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“El Sha” de Ryszard Kapuscinski

sha¡Qué bien que escribe -escribía- Kapuscinski!. Logra que un tema tan distante a nosotros como el de Irán, no sólo nos interese, sino que además diría que apasione.

El padre del Sha de Persia-Irán- tras la segunda guerra mundial, fue invitado por los aliados a abandonar el poder. Este había flirteado con los alemanes. No logicamente por que le interesara el nazismo, sino porque estaba cansado de los desmanes de los viejos europeos  civilizados lejos de la Europa civilizada, es decir, saqueo de riquezas y violencia. Tras su marcha del poder, Irán se convierte en un país moderno, Mossadegh, afrancesado, toma el poder, con ideas muy abiertas. Todas las opciones ideológicas y religiosas son aceptadas. Occidente no ve democracia sino peligro de comunismo, ciertamente era una época complicada, y en 1953 derroca a Mossadegh e imponen al Sha.

Comienza una etapa de terror. El tudeh, los comunistas, son eliminados, literalmente, el islamismo arrinconado a las mezquitas y Mossadegh detenido. Los servicios secretos, la terrible  savak, campa por doquier.

Todo régimen llega a su fin y el del Sha no fue diferente. Pero la cuestión es que Occidente no permitió que el país se modernizara, siguió sacando de alli riquezas, humilló al nacionalismo iraní, ídem con la religiosidad chiíta. Ellos no querían ser asi.

Radicalizados a la fuerza por los mismos que inmediatamente los señalan con el dedo como integristas y anclados en la edad media. Interesante ver como una vez caído el régimen, van tomando fuerza aquellos que no se les había visto en la oposición clandestina. En una cultura donde la discusión pública en voz alta, en pública reunión, es la forma común de tratar problemas públicos, los individuos más racionales, inteligentes, pero callados, son arrinconados en favor de aquellos con gran talento social, que tienen menos que decir pero con mayor verborrea. Este problema es común a todos el mundo y así ocurrió en Irán. El poder fue ocupado en el mejor de los casos por  oportunistas, personas que saben adaptarse a cualquier cambio, que supieron en la dictadura del Sha pasar desapercibidos sin exponerse a las fuerzas de represión del régimen anterior.

Ese es el estilo que triunfa.

Libro que ayuda a entender muchas cosas. Existe un cómic, Persépolis, de Satrapi, que viene a contar algo similar. Me quedo con Kapuscinski.

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“RECUERDOS DE TOLSTÓI, CHÉJOV Y ANDRÉIEV” MAXIMO GORKI ED. NORTESUR

Por ARIODANTE

RECUERDOS DE TOLSTÓI, CHÉJOV Y ANDRÉIEV

MAXIMO GORKI

ED. NORTESUR, 2010

Postfacio, cronología y biblografía: Lidia Spiridonova

Alexéi Maximovich Peshkov, más conocido por el seudónimo de Máximo Gorki (Nijni-Novgorod, 1868-Moscú, 1936), fue novelista y dramaturgo autodidacta, primera figura del realismo socialista, y con una abundante producción. Proveniente de una familia pequeñoburguesa de escasos medios económicos, en su adolescencia emprendió una serie de largos viajes y vagabundeos, que luego reflejó más tarde en Mis universidades (1923). Comenzó su éxito literario en 1892, y fue un prolífico escritor, poco a poco escorándose a favor de los nuevos aires políticos revolucionarios, lo que legó a su culmen con la publicación de La madre (1907), utilizada como propaganda política del nuevo régimen y alabada por el propio Lenin.  En 1911 fue desterrado por las autoridades zaristas y se instaló durante dos años en Capri. A su retorno se implicó en la revolución, pero finalmente tuvo agrias polémicas con Lenin, por defender a intelectuales represaliados y se volvió a Capri. En el 28 regresó a Moscú, retomando su defensa del realismo socialista, lo que le marcó negativamente, oscureciendo su trayectoria puramente literaria. Murió en circunstancias no muy diáfanas, en pleno apogeo del estalinismo.

La obra que nos ocupa, Recuerdos de Tolstói, Chéjov y Andréiev, fue publicada en 1927, y es un ensayo donde combina sus impresiones sobre estos autores, derivadas de un trato personal directo, conversaciones y cartas, así como de otras referencias indirectas. Chéjov y Tolstói son, aunque contemporáneos, maestros y mentores, modelos a los que referirse  y padres espirituales. Andréiev, por el contrario, es contemporáneo, y amigo personal, con el que mantuvo durante años una estrecha relación, a pesar de sus contrapuestas ideas y modos de ver la vida. En sus retratos de personajes, mezclando rasgos externos e internos, Gorki los presenta como hombres vivos, absolutamente reales y cercanos, usando diálogos, recuerdos, citas, y diversos textos, lo que en total da una idea de frescura y de inmediatez a la imagen que quiere presentarnos de cada autor.

Lev Tolstói es el retrato al que dedica casi la mitad del libro, porque además, incluye un breve texto sobre Sofía Andreievna Tolstaia, su denostada esposa; en él realiza una acalorada defensa de esta abnegada mujer, de sus largos años de convivencia, apoyo y soporte del gran escritor, de su heroica resistencia y ofrece una indulgente mirada sobre la última etapa de su convivencia, acosada por la cizaña que grupos tolstoianos, y sobre todo, la perniciosa influencia de Chertkov sobre el propio Tolstói, su hija Alexandra, y  los médicos de la familia, aprovechándose de los desvaríos seniles del gran hombre.

Gorki conoció a Tolstói en Moscú en 1900, pero la base de los textos aquí presentados se localiza en la estancia que ambos coincidieron en Crimea, Oleis y Gaspra, entre 1901-1902. Las principales divergencias que Gorki mantenía con el viejo escritor ruso eran respecto al tema filosófico-religioso-naturista, su teoría de la no violencia y el difuso cristianismo libertario y panteísta del viejo Tolstói. Gorki se dice a sí mismo “¡este hombre se parece a Dios!”. En sus paseos, ambos escritores hablan de literatura, de la vida, de la muerte, de Dios, de las mujeres…Gorki nos traslada sus sensaciones ante la volubilidad del viejo escritor, que unas veces se comportaba de modo violento y otras amable y dulce, como si dos personalidades convivieran bajo ese aspecto huraño y a veces hostil, aparentemente un campesino, pero que escondía al aristócrata, al purasangre de que pronto lanzaba una mirada terrible y gélida al adversario. Nunca pudo desprenderse totalmente, por más que lo deseara, de su íntimo ser noble y orgulloso, que emergía de pronto demostrando su poderío.

