Archivo de la categoría ‘Literatura en lengua no española’

“El último enemigo” Richard Hillary

Cómplices editorial publica este clásico ambientado en la segunda guerra mundial en los días de la batalla aérea de Inglaterra.

Al hablar de “El último enemigo” es imposible no hacerlo sin comentar la biografía del autor, no sólo porque está basada en sus propias experiencias y lo escribió mientras se recuperaba de las heridas que le dejaron desfigurado, sino porque, alpoco tiempo, falleció en un accidente de aviación, con 23 años y sin llegar a ver el fin de la guerra.

Una mirada superficial podría hacer pensar que esta es la típica novela bélica: Hillary, con una madurez sorprendente, nos relata sus días de Oxford, describe a sus amigos, la mayoría de los cuales murieron antes que él y cuenta con agilidad su ingreso en la RAF y los posteriores entrenamientos hasta llegar a los combates. Todo muy normal, aparentemente convencional o clásico, pero en el fondo nos está contando también otra historia. La de un egocéntrico inteligente, el propio autor, indiferente al mundo y a sus crueles circunstancias que acaba descubriendo un sentimiento del que carecía: la empatía hacia los demás seres humanos en un proceso doloroso que adquiere pleno significado en las últimas páginas y que hace muy diferente este valiosísimo trabajo de tantas otras obras sobre  dicha guerra.

Con un esclarecedor prólogo de Miguel Sáenz, “El último enemigo” que con los años se ha convertido en un pequeño mito, tal vez adolezca en algún momento de las imperfecciones propias de un debutante en cuanto a construcción, estructura o algunas expresiones, pero su profundidad, su hondura, la unión de dinamismo y densidad, el retrato de este Londres continuamente bombardeado y a la vez pletórico de vida, el magistral retrato de su convalescencia o ese impactante arranque en el que narra como fue derribado y pasó varias horas herida, y quemado, en las aguas del Mar del Norte, entre otros aciertos, hace que nos encontremos ante una pequeña joya que trasciende los tópicos del género bélico al mismo tiempo que puede atraer perfectamente a todo aficionado a la literatura de la II guerra mundial.

Un libro muy singular y una demostración, tal vez inconsciente, de la ética de su precoz autor, que realizó un trabajo tan conciso como preciso.

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“Flores en el ático” V. C. Andrews

Flores en el ático (1979) -  Virginia Cleo Andrews (1923/1986)

Esta novela de terror-psicológico escrita al finalizar los setenta, hizo furor en aquellos que la leyeron  y continuaron luego con la saga. Lo recuerdo porque a pesar de ser joven hablaba con otros lectores y compartíamos los mismos sentimientos de rechazo por algunos de los personajes del libro. Por supuesto se hizo la película, pero a mi modo de ver no pudo atrapar la esencia del relato.

 

“El padre de una familia numerosa muere en un trágico accidente. La madre descubre que no podrá enfrentar la economía familiar. Habiéndose separado de sus padres cuando se caso, al ellos no aceptar su matrimonio, deberá volver a pedirles ayuda. Su padre y abuelo de los chicos desconoce que tiene cuatro nietos, su mujer, la abuela lo sabía pero su actitud para con ellos es cruel y despiadada.
La madre de los chicos sabe que su padre está enfermo y quizás muera rápido y le deje suficiente dinero para llevar una vida holgada, pero debe esconder a los niños mientras su padre siga vivo de lo contrario no recibirá nada. Con esa excusa decide encerrarlos, con la ayuda de su madre lo hace en el ático de una casa vieja, alejada y que además es de su propiedad. Se engaña a sí misma y a su vez a los niños. Les dice que será por poco tiempo y que necesita su ayuda para que nadie sepa de su existencia.

 

Los días se suceden, la vida en el ático no es lo que los pobres niños esperaban, solo les queda el consuelo de esperar la visita de su madre, quien le lleva todo lo que necesitan para vivir en el encierro a que están sometidos. Los hermanos tratan de llevar una vida ordenada, los dos mayores, un varón de catorce años y una mujercita de doce años ofician de padres sustitutos de sus dos hermanos gemelos de apenas cuatro años.

No obstante siguen siendo niños y las carencias de afecto y libertad cabían su carácter tranquilo, volviéndolos oscos y enfermizos. La madre a su vez descubre que la soltería le sienta bien y se va olvidando del objetivo principal; sus hijos…”

Esta novela cruel, dura, muestra la miseria a la que nos puede llevar la avaricia. Paso a paso se va volviendo más densa, el sufrimiento está a flor de piel y el sentimiento de impotencia aparece para no abandonarnos. La lectura recorre varios estados del ser humano y nos deja sin respuesta para tantas malas actitudes.

Creo que es válido alentar la lectura de esta historia, a pesar del tiempo que paso desde que vio la luz se podría decir que sigue siendo muy actual.

Lilix

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“Yo y mi chimenea” Herman Melville

Yo y mi chimenea. El pudín del pobre y las migajas del rico. Herman Melville.

Traductor: Adrià Edo.

En una casa de campo reside un viejo granjero  acostumbrado a pasar largas horas fumando en pipa junto a su chimenea, pero su pacífica existencia acompañado de la genuina mole de piedra, se ve perturbada por la insistencia de su mujer y sus hijas para que derribe la enorme estructura que condiciona toda la organización de la morada familiar. Sin embargo, nuestro protagonista no está dispuesto a acabar con su compañera de largos años, a pesar de las incomodidades que ésta parece provocar a su familia.

Para tratar de convencerlo, su mujer convocará al señor Scribe para que lleve a cabo un examen de la chimenea que determine su necesaria demolición. Para ello empleará las argucias más absurdas con el fin de conseguir su objetivo y poder obtener el espacio deseado para su ansiado hall. Pero el viejo granjero se muestra escéptico con las razones que le ofrece el maestro albañil (la posible existencia de una cámara secreta) y responde con una breve carta, incisiva y desopilante que no tiene desperdicio: “Le hacemos llegar nuestro agradecimiento y nuestra enhorabuena conjuntos por su conjetura, y nos atrevemos a asegurarle que vamos a seguir existiendo”. Como un tándem inseparable la chimenea y el viejo granjero se niegan a desaparecer, aunque para ello la alternativa sea la resistencia más obstinada, pero, por supuesto, sin perder el sentido del humor: “Mi mujer y mis hijas no mostraban más piedad al repartirse los restos de mi chimenea que las tres potencias al repartirse la pobre Polonia”.

“Yo y mi chimenea” no es sólo un relato divertido, cargado de ironía y con un fondo de clara crítica a la uniformidad y las convenciones a las que nos obliga la vida moderna, es también un alegato a favor de la individualidad, la autenticidad y el apego a aquellas cosas que, de alguna manera forman parte de nuestro carácter, y sin las cuales perderíamos parte de lo que nos hace ser nosotros frente a los demás.

El otro relato largo incluido en el libro, publicado por Ediciones Barataria, es “El pudín del pobre y las migajas del rico”. Con un carácter didáctico y moralizante y sin la divertida ironía del anterior, nos cuenta dos breves historias relacionadas con la pobreza y la caridad. A través de dos experiencias contadas por el protagonista: una comida en casa de un humilde leñador y la asistencia a un acto benéfico en Londres, Melville nos muestra con crudeza la vida de los más desfavorecidos a principios del siglo XIX y la equivocada idea de beneficencia de los ricos, que no es más que falsa caridad.

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“El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco” Charles Bukowski

Este ácido libro está compuesto de extractos del diario del propio Charles Bukowski, y fueron publicados varios años después de su muerte, junto a las ilustraciones curiosas, pero meramente anecdóticas de Robert Crumb, otro de los popes de la contracultura, autor que luce una misantropía equiparable al del autor de “Mujeres“.

Escritos entre agosto de 1991 y febrero de 1993, estos diarios retratan al escritor ya famoso y sin las penurias económicas que dominaron su vida. Pero si en sus libros de ficción de la época el lector puede encontrarse a un Bukowski más sereno, incluso tierno a veces y a veces juguetón, este trabajo desprende bilis por los cuatro costados, quizás más aún que en el grueso de su obra, que ya es decir.

