Archivo de la categoría ‘Literatura histórica’
Un mundo sin fin (2007) – Ken Follett ( 1949)
Un mundo sin fin (2007) – Ken Follett ( 1949)
Un mundo sin fin es la continuación de “Los Pilares de la tierra”, novela de ficción histórica.
El relato sigue en la misma ciudad de Kingsbridge pero 200 años después. Los personajes son descendientes de los protagonistas de la primera novela. Situada en el año 1327 en plena época medieval, la ya conocida catedral fue restaurada varias veces desde su inauguración, es mas ahora hay un convento compartiendo sus paredes.
Los personajes centrales son cuatro niños: Gwenda, Ralph, Merthin y Caris. A través de ellos se va desarrollando la historia que recorre varios años de sus vidas, entre encuentros, desencuentros, secretos, amor y anhelos. En paralelo la historia del País donde viven, con sus luchas por el poder, entre guerras y hambrunas, aparece la quinta protagonista que es “La peste negra”, enfermedad que asoló por muchos años esa época de nuestra historia.
El ingrediente fundamental de esta narración sigue siendo la catedral y el poder que puede otorgar a quien la dirija, pero ahora están las monjas que al parecer tienen más dineros que el propio Prior.
La leí a continuación de los Pilares…, y no me defraudó para nada. Ken follett una vez más demostró que puede regalarnos mucho tiempo de disfrute leyendo sus novelas!
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La mano de Fátima – (2009) ILDEFONSO Falcones (1958)
La mano de Fátima – (2009) IIdelfonso Falcones (1958)
La mano de Fátima es un relato maravilloso. Leerlo será un placer para aquellos que les gusta la historia novelada.
La narración está ambientada en 1568. Los moros que se hallan en las Alpujarras granadinas en la Andalucía del siglo XVI, viven en continuas disputas con los viejos Cristianos. Los últimos quieren imponer su religión por la fuerza y la brutalidad. Lo que a la larga conlleva a una revuelta cruel y sanguinaria. Es aquí que nuestro protagonista Hernando desarrolla su vida. A pesar de sus 14 años debe enfrentar con valor el destino que le toco en suerte. Llegó al mundo fruto de una violación, llevada a cabo por un cura. Su madre Aisha, es mora, por eso es rechazado por unos y otros ganándose el apodo de Nazareno.
Página a página nuestro amigo nos arrastra a vivir su vida, y la de sus congéneres. A esta novela no le falta nada para que nos entretenga hasta la última hoja.
Su creador demuestra un amplio conocimiento de una época, en la que España es sometida a luchas desiguales entre dos pueblos con diferentes religiones.
Me gustó mucho este libro y a continuación leí La Catedral de Mar (2006), no me equivoqué en mi elección. Que lo disfruten.
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Quo Vadis – Henryk Sienkiewicz (1846-1916)
Quo Vadis – Henryk Sienkiewicz (1846-1916)
Los libros novelados e históricos son mi pasión, aunque no todo en ellos se ajuste a lo que realmente pasó, de alguna manera nos conectan con esa parte de la historia que no conocemos del todo.
Quo Vadis es una magnífica obra escrita, en mi caso yo primero vi la película (perdí la cuenta de cuantas veces la disfruté). Luego quise conocer el libro y me lo compré, y en algunas tardes de verano lo leí con pasión, buscando en la trama a cada personaje para de alguna manera compartir su historia.

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“YO, CLAUDIO” ROBERT GRAVES
ROBERT GRAVES
Para todo aquel lector o lectora que quisiera iniciarse en el conocimiento de la Historia Clásica, sobre todo, en lo referente a la Roma Imperial, a la Grecia Clásica o al Egipto Antiguo, recomendaría, a mi modesto entender, que se leyese y disfrutase de tres joyas literarias ambientadas en esa época: Sinuhé, el egipcio, de Mika Waltari, Los Mitos Griegos, de Robert Graves y Yo, Claudio, también de este autor.
Quién iba a decir que “Claudio el Idiota”, “Ese Claudio”, “Claudio el Tartamudo” o “Cla-Cla-Claudio”, o cuando mucho, “El pobre tío Claudio”, como así le llamaban sus familiares, al que mantenían apartado de los cargos y honores públicos que le hubiesen correspondido por su nacimiento, iba a ser uno de los emperadores bajo cuyo reinado el Imperio Romano atravesó su periodo de mayor expansión tras la época de Augusto. Sus defectos físicos –era cojo, tartamudeaba al hablar y tenía algunos tics nerviosos- hicieron que sus familiares lo tomasen por un caso perdido, y fuese maltratado y despreciado.
