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“Actas relativas a la muerte de Raymond Rousell” Leonardo sciascia. Editorial Gallo Nero
Primero de todo, una recomendación y una humilde petición. La recomendación va dirigida a los lectores. Recomiendo leer primero el fantástico, con mayúsculas, estudio de Julio Reija sobre Leonardo Sciascia, y luego leer la obra en sí. Creo que es preferible leerlo así. Tras leer dicho estudio, que yo hubiera puesto a modo de introducción, se entiende perfectamente al autor, a su contexto, y la novela gana muchos enteros. Se corre el riesgo que al leer primero la obra, no se lea lo otro, o si no se tiene mucho interés en el autor no se le preste mucha atención, y se pierda sin duda lo mejor. La petición, humildísima, va a dirigida a la Editorial Gallo Nero. Esta es que si pueden cambiar dicho orden en posteriores ediciones.
Había leído varias obras de Sciascia. Un autor simplemente fascinante. Cuando acometí esta lectura, breve en extensión, la obra me dejó la sensación de no haber leído nada que no hubiera leído ya. ¡ Ay si hubiera leído primero a Julio Reija !. Este hizo que cambiara por completo mi percepción. Voy a intentar desgranar lo que Reija expone.
Como reza en la contraportada, “Escrito en 1971, Actas relativas a la muerte de Raymond Roussel es un relato-investigación sobre la muerte del poeta francés Raymond Roussel que tuvo lugar en 1933 en un hotel de Palermo por sobredosis de barbitúricos, según el informe oficial”. El caso es desgranado, paso por paso, sin dejar cabos sueltos. pero la verdad es que hay muchos cabos sueltos. El caso se cerró con auténtica precipitación, donde el suicidio era una hipótesis que simplemente las autoridades italianas de la época – años mussolinianos – se negaban siquiera a valorar. El suicidio no tenía cabida. Sería como admitir que hay motivos para no querer vivir, para no ser feliz, y ningún poder establecido quiere admitir esa posibilidad. Las autoridades cerraron el caso rápidamente y hasta cuatro décadas después nadie se interesó por él. Tuvo que ser Sciascia. ¿Quién si no?
La lectura es amena, pero pronto vemos que no hay sorpresas, que incluso no hay solución posible. El caso se presenta, hablan los testigos, se habla del fallecido – el súbdito francés Raymond Rousell, artista francés – y se llegan a las conclusiones. Sciascia nos presenta su tesis: para él no fue sino una sobredosis, un accidente lo que acabó con la vida de Rousell, descartando el suicidio o que su compañera estuviera de algún modo implicada. Pero ni esto está claro del todo.
Una vez leída la obra, comienza lo bueno. Tras haber leído a Sciascia en otras novelas, me sentía realmente fascinado por el autor de Agrigento. No siempre esa fascinación la podía transformar en palabras. Leer a Reija ha sido como leer mis pensamientos. Lo que siempre pensé sobre Sciascia, aqui lo encontré, escrito por otro de manera magistral. Al acabar su estudio, ya veía esta pequeña obra de otra manera.
Veamos. ¿Cuáles eran los pilares del pensamiento de Sciascia? Una neurosis racionalista, una busqueda de la razón, más importancia a la verdad que a la propia razón. Sciascia no sentía especial admiración por la figura de Rousell. Sin embargo le mueve la idea de razón y de sobre todo de verdad: ¿Por qué las autoridades no pusieron la causa de la muerte? Sus escritos evidencian ansía por dar con ella, VERDAD, anteponiendo el fondo a la forma. Escribe contra la injusticia, o más bien contra la falta de ella ( de justicia ), contra la conformidad de una sociedad encantada de convertirse en un rebaño.
A Sciascia le interesaba escribir las cosas de hoy, de su momento. No caigamos en la tentación de coger cualquier texto del pasado para hablar sólo de él y aprovechar para algo así como exonerar al presente. Ese es un lujo muy corriente que no nos deberíamos permitir. El autor siciliano se pregunta: ¿ por qué nadie hoy día lo hace? Pregunta no sólo válida al contexto italiano, y al de los años 60′ y 70‘, sino también al nuestro de hoy, ¿ Por qué no?.
Sciascia escribe contra los efectos negativos de la eterna consolidación del poder, donde exhibe su desconfianza razonada ante los discursos oficiales. Al darnos cuenta de esto, entendemos de golpe la novela que antes tal vez nos dejara algo fríos, y esto es que lo que Sciascia escribe no es que haya una confabulación contra la verdad sino más bien una incapacidad para acceder a ella, un desapego a la verdad para permanecer dentro de una cómoda ignorancia. Leyendo los textos sciascianos se observa que a más se busca esa dorada verdad, esta más parece emborronarse. La conclusión a la que llegamos es que legar a ella, saber qué ocurrió con Raymond Rousell, es imposible. El caso es irresoluble. Eso es lo realmente inquietante.