Chéjov y Gorki se encontraron por primera vez en Yalta, en 1899. Volvieron a coincidir en Moscú al año siguiente, y fue finalmente en Crimea donde estrecharon lazos de amistad. Gorki destaca la inmensa libertad interior de Chéjov, su integridad y su declarada lucha contra la vulgaridad y la mediocridad. Pienso que Chéjov indudablemente debe situarse entre los más grandes de los nuestros, afirma Gorki, recordando su funeral, al que asistió. Remarca también la importancia que para Chéjov tenía el trabajo como fundamento de la civilización. En su opinión, toda Rusia era un país de gente codiciosa y perezosa a la vez; les gusta dormir de día y roncar cuando duermen. -decía- Se casan para que la casa esté en orden y se echan amantes para adquirir prestigio ante la sociedad.

Con Andréiev, al que conoció en 1898, la relación fue mucho más cercana; en el relato nos lo muestra en su faceta desmadrada, alcohólica, recorriendo la noche de taberna en taberna entre la niebla petersburguesa; el punto donde divergían más radicalmente era en su idea del pensamiento, que Andréiev consideraba como “una broma malvada que el diablo gasta al ser humano”. Mientras que Gorki amaba al ser humano, considerándolo como fuerte e inteligente, Andréiev lo veía como espiritualmente indigente, trenzado por las contradicciones irreconciliables del instinto y el intelecto. Tras la muerte de su esposa, que le afectó profundamente, se volvieron a encontrar en Capri; allí Andréiev  volvió a animarse a escribir y tras sus largas conversaciones y paseos, surgieron temas para nievas novelas y relatos. Volvió a Rusia repentinamente, ya que pensaba que era allí donde debía vivir. La relación entre ellos decayó, aunque nunca la dejaron por completo.

La edición de esta obra incluye un interesante postfacio de Lidia Spiridonova, donde se nos dan detalles tanto de la vida de Gorki como de su relación con los tres escritores retratados. En suma, un libro cuyo interés es evidente para los aficionados a la literatura rusa pero también para los que deseen acercarse a la parte más humana de los grandes escritores, conozcan o no su obra.

Ariodante

Octubre 2010

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“Diccionario de batallas” John Laffin

En este diccionario de batallas, las virtudes y defectos son evidentes con una simple ojeada. Entre las primeras, decir que este libro, fechado en 1995 y publicado en España en 2001 por Salvat, es el más extenso que se conoce de entre las obras dedicadas a esta ingrata labor recopilatoria. En poco más de 600 páginas se repasan más de 7000 batallas, conflictos y guerras, y su valor como obra de consulta, con todos sus fallos, es incuestionable.

Tampoco es una obra completista. Este es el típico libro escrito bajo una óptica pro-anglosajona y Laffin da más relevancia y texto a una simple escaramuza en la que hay ingleses de por medio( o norteamericanos, australianos o cualquier miembre del imperio británico, tal vez uno de los peores y de los que menos se ha  informado de sus atrocidades, y con gente como Laffin o Martin Gilbert de por medio y un largo etc, todo va a seguir igual ) que a una gran batalla de gran importancia histórica ocurrida en oriente.

En la misma II guerra mundial, batallas del este como la de Berlín de 1945, no tiene la atención debida. ¿Y la batalla aérea de Europa? Apenas hay menciones salvo el bombardeo de Dresde, una terrorífica masacre de civiles que, encima, parece justificar el autor, como tantos de sus colegas han hecho recientemente.

Por poner otro claro ejemplo: en el recomendable “Tras los pasos de Drácula”, de Fernando Martínez Laínez, se habla de la vida del cruel Vlad Tepes. La base real del vampiro en la ficción, y se mencionan no pocas batallas de gran envergadura de la Edad Media en la que cristianos y turcos se enfrentaron encarnizadamente en los balcanes y en lo que es actualmente Hungria y Rumania, con el atroz resultado de cientos de miles de muertos. De no pocas de esas batallas no hay referencia alguna en el libro de Laffin, y hay más omisiones que me he ido dando cuenta con el tiempo, como las batallas de los almogávares al servicio del imperio bizantino y un largo etc.

Tarde o temprano  Laffin o algún otro actualizarán la obra, si no lo han hecho ya y taparán algunas de esas carencias. También hay que señalar que es ¿imposible? tocarlo todo.

Lo peor, y hasta inadmisible, de esta esforzada obra, es la citada molesta visión anglosajona que parece mirar por encima a los demás. El patriotismo no se encuentra entre mis virtudes, o defectos, pero al leerlo,  creo que  este libro adolece de objetividad y empatía hacia otras culturas, y eso es lo que echa uno en falta en no pocas reseñas. Otro ejemplo escogido entre muchos: véase “Nankin ( guerra chino japonesa 13-12-1937 )”. Nankin era la entonces capital de China  y Chang Kai Chek tenía allí su cuartel general, cuando los invasores japoneses remontaron el río Yang tse para atacarla. La ciudad fue bombardeada sin piedad. Cuando cayó, 40000 civiles chinos murieron y millares de mujeres fueron violadas. La violación de Nankin escandalizó a la opinión pública mundial. Apuntar, como adelanto,  que los japoneses habían hundido el barco estadounidense “Panay” el día anterior. De un lado, en este libro hay cierta falta de rigor. Recordada esta masacre en la excelente, y no exenta de una absurda polémica, película “Ciudad de vida o de muerte” de Lu Chan, se sabe desde hace unos cuantos años que el número de victima, sobre todo civiles, ascendió a más de 300000. Es probablemente la peor atrocidad de los años 30′ ( y me refiero a un hecho concreto y localizado. En la guerra civil española, las purgas stalinistas o en el conjunto de la guerra chino-japonesa, hubo muchos  más muertos, sin olvidar los primeros años  del nazismo ). A lo que voy es que Laffin da igual importancia al hundimiento de un pequeño barco neutral que a una hecatombe. En muchas guerras del tercer mundo relativamente recientes hace lo mismo.