Sí, un Bukowski con piscina, jacuzzi y rodeado de admiradores y acosadores, que a veces son los mismos, pero que seguía pensando igual que cuando dormía borrachuzo en un banco del parque. Si acaso se acrecentó su conocida misantropía, sus ganas de estar solo y su falta de interés por casi todo lo que le rodeaba, lo cual derivó en un desprecio infinito por la raza humana. Por una sociedad que consideraba aburrida, demencial y totalmente estúpida.

La salvación personal para él eran su mujer, sus nueve gatos, la música clásica, la filosofía, el alcohol y poco más, pero sobre todo la necesidad de escribir, de expresarse, de seguir dándole a la tecla del ordenador/ máquina de escribir para mantenerse vivo en este infierno de mediocridad.

La muerte ya estaba cerca y él era perfectamente consciente de ello. No parecía importarle mucho y hasta adivinaba con sarcasmo que una vez fiambre iban a elevarlo a las alturas y a la gloria y a decir montones de rimbombantes chorradas sobre su figura. Acertó de pleno. Y esto incluye a multitud de reaccionarios que le darían grima en caso de estar vivo.

Hollywood, la música, la falta de personalidad de la gente…nada escapa a un escritor caústico hasta resultar hiriente e incluso en algún párrafo excesivo, pero que es fiel a sí mismo hasta las últimas consecuencias haciendo gala de una coherencia en su obra que tanto falta en muchos escritores consagrados. Bukowski nunca supo lo que es bajarse los pantalones.

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“Guerra del 15″ Giani Stuparich

La Guerra del 15 desde dentro

Guerra del 15 es un valioso documento histórico. Se trata del diario de guerra del periodista italiano Giani Stuparich, que se enroló voluntario en las tropas de su país durante la Primera Guerra Mundial. El manuscrito recoge las vivencias del joven soldado durante los dos primeros meses en Monfalcone, en el noroeste de Italia. Pero, más que un relato bélico, es de una obra sobre la evolución humana y psicológica del autor en pleno conflicto.

Se trata de un viaje filosófico y existencial  dentro de un libro de historia. Un viaje que comienza en la inocente partida de Gianco y su hermano Carlo hacia las trincheras, convencidos y orgullosos de su alistamiento, pero también temerosos ante la incertidumbre y peligro que les acechan. El soldado comienza a escribir el diario a modo de tarea periodística personal. Narra los sus vivencias de forma certera, pero su pluma va más allá, siendo capaz de transmitir de forma fiel sus sentimientos y emociones. La satisfacción de luchar por su patria, la tensión de la batalla, la resignación ante la escasez de recursos, la añoranza de los seres queridos, y las relaciones con sus compañeros, especialmente con su hermano menor, cuya entrañable dependencia de uno con el otro sujeta en buena medida la historia. El diario está tan bien escrito, y refleja tan bien los hechos, que resulta muy empático. Es muy fácil meterse en los pensamientos de Gianco cuando combate, disfruta de una brisa, o se preocupa por el paradero de Carlo. Resulta muy interesante conocer la evolución psicológica de ambos a lo largo de esos dos meses, y que irá cambiando progresivamente para siempre.

Los capítulos se dividen por días, lógicamente al tratarse de un diario. Algunos apenas ocupan unas líneas, y otros se alargan algunas páginas, pero todos merecen la pena de ser leídos. Guerra del 15 se publicó en 1931, y desde entonces se ha reeditado sin interrupción, lo que ya es suficiente para tenerlo en cuenta a la hora de buscar un testimonio de la época, y del mismo corazón de uno de los acontecimientos más importantes del S. XX.