Pero Claudio se aprovecha de esta exclusión y dedica todo su tiempo a leer e instruirse, algo que le reportará grandes herramientas para escribir sus propios tratados de historia y este alejamiento le librará de las purgas que la propia familia efectuaba entre sus componentes, que aun despreciado por su abuela Livia, Claudio procuraba no llevarle la contraria, igual que a su tío Calígula, salvándose de ser eliminado, como tantos otros miembros familiares.
“ Yo, Tiberio Claudio Druso Nerón Germánico Esto-y-lo-otro-y-lo-demás-allá (porque no pienso molestarlos todavía con todos mis títulos) que otrora, no hace mucho tiempo, fui conocido…” Así comienza la supuesta biografía de este emperador, que nunca quiso serlo, y digo supuesta porque es una historia novelada de su vida escrita por Robert Graves. Esta escena la interpreta, de forma magistral, el actor británico Dereck Jacobi, en la miniserie producida en el año 1976 por la BBC.

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“Sinuhé el egipcio” Mika Waltari
Leer a Sinuhé, el egipcio, es como un viaje por el tiempo al Egipto de los faraones, es conocer el Imperio Nuevo y también al “padre Nilo”, pues de él depende la pobreza y la riqueza de los que viven en su entorno, porque es la vida para los egipcios pero también es la muerte porque si sus aguas discurren tranquilamente por su cauce los habitantes que pueblan las villas a ambas márgenes del río están salvados y podrán alimentarse pero si inundan los valles, la cosecha se estropea y pasarán hambre.
Parece ser que el protagonista debe su nombre a un cuento de un antiguo texto egipcio conocido como la Historia de Sinuhé, aunque esta historia es anterior a Akenatón.
Mika Waltari es el autor de esta preciosa historia escrita en primera persona, dividida en quince libros, con la particularidad de que el narrador es conocedor de los hechos que en ella se relatan. Escritor de origen finés (Helsinki, 1908-1979) es el más conocido de su país. Sus obras han sido traducidas a casi todos los idiomas. Su primera novela es La gran ilusión, un documento sobre la juventud urbana de los años del jazz. Escribe también, en forma de crónica, una novela de viaje, El tren del hombre solitario. Otras obras históricas conocidas, entre otras, son El Etrusco; Marco, el romano o Lauso el cristiano.
La figura principal de la novela es el propio Sinuhé, no los faraones y los dioses que en ella aparecen, que la escribe desde su exilio en la Ciudad del Horizonte de Atón, enviado allí por el faraón Horemheb pues temía que hablase de más y le traicionase “Yo, Sinuhé, estoy hastiado de la mentira. Por eso escribo para mi solo lo que he visto con mis propios ojos o comprobado como verdad … Porque el hombre que escribe vive con la esperanza de que sus palabras sean leídas y que la posteridad glorificará sus actos y su cordura. Pero no hay que elogiar en mis palabras; mis actos son indignos de elogio, mi ciencia es amarga para el corazón y no complace a nadie… Los hombres no repetirán mis palabras para enriquecerse con mi saber. Porque he renunciado a toda esperanza de ser leído o comprendido”. (pág. 6).
Quiere ser médico, como su padre, Senmut, aprendiendo un oficio de esa época, el de trepanador (se creía que el origen de muchas enfermedades estaba en el cerebro), que era poco motivador. También aprende a embalsamar cadáveres. Pero era un hombre inquieto y deseoso de seguir conociendo nuevas técnicas curativas, pues no le bastaba con que le dijeran que las cosas se hacían porque así estaba establecido. Emprende, entonces, un viaje por las civilizaciones del Próximo Oriente, siempre acompañado de su esclavo y amigo Kaptah. En los países por los que viajó nos cuenta todo sobre ellos, cómo era la vida de sus gentes, sus culturas, sus religiones, su medicina. Él aprendió nuevas técnicas curativas y les enseñó lo que él ya sabía.