El libro desprende cierto tufillo propagandístico-patriotero, pero aún así, es un diccionario al que a cualquier interesado en la historia bélica, esa que acaba por definir la historia a secas, le puede sacar gran utilidad, dada la abundancia de referencias que tiene, muchas de ellas eficaces y útiles.

Mejor leerlo poco a poco o como consulta que todo seguido. De lo contrario existe el riesgo de acabar confundido o saturado y ver cartagineses en Normandia y japoneses en Lepanto.

Por cierto, el libro está descatalogado. Probad en Uniliber

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“BANDERA ROJA. HISTORIA Y POLÍTICA CULTURAL DEL COMUNISMO” DAVID PRIESTLAND

Por ARIODANTE

BANDERA ROJA. HISTORIA Y POLÍTICA CULTURAL DEL COMUNISMO

DAVID PRIESTLAND

Ed.Crítica, Barcelona, 2010, 667 páginas. Ensayo.

Profesor de Historia Moderna en la Universidad de Oxford y Fellow del St. Edmund Hall, David Priestland se ha especializado durante hace años en el estudio del comunismo desde diversos frentes, tanto los más analíticos del asunto —las relaciones entre la teoría política y la ideología—, como los propiamente históricos. A este respecto, ha llevado a cabo varios trabajos de historia comparada de los regímenes comunistas, con especial atención en la Unión Soviética. Ambos acercamientos al tema del comunismo, el analítico y el histórico, convergen en el volumen Bandera roja, editado en primera edición inglesa en 2009.

Tomando como punto de partida la Revolución francesa, donde es posible localizar los principales elementos de la acción revolucionaria moderna, el libro describe la evolución del comunismo en sus principales etapas. Desplazándose desde Occidente hacia Oriente y de Norte a Sur, las incipientes ideas socialistas surgidas en Francia y Alemania, llegan, finalmente, a Rusia, donde queda establecido el status de poder comunista más influyente. Detrás han quedado la I, II y III Internacional y los primeros bosquejos de práctica política comunista en el Partido Socialdemócrata alemán de Rosa Luxemburgo. Los postulados revolucionarios de Marx, Engels y Lenin logran imponerse en Rusia en 1917 y no abandonan el poder hasta los años 80 del siglo XX. Después de la URSS, el comunismo avanzó hacia China y el sureste asiático, y de allí, a partir de los años 60, logró infiltrase enérgicamente en el «Sur global», según expresión del autor, es decir, en distintas partes de Latinoamérica, África y Oriente Medio. El comunismo en Europa, ya desfallecido a mitad del siglo como consecuencia de su dependencia directa del orden imperial estalinista, la denuncia del Gulag y la Guerra Fría, recibe un golpe de muerte con la caída del Muro de Berlín en 1989. Hoy el comunismo sólo sigue en pie en algunos espacios y grupúsculos irreductibles de las sociedades occidentales, así como en reducidos países del Tercer Mundo, donde todavía implanta su orden burocrático y autocrático.

Es hora, pues, de hacer balance: «El comunismo en su forma antigua ha quedado desacreditado y no regresará como un movimiento poderoso; pero ahora que el capitalismo globalizado ha entrado en crisis, es un momento ideal para revisar sus esfuerzos por crear un sistema alternativo y las razones por las que fracasó» (pág. 22). Este fragmento del volumen nos da la pista de la perspectiva analítica y expositiva de Priestland, que no es otra que el intento del autor de«entender» la teoría y la práctica del comunismo. Hay un «forma antigua» de comunismo ya fallecido, pero, como un todo no, puede ser enterrado, pues las causas que lo hicieron nacer todavía persistirían.

Según Priestland, las investigaciones y los ensayos realizados sobre el tema hasta la fecha han adolecido de un excesivo «politicismo», de un análisis viciado de valoración, lo cual habría impedido penetrar en la verdadera «naturaleza» del objeto. Por un lado, están las historias oficiales producidas por las regímenes comunistas y sus intelectuales orgánicos. Por otro lado, encontramos los estudios firmados por críticos al comunismo, cuya interpretación estaría encuadrada dentro de la denominada «teoría de la represión». El libro negro del comunismo (AAVV), recientemente reeditado en España por Ediciones B, sería una clásica muestra de esta perspectiva crítica, de aquella que no puede dejar de lado, ni en un segundo plano, el efecto ineludible de la experiencia comunista, con su  terrible resultado: 100 millones de muertos en todo el mundo.

Priestland adopta en su monografía algo así como una tercera vía interpretativa. No omite el lado oscuro del comunismo, con su estela de crímenes, hambrunas y dominación, aunque sí exhibe una suerte de amabilidad y condescendencia para con la ideología objeto de examen. De hecho, llega a comparar (por otra parte, tal y como hiciese Karl Marx) la creación del comunismo con el mito clásico de Prometeo: enfrentado al orden establecido o dominante, el héroe encadenado pugna por la liberación de la humanidad. Parece sostenerse ahí que, a pesar de los resultados poco provechosos para la humanidad, el comunismo vio la luz como un ideal que tiene su explicación, que hay que «entender», después de todo. Según Priestland, semejante ideal queda plasmado en valores, basados principalmente en el anhelo de igualdad, en el Estado del bienestar y en la regulación del mercado por parte de los Gobiernos, valores que acaso fuesen salvables y aun recuperables.

Recuérdese, en fin, que Mary Shelley, subtituló asimismo su célebre Frankenstein, con la expresión «el moderno Prometeo». Todos recuerdan el argumento: Víctor Frankenstein, doctor de elevados conocimientos e ideales, auténtico héroe moderno, promueve un plan de ingeniería con el que enfrentarse al orden natural de las cosas. Soñando con crear al «hombre nuevo», fabricó, en realidad, un engendro infernal, un monstruo. He aquí, malogrado, el invento. Y, lo que es peor, tras de sí, dejó un terrorífico rastro de destrucción y muerte.

