Archivo de la categoría ‘Literatura policiaca’

“El invierno de Frankie Machine” Don Winslow

Aprovechando el éxito de la monumental, casi redonda, “El poder del Perro” ( y lo de “casi” lo voy a explicar ) se ha editado otro  trabajo  de Don Winslow, uno de los talentos más sólidos que han surgido en las novelas de temática criminal de los últimos años.

Frankie Machine es un gangster retirado al que el pasado volverá para sacarle de su pacífica vida.

Winslow maneja con gran habilidad diversos temas recurrentes en las historias de mafiosos y lo hace de una manera suficientemente fresca, ágil y personal, para hacer que esto no sea un thriller tópico más, sino un libro potente, violento, intenso, ultra trepidante, apoyado en sólidos diálogos y en un personaje central de fuerte magnetismo, que configuran una obra madura y convincente, parecida a un guión cinematográfico por su concisión y ritmo, si bien no llega a la complejidad y ambición, con sus múltiples tramas paralelas y su certero retrato de la corrupción, a todos los niveles de la sociedad, de “El poder del perro”.

“El invierno de Frankie Machine” es una novela más simple, más humilde, pero demuestra el talento de Winslow como narrador y es un serio aviso de lo que es capaz de hacer, un aviso que confirma y amplía posteriormente.

Es fácil imaginarse a Al Pacino o al Robert De Niro de los buenos tiempos interpretando a Frankie Machine en plan crepuscular. Afortunadamente el añtaño actor fetiche de Martin Scorsese se ha hecho con los derechos del libro y si acaba llevándolo al cine, puede sacarle de la decadencia artística en la que lleva algún tiempo, porque es un papel ideal para un actor como él. Una decadencia, además, en la que, como él mismo reconoce, se ha metido por voluntad propia, pues ha participado en todos esos productos facilones solamente por las enormes cantidades de dinero que le ofrecían.

En “El invierno…” asoman todas las características de este tipo de historias sólo que trasladadas al siglo XXI cuando los viejos mafiosos van siendo arrinconados por los políticos corruptos. Winslow afirma en una entrevista que para él, el auténtico crimen organizado EEUU, con todos los chanchullos ultra capitalistas y empresariales, era el el congreso de su país, y aqui se nota en el tramo final cuando un enfurecido F. Machine suelta perlas como : “(cierta marca de ropa deportiva ) paga veintinueve centavos a un niño por hacer una camiseta de baloncesto; después se da la vuelta y la vende por 140 Dólares…¿Y el delincuente soy yo?”. “( cierta multinacional norteamericana de supermercados de autoservicio )” hace que se agoten las existencias en la mitad de las tiendas familiares del país y en cambio pagan a los chavales que fabrican su mierda barata siete centavos la hora…¿ Y el delincuente soy yo?” o “cada vez que dos tíos con traje echan una meada en el senado se comete un delito grave”

Y esa en una de las principales aportaciones de Winslow. Que sus historias, ya sean de gangsters italianos de toda la vida o de modernos narcotraficantes, dan una visión global y tristemente realista de la sociedad profundamente podrida en la que vivimos.

Gangsters que sienten que los tiempos están cambiando, viejos códigos de honor que igual sólo existieron en la mente del protagonista. La eterna historia del joven cachorro que quiere eliminar a la vieja leyenda para ascender y cubrirse de gloria. Un policia honrado rodeado de compañeros que no lo son. Los deseos de redimir una vida dedicada al crimen e incluso una historia de amor y de justicia hacia una mujer salvajemente asesinada en un lejano pasado y a la que apenas conoció, en la mejor tradición de James Ellroy, que si le añadimos los ambientes surferos tan queridos por su autor, configuran la trama de este libro que no llega a ser redondo por el mismo motivo, en mi humilde opinión, que en “El poder del perro”, ese indiscutible clásico actual:

Winslow falla ( más aqui que allí ) en los finales. Con esos tiroteos que tienen un clímax idéntico a los de las películas más comerciales de Hollywood y con esas resoluciones argumentales, con añadidos postizos, tan complacientes, falsas, incoherentes y poco creibles. Winslow se contradice, contradice todas las complejidades y ambigüedades de los que estaba contando y se conforma con un final fácil estilo historias de buenos y malos. Y esto se acentúa porque se diluye la carga crítica que contienen sus libros. Se asemeja a la película “Traffic” del gran Steven Soderbergh. Ésta retrata la guerra contra las grogas, se dice que es una guerra imposible de ganar, se explica bien las muchas y arraigadas razones y se contradice con ese final casi diseñado para tranquilizar al público. A Winslow le ocurre igual. Si quiere dar esperanzas y no caer en un pesimismo irreversible podría hacerlo de una manera más elaborada y convincente y no con ese final sorpresa que no sorprende.