En Siria se encontró con su amigo y ahora general Horemheb que le propuso unirse a sus tropas como médico en su lucha contra los khabiri. Dada su condición se le propone ser espía y así podría hablar y escuchar a los demás sin que desconfiaran de él. Fue el encargado de negociar la paz con el rey Aziru y de vigilar a los hititas porque tenían pensado subir al trono egipcio a uno de los suyos.
Llegó el momento de regresar a Tebas pero se encontró con una ciudad distinta, con un nuevo dios, Atón, que ocasionó muchas desgracias a los egipcios y enfrentamientos entre los partidarios de Amón y los de Atón.
Ambientada en el llamado Imperio Nuevo o segunda época tebana su vida se desarrolla a lo largo del reinado de cuatro faraones: Amenhotep III, Amenhotep IV, más conocido como Akhenatón, Tutankamon y el general Horemheb.
En la novela de Waltari destaco la importancia de dos libros, el libro cuarto y el libro quince, en los que se narran las desgracias que marcan la vida del protagonista e influyen en su personalidad.
También quiero resaltar dos coincidencias con la novela por excelencia de la Literatura española e incluso universal como es El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha. Pues uno, que se la ha leído dos veces, queda sorprendido por esas similitudes, como son las características quijotescas de amo y criado, por así llamarlos y el libro sexto, dedicado a la jornada del falso rey que me recuerda a cuando se nombra a Sancho Panza gobernador de la ínsula de Barataria. ¿Habría leído el autor la obra cervantina al ver cómo retrata a Sinuhé, altruista e idealista (don Quijote) y a Kaptah, que vela por los intereses de su amo y tiene ciertas notas de humor.?.
El autor en su obra utiliza un lenguaje sencillo, nos muestra el pensamiento de Sinuhé a lo largo de ella “ Que el que ha vivido en Tebas aspire a volver a Tebas porque en el mundo no existe ninguna otra villa como ella. (pág. 8). Nos describe de una forma magistral la época en la que se desarrolla toda la historia. Se ve claramente cómo Waltari se documentó para hacernos vivir el Egipto de los faraones, de la mitología, de tal forma que parece que el tiempo nos ha transportado hasta el siglo XIV a. d. C. Y nos retrata muy detalladamente las civilizaciones por las que viaja nuestro personaje.
A pesar del ritmo lento de la novela, su lectura nos atrapa, aunque a veces nos resulte algo espesa por las continuas descripciones, que algunas se podrían omitir, pero el autor cree indispensable incluirlas para darle más realismo a la obra. Para quien le guste el tema de la egiptología es recomendable su lectura.

Título original: Sinuhe, Egyptainen
Traducción de Manuel Bosch Barret
Encuadernación en tapa dura.
Plaza & Janés, S. A.
RBA Editores S.A.
ISBN: 84-473-0194-X
Reseña originalmente aparecida en NOVILIS
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“LA CAÑONERA 23 DOS GUARDIAMARINAS EN ÁFRICA” LUIS DELGADO BAÑON Ed. Noray
Por ARIODANTE
LA CAÑONERA 23
DOS GUARDIAMARINAS EN ÁFRICA
LUIS DELGADO BAÑON
Ed. Noray, 2010
Es ésta la segunda edición revisada de la -a su vez- segunda novela de la serie que conforma la Saga Marinera Española, donde los protagonistas son las familias de los Leñanza y los Cisneros, ligadas en principio por lazos de amistad y por familiares después. Si en la primera novela, La galera Santa Bárbara, conocimos la historia y aventuras del primer Francisco Leñanza, apodado Gigante por sus compañeros dada su fornida y robusta complexión, en esta segunda entrega es su primogénito, que ostenta tanto su mismo nombre como su apodo, por ser su físico una repetición del paterno, el que nos cuenta, desde su madurez, la historia de cómo llegó a acceder a la posición actual en la Marina Real, procediendo como procedía de un origen humilde y de tierra adentro.
El autor se ha propuesto el ambicioso proyecto de narrar la historia de la Armada española desde la segunda mitad del siglo XVIII hasta la Guerra Civil de 1936, intentando mantener, dentro del marco de la novela de aventuras, el máximo rigor histórico y marinero posible.
