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“Descansa en paz” John Ajvide Lindqvist
La mayor parte de la gente descubrimos a Lindqvist gracias a la magistral adaptación, a cargo de Thomas Alfredson ( por cierto, hermano de Daniel, el director de “Millenium” II y “Millenium III” ) de su novela de vampiros “Déjame entrar”, una de las mejores películas, y no sólo de terror, de los últimos años. El film hizo famoso a ese escritor sueco que estaba renovando el género y, signo de los tiempos, fue seguido por un remake anglosajón que significó el retorno de la mítica productora británica Hammer, especializada en films de horror. Una nueva versión, muy digna y muy elaborada en la puesta en escena, dirigida por ese genio para unos, “bluff” para otros, que es Matt Reeves, el de “Monstruoso“, y que puede resultar innecesaria para el que haya visionado el original, pues argumentalmente, y salvo alguna escena impactante, es un calco.
El nombre de Lindqvist está en auge. Parece que hay obras inéditas suyas en castellano, incluido un libro de relatos, que imagino no tardarán mucho en editar, pues asegura un éxito comercial inmediato.
En plena Zombiemania nos legó esta “Descansa en paz”, que confirma que el escritor sueco sigue derroteros muy distintos a los de la mayoría de colegas suyos que cultivan el género de terror.
Alejándose casi completamente de los arquetipos que instauró el cine de George A. Romero y que tanto han influido en la literatura moderna de muertos vivientes, así como de las viejas tradiciones del vudú al estilo Jacques Tourneur, Lindqvist, al igual que en “Déjame entrar”, se sirve de los tópicos del terror para darles la vuelta y hablar de los males que acechan a nuestra sociedad así como para presentar una imagen oscura y desoladora de la aparente próspera nación sueca, una nación donde la incomunicación, los prejuicios, la soledad, el alcoholismo, la marginación y otros problemas se esconden tras una fachada amable y tolerante.
Además, “Descansa en paz” puede resultar doblemente incómoda porque habla continuamente del gran miedo y el gran misterio del ser humano, que es la muerte. Y lo hace de una manera ambigua. Sin dar mucho crédito a las fáciles respuestas religiosas y aceptando que forma parte ineludible de la vida. En contenido, que no en estilo, se asemeja bastante al valioso y algo incomprendido último film de Clint Eastwood “Más allá de la vida“, que también intenta especular, averiguar, lo que nos espera después de morir. Claro que Lindqvist, con todos sus puntaules estallidos de violencia y su mirada crítica, parece más abiertamente optimista que el viejo y estimado Clint, y el que dude de sus innegables parecidos temáticos que lea el libro y vea el film y descubrirá no pocos puntos de contacto que tienen dos historias muy diferentes.
“Descansa en paz” es un libro que he leído con más curiosidad y respeto que sintiendo, salvo algunos fragmentos, auténtico placer. Tal vez sea yo el que no ha logrado meterse del todo en la historia, pero las ideas originales de Lindqvist no siempre funcionan y chirrían algo en el clímax fina, y con toda su carga crítica hay cierta frialdad y hasta cierta corrección política, que la pueden hacer algo distante al lector.
Con todo, es una pieza estimable que presenta una radiografía desasosegante del ser humano, tan egoista, cerrado y cargado de odio y prejuicios aún en circunstancias extremas, que demandan otro tipo de respuestas más cívicas y con más empatía en los demás, pero que sólo sirven para desatar el oportunismo y la violencia que muchos llevan dentro ( la violencia no siempre se lleva a cabo con un palo )
Para confirmar la valía de Lindqvist, habrá que conocer mejor su obra. Por ahora y sin ser un maestro, resulta mucho más abierto, innovador e interesante que, por ejemplo, Max Brooks.
Share“Los mares grises sueñan con mi muerte” William Hope Hodgson
Valdemar, con edición, introducción y traducción de Jose Maria Nebreda, ha realizado un trabajo maravilloso con este libro que dificilmente decpecionará a un seguidor de este clásico del horror marítimo que fue W. H. Hodgson.
Este lujoso libro reúne más de 30 cuentos que albergan diversos aspectos de la obra de Hodgson, uno de esos escritores típicos de su época que tuvo una vida tan fascinante como sus creaciones y cuyas experiencias marcaron, dejaron una profunda huella en éstas. Porque puede que buena parte de sus narraciones traten de temas “sobrenaturales”, pero si Hodgson no hubiera tenido una amplia experiencia como marino, seguramente estas piezas no existirían o serían muy diferentes.
Y como otros tantos escritores, Hodgson murió demasiado pronto, con sólo cuarenta años, combatiendo en Francia en la I guerra mundial, y dejando a sus cada vez más seguidores, huérfanos de una obra que prometía ser longeva y que, probablemente, aún tenía que dar sus mejores frutos.
A Hodgson los descubrí hace muchos años en un par de antologías de terror donde abundaban los escritores modernos y mayormente mediocres, donde él destacaba de una manera muy especial.