En resumen, una buena novela, pero Winslow sigue un peldaño o dos por debajo del magistral, contundente y sólido Ellroy.

Y para acabar, y hablando de cine ( indicar que hay bastantes comentarios despectivos a los films de Ford Coppola ), hay que reseñar que Oliver Stone se encargará de llevar al cine la penúltima obra de Winslow, “Savages“, aqui aún inédita – parece que la editará Martínez Roca -. Winslow ya fue llevado a la gran pantalla en el film “Bobby Z” con Paul Walker y Lawrence Fishburne, una película mal recibida incluso por Winslow y que no he visto por si algún día tengo la oportunidad de leer la novela. Curiosamente la dirigió John Hertferd, el de “15 minutos”, uno de esos productos facilones antes mencionados intrepretados por De Niro.

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“A cada cual lo suyo” de Leonardo Sciascia

sciasciaMucho antes que Camilleri escribiera sobre Sicilia, Leonardo Sciascia ya hablaba sobre ella, ahondando sobre sus particularidades, peculiariedades, con sus cosas, localismos, de dificil solución.

Dice Sciascia en un momento de la novela, que cuando en un mismo sitio hay un muerto y un vivo tras un percance, en el norte de Italia, piensan en el vivo, en socorrerlo. En el sur no, pues sin duda se da por sentado que el vivo es el que lo ha matado.

El farmacéutico de un pueblo cercano a Palermo, años 60,  recibe un anónimo en el que se le amenaza de muerte. Este hace caso omiso al anónimo, no le da importancia, pero poco después es encontrado muerto. Oficialmente las pesquisas son breves y poco concisas, pero un profesor llevado por la curiosidad inicia una investigación que derivará en una de las soluciones más impactantes que la novela de suspense puede ofrecer. Ciertamente demoledor, pues todo parece estar tomado de la llana y cruda realidad, que es justamente la grandeza del relato y del autor. habla de la mafia sin citarla ni una sola vez, y sin embargo acabas la novela palpando su enorme influencia, todo el poder que tiene, tanto que ya se considera “normal” su proceder y a nadie parece extrañar. Aunque siempre hay ingenuos que creen en la verdad,la justicia y juegan a resolver casos que, creedme, no pueden ni van a ser resueltos.

Relato sin concesiones de la vida en un pueblecito siciliano, donde el poder de ciertas familias según el relatar del autor estaban fuertemente arraigadas, las cuales no tenían excesivo reparo en repartirse el pastel y deshacerse de todo aquel/aquello que les molestase. ¿A quién se le ocurre meter las narices donde ni la policía las mete?

Este fue el primer libro de este autor que me leí, y desde luego no fue el último.

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“El hombre que se esfumó” de Sjowall, Maj y Wahlöö, Per

esfumoEl hombre que se esfumó es a mi modo de ver una fantástica novela policíaca. De nacionalidad sueca, este matrimonio, Sjowall y Wahlöö, precursores de Mankell, Camilla Lackberg o Stieg Larsson, crearon al detective Martin Beck, investigador que no se lleva tanto de Wallander.

La trama es muy interesante. Beck – al que obligan a interrumpir  sus vacaciones – debe cruzar el telón de acero, ir hasta Budapest para encontrar a un ciudadano sueco, un periodista incómodo para la policía sueca, al que se le ha perdido la pista en Hungria. ¿qué ha ido a hacer ahi?¿Es un espía?. Mientras lees te viene a la mente la película con Paul Newman, ” Cortina rasgada” de Hitchcock. Es muy interesante como retrata una ciudad del otro lado, del lado comunista, algo que para aquella época, años 60′,  debía ser tabú. Retrata Budapest como una ciudad “normal” donde hay tedio y pasan cosas sórdidas, como en cualquier otra parte del mundo. Sin publicidades “pro o anti” ni sensacionalismos baratos.

La trama policíaca en sí está bastante lograda. Mantiene en vilo al lector, con un ramillete de pistas, algunas falsas que el detective Beck va sorteando, señales para el investigador en su ingrata tarea de investigar algo que a nadie parece realmente importar.

De otra parte asistimos al hartazgo vital del detectice Beck, en la gélida y aburrida Estocolmo llena de señales para nosotros los lectores de que por aquellos lares, no todo era, y seguirá igual, tan bonito como nos lo habían pintado. Ciudad que muestra tantos asuntos turbios como cualquier otra urbe civilizada del mundo

Muy recomendable

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“Asesino burlón” Jim Thompson

Otra de las logradas novelas negras en las que Thompson parte de la misma premisa: la de un asesino con rasgos de esquizofrenia que cuenta su historia al lector, y que comete sus crímenes en una pequeña y podrida ciudad sureña USA de los años 50′.