Luis Delgado Bañón, (Murcia, 1946), es capitán de navío y escritor. A los dieciséis años ingresó en el Cuerpo General de la Armada y desde entonces ha estado vinculado al mar, siendo capitán de navío durante más de trece años. En agosto de 1963 y tras la necesaria oposición, ingresó en la Escuela Naval como Aspirante de Marina. Posteriormente pasó por los empleos de guardiamarina, alférez de fragata, alférez de navío, teniente de navío, capitán de corbeta, capitán de fragata y, por fin, en 1996, capitán de navío, que equivale en el Ejército al empleo de coronel. Es delegado del Instituto de Historia y Cultura Naval en el Mediterráneo, y actual director del Museo Naval de Cartagena.
Corre el año 1781. España y Francia están en guerra con Gran Bretaña, que a su vez lo está con las colonias de América. Menorca, sometida a una gran presión naval, está a punto de volver bajo el dominio español; Gibraltar, en manos británicas desde 1704, sufre el bloqueo de la flota española por mar y el acoso por tierra. Los esfuerzos de Leñanza padre para conseguirle al hijo un puesto –hasta el momento, reservado a la nobleza- de Guardiamarina, son complicados y dolorosos, pero consiguen su objetivo, y Francisco Leñanza comienza su andadura en la Academia Naval de Cartagena.
En la Academia, el aprendiz de guardiamarina Leñanza conoce al que va a ser su mejor amigo y compañero de aventuras, así como el que en parte va a decidir su futuro: Santiago Cisneros, un jovencito de aspecto aún infantil, dos años menor que Francisco, de cara pecosa y espíritu bullanguero y entrometido, con la altanería que da el ser el heredero del Duque de Montefrío y haber recibido educación y maneras nobiliarias desde su más tierna infancia. Gigante, ya apodado así entre sus compañeros, se convierte en el protector de Pecas, que es el apodo recibido por Santiago.
Hasta la mitad del libro vivimos su aprendizaje marino y su creciente relación amistosa que culmina en unas vacaciones en el castillo que la familia Cisneros posee en Cehegín (Murcia). Y aquí aparece el tercer protagonista, femenino en este caso: la hermana de Santiago, la dulce y bella María Cristina, de la que Francisco, con sus diecisiete juveniles y fogosos años, cae prendado al instante.
En la segunda parte del libro comienza la verdadera acción: hacia la mitad del curso, el general Antonio Barceló interviene para requerir la colaboración del cuerpo de guardiamarinas. Por necesidades de la guerra ha de cubrir las plazas en las cañoneras ideadas por él mismo y que están siendo utilizadas para hostigamiento de la flota británica, al modo de guerrilla marina, con magnífico resultado y por consiguiente, aumentando la cantidad de lanchas y las necesidades de personal. Nuestros jóvenes héroes se presentan voluntarios inmediatamente, claro.
Y a partir de este momento la aventura es continua: son trasladados a Cádiz, entrenados intensivamente en el gobierno y manejo de las cañoneras, y comienzan las acciones de sangre y fuego, acometidas por los jóvenes con ardor patriótico y la inconsciencia de la inexperiencia y la corta edad. Se produce un naufragio, los supervivientes aparecen en las costas africanas, son hechos prisioneros por el moro, pasan apuros y agobios pero consiguen salir adelante, con la ayuda de otro personaje que será en adelante incorporado a los habituales, como fiel ayudante de Francisco: el negro Setum.
El ritmo va in crescendo en la parte final y seguimos, casi sin aliento, las aventuras de los protagonistas, que de jóvenes inexpertos y juguetones, dan en breve lapso de tiempo el salto hacia la edad adulta, encarando las dificultades como verdaderos hombres, a pesar de su aún corta edad. En los capítulos finales, vivimos con Gigante fuertes situaciones emocionales contrapuestas, que nos hacen sentir emoción y gran interés.
Respiramos ardor guerrero hispánico en esta lectura. Se traslucen, inevitablemente, los años de profesión marinera del autor: no sólo admiramos la documentación, sino el amor al trabajo y la dedicación, así como ese profundo conocimiento que da la experiencia vivida durante muchos años y que es el alma de una buena novela.