Ariodante

Octubre 2010

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“Por qué no soy cristiano” Bertrand Russell

Frases de Mr. Russell:

“Cuanto más intensa ha sido la religiosidad de cualquier período y más profunda la creencia dogmática, han sido mayor la crueldad y peores las circunstancias”

“Afirmo….que la religión cristiana, tal y como está organizada en iglesias, ha sido y es aún la principal enemiga del progreso en el mundo”

“…Cristo dijo que debían entregarse bienes a los pobres, que no se debía luchar, que no había que ir a la iglesia y que el adulterio no debía estar castigado”.

Y pone la enseñanza de Cristo: “No juzguéis a los demás si no queréis ser juzgados”

Russell pone como ejemplos a organizaciones cristianas como la Inquisición o el Ku-Klux-Klan. Los primeros son los responsables de cientos de miles de muertos, por mucho que los fanáticos de turno afirmen lo contrario basándose en pruebas falsas o manipuladas por ellos mismos – no somos sino los herederos de quienes lo padecieron o practicaron -. Los segundos están renaciendo, no soportan que un negro esté en la casa blanca. Y hay que recordar que las matanzas de Irak y Afganistán se hicieron por “motivos” cristianos

“Es divertido oir al moderno cristiano comentar lo moderado y racionalista que es realmente el cristianismo, mientras ignora el hecho que toda su moderación y racionlaismo se debe a las enseñanzas de los hombres que en su tiempo fueron perseguidos por los cristianos ortodoxos”

Russell añade más adelante: “Desde el concilio de Trento hasta el día de hoy, todas las mejoras de la iglesia se han debido a sus enemigos”. Si hoy una pareja puede besarse en público, uno puede divorciarse, ir con gente de otra religión, declararse ateo, ver “La vida de Brian” ( perseguida en su momento y aún hoy día. Parece que hacer una emisión en televisión en este país ofende, ofender, su verbo favorito ), criticar a la iglesia aún siendo cristiano, y un largo etc, es a pesar de la iglesia, no gracias a ella. Supongo le gustaría volver a los viejos tiempos, y que una institución tan corrupta que juzga a los demás, con todos los escándalos de indole sexual que está saliendo a la luz, y los que no saldrán, es obsceno (no sé si van a la cárcel cuando los pillan )

En 1927, Bertrand Russell impartió una conferencia que se puede encontrar transcrita, junto a otros ensayos del filósofo, en este libro. Ensayos escritos entre los años 30 y 50, donde explica con suma inteligencia, sentido común y razonamientos varios, su rechazo al cristianismo. Un rechazo fundamentado en los principios humanísticos y no en el odio ni en el dogma.

Su ataque a una iglesia represora, aliada con el poder, que rechaza el que cada uno piense por sí mismo, que hace del sexo algo malvado y pernicioso, tuvo sus previsibles consecuencias. El magistral artículo final a cargo de Paul Edwards, explica como en 1940, la iglesia y los políticos de Nueva York, montaron una monstruosa caza de brujas a base de difamaciones y mentiras ( como no, le acusaron de comunista, cuando Russell criticó ferozmente al régimen de Stalin. ¿Cómo iba a apoyarlo, él, un hombre que ante todo defendía que cada uno pensase por sí mismo? ) para que no impartiera clases en la universidad de la ciudad ( hay métodos más sutiles y eficaces que mandar a alguien a un gulag ). A pesar que tuvo el apoyo de personas como Einstein, que dijo “los grandes espíritus han encontrado siempre violenta oposición por parte de las mediocridades. Éstas no pueden entender que un hombre no se someta irreflexivamente a los prejuicios heredados y use honrada y valientemente su inteligencia” ( gran definición y mejor retrato de nuestros días ). Los fanáticos se salieron vergonzosamente con la suya, apoyados, claro, por parte de la prensa. Russell criticaba todo tipo de fundamentalismo y sus opiniones sobre el sexo o el matrimonio le habrían valido hoy también una campaña en contra, por parte de esa prensa – y la española no es excepción – tan cristiana y a la vez cargada de odio e intolerancia como otros fundamentalismos que siempre tenemos en la boca.

“Contamos con los conocimientos necesarios para asegurar la dicha universal. El principal obstáculo es la enseñanza de la religión. La religión impide que nuestros hijos tengan una educación racional, la religión impide suprimir las principales causas de la guerra, la religión nos impide enseñar la ética de la cooperación científica…Posiblemente la humanidad se halla en el umbral de una edad de oro; pero si es así, primero será necesario matar al dragón que guarda la puerta, y este dragón es la religión”. Huelga aclarar que Russell era pacifista.

A pesar de un par de artículos tirando a aburridos, que el debate con el sacerdote que aqui se transcribe sea plomizo, de algunos toques ingenuos o algunos rasgos propios de la época – lo de los homosexuales – Russell dejó un libro de gran altura literaria, filosófica y moral. Todos sus razonamientos los analiza con causas y consecuencias, con rigor y un tono elegante, directo, que no excluye la mordacidad. Ahí van unas frases más, aunque se recomienda leer todo el libro, para situarlo mejor en el contexto:

“El miedo es la base del dogma religioso”

“Los capitalistas, militaristas y eclesiásticos cooperan en la educación, porque el poder de todos ellos depende del prevalecimiento del sentimentalismo y de la excepcionalidad del juicio crítico”. Es decir, eres bueno si les haces caso. Si piensas algo por ti mismo y les criticas eres malo. Tienes que ser perseguido. Castigado, algo que en este país se hacía no hace tanto tiempo.

Hay que leer el esplendido capítulo “Lo que creo”, donde Russell está a favor del control de la natalidad y de una educación sexual abierta, sana y sin tabúes ya desde la infancia. La educación religiosa a este respecto sólo ha fomentado ignorancia y sufrimiento, viéndose monstruos donde sólo hay expresión natural de la vida. Es la iglesia la que ha creado monstruos. Como dice Russell en otro episodio: “La gente bien es la gente de mente sucia”, ya que como afirma poco antes: “La gente bien mira con recelo el placer donde quiera que lo encuentren”.

Este libro es, ante todo, una búsqueda de la verdad y del conocimiento y habla de otros temas generales y filosóficos, pero deja bien claro que la religión, fundamentada en sus miedos y prejuicios, es el principal obstáculo para encontrar esos valores.

“La afirmación de que el cristianismo ha tenido una influencia moral positiva, sólo se puede mantener ignorando o falsificando la prueba histórica”. A parte de ejemplos obvios como las cruzadas, Russell denuncia las matanzas belgas en el Congo, uno de los peores genocidios de la humanidad, que tuvieron una base cristiana al igual que la I guerra mundial y yo diría que en ciertos aspectos del nazismo, pues el vaticano ayudó a fugarse a numerosos criminales de guerra alemanes.

Acabo con dos reflexiones de Russell de al final del libro:

“El renacimiento del fanatismo en Occidente no debemos considerarlo como una solución feliz. Tal renacimiento, si se produce, sólo significará que los aspectos odiosos del régimen comunista se harán universales”

“Creo que la decadencia de la fé dogmática sólo puede hacer bien. Reconozco desde luego que los nuevos sistemas de dogma, como los de los nazis y los comunistas, son peores aún que los antiguos, pero no habrían arraigado de tal manera en la mente humana si los hábitos dogmáticos ortodoxos no hubieran sido inculcados desde la niñez. El lenguaje de Stalin está lleno de reminiscencias del seminario teológico donde recibió su aprendizaje. Lo que el mundo necesita no es dogma, sino una actitud de investigación científica, combinada con la creencia de que la tortura de millones de personas no es deseable, ya la inflija stalib o una deidad imaginada a semejanza del oyente”.

Russell murió en 1967 tras protestar contra la intervención USA en Vietnam, que devastó el país y costó millones de muertos en su lucha contra los comunistas, una intervención propiciada por políticos cristianos.

Ojalá el futuro cumpla las mejores expectativas de Russell y no las peores, esas que en 1936 le llevaron a escribir: “Los que tengan el mejor gas venenoso dictarán la ética del futuro y por lo tanto serán los inmortales“. Al menos, obras así son una luz contra el oscurantismo, la estupidez y la ignorancia tan defendidas por muchos, que las disfrazan de inteligencia y bondad, desde sus respectivos púlpitos

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“La gran guerra por la civilización. La conquista de oriente próximo” Robert Fisk

Intentar hablar de esta descomunal obra en una breve crítica es tarea casi imposible. Me siento impotente para resumir con eficacia este libro enorme en todos los sentidos ( casi 1500 páginas ) probablemente uno de los mejores trabajos, si no el mejor, sobre Oriente medio y todos los conflictos que lo asolan desde la I guerra mundial ( el título hace referencia al grabado de una medalla que llevaba su padre en dicha guerra ) hasta las recientes invasiones de Irak y Afganistán.

Robert Fisk es uno de los pocos periodistas que realmente merecen que se les llame así, y salvo para los de siempre, su honradez es incuestionable, no ha caído en el cinismo del que tantos veteranos de su profesión hacen gala, sigue conservando su compasión y su sentido de la indignación ( que no tiene nada que ver con esos tipos que alardean de moral y se ofenden por todo ) y esta es, probablemente, su obra cumbre, una gran obra maestra.

Aquí están casi 30 años de periodismo reunido en un libro para todo aquel que quiera conocer, de verdad, las circunstancias que rodean todos esos conflictos que definen nuestra época, lejos de las versiones oficiales y facilonamente parciales.

Las de guerras de Irak, como las de Afganistán ( que se ha extendido a Pakistán ) tienen muy lejos su final ( así como el conflicto argelino, el único país africano que Fisk dedica un capítulo, realmente excepcional, el equivalente en escrito al film de Gillo PontecorvoLa batalla de Argel“, todo un clásico del cine, complemento ideal para después de leerlo ), al igual que el infame bloqueo israelí a los palestinos, una de las mayores vergüenzas actuales de la humanidad, y antes de oir a cualquier tertuliano de profesión que sienta cátedra sobre cualquier tema o a cualquier corresponsal “empotrado” maniqueo y tendencioso ( dinero, dinero ), es mucho mejor leer a este corrosivo, lúcido hombre con tantas experiencias a sus espaldas.

La invasión de afganistán por la Unión Soviética, la guerra Irán-Irak, la guerra del Golfo, el genocidio armenio de 1915 a cargo del imperio Otomano, las matanzas de Sabra y Chatila de miles de palestinos masacrados por falangistas cristiano libaneses auspiciado por Israel, un suceso de 1982 del que Sharon es el máximo responsable y que dio lugar hace poco, a una estupenda y escalofriante película israelí, “Vals con Bashir”, de Ari Folman, veterano de esa guerra ( este hecho fue narrado por Fisk, testigo de las matanzas, en su libro “Pity the nation: Lebanon at the war”, inédito en España y estoy ya harto de poner esto último ) y un largo y triste horripilante etc… son narrados tras sus experiencias personales por este hombre, el único periodista occidental que entrevistó a Bin Laden antes del 11-S ( en oriente medio muchos días son mini 11-s ) y por su testimonio de este excepcional hecho, foto incluida del asesino realizada por Fisk, ya vale la pena adquirir este excepcional tocho, pero hay muchísimo más, el interés no decae y lo que más llama la atención en todo lo narrado es la continua injerencia de occidente, no sólo USA, en los asuntos de la región y en las guerras que la asolan.

Un ejemplo entre muchos. En la sanguinaria guerra Irán- Irak, occidente armó a ambos bandos para sacar pingües beneficios y de paso que se mataran entre sí.

Todo esto tiene que ver, por mucho que obtusos cristianos lo nieguen, con los atroces atentados sufridos en occidente. Así que lo mejor es no encender la radio o la televisión, donde supuestos y autonombrados expertos justifican la matanza pro occidental del turno, supuestos periodistas sin un ápice de los amplios conocimientos del corresponsal de “The independent”, uno de los escasos diarios, que al parecer, hacen honor a ese nombre, y mantenerse alejado de todo tipo de medios de desinformación, para mejor zambullirse en la lectura terrible, fascinante y siempre apasionante de este libro.

Si aqui no viene todo lo concerniente a oriente medio, se le acerca bastante y seguir a Fisk con los rusos, con los marines, a punto de ser linchado por una multitud en Pakistán, saltando al hoyo de una bomba que se ha llevado por delante a un ministro sirio, narrando como los soldados iraníes son carbonizados en un mar de fuego. Entrevistando a todo tipo de gente, desde el inventor del AK-47 ( muy inquietante e ilustrativa su visita a una feria de armas donde se publicitan misiles para derribar aviones civiles entre otras numerosas lindezas…y luego los hippies confían, en su inmensa ignorancia, en la paz mundial ) a víctimas de israelíes o de Hamás, etc, etc. Es sumamente instructivo.

Al menos, leyendo a este hombre, uno siente que no le están tomando el pelo. Deja pensar al lector por sí mismo y reparte críticas y alabanzas a todos los bandos y con razonamientos, no con ira o rencor.

El libro lo publicó en 2005 y muestra un enorme pesimismo respecto al futuro. Estamos en 2010 y las noticias del día a día ( y lo que no sabemos ) le dan la razón. Y él sigue al pie del cañón.

Sólo leer las listas detalladas de víctimas civiles en afganistán por culpa de los norteamericanos que da en las páginas 1241-1242 es más que suficiente para abominar la política intervencionista y prestar atención a este hombre. Y ahí sólo menciona las de finales de 2001.

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“Precisamente yo” de Erika Mann

Título original: Blitze überm Ozean
Traducción: Cristina García Ohlrich
Postfacio: Irmela von der Lühe y Uwe Naumann
Editorial: Minúscula
Año Edición: 2002
ISBN: 84-95587-11-4
Págs.: 190
Género: ensayo autobiográfico

Por ARIODANTE

Erika Mann (Munich, 1905-Zurich, 1969), actriz, escritora, periodista, conferenciante, viajera y aficionada al automovilismo, la hija mayor del escritor Thomas Mann fue una mujer polifacética rebosante de ideas e inquietudes. No implicada por su deseo en la política, se vio involucrada necesariamente por la situación de Alemania con el ascenso al poder del nazismo. Tras una adolescencia y juventud muy alocada, consentida por sus padres, con un ambiente intelectual de primer orden y acostumbrada a alternar con personajes literarios y artísticos en las tertulias de la mansión familiar, en 1933 fundó un cabaret, Peppermill (El molinillo de la Pimienta), con un pequeño grupo de colaboradores, entre los que se encontraba su hermano Klaus, compañero de intereses y actividades desde su infancia. Realizaron una gira por Suiza, Holanda, Checoslovaquia, Bélgica y Luxemburgo. Utilizaban canciones, sketches, cuentos de Grimm, y textos de su hermano Klaus en su repertorio, con un marcado carácter antifascista. El escritor austriaco Joseph Roth escribió a Erika tras asistir a una función de El molinillo de la Pimienta en Amsterdam: “Hacen ustedes diez veces más contra la barbarie que todos los escritores juntos”.
Erika no llegó a terminar más que un esbozo de autobiografía. El libro que nos ocupa, Precisamente yo, es una selección de textos literarios y periodísticos en los que habla de sí misma y de la situación política que vivió en Europa, en Alemania, en España, sus actividades como actriz, periodista, su implicación política a pesar de ser contraria a sus intereses. Aunque algunos de los textos, a través de los años hayan podido quedar un poco desfasados, su idea central sigue vigente: “Un mundo, un único mundo lo bastante grande para ofrecer espacio para todos, pero no para todo. ¿Y para qué no? La palabra resulta plana, y preferiríamos evitarla. Es inevitable. Lo que está detrás de ella ha envuelto el mundo en humo y llamas y ha de ser proscrito, de acuerdo con las normas de un nuevo mundo. Se llama ¡nacionalismo!”
“El mensaje que quería transmitir fue siempre un llamamiento directo y sin embozos a la solidaridad humana contra las inhumanas fuerzas de la oscuridad y la destrucción- nos dice al comienzo-Esto es lo que he querido expresar en mis escritos y conferencias, en mis libros y artículos, en mis cuentos para niños y en mis discursos por la radio.”

En los veinte textos seleccionados, Erika nos habla en primer lugar de su vida, en el esbozo autobiográfico que llama Precisamente yo y que da título a la edición española (el título alemán del libro podría traducirse como Rayos sobre el océano) y cómo pasó de estar interesada en el teatro y en viajar y en múltiples actividades, acabó ocupándose de aquello con lo que no contaba: la política. No pudo evitarlo. No podía soportar cómo el nazismo pisoteaba a su país, no podía permanecer al margen y no entendía cómo tanta gente no sólo no se daba cuenta de lo que se estaba gestando, sino que no concedía importancia o no quería verlo. Tomó sobre sí la tarea de publicitar lo que ocurría y lo que iba a ocurrir, como una nueva Casandra. Lo que le supuso, por lo pronto, el exilio, luego un largo vagar por países y ciudades tratando de explicar sus ideas y de colaborar en la lucha contra el mal, contra la negra sombra que se extendía por Europa bajo la cruz gamada.
En sus textos predomina lo concreto, a veces pura anécdota, con lo que va construyendo lo que considera fundamental. No le importaba tanto ser original como veraz, para ilustrar y publicitar a los cuatro vientos lo que estaba ocurriendo día a día. De la cotidianeidad observa y destaca historias trágico-grotescas, situaciones de las que podemos sacar unas conclusiones sobre las que reflexionar o que nos impacten. El espíritu del cabaret, del sketch, domina en este conjunto de textos, en el sentido de aglutinar piezas con las que nos hagamos una idea de su pensamiento, que desde muy joven estuvo ligado al teatro y lo que supone la novedad del cabaret: la sátira y la crítica social presentando cortos fragmentos que desgranen la realidad social, analizándola y mostrándola en su desnudez. Nos habla, pues, de viajes, de literatura, de teatro, de la posición de la mujer; de sus experiencias en la guerra de España, del caos lisboeta, ciudad llena de exiliados y huidos de la guerra, mirando desesperados hacia América; nos habla de Nuremberg, en fin, compone toda una cesta de frutos, unos más dulces, otros amargos y ácidos.
Tras exiliarse, Erika estuvo en Inglaterra, soportando los bombardeos londinenses, y en Norteamérica, adonde su familia también acabó por exiliarse. Dio conferencias, habló en la BBC, fue corresponsal de guerra por Norteamérica, en Oriente Medio, vivió el desembarco de Normandía y regresó con el ejército americano a su país tras la guerra, quedando impresionada por el desolador panorama. También siguió muy de cerca los juicios de Nuremberg. Fue de las primeras en criticar la guerra fría, lo que la distanció de Norteamérica. Siempre en una posición impopular, crítica y decididamente defensora de la libertad, se estableció en Suiza con su familia y entre otras múltiples actividades administró la obra de su padre y la de su hermano Klaus, cuyo suicidio, en el 49, le causó una profunda impresión, puesto que estaba muy ligada a él, a pesar de discrepar en algunas posiciones políticas.

Ariodante
Agosto 2010

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“Psychokillers. Anatomía del asesino en serie” Jesús Palacios

El término “asesino en serie” fue acuñado por el investigador del FBI Robert K. Ressler y hace referencia al individuo que durante cierto periodo de tiempo comete varios asesinatos sin ningún móvil económico, mafioso o político detrás.

Ressler, también creador de los perfiles de estos psicópatas, que sirven para describir su “modus operandi”, vivió cerca de John Wayne Gacy, entrevistó a angelitos como Jeffrey Dahmer o Emil Kemper, y es autor, junto a Tom Shatchman, de un libro tan recomendable como “El que lucha con monstruos”, donde repasa sus veintes años de servicio investigando, persiguiendo y hablando con estos criminales, dejando constancia de su honradez y talante liberal, pues estaba a favor de la investigación de la mente de estos asesinos y no a favor de la pena de muerte, y eso que casi se convierte en víctima del mencionado Kemper, en una celda.

El asesino en serie, se ha convertido desde hace mucho tiempo en parte del imaginario popular, en protagonista intermitente de las páginas de sucesos y en un icono artístico: el número de películas, series de televisión, telefilms, libros, canciones, cómics y hasta cuadros que se basan en su figura es infinito, esté basado directamente en hechos reales o no, con vertiente sobrenatural en muchas ocasiones, llegando a la saturación y a convertirse en un tópico sobado más, en legítima fuente de inspiración o en oportunista objeto de marketing y a veces todo junto. A las mentes más puritanas, miopes y políticamente correctas hay que aclararles que, obviamente, el libro no es una apología de la violencia ni nada por el estilo.

El psicópata se ha convertido también, y esta es otra cuestión, en material propicio para el sensacionalismo de los medios de comunicación, y en excusa para campañas de represión de todo tipo.

El ejemplo más famoso de todo lo anterior son los atroces crímenes perpetrados por la familia Manson. Que el careto de su tarado líder, Charles Manson salga hasta en camisetas y sea objeto de “culto” ( que no de admiración ) por parte de incontables bandas del rock/ metal post años 60, no es vuelvo a repetir, una incitación a la degeneración y demás, sino un reflejo de la oscuridad, animalidad y salvajismo del ser humano. Manson era el lado oscuro del “hippismo“, ese del que muchos negaban su existencia, que finiquitó toda la era Acuario e hizo volver a la realidad a todos esos ingenuos que soñaban con utopías, esos ingenuos que pronto traicionaron, en su mayoría, sus ideales. Unos ideales cándidos pero mucho más respetables que los de los yuppies en que se convirtieron. Ya se sabe, los hippies del ayer son los capitalistas que dominan el mundo hoy, y lo mejor que salió de esos años – los escritores del nuevo periodismo, todo tipo de artistas… – era gente aliada del movimiento pero ferozmente individualista.

Por supuesto, el caso Manson fue la excusa para todo tipo de campañas ultraderechistas e ignorantes, cimentadas en la prensa que aprovechó las circunstancias para difamar a un “movimiento” inocente.

Cada país tiene su propia colección de asesinos en serie y casi todos los que se han hecho tristemente famosos son los anglosajones, convertidos en celebridades a veces grotescas por prensa y televisión, hecho que fue objeto de sátira por Oliver Stone en “Asesinos natos“, sobre un traicionado guión de Tarantino, y sobre éstos, va principalmente este extraordinario libro.

El gran Jesús Palacios hace un recorrido por la prehistoria de los asesinos en serie y casos más famosos ( la condesa Bathory, Vlad tepes, el auténtico Drácula, Gilles Rais, lugarteniente de Juana de arco o Jack el Destripador, al que se dedica todo un capitulo ), hasta los años 90′, con parada en España incluida ( por lo tanto aqui no aparecen los más recientes como el del francotirador de Washington o el asesino de Green River, aunque éste ya llevaba mucho tiempo haciendo de las suyas).

Es decir, no es un ensayo con afán “completista” en cuyo caso llegaría a tener 5000 páginas por lo menos y eso contando sólo los casos resueltos.

Palacios indaga en los condicionamientos sociales, en los motivos que tuvieron para cometer tales atrocidades y llega a la lúcida conclusión de que no hay una razón clara que sirva para identificarlos y encasillarlos, las razones de uno no sirven para explicar las de otro. Un tema inaprensible que des miente rotundamente que el hombre es bueno por naturaleza y las facilonas explicaciones que da la sociedad, la que muchas veces engendra estos monstruos. Unos monstruos que resultan casi inofensivos frente a otras muestras que crueldad humana, algunas de ellas aceptadas por muchos, ¿ de verdad, piensa alguien,  que ese tarado de Ed Gein o el aberrante canibal Albert Fish - impresionante, en el peor sentido, la carta que le envió a la madre de una de sus víctimas – es peor que que cualquier esbirro de las SS, de la NKVD, de la policía religiosa de Arabia Saudí?¿Qué cualquier matón de la CIA de la operación Phoenix que mató, mínimo, 80000 vietnamitas, que un heróico y preparado piloto de un B-52 que arrasa un pueblo camboyano, vietnamita o irakí?¿Peor Dennis Nielsen o David Berkowitz que que los escuadrones de la muerte que devastaron américa latina?¿Son peores todos esos políticos, sean dictadores o demócratas, que organizan guerras y expolios? A este respecto resulta muy ilustrativo el excepcional episodio “El asesino expresionista” sobre los pyschos alemanes del periodo de entreguerras.

El libro que habla también de algunos casos que no son obra de asesinos en serie, es una reivindicación de la libertad artística, así como un certero retrato de lo peor de la condición humana, una condición con sus partes de oscuridad, la que muchos, con un indecente buen rollito niegan o limitan a condicionantes externos.

No recuerdo las palabras exactas, pero Ted Bundy, uno de los más famosos e inteligentes ( la mayoría tienen en común un coeficiente de inteligencia alto y en matar cobardemente a personas fisicamente más débiles, sobre todo mujeres ) dijo algo así como que los asesinos en serie son nuestros maridos, nuestros hermanos, hijos y padres y que nunca nunca íbamos a acabar con ellos. Porque ellos forman parte de nosotros. Nuestros vecinos perfectos, con una fachada irreprochable, si acaso alguno un poquito rarito pero inofensivo, y luego lo de siempre: ¿rituales con velas? No me lo puedo creer. Y sí, sí que hay, aunque menos, “psychosfemeninos.

Palacios recomienda una lista de películas, libros y canciones sobre el tema. Muchas son muy conocidas y podría haber hecho una lista 50 veces más larga. El caso de Ed Gein sirvió de inspiración para el libro “Psicosis” de Robert Bloch, que dió lugar al clásico de Hitchcock y varias secuelas. Para el Buffalo Bill de “El silencio de los inocentes” de Thomas Harris que fue adaptado por Jonathan Demme o para el Leatherface de la saga de “La matanza de Texas” iniciada por Tobe Hooper, entre otras. Yo sólo añadiré “Dahmer” de David Jacobson donde una más que convincente Jeremy Renner encarnaba al Carnicero de Milwakee en un film inusual y sobrio, demostrando que se puede hacer una película sensible sobre tan terrorífico tema y mostrar empatía y comprensión hacia el verdugo, que NO aprobación. Su gran virtud, lo mismo que este libro, es que es riguroso alejado de sermones y doctrinas baratas.

Otros libros para quien le interese el tema podría ser “Felices como asesinos“, de Gordon Burn, sobre el matrimonio West,  – “la familia que mata unida permanece unida” -, o “Harry, radiografía  de un asesino”  film de John McNaughton. Una película capaz de encanecer ( más ) las barbas y melenas de Michael Hanecke. Martin Scorsese dice que durmió con el televisor encendido de la impresión que le creó.

El libro es maravilloso, aunque macabro, por supuesto, y harto necesario. Esto no significa que tenga un poster en mi habitación de Richard Ramírez ni que me guste la violencia real. Ni que decir tiene.

EL SEÑOR SOMBRERO

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“Bettie page” de Isabel Andrade

Durante los años 90′ la editorial Midons alegró el panorama con una colección a cargo del simpático gamberro Manuel Valencia ( también director del divertido fanzine “2000 maníacos”, que ya ha cumplido 25 años. Felicidades. ) y en el que se dedicaron libros al cine de terror, de serie B, manga o porno, incluso publicaron el guión de “El día de la bestia”.  El coautor de éste, Jorge Guerra Echevarría, habitual de Álex de la Iglesia, fue el encargado del  prólogo de este libro de la sexy Isabel Andrade, un pequeño monumento Pop dedicado a la vida de la reina de las Pin-ups de los años 50′, profusamente ilustrado ( ufffs)

Con las sesiones fotográficas filmadas al lado de gente ya convertida en mitos como Irving Klaw o Bunny Yeager, Bettie Page se convirtió en un icono del erotismo, en perenne objeto de culto cuya huella llega hasta nuestros días.

Ella es la precursora de Dita Von Teese y de muchas otras que se han dedicado al erotismo o porno elegante. Porque elegancia e inocencia es lo que desprende mayormente de sus imágenes, incluso cuando juguetea con el spanking, con el bondage ( modalidad en la que ella era la indiscutible reina ) o el sado más fino y sutil, a años luz de la escatología y vulgaridad actuales. Y eso, y que pusiese de moda el flequillo o fuera también pionera en lencería o en el fetichismo. Especialmente en los tacones altos, es lo que la convirtió en un símbolo que sobrevive indemne al paso del tiempo, lejos de la vulgar masificación tipo Betty Boop.

Como no podía ser de otra manera, cuando unos cuantos se divierten, salieron los cazadores de brujas de turno, al mando del político demócrata Estes Kefauver, y la diversión se acabó. Las prohibiciones y disgustos minaron la salud de Klaw y se lo llevaron, mucho antes de tiempo, a la tumba y Bettie Page volvió al anonimato del que ya apenas salió.

Al menos queda ese delicioso momento para la historia en que Kefauver ( otro McCarthy ) le preguntó a la Pin-Up por qué no se avergonzaba de posar con prendas íntimas y ajustadas ( y claro “obscenas” ) y ella respondió: “porque, querido senador, creo que son lindas“.

Y los de esa inquisición no impidieron que sigamos disfrutando de Miss Page. Lo que sí se extraviaron fueron las fotos que le hizo John Willie y que eran propiedad del escritor de serie negra James Baldwin ( ¿¿¿¿¿cómo???? ). Algunos dicen que Bettie Page es el modelo del emblemático personaje de cómics Bondage, Gwendoline. Algo dudoso. Lo que está claro es que sí lo es del personaje femenino de los tebeos del superheroe “The Rocketeer“, algo que no se notó en la película de 1990, a cargo de Joe Johnston, puesto que le dieron el papel a la más remilgada Jennifer Connelly. