Archivo de la categoría ‘Literatura en lengua no española’
“Moby Dick” Herman Melville
Cuando uno va a leer alguna novela que se considera una obra maestra de la literatura universal, lo hace con cierto recelo. Parece que estos libros tienen que gustarte por narices ¡ ay, si opinas lo contrario !. En ese caso más vale que cierres la boca por mucho que expongas bien tus razones porque, si no, te pitarán lo soídos.
Y esto viene a colación porque “Moby Dick”, la memorable historia de venganza del capitán Ahab contra la ballena blanca que le arrancó una pierna, me ha gustado, pero le he encontrado, a mi humilde entender, algunos peros, y no la acabo de considerar tan majestuosa como la mayoría la encuentra. Claro que eso da igual. Es un clásico del que se hablará cientos de años mientras yo llevaré todo ese tiempo criando malvas de igual manera que hoy hablamos de este libro que data de 1851.
Escrita por el antiguo marinero Melville e inspirada en hechos reales, “Moby Dick”, un novelón de más de 800 páginas, fue un fracaso en su época. Pasó inadvertida como buena parte de la obra dle autor que murió olvidado en 1891 y sólo alcanzó su actual status de reconocimiento en el siglo XX.
¿De qué peros hablaba? Hay excesivas referencias y alegorías religiosas, algunas referencias a la historia de Jonás un tanto estúpidas, hay errores científicos ( biológicos ) que otros ya se han encargado de reseñar con detalle ( aunque yo lo veo una minucia. Tal vez en su época no se sabía tanto como hoy de las ballenas y por lo tanto es perfectamente comprensible ) y las explicaciones exhaustivas tanto de la anatomía de la ballena como de la vida en un ballenero pueden llegar a ser, con su enfoque documental, cargantes y aburridas. Otro pero, podría ser su visión antropocéntrica del hombre y del mundo. Es una ironía que la ballena blanca represente el mal ( junto a la locura ciega de Ahab ) cuando durante buena parte de la narración, los balleneros esterminan a todo bicho viviente con el que se cruzan. Unas matanzas que convierte al oceano en un baño de sangre – nunca mejor dicho – y en un infierno para las ballenas, hasta llegado el punto que uno, que es puñetero, casi se pone del lado de Moby Dick cuando empieza a hacer de las suyas para salvar su vida.
Esos son mis peros, y con todo, tengo que reconocer que es una gran novela sorprendente y hasta imprevisible, llena de pequeñas historias que la enriquecen hasta llegar al formidable clímax final.
Una gran novela de aventuras, vigorosa, dinámica y trepidante que es, también, un estudio psicológico de la singular figura de Ahab y un retrato de la vida en un ballenero. También es un estudio tanto de las ballenas como del conocimiento que el ser humano ha ido teniendo de ellas. Sorprende la amplitud de miras de su narrador, Ismael, que admira a los grandes cetáceos, tiene un gran respeto por otras culturas y hasta hay no pocos toques corrosivos contra la sociedad y sus estamentos ( ejércitos y demás ). Huelga decir que es algo así como el alter ego del propio Melville.
Todo esto y mucho más en una de las historias más apocalípticas que puedan leerse y con un final que no por sabido deja de impactar y descolocar al lector, tan radical, contundente y repentino resulta. Como se dice vulgarmente, ¡¡ a mi me ha dejado flipado!!.
También habría que reseñar que la famosa historia de Ahab no arranca hasta bien entrada la novela y cuando lo hace hay no pocos episodios en los que casi parece ser una trama secundaria que subyace en la narración de los tripulantes del Pequod con tantos momentos para el recuerdo ( el gran calamar, los encuentros con otros barcos, por mencionar algunos ).
La adaptación más famosa al cine de Moby Dick la realizó el muy apropiado John Huston en los años 50′ con guión del escritor de ciencia ficción Ray Bradbury ( Fahrenheit 451, con el inolvidable Montag, y un largo etcétera ), con el gran Gregory Peck en el papel de Ahab. Un film considerado también como un clásico. Lo que es extraño es que Hollywood, en plena fiebre de nuevas versiones y películas de aventuras con muchos efectos especiales, no haya vuelto a fijarse en ella. En las manos adecuadas podría estar muy bien.