Sciascia sabe que su tesis de una muerte accidental, choca con el hecho que Rousell dejará testamento como si supiera que algo le iba a ocurrir. Pero el hecho es que el hecho que nadie investigara esto, qué nadie se lo planteara, qué la autoridad competente siquiera investigara esa posiblidad, es lo que aterra a Sciascia, que a nadie le importe la verdad. Esa es la conclusión de la novela, absolutamente aterradora. Viéndolo así, es una novela fantástica. Y verlo así, es gracias a Julio Reija, es mérito de él. También puede ser que haya quien haya visto esto sin la ayuda de Reija. Yo, necesité de su, sin duda, más que estimable ayuda. Chapeau!!
Tras leer a Sciascia, sus relatos policíacos, una idea queda flotando, realmente inquietante, en el aire, más aún que no haber podido averiguar un caso de un asesinato o que un asesino en serie siga campando a sus anchas, y esta es que el lenguaje, nuestro lenguaje, es completamente incapaz de transmitir la verdad.
Enhorabuena a la editorial GALLO NERO por su labor editorial por haber hecho llegar esta pequeña joya a las librerías
Share“Contra el viento del norte” Daniel Glattauer
Tienes un e-mail. Y es un e-mail de alguien que no conoces de nada.
Un par de líneas, un remitente equivocado… bien podría ser el inicio de una bonita historia de amor.
Contra el viento del norte ( tiene una continuación que se titula “Cada siete olas” ) es una novela entretenida y original que sorprende al lector por su originalidad. Sobre todo por su originalidad que no se ve empañada por la monotonía de algunos pasajes.
Una novela sencilla en la que los dos protagonistas- Emmi y Leo- pasan de ser dos absolutos extraños cruzando mails en cuentas de correo equivocadas a tener un profundo conocimiento del otro, un conocimiento que asusta. AMOR en letras mayúsculas. Todo comienza el día en el que Emmi manda por error un mail a Leo pidiéndole darse de baja de una revista. De esa manera surge el díalogo entre ellos, interminable, que dará paso primero a la amistad y luego a algo más, a esa loca atracción entre dos desconocidos que nunca se han visto.
nota: Voy corriendo a ver mi correo. ¿Quien sabe? A lo mejor… tengo un e-mail.
Share“La nave de los muertos” B. Traven
Al misterioso B. Traven muchos le conocen sólamente por ser el escritor de la novela que dió lugar a la famosa y oscarizada película de John Huston “El tesoro de Sierra Madre” con Humphrey Bogart. Autor de una no muy extensa ni muy conocida obra, uno de los trabajos más representativos, fue esta incendiaria “La nave de los muertos”, un manifiesto cercano al anarquismo que data de 1926 y que la editorial ACANTILADO - la gran editorial Acantilado, que tan buena labor de editar buena literatura está haciendo -, al igual que “El tesoro de Sierra Madre”, ha recuperado recientemente.
Novela mítica escrita originalmente en alemán, narra las desventuras del desafortunado marinero estadounidense Gerald Gales, que tras quedarse sin papeles y en tierra, sufrirá las trabas que le pone el estado moderno,primero cuando vagabundea por media Europa en condición de apátrida y choca con la burocracia automatizada y deshumanizada de la mayoría de los países por los que pasa, y segundo cuando trabaja en el barco del título, donde tendrá ocasión de comprobar hasta dónde puede llegar la esclavitud laboral y lo poco que vale la vida de un solo individuo.
Más que el estilo, directo y algo desmañado en mi opinión, incluso tosco, lo que realmente vale es el contenido. Esta es una novela escrita después de la I guerra mundial, la guerra que en nombre del progreso se suponía que iba a acabar con todas las guerras ( carcajadas que acaban en vómitos ), unido al retrato de un mundo moral y físicamente devastado, hace que su pesimismo y deseperación tengan un nivel de lo más exacerbado.
El calificativo “Romántico” que aparece en la contraportada es inadecuado y engañoso ( claro que esto no invalida el gran trabajo de la editorial ) y detrás del sentido del humor cercano a lo absurdo y a la ironía que abundan a lo largo de toda la narración y de la que hace gala el bonachón de Gales, se esconde una visión negrísima del ser humano.
“El mundo de “La nave de los muertos”, como el nuestro, se rige por el eterno principio tanto tienes tanto vales, sólo que, por un avez, lo vemos desde el punto de vista de los desheredados, los parias, los sin papeles, los que cuando salen en los libros de historia, sólo es en forma de números y la mayoría de las veces de entre los muertos, heridos y desaparecidos.