El autor combina muy bien la parte propiamente histórica con la novelesca. En ningún momento la novela deja de serlo, aunque tiene, sobre todo en la primera parte, algún tramo algo lento en cuanto a las explicaciones más técnicas que los guardiamarinas reciben en su aprendizaje, y también, en las necesarias digresiones sobre la historia naval y la situación política del momento. La edición incluye algún mapa, lo que es de alabar, y un par de imágenes de las cañoneras, además de notas a pie de página aclaratorias de términos marineros o palabras arcaicas.
Ariodante
Share“LA FLOTANTE SAN CRISTÓBAL” LUIS DELGADO BAÑON Ed. Noray
POR ARIODANTE
LA FLOTANTE SAN CRISTÓBAL
Ed. Noray
Tercera entrega de la serie Saga Marinera Española, en su reedición con nueva editorial, que poco a poco irá sacando a la luz cada tomo de la primera parte hasta unirse con los ya publicados, del 12 en adelante. Luis Delgado (Murcia, 1946), capitán de navío y escritor, continúa su encomiable tarea de relator de los hechos –muchas veces penosos y dramáticos- de nuestra historia naval desde el siglo XVIII, a la vez que avanza con la vida del joven marino Francisco Leñanza y su inseparable amigo Santiago Cisneros. La edición incluye varios mapas, extraídos del Archivo General de Simancas y del Museo Naval, en el que vemos las posiciones de la batalla que se nos narra y la estructura de esos curiosos “artefactos flotantes”.
Tras La galera Santa Bárbara y La cañonera 23, esta nueva novela tiene una cierta peculiaridad: una gran parte de ella está narrada por Santiago, Pecas, el amigo y fiel compañero de andanzas y aventuras de nuestro héroe. La otra parte está, lógicamente, construida con la narración y el protagonismo de Francisco Leñanza, Gigante. Tras convertirse ambos en los llamados “muchachos de Barceló” por su comportamiento heroico con las cañoneras en la novela anterior, los dos amigos mantienen una fuerte ligazón con el jefe de escuadra Barceló, conocido por su franqueza y a veces demasiada familiaridad y lenguaje algo más agresivo de lo acostumbrado en los altos mandos de la Armada. Y al ser Francisco su asistente personal, asistimos con sus ojos y oídos a las batallas verbales de los consejos de guerra y nos enteramos de los problemas y conflictos que formaron el mar de fondo y que llevaron a la tremenda derrota del verano de 1782 ante el Peñón.
Prácticamente la mitad de la novela se ocupa de pintarnos el desolador panorama de la conflictiva relación entre Ejército y Armada, e incluso dentro mismo de la Armada, las diversas opiniones y desacuerdos, que llevaron desgraciadamente a la España imperial a tan cuantiosas pérdidas. Pero no sólo se trata de las pérdidas de territorio, por mucho que pueda doler que una parte de la Península española, aunque sea mínima, esté ocupada -por la fuerza- por otra potencia. Se trata de la inmensa cantidad de vidas humanas que se sacrificaron para nada. Porque murieron muchos jóvenes en la flor de la vida en unas acciones desesperadas, mal planificadas y mal dirigidas. Y de esto sabemos por boca del entonces jefe de escuadra Barceló, que se desgañita tratando de que prevalezca la racionalidad en vez de los continuos intereses personales, los politiqueos y las luchas por el poder, a despecho del interés patriótico. Así nos fueron las cosas. De aquellos polvos, estos lodos.
La acción propiamente dicha no comienza hasta la mitad del libro, donde tiene lugar la batalla contra el Peñón, acción combinada de tierra y mar. En el mar, la acción corre principalmente a cargo de las diversas “flotantes”, suerte de embarcaciones sin apenas arboladura y convertidas en simples portadoras de cañones, todos localizados en la misma banda o barlofuego, con el consiguiente desequilibrio del barco, y la necesidad de ser ayudado en los desplazamientos y ser un peligroso polvorín si no se mantenía el riego de agua constante, con el agravante de que, al tener mayor peso, su línea de flotación subía y su casco podía embarrancar si se acercaba demasiado a tierra –y si no se acercaba, los proyectiles no cubrían la trayectoria esperada.
Esta batalla fue el tercer intento frustrado de apoderarse de Gibraltar por la fuerza, mientras duraba la guerra entre España (con Francia como aliada) e Inglaterra. Las explicaciones previas, necesarias pero algo largas, y en algunos momentos un poco tediosas, por la ausencia de la trama novelesca, hacen que la novela discurra un tanto lenta en su primera parte, aunque la información que nos brinda nos ayuda a comprender mejor las razones del desastre. La competencia y rivalidad entre el duque de Crillon, el teniente general Luis de Córdoba, y el jefe de escuadra Barceló y otros más, producen un guiso cuyo resultado sigue siendo que en el Peñón ondee la Union Jack y no la bandera española. Luis Delgado pone estas palabras en boca de un enfurecido Barceló: “Dos generales españoles en una reunión importante es lo mismo que decir dos opiniones diferentes y encontradas. Pero si la decisión ha de ser tomada entre seis u ocho pares de gloriosos entorchados, en ese momento se produce el gallinero del infierno, con el terrible inconveniente de que nadie es capaz de poner un solo huevo.” (pág. 107)
Ahora bien, a partir de esta catástrofe histórica, el autor retoma el hilo de sus personajes de ficción y tiene lugar otro tipo de acción, ya más literaria y siguiendo las relaciones y los problemas, las angustias y las emociones de los protagonistas de la historia de ficción. Y, quizás para compensar la lentitud anterior, esta parte se nos revela como intensísima, tanto en movimientos como emocionalmente.
Francisco Leñanza ocupa su puesto en la Flotante San Cristóbal, al mando del capitán de fragata Federico Gravina. Tras la terrible batalla naval, el protagonismo pasa de Francisco a Santiago, que desde tierra sigue, al lado de Barceló, los movimientos de la flota; la intervención inesperada de su hermana Cristina, y la familia Cisneros echa más leña al fuego. El fiel Setum tiene una colaboración importante también, y en fin, disfrutamos de una serie de idas y venidas que leeremos de un tirón. Nuestros personajes se ven envueltos en una serie de complicaciones y de situaciones dramáticas, y el autor nos mantiene en tensión a la espera de una solución que se intuye pero que no llega hasta el último momento. Aunque algo descompensada en cuanto a la narración propiamente dicha, el autor sabe retomar la atención del lector y atraparlo en la trama, dejándonos a la espera de la siguiente entrega con interés renovado.
Ariodante
Abril 2011
Share“LA CARRERA DEL TÉ” VICTOR SAN JUAN Ed. Noray
Por ARIODANTE
LA CARRERA DEL TÉ
VICTOR SAN JUAN
Ed. Noray, 2010
Víctor San Juan (Madrid, 1963) es ingeniero, capitán de yate, y autor de varias novelas. Ha participado en regatas tanto en el Mediterráneo como por el Atlántico, navegado en veleros y se considera un gran admirador de los autores clásicos que de algún modo han tocado el tema marino: Conrad, Melville, Pla, Galdós, y Kipling. Tiene publicados varios libros: Soy capitán, Memorias de Trafalgar, y el presente texto. Ganó el premio Nostromo en 2001.
Las famosas carreras del té (Tea Races), eran aquellas en las que los clippers, barcos muy ligeros que, coexistiendo ya con los navíos a vapor, competían todos los años para llevar a Inglaterra, hasta las teteras reales y de toda la población, los primeros cargamentos de té del año. El primero en llegar era premiado con una libra esterlina por tonelada descargada, y el capitán del barco ganador recibía un jugoso porcentaje. Concretamente, en el año 1886 hubo una carrera con un emocionante final, en el que el clipper Taeping estuvo disputando con su homólogo Ariel hasta el último momento, llegando casi a la vez.
Ocurría que, en la provincia de Fujian, frente al estrecho de Taiwan, se recolectaba el té dos meses antes que en el resto de China, en mayo y junio, lo que facilitaba a los barcos que cargaban tan codiciada planta un adelanto a los monzones, -que soplan en julio y agosto- y por tanto una más feliz navegación por aguas chinas y malayas, garantizando un más rápido retorno. En el Fondeadero de las Pagodas, en Fuzhou (capital de Fujian), se reunían los clippers a la espera que los sampanes llenos de té fresco fueran bajando a lo largo de cien millas por el rio Min, en cuyas riberas se cultivaban las plantaciones de té. El fondeadero bullía como un hormiguero en las fechas de embarque de las cajas de té en los barcos. Carga lenta y minuciosísima, ya que el producto debía ir suficientemente aislado para no enmohecerse y perfectamente estibado para no desestabilizar el clipper, barco muy ligero y rápido pero también algo inestable. Salir a mar abierto suponía también pericia y suerte, debido a las peligrosas corrientes, muy tornadizas, por lo que era necesario un práctico que guiase a cada navío.