Su status nunca ha llegado a ser como el de Poe, stoker o Lovecraft, y yo diría que está un peldaño por debajo de estos maestros, pero también es cierto que merece ser considerado un clásico, y que sigue siendo, entre parte de la afición, un semidesconocido a reivindicar.
Este libro, confeccionado con tanto amor, recopila además poesías del autor, un conciso diario de navegación de un viaje de casi cuatro meses que realizó Hodgson entre Nueva Zelanda e Inglaterra, a bordo de un velero, más un interesante relato también autobiográfico. Con no pocos fragmentos apasionantes, “A través del vórtice de un huracán”, donde el escritor británico relata, desde el centro de la tormenta, las vivencias que tuvo con el huracán del título, en una travesía casi imposible que casi echa a pique a su barco y que costó varios desaparecidos. Se acompaña de fotos realizadas por el propio Hodgson, muy aficionado a la fotografía, las primeras realizadas en la historia desde dentro de tal fenómeno de la naturaleza, una naturaleza que él vivía como una entidad agresiva, hostil al ser humano.
No pocos de los cuentos, con el mar y la noche como absolutos protagonistas, se parecen bastante entre sí. Hay unos pocos como “Viejo Golly” que no pasan de corretos, otros como “La nave de piedra”, donde se da una explicación verosímil a hechos aparentemente sobrenaturales que no acaban de estar bien y coherentemente reueltos. Se echan en falta más historias del borrachuzo Capitán Jat, que son tan divertidas como frivolamente estimulantes ( Briones señala que tienen un componente muy de Robert E. Howard, yo creo que hasta parece un antecedente macarra de Indiana jones en algunos momentos ) y en conjunto no produce pavor o desprende el nihilismo propio de Lovecraft. Pero no obstante es una colección muy estimable, con no pocos momentos mágicos, en los que destacan pequeñas joyas como “Una voz en la noche”, “La llamada al amanecer” o el realista y brutal “El salvaje hombre de mar”, que guarda muchas similitudes con Jack London.
Y también es cierto que se puede ver como un antecedente, pese a lo dicho, del propio Lovecraft. Sólo que donde éste ponía entidades aberrantes venidas de otras galaxias, y que eran la base de un universo profundamente personal, Hodgson pone cangrejos gigantes, pulpos de igual tamaño o fantasmas en lo que parece una versión de lo que cinematográficamente sería llamada luego “Serie B”, que quiere decir poco presupuesto y no poca calidad.
Y claro, como todo autor de verdad, Hodgson imprime su propia filosofía a estos cuentos, unos más contundentes que otros, algunos escritos según los parámetros comerciales de la época. Su visión amor/odio al mar y a los hombres que viven de él; lo implacable de las fuerzas de la naturaleza agresivas con el ser humano, como bien demuestra el inquietante “Más allá de la tormenta“; la lucha por la superviviencia; cierto pesimismo y hasta pequeños toques antibélicos y misántropos en “Piadoso rescate”, etc. Pero para analizar bien la propia obra de Hodgson se incluye al final del libro un estupendo estudio a cargo de Jesús Palacios irónicamente titulado “Mar adentro”.
Parece ser que apenas ha habido adaptaciones de Hodgson al cine ( ¡ Palacios habla de una nipona de los años 60′ ) y como ya pasó con Lovecraft ( siempre él ) lo cierto es que probablemente, la mejor traslación del universo oscuro del autor de “La casa en el confín del mundo” a la gran pantalla se deba a John Carpenter y a su entrañable film “La niebla” ( nada que ver con la Stephen King ), un film que no es una adaptación de Hodgson, pero cuyo espíritu impregna cada fotograma, de igual manera que la magistral “La cosa” era puro Lovecraft, siendo a la vez, una modélica adaptación de un relato de John W. Campbell Jr., insisto, la de Carpenter, y no el remake que se hizo hace unos pocos años y que fue vapuleado por todo el mundo.
El libro viene acompañado además de ilustraciones de diversos artistas y lo mejor que se puede decir de él es que a pesar de todos sus altibajos y defectos y de que no es una obra maestra ( opinión personal que rebatirá más de un aficionado de Hodgson feliz con la publicación de este, repito, meticuloso trabajo ), sí puedo decir que ha sido un compañero fiel e ideal, de esos que no te decepcionan, durante un par de semanas y a los que calificativos como “evocador” o “sugerente” sirven perfectamente para describirlo. Algo así como un J. G. Ballard en negativo horrorizado ante la involución humana.
¿Qué hubiera pasado si Hodgson hubiera sobrevivido a la guerra? Es muy posible que hubiera trasladado sus experiencias a la hoja impresa, tal vez en forma de poesía antibélica al estilo Wilfred Owen ( otro que allí se quedó). Lo que es una burla del destino es que este hombre que vivió lo peor del mar, muriese en pleno infierno terrestre. ¡Cuántos escritores que cultivaron el género fantástico entre fnales del siglo XIX y principios del XX, se fueron antes de tiempo!. Nombres clave como los mencionados Lovecraft, Howard e incluso London, que hizo alguna incursión en él.
Cuántas grandes obras que podrían haber existido, se quedaron en el camino. Claro que lo importante es lo que nos dejaron y leyendo este libro de más de 700 páginas, que comprende historias publicadas entre 1905 y mediados de los años 20′ con Hodgson ya fallecido, se puede afirmar que nos dejaron mucho.
Cabe reseñar que se incluye un relato, a modo de curiosidad, que durante años se atribuyó a Hodgson y que es obra de un tal C.L. Es una imitación de su estilo que, sin ser nada del otro mundo, tiene un memorable final. Además, “La balsa”, queda como un vivo ejemplo de lo influyente que era y sigue siendo Hodgson.
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“La flor roja” Vsévolod Garshín. Editorial Nevsky prospects
“La flor roja” es un relato escrito en el siglo XIX por Vsélovod Garshín, rescatado por la editorial Nevsky Prospects, editorial especializada en autores rusos. Esta edición viene acompañada por unas fantásticas ilustraciones a cargo de Sara Morante, preciosas e inquietantes a la vez.
La historia tiene lugar en la Rusia decimonónica, en tiempos del Zar Pedro I, en un manicomio. Al centro, lugubre, irrespirable y enfermizante, llega un buen día un nuevo enfermo que se presenta en su delirio como el encargo de inspeccionar las instalaciones. Recluido en una horrible habitación de aislamiento, nuestro protagonista presenta una suerte de locura cuerda. Se cree victima de una conspiración, de noche se acerca muy muy mucho a la cordura, pero durante el día cae orate total. Se considera el menos loco del lugar, y opina que hay muchas realidades paralelas, que no hay un tiempo ni un lugar, y que estar en un manicomio no es ningún problema, lo mismo que estar vivo o no. Siempre habrán otras realidades en las que habitar y gozar, a las que podrá huir – momento FRINGE -.
Nuestro hombre busca un motivo. Sabe que hay un motivo para haber sido encerrado allí sin motivo. Y lo encuentra. Una flor roja, una amapola, preciosa, de un tono rojo intensísimo. Debe destruirla. Esa flor roja es la fuente de todo el mal del mundo. Toda la sangre derramada se concentra en sus pétalos. Nuestro heroe, a sabiendas que aplastarla supondrá acabar también con su vida, acepta el reto. Tras algunas peripecias con los celadores y médicos, logrará su objetivo y salvará al mundo. Morirá con la mano apretada, que los celadores no pudieron abrir. Y así fue enterrado, con su trofeo.
Vsévolod Garshín ( 1855-1888 ), veterano dela guerra Ruso-Turca de 1877-78, pasó tras este trance, algún tiempo en un sanatorio a resultas de una crisis nerviosa. Su paso por un centro de este tipo y sus experiencias vitales, hacen inevitable observar ciertos paralelismos con el relato aqui reseñado. La historia de un loco – ¿ o el más cuerdo de todos ? – incomprendido por todos, que en su delirio encuentra un modo de salvar a la humanidad. Un ser sin duda de lo más optimista – no es un loco, es un idealista -por creer que el mal puede erradicarse del mundo con ese simple gesto, el de aplastar los pétalos del tono más rojo que nadie haya visto nunca. Ojalá fuera sí de sencillo. Es muy duro tener tanta lucidez, como la que tenía el protagonista de “La flor roja”.
Vsévolod tuvo un final parecido al del protagonista de este relato. Se suicidó tirándose por el hueco de una escalera
Share“Las chorradas de mi padre” de Justin Halpern
Si sólo se tuviera que definir en un una palabra, ésta seria “Desternillante”. Mira que lo que se ha decidido a escribir Halpern es sencillo, pero hasta ahora nadie se le había ocurrido y el resultado es simplemente genial.
¿Quién no ha pensado alguna vez que su padre dice cosas que no deberían escucharse en público? ¿Quién no ha pensado alguna vez que con las razones de su padre se podría escribir un libro? Justin Halpern lo pensó y lo hizo.
Justin es un tipo que ha cortado con su novia y decide volver a casa de sus padres porque, la verdad, no le queda otra opción. Ha pasado varios años fuera de casa y aunque nunca perdió el contacto con sus padres, no se esperaba que su padre iba a comportarse exactamente igual que cuando se independizó. Le dió la aprobación para volver a casa con la siguente frase:
“Puedes quedarte. Sólo te pido que recojas tu mierda para que no parezca que en la habitación ha tenido lugar una violación múltiple”
Sabía que si en diez años su padre no había cambiado y su acervo había incluso “mejorado” aquello le daría mucho juego. Su idea primigenia no fue un libro, realmente fue una cuenta la red social Twitter donde iba colgando poco a poco las “perlas” que su padre soltaba o había soltado en su vida. Al principio tenía unos pocos seguidores, pero como él mismo cuenta, de un día para otro aumentó de manera exponencial el número de “followers” hasta varios cientos de miles.
Hasta cierto punto podría decirse que es un libro tierno, sí tierno, a pesar de ser la historia de un padre que le dice a su hijo cosas como esta:
“No quiero coartar tu creatividad, pero eso que has construido es una mierda”
Y quedarse tan ancho.
En definitiva un libro diferente a los demás una biografía novelada de alguien que no tiene el mínimo interés para nadie (o eso al menos diría el padre protagonista) pero que se convierte en algo que, como mínimo, te entretiene y te divierte.
De una idea tan simple como una cuenta en Twitter, Halpern ha conseguido publicar un libro “Sh*t my Dad says” y crear una sitcom que va a llevar el mismo nombre y tendrá como protagonista al actor William Shatner
“El miedo” Federico de Roberto. Editorial Gallo Nero
La primera guerra mundial, tapada por la segunda guerra mundial por el aluvión de ensayos y novelas que existen sobre ésta, es un conflicto que me despierta mucho más interés a mi personalmente que la segunda, un conflicto al que se acudió pensando que serían unos meses de contienda, y acabó siendo un infierno de trinchera, la primera de la historia, donde el ser humano vivió y padeció en sus carnes la agonia de la guerra total, no en vano se le llamó la gran guerra. Una guerra absurda, donde los soldados morían de forma absurda – léase “El miedo” de Gabriel Chevalier -, donde proliferaron, no sé si por primera vez ( tal vez no por primera, pero sí con tanta cantidad ) como indica la propia novela que nos ocupa, “Heroes de salón y especuladores que se lucraban con la gran desgracia”.
Este conflicto armado, 1914-18 originó una destrucción desconocida para la época, una cantidad de bajas descomunal. Y total, ¿ para qué?. Para abrir una brecha que sólo pudo cerrarse en Europa con otra guerra, esta más destructora que la anterior, la segunda guerra mundial, que certificó el fin de un mundo, diríase de una era, un mundo ya en agonía en 1914.
Novelas sobre la Gran guerra hay bastantes, y muy interesantes. Interesantes porque al contrario
de la guerra del 39-45, no son novelas de buenos y malos como bastantes de la segunda guerra mundial. En las novelas de la primera guerra mundial, prolifera más la novela denuncia, denuncia ante la estupidez y el sinsentido de la guerra, una guerra eterna, exasperante, tediosa, de muerte inesperada detrás de una trinchera, sucio, maloliente…Unas novelas que en la época serían tachadas de la misma manera que las predicas de los movimientos sociales izquierdistas que llamaban a la deserción justo cuando estalló la guerra- por considerarla una guerra de los poderosos para sus propios intereses- , es decir, de antipatriotas.
Son a destacar la citada “El miedo” de Gabriel Chevalier, “Capitán Conan” de Roger Vercel, que dio lugar a la película de Tavernier, “Sin novedad en el frente” de Erich Maria remarque, o por citar otra la imprescindible “Viaje al fin de la noche” de Celine.
“El miedo” de Federico de Roberto, es una micro novela, un relato, editado por Gallo Nero, pequeña en tamaño grande en contenido. Un destacamento italiano al mando del teniente Alfani debe proteger una posición. Enfrente tiene a tropas enemigas: croatas, húngaros…El tiempo no pasa, incómodos, harapientos, mal alimentados, consumidos por el tedio, corroidos por el absurdo de
defender nada aparentemente importante, deseando la acción, aunque implique riesgo de muerte. Cualquier cosa menos seguir así.
De repente el enemigo ataca y cada vigia que manda Alfani a vigilar la acción enemiga, es abatido por un francotirador apostado en un punto invulnerable. Uno, dos,tres, cuatro…Todos y cada uno de ellos muertos ante la mirada atónita y aterrada del resto. Al final nadie quiere ir hasta el puesto de vigilancia y exponerse un par de metros al tirador oculto. Lógico, corroidos por el miedo, el terror. Hemos venido a morir, asumen, pero no así, abatidos como conejos. Alfani se replantea si vale la pena seguir. Se plantea desobedecer a su mando superior y no mandar a sus hombres a una muerte segura y estúpida, so pena de ejecucción a él mismo. Les entiende perfectamente, pero a la vez le reconcome la cobardía de sus hombres, o lo que llama cobardía producto de su educación castrense. Pero no es cobardía, no lo es, es miedo. ¿Quién no lo tendría? Si él también lo tiene. Y lo sabe.
Novela con un climax brutal, alegato contra aquellos cuyas chaquetas pesan de las cantidad de medallas ganadas desde la lejanía del frente. Un relato muy ágil, cortito, escrito por Federico De Roberto en 1921, autor de la novela “Los virreyes”, relato del que, qué triste, nada hemos aprendido desde entonces, casi un siglo después.
Share“Los Ángeles del infierno” Hunter S. Thompson
Periodismo “gonzo” es aquel en el que el reportero no es un observador pasivo sino que toma parte activamente en los hechos, como era el caso de Hunter S. Thompson, que casi acuñó el término, una auténtica bestia de personaje, casi siempre en el mejor de los sentidos y que se involucraba completamente en lo que vivía sin perder su sentido crítico. Basta recordarlo interpretado por Johnny Depp en la estupenda y alucinógena “Miedo y asco en Las Vegas” con una tonelada de drogas de todo tipo y alcohol en su cuerpo, para certificar, en su caso, la verdad de esta definición.
Pero Thompson podría ser, con su curiosa apariencia, un tipo de lo más excéntrico y tronado, pero también un observador de primera, un escritor con una gran perspectiva y una gran lucidez, y un periodista de los que hoy están en peligro de extinción, y este excelente libro es una gran muestra de ello, por encima incluso de la más experimental “Miedo y asco en Las Vegas”.
Uno de los grandes cronistas de los tumultuosos años 60′, Thompson, partiendo de sus artículos, realizó un robusto libro sobre los ¿ temibles ? moteros del título y lo hizo desmontando todos los mitos y leyendas falsas que les rodeaban, desmintiendo los tópicos sensacionalistas que la prensa les endosaba, describiendo sus rituales, sus rencillas, fiestas con drogas de por medio, su relación con otros movimientos contraculturales de la época, etc.. ¿ Y cómo lo hizo ? Pues conviviendo largas temporadas con tan poco recomendables personajes. Eso último tal vez sea una generalización, pero lo cierto es que casi le costó el físico. Véase como acaba bruscamente el libro.
Thompson tenía una mirada limpia, honrada a su ruda manera y retrataba todo lo bueno y todo lo malo que veía, tal como era. Sin enfatizar, sin soltar sermones o alabanzas gratuitas ni eludiendo hablar de ningún tema, por sórdido o espinoso que fuese. Lo importante era reflejar de la manera más veraz posible ese fenómeno que contenía sus dosis de violencia y que desató la paranoia y el miedo de América y sobre todo, como no, de la más profunda y conservadora.
La cita que incluye de Soren Kierkegaard y que viene a cuento sobre la prensa de la época, no tiene desperdicio, y la incluyo porque resulta de lo más pertinente y visionaria hoy día: “La prensa diaria es el principio maligno del mundo moderno, y el tiempo no hará sino poner de manifiesto este hecho con una claridad progresiva. La capacidad de degeneración del periódico es de una sutileza ilimitada, puesto que siempre puede hundirse más y más en su elección de lectores. Al final, inflamará atodas esas escorias de humanidad que ningún Estado ni gobierno puede controlar”. Unas reflexiones acertadas para la época ( mediados del siglo XIX ) en que fueron escritas, que encajaron espeluznantemente bien en los años 60 y que hoy han alcanzado su, en apariencia, máxima y cochambrosa altura.
Con el subtítulo español “Una extraña y terrible saga”, este trabajo no es un ataque ni una alabanza de los Ángeles del Infierno de entonces, tan primitivos a veces, tan satanizados injustamente en otras ocasiones, sino un penetrante documento sobre tan peculiar tribu nómada, y por añadidura, un gran retrato de esos Estados Unidos que estaban viviendo unos profundos cambios sociales.
Hace poco se estrenó un documental sobre la vida del escritor, fallecido hace pocos años, que aqui ha ido directamente al DVD. Está narrado por su amigo Johnny Depp, el mismo que ha protagonizado otra de sus escasas adaptaciones al cine, “Diario del Ron” ( The Rum diary ) de próximo estreno.
Share“Los miserables” Victor Hugo
“Los miserables”, publicada en 1862, cuando Victor Hugo estaba exiliado en Bélgica, es la inmortal historia de Jean Valjean, que por robar un trozo de pan para alimentar a su familia pasó la friolera de quince años en prisión, todo un símbolo de los desheredados, de los desclasados, de los que en una palabra podría llamarse, miserables. Un personaje, Valjean, que arrastrará toda su vida, aún en libertad, el estigma de haber nacido entre los desfavorecidos
Ya se habrán hecho muchos resúmenes, reseñas y trabajos sobre esta novela universal y creo que huelga repetirse. Sólo decir, que creo que es la esencia y lo importante, que como indica el propio Hugo – todo un inconformista, de ideología liberal, lo que le trajo problemas en la Francia de su tiempo, mediados del XIX , uno de los grandes exponentes del romancicismo literario - “Los miserables” es como una biblia social, una biblia humana. Es una obra más que recomendable sobre todo porque su narrativa no envejece. Los problemas a los que se enfrenta la humanidad son ahora en el siglo XXI los mismos que hace siglo y medio. Esos problemas sociales y morales que los Estados, las naciones, no han podido o no han querido resolver. Asi las miserias humanas de hoy son las mismas de las de ayer y me temo, serán las de mañana.
Recomiendo muy mucho su lectura, pensando además en el terremoto que supondría en 1862 cuando se publicó, cosa que redobla su valor.
Existe una obra de Mario Vargas Llosa, “La tentación de lo imposible” donde desgrana “Los miserables” y su época, ayudando a entenderla en toda su magnitud.
PINAREJO
Share“Salmo y otros cuentos inéditos”, Mijaíl Bulgakov. Editorial Nevsky prospects
Cuando pensamos en Bulgakov, se nos viene a la mente lógicamente la novela “El maestro y margarita”, una de las mejores novelas jamás escritas. Más allá de postulados ideológicos, la novela es en si grandiosa porque le hace la única crítica posible al régimen soviético, viene a decir que pese a todos los intentos de los soviets de desmarcarse del pasado, eso simplemente no fue conseguido. Simplemente nada cambió. No caló en las conciencias de los habitantes de la gran Rusia. En ninguna parte puede calar. El personaje de Voland, el diablo que aparece en Moscú, vino a desenmascararlo todo, demostrando cuán fácil era corromper al homo soviéticus, lo mismo que a cualquier ser humano, mostrando la afición de la raza humana por el absurdo. Y los corrompe a base de bien.
Pero Bulgakov no es sólo esta novela. Los cuentos cortos fueron buena parte de su creación literaria. Nacido en Ucrania, médico rural, aterriza en 1921 en Moscú para vivir de la literatura. Su estilo lleno de humor negro, corrosivo, irónico, no le granjea sino algunos problemas que le llevan a ver como algunas de sus obras teatrales son censuradas. Con sus narraciones breves ocurre lo mismo. A su carrera como literato le sigue un halo de maldición por ese continuo señalar “lo que no estaba bien” – al Poder de ninguna parte le gusta que le señalen” – que sin duda no pasaron desapercibidas a las autoridades soviéticas. Eso le hizo ser detenido y retenido en su casa, censurado aunque no se le impidió seguir escribiendo, unas obras de teatro que, sin embargo, no podrían ver la luz. Lo más terrible, es que sin embargo era admirado por decirlo así por su carcelero, por Stalin, al que repetidamente pidió salir del país, sin éxito ( léase “Cartas a Stalin” editado por Veintisiete letras ). Bulgakov murió en 1940, de muerte natural.
“Salmo y otros cuentos inéditos”, editado por Nevsky prospects, es una selección de cuentos, escritos en los años 20 del siglo pasado. A esta edición, le acompaña un fantástico prólogo de Jesús Palacios, que ayuda a contextualizar al autor y su tiempo. Considero muy interesantes estas introducciones que ayudan al lector a introducirse en la lectura.
Estos cuentos presentan melancolía, cierta tristeza ( el propio primer relato, “Salmo” es realmente triste, con esa frase final de “nada, iremos tirando como sea” ), ese mostrar la vida cotidiana en la Rusia, Moscú en concreto, de los años 20( “Los cuatro retratos”, “Tratado sobre la vivienda”, “Un día de nuestra vida” ), esa creciente inquietud ( el relato “El fuego de Jan” donde, entre otras excentricidades, un hombre campa desnudo en una visita a una especie de castillo, mientras el “señor” al que la revolución desposeyó de sus propiedades, el anterior propietario – ahora lo es el Estado – vuelve de incognito a sus tierras” ), ese mostrar el absurdo ( “El holandés errante ) que puede acabar con una vida, o ese retrato de sinvergüenzas que campan por doquier ( “Un tipo abominable” ). Todos esos ingredientes vamos a encontrar en estos cuentos.
Me parecen a destacar sobre todo dos de ellos. 1.- El holandés errante, la historia de un ciudadano al que se le diagnostica una grave enfermedad y pasa de médico en médico, sin que ninguno corobore el diagnóstico anterior pero diagnosticándole siempre algo peor, sin tener realmente idea de lo que están diciendo. El pobre ciudadano, deambulará por todo el país, De Siberia a Yalta, buscando una solución y esperando morir en cualquier momento, hasta que le dicen un día, sin más, que está sano, que no le pasa nada, que deje de dar vueltas y que se vaya a casa, donde ya nadie le espera. Triste absurdo. 2.- Un tipo abominable, la historia del ciudadano Intestinov, que tras despilfarrar su dinero, decide fingir enfermedades para que el Estado le pague dinero y vivir del cuento. Finge varias cosas y cada vez le dan más dinero. Le da a su mujer el pico de lo que le dan y el resto se lo gasta en bebida, incluso al final se lo gasta con una “mujer rubia”. El relato es desternillante, a la vez que dan ganas de darle a Intestinov su merecido. Cosa que papá Estado hace cuando lo pillan en flagrante fraude al provocarse un abceso en la pierna.
En definitiva cuentos que sacan a relucir los demonios que rondaban a Bulgakov: esa oscuridad que rodea al caminar del ser humano en la tierra, tristemente condenados, esa picaresca que podríamos pensar exclusiva del mediterraneo y que se ve que no lo es. Lo que parecía llevar peor Bulgakov es ese absurdo que devora nuestras almas. Creo que Bulgakov retrató su época y su mundo, y bastante bien, pero que lo retratado, se puede perfectamente extrapolar a otras épocas y otros lares, incluidos los nuestros. Es más, sobre todo los nuestros. El absurdo es universal.
Por cierto, la portada, a cargo de la editorial Nevsky Prospects, preciosa.
ShareReseña:”A merced de la tempestad” Robertson Davies. Libros del Asteroide
Qué suerte tenemos de conocer la obra del canadiense Robertson Davies gracias a la editorial Libros del Asteroide. Conocí a este autor con la primera parte de otra trilogía, la Trilogía de Deptford, “El quinto en discordia”, y simplemente quedé maravillado. Me impresionó no sólo lo bien escrito que estaba, sino también su elegancia, su erudición sin caer en la pedantería sin ser tampoco plomizo, su humor sutil, lo bien que metía el dedo en la llaga en contradiciones que nuestra civilización ni se plantea y metía “pullitas” a más de uno/a con mucha gracia. Aunque sin duda lo mejor son los personajes, lo bien perfilados que están, a los que acabas conociendo por completo, con unos simpatizando, con otros no tanto.
“A merced de la tempestad“, como bien reza la contraportada, es “Fruto de su ( del autor ) larga experiencia teatral, la primera novela que escribió Robertson Davies es un divertido homenaje a las grandezas y miserias de los escenarios y a la vida que revolotea en torno a ellos“.
La novela, escrita en 1951, la primera de Robertson Davies, es completamente deliciosa. Transcurre en la localidad canadiense, ficticia, de Salterton. Es la primera parte de una trilogía que esperemos Libros del Asteroide publique pronto en castellano. Yo las espero con impaciencia. En inglés se titulan “Leaven of malice” y “A mixture of frailities”.
La Trama:
La compañía amateur de teatro, El teatro Joven de Salterton, se dispone a representar “La tempestad” de Shakespeare, una de las comedias shakespearianas, aunque esto no tenga que significar que sea necesariamente humorística. La representación será al aire libre, siendo el emplazamiento elegido el jardín del señor Webster, viudo acaudalado padre de dos hijas que no siente especial parecio por el teatro pero que siente que se debe a su comunidad. Así veremos viendo la selección de personajes para la obra, y como los actores que los encarnan se van endiosando algunos hasta la insoportabilidad. Veremos la cara y la cruz del teatro, con sus risas y lágrimas. Conoceremos a personalidades eminentes de Salterton, y a ciudad misma, que como pronto nos daremos cuenta, no es Nueva York.
Los Personajes:
La dirección corre a cargo de Valentine Rich, mujer de talento que está de paso por Salterton, la primera que debe darse cuenta que Salterton no es Nueva York; Nellie Forrester, mujer de lágrima fácil que practica muy bien el judo moral; Solly Bridgetower, estudiante en Cambridge, cuya madre también practica muy bien el judo moral, obsesionada con el peligro amarillo ( Japón ) temor sustituido tras la segunda guerra mundial por el peligro rojo. Solly está enamorado de Griselda Webster; Hector Mackilwraith, gris profesor de matemáticas, que todo lo hace con “planificación y sentido común“ metido a actor, enamorado también de Griselda Webster,pese a doblarle la edad; Roger Tasset, auténtico Don Juan, sinvergüenza y guapo, diríase más bien obsesionado con Griselda Webster; Pearl Vambrace, hermosa pero acomplejada, enamorada de Tasset e hija del profesor Vambrace, todo un personaje; Griselda Webster, la deseada. No nos olvidemos de Humphrey Cobbler, músico genial, pobre, alegre, que odia a los críticos, cuyo lema es “pásale el muerto a otro”. Sin entrar en más personajes, mis dos personajes favoritos: Tom, el jardinero y Freddy Webster, niña de catorce años, hermana de Griselda, con más inteligencia que nadie, aficionada a destilar alcohol, que si no se mete a monja, eso dice ella, se casará con Solly.
Los personajes están brutalmente perfilados, observas sus miserias y grandezas. Entiendes sus procederes, sus miedos, obsesiones, esperanzas. Te ayuda a comprednerlos, en sus meteduras de pata, que son bastantes, y no juzgarlos a la ligera. Impresionante. Como lector, es tan ameno e interesante saber de ellos, que igual da que te cuente Robertson los amores de éstos, que sus aficiones más a priori intrascendentes.
