Archivo de la categoría ‘Literatura en lengua no española’

“Menos que cero” Bret Easton Ellis

A mediados de Septiembre sale la última novela de Bret Easton Ellis – ya pensaba que no volvería a publicar-, “Suites imperiales”, continuación de “Menos que cero”, que fue la primera novela de Ellis, que será reeditada por la editorial Mondadori, tapa dura,ambas novelas previstas  para el 17 de Septiembre.

Aqui se narra la historia de unos jóvenes pijos y completamente descerebrados,  que lo tienen todo, pero que viven en la cultura de la insatisfacción,  que se drogan como medio de evasión para escapar de la fea rutina vital, mientras alardean de su poderío económico sin parar.
Esta historia de niños de papá, hijos del sueño americano, acaban viviendo su propia pesadilla, enganchados en general a un modo de vida que no conoce el reposo, en el que hay que obtener beneficios, en este caso, diversión, sin descanso, y a las drogas en particular, hasta límites insospechados, como prostituirse a cambio de una miserable dosis.

La novela es de mediados de los años 80′, momento en que Ellis irrumpió con insusitada fuerza en el panorama literario estadounidense con un discurso que sin duda resultó atractivo en su época: la de un mundo depravado, de depredadores con gomina, subidos a un columpio de glamour y purpurina del que te puedes caer en cualquier momento – en realidad te acabarán tirando si tu no tiras a los demás, esa es la única ideología del universo descrito por Ellis-.

Es un libro que resulta ciertamente atractivo, una historia de pijales descerebrados victimas de un mundo sin escrúpulos que ellos han contribuido a que así sea. Pero ese atractivo se torna angustia, las desventuras de los protagonistas acaban, al menos a mi me lo pareció, siendo de difícil lectura. No es que sea de difícil lectura, más bien es de difícil disfrute. Por ellos no es fácil sentir excesivo aprecio, niñatos cuyo único mérito es haber nacido en familia rica, una probabilidad entre mil. Cuando lees su caminar hacia el abismo, te sientes con un poco de mala conciencia por haber deseado que les pasara justamente lo que les acaba ocurriendo. Será fruto de nuestra mala educación.

Todo va a gustos, claro. A mi no me gustó especialmente. Tal vez esperaba más. De todas formas es apreciable, no deja de ser made in Ellis. Prefiero Las reglas de la atracción” o su versión fílmica “Las reglas del juego”. Una novela similar que me gustó más es “Los niños muertos” de Martin Amis. Ni que decir tiene  que mi favorita sigue siendo American psycho
¿Dónde estás Bateman?

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“El almuerzo desnudo” de William S. Burroughs

Antes que nada pedir que si hay algún seguidor de esta obra que lea esto, se agradecería mucho que diese su opinión, más que nada porque “confusión” es la palabra que mejor describe lo que siento y es fácil que haga mejor crítica que la que yo ahora voy a compartir con vosotros.

A este libro que, en su momento, fue perseguido y prohibido por obsceno, y que sigue siendo bastante radical, se le consideró una de las obras más importantes de la literatura USA del siglo XX, obra capital sobre la drogadicción, si bien e sposible que el tiempo haya jugado en su contra.

No es una obra tan inintiligible como “Ciudades de la noche roja”, pero tampoco tiene la concrección de la notable “Yonki”.

Ésta es cómo un collage de imágenes, fragmentos sueltos unidos con cierta arbitrariedad, que provoca desconcierto, irritación y desinterés. La verdad es que se me ha hecho interminable, pero no la critico porque simplemente no la haya entendido.

Este viaje alucinado por la droga no parece tener un claro hilo conductor y parte de su conjunto fue escrito bajo sus influjos. Burroughs también habla de su homosexualidad, y hay que recordar que, por entonces, 1959, estaba considerada como una enfermedad y el propio escritor creía ser un enfermo, algo que, afortunadamente, superó con los años.

Lo que queda clara es su visión del mundo como un gigantesco estercolero. Su crítica a todo tipo de represión, imperialismo y moralismo barato, y su desternillante, poco comentado esto, sentido del humor (¡¡ lo del cirujano alemán es mítico!!)

En episodios como “El reconocimiento”, Burroughs demuestra que puede escribir también con nitidez, y al final hay un interesante apéndice en el que describe todo tipo de drogas. Pero lo que abunda son fragmentos como: ” …macho y hembra. Los castró él. ¿Hay alguien que no distinga los sexos? Te cortaré el cuello, hijo de puta. Sal a la luzcomo nieto mío y enfréntate a tu madre por nacer en dudosa batalla. La confesión jodió su obra maestra. Le corté el cuello al portero por un puro error de identidad, era un polvo tan horrible como el viejo. Y en la carbonera todas las pollas son iguales”, o “… cojón exprimido como limón seco apestado rodea el culo con un cuchillo cortar un trozo de Hash para la pipa de agua…glup…glup…señal de lo que solía ser yo.