En este caso, lo más interesante es que este personaje, Clinton Brown,  un periodista de un inmundo diario, no es peor quela gente que le rodea, algo habitual en Thompson, sólo que esta vez, está más acentuado.

Con unas motivaciones de lo más peregrinas, caprichosas y paranóicas, y en una nube de alcohol ( ¡¡ bebe como cinco Henry Chinaski !! ), Brown realiza un retorcido juego criminal de i nesperadas consecuencias y que le hará descubrir cosas aún peores de sí mismo y de los demás.

La trama no es muy sólida y el final es algo precipitado, pero la fascinación que desprende hace que remonte sus debilidades gracias a virtudes como ese inolvidable personaje central, a un sentido del humor negro soterrado y a la vez palpable, y al gancho que le impone Thompson especialmente en los rápidos y dinámicos diálogos.

El autor de “Al sur del paraiso” vuelve a ofrecer una radiografía demoledora de esas pequeñas ciudades donde aparentemente nunca pasa nada y que son caldo de cultivo para todo tipo de fanatismos y aesinatos aberrantes. El cineasta Samuel Fuller, otro que indagó en lo que se escondía tras la amable fachada de estas cerradas comunidades en películas como “Underworld USA” o “Perro blanco”, afirmaba que eran los peores lugares del mundo, y novelas como estas así lo certifican. La santurronería, la apariencia, la violencia institucional, el racismo, una corrupción impune y aparentemente arraigada y extendida ( como la de cierto país mediterraneo, vaya ), con unas personas de lo más mediocre y mezquinas, y unos medios de comunicación autosatisfechos que sólo alimentan la fachada, tienen su inmejorable retrato en párrafos como este ( página 58 – 59 ): ” Despreciamos los programas de viviendas socialistas. Apoyamos el modo de vida norteamericano, las buenas y antiguas leyes de la oferta y la demanda. O sea, los propietarios ofrecen lo que desean en materia de vivienda y demandan lo que les viene en gana. Y el inquilino – bendita sea, oh, saludemos su vigorosa independencia – es perfectamente libre de pagar y disfrutar, o de dormir en la calle, donde, por supuesto, será rapidamente arrestado y acusado de vagancia por Lem Stukey ( el corrupto jefe policial ).

Diré una cosa acerca de Stukey: es absolutamente intrépido e infatigable en lo que a vagabundos se refiere. Dejad que Lem y sus secuaces cojan a algún vagabundo miserable, preferiblemente de color y mayor de 65 años, y la maquinaria de la ley se pondrá en movimiento velozmente y sin ningún remordimiento. 60 días en la cuadrilla del ferrocarril, 6 meses en una granja…aunque no siempre sucede de ese modo. En un sorprendente número de casos, el vagabundo resulta ser casualmente la misma persona responsable de una serie de delitos no resueltos hasta ese momento…

Thompson demostraba un claro desprecio por este modo de vida. Sabía que las soluciones no existían ( hoy si acaso lo que pegan también son lo policías de color ), que todo iba a seguir siempre igual, y lo sigue, y por eso sus trabajos son tan pesimistas, amargados, desengañados y hasta desesperados. El sueño USA es una pesadilla que se lleva a millones por delante, millones que como decía el Lou Ford de “El asesino dentro de mi”, nunca tuvieron ni la más mínima oportunidad ( y no se refería sólo al status social o económico ).

Al final de la novela todo sigue igual. Y esa es la máxima expresión del vitriolo que suelta Jim Thompson, un escritor con una oscurísima concepción de la existencia y de la condición humana tan repleta de vilezas varias.

El título “Asesino burlón” no es el más indicado para el original “The nothing man”.

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“El asesino dentro de mi” de Jim Thompson

Para empezar un par de topicazos: cuando murió Jim Thompson, uno de los reyes de la serie negra, en 1977, su obra, según el prólogo de Juan Sasturain, no se encontraba en las librerías de su país y no gozaba de status alguno, algo sorprendente si se tiene en cuenta que la adaptación que Sam Peckinpah realizó de “La huida” había sido un gran éxito. Tuvieron que ser los franceses, que en esto siempre han ido mil pasos por delante de Yankies y españoles, los que reivindicaron su obra e impidieron que cayera en el ostracismo. La lista de artistas USA de diversos campos artísticos y de gran valía que han visto su obra justamente revalorizada gracias a nuestros más cultos vecinos, es interminable.