El Nudo:
El devenir de la novela, nos muestra los ensayos, los super egos que fluyen en medio de la tempestad, nunca mejor dicho, los amoríos entre ellos, sus peleas, la fuerte personalidad de la directora Valentine Rich que debe manejar la nave para que no se hunda, mientras se da cuenta que no, que efectivamente, Salterton no es Nueva York. Mientras se pegan, se quieren, se destestan, y mi amigo el jardinero Tom sufre por el césped del jardin, vamos viendo como la obra va tomando cuerpo, mientras el nudo se enreda y se enreda. Os aseguro que pura delicia.
El Desenlace:
Si os pensábais que os iba a contar el final estáis muy equivocados. Si diré que la novela es fantástica, dan ganas por supuesto de leer “La tempestad” de Shakespeare, que el humor está siempre ahí ( buenísima la escena donde otro de los personajes, el gracioso, eso cree él, Shortreed, se subió a lomos del caballo de los Webster y sin querer, lo desbocó y lo mató, pobre Old Bill ). Aprendemos de la idiosincrasia de esta localidad canadiense, símbolo de un país, donde Robertson hace referencias a todas las confesiones religiosas, para las que lanza “pullitas” para todas; se acuerda de la democracia a menudo ( pág 43: ” Sé que suena antidemocrático, pero en estos teatros amateurs, además de la democracia, hay que poner el sentido común, ¿verdad?” ), como si no se fiara de la adhesión ai ideario demócrata de sus personajes; se mete con la educación privada, y si nos atenemos al personaje de Hector Mackilwraith, también de la pública, y vemos su no excesivo amor por los adolescentes ( pág 66: ” En general los adolescentes tienen algo de fascistas:admiran a los adultos de de caracter fuerte que no dejan pasar una; aprueban que se pisotee al débil…“)
En fín, una novela de la que he disfrutado enormente y que recomiendo lo mismo que al autor. Si no sabéis que leer, y ya os cansa la llamada literatura de consumo rápido, tanto en su consumo como en su olvido, leer a Davies, y ya me contáis.
Parafrasendo a Shakespeare, en “La tempestad”, “Estamos hechos de la misma materia que los sueños”
Share“Retratos” Truman Capote
A estas alturas no es ningún secreto que el gran Truman Capote, ese hombre que se describió a si mismo magistralmente con la famosa frase” soy un alcohólico, soy un drogadicto, soy homosexual, soy un genio” estaba especialmente dotado para la narración breve y el estudio psicológico de sus personajes, ya fuesen reales, en su faceta de agudo periodista, o de ficción.
Al contrario que su rival, Norman Mailer, Capote, alguien que se fue antes de tiempo, no tenía un estilo abiertamente vehemente y ególatra, sino que sus impresiones de la vida real solían hacer gala de una elegante serenidad en la que el escritor no era un observador secundario, en beneficio del hecho o personas reflejados.
Con una solapada pero palpable ternura en unas ocasiones, con una suave corrosividad, que resultaba mucho más eficaz que un ataque frontal y viperino, en otras, Capote, a lo largo de su vida, realizó unos cuantos retratos de estrellas y mitos, y este libro es una recopilación de dichos trabajos.
No está entre sus obras mayores, sin ir más lejos “Música para camaleones”, otro libro de índole similar y que cuenta con una inquietante entrevista con Bobby Beausoleil, uno de los matones del chiflado clan Manson, y que es toda una lección en como abarcar este tipo de escabrosos temas sin caer en el sensacionalismo, y que tiene piezas de ficción tan grandes como “Ataudes tallados a mano” donde Capote mira cara a cara al mejor Jim Thompson, donde como digo aquellos eran muy superiores a estos “Retratos” que aqui nos ocupan. Unos de sus mejores capítulos, el dedicado a Marilyn Monroe, “una adorable criatura”, procede del llamado “Música”, y en conjunto, es un libro, pese a su ligereza, es estimable y hasta divertido.
Destacan especialmente los episodios dedicados a Marlon Brando ( retratado en Japón en el rodaje de “Sayonara“, una de sus películas menos aplaudidas ) del que Capote describe con gran penetración su personalidad atormentada, compleja y voluble, y los de Elizabeth Taylor y el escritor Tennesse Williams, ricos en humor y melancolía a un tiempo.
A priori decepciona que muchas de las descripciones aqui incluidas no pasen de las dos o tres páginas ( John Huston ), pero paradojicamente es cuando más marcado se hace el talento del autor de “Otras voces, otros ámbitos”, al escribir con unas cuantas palabras precisas, la personalidad del retratado, véase Mae West, Ezra Pound o Humphrey Bogart. Este último, consideraba ineptas ” a las mujeres que bebían, y a las mujeres que despreciaban a los hombres que bebían”, y era un hombre que se sabía a la perfección el papel que interpretaba ( que era siempre el mismo, por supuesto, aunque no hay nada más difícil que seguir despertando interés a pesar de repetirte ).
En definitiva, un buen libro, ideal sobre todo para mitómanos del Hollywood clásico. Pero el que quiera emprezar con este escritor, periodista y ocasional actor, mejor con cualquiera de sus otras obras.
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