Texto: Tomás; Dibujo: Andrés

http://elladooscurodelaluna.com/

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“Diario del año de la peste” de Daniel Defoe

“Diario del año de la peste” de Daniel Defoe

 

Sobre todo, se deben tener en cuenta las peculiaridades del “Diario del año de la peste”. Porque todo en ella es realismo. Hechos verídicos de boca de quienes lo vivieron. Y a la vez es ficción, prosa cuidadosamente elegida para causar un determinado efecto en su lector. Precursora al mismo tiempo del periodismo histórico y de la “ficción historicista”.
Vayamos por partes. La terrible peste que azotó Londres, y a la cual hace referencia la novela, sucedió en 1665. Aunque los cálculos aún se discuten, estiman en cien mil los muertos por la enfermedad durante el año (de otoño a otoño) que se prolongó la plaga. En aquel momento Daniel Defoe sólo era un niño de cinco años así que, por supuesto, fue ajeno a muchos de los hechos que tuvieron lugar. Pero casi sesenta años después, en 1721, la peste se convirtió de nuevo en tema de conversación al abatirse sobre Provenza. Entonces, aprovechando “el tirón”, Defoe escribe este falso diario de un supuesto superviviente. Para lo cual aprovechó sus recuerdos de infancia, además de entrevistarse con personas que pudieron relatarle de primera mano lo ocurrido.

La narración, aderezada con datos reales (estadísticas de fallecimientos, referencias a textos oficiales o disposiciones legales…), es un relato pormenorizado de cómo evolucionó la enfermedad y la sociedad londinense con ella. Desde los primeros brotes hasta el reconocimiento oficial de la plaga, sin esquivar los horribles padecimientos que contemplaron los habitantes de Londres. Se nos habla de lo complicado de establecer hasta dónde se falsearon los datos para no asustar a la población. De los charlatanes que intentaron sacar provecho de la plaga con supuestos remedios milagrosos. De lo complicado de hacer cumplir las ordenanzas sobre la cuarentena, y el sacrificio al que se vieron abocados aquellos a quienes se escogió para satisfacerlas. Un relato plagado de dolor y sufrimiento.
Defoe narra todo esto en primera persona, oculto tras el ficticio testigo que permanece en la ciudad durante todo aquel año de muerte. Deteniéndose de vez en cuando a hacer memoria sobre tal o cual hecho que presenció, las más de las veces. Refiriendo historias o rumores que oyó de otros, en ocasiones. Permitiéndose ir haciendo reflexiones al respecto de esos sucesos y la forma en que la sociedad reaccionó ante el desastre.

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Recomendación de “Moby Dick” Herman Melville

Moby-Dick (1851) – Herman Melville (1819/1891)

Perteneciente a la literatura de todos los tiempos, este cuento no puede quedar de lado. Quizás se piense que es viejo y poco actual. Sería bueno que los que empiezan el camino de la lectura lo tuvieran en cuenta. Corresponde, porque se ha ganado ese derecho en la novela clásica y es un hecho bien merecido.

Sin ser el personaje principal un marinero es quien relata la historia. En busca de trabajo al fin lo encuentra en un conocido barco ballenero Pequod. En pleno esplendor de la caza de estos tremendos animales.

Al comenzar la travesía conoce a un arponero polinesio llamado Queequeg. La tripulación está compuesta de las más diversas razas. Personas temerosas de Dios y que piensan que el capitán Ahab también lo es. El itinerario les resulta favorable, llenan las bodegas del ballenero casi hasta desbordar. Pensando en el regreso y todo lo que harán con la plata que han ganado, descubren que el capitán tiene otros planes.

Lleno de odio y resentimiento contra una ballena blanca, el capitán Ahab ha jurado venganza. Tiene en su cara la marca del cetáceo que también le robo una pierna. Todos sus anhelos son cazar a la gran bestia olvidándose de los peligros que esto puede acarrear. El enorme animal se les aparece varias veces para de la misma forma desaparecer sin dejar rastro. Los hombres cansados y con ansias de regresar concluyen que el capitán está loco. Han llegado a planear tomar el control del ballenero, pero la intervención de una terrible tormenta, hace que su capitán pase hacer un héroe ante los ojos de los futuros amotinados. Deponen sus ansias de volver y se juramentan ayudar al capitán. Lo que vendrá a continuación será la lucha encarnizada de un puñado de hombres por dar casa al animal. Se olvidan que él en su mundo es el rey y tendrá todas las armas a su favor.