Algunas de las brutalidades laborales de la novela, tal vez fueran propias de ciertos estratos sociales de aquellos tiempos, y, más o menos, han sido superadas con los años en el mundo occidental ( en el resto del planeta, que trabaja para que tengamos las zapatillas o los bolsos de última moda, obviamente no ha sido así ) pero en conjunto parece que B. Traven la redactó hace cuatro días, tal es su modernidad y su rotundidad.
Su retrato de la burocracia es más kafkiano que el propio autor de “La metamorfosis” y su visión del ser humano, de su avaricia, su servilismo, su falta de escrúpulos y un largo etc., es de lo más infernal y menos forzado que se pueda leer. Y todo con un lenguaje coloquial que parece restar trascendencia a sus agudas observaciones ( ¿ o acusaciones ? ). Un libro que te puede hundir el día pero que hay que leer. Aqui va una muestra del talento de su aventurero creador: “sólo los pequeños, los humildes, están obligados a respetar la ley. El estado no tiene por qué hacerlo. Es todo poderoso. El hombre ha de tener una moral. El estado desconoce lo que significa. Asesina cuando le parece; roba cuando le parece; les quita los niños a sus madres cuando les parece; rompe los matrimonios cuando le parece. Hace lo que le viene en gana. Dios no existe para él, como tampoco existe el cielo, en el que obliga a creer a los hombres amenazándoles con todo tipo de castigos corporales y espirituales. Él no cumple los diez mandamientos que les inculca a los niños a estacazos. Tiene los suyos propios, porque es todopoderoso, omnisciente y omnipresente. Se inventa un nuevo decálogo y, si al cabo de una hora ya no le conviene, se lo salta tranquilamente…”
“La nave de los muertos” es rica en reflexiones de esta índole. Para Traven, con las monarquías desaparecidas o en decadencia en la Europa continental, el estado, fuese democrático o dictatorial, era el nuevo demonio represor y generador de males, y las revoluciones eran algo que, dada la situación nunca iban a desaparecer, aunque luego, en una suerte de ciclo repetitivo e infernal, todo quedase exactamente igual ( o incluso peor ) que cuando empezaron. Como diría el vapuleado Gales: “Yes sir”. Ya lo creo que sí.
Share“El sobrino de Wittgenstein” Thomas Bernhard
“El sobrino de Wittgenstein” es un canto a la amistad entre el autor, mi admirado Thomas Bernhard y el sobrino de Ludwig Wittgenstein, célebre por su tractatus, Paul, Paul Wittgenstein, perteneciente a la misma adinerada familia austriaca que Ludwig, Paul, igual de inteligente y loco, genialmente trastornados ambos, pero de manera distinta. Como bien apunta la contraportada de la edición de Compactos Anagrama, “Ludwig llevó su filosofía al papel y no su locura, mientras él reprimió su filosofía y no la publicó, exhibiendo sólo su locura”.
Paul, apasionado de la música en general, de la ópera en particular, auténtico fanático, auténtico entendido, el que más, que hubo un tiempo que era quien decidía que óperas tendrían éxito y cuáles no, por mor de su locura, de su peculiariedad, acabó pasando largas temporadas en un sanatorio, exactamente en el pabellón Ludwig de la Baumgartnerhöhe, el pabellón de los trastornos mentales, donde a no muchos pasos nuestro amado Bernhard pasaba otra no menos larga estancia en el mismo hospital, en el pabellón Hermann, para enfermos de pulmón.
La novela, es ciertamente deliciosa, suerte de autobiografía Bernhardiana y biografía de su gran amigo Paul, con el que no creamos que coincidía en mucho, pero que sí le aportaba vida, amena conversación, aunque fuera “pelando” a todo lo que les rodeaba, sin dejar títere con cabeza, atacando al mundillo del arte, a los que vivían de ello, gente sin criterio que no repite sino clichés.
Pero no nos adelantemos. Enfermos ambos pabellones del mismo hospital, uno del pulmón – “leer “El aliento” y “El frío” – otro mental, Thomas quiere visitar a Paul, pero no tiene aliento, fuerzas, para llegar hasta su pabellón. Mientras recobra esas fuerzas, ese aliento, no pierde la oportunidad para volver a cargar contra los hospitales, como centro de muerte, y contra los médicos, a los que considera seres insensibles que deciden arbitrariamente el destino de un ser humano mandándolo al gulaj de la enfermedad, y más en casos de enfermedad mental, sin ningún tipo de contemplación y para colmo, en nombre de la ciencia. Una vez pasada la pataleta – pongámonos en su lugar – contra los hijos de Hipócrates, recuerda a Paul Wittgenstein, su amigo, personaje antológico, extravagante, que odiaba a su familia, la misma que se avergonzaba de él, la misma que lo mandaba al sanatorio después de su ataques, cuando ya no podían más con él. Unos recuerdos que se cruzan con los suyos propios, los de su relación con Paul, el sobrino de Wittgenstein, hablando de música, de arte, ” pelando” , de nuevo, al mundillo literario al que simplemente detestaba, sentados en el Café Sacher y no en el Bräunerhof, donde, en este último, ” reina durante todo el día una penumbra desesperante”, donde podía leer prensa en Inglés y Francés y no la prensa en alemán que tanto aborrecía. Grandiosa la anécdota acaecida cuando le dieron un premio, sentándose de incognito entre el público sin que nadie fuera capaz de reconocerle y dejándolos plantados sin que la ceremonia hubiera realmente finalizado. Para él, aceptar un premio era como aceptar ¡ que te defecaran en la cabeza ! – leer su libro “Mis premios” editorial Alianza -.
Bernhard hace un canto a la amistad, realmente conmovedor, lleno de sentimiento, reconociendo no haber estado a la altura en los últimos días de vida de Paul, su amigo, su gran amigo, posiblemente su único amigo. Verle era como ver la muerte, su muerte, no era capaz de dominarse, coger aliento, dominio de sí mismo, valor para hacerle una simple visita. La muerte, la gran obsesión de Bernhard. Es increible la sinceridad de Bernhard, lo que desnudaba su alma cuando escribía sobre sí mismo, hasta hacerla cristalina ante nuestros ojos. Vemos sus entrañas. Por eso su escritura es genial.
Paul Wittgenstein, el sobrino de Wittgenstein. Este libro es el homenaje a un amigo, a alguien que despreciaba la sociedad de su época, justamente por considerar que negaba su historia y que por tanto, tampoco tenía futuro, alguien que despreciaba igual la megalomanía del parlamento que la vanidad de los que consideraba “artistas reproductivos”, artistas en serie. Alguien cuyos pensamientos, con toda su excentricidad, son a tener muy pero que muy en cuenta. Lo mismito que los de Bernhard.
Share“El cementerio de Praga” Umberto Eco
Por Richi
Título: El Cementerio de Praga.
Autor: Umberto Eco.
Editorial: Lumen
Páginas: 587 + índice
PVP: 23,90 euros
Me decía un amigo que hay autores que viven de una sola obra maestra, lo mismo que en el ahora vilipendiado mundo del toro hay maestros que viven de unas cuantas faenas de autor. Umberto Eco podía compararse con un torero, pero mejor lo haremos con el inimitable Curro Romero el Faraón de Camas, torero de luces y sombras.
Umberto es un escritor eruditamente sublime, con una obra de verdadera esencia, donde combina la pureza del género policiaco con la oscuridad del Medievo cristiano y la majestuosidad y riqueza de su prosa con el duende del misterio. El nombre de la rosa ganó merecidamente el premio Strega en 1981 y el premio Médicis extranjero de 1982, entrando en la lista de Editors Choice de 1983 del New York Times y, más tarde, se estrenaría en el cine con un éxito abrumador. Fue su primera novela y con El nombre de la rosa, el gran Umberto Eco se consagró, salió a hombros como los grandes y lo hizo como si lo hubiera hecho, a la vez, por la Puerta del Príncipe de la Maestranza de Sevilla y por la Puerta Grande de la Ventas de Madrid y consiguió lo que tanto añora un torero: llenar las plazas de incondicionales, pero en este caso de lectores empedernidos que esperan otra obra maestra, otra obra sublime que les quite el sueño y hasta el recuerdo de lo cotidiano.
Sin embargo, con su última novela El cementerio de Praga han vuelto a sonar pitos y los incondicionales tendrán que esperar a otra gran tarde. De la misma manera que Curro Romero, henchido de superstición, paseaba el miedo a sus anchas por el coso, Umberto Eco, embriagado de erudición, nos regala una buena dosis de aburrimiento.
Pero analicemos el argumento de la novela. Sin duda, falla esta obra, en mi opinión, en una mala elección del tema. Un tema difícil donde los haya por la amplitud y la complejidad de personajes reales que intervienen, así como, por las situaciones poco atractivas y difíciles de casar con el personaje principal y ficticio, el capitán Simonini, personaje siniestro, racista y misógino que se desdobla en el abate Dalla Piccola para poder ser el responsable una de las mayores mentiras que ha visto la humanidad: Los protocolos de los sabios de Sión. Una mentira que se fraguó a mitad del siglo XIX y acabó con la aplicación de la solución final en el Holocausto Nazi.
Para la narración de la novela el autor utiliza un diario fragmentado y escrito en primera persona por el susodicho capitán Simonini y su doble el abate Dalla Piccola lleno de incoherencias y disputas entre los dos, donde incluso uno da muerte al otro para resucitar poco después. Pero cuando la lectura se hace insostenible e indescifrable, el autor utiliza la tercera persona y recurre a una extraño narrador que sobrevuela por encima del hombro del propio Simonini (como se echa de menos a Guillermo de Baskerville y Adso de Melk) y aclara cuestiones oscuras.
La novela transcurre en una eterna introducción donde se explican una serie de complots urdidos por Simonini para ganar dinero y saciar un hambre voraz y, sobre todo, su odio hacia los carbonarios, los masones y los judíos, odio legado por su abuelo Juan Bautista Simonini y alimentado por la necesidad de nutrir de maquinaciones a los servicios secretos de Italia, Francia, Alemania y Rusia. Se inventa el complot judío del cementerio de Praga, base del mencionado protocolo de los sabios de Sión que crea, amplia y vende a unos y otros. En esa eterna introducción se mueve toda la novela y se cruzan con el protagonista una serie de personajes reales que, de una manera u otra, influyeron en el famoso protocolo. Sin embargo, la novela carece de nudo y, por tanto, acaba sin desenlace, por no decir que no engancha ni lo más mínimo. Lo peor de todo es que durante la lectura no sientes nada, no te emocionas, no ríes y ni siquiera sientes pena, solo estás pensando en dejar de leer, en acabar el suplicio, incluso ahora, días después de acabarla, no me ha dejado ni siquiera un pequeño poso o el regusto de recordar alguna escena con la que deleitarme.
Es más, al final de la novela, el propio autor, consciente de las carencias de la misma y de la complejidad de la trama, cita textualmente unas inútiles aclaraciones eruditas con remisión a un cuadro donde se aclara capítulo, trama e historia.
En cuanto al personaje principal y su desdoblamiento podría calificarlos de cualquier manera, menos de plano, puesto que si otros personajes de otras novelas adolecen de rasgos terrenales, éste se halla en posesión de todos los más miserables que el ser humano puede albergar y, por ende, tan malo es lo uno como lo otro y, en este sentido, los convierte en una de esas personalidades antipáticas y poco creíbles.
En cuanto a la editorial, tan solo tengo que expresar un reproche, pues una cosa es publicar legítimamente a un autor de tirón incuestionable y, otra bien distinta, es publicitar que la presente obra es una novela incluso mejor que El nombre de la rosa, apelando a una obra sublime del autor como reclamo de esta otra que nada tiene que ver con aquella, intentando con ello confundir a los lectores.
En definitiva, en mi opinión, el autor ha novelado con una trama desafortunada lo que debiera ser un ensayo bien documentado. O lo que es lo mismo, El cementerio de Praga es una novela con un argumento difícil de digerir que, siguiendo un símil torero, es como si Umberto Eco se hubiera encerrado en una plaza de toros con seis vacas suizas y pretendiera hacer una faena antológica. Un maestro de la historia con mayúsculas, un maestro de la intriga y un profesor con una cultura inmensa no puede regalarnos semejante obra.
Richi
Share“Cruz sin amor” de Heinrich Böll
No niego que Heinrich Böll sea uno de mis autores favorito. Lo conocí con esta obra, del año 1947, aunque no se editó hasta 2002, y en España hasta el 2004. Böll no permite que tras una tragedia de la tales dimensiones como fue el tercer reich y la segunda guerra mundial, nadie pretenda hacer borrón y cuenta nueva, como si apenas hubiera ocurrido nada, no permite la aparición de héroes que presuntamente escondieran judíos en sus cocinas. Ni que cuando se les pregunte por su relación durante la guerra con Adolf respondan con fingida sorpresa: Adolf, ¿qué Adolf? – este es un chiste de la película “uno, dos, tres” de Billy Wilder-. Lo hecho hecho está y ahi que asumirlo. En este sentido “opiniones de un payaso“, es impresionante.
Esta es una historia bélica, de retaguardia y de trinchera, de dos hermanos, uno religioso que pronto ve que dios se ha ido de vacaciones por un tiempo, el otro cree en el dios patria, la regente quién la regente, hasta que sufre en sus carnes menos misericordia aún. Ese dios nunca se va de vacaciones.
Böll era el pepito grillo de la alemania post nacionalsocialista.
Le dieron el premio nobel de literatura en 1972. Eran otros tiempos.
El libro está descatalogado, editorial Littera.

“Los ejércitos de la noche” Norman Mailer
La multitudinaria Marcha sobre el pentágono para protestar contra la guerra de Vietnam que tuvo lugar el 21 de Octubre de 1967, inspiró a Mailer, consciente que su trabajo debía evolucionar debidamente, este libro influido por el nuevo periodismo de la época.
