Archivo de la categoría ‘Literatura en lengua no española’

“El poeta asesinado” Guillaume Apollinaire

Barataria publica esta enigmática obra de Apollinaire, un pequeño y vibrante libro que conjuga las formas de la novela, del relato corto y hasta de la poesía, en una narración rupturista y aún hoy  día original, que huye de toda forma de encorsetamiento en beneficio de esa libertad que anhelaba su autor. Una libertad no sólo literaria, sino que trasciende lo escrito para reivindicarse en la propia vida, ante una sociedad gris, aburrida y opresora que sumergió a Europa en la I guerra mundial.

Canto al amor, a la pasión desaforada que conlleva continuos tormentos, e incluso a esa naturaleza de la que el francés parece rehuir en la breve entrevista incluida en el libro, “El poeta asesinado”, editada por primera vez en 1916, año en el Apollinaire cayó gravemente herido, ya avisa, solapadamente, del horror de la contienda en un mundo en que los poemas y las canciones son prohibidas, la gente se comporta como una auténtica chusma descerebrada y seres tan mediocres y astutos como el alemán Tograth o el predicador que aparece brevemente, parecen imponerse al torturado protagonista o a esos inusualese irreverentes monjes que le acogen.

Y pese a todo, con ese clímax impactante, este es un libro hermoso y alegre donde las fuentes hablan, lo mismo que los muertos, en el que aparece disimulado Picasso y el alcohol corre, festivamente, en cantidades industriales.

Con toques anticlericales, Apollinaire también dotó a su breve obra de una gran ironía y un puntual pero desternillante sentido del humor, como cuando afirma el predicador:“El pedo dilata el bazo y expulsa a Satanás de los rincones donde se esconde, y es así como los padres del desierto lograban exorcizarse a sí mismos” ¡ Aprende padre Karras!

Como es un libro cortito no quiero explayarme para no destripar el argumento y las sorpresas que este trabajo posee en abundancia, y sólo añadiré que “El poeta asesinado”, obra surreal donde las haya y no del todo inteligible racionalmente ( y esto no es una crítica ), tiene un lenguaje barroco y suntuoso, acorde con la celebración de la vida, y contiene la descripción de la moda más delirante y deliciosa que he leído en mi vida.

Por desgracia en el mundo siguen gobernando y ganando los Tograth de turno ( y aún son cada vez más ignorantes y despreciables ) sobre los creadores, que aqui tienen su personificación en ese personaje llamado exóticamente Croniamantal.

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“Las golondrinas de Montecassino” Helena Janeczek

Aún quedan por contar muchas, demasiadas, historias de la II guerra mundial alejadas de las versiones oficiales instauradas por tantos historiadores maniqueos y políticamente correctos, y este libro de Janeczek, editado por Tusquets, es una buena muestra de ello. Que venga con la garantía de Roberto Saviano ya dice mucho en su favor.

Montecassino fue una de las más cruentas batallas del frente italiano. Los alemanes, especialmente paracaidistas, destrozaron tres ofensivas aliadas y se replegaron ante la cuarta, a la que aún así causaron graves bajas. Casi seis meses tuvieron bloqueados a los aliados y más de una vez se la ha tildado de victoria costosa o directamente inútil ya que la lentitud del avance hizo que dicho frente no fuese decisivo en el teatro global de la guerra. Si a esto le añadimos que por la misma época tuvo lugar el también costoso desembarco de Anzio, más al norte, tendremos un frente encarnizado que se cobró demasiadas  vidas.

Una de las características de Montecassino fue la mezcolanza de nacionalidades entre los aliados. A los norteamericanos, que sufrieron una grave derrota en el río Rápido, y a los ingleses, se les unieron tropas de muy variada procedencia, muchas de ellas coloniales del imperio Británico y Francés utilizados como carne de cañón: senegaleses, maoríes de Nueva Zelanda, Hindúes, argelinos o esos marroquíes que, como cuenta Janeczek, y muchos quieren tapar o quitarle importancia, violaron a miles de mujeres italianas y probablemente asesinaron a otras tantas con la ayuda de sus oficiales franceses.

Janeczek cuenta diversas historias en forma de fragmentos vistos tanto desde el punto de vista de los combatientes, como de sus descendientes y centra especialmente su atención en los polacos que acabaron tomando la famosa abadía ya en ruinas.