La presente narración se inscribe en este marco. Inspirado en parte en aquella disputada carrera, el autor nos cuenta en este relato una mezcla de competición marinera con ingredientes que le dan un toque de misterio, de intriga y de casi persecución policíaca; los marinos no sólo compiten entre sí en su anual batalla contra el tiempo y la naturaleza para llegar puntualmente a llenar la tetera real, sino que otros factores desconocidos, el recuerdo de otros barcos y sobre todo, el fantasma de unos asesinatos no castigados, planea sobre los tripulantes y los capitanes de los principales participantes de la carrera. El recuerdo de Conrad es aquí inmediato. No podemos evitar recordar el Patna y al torturado capitán de Lord Jim; como también evocamos al capitán de la abarrotada nave en Tifón, así como al confuso y culpabilizado Almayer.
El autor desarrolla un juego de nombres y de suplantación de identidades en este relato que en algunos momentos resulta algo confuso, sobre todo porque los combina con nombres chinos, lo que al lector occidental pueda trastornar en su seguimiento. Tiene, sin embargo, muy buenos momentos de maniobras marinas, en los que casi sentimos las salpicaduras de agua salada en la cara y escuchamos las gaviotas chillar y el viento inflando las velas. Y el mayor mérito que le veo es el de recrear el ambiente de las carreras del té y los clippers, para un público que quizás desconoce aquellas competiciones y aquellos retos marineros.
Febrero 2011
Share“Reconstrucción” de Antonio Orejudo
¡¡La cantidad de novelas buenas, yo añadiría que muy buenas, que se pierden en las estanterías de las librerías sin que nadie las compre, al lado de otras con gran publicidad que no son a veces ni entretenidas.!!
“Reconstrucción” a mi personalmente me gustó mucho. Narra la vida de Bernd Rothmann, protegido del obispo de Münster a principios del siglo XVI. Rothmann verá en la iglesia de Roma la base de la podredumbre del mundo y a su vuelta traicionará a su protector y encabezará una revuelta para revertir la situación religiosa, pero también claro está política- tendrá cierta sensación de ser utilizado-. Es una época en el que el catolicismo comienza a agrietarse, Lutero, y las reformas protestantes cogen cuerpo. El pueblo llano verá en esas reformas una salida a su miseria. Pero de eso nada de nada, claro. Todo acabará en la masacre de Münster de 1535. Otra más.
Nuestro protagonista, huido y proscrito, cambiará de nombre, de oficio-de predicador a impresor-. Pero ahi viene la grandeza de la novela, han cambiado más cosas en él. Su visión del mundo ya es otra, su corazón ya no alberga ideas utópicas que, ahora lo sabe, sólo encierran falsos intentos de cambiar las cosas. Un mar de muertos a cambio de nada.
Rothmann entenderá que no hay que aferrarse a ideas. Lo que hoy defiendes con vehemencia fanática, mañana rechazarás con la misma fuerza. Tras una idea, por muy justa que sea, se enconden una serie de pasiones humanas cargadas de intereses personales e ideas preconcebidas, que la acaban por convertir en la más mortíferas de las armas.
La unica solución posible: hagamos el humor unos con los otros. Rothmann, desde su posición de impresor de libros, encontró una forma de hacerlo. ¡Y bien ingeniosa!
Share“La fragata Andorinha” Luis Delgado Bañón ( ed. Noray )
Por ARIODANTE
La fragata Andorinha
Luis Delgado Bañón
Ed. Noray
Luis Delgado Bañón (Murcia, 1946) es capitán de navío y escritor. En anteriores reseñas se ha hablado de su trayectoria. Dedicado desde hace años al ambicioso proyecto narrativo sobre la historia de la Armada española desde la segunda mitad del siglo XVIII hasta la Guerra Civil, en la serie de novelas que componen la Saga Marinera Española, el autor intenta mantener, dentro del marco de la novela de aventuras, el máximo rigor histórico posible. Para ello se ha documentado exhaustivamente y cotejado en archivos y bibliotecas toda la información que utiliza para sus narraciones. Incluso ha rescatado del olvido numerosos lances vividos por la Marina que permanecían desconocidos al público.