- El río está servido, señor”. ¡¡¡ Qué alguien me lo explique!!!

Obviamente no es apto para las mentes conservadoras a las que Burroughs atacaba con su mezcla de violencia desmedida, sexo grotesco, drogas, escatología y un pesismismo feroz.

En 1991, David Cronenberg ( un habitual de esta web ) realizó un film con el mismo título que no era una adaptación literal de la novela, algo imposible por otra parte, sino que tomaba unos pocos elementos de ésta y los unía a otros escritos de Burroughs, asi como sucesos enla vida de éste, como la muerte accidental de su esposa jugando a Guillermo Tell, ( hay un film, una pequeña y recomendable y poco conocida película independiente, que aqui se tituló  “Generación Beat” con Kiefer Sutherland, el Jack Bauer de la famosa serie “24″, en el papel de Burroughs y Courtney Love en el de su mujer) para confeccionar una historia tan radical, personal y difícil, que fue directa al video, y que coindide con su material de partida en que, al contrario que las otras obras del genio de “la nueva carne”, en que es bastante confusa.

Lo que no negaré es que “El almuerzo desnudo” libro, y “El almuerzo desnudo” film, tienen momentos de absoluta brillantez.

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“El lobo de mar” de Jack London

Una de las novelas del singular London donde subyace la filosofía de Nietzsche. En ella se narra el enfrentamiento, en alta mar, entre el Lobo de mar del título, Wolf Larssen, y el protagonista, un burgués convertido a la fuerza en marinero. O dicho de otra manera: entre un ser cruel, individualista, carente de compasión y de empatía, salvaje, primitivo, aunque no exento de cultura, que ha vivido siempre en condiciones precarias y hasta extremas, alguien para el que el planeta y el ser humano son elementos hostiles, y un joven idealista, educado en el civismo, en el arte y la belleza, en el respeto al prójimo y cuyos pensamientos van a ser sacudidos por la dura realidad.

London era un escritor que sabía definir perfectamente a los personajes, describir el ambiente en el que se movían e integrar discurso, diálogos y acción, en un conjunto dinámico y sumamente armonioso donde cada elemento tenía su función narrativa.

Este es un libro de una exaltada belleza pero también de una crueldad terrible, que sigue incomodando hoy día, un libro vigente, de eterna modernidad. London era un genuino narrador que contaba buenas historias con las tripas y el cerebro, producto tanto de su amplia aunque desordenada formación intelectual y sus viviencias como aventurero.

El mundo marítimo de “El lobo de mar”, es un mundo hostil, de depredadores que se comen los unos a los otros en su afán por sobrevivir, donde el super hombre nietzschiano se mueve como pez en el agua ( o como un tiburón blanco ) y pone a prueba su vida bajo las circunstancias más adversas llevado por su arrogancia y sus ansias de superar todo tipo vicisitudes para reafirmarse. Los pensamientos del filósofo alemán se hacen realidad, se hacen carne, se concretan en un ser humano transformado en su propio dios.

Si es este personaje el que dota de principal interés, de una perversa fascinación a la que aparenta ser una novela tradicional de aventuras, dicho interés desciende en picado en la parte final. En mi opinión acaba siendo un remedo tópico de “Robinson Crusoe”, con pareja de enamorados virginales incluidas, mucho más blando y menos riguroso de lo que era. Del tenso, magnético duelo entre Larssen y el protagonista sólo quedan resquicios, y ese climax final parece más propio de una historia de psicópatas invulnerables, de esas que enlas últimas décadas han saturado librerías y pantallas de cine y televisión.

Vista en conjunto, y sin ánimo peyorativo,  ya que es una pequeña joya se mire como se mire, le veo muchísimas similitudes con el cine de la hoy de moda Kathryn Bigelow, en particular el de sus primeras, personales y mejores películas: “Los viajeros de la noche”, “Acero azul” y “le llaman bodhi”, más el guión que escribió junto a Eric Red para “Carretera al infierno” de Robert Harmon, con un gran Rutger Hauer. Todas ellas narran las historias de unos jóvenes normales que se verán enfrentados con sus monstruosas némesis: seres amorales, salvajes, al margen de la ley, tan peligrosos como sabios, que les sumergen en una relación amor/odio, en un viaje hedonista y peligroso por el lado oscuro de la vida, hombres que viven en una montaña de sensaciones que no tiene nada que ver con la mediocridad y la rutina de sus potenciales víctimas. Victimas que aprenden de sus malsanos maestros para salir de los abismos más fuertes, más maduros tras vivir lo impensable, lo que no soñaban siquiera en hacer. Ahora ya pueden mirarlos a la cara, volver a su posición original y enfrentarse a ellos en un último duelo mortal ¿No es esto lo que narra “El lobo de mar”?Incluso, ¿No subyace su verdadero espíritu, aunque sólo sea un poco, en esas historias de vampiros humanos?

Aún difuminado y no tan despiadado, veo a London en muchas de esas imágenes. London sigue siendo un escritor peligroso, a su manera. ¿Cómo habría sido su vida su no se hubiera suicidado? Tal vez hubiese madurado sus ideas socialistas que chocaban con su racismo o su devoción por Nietzsche, tal vez, harto de ser multimillonario, y si su alcoholismo se le hibiese permitido, hubiera vuelto a la vida aventurera. Un año después de su muerte, USA entró en la I guerra mundial. Casi me lo imagino de corresponsal en Francia. Sea como sea, nos hemos perdido seguro unas cuantas grandes obras, aún reconociendo que alguien como el autor de “La llamada de la selva” era casi imposible que llegase a viejo.

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“Tommyknockers” de Stephen King

Anoche, ya tarde, y la noche anterior,

los Tommyknockers, los Tommyknockers,

llaman a la puerta.

Tengo que salir, y no sé si puedo,

porque el Tommyknocker,

me da mucho miedo.

Este es el poema infantil que abre esta obra del rey Stephen, un poema que uno repetía mucho en su adolescencia.  Cómo tantos otros fuí seguidor de este escritor desde que lo descubrí con “El fugitivo” ( con ese final tan radical y memorable ) ya despojado del pseudónimo de Richard Bachman, que utilizó en ésta y cuatro novelas más, y que posteriormente, ya sin misterio alguno, volvió a recuperar.

Desde entonces y hasta “La tienda”, leí casi toda su obra y si me deje algunas fue porque ya conocía sus adaptaciones al cine, caso de la estupenda “El resplandor” del gran Stanley Kubrick, una película que el propio  King, con razonamientos poco razonables, sigue rechazando.

Uno dejó a este escritor ( o a lo que haya detrás ) sin haber leído nada realmente malo de él salvo algunos pocos cuentos y con la relativa decepción de las desiguales secuelas de la clásica “La torre oscura” ( las siguientes cuatro, por tanto, no las conozco ). Fue más por saturación, pérdida de sorpresa y que ahí fuera hay muchas cosas interesantes, incluido en el amplio campo del terror.

Desde entonces me he vuelto a asomar, sólo muy puntualmente, al mundo Kingiano, pero aún recuerdo muy bien cuando leí “La tienda” en el verano del 96, de estar inmerso en las páginas de este espléndido tocho, irregularmente llevado al cine por Fraser C. Heston ( hijo de Charlton Heston ). De tener que dejarlo a regañadientes un viernes para ir a trabajar a un sitio que detestaba ( ahí coincidí con Montag, que repartía latigazos y hostias sin piedad a los “compañeros” ) y salir aliviado de madrugada para volver a zambullirme en el libro y pasar así todo el sábado, leyéndolo casi sin interrupciones, contento y feliz. ¡ Qué jóvenes eramos !

Tal vez King no sea alta literatura, ¿ y qué ?. Muchos fuimos felices y muchos lo siguen siendo al leerle. Y libros como el inusual “Los ojos del dragón”, “Misery”, “Ojos de fuego”, “La niebla”, “La larga marcha” o “Rabia” ( que leí tras un concerto de Nirvana – que recuerdos -) forman parte de mi memoria y fueron estos los libros que me metieron el virus de la literatura. Si hoy leo a Vassili Grossman o James Ellroy es, en parte, por estos. Aunque sea compatible, es mucho mejor leer con 16, 17 ó 18 años a King o a otros novelistas de terror, que ver las películas existencialistas de Bergman. Mucho más divertido y gratificante, antes que te vengan todos los demonios de la edad adulta.

Uno tiene a “TommyKnockers” como su particular obra cumbre de Stephen King. Casi 700 páginas que datan de 1987 y que uno leyó en 1990. Este es un comentario, por lo tanto, hecho desde recuerdos. No está considerada como lo mejor de su obra. Da igual. Muchos ponen antes, por ejemplo, la más extensa aún “It”, un novelón “río” irregular pero con muchos fragmentos sensacionales debido sobre todo a ese memorable villano-mutante. Los villanos de King merecen un capítulo aparte. Para mí “TommyKnockers” no fue simplemente leer un libro. Fue como cuando visioné “2001 una odisea en el espacio” de la obra cumbre de Kubrick con base en la novela de Arthur C. Clark. Viví el libro, viví toda una gama de sensaciones, para mi  una obra maestra. ¿Qué no está considerada, ni de lejos, como tal? Y a mí que me importa. Sentí esa novela de terror con extraterrestres telépatas, especialmente esa fatal, trágica y hermosísima historia de amor. Y sentí a ese perdedor típico de Stephen King: el borracho, depresivo, zumbado, entrañable y con sus principios:  Jim Gardener.

Como casi todo King, tuvo su correspondiente adaptación, esta vez en formato miniserie televisiva. No quise verla. Y no sólo porque no me imaginaba a Jimmy Smiths en el papel de Gardener, sino también porque ya había pasado algunos años, uno había cambiado – para bien o para mal, muchos dicen que lo segundo – y ya no iba a sentir lo mismo. Ni he vuelto a releer el libro, ni creo que vaya a hacerlo. La ingenuidad de aquel muchacho ha desaparecido, excesivas experiencias encima. Ya no sería lo mismo. Ahora todo parece más gris. Pero ese gris es más soportable gracias a experiencias positivas como haber leído “Tommyknockers”. La magia en gran parte se ha perdido. O como diría el propio  Stephen King, ya no oigo las noticias de la noche ( y obviamente no se refiere a los informativos ). Y tristemente sólo unos pocos lo hacen. Por lo tanto lo dejo así. En mi mente, Jim Gardener, autoredimido, sigue viajando por las estrellas, rumbo a la paz que tanto buscaba.

Stephen King: muchas muchas gracias

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“UNA TEMPORADA EN VENECIA” WŁODZIMIERZ ODOJEWSKI

Por ARIODANTE

Traducción: Katarzyna Olszewska Sonnenberg
Editorial Minúscula, Colección: Paisajes narrados
ISBN: 978-84-95587-51-0
Primera edición: 2009
Páginas: 108

Género: relato

Włodzimierz Odojewski (1930, Poznań, Polonia) es escritor, guionista de radio y periodista. Dejó por razones políticas su país natal en 1971 para asistir a un curso en la Academia de Literatura de Berlín, y después emigró a París y después se trasladó a Múnich, donde, además de dedicarse a la escritura, trabajó como periodista en Radio Free Europe. Autor de numerosos relatos y novelas, ha sido distinguido con varios premios internacionales. En 1989 regresó a Polonia y, desde entonces, reside en Varsovia y Múnich. La prosa de Odojewski se enraíza en la tradición literaria existencial, caracterizada por una obsesión por el tiempo, la memoria, y el inevitable desastre. Experimenta con el monólogo interior y las exploraciones joyceanas en el mundo literario, interpretando el presente como un neblinoso y fantasmagórico sentimiento de deja vu: “mi intención -dice el autor- ha sido mostrar en mis relatos y novelas un mundo que ha desaparecido, pero que aún no se ha desvanecido de nuestros recuerdos. Así he rememorado un pasado lleno de emociones y sufrimientos humanos, miedo, amor y odio, pero también un pasado enraizado en hechos históricos.”

Una temporada en Venecia es el relato de un verano, un verano muy especial: 1939. Visto desde la perspectiva de un niño, Marek, al que habían prometido ir a Venecia, promesa truncada por la situación política, pero que el niño no acaba de entender hasta que no ve la muerte muy de cerca, en los ojos de un soldado, donde se reflejan las nubes en su mirada fija.

Así, en una pequeña población polaca, en un caserón familiar, se juntan la abuela, las tías y la madre de Marek,  su hermano y primos, ausentes los hombres (el padre y el abuelo, movilizados). Y allí tratan de sobrellevar los hechos como pueden. El mundo de los adultos discurre por un cauce distinto al de los niños. Éstos, primero agobiados ante lo que se presenta como un aburrido verano sin entretenimientos ni alegres perspectivas, luego se ve alterado por una parte, por la realidad exterior: los soldados, los refugiados, los aviones, los bombardeos…la muerte. Y por otra, el mundo interior de la familia y de la casa en la que se han refugiado. Y allí ocurre el milagro: la Venecia que no han podido visitar aparece en la propia casa: en el sótano inundado por lo que, ante el trastorno general, creen un manantial, bajo el fuerte influjo de la imaginación, se convierte en la ciudad de los canales: mesas que hacen de plazas, estanterías de palacios, pasillos que son canales, y tinas que sirven de góndolas con las que los niños viven su aventura veneciana, emocionados ante una posibilidad de olvidarse de las imágenes que los adultos no les han podido ocultar: los bombardeos de una zona cercana, las muertes, las explosiones y el pánico.

Así, aunque les llega una descomunal factura de agua y el fontanero sugiere una rotura de cañerías, todos prefieren la ficción veneciana, hasta que un oficial alemán que intenta hospedarse allí les dice la verdad y se marcha ante el enloquecido espectáculo que presencia. Ellos siguen con su teatro veneciano, y el tiempo pasa. “Hay guerra. Deberíamos llorar. Y en vez de eso nos paseamos por Venecia” dice Zuzia.

Ariodante

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“LEJOS DE TOLEDO” ANGEL WAGENSTEIN

Por ARIODANTE

Título original: Далеч от Толедо

Traducción: Venceslav Nicólov

Editorial: Libros del Asteroide

ISBN: 978-84-92663-13-2

Fecha edición: 2010

Páginas: 328

Género: novela

Angel Wagenstein, (Plovdiv, Bulgaria, 1922), nacido en una familia sefardí búlgara, pasó su infancia exiliado en París. Regresó a su país siendo un adolescente, Durante la segunda guerra mundial, fue internado en un campo de trabajo, del que se evadió para integrarse en las filas de los partisanos. Arrestado y condenado a muerte en 1944, logró salvarse al entrar el Ejército Rojo en Bulgaria. Finalizada la guerra, cursó estudios cinematográficos en Moscú y empezó una larga y reconocida carrera como guionista y realizador. Su carrera literaria comenzó tardíamente con la publicación de la novela El Pentateuco de Isaac (1998), que fue el inicio de una ambiciosa trilogía dedicada al destino de los judíos en la Europa del siglo XX que completaría más tarde con Lejos de Toledo (2002) de próxima aparición en Libros del Asteroide) y Adiós, Shangai (2004). Actualmente vive en Sofia.

La obra que nos ocupa es una novela de corte absolutamente autobiográfico: el protagonista, Albert Cohen, viaja desde Israel a su pueblo natal para unas conferencias y se reencuentra con su pasado, no sólo los restos de la ciudad que recorrió en su adolescencia, poblada de personajes deliciosamente entrañables, sino que allí encuentra a su amada Araxi, convertida en una mujer madura, amargada y triste. Juntos recorren de nuevo su pasado común y llenan los huecos de información tras su separación forzada.

Con continuos saltos atrás y adelante, el autor nos va contando y al mismo tiempo comparando los viejos tiempos y los nuevos, mostrándonos en qué se ha convertido la ciudad que le vio nacer y los personajes que conoció, sobre todo, la fuerte personalidad de su abuelo Abraham El Borrachón, y la resistencia y vigilancia de su abuela Mazal, que mantiene las tradiciones sefardíes seculares en su vida cotidiana, en su lenguaje y en su cocina. El mundo de los adultos y el de los niños discurren paralelos, con algunos momentos de colisión, momentos recordados por ambos, Albert y Araxi con emociones encontradas.

No tan elaborada como El Pentateuco, Lejos de Toledo sin embargo es una lectura atractiva, con esa nota nostálgica que predomina sobre el humor, que también lo hay, pero soterrado y trasladado al mundo del recuerdo

ARIODANTE

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“ADIÓS, SHANGHAI” ANGEL WAGENSTEIN

Por ARIODANTE

Título original: Сбогом, Шанхай

Traducción de Venceslav Nikólov

Editorial: Libros del Asteroide

ISBN: 978-84-92663-00-2

Fecha edición: Abril 2009

Páginas: 424

Género: novela

Angel Wagenstein, (Plovdiv, Bulgaria, 1922), nacido en una familia sefardí búlgara, pasó su infancia exiliado en París. Regresó a su país siendo un adolescente, Durante la segunda guerra mundial, fue internado en un campo de trabajo, del que se evadió para integrarse en las filas de los partisanos. Arrestado y condenado a muerte en 1944, logró salvarse al entrar el Ejército Rojo en Bulgaria. Finalizada la guerra, cursó estudios cinematográficos en Moscú y empezó una larga y reconocida carrera como guionista y realizador. Su carrera literaria comenzó tardíamente con la publicación de la novela El Pentateuco de Isaac (1998), que fue el inicio de una ambiciosa trilogía dedicada al destino de los judíos en la Europa del siglo XX que completaría más tarde con Lejos de Toledo (2002) de próxima aparición en Libros del Asteroide) y Adiós, Shangai (2004). Actualmente vive en Sofia. La vida del autor no fue precisamente un camino de rosas y sin embargo, la afrontó con esa manera de ver la vida con una cierta ironía y mordacidad con que nos cuenta en sus obras terribles dramas y a la vez, compensa con algo jocoso. Según Wagenstein, si los judíos no se apoyaran en el humor, no serían capaces de sobrevivir.

Adiós, Shanghai está precedida por un breve capítulo cuyo título cita la famosa Sinfonía de Los Adioses de Haydn; la sinfonía es ejecutada por una orquesta de depauperados músicos judíos procedentes de la Filarmónica de Dresde, en los restos de una fábrica bombardeada en Hongkou, Shanghai, ante un regimiento de infantes de la marina norteamericana, vencedores. Estamos en 1945.

Asimismo, la novela acaba con otra cita a la misma sinfonía, con el adagio finale. Poco a poco, los supervivientes se despiden de Shanghai y de todos los que han quedado enterrados allí, como velas apagadas, desde un buque con destino a Europa.

De las dos partes en que está dividida, la primera presenta la situación europea a partir de la noche de los cuchillos largos, con el concierto de Haydn, en el cual, conforme los músicos de la Filarmónica de Dresde van apagando sus velas en la sinfonía Los Adioses y saliendo de escena, van siendo detenidos todos aquellos –y eran muchos- de raza judía. Es 1938. La segunda parte trata de lo que los emigrantes forzosos encuentran al llegar a la aún ciudad internacional de Shanghai, en plena guerra chino-japonesa, con la ciudad dividida en zonas por naciones, donde cada uno de los personajes trata de salir adelante en condiciones penosísimas y cómo todos van a tener algo que ver entre sí, van a formar parte de una fina malla sin saberlo. Una malla que acabará por romperse.

Los diversos personajes, cada cual con su trayectoria, su ambiente y su manera personal de afrontar la vida, van apareciendo en escena  a la vez que los acontecimientos de Alemania se precipitan.  Todos, de un modo u otro, acaban por escapar, y de un modo u otro, todos acaban en el único sitio al que los dejan entrar: Shanghai.

Wagenstein nos traza un paisaje desolador en Europa: desolador para los judíos, acosados, marginados, humillados y ofendidos. Y desolador para la humanidad, que juega un papel tan deshonroso al consentir tal infamia, durante esos años previos a la guerra, en los que el pacifismo y la política de apaciguamiento primaba.

Muchas novelas han tratado la guerra en Europa o incluso en el Pacífico. Pero pocos han tratado y de modo tan fuertemente realista, lo que representó Shanghai en aquellos años; el inmenso drama de toda aquella gente sin esperanza; el drama de un primer violinista de la Filarmónica que sobrevivía trabajando como ayudante de un jardinero japonés para familias acomodadas, o recogiendo basura por las calles o cargando fardos en los muelles para poder comer.

Hay una trama en la que confluyen personajes que se han conocido en Dresde o en París, en la que hay encuentros amorosos, hay espionaje, hay miseria, tortura y dolor. Pero el tono de la obra discurre en dos niveles: el de los personajes, mezclando drama con cierta retranca, un humor diríamos muy centroeuropeo, en el que ellos se toman a sí mismos como objeto de humor. Y el otro nivel es casi un ensayo histórico, en el que la explicación histórica, contada directamente al lector, por un narrador muy sarcástico, discurre como un telón de fondo en el que van apareciendo el drama de cada personaje. Esta alternancia está algo descompensada, estas largas explicaciones de la situación política quizás podrían haberse resuelto dentro de la trama misma, pero el autor prefiere contárnoslo como en un aparte. En suma, creo que es una novela fallida, que hubiera podido resolverse mejor de otro modo.

Y tanto en uno como en  otro nivel, lo que advertimos es un cierto problema con el lenguaje, que suponemos un fallo de traducción. Hay muchas frases mal resueltas o que nos dejan con un poco de confusión o con la sensación de que podría haberse expresado mejor. Al ser traducida del búlgaro, resulta difícil de identificar dónde está el fallo. Pero una revisión más detallada sería interesante para mejorar una novela que tiene un tema interesantísimo pero que no acaba de convencer la manera cómo lo desarrolla.

La última parte mantiene una fuerte tensión y dramatismo. Y nos deja un sabor de boca amargo, porque aunque sabemos que la guerra ha terminado, sabemos también que hay cosas que no pueden restituirse. Dresde arrasada hasta sus cimientos, Hiroshima y Nagasaki arrasados también. Y los supervivientes sin saber qué hacer con su vida y con su historia.

Ariodante

Junio 2010

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“Las almas grises” de Philippe Claudel

Un lugar en concreto: un pequeño pueblecito francés perdido – en realidad resguardado – en medio de ninguna parte. Un momento más concreto aún si cabe: durante  la I guerra mundial. Con estos dos apoyos temporal y espacial, Claudel nos cuenta una historia maravillosa, que atrapa sobremanera, donde el ser humano es retratado con fiereza, mientras un halo de tristeza lo invade todo.
En esta población francesa, cerca de V., se entrecruzan los destinos de varios personajes. Todo un microcosmos se entrecruza. Tenemos al Fiscal Destinat. Hombre de familia poderosa, que podría haber sido algo grande de haber querido. El hombre más triste del mundo. Claudel perfila muy bien a este personaje. En sus juicios, sabía impresionar al jurado para conseguir de estos una sentencia favorable para sus intereses, a saber, la condena del acusado. El jurado veía al acusado como uno de ellos. El acusado bien podría haber sido cualquiera de los que ahora se sentaban en el asiento del jurado, quien sabe si mañana se sentarían en el del acusado. Esto hacía que estos hombres sintieran desprecio por el acusado. Condenando a otro se desvía la atención. Acto que viene del que se sabe culpable aunque no sabe de qué. Así somos. Otros personajes son los inquietantes juez Mierk y Coronel Matziev. Comedores, bebedores y condenadores sin escrúpulos. Capaces de mandar atar a un hombre a un árbol a  media noche, sin abrigo, a diez bajo cero, para que confiese un asesinato que no ha cometido – eso no significa que no sea culpable de otras cosas -, mientras se toman el postre, copa de cognac y se fuman un buen puro.
Todo es narrado por un policia local,  hombre cabal – tal vez el único – que a fuerza de estarlo a ha enloquecido. Nos da cuenta de como en la pequeña población, la guerra, a la que llama “la gran masacre“,  se oye, se huele, pero se saben a salvo de ella, aunque no de la barbarie inherente al ser humano. De eso serán consciente sólo a posteriori.
En este contexto una muerte, homicidio en toda regla, de una niña de diez años, Belle, también conocida por todos como “Belle de jour”, viene a romper la fina linea que separa la normalidad de su contrario. Todo apunta al fiscal Destinat, ya retirado, pero las autoridades tienen otros planes. Todos tienen otros planes menos nuestro narrador, el único loco que lo es en contra de su voluntad. La muerte de la maestra, lysia, añade más misterio a la historia. El asesinato de la mujer de nuestro protagonista – ya van tres muertes – le conducen a un estado de tal desazón, a un estado de tal incomprensión, hartazgo ante todo lo que le rodea, que acaba renegando de la raza humana. Su única motivación es recordar y contarnos como todo sigue en pie, como si nada hubiera ocurrido, por la senda de la locura.
Novela muy recomendable, llena de personajes desesperados, repleta de comentarios ácidos y amargos, muy afilados sobre nuestra condición, donde se expone megáfono en mano que con qué suma facilidad nos salimos del camino que decimos recorrer. La tendencia a recurrir a ” borrón y cuenta nueva”. Al escudarse en unas circunstancias que se supone se salen de lo corriente. La amnesia como manera de sobrevivir.
Se sobrevive pero no se aprende. No se puede

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“EL PENTATEUCO DE ISAAC” ANGEL WAGENSTEIN

Por ARIODANTE

Una vez Kaplan, muy emocionado, le dijo a Mendel: “¿Sabes a quién vi anoche en el metro de Berdichev? No te lo vas a creer: ¡Al propio Karl Marx!” A lo que Mendel, escéptico por naturaleza,  contestó: “Pero, ¡qué bobadas dices! En Berdichev ¡no hay metro!”

Título original: Петокнижие Исааково

Traducción: Liliana Tabákova

Editorial: Libros del Asteroide

Fecha edición: 2008

ISBN: 978-84-935914-6-5

Páginas: 316

Género: novela

Angel Wagenstein, (Plovdiv, Bulgaria, 1922), nacido en una familia sefardí búlgara, pasó su infancia exiliado en París. Regresó a su país siendo un adolescente, Durante la segunda guerra mundial, fue internado en un campo de trabajo, del que se evadió para integrarse en las filas de los partisanos. Arrestado y condenado a muerte en 1944, logró salvarse al entrar el Ejército Rojo en Bulgaria. Finalizada la guerra, cursó estudios cinematográficos en Moscú y empezó una larga y reconocida carrera como guionista y realizador. Su carrera literaria comenzó tardíamente con la publicación de la novela El Pentateuco de Isaac (1998), que fue el inicio de una ambiciosa trilogía dedicada al destino de los judíos en la Europa del siglo XX que completaría más tarde con Lejos de Toledo (2002) de próxima aparición en Libros del Asteroide) y Adiós, Shangai (2004). Actualmente vive en Sofia.

En esta magnífica y delirante obra, derrochando humor por los cuatro costados, el autor aborda el tema de la situación de los judíos centroeuropeos desde la I Gran Guerra, y nos lo cuenta recurriendo a un personaje imaginario, Isaac Blumenfeld, dirigiendo una carta a su cuñado, el rabino Samuel Bendavid, en la que le comenta el cumplimiento de sus cinco sueños, al modo del Pentateuco bíblico. Bendavid es el leit motiv de toda la obra, su alter ego con el que se desahoga y con el que sueña en las largas soledades de sus múltiples reclusiones.  A partir de ahí Isaac nos narra su vida, en primera y segunda personas, dirigiéndose al lector como si hablase con su cuñado o con un amigo cualquiera en una de las  tertulias de su sastrería. En tono muy ingenioso, intercalando chistes y tomándose la vida como un hombre sencillo de pueblo, el hijo de un sastre que es; su pericia en darle la vuelta a los abrigos para poder seguir utilizándolos unos cuantos años más como nuevos, refleja parabólicamente cómo los habitantes del pequeño pueblito de Kolodetz  (Galitzia) han ido pasando, sin moverse de sitio, del Imperio Austrohúngaro a Polonia, de Polonia a la URSS, de la URSS al Tercer Reich y finalmente a Austria, como si le dieran vueltas y más vueltas a sus chaquetas. Su mirada hacia el mundo que le rodea es limpia, inocente, aunque no exenta de preguntas, preguntas que no tienen respuesta, o cuya respuesta mejor es ignorarla.