Quizá se eche en falta alguna historia sobre los hindúes, que el episodio norteamericano sea tan brillante como excesivamente breve, que las peripecias de los dos jóvenes amigos aburran a ratos y otros ligeros defectos, pero en general, este es un libro poderoso, valiente y arriesgado que intenta, a través de los datos históricos y la ficción ( que no es mentira sino invención artística ) acercarse a la verdad, a esa verdad que tantos historiadores suelen ignorar, el papel de tantos hombres de las colonias en la lucha contra los nazis.

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“El peregrino de las estrellas” Jack London

“No. No tengo respeto alguno a la pena de muerte. Se me antoja un sucio deporte que degrada, no sólo a quienes la perpetran a sueldo, sino a la comunidad que la tolera, al pueblo que la vota y al país que tal empleo hace de sus atributos. La pena de muerte es necia, estúpida, torpe y horriblemente anticientífica”

Esta es una de las muchas sentencias contundentes e inteligentes que expresa Jack London, ese aventurero culto que tan bien retrató el salvajismo del ser humano, en el formidable clímax final de esta hermosa novela, donde, una vez más, su pesimismo sale a relucir.

Resumen de muchas de sus obsesiones y temáticas, algunas de ellas contradictorias, lo que le hace aún más fascinante, este libro, también conocido como “El vagabundo de las estrellas”, narra la historia de Darrell Standing, un preso injustamente condenado a muerte, por una de esas leyes de su tiempo tan reales como absurdas, que, siendo repetidas veces sometido a la tortura de una especie de camisa de fuerza, logra escapar mentalmente rememorando las diversas encarnaciones que ha tenido a lo largo de los siglos. Una historia que es también la historia de la raza humana, donde se nos muestra las diversas facetas de ese gran escritor que fue Jack London.

Este es un delicioso libro de aventuras y de fantasía teñido de cierto romanticismo. Y es a la vez un lúcido trabajo donde el mencionado pesimismo del autor de “Martin Eden” palpita, clara o solapadamente, en toda su extensión cercana a las 500 páginas.

No es descabellado afirmar que este es uno de sus libros más antisistema. Declaraciones rotundas como “el individuo humano no ha hecho progreso moral alguno en los últimos diez mil años”, se suman a su asco por la pena de muerte, su escepticismo con la religión o su profundo desaliento con el hombre en general y la sociedad estadounidense que le tocó vivir, en particular.

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“El extraño caso del Dr Jekyll y Mr Hyde” Robert Louis Stevenson

Este es uno de los clásicos indiscutibles que tenía pendientes de leer y al que es imposible, o casi, que un simple aficionado, mi caso,  pueda añadir a estas alturas, algo nuevo.

A esta obra, que tantas películas, series de TV, obras de teatro, cómics, canciones y otras expresiones artísticas, muchas de valía, ha generado, un neófito se puede acercar con ideas preconcebidas. Todo el mundo ha oído hablar de este mito, tal vez junto con “La isla del Tesoro“, la obra más conocida de Robert Louis Stevenson. Y sin embargo su lectura puede descolocar principalmente por dos motivos. El primero es que se trata de una novela corta, tan escueta que algunas editoriales, como Valdemar, la han editado junto a otras narraciones breves de Stevenson. Yo la he leído, en su colección “clásicos de la literatura“, en un ejemplar de la editorial Edimat, y pensaba que sería más extensa. Y segundo, y principal, es que, a diferencia de tantos films que han perpetuado la imagen del mito, Stevenson narra la historia desde fuera y no desde dentro. Me explico. La narra desde el punto de uno de sus amigos y no desde el propio Jekyll/Hyde, en la que por entonces era una obra de suspense con sorpresa final. Sorpresa que el tiempo, obviamente, ha arruinado, pero que no invalida sus tantos méritos literarios.

En el estudio preliminar de Luis Gaspar, éste incide en algo que no todos cumplen: “Stevenson consideraba que el escritor es un orientador de la sociedad que no debe ofrecer una visión parcial e interesada de la realidad, puesto que esta parcialidad, aunque sea bienintencionada, es en sí inmoral”. En esta honradez, en esta narrativa limpia, es donde atesoraba Stevenson su  mayor virtud y este clásico no es ninguna excepción.