Cuando se lee un libro por lo general siempre algunos de los personajes se nos pegan y queremos que haga lo que se espera de él, a mi me paso desear que la ballena no fuera capturada, temía con cada hoja que pasaba que su fin estuviera cerca, leía con la ambición que la historia terminara y dejara a la enorme y descomunal ballena nadar libre y sin peligros.

Hay muchas historias que guardamos en nuestros recuerdos, aquellas que han dejado en nosotros huellas imborrables, nos hace sonreír y querer ser niños otra vez.

Lilix

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“Hijo de Satanás” Charles Bukowski

Estos 21 relatos son una clara muestra de que los intereses y la versatibilidad de Charles Bukowski iban más allá de los tópicos en los que se le ha encasillado injustamente.

Por supuesto que hay alcohol, sordidez, miseria, sexo, carreras de caballos, escritores borrachos y demás, pero abundan las historias que no están contadas en primera persona, y Henry Chinaski aparece poco. La sordidez de los barrios bajos de Los Ángeles se extiende a todos los ámbitos y entre la fauna solitaria y deseperada, aparecen estrellas del cine, matones, jugadores famosos de béisbol, peculiares profesores de literatura y un rico etcétera que le dan gran variedad y vida al libro.

Bukowski sabe crear auténticas historias que cuentan y enseñan algo en unas pocas páginas, con esa capacidad suya de mezclar humor, nihilismo y desesperación, una desesperación que se palpa y se siente, con sumo equilibrio.

“La esperanza renacía como setas venenosas” dice Bukowski en “Acción“, una de las mejores piezas que ha ambientado en un hipódromo y todo un acertado retrato de la fauna que acude a ellos y de la diferencia de clases que se da en todas partes. Y aunque un relato como “El ganador”, que narra una brutal pelea de boxeo, tiene un final muy propio del sueño americano, lo cierto es que se trata de una pieza inusual en Bukowski, y lo que prevalece es el vacío, la angustia y la corrosividad hacia un sistema estúpido y corrupto, casi muerto en vida. En el mismo “Acción” se describe mejor que nunca:

 ”¿Ha habido alguna vez un instante de justicia para los pobres? Toda esa mierda sobre la democracia y las oportunidades con las que los alimentaban era sólo para evitar que quemaran los palacios. Claro, de vez en cuando había un tipo que salía del vertedero y lo conseguía. Pero por cada uno que lo conseguía había cientos de miles enterrados en los barrios bajos o en la cárcel o en el manicomio o suicidados o drogados o borrachos. Y muchos más trabajando por un sueldo de miseria, desperdiciando sus vidas por la mera subsistencia”.

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“Parte de guerra” Edlef Köppen

Sajalín publica esta impresionante novela antibélica que se desarrolla en la primera guerra mundial y que narra la clásica historia de un voluntario ilusionado, álter ego del propio autor, que descubre el horror y la inmensa estupidez del conflicto, lo que hará que sus ideas den un vuelco radical.

Algunas críticas la sitúan por encima de la gran “Sin novedad en el frente” de Remarque. ¡ Sacrilegio ! llegué a pensar antes de leer este libro y al acabar la última página no tuve más remedio, profundamente impactado, que darles la razón.

Con Remarque, Köppen guarda muchas similitudes: ambos combatieron en la lado alemán salieron asqueados de la experiencia, escribieron dos clásicos de la literatura pacifista que retrata perfectamente la carnicería del frente y sufrieron el acoso del partido nazi que prohibió sus obras en los años 30′. Y sin embargo, el trabajo de Köppen es aún mas certero, no sólo por su extención más generosa sino por la visceralidad, la intensidad que desprenden sus casi 500 páginas que culminan con un final antológico, claramente inspirado en las desventuras del autor.

Pero con quien guarda más conexiones es con el grandioso pintor, igualmente veterano alemán, Otto Dix, voluntario igualmente  que retrató como nadie, lo mismo que Köppen, el horror de la “gran guerra”. Y si Remarque tuvo que salir de un país que no aprendía nada, los dos segundos pudieron viviendo en Alemania, viendo, repito, como sus obras era prohibidas y sin llegar a ser sirvientes de los nazis. Y esto último es lo que diferencia al ético Edlef Köppen de un hombre como Jünger.