To be or not to be: como el genial cineasta judío Lubitsch hace una magistral obra humorística con un tema tan dramático, esa manera de mirar la vida y mirarse a sí mismos les ha hecho sobrevivir espiritualmente a muchos judíos y evitar la demencia. En palabras de Wagenstein: “Ya se ha dicho: tantos judíos, tantas opiniones y divergencias…No sé, quizá desde los tiempos de la Torre de Babel hemos aceptado la variedad idiomática y de opiniones como algo congénito de la tribu y no buscamos deshacernos de nuestros contrincantes por medio de la violencia. Lo que ha dado pie al engaño de que los judíos estamos enternecedoramente unidos.Tan unidos como el banquero Rothschild y el revolucionario Marx, quien aspira a expropiar sus bienes. Por otro lado, los peores conflictos y discrepancias  el judío los tiene consigo mismo. El suicidio es la única manera de quitarte de encima a este enemigo interno tan pesado, que todo el tiempo se mete contigo y te contradice…” Otros a los que les ha faltado el humor, han recurrido al suicidio, como Zweig. Y son precisamente los propios judíos los más capacitados para reírse de sí mismos.  Los gentiles pueden solidarizarse con ellos, pero  no reírse de su situación, lo que se podría entender como un ataque, una humillación. Y así, del mismo modo que Billy Wilder, Ernst Lubitsch y otros han sabido presentar todas esas terribles situaciones vividas con un humor y una ironía mucho más agresiva que una lastimera queja dramatizada, Wagenstein nos cuenta el drama de Europa desde una humorística versión judía, que casi nos recuerda los cuentos de Gógol. El propio Wagenstein destaca la risa como una coraza protectora, una fuente de ánimo y de confianza. Y aunque el autor suele citar a Chaplin –que no consta que fuese judío- como ejemplo, creo que en Chaplin el humor tiene un deje lastimero, dulzón, muy distinto al humor centroeuropeo de un corrosivo Roth (Joseph), con ecos del pintor y dibujante Grosz, y de Otto Dix, del buen soldado Švejk, creado por el autor checo  Jaroslav Hašek, en fin, toda una serie de personajes que nos muestran a través de la sátira y el humor la decadencia de una sociedad que desemboca en dos guerras demoledoras.

Su calvario personal, a través de dos guerras mundiales, campos de concentración alemanes y posteriormente soviéticos, el absurdo de su situación, es rememorado por un viejo Isaac finalmente afincado en Viena, que va conversando mentalmente con sus seres queridos, todos muertos, amados en sus sueños.

Ariodante

2010

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“La mecánica del corazón” Mathias Malzieu

Este pequeño libro, obra de un cantante pop francés, ha repetido en España el gran éxito de ventas que tuvo en su país natal y analizandolo fríamente no sorprende tanto, casi diría que no sorprende nada.

Es uno de esos elegantes cuentos góticos románticos tan en boga hoy día que beben sin pudor del cine de Tim Burton ( un presunto freak que siempre trabaja en multinacionales ) y que va a dar lugar a una ¿ previsible ? película de animación en la estela de “La novia cadaver” a la que recuerda en más de un momento.

Este es uno de esos libros de moda de los que parece esté prohibido que no te guste y que tras su estilo brillante, elaborado, cultivado, rico en metáforas, de las que tal vez abusa en exceso, en definitiva de su colorido, se esconde una historia de lo más convencional, con tópicos a mansalva.

Algo con pretensiones de originalidad, la sempiterna reivindicación de la diferencia, que paradojicamente, acaba resultando lo mismo que otros libros o películas.

Con el “modelo Burton”, con imitaciones por todas partes ( como la endeble “Número 9” de Shane Acker, producida por elpropio padre de “Ed Wood” ), leer “La mecánica del corazón” es leer otra muestra de un tipo de arte que ha llegado a la saturación y a ser de lo menos imaginativo.

Ojo, el libro no es malo ni por asomo. De hecho es sumamente agradable, tiene humor negro, cierto ingenio ( un hammster que se llama Cunninlingus, ¡ qué gran nombre ! ), juega bien con los anacronismos, tiene momentos muy conseguidos ( la aparición de Jack el Destripador ) y está francamente bien escrito. Retrata con acierto el amor exacerbado de la pareja protagonista y sus posteriores celos. Pero con todos sus  alicientes, no logra tapar que la historia son apenas 4 páginas, que los secundarios están desaprovechados y no pasan de unos pocos apuntes superficiales, que el estilo de Malzieu acaba perdiendo brillo y que casi todas sus virtudes se concentran en la primera mitad de la narración. Su interés y su chispa van en descenso, su historia de amor no emociona apenas y no sorprende.

El final es flojito, bastante,  ( casi tomadura de pelo ) pero como no quiero destriparlo no explicaré el porqué de esta opinión. Además, teniendo en cuenta su éxito, me acabarían pitando los oídos. Leer “La mecánica del corazón” no es una perdida de tiempo, pero el que escribe esto, está cansado de supuestos raritos que te endosan la historia almibarada o facilonamente trágica y sobadísima de siempre

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