La Marcha, que llegó a tener como objetivo original tomar el mismo Pentágono, se prolongó durante 32 horas y fue reprimida violentamente por las fuerzas del orden reforzadas por el propio ejército y fue objeto de la previsible, zafia manipulación, por parte de la prensa afín al poder representado por Johnson, que representaba los intereses de dicho poder y por tanto apoyaba la guerra. Acabó siendo reemplazado por Nixon.
En palabras del propio Mailer ” templo supremo de las sociedades anónimas, el pentágono era el exponente del hombre de la sociedad de masas y de su civilización; todo el edificio era anónimo, monótono, masificado, intercambiable”. El escritor siempre tuvo miedo que EEUU se convirtiera en una dictadura totalitaria, pues reunía, según él, todas las condiciones para ello ( políticos y empresarios corruptos, un ejército a su servicio, prensa manipuladora y una sociedad con una educación y una televisión alienantes ) y si bien nunca ha llegado a esos extremos – en palabras de Aldous Huxley un sistema así es simplemente ineficaz como forma de control- sí que es cierto que en muchos aspectos este libro, mezcla inusual de novela, autobiografía y crónica histórica, resulta visionario porque la falta de moral que denuncia Mailer de los que dominan su amada nación, ha ido a más desde aquel lejano día de 1967. La contrapartida, como dijo el cineasta Milos Forman, es que pese a todo, “EEUU es un país condenado a la libertad”. Eso lo dijo alguien que vió parte de su familia exterminada por los Nazis, que tuvo que salir de la antigua Checoslovaquia por culpa de los comunistas y que en los mismos Estados Unidos se vió censurado en más de una ocasión.
El propio creador de “Los desnudos y los muertos”, veterano de la II guerra mundial, no se olvide, participó en la marcha, fue detenido y encarcelado unas cuantas horas, puesto en libertad y calumniado por la prensa más reaccionaria.
Como buen “conservador de izquierda” como le gustaba autodefinirse, Mailer participó no del todo convencido. Era escéptico respecto a la naturaleza de muchos de los movimientos de protesta, de sus distintos objetivos, de su desunión, de la ceguera hippie de algunos de ellos, pero era mayor ( y se hizo más tras la Marcha ) su indignación por una cruel y estúpida guerra que no llevaba al país a ningún sitio.
Dividida en dos partes, una cercana a la novela, otra un rápido relato histórico, Mailer se pone en la primera como absoluto protagonista. Un hombre como él, con una fuerza, carisma e inteligencia tan descomunales como su ego, convierte los preámbulos de la acción en un ejercicio descarnado pero narcisista de autopsicoanálisis. La Marcha es una excusa. Mailer es el tema favorito de sí mismo. Bien o mal, poco importa. EL formato del nuevo periodismo que hace al escritor protagonista de la trama se ajusta a su infinita egolatría, pero con todo esto, “Los ejércitos de la noche” es sobre todo un trabajo espléndido. Lejos de ser redondo pero donde donde se hallan toneladas de verdad y talento. Con un inusitado rigor que no tenían algunos de sus detractores y con una mirada que explora hasta los últimos recovecos, Mailer radiografía tanto los acontecimientos de la famosa Marcha, como a los variados participantes que iban de grupos de izquierdas radicales a cuáqueros pasando por los típicos hippies pro marihuana de la época, y hasta sacerdotes que, por desgracia, no tienen nada que ver con los que dominan hoy día la iglesia-negocio.
De su profundo análisis se llevan la peor parte los que estaban a favor de la masacre, desde políticos a soldados alienados. Mailer reparte alabanzas y críticas, pero deja bien clara y bien fundamentada su postura. Era un hombre que no se casaba con nadie ( metafóricamente hablando, claro, pues en 1967 ya iba por su cuarto matrimonio ), alguien demasiado independiente com para seguir a ciegas movimiento alguno, pero su repugnancia por una guerra que costó la vida, inútilmente a más de 58.000 norteamericanos y a más de un millón de vietnamitas ( su país quedó devastado y aún hoy día ciertas zonas son peligrosas por la cantidad de bombas y minas sin estallar, más el efecto del nauseabundo agente naranja ) le obligó en conciencia a tomar partido.
Este trabajo, entre otros premios, ganó un Pulitzer. Que un libro gane o no premios no dice nada de su calidad o de su falta de ella, pero, tal vez por una vez, acertaron al dárselo a “Los ejércitos de la noche”, una obra que retrata muy bien las distintas psicologías típicamente norteamericanas.
Share“El maestro y Margarita” Mijaíl Bulgakov
Permitidme que me presente, soy el diablo y he llegado esta noche a la ciudad para transformar vuestras miserables vidas.