Libro victoriano y a la vez profundamente antivictoriano, “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr Hyde”, es una lucha entre el bien y el mal, o lo que se consideraba bien y mal en esa época, finales del XIX, principios del XX, pero hay mayor ambigüedad de lo que parece. Porque crímenes abyectos aparte, Jekyll representa también a una sociedad aburrida, rígida y cargada de prejuicios, mientras que Hyde es la liberación de éstos últimos, el escape a una sociedad acartonada que juzga a todo lo diferente y mantiene una apariencia intachable mientras en la trastienda se acumulan los virus, tumores y hasta cadáveres. O también puede verse como que Hyde es el instrumento no oficial con la que esa sociedad realiza lo que afirma rechazar, para así mantener su discutible status.

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“El pequeño salvaje” T. C. Boyle

“EL PEQUEÑO SALVAJE” T. C. BOYLE

T. C. Boyle (Peeksill, Nueva York, 1948), es uno de los más famosos narradores estadounidenses del momento, por su sensibilidad, ironía y talento narrativo. Escritor que suele basar algunas de sus obras en hechos reales, como es el caso de Música acuática (1981), que narra las aventuras del explorador escocés Mungo Park, descubridor del curso del río Níger o The Woman (2009) donde narra la vida del arquitecto  Frank Lloyd Wright a través del testimonio de cuatro de las mujeres que pasaron por su vida. Pero Boyle sorprende también con otro tipo de literatura, como la sátira que utiliza en Drop City, ambientada en los años 70, o El balneario de Battle Creck (1993), al que acude gente de postín para aprender a llevar una vida sana o curar sus dolencias gastrointestinales,  pero donde también nos muestra las excentricidades de un científico loco, como es el doctor Kellogg.  Una comedia adaptada con éxito a la gran pantalla en 1994 por Alan Parker y con Anthony Hopkins en el papel del excéntrico doctor.

Sin embargo, pese a los premios cosechados, – como el Pen/Malamoud por su novela de relatos T. C. Boyle Stories, el Pen/Faulkner por El fin del mundo (1987) o el Prix Médicis Étranger, a la mejor novela publicada en Francia en 2003 por la anteriormente citada Drop City- parece que es un autor poco conocido en nuestro país, quizá porque no es un escritor mediático y parece que sus obras no atraen a la gente por la temática provocadora de alguna de sus obras o por tratar temas que están de actualidad.

Impedimenta ha apostado por una de sus obras basadas en hechos reales, El pequeño salvaje, para dar a conocer su narrativa. Anteriormente, fue llevada  al cine por François Truffaut en 1969 con el título de L´enfant sauvage, considerada como una joya del séptimo arte. Es lo que los franceses denominan nouvelle o relato corto, con traducción de Juan Sebastián Cárdenas. En El pequeño salvaje  Boyle nos presenta, de forma apasionada y conmovedora, la historia de Víctor, el niño salvaje de Aveyron, que unos cazadores encontraron en los bosques de Lacaune en la región francesa de Languedoc, en 1797, totalmente desnudo y asilvestrado. Es protegido por las autoridades gubernamentales y enviado a París donde “a pesar de la orden estricta del Ministerio del Interior de que hicieran llegar al niño sano y salvo y sin percances, Bonnaterre no pudo evitar tener que hacer varias paradas por el camino, y complacer a la gente, dejándoles echar aunque fuera un breve vistazo a aquel prodigio”. Fue puesto en manos del doctor Itard para que pusiera todos sus medios en tratar de civilizarlo.

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“Locus Solus” Raymond Roussel.

Locus Solus, Raymond Roussel.

Traducción: Marcelo Cohen.

Martial Canterel es una especie de inventor, investigador e ingeniero de lo imposible  que vive en Locus Solus, una villa solitaria donde se dedica a sus múltiples trabajos. Un grupo de curiosos, invitados por el propio Canterel, recorren el sereno retiro donde éste va mostrándoles cada uno de los curiosos objetos que allí se encuentran. Pero Canterel no se limita a enseñar a sus invitados el funcionamiento de los mismos, sino que acompaña con una detallada explicación la historia que cada pieza de estos insólitos inventos encierra.