Claro que si fuera un éxito y signo de los tiempos, ya me veo una saga cinematográfica con títulos como “Moby Dick: la venganza del fantasma de Ahab”, “Moby Dick, la ballena mutante”, “Moby Dick ataca Nueva York” o “Moby Dick XXXII: Resurección ( again )” y a Melville retorciéndose en su tumba.
Share“Un encuentro” de Milan Kundera
En “Un encuentro”(Tusquets) Kundera reflexiona sobre el arte de la novela, sobre la novela en si misma, dándole su justa ubicación en el mundo del arte.
Si los románticos gustaban de una novela donde todo era teatralizado alejándose de la realidad, el siglo XX trae un mayor realismo, un intento de contar las cosas tal y como son, a más cruentas mejor. Esto lo rompe rápido el surrealismo, que considera a la novela como una disciplina menor. Consideran que el mundo ya no puede ser descrito mediante la novela.
Tras la segunda guerra mundial esto va desapareciendo y la novela vuelve a su justo lugar dentro de las artes.
Kundera nos habla de varias obras que apoyan su tesis. De un lado considera a Rabelais como el padre de la novela moderna, capaz de mostrar la aparentemente anodina cotidianiedad. Le interesan las novelas que describen tiempos convulsos, por ejemplo la revolución francesa(1789), tiempos de guerra donde son descritos por contraste lapsos de tiempo donde no pasa nada grandioso, sino la simple cotidianiedad-¡nos parece poco!-, en contraste con la salvaje realidad(“Los dioses tienen sed” de Anatole France). O “La piel” de Curzio Malaparte, novela bélica sobre la segunda guerra mundial, con contínuos contrastes drama de la guerra-cotidianiedad deseperada.
Esto lo mezcla con novelas-capítulo dos del libro:Novelas, sondas existenciales- que transcurriendo en tiempos de paz, llevan dentro una letal dosis de violencia jumana. Como si fuera inevitable contrarestar la temperatura que hace fuera.
Kundera hace una apasionada defensa de la novela, de la novela que muestra la realidad deseando generar sensaciones, no sentimientos que nos hagan prejuzgar. Los dos elementos básicos que estas deben llevar son el HUMOR y la IRONÍA. Estos son los elementos de la novela moderna. Sin humor todo es un panfleto lastimero creado para obligar a los demás a que te den la razón(Judo moral, leer “La lentitud“).
YO me pregunto sobre la novela hoy día. El humor y la ironía eran las armas del novelista del S. XX. Pero, ¿ y las de hoy día? De un lado notar que el 90% de las novelas a las que Kundera hace referencia están descatalogadas. Lo que los designios de Estados totalitarios no acabaron de conseguir, la ley del mercado lo hace de un plumazo y sin traumas. Montag(Fahrenheit 451) ya no quema libros(no literalmente)¿Cómo se puede afrontar nuestro mundo desde una novela?
Creo que sólo mediante el cinismo. En un mundo de constantes quejas pueriles con el cliché como martilleante dogma, y en el que dos más dos no son cuatro, sino lo que más nos conviene en cada momento, sólo mediante el cinismo se puede atrever el novelista a aspirar a mostrar la realidad. Por eso Houellebecq es el autor que mejor retrata las cosas, lo recomiendo absolutamente(como a Kundera, mis dos favoritos), y por ello el que más rechazo provoca: no nos gusta ver en lo que nos hemos convertido.
Libro fantástico que Kundera, que pone a nuestra querida Novela en el lugar que se merece, en el que se habla de libros, cine (al que considera idiotizador universal), música y pintura. El libro lo inicia con unas entrevistas a Francis Bacon - logicamente el pintor - muy sugerentes, llenas de reflexiones sobre lo que se ha convertido el arte.
Lo dicho, un diez.