Esta maravillosa obra maestra fue escrita entre 1929 y 1940. No fue publicada hasta 1966 y casi de inmediato se la consideró una de las grandes novelas de la historia. Y no es extraño. Bulgakov fue un escritor perseguido y censurado por el represor régimen stalinista de los años 30′, debido a sus sátiras críticas a la dictadura ( a este respecto es muy ilustrativo el prólogo de José María Guelbenzu). Este – maravillosa – es uno de los muchos términos que se le pueden poner a “El maestro y Margarita”, una obra de inmensa belleza, llena de magia y escrita con un estilo tan refinado que llega a hacerse delicado en algunos momentos en contraposición con otros de regocijante humor negro.
Más allá de los toques críticos más o menos obvios que hay en esta metáfora. Lo más contrario que hay a la barbarie stalinista es que a diferencia de ésta, las páginas de la novela están llenas de vida, imaginación y amor.
En el Moscú de 1930, Satán se presenta bajo forma humana con el nombre de Voland. Acompañado de varios de sus secuaces pondrá patas arriba la ciudad, con mala leche y mucho ingenio dejando en evidencia la burocracia y estupidez borreguil de los seres humanos que poco o nada tienen que ver con la pareja de enamorados del título.
Esta novela, como es sabido, inspiró la famosa canción “Simpathy for the devil” de “The rolling stones”, que tantas veces ha sido versioneada ( Jane’s addiction, Guns n’ roses…), y simpatía por el diablo es lo que parece sentir Bulgakov. Este diablo, astuto, hastiado, ambigüo, es todo lo contrario al arquetipo maniqueo que tanto predomina en la literatura. Pero sí resulta un villano memorable, lo cierto es que el auténtico rey de la función es su acólito Popota ( parece ser que Beguemoth o Fagotto en otras ediciones ): un elegante, divertidísimo y alto gato negro que habla, bebe alcohol y anda sobre dos patas. Poseedor de una lengua viperina y mordaz que hace palidecer a su propio jefe. Este personaje ya vale todo un libro.
Si la burocracia comunista representa la docilidad, la rutina, la crueldad más estúpida, el tedio y la mediocridad, Voland, Popota y los demás representan la vida, la independencia, el placer, el dolor que te hace sentir vivo, y lo demuestran no sólo haciendo el cabra con los que detestan, sino con la pareja protagonista a la que implican en una trama donde las apariencias engañan.
Puede que estos dos personajes no escapen a ciertas convenciones ( ¿ cómo podrían ? ), que la historia paralela de Poncio Pilatos sea interesante pero a la vez prescindible, o que si u no analiza quisquillosamente ese argumento argumento lleno de sorpresas, que más vale no destripar, se le encuentre algún pero. Todo eso importa un carajo. La fascinación, el poder de “El maestro y Margarita” son tan grandes que hacen saltar en mil pedazos sus posibles defectos.
Con una densa atsmósfera de cuento sobrenatural, llena de surrealismo y fantasía, ésta es además una obra romántica de verdad, con auténtica y exquisita poesía, con genuina belleza, sin cursilería.
Es un canto al hecho de vivir, al amor, a la fiesta ( Popota estaría de acuerdo ), a la belleza. Nos dice que aunque vayamos a estar cuatro cochinos días en este hostil y complicado mundo, y haya demasiado congénere empeñado en aguarnos la vida, nada ni nadie puede quitarnos el amor que sentimos, las copas de champán que nos tomamos o los besos que damos. ¿ Qué después de todo nada tiene sentido y cuando cerremos los ojos por última vez se acabó todo y no despertaremos en otro mundo? Da igual, porque lo que realmente cuenta son ese amor, ese champán y esos besos, son el sentido en sí, eso es lo que únicamente vale, los momentos que le quitamos a la eternidad. Ese amor puro y glorioso que sienten el maestro y Margarita es la auténtica victoria de sus vidas, incluso cuando están alejados a la fuerza uno del otro. Son sus rayos y naves ardiendo y lo más irónico es que esos cansados demonios cargados de melancolía y con su propia concepción del amor, parecen los más conscientes de esto.
“El maestro y Margarita” ha sido fuente de inspiración para artistas de todo tipo. H. R. Giger tituló una de sus descomunales obras de igual manera y posteriormente fue utilizada como portada del tercer trabajo de la banda “Danzig”, “How to gods kill”, y recientemente la prometedora banda instrumental española “Toundra” ha titulado una de sus piezas “Voland”, el nombre del diablo en el libro. Eso sin contar las adaptaciones que tuvo al cine, televisión, teatro o incluso ópera, y hay hasta marcas de ropa “alternativas” con el nombre dela novela.
Seguro que dentro de 100, 150, 200 años, seguirá habiendo gente que descubra maravillada esta delicia, que al parecer su creador dejó inacabada, cosa que no se nota.
“Cineclub” David gilmour
No hace mucho un amigo me contó una anécdota. Una conocida suya que trabaja con niños y adolescentes, le contó que en cierta ocasión, eran muchos en una habitación, niños y educadores. Algún educador dijo que “esto parece el camarote de los hermanos Marx“. Ningún niño entendió a qué se estaba refiriendo el adulto, claro, lo cual evidencia que todos los referentes de cine con los que nos criamos y educamos las generaciones que ahora pasamos de los 30, simplemente las más jóvenes los han perdido, y las han sustituido por otros referentes menos educativos en el mejor de los casos – parecen encontrar más contravalores que valores en si – o tal vez, por ninguno.
Esto viene a colación por la novela “Cineclub” del canadiense David Gilmour. Se trata de un libro que que relata la relación entre un padre y su hijo, adolescente algo rebelde, que va mal en los estudios y que no encuentra su sitio en la vida.
En un alarde pedagógico antisistema – que no se podría hacer en España tras el Tribunal Constitucional haber prohibido la educación fuera de la escuela – decide darle la opción de dejar el instituto ( un lugar de antieducación ) y a cambio sólo le exige ver con él tres películas a la semana. Así comienza su cineclub particular, donde el adolescente aprenderá solo viendo una peli, tranquilamente sentado en el sofá, valores que no siempre adquirirá en la escuela o en la calle.
La primera película, gran inicio, “Los cuatrocientos golpes” de Truffaut, peliculón que trata la vida precisamente de un chico que escapa de una especie de reformatorio para vivir, y buscarse la vida. Película que le viene como anillo al dedo al hijo de nuestro protagonista, a Jesse.
Así iremos degustando su paso por films como “Desayuno con diamantes”, “Vacaciones en Roma”, ambas con Audrey Hepburn, “Instinto básico”,“Ladrón de bicletas” – la película más triste de la historia, posiblemente -, “Tiburón” o films de Kurosawa, Woody allen, Clint Eastwood, Quentin tarantino, Hitchcock, el imprescindible Billy Wilder y su no menos imprescindible “Con faldas y a lo loco” – lástima que no cite mi peli favorita de Wilder: “Uno, dos, tres”, la de la coca-cola – así como la que consideran como la peor película de la historia: “Showgirls” peli que truncó la carrera de Elizabeth Berkeley, como añade la novela, antes de empezar.´
Son películas que sin querer dármelas de nada, creo que hay que haber visto.
Entre tanto vamos viendo los anhelos, sueños, miedos y esperanzas de padre e hijo en la vida en general, amor, qué futuro les espera…Adultos se verán reflejados con David, el padre, y los más jóvenes con Jesse, el hijo. Finalmente Jesse va aprendiendo, simplemente a encontrarse, a ser él mismo, ¿Qué mas se puede pedir?
La novela, repitiendo la frase final de la película “Amor a Quemarropa”, film que la novela
recomienda, que la había visto hacía unos 20 años y que justo después de leer el libro volví a ver,
repitiendo digo la frase final que le dice Patricia Arquette a Christian Slater, la novela es genial.
¡¡ eres genial, eres genial !!
“La librería” de Penelope Fitzgerald
Hay libros que por alguna razón te llaman la atención de una manera sutil, casi sin darte cuenta. Te van minando poco a poco hasta que en el momento más inesperado te es imposible desenfocar tu mirada sobre él y al final sucumbes a sus cantos de sirena.
“La librería” recuerda un poco, sobre todo al principio, a los libros de las hermanas Brönte o a la mismísima Austen, pero Fitzgerald, que parece que ella misma se da cuenta de este hecho, cambia de manera inesperada su narración y consigue que su novela adquiera un lenguaje propio, llena de giros inesperados que en el peor de casos, sorprende de manera agradable.
La novela relata la historia de una mujer que llega nueva a un pueblecito inglés con la intención de abrir un negocio: Una librería. En un principio, parece que todo le marcha bastante bien, incluso la invitan a reuniones de sociedad, pero poco a poco, se va dando cuenta que su vida como comerciante en Hardbourough no es tan fácil y todo indica que al ocupar una vieja construcción de la zona, The Old House, ha molestado a alguien…
Cabe destacar, entre otras cosas, la escena en la que habla de “Lolita“, la novela de Nabokov, donde Florence, la protagonista, decide hacer una exposición “a lo grande” como si fuera unos grandes almacenes. Como era de esperar, tiene un éxito arrollador, y el resto de los comerciantes empiezan ya tomarle “un poco de manía”.
Libro curioso, de verdad, es de esos que crees que no te va a gustar, que parece que huele demasiado a pastel de manzana y a ropa recién planchada, pero poco a poco consigue atraparte y dejarte con una sensación de estómago vacío cuando llegas a la última palabra.
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