Un mosaico hecho de dientes, un diamante gigantesco relleno de un fluido con extraordinarias propiedades llamado aqua-micans(donde se contonea la bailarina Faustine como pez en el agua), una inmensa jaula transparente donde un escriba da color a las palabras con polvo de oro…etc, son algunas de las creaciones de Canterel, habitadas por variopintos personajes entre lo real y lo fantástico.

Ludiones, hipocampos, princesas, reyes, enanos, Pilatos, Richard Wagner, Alejandro Magno o Voltaire son algunos de los personajes que desfilan por las historias que Canterel va narrando. Historias dentro de historias, que generan una especia de matrioska narrativa en la que el lector se sumerge, abriendo, destapando historia tras historia y disfrutando con cada una de las descripciones mientras trata de imaginar lo imposible, que gracias al genio de Roussel nos parece real.

Rico, loco, viajero, fumador de opio al final de su vida, a Raymond Roussel (1877-1933) se le considera uno de los precursores del surrealismo. Fue poeta, novelista, dramaturgo y ajedrecista y el creador de un método de escritura basado en la homonimia y el retruécano. Todo un personaje.

Locus Solus es un texto difícil de definir, como el conjunto de la obra de Roussel y en su indefinición resulta genial y brillante. Actualmente, una exposición en el Museo Reina Sofía (Locus Solus. Impresiones de Raymond Roussel.)  puede ayudarnos a comprender mejor el particular universo del autor y la influencia que hay de él en otros escritores como John Asbery, Julio Cortázar y Michel Butor o en artistas como Marcel Duchamp y Salvador Dalí.

El libro se cierra con los epílogos de autores entre los que se encuentran André Breton, Clément Rosset o Michel Foucault, en una cuidadosa recopilación llevada a cabo por Capitán Swing con muy buen criterio. Por si quedaba alguna duda de porqué debemos leer Locus Solus, Robert Desnos despeja todo titubeo con esta afirmación: “… ninguna obra posee dimensiones mayores, una panorámica más vasta del universo.”

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“Sulamita” Aleksandr Kuprín

Hace poco Nevsky Prospects editó la magnífica con mayúsculas “El duelo”, de Aleksandr Kuprín, y su siguiente referencia es otra obra del mismo autor, con la que realmente poco o nada tiene que ver salvo en su altura literaria.

En esta libre reinterpretación de “El cantar de los cantares”, el novelista ruso nacido en 1870 y fallecido en 1938, elaboró una vehemente, hermosa historia de amor con un lenguaje acorde con su contenido: barroco, colorista, recargado pero sin caer en el exceso, voluptuoso y erótico. En la edición actual hasta las brillantes ilustraciones de Alfonso Rodríguez Barrera, encajan con naturalidad.

Más que de una novela, estamos hablando de un precioso cuento que tiene algunos extractos de su fuente de inspiración original, donde el paganismo, con toda su crudeza, y el hedonismo, campan a sus anchas en una narración tan romántica y trágica como salvajemente sensual, que escapa de cualquier alegoría religiosa.

Y en unos tiempos en los que el término “remake” no sólo está de moda sino que ha llegado al extremo de saturamiento en lo que a producciones cinematográficas se refiere, puede resultar más que interesante comprobar como, cuando el séptimo arte apenas había empezado a balbucear, y esa palabra no se utilizaba con esos fines, un escritor sabía hacer uno sin traicionar su propia y enorme personalidad y realizaba un trabajo tan esmerado y exuberante como este.

Puede que alguna descripción haya quedado desfasada hoy día ( la de los dientes y las ovejas ) pero es una nimiedad que no empaña la calidad de “Sulamita“, obra de 1908, y no digo más porque en una pieza tan breve como esta, que cuenta con unas acertadas notas de la traducción que aclaran más de un detalle, puede resultar contraproducente para el lector, aunque aviso que con toda su mencionada belleza, contiene algún pasaje no apto para personas sensibles y que realza aún más el brillo de la historia de amor entre el rey Salomón y Sulamita

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Trilogía de la ocupación” Patrick Modiano

“Sí, en este mundo se puede hacer la guerra, imitar el amor, torturar al prójimo, exhibirse en los periódicos,  o simplemente hablar mal del vecino haciendo calceta. Pero en ciertos casos, continuar, únicamente continuar, resulta sobrehumano” ( Albert Camus, “La caída” )