Share“El busto del emperador” de Joseph Roth
Magnífica novela del para mí magnífico Joseph Roth. Roth obsesionado con la disgregación del imperio austro húngaro como el origen de todos los males europeos, nos habla de como antes de la primera guerra mundial el imperio unificaba muchas de las naciones de la europa central y del este, todos los soldados portaban el mismo uniforme, ya fueran de Polonia, Austria o Hungria. Cada una era diferente del resto, cada una seguía sus costumbres, sus ritos, su emblema en la solapa del citado uniforme, todo bajo la mirada del emperador. Tras la guerra todo se hunde, salen naciones independientes de debajo las piedras, la estabilidad ya será cosa del pasado. Época de cambios contínuos.
Morstein, el protagonista, nostálgico del imperio, sabía lo que le convenía. La desmembración del imperio supondría libertad de movimientos para su “país”, independencia y libertad, pero tambien para la del vecino, deseosos todos de reclamaciones de territorios que consideran suyos desde tiempos inmemoriales. Tiempos de guerra, de conflictos, y de guardar el busto del emperador, aquel que mostraba con tanto orgullo en la puerta de su casa, ahora, tras 1918, polvoriento en un oscuro deván.
Libro breve que muestra el génesis de la tragedia europea del siglo XX
Share“Relatos de los mares del sur” Jack London
Este libro reúne ocho relatos ambientados a principios del siglo XX en el pacífico sur, en plena colonización violenta de las numerosas islas de la zona.
London hace gala, una vez más, de una impresionante brutalidad, más convincente por la naturalidad con la que la cuenta. Sus cuentos parecen contagiarse de la fuerza visceral que emana desde sus primigenios personajes, y sólo el hermoso “En las estera de makaloa” que recuerda a las tragedias de Charles Dickens, resulta ser una excepción por su melancolía, su romanticismo y su punto de vista femenino.
En estas historias, donde impera el caos y el azar, poco tienen que hacer la religión o la ética del ser humano, ya sea del colonizador blanco occidental, la de los indígenas de la zona o la de los esclavos procedientes de oriente. Todas sus creencias son barridas por la realidad representada en la violencia de los hombres, la burocracia, ( véase “El chinago” ) de los que mandan y que resulta también absurda, o las fuerzas de la naturaleza indiferentes al sufrimiento que causan, y en una fuerza de la naturaleza, libre e indomable, es a lo que aspira a convertirse el héroe o el superhéroe londoniano, en ser, como dice el ahora famoso poema de Henley, “el dueño de su propio destino”.
El escritor se muestra, una vez más, ambivalente en este sentido. Parece dar por supuesta la superioridad del hombre blanco, al menos en ciertas circunstancias, y admira sus rituales y su increible valor, pero a la vez no parece sentir desprescio por otras razas y es consciente que tal superioridad se debe a su tecnología, a su falta de empatía, a sus obsesiones de conquista y especialmente, a su tremenda estupidez e ignorancia respecto a todo lo que le rodea, con las culturas aborígenes a la cabeza, lo que le lleva a hacer el mal con sus leyes y su violencia con la convicción de que están haciendo el bien. Gracias a esto someten a los demás, a sus caprichosos designios.
Alguno de estos relatos está recorrido por un suave sentido del humor y cierto tono crítico, y tiene su base en las propias experiencias y viajes que realizó el aventurero London por la zona en su rol de periodista. Otros están protagonizados por esclavos o gente de otras razas que son perseguidos y marginados por el hombre blanco y London los trata con simpatía, deferencia y hasta admiración. No sólo oculta su “lado oscuro” ( el canibalismo campa a sus anchas por buena parte del libro ) pero parece afirmar que el término ” superhombre“, tan querido por él, es compatible con todo tipo de culturas.