Decimoquinta entrega de la serie, y protagonizada por el recién ascendido a brigadier Santiago Leñanza, La fragata Andorinha es una magnífica novela de aventuras, en la que el aspecto histórico de la guerra franco española queda en segundo plano y desarrolla ampliamente la parte aventurera y la ficción con una narración bajo los cánones clásicos de la novela decimonónica, Stevenson, Salgari, Verne, Sabatini…navegamos por los mares del Sur, entre Mozambique y la isla Reunión, y nos las tenemos que ver con piratas, negreros, raptos, venganzas, asaltos, naufragios, etc., un barco que gobernar y un tesoro que recuperar. Todos los ingredientes que, bien combinados, hacen que una novela eche chispas en nuestras manos y la leamos en un continuo arrebato.
Mientras su cuñado Beto, compañero de otras aventuras y misiones en la mar realiza una misión en la Plata, por tierras indianas (que podemos leer en El queche Hiena) Santiago Leñanza retorna a Cádiz, donde tiene lugar una desgracia familiar que le deja moralmente hundido. El general Valdés, su superior y sin embargo amigo, consigue una misión para él, a bordo de su fragata, la Proserpina. Una misión que se sale de las rutas habituales para los barcos españoles de la época: el Índico. Zona de portugueses, holandeses y británicos, con la inevitable presencia francesa en disputa de territorios por la guerra, no es conocida por Leñanza, que ha de investigar con cartas marinas y mapas, las posibilidades de movimiento.
Una fragata portuguesa, la Andorinha, ha cargado una inmensa cantidad de caudales procedentes del virrey de Nueva España, que, atemorizado por los movimientos independentistas prefirió embarcarlos a pesar de que la tal fragata, comandada por un dudoso capitán Silveira, tenía una derrota larguísima antes de su prevista arribada a tierra española. Aun así, el tiempo calculado para esa llegada pasa y pasa y de la fragata no se sabe nada. La misión de Leñanza es averiguar su paradero y por supuesto, el de los caudales destinados a la corona española. Averiguarlo y recuperarlos, a ser posible. Corre el año 1813.
El trayecto hacia el sur, bordeando la costa africana, se ve “amenizado” por diversos incidentes, uno de ellos el naufragio de un barco cargado de viajeros, al que se ven imposibilitados de socorrer y que se hunde ante sus ojos. Otra de las diversiones es el encuentro con un buque negrero.
Cuando finalmente llegan a Mozambique, a bahía de Delagoa, ven el asunto casi solucionado. Pero las cosas se tuercen y el atildado capitán Silveira es un mal bicho que se les escapa entre sus manos, por lo que han de emprender una persecución implacable a través de aguas orientales para conseguir tras grandes esfuerzos, hacerse dueños de la situación. Primero hacia Sofala, luego hacia la isla La Reunión, con vientos contrarios y mar gruesa, avanzan valientemente. La intervención del joven Marco, hijo de Silveira, es de una ayuda fundamental, así como la de su fiel Aldo Neves, al mando de la goleta Capital. Aunque el joven requiere una condición que han de cumplir y que cumplen gustosos; y las cosas van volviendo a su cauce luego de muchas inquietudes y acciones valerosas, no exentas de sorpresas al final.
Más personajes, como el segundo oficial de la Proserpina, Romarate, el fiel criado Okumé, conocido como la sombra de Santiago, y famoso por sus guisos y adobos, el caballero Mascari, el teniente de fragata Orcajo, y otros, cumplen su papel airosamente, siendo interlocutores necesarios de Leñanza, y representando un gran apoyo en momentos críticos. Los personajes femeninos, que en esta obra hay varios, con sus luces y sus sombras, incluso alguno de terrorífica visión, ponen el contrapunto adecuado.
En suma, una novela muy equilibrada en su ritmo de acción, ambientes exóticos y personajes atractivos, narrada con el lenguaje habitual del autor, muy directo y llano, sin exagerar la jerga marinera, y que se puede leer sin necesidad de haber leído antes ninguna otra novela de la serie. A la edición se le echa en falta algún mapa, carencia que viene siendo, desgraciadamente, muy usual, aunque en posteriores entregas de la serie empieza a verse solventada.
Agosto 2010
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