En un mundo de locos, el autor tomó conciencia de que la guerra era el mayor de los crímenes, ya en pleno derrumbamiento del frente occidental en 1918, tras años de sacrificios que no sirvieron para nada. ¿Resultado? El lúcido que se negaba a seguir tomando parte en esta gigantesca, imbécil barbarie, acabó en un manicomio. Todo un signo de los tiempos.

Con una sencillez sobrecogedora vemos como la guerra no sólo aplasta a los seres humanos, también a la naturaleza y a los animales. Hay dos pasajes escalofriantes que lo describen perfectamente: el ataque con gas que destroza un bosque y el absurdo ataque de la caballería inglesa a las trincheras alemanas donde es aniquilada a base de ametralladoras y artillería y en la que los caballos, víctimas de la estupidez del hombre, caen igualmente destrozados junto a sus amos.

Esta fue la guerra que acabó con la caballería, que se tornó un arma desfasada gracias a los adelantos técnicos. ¿Qué el hombre ha creado una máquina terrestre para desplazarse? ¡ Pues inventan también el tanque ! ¿ Qué ya puede volar? ¡Pues también pueden bombardear y matarse en el aire ! Súmese a ello el mencionado gas, los lanzallamas, la proliferación de ametralladoras y de artillería pesada y de otros ingenios creados para matar y mutilar, y comprenderemos mejor el nuevo infierno que sufrió Köppen. Una revolución tecnológico a la que muchos oficiales no se supieron adaptar, lo que originó enormes matanzas entre sus propios hombres. ¿Aprendieron estos “padres” de las patrias de las experiencias? Mientras leía el desastre de la caballería inglesa he vuelto a recordar esas historias de 1939 de cuando sus homólogos polacos, al galope y sable en mano, se lanzaron contra los panzer alemanes que, obviamente, los arrollaron, u otras narraciones del frente ruso.

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“Anestesia local” Günter Grass

“Anestesia local” de Günter Grass

 

“Anestesia local” nos narra la historia de Staruch, un profesor de historia y alemán que se somete a un tratamiento dental. Staruch nos cuenta su historia, pasan las imágenes de su vida como los anuncios que pasan en la televisión que tienen en la consulta del dentista para entretener a los pacientes. El autor aprovecha este personaje para enmarcar el contexto histórico que se dió en Alemania en los años 60 del siglo pasado incluida las revueltas de estudiantes que se dieron en el 68 y que son noticia en la actualidad.

El libro te puede parecer extraño, y la verdad que no es una lectura para alguien que no esté acostumbrado a leer, y no porque sea densa o utilice un vocabulario difícil. El autor pasa de unos hechos presentes que le lleva a los del pasado y a la inversa, y de pronto estás en la consulta del dentista o en las clases del instituto.

La acción es rápida, pasan muchas cosas en pocas páginas, cosa que en general nos suele gustar a todos.

En definitiva, podemos decir que es una obra de novela histórica, que además es historia reciente vivida por el propio autor y de la que podemos aprender mucho con la lectura de “Anestesia local”.

 

La novela se publicó en 1969 y es una sátira sobre lo politizada que estaba la Universidad en aquellos años y sobre los movimientos sociales y juveniles del momento. Günter Grass la escribió cuando surgió una nueva promoción de actores políticos nacida del movimiento estudiantil que cuestionaba el orden establecido.

 

Günter Grass nació en la Ciudad libre de Dánzing en 1927 es escritor y artista casubo alemán, galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Las Letras en 1999 y Premio Nobel de Literatura el mismo año. Son múltiples sus compromisos en los campos del arte, la cultura, la política y los derechos humanos.

De su obra podemos destacar obras como “El tambor de hojalata” y “Años de perro” donde narra la Alemania de su infancia. A partir de ahí se convierte en una voz narrativa muy conocida por su toque ácido e implacable.

Escibió luego “El rodaballo”, “Encuentro en Telgte”, “La Ratesa” y tres libros de historia: “Es cuento largo”, “Mi siglo” y  “A paso de cangrejo”.

A parte también ha realizado obras de ilustración por la que ha recibido el premio Hans Christian Andersen en 2005.

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