El autor de “La llamada de la naturaleza” trata sus habituales temas con su brillante, vigoroso y penetrante estilo. El ser humano, perdido en la inmensidad del cosmos, lucha contra las adversidades que tarde o temprano acabarán por superarle. Los héroes ( o antihéroes ) de London no son más que minúsculas motas de polvo ante un universo monstruoso y hostil, bello y brutal al mismo tiempo, pero tienen un gran instinto de supervivencia y una gran voluntad para salir adelante casi siempre ( a veces el suicidio ronda por sus cansadas mentes, como le pasó al propio London, pero en este libro no hay ejemplos de ello ) y ser, ante todo, ellos mismos.
La brutalidad salvaje, sin piedad, de algunos de estos potentes cuentos queda bien reflejado en los iniciales “Koolau el leproso” o “El inevitable hombre blanco” o el impactante arranque y final de “El diente de la ballena”. Violencia cruda representada sin ningún tipo de artificios, efectismos o concesiones.
En algún relato se echa en falta algo más de desarrollo ( en “El diente…” sin ir más lejos ) pero es otra buena muestra del gran talento de su autor que demuestra sus grandes dotes para narrar historias de hombres desesperados enfrentados a situaciones límite que les sobrepasan.
Con todas sus imperfecciones London era, es y seguirá siendo un autor fascinante
RED SONJA
Share“El imitador de voces” de Thomas Bernhard
Thomas Bernhard, 1931-1989, es un escritor peculiar, o al menos lo es este libro tan curioso, “El imitador de voces”. Una narración que está a caballo entre el libro de relatos y la sección de sucesos de un periódico centroeuropeo.
Bernhard, que parece tan obsesionado con la muerte como con las oraciones largas no es fácil de leer, en ocasiones resulta un poco deprimente, pero a pesar de todo eso, hay algo en él que te atrapa, que te obliga a leer y leer y que no te deja abandonarlo. Ya sea por el recorrido que hace por ciudades de medio mundo o bien por un excelente relato de la sociedad de su época, “el imitador de voces” se convierte en un libro recomendable 100%, eso si, con cuidadito.
Share“Un niño prodigio” de Irene Nemirovsky
Hay determinados pasajes de “Un niño prodigio” que recuerdan demasiado a “El baile“. Donde la obsesión de la autora por “vengarse” de su madre, la que al parecer, no la atendía demasiado, es muy patente.
Pero Nemirovsky- autora de la gran “Suite francesa“- no sólo escribe bien, sino que sabe rapidamente pasar a otros temas, lo que convierten a esta breve pieza, en una obra grande.
Ismael es un niño judío que vive en el sur de Rusia, en el Mar Negro, antes de la revolución de los soviets, al que sus padres desatienden. La vida es dura para todos. Este se la busca ya de niño en las calles, limosneando, callejeando. En una taberna, donde el vodka fluye sin parar, recita poesías, canciones tristes para corazones atormentados. Allí acude un “Barin”, alguien de una casta superior, que se lo lleva ante su amada, una mujer acaudalada, ávida de escuchar historias hermosas de boca de un púber con talento. Es un chico prodigio, le llevarán a un mundo de fantasía, lejos de la zafiedad anterior. Ahora los padres si le quieren, por el dinero que la princesa les da. Mucha presión para Ismael, que poco a poco crece, perdiendo ese don a cambio de fortalecer sus músculos. La maldición del adolescente.
Muy buena novela, de final trágico pero valiente, sin esos finales felices absurdos. Toca ciertamente el tema recurrente de la autora del niño olvidado por sus padres. Toca el tema de lo duro que es ser alguien inteligente, sensible, que se da cuenta de las cosas y sufre si algo marcha mal. Es una oda a la normalidad como fuente de una mínima tranquilidad de espíritu. Disfrutar de la vida, no pensar cada paso realizado, gozar de los atardeceres, amaneceres y gorjeos de los pájaros. Aqui Nemirovsky nos obsequia varias portentosas descripciones campestres que me recordaron a Tolstoi en su “Felicidad conyugal“.
El final es duro, no avanzo nada, pero inevitable. Nuestra especie huye de cultivar mucho el entendimiento. Pero es que es durísimo ver las cosas con tanta claridad. Ismael las veía con demasiada.
Share“Los vagabundos del dharma” Jack Kerouac
Esta hermosa novela, escrita poco después de la memorable “En el camino“, guarda bastante relación con ésta aunque sin llegar a la altura de tan mítico, emblemático trabajo, con diferencia el más conocido y prestigioso del prematuramente fallecido escritor.
Con un fuerte componente autobiográfico, volvemos a encontrar a Kerouac tras un alter ego ( si era Sal Paradise allí, aqui es Ray Smith ) recorriendo Estados Unidos de punta a punta, pasando la frontera con México, en un estilo de vida individualista y nómada con incursiones en el hedonismo. Alguien que niega ser otro esclavo robotizado de la sociedad, aunque aqui su rebeldía está suavizada por un budismo militante cuya bondad y extrema ingenuidad rozan lo irreal.
Y como “En el camino”, el pilar básico de la novela que nos ocupa es la amistad con otro de los exponentes de la generación “beat“. Si allí era Neal Cassidy quien se escondía tras Dean Moriarty, aqui es el poeta también budista Gary Snyder quien aparece bajo el nombre de Japhy ryder. Uno de esos personajes de fuerte personalidad que resultan ser más grandes que la vida y que por sí solos ya justifican la lectura de un libro.
“Los vagabundos del dharma” habla mucho de budismo y para el no iniciado en la materia puede resultar confuso y hasta cargante por momentos. Es un bello y sentido libro que, no obstante, adolece de cierta irregularidad y cuya ingenuidad es hasta sonrojante. Que Ray Smith por sentirse bien sienta que el mundo es maravilloso y que todo funciona, es pueril y, si me apuran, obsceno, y más si se tiene en cuenta que su país acababa de salir de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra de Corea, que el McCarthismo aún coleteaba. que la Guerra fría hacía estragos y en algunos paises pasaba a ser caliente y que la pesadilla de Vietnam, tras la retirada de Francia empezaba ( o volvía ) a activarse, y desde luego, por aqui, no estábamos tan bien. ( puede que todo lo escrito en la novela sea un intento de escapar precisamente de todo eso )
Es esa escasa conciencia o conexión con la realidad, ese optimismo respecto al futuro, que luego, por desgracia, no se cumplió, el principal handicap de este libro. Sobredosis de buenrollismo, en pocas palabras.
En sus mejores momentos, la bondad y la compasión, el irrefrenable amor por la vida de Kerouac logra convencer y hasta despertar cierta envidia. Porque Kerouac era una fiera, budista o no, 100% conectado al hecho de vivir y su budismo es “sui generis“, un budismo regado de alcohol, nudismo y fiestas locas que casi devienen en orgías. Un budismo que deja vivir sin estar adoctrinado desde ningún púlpito.
Estas reuniones-fiestas son un claro antecedente de las comunas hippies que luego harían furor en los 60′. En Kerouac todo es más auténtico, más sincero. Su amor por la naturaleza, la otra gran protagonista del libro, llega a su clímax con ese memorable final donde, durante meses, vive sólo en lo alto de una montaña, cerca de la frontera con Canadá, trabajando como vigilante de incendios sin n ingún otro ser humano a muchos kilómetros a la redonda. Sus aventuras son una experiencia que va mucho más allá de las típicas excursiones domingueras de turno y tienen una íntima conexión con sus creencias budistas.
Con sus virtudes y defectos, “Los vagabundos…” es una más que apreciable novela, un trabajo adelantado a su tiempo cuya precursora modernidad le ha servido para convertirse en un clásico.
Kerouac se adelantó a muchas fiebres, tendencias, modas, o como se les quiera llamar, de occidente como sonla irupción de la cultura oriental en su país, las mencionadas fiestas comunitarias,etc…No fue el primero en algunos casos ni el único pero la importancia histórica de su obra es fundamental.