No podría estar más de acuerdo con José Carlos Llop, autor del prólogo de la edición de Anagrama, cuando dice que leyó allá por 1979 uno de los tres libros que componen esta “Trilogía de la ocupación” de Patrick Modiano, “Ronda Nocturna”, a los veintitrés años,  y lo hizo “absolutamente hipnotizado”. Treinta y tres años después, he tenido la oportunidad de leer estas tres fantásticas novelas ( “El lugar de la estrella”, “La ronda nocturna” y “Los paseos de la circunvalación”, novelas que datan de 1968, 1969 y 1972 respectivamente) igualmente hipnotizado, a la vez que que me pregunto cómo podían llevar tanto tiempo descatalogadas estas obras. Gracias a Anagrama por lo que le toca.

Modiano, con su estilo, y parafraseo a Llop, de ” respiración lenta e hipnótica”, hace una radiografía de la Francia ocupada, “un periodo turbio”, una Francia ocupada por Nazis – donde pese a todo siguen las fiestas interminables, y los negocios subterraneos, el contrabando de todo, asesinatos, florecen y florecen -y por otros humanos de la peor calaña, una Francia en la que como expresa el doblemente atrapado protagonista de “La ronda nocturna” al final de su deseperada huida “es imposible librarse de los hombres”.

La lectura es ciertamente hipnótica, no quiero utilizar un sinónimo, un país, una ciudad y un momento histórico radiografiado, llena de referencias a lugares y personajes que un lector no francés o no instruido en la cultura francesa tal vez no podrá del todo apreciar, pero que igualmente mantiene vivo el interés, porque, y es lo que más aprecio de esta trilogía, habla de un momento,  un lugar y un comportamiento humano determinado, pero si cerramos los ojos mientras leemos, al abrirlos veremos que todo eso se puede extrapolar a cualquier lugar y época, con los mismos comportamientos humanos que se repiten lo mismo que una noria da vueltas, una y otra vez.

“El lugar de la estrella” ( Le place de l’étoile) con la que Modiano ganó el Premio Roger Nimier, es la historia de Raphael Schlemilovitch – vuelvo de nuevo a Llop – ” un joven judío rico, amigo de ocupantes y colaboracionistas, que arma, a lo largo de la novela el soporte ideológico del antisemitismo y su caracter de traición a la humanidad”. Schlemilovitch -ojo al valor de Modiano -”consideraba” a Louis-Ferdinand Céline como uno de los más grandes escritores judíos de todos los tiempos, un personaje Schlemilovitch, que viene bien definido – y a la vez los que le rodean -en estas dos citas:

“Se acercaron a parlamentar dos muchachos. Un demócrata cristiano y un judío bordelés. El primero me cuchicheó que aquí no había que mencionar en exceso a la Santísima virgen porque andaba buscando un acercamiento a los estudiantes de estrema izquierda. El segundo me acusó de ser un agente provocador” ( pág 59 )

“Yo tenía la habilidad mayúscula de permitirles ( a otros estudiantes franceses ) que descubrieran a los más sanos y puros entre sus compatriotas y esos ingratos me llamaban nazi…” (pág 61 )

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“Kallocaína” Karin Boye

Todo un descubrimiento. Que esta impecable novela, que data de 1940, permaneciese inédita en este país dice muy poco a favor de las editoriales estatales y hace que Gallo Nero se apunte un tanto importante.

Más conocida por su labor como poeta, la sueca Karin Boye, que se suicidó en 1941, creó un clásico antiutópico en la línea de la posterior obra maestra “1984” de George Orwell o “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley, un libro impresionante, precioso y enérgico que disfrutará cualquier seguidor de éstos, es decir, gran parte de la gente que ama la literatura.

Con prólogo de Luna Miguel, cuenta una historia similar a la de Orwell, sus intenciones son parecidas y cabe preguntarse si el autor de “Rebelión en la granja” leyó la obra de Boye y fue una influencia para la novela que le daría más prestigio.

