son realmente breves. Es más simple y depuarada de lo habitual en el personal escritor y no se puede comparar con otras novelas suyas como “Gente nocturna”, que es mágnífica, o “Baby Cat-face”, o con su labor como guionista en carretera perdida, de David Lynch, uno de los clásicos de los 90 -aunque muchos no se enteran-.  Lynch ya llevó al cine “Corazón salvaje”, la primera adaptación de una novela de Gifford, y está claro que el escritor le debe buena parte de su popularidad a la alianza que hizo con el marciano cineasta.

Gifford es autor también de libros de poesía, algo que puede sorprender a un lector que se adentre por primera vez en su mundo con “Perdita Durango”, una novela con gran capacidad para irritar, pero que es muy recomendable. Una buena muestra de las virtudes de Gifford: la naturalidad con la que narra historias alucinógenas de extrema violencia – aqui el cocktail incluye santería, sacrificios de niños, reflexiones sobre los asesinos en masa, un claro amor a la serie B en USA, de Russ Meyer, clara influencia, al “Shocker” de Wes Craven, etc-. Su contundencia, su talento para crear diálogos tan memorables como los personajes que los encarnan, su capacidad para sorprender, su falta de límites y prejuicios. Como en el film, lo que más llama la atención es el carismático personaje de Romeo Dolorosa, que le hace sombra a la propia Perdita Durango.

Sátira clara a los USA más bienpensantes y puritanos, “Perdita Durango” es una novela apreciable cuyo tono fuerte, salvaje – con diálogos tipo “los dos únicos placeres que le quedan al hombre en este mundo son follar y matar”- no es apto para personas que gusten de este tipo de historias, las mismas que no apreciaran o no sabrán apreciar la historia de amor que contiene, no muy desarrollada, es cierto, en la que sí profundizó más Álex de la Iglesia, convirtiendo su película en una extraño, cruel y visceral cuento romántico, también algo irregular, pero lleno de grandes momentos.

“EL DIABLO NEGRO”

perdita durango film

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“CUENTOS NEURÓTICOS” STELMARCH Ediciones Atlantis, 2010

Por ARIODANTE

CUENTOS NEURÓTICOS

STELMARCH

Ediciones Atlantis, 2010

Nos encontramos ante un conjunto de once relatos escritos por la autora valenciana Amparo Andrés, que, bajo el seudónimo de Stelmarch, nos presenta su obra. Narradora y poeta valenciana vocacional, participa en varias publicaciones digitales, entre ellas el diario Las Provincias, donde tiene un blog; la página literaria argentina “elaleph.com”, para cuyo blog Caleidoscopio hace más de seis años que escribe artículos; es colaboradora del periódico suizo Terra Migrante; propietaria de la web cultural Ebookería, ágora digital, así como de un blog personal Litterae. También dirige un grupo de poetas y escritores en la red social de Xing. Ha publicado en algunas revistas digitales y también en papel, como Milenium, Poetas del Mediterráneo y otras de la ciudad de Valencia. Participó en el taller literario de Fuentataja, a cargo del escritor Ángel Zapata. Ha sido seleccionada para publicar en 2006, en el Certamen Voces Nuevas, de la editorial Torremozas. También ha publicado en varias antologías de la editorial Hipálage y hace unos días ha recibido una mención especial en el Certamen Internacional de poesía Nósside, en Calabria, Italia.

Aunque el título los agrupa bajo el concepto de neuróticos, el nexo entre ellos más bien lo encuentro en una reflexión sobre la vida cotidiana marginal, con unas gotas de soledad, tristeza y desesperanza en unos, y de humor negro, en otros. Aún así, los relatos son desiguales no sólo en longitud, sino también en cuanto al tono mantenido en ellos. No veo neurosis, salvo en el caso del coleccionista; veo más bien una fría visión de la realidad descarnada, al estilo del dirty realism americano.

El primer relato -y en mi opinión, el mejor de todos, junto a La apuesta- El factor humano, es el más largo y el más consistente. Trata de la convivencia de una pareja de jubilados sin hijos, y de su malestar soterrado, inevitablemente unido a su necesidad de apoyo mutuo, que descubren cuando ya es inevitable.

Avelina, genio y figura, nos cuenta de una vieja avara que vive de alquilar un piso, y que por apego al dinero encuentra su final. Camino torcido es un breve texto con un regusto amargo y triste, una reflexión sobre la educación y el recuerdo de una infancia infeliz. Cautivos toma la forma de fragmentos de un diario, y evoca la libertad ansiada por un preso y simbolizada por un pajarillo. Leyéndola me viene la imagen de aquella película de El hombre de Alcatraz, en la que Burt Lancaster, condenado a cadena perpetua, cuida a un pajarillo en su celda.

Lo fantástico y lo real se entremezclan en La última estación, también breve, que narra los encuentros de un viejo ferroviario, no resignado a separarse de su mundo y que deambula entre vagones tan viejos como él, recordando a su perro Platón y charlando de ángeles con un extraño personaje. El coleccionista es un brevísimo relato de un enloquecido –en este caso, un verdadero neurótico- que abarrota su casa de trastos como una urraca. Ecos de Homer &Langley, de Doctorow, pero con un humor más negro.

Ilusiones perdidas es otro relato de corte más triste y desamparado, de un niño gitano que rebusca tesoros en las basuras para regalar a su madre, tesoros que no va a necesitar.

La ventisca nos hace mirar la vida con los ojos de una profesora y sus encuentros con una vieja mendiga, Blancanieves, cuya triste pero libre vida le sugiere profundas reflexiones.

Historia de todos los días relata la brega diaria de una madre con sus dos niños para conseguir levantarlos y llevarlos al colegio. La apuesta, el más breve de todos, y en mi opinión, muy bueno, me recuerda a aquella película de Max Ophüls, Madame de... en la que seguimos la trayectoria de una joya de amor. El profesor X y la muerte es el último de los relatos, y es un tête-à-tête satírico de un profesor con la Muerte, en el que el profesor bombardea a la muerte con citas de Schopenhauer, tratando de convencerla para que no se lo lleve. Ecos de la famosa partida de ajedrez de El séptimo sello bergmaniano.

Si bien las situaciones que leemos en estos relatos son cotidianas, realistas, hay en ellas algo de suprarrealismo, o quizás un sexto sentido, una incidencia que salta de lo habitual a lo ficticio, a lo imaginario o a lo supranatural. Los personajes son seres solitarios, desarraigados o simplemente, comunes y cotidianos. La escritura es llana y directa, aunque impregnada de un toque fuertemente nostálgico o de tristeza, que predomina sobre los demasiado breves y negros toques de humor.

Ariodante

Diciembre 2010

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“GLADIATOR, EL SUPERHOMBRE” de Philip Wylie

“GLADIATOR, EL SUPERHOMBRE” de Philip Wylie

La contraportada de este libro hace hincapié en la influencia que tuvo sobre uno de los iconos más populares del siglo XX: Superman. Mal que les pese a Siegel y Shuster, un gran número de estudiosos del fenómeno de los superhéroes afirman la ascendencia, más o menos evidente, de la novela de Wylie sobre el conocido hijo de Krypton.

Personalmente, fue este interés por comprobar cuáles eran las semejanzas entre ambos personajes lo que me llevó a leer el libro. Y aunque el parecido resulta “evidente” (sobre todo respecto al Superman original de 1938), lo es en el entorno de lo puramente físico. Los poderes de Kal-El y Hugo Danner son equiparables, sí. Pero el protagonista de Gladiator está marcado por un perfil psicológico y unos avatares que lo sitúan en las antípodas del Héroe de Acero.

Sobre el autor, nada más decir que probablemente sea uno de esos escritores de los que muy pocos sabemos nada y aún habremos leído menos. Pero el número de obras sobre las que puede reclamar la paternidad Wylie es realmente extenso, e incluso cabe decir que presumir, pues Doc Savage y Flash Gordon también han de confesar una gran deuda de parte de otros dos de sus libros: “Cuando los mundos chocan” y “The Savage Gentleman”.

En Gladiator, la historia que desarrolla Wylie comienza con un científico obsesionado por sus teorías de “modificación genética”, que acaba utilizando a la esposa embarazada (y por ende, a su propio hijo) como inusitada placa de Petri para probar esos conceptos. Este papel del padre, como representante de una ciencia capaz de cambiar la naturaleza de las cosas, sorprende por plantearse en un momento muy alejado aún del momento actual. Y tal y como lo plantea el autor, podemos aventurar que su postura era negativa al especular con la idea.

Quiero aquí añadir una reflexión personal. Se trata de la, a mi parecer, posible influencia psicológica del “Crack del 29” en el espíritu de la obra. A pesar de que esta es la única obra que he leído de Wylie, y aunque en las biografías se refieren a su tendencia a la polémica y al existencialismo, el impulso trágico que subyace en la novela sumado al patente descreimiento en la sociedad me empuja a pensar que no fue impermeable a la impresión que causó la crisis del 29 y sus consecuencias posteriores. Teniendo en cuenta que la obra se publica en 1930, no me parece que la idea de una “causa-efecto” sea un pensamiento peregrino.

Porque eso es algo que aparece a lo largo de toda la obra: un pesimismo trágico, encarnado en Hugo Danner. ¿O acaso puede haber destino más terrible que saberse elegido para un bien superior y ser incapaz de encontrar la manera de llevarlo a cabo? En ese sentido, y por no abandonar los símiles del comic-book, me recordó mucho más al temido y odiado Increíble Hulk. El peregrinar del protagonista le lleva de un lado a otro (de Colorado hasta New York, y de allí al frente de la Primera Guerra Mundial), siempre procurando ocultar lo extraordinario de su naturaleza y, al mismo tiempo, queriendo ser útil buscando una tarea que precise el uso de esos poderes sobrehumanos.

Lo que apena de modo especial al lector es ese descreimiento en el ser humano al que ya he aludido. Wylie no sólo no espera encontrar bondad en las personas, si no que incide en cómo la avaricia, la suspicacia o la simple ignorancia hace de cada uno de vosotros algo horrible. Y los casos en los que permite vislumbrar un poco de luz, son atajados por una nueva bofetada de pesimismo.

En resumen, Gladiator supone un hito muy especial en la literatura de ficción. Un precedente del arquetipo de superhéroes con tintes de tragedia clásica, en el que el autor se planteó cuestiones que ahora nos pueden parecer novedosos; muy especialmente ese sufrimiento al sentirse diferente y temer la reacción de los demás si desvela su secreto. Y con ese planteamiento pesimista, tan alejado de la norma habitual en estos casos, los aficionados al cómic deberían aprovechar la oportunidad para acercarse al texto.

http://parrafosperturbados.blogspot.com/

RAFAEL GONZÁLEZ

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Reseña de “Moviola de tres vidas truncadas” de Antonio Gargallo, a cargo de Mari Carmen Moreno

Hace unas semanas asistí en Valencia a la presentación de Moviola de tres vidas truncadas del joven escritor Antonio Gargallo (Teruel, 1976). No sólo yo, todos los asistentes al acto, quedamos prendados de la naturalidad con la que el autor habló de su obra, de sus inminentes incursiones (ya que prepara con entusiasmo nuevas novelas), pero sobre todo de la impagable satisfacción con la que asistía día tras días, a los comentarios de sus lectores, de manera que para él estas opiniones eran la llave maestra que abría todas las puertas: el tesoro que anidaba en su corazón.

Lo cierto es que todo aquel que se aproxima a la obra, se siente arropado por una voz cálida y humana, capaz de ahondar en los problemas más inmediatos que nos asolan, aquellos que nos avergüenzan, pero que nadie se atreve a denunciar, aquellos que nos obligan a desnudar nuestra conciencia. El autor no permite que quedemos al margen y no lo permite porque sus personajes son radiografías tan reales que sentimos sus yagas, sus frustraciones, sus sueños rotos, sus equivocaciones, se hunden en nuestra piel y nos obligan a mirar en nuestro interior, a buscar los costados dolidos de nuestras propias heridas.

La obra se abre con una proposición insólita: tres almas se encuentran en el purgatorio y, puesto que no aceptan sus muertes, se atreven a pedirle al ángel omnipresente el libro de reclamaciones. No aceptan sus muertes, el hecho de que su vida haya sido truncada sin previo aviso, sin haberles dejado el espacio necesario para terminar sus proyectos vitales. Ninguna de esas almas se sonrosa ante la semilla de ignominia que ha sembrado en su corto recorrido. Ni Nerea (una estudiante universitaria radical que fabrica explosivos para ETA), ni Mario (el político corrupto, capaz de aplastar a sus semejantes por ¿un puñado de monedas?), ni siquiera Vicente (el adolescente que cae en picado en las drogas, después de agujerear el paracaídas familiar) son capaces de quitarse la venda de los ojos, están tan ciegos que son incapaces de reconocer sus errores. El ángel decide abrir sus corazones y para ello utiliza un sabio bisturí, obliga a cada de ellos a asistir al espectáculo de sus vidas en otros cuerpos o mundos paralelos capaces de mostrarles los renglones torcidos de su vida.

Gargallo sabe cómo mover los hilos para que cada uno de los personajes se reencuentre con su yo más profundo, para que desanden los equívocos y se reencuentren con la verdad. El lector traspasa los umbrales de sus vidas y se mira en cada uno de esos espejos. Sus vidas rotas le obligan a acampar a la intemperie, para mirarse a sí mismo. Autor y lector lo saben. La vida merece la pena vivirla, únicamente debemos alzar el vuelo cada día con la conciencia limpia, con el deseo de entregar el alma a nuestros semejantes; sólo viéndonos reflejados en su perfil, seremos capaces de reencontrarnos con nosotros mismos.

Gargallo nos invita a penetrar hasta la médula en el corazón de sus personajes y estos interfieren en cada uno de nosotros, porque no son espejos fríos de la realidad. No es necesario vestir esta literatura con falsos dogmatismos, sólo hay que atreverse a traspasar el umbral, sólo hay que caminar por esa “tierra fértil” y dejarse cautivar por la belleza que despiertan sus emociones.

Mari Carmen Moreno

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