Sin él, los años 60′, la década que -aparentemente – lo cambió todo, hubiese sido muy distinta y lo mismo puede decirse del mundo que conocemos. Y esto sólo lo consiguieron los escritores verdaderamente importantes, verdaderamente grandes. Kerouac cambió la vida de mucha gente y eso es algo que no se puede afirmar de casi ninguno de sus detractores, mucho de los cuales no sólo rechazan sino que odian, detestan, sus ideales de paz y libertad.
Share“Alta fidelidad”, Nick Hornby
Cuando leí “Alta fidelidad” a los pocos días vi la película. Ni una ni la otra tienen desperdicio. Personajes grandiosos con los que te partes de risa con sus momentos “freak” e igualmente te sientes cien por cien identificado/a.
¿Qué nos cuenta esta historia?. Pues sencillamente, como viene a decir el protagonista en uno de sus momentos de crisis existencial, cualquier persona siente la necesidad de llegar a ser un ser humano redondo y completo. Y para hacernos partícipes de su particular agonía, nos lleva de la mano en un recorrido por sus historia amorosa a través de sus relaciones de pareja, haciendo reflexiones sobre el amor, el trabajo, las aspiraciones, las pasiones, las ilusiones…
Además todo ello acompañado de una seleccionada banda sonora con la que los amantes de la música en general y de los iconos ochenteros en particular, darán saltitos en el sillón al reconocer entre las páginas a sus grupos favoritos.
Para los que sean asíduos a la lectura de novelas y posterior visionado de su adaptación al cine, disfrutarán por partida doble. La actuación de John Cusack dando vida a Rob, nuestro melómano protagonista, y su relación con sus excentricos empleados de su tienda de discos, aporta nuevos y sorprendentes matices que te arrancarán más de una carcajada.
Lo dicho, muy recomendable. Ya me contareis
Igoa

NARRACIÓN DE ARTHUR GORDON PYM, de Edgar Allan Poe
Antes que nada, quisiera hacer un breve comentario de cómo llegué a leer esta obra. En mi club de lectura se eligió, hace unos meses, “En las montañas de la locura” como obra a debatir. Y fue entonces cuando descubrí que la novela de Lovecraft se construyó como un “homenaje” al relato de Poe. Esto despertó mi interés por comparar ambos libros, dándome una razón para atacar por fin el ejemplar que guardaba en mi biblioteca (fruto de la “liberación de espacio” de un amigo).
Dicho esto, quienes hayan leído la novela de Lovecraft pueden imaginar el tipo de historia que esperaba afrontar. Sin embargo, la una no deja de ser un relato cthulhuliano muy extendido, mientras que Poe navega (nunca mejor dicho) por las aventuras y desventuras marítimas con mayor éxito.
Dejando de lado las comparaciones (difíciles de eludir, en cualquier caso), “Narración de Arthur Gordon Pym” me ha transportado a mi etapa más joven como lector; cuando devoraba a Verne, Salgari y hasta las novelas de vaqueros de Estefanía. Al igual que entonces he pasado página tras página, sufriendo por los infortunios del protagonista. Aguardando al momento en que, con todo perdido, lograría salvarse.
En ese sentido, el viaje que sirve de trama para el relato es un catálogo de los desastres marítimos que acechaban a cualquiera que se embarcase durante el siglo XIX: motines, naufragios, barcos a la deriva, canibalismo de supervivencia, ataques de “tribus salvajes”, y todo un compendio de desdichas capaces de acabar con el ánimo de cualquiera dispuesto a poner el pie en una cubierta. Y cada una de ellas, además, inspiradas por hechos reales (el hundimiento del “Medusa” inmortalizado por el cuadro Gericault, entre otros).
El planteamiento inicial de la novela es original: la historia que se nos va a narrar es la experiencia verídica del Arthur Gordon Pym que le da título, un joven de familia burguesa cuyo sueño de recorrer los mares se tornará en horrorosa pesadilla. Poe pasa a ser “sólo” el que convierta sus vivencias en un texto literario, manteniendo siempre un tono de “testimonio biográfico” que eleva el tono del sufrimiento y la angustia del lector.