El asesino dentro de mi” es una de sus novelas más importantes de entre las 29 publicadas. Admirada por Barry Gifford, Stanley Kubrick o Stephen King, esta durísima, espléndida obra, ya tuvo una adaptación al cine en 1975 a cargo de un simpático artesano menor, Burt Kennedy, con Stacey Keach en el papel del perverso Lou Ford. Michael Winterbottom (“Camino a Guantánamo”, “Código 46″, “Wonderland”…), ha realizado recientemente otra película con base a este libro de 1952. Su trabajo ha provocado deserciones masivas en el festival de Venecia y críticas de misógena. Si su film, protagonizado por un en alza Casey Affleck y Jessica Alba ( ya sólo por esta mujer vale la pena verlo en pantalla grande ) es fiel al espíritu de Thompson, entonces tales críticas son tan predecibles como superficiales, típicas de la corrección política, al margen de la calidad de la película.

El libro de Thompson está narrado, como suele ser habitual en él, en primera persona por el asesino, en apariencia el típico Redneck sureño simplón y bondadoso bajo cuya fachada apacible se esconde una mente privilegiada, criminal, retorcida y con rasgos de esquizofrenia, a la vez que uno entiende perfectamente sus motivaciones. El escritor muestra sus terribles actos, de una chocante violencia primigenia, pero eso no quiere decir que los apruebe. También Lou ford tiene ramalazos racistas y a nadie en su sano juicio se le ocurriría tachar a esta robusta  obra de racista. Tildarla de misógena es, en mi opinión, algo superficial. Cierto es que las mujeres de sus novelas son tratadas a patadas o algo peor, pero la sociedad tejana de los años 50′, no era precisamente un modelo de progresía y en definitiva, sus “psychos”, que entablan un incómodo y lúcido diálogo con el lector, en el fondo trataban mal a todo el mundo. Lo inquietante es comprobar su ingenio, sus toques filántropos, su amabilidad. Esto lo hace mucho más verosimil y en el caso de “El asesino dentro de mi“, su “villano”, Lou Ford, es toda una joya como personaje.

Thompson ofrece un ácido retrato de la cerril sociedad sureña y una visión negra de la existencia. Va directo al grano con una prosa vigorosa, contundente y no muy elegante ( algo apropiado teniendo en cuenta quien narra la historia ) y lo remata con un final memorable. Es mucho más, con sus ligeros defectos, que una simple e ingeniosa trama criminal. Es el viaje a la mente de un asesino en serie al que es fácil comprender y sentir empatía por él. No es tan famosa como su estupenda “1280 almas”, pero le puede mirar cara a cara.

A thompson se lo llevó el alcohol al otro mundo, fue perseguido por el monstruo de McCarthy, desempeñó todo tipo de oficios y apenas pudo vivir de la literatura. Fue también actor (“Adiós, muñeca“, de Dick Richards ).  A “La huida” de Peckinpah” con guión de Walter Hill habría que añadir el desafortunado remake de los 90′ dirigido por Roger Donaldson, las adaptaciones francesas de su obra con “1275 almas de Tavernier y trasladada a las costa africanas ( al parecer le quitaron 5 almas, ignoro el motivo ), la sobrevalorada “Los timadores” de Stephen Frears.

Más conocida aún fue su colaboración como guionista al lado del mismo Kubrick, irónicamente sobre material ajeno. “Atraco perfecto” tenía su base en una novela de otro escritor de serie negra, Lionel White, y la inmortal “Senderos de gloria” ( “los senderos de gloria no conducen más que a la tumba…” ), su trabajo más comprometido y que fue prohibida en España, Bélgica y Francia ( este país también tiene su lado oscuro y lo demostraban los hechos reales que inspiraron film y novela), partía del único libro del canadiense Humphrey Cobb.

¿Se puede dudar de que Thompson tenía una mente abierta y crítica? ¿Que era la antítesis de sus cerrados y también desgraciados personajes? Y sobre todo, ¿se puede dudar de que fue uno de los grandes?

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“Stark” de Edward Bunker

Al hablar de la obra literaria de Bunker es inevitable hablar de su vida, ya que ambas van estrechamente entrelazadas. Delincuente común durante buena parte de su vida, fue uno de los 10 hombres más buscados por el FBI y el preso más joven en la famosa cárcel de San Quintín. En su posterior carrera en Hollywood, fue actor secundario en películas como “Alguien a quien amar” de Alexander Rockwell, donde coincidió con varios de sus compañeros de su película más emblemática, la magnífica “Reservoir dogs” de su seguidor Quentin Tarantino, un film entre cuyas múltiples influencias estaba la obra del propio Bunker que aqui dio vida al señor Azul, el atracador que menos salía en la película – la famosa secuencia precréditos y en una breve escena donde no abría la boca.

Fue nominado al Oscar por ser guionista de “El tren del infierno” de A. Konchalovsky, un trabajo sin mucho que ver con sus novelas, y fue asesor de varios rodajes, entre ellos el de “Corazón roto” con el recientemente ganador del premio de la academia Jeff Bridges, en un papel bajo la tutela de Bunker, cuyas novelas han dado pie a films como el autobiográficoLibertad condicional” de Ulu Grosbard, con Dustin Hoffman, o el estupendo “Animal factory”, una de las mejores películas de cine carcelario de las ultimas décadas, dirigida por Steve “señor rosa” Buscemi, con Willem Dafoe, Edward Furlong, el propio Buscemi y Danny Trejo, ex compañero de presidio del propio Bunker y habitual en film deRobert Rodríguez, o Rob Zombie, entre otros ( creo recordar que el guión también era obra de Bunker).

Hombre autodidacta y de gran coeficiente intelectual, la vida de este retratista de los bajos fondos de Los Angeles es la vida de un hombre hecho a sí mismo. Un hombre que dejó una, algo breve, obra literaria, donde destaca su libro de memorias “La educación de un ladrón”.

Aunque tardíamente, la obra de Bunker fue reconocida en varios países ( en España no…¡ qué raro! ) y ese reconocimiento se amplió tras su muerte en 2005. En España algunas de sus obras van a ver la luz por primera vez gracias a Sajalín editores. Y por primera vez es editada  la primeriza “Stark”, escrita en la cárcel, novela de raigambre Pulp que ha sido hallado tras su fallecimiento.

Una historia de criminales y de yonkis de poca monta, adelantada a su época ( años 60′) en el tratamiento natural y desdramatizado de éstos, narrada con un estilo sobrio y conciso no carente de cierta elegancia. Refleja con acierto un submundo de depredadores, amorales,  no exentos de calor humano , unos sentimientos, éstos últimos,  que a uno le pueden volver peligrosamente débil, vulnerable.

Su engreido, estafador protagonista, ernie Stark ( al parecer en las antípodas del humilde Bunker ) se las tiene que ver con policías implacables, matones de diversa índole y “femmes fatales” que huyen de los tópicos de las serie negra.

Es una novela apreciable, con un final coherente y remarcable, con la habitual sinceridad del escritor, pero que también resulta intrascendente, por debajo de lo que se esperaba. Hay ciertos toques amateurs y alguna laguna argumental de peso ( que Stark esté retenido con una pistola en su poder y sin que lo registren, no es nada creible)

Con todo es un trabajo que se lee con sumo agrado y que si fuera llevada al cine podría dar lugar a una jugosa serie B o película “indie”, lo más apropiado para su contenido.

Tres apuntes finales: 1.- La foto de la portada, con el propio Bunker, es cojonuda. 2.- El prólogo de James Ellroy confirma que el maestro es más Rock ‘n Roll que la mayoría de Rockeros del mundo pese a que no le interese este tipo de música. Y 3.- El epílogo de Jennifer Steele, compañera de Bunker durante 30 años, es todo un estudio revelador, en apenas 4 páginas sobre la obra y el escritor, un escritor que decía ” Si hay algún tipo de norma que debas seguir, esa es buscar la verdad lo mejor que podamos, a través de los caminos que seamos capaces de encontrar”. Sus libros, carentes de todo tipo de artificio, fueron su singular camino para llegar a su sagrada verdad.

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Reseña de “Zulú” Caryl Férey

“Zulú” es una novela policíaca ambientada en Sudáfrica, ahora en ojo de todos debido al mundial de fútbol. La acción se desarrolla en Ciudad del Cabo, desde los peligrosos townships de Khayelitsha a las playas de Muizenberg. Un recorrido desde las zonas más pobres a las más exclusivas. El autor, el francés Caryl Férey retrata el país con una historia de fondo de tintes de suspense.
El protagonista es Ali Neuman – Ali como el boxeador -, jefe de policía al cargo de un caso importante, el del asesinato de la hija de un jugador de la mítica selección sudáfricana de Rubgy  – léase “El factor humano” de John Carlin – que en 1995 ganó el campeonato mundial, todo un símbolo de unión para un país fracturado. El caso del asesinato de esta chica, Afrikaner – blanca – y de familia muy poderosa economicamente, hace que Neuman tenga una doble sensación: de un lado cree que la justicia debe estar por encima de todo. Justicia contra caos. De otro, le es inevitable mirar hacia atrás y de ver de frente al pasado.
Neuman es duro por fuera, como una roca, pero por dentro está literalmente destrozado. De niño presenció como asesinaban a su padre y a su hermano mayor. Las fuerzas del Apartheid – blancos o negros a sueldo de blancos -fueron las responsables. Él recibió una paliza descomunal que le dejó peor de lo que está dispuesto a reconocer.
La joven Afrikaner hallada muerta, había consumido una droga a base de Tik, y una sustancia por determinar, desconocida. Mientras la investigación se pone en marcha, vamos viendo todos los estratos de la sociedad sudafricana, todas las etnias ( xhosas, zulues, afrikaners… ), la historia del país, desde la guerra de los boers al fín del régimen racista – Apartheid significa literalmente “desarrollo separado” -, que servía de contrapeso a posibles  revoluciones comunistas en la zona, y que no es casualidad que caído el muro de Berlín cayera el propio apartheid. El relato es hábil y te hace creer que este asesinato es solo la punta del iceberg de una sociedad violenta y caótica, que es un homicidio de tintes raciales, cuando en realidad es una cortina de humo para ocultar algo peor.

La novela aqui se torna más sombría si cabe, pasando de retratar una sociedad violenta sin remedioso a poner sobre la mesa una historia conspiranoica, que por conspiranoica parece poco versímil, y que por conspiranoica es fácil que tenga visos de realidad. ¿Quién iba a creer a alguien denunciando una conspiración?. El realto sostiene que el régimen del Apartheid a finales de los años 80 se propuso crear deshacerse de la población negra de un lado con ciertas drogas lanzandolas  al ambiente  ( aire, agua…) sustancias manipuladas de tal forma  que solo afectaran a esta porción, la mayoría en realidad, de la población. Tras 1989, este proyecto fue oficialmente abandonado, pero siguió en la sombra. Ahora lo que se propone este malévolo grupo es crear el super hombre perfecto, inmune a las enfermedades propias del hombre occidental de hoy día – obesidad, inapetencia sexual, impotencia, esterilidad, hastío vital…- y para ello se necesitan cobayas humanas a los que se les inyecta la nueva droga, la cual los vuelve violentos incontroladamente. A estos, para que evitar se vuelvan máquinas de destruirlo todo, también se les inyecta una cepa del Sida, que en pocas semanas acaba con ellos, y de paso con una prueba de que el proyecto existe. En un país con tanto sida, quien iba a sospechar. Las cobayas son niños pobres, yonkis y demás. Nadie preguntará por ellos llegado el caso.
El plan era perfecto, que la droga se distribuya más allá de los suburbios pobres da al traste con la operación. La muerte de blancos hace que la policía, pese a todas las trabas que se encuentra, sospeche. Sólo alguien como Neuman y su compañero, el afrikaner Epkeen, tan dolorosamente lúcidos como para acercarse al fondo del meollo con trágicas consecuencias.
Es aqui cuando Neuman, sediento de justicia, al ver que nada se puede hacer contra esta oscura organización con un pasado manchado de sangre, que con total impunidad campa a su aire, decide hacer justicia y llevárselos a todos por delante, literalmente además. La construcción del personaje está muy bien hecha, y resulta perfectamente creible verlo en esa situación. Él contra todos.
La novela es trepidante. Me ha gustado. Lo que el autor quiere expresar, todos los trapos sucios de Sudáfrica,  si no se quería hacer un ensayo, exigía que fuera llevada a cabo mediante una novela policíaca. Así se aprende bastante de la historia de espe país, con un pesismismo brutal aunque con cierto hilo – hilillo – de esperanza una vez Neuman se sacrifica por todos. Que tenga formato novela de suspense, hace que el final de la misma, sea inevitablemente un final “made in” novela policíaca, con un perseguidor ávido de  hacer justicia y unos perseguidos cada vez más acorralados, pese a lo poderosos que son. Solo se les puede cazar así, en plan justiciero.
Pese al final, más o menos tópico – eso no quiere decir que sea una mala finalización – el resto me ha tenido enganchado

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“Sangre vagabunda” James Ellroy

( Sangre vagabunda, de James Ellroy, tercera parte de la trilogía Underworld)

Primero: las similitudes con las otras dos partes de la trilogía.

Igual que en América y Seis de los Grandes, hay tres personajes principales y tropecientos secundarios. Los principales van de acá para allá cruzando varias veces los EEUU de costa a costa.

También se incluyen informes oficiales, conversaciones del FBI; recortes de prensa.

Y en esta ocasión, en vez de Cuba y Vietnam, hay escenario exótico, pero es Haití y la República Dominicana.

Hasta aquí, las similitudes.

Las diferencias empiezan cuando nos damos cuenta de que en Sangre Vagabunda no hay magnicidio, no mueren los Kennedy ni MLK, por lo que Ellroy puede meterme más de lleno en las motivaciones de los personajes.

Las mujeres, que hasta Sangre Vagabunda, sólo son unos trazos, participan de la trama con toda intensidad. De hecho, ya lo habían hecho antes, como la relación de Wayne Tedrow con su madrastra, o la de Ward Littell con Arden Smith o Pete B con Barbara, pero digamos que en Sangre Vagabuda esas relaciones participan del devenir de la trama tanto como las acciones mafiosas, las revueltas de los negros o las trampas de Nixon.

Otra novedad es que a los documentos anexos se añaden diarios personales. El de un ex poli negro, inflitrado en los Panteras, es genial.

Y en mi opinión, lo mejor de todo el libro, lo más logrado, son las transcripciones de conversaciones entre Dwight Holly y un decrépito Hoover que ha perdido la memoria y también las de Holly con Nixon.

A nivel formal, no es tan escueto ni telegráfico como “Seis de los  grandes”. La voz narradora se acerca de nuevo a la de América.

BARB BONDURANT

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“América” de James Ellroy

Este es el despiadado inicio de la trilogía “underworld” que continúa con “Seis de los grandes” y que Ellroy acaba de cerrar con “Sangre vagabunda”.

Tras el cuarteto de Los Angeles, el escritor, enplena madurez, da un salto hacia delante trascendiendo tanto los límites geográficos como con el género negro en el que se enmarcan sus novelas, realizando un recorrido vigoroso y sumamente inquietante por la trastienda ( las cloacas, más bien) de la política USA de finales de los 50′, principios de los 60′, que culmina con el asesinato de Kennedy.

La revolución cubana, la fracasada invasión de Bahia Cochinos. La mafia de Sam Giancana, Jimmy Hoffa y su podrido sindicato. El enloquecido megalómano Howard Hugues. La i mplacable ascensión al poder de los Kennedy…

Ellroy ya avisa desde el principio: América, al contrario de lo que las muchas miradas revisionistas sostienen de forma ingenua, nunca fue inocente, y el mito del arribista JFK una auténtica patraña. Este es un libro feroz, apabullante viaje por los entresijos de los historia, donde se confunden personajes ficticios con los reales y donde a veces es difícil saber que fue real, y que no. Un viaje donde la crueldad, la violencia y la avaricia son norma común. Una historia de hombres muy pero que muy malvados, con la corrupción como estandarte. Es un gran retrato de las peores paranoias del país que domina el mundo: el anticomunismo, el racismo, la adoración al dinero…

Casi todos se alían con casi todos. Casi todos se enemistan encarnizadamente con casi todos. Depende del momento, de las circunstancias. Lealtades perdurables apenas hay y el amor y la redención propios de Ellroy, tienen aqui una menor presencia

Si Don Winslow zarandea al lector con “El poder del perro”, Ellroy le da directamente una paliza y lo deja conmocionado. Esta es una narración negrísima, rica en cadáveres y atrocidades, en horrores y maldades, en conspiraciones y planes que chocan entre sí.

Ellroy ha creado una novela descomunal, donde las ambiciones casan perfectamente con los resultados, donde nunca se lo pone fácil al lector. Su trama es tan compleja que éste tiene que estar muy atento y crearse sus propios esquemas mentales para no perderse dentro de sus ramificaciones y vericuetos, los mismos que le dan una enorme riqueza y hacen de “América” una obra tan barroca como sólida y coherente.

El maestro vuelve a lucirse en la creación de personajes inolvidables. Personalmente hay tres que me fascinan, especialmente el monstruoso Pete Bondurant, implacable matón, asesino a sueldo que acabó con su propio hermano e incitó el suicidio a sus padres. Una mole física que deja una montaña de cadáveres tras de sí. Por poner una referencia famosa sería como el gran Russell Crowe de “L. A. Confidential” elevado al cubo, más turbio y corrupto, el típico psicópata de Ellroy con sus propios y particularísimos principios y mucho más ambiguo de lo que al principio parece – sí, a pesar de sus cientos de asesinatos -. El segundo personaje es el encantador “aristócrata” y manipulador Kemper Boyd, lo que podría llamarse un agente doble, triple y hasta cuádruple ( trabaja para la mafia, para el FBI de Hoover, para su enemigo – del anterior – Robert Kennedy, para la CIA…), si no fuera porque todo lo hace para sus propios intereses. Alguien que hace continuos malabarismos en el peligroso juego de influencias en el que se ha metido. Y el tercero, el mencionado J. Edgar Hoover, director del FBI, uno de los hombres más tétricos de la historia de EE.UU, cuya inteligencia sólo rivaliza con su crueldad. No hace mucho pudimos verlo en el cine en la gran “Enemigos públicos” de Michael Mann, encarnado por Billy Crudup.

Esta inmensa novela puede contarse entre lo mejor de su autor. Ellroy no es infalible. Él fue el responsable del sobado y previsible, casi autoparódico de la mediocre “Dueños de la calle”, de David Ayer, con Keanu Reeves ( aunque también fue el guionista de la preciable e infravalorada “Dark Blue” del reivindicable Ron Shelton, una historia 100% Ellroy ambientada en los disturbios raciales de Los Angeles de 1992). Pero pocos escritores tienen su poder de penetración, su profundidad, su capacidad para explorar en los secretos más escabrosos de la historia de su país y del ser humano en general e intentar sacar algo de genuina luz de todo ello.

Parece como si sus ojos y su cerebro estuviesen dotados de rayos X. Lo que no entiendo es cómo puede dormir tranquilo siendo tan malévolamente lúcido como es. Claro que si hasta Pete Bondurant se enamora, es que no todo está perdido.

Y esto es “América“: más de 800 páginas nada pesadas de locura y muerte donde queda un mínimo resquicio de esperanza…para los que sobrevivan a tanto salvajismo

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“Seis de los grandes” de James Ellroy

La segunda y aún más devastadora parte de la trilogía “Underworld USA” arranca con el asesinato de JFK en noviembre de 1963 y culmina con los de su hermano Robert y Martin Luther King en 1968.

Aqui Ellroy varía su lenguaje respecto a “América”. A su habitual transcripción de informes, conversaciones telefónicas registradas y secretas, y titulares de periódicos, se une un estilo más simple, minimalista, depurado, basado en abundantes frases cortas, sencillas, lapidarias, que se asemejan a un telegrama. Un recurso chocante que bombardea al lector con continua información y que, en principio, se hace confuso, turbador e incluso un poco superficial, pero cuyo automatismo va calando progresivamente y acaba, por su visceralidad, ya no por convencer al lector, sino por aplastarlo, machacarlo, pese a ciertos toques reiterativos.

Ellroy sigue siendo un monstruo indomable, y “Seis de los grandes” es uno de sus trabajos más vehementes, puro exceso, con sus obsesiones multiplicadas y disparadas al i nfinito. Un libro rico en información. La ametralladora Ellroy en su punto más ágido. Aquí sus habituales dosis de ultraviolencia llegan a alcanzar cotas surrealistas y sus incursiones en Cuba y Vietnam son especialmente alucinógenas.

El escritor parece superarse en ambiciones y en el grado de maldad de sus personajes. Aquí están otra vez el chalado de Pete Bondurant, el manipulador con conciencia Ward Littell, el cerdo racista de J. Edgar Hoover( Ellroy afirma que en la realidad no era, ni por asomo, tan macabro) y presencias nuevas como Wayne Tedrow, alguien que inicia su particular descenso al infierno y a la degradación con la ayuda de su maquiavélico padre. Hay tanta maldad, tal densidad de corrupción, bajeza y mezquindad, que parece casi inimaginable que haya gente así. Gente con cargos oficiales cuyo deber es velar por los demás.

El retrato que Ellroy ofrece de la ultraderecha USA, tan avariciosa, tan implacable, tan arraigadamente racista y llena de prejuicios es tan exagerado como verosímil. Por contraste, los personajes femeninos son un respiro, un alivio. Sin estar exentos de su lado oscuro, resultan ser mucho más que el simple “reposo del guerrero“, si bien, a su pesar, suelen estar a merced de los hombres poderosos. Hay que recordar que Ellroy es un escritor antimachista – ¿hace falta volver a recordar su vida?-aunque superficialmente puede parecer lo contrario, pero tanto por carácter como por principios, las mujeres de sus libros resultan ser lo más parecido a un oasis en el desierto, en un mundo lleno de conspiraciones, dobles juegos y corrupción desmedida.

El fácil perderse en un trabajo tan enrevesado y con capas de tramas y subtramas, pero pese a su no muy prometedor arranque y a alguna laguna impropia del escritor ( en mi opinión no queda suficientemente claro por qué Wendell Durfee vuelve a Las Vegas y comete ese crimen, por muy asesino que sea), Ellroy ha vuelto a hacer otra gran novela, una visión alucinógena, regada en alcohol y drogas, de toda la porquería que resulta ser la historia oculta de USA. La historia de verdad, un auténtico puñetazo al cacareado, podrido sueño americano.

No llega a ser una obra tan grande como “América” pero es otra muestra, gran muestra, del desbordante y salvaje talento de uno de los escritores más personales de la actualidad

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