Crítica corrosiva y metáfora perfecta del Partido Nazi que asolaba Europa, es muy posible que Boye se inspirase también en la dictadura de comunista de Stalin y en todos los regímenes fascistas aliados de Hitler, desde la Italia de Mussolini, a la España de Franco, pasando por Rumanía o Hungría, es decir, cualquier sistema opresor que persiguiera el pensamiento individual, la inteligencia, la diferencia, la belleza y a todo aquel que no encajase en sus parámetros. Teniendo en cuenta el nombre de uno de los personajes secundarios, habría que incluir al militarista Imperio Japonés entre los objetivos de la afilada pluma de Boye.

Lo más curioso de todo es que la historia, a estas alturas, no tiene nada de sorprendente. Pero la narrativa fulgurante de la sueca, su dinamismo, lo pertinente y eterno de sus reflexiones, su visceral vigor y  su canto a la libertad, hacen que nos encontremos ante un libro que debe ponerse a la altura de los clásicos antes mencionados.

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“Satori” Don Winslow

No hace mucho pudimos disfrutar de la notable “Salvajes” y ya tenemos aquí otra novela de Don Winslow. Parte de su obra permanece inédita por estos lares, pero poco a poco estas carencias se van remediando y, parece ser, que próximamente se publicarán “The dawn patrol” y su continuación.

Este libro está basado en el clásico “Shibumi” de Trevanian y concebido como una especie de precuela.  Su punto de partida es explosivo, y como suele pasar con Winslow, buena parte de su desarrollo también lo es.

En los años 50’, en plena guerra fría, con las guerras de Corea e Indochina como máxima expresión activa de esa contienda, un experto en artes marciales, cruce de diversas nacionalidades, es liberado por los estadounidenses – que lo tenían preso en Tokio – para que cometa un asesinato en la China comunista de Mao. Y como, afortunadamente también suele ocurrir con Winslow, el maniqueísmo brilla por su casi entera ausencia. Muchas cosas no son lo que parece y la densidad de tramas y personajes contrasta con su sencillez expositiva. Su narración es directa y su conocido ritmo, trepidante y hasta adrenalítico.

Estructurado en tres partes, la primera es la más breve, y la que, momentáneamente, hace saltar las alarmas. Presentando una clásica y hasta tópica historia de espionaje de las de toda la vida, Winslow nos describe a su personaje central que casi parece un superhéroe y cuyas habilidades en todo tipo de facetas (desde despachar a un par de sicarios hasta pegarle unos cuantos polvos a la peeerfeeecta protagonista femenina) rozan lo increíble hasta el acartonamiento. Es un Winslow rígido cuya fuerte personalidad sólo asoma intermitentemente, al borde involuntario de  la autoparodia. El que esto escribe casi esperaba ver aparecer a Austin Powers o al doctor Maligno en sus páginas, o en su defecto a esa parodia de James Bond sesentera llamada Flint que tan bien encarnó James Coburn.

Pero la amenaza de una posible decepción no tarda en diluirse y si bien con algún altibajo, “Satori” es una potente e intensa novela, donde asoman todas las virtudes de Winslow. La principal de ellas la de contar una buena historia con pulso firme y honesto.

Winslow es un hombre que huye de las imágenes oficiales y su retrato de la China comunista de Mao es la de una dictadura comandada por alguien que ha traicionado la noble causa inicial en su propio provecho. También parece haber más simpatía por el Vietminh rojo que por los opresores franceses. Pero el escritor nos muestra diversas caras de la multitud de bandas que por aquí asoman, casi todos dispuestos a aliarse con casi todos y también lo mismo para matarse: norteamericanos, chinos, rusos, franceses, ingleses, vietnamitas, laosianos… o lo que es lo mismo: espías, soldados, torturadores, narcos, policías y toda una amplia fauna experta en despachar al prójimo, traicionar a sus aliados y conspirar con sus enemigos. Un catálogo de personajes fascinantes que rodean al protagonista, Nicholai Hel,  y que sirven como amenaza principal, no sólo a su supervivencia, sino también a esa vehemente historia de amor. Y ese podría decirse que es el gran tema de “Satori” y de otras novelas de Winslow: la supervivencia del amor en un entorno  extremadamente violento propio de mundo hostil.

Como siempre, el autor demuestra un gran talento para la violencia y crea una historia sólida, una buena novela.

En el ejemplar con el que me hice se incluye un librito en el que se explica las reglas del Go, el milenario juego oriental que tanto peso tiene en la novela y que Winslow pone por encima del ajedrez.

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