Resumir la trama no supone mucho problema: Arthur es un estudiante adolescente que traba amistad con Augustus, el hijo de un capitán de barcos mercantes. Esta relación le pondrá en contacto con los relatos de aventuras en el mar y, a pesar de un incidente cuasi mortal y la oposición frontal de su familia, acabará por planear junto a Augustus el embarque clandestino en un navío.
Con esta simple travesura, la vida de Arthur se verá inmersa en una espiral de desdichas a cual peor. Su experiencia como polizón le pondrá al borde de la muerte por inanición, de la cual escapará sólo para descubrir que la tripulación se ha amotinado; masacrando al capitán y a gran parte de la marinería en el proceso. Aliado con Augustus y un mestizo llamado Peters irán saltando de la sartén al fuego en sucesivas calamidades (galernas, viajes sin rumbo, encuentros con barcos fantasma…) que, como ya he dicho, no olvidan ninguno de los desastres propios de la navegación, aderezados además con explicaciones “para profanos” por parte del narrador.
Manteniendo la primera persona en esa narración de padecimientos físicos y mentales del protagonista, sin escatimar en detalles truculentos, Poe sostiene la intensidad del relato en un nivel muy elevado, que sólo abandona temporalmente con el rescate de los náufragos.
En este punto, la trama deriva hacia los viajes de exploración del Polo Sur (muy de actualidad en la época), y con ello a los elementos de mayor fantasía del conjunto. Esta parte se convierte así en la más próxima a su “heredera” lovecraftiana, presentando entre otros fenómenos de dudosa verosimilitud una imposible cultura aborigen en las proximidades del Polo, de cuyas crueles tretas acabaran siendo víctimas. La novela deriva así hacia un final cuasi onírico, interrumpido de forma abrupta para crear lo que, según la opinión de algunos teóricos, puede considerarse el primer final abierto de la literatura. ¿Qué es esa amenazadora figura entrevista a través de la misteriosa niebla en el último párrafo? Nunca lo sabremos. A lo más que podemos aspirar es a elucubrar sobre seres surgidos de tiempos remotos, tal y como hizo Lovecraft.
Quizás ahora que el terror y las historias de supervivientes se han instalado en la temática de los best-sellers, no estaría de más acercarse a un clásico con muchos méritos para proporcionar una gran satisfacción al lector. En mi opinión, no quedará defraudado.
parrafosperturbados.blogspot.com
Share“El perfume” de Patrick Süskind
El perfume es uno de los libros más leídos en los últimos veinte años. Y es lógico. Tiene una historia muy original, realmente cautivadora, repleta de fragancias, con un final trágico pero liberador.
Es la historia de Jean-Baptiste Grenouille, nacido en un ambiente miserable, parido sobre un montón de humeante pescado podrido. Su vida es una sucesión interminable de olores. Viviendo siempre en el linde de la desnutrición y carencias afectivas, rechazado por todos, su vida pende de un hilo, pero parece que el azar está aliado con él. Pronto descubre su gran punto fuerte, una capacidad terrible por almacenar fragancias en la cabeza, de sentirlas a distancia. Un impresionante sentido del olfato. Deberá retenerlas y concentrarlas. Alimentarse. Su arte de perfumista crece proporcionalmente a la de su voraz maldad – ¿ o es otra cosa? -. Matará a sus victimas, jovenes doncellas, no para quitarles su alma, sino su olor, aunque vendría a ser lo mismo. Los querrá todos para él. Hasta caer en la locura.
La historia es conocida por casi todos. Quién no lo haya leído yo recomiendo que lo haga. También tiene sus debilidades. Hay unas cincuenta hojas centrales, en la que Jean-Baptiste marcha a las montañas en busca de reflexión y paz, que son – y esto es una opinión, subjetiva y por tanto discutible – brutalmente soporíferas.
Existe una versión cinematográfica, film alemán de 2006 con Dustin Hoffman, que sabe obviar este episodio montañero, y que me pareció mejor que la novela incluso. Capta muy bien la idea de la novela, cierto que juega con ventaja, al olfato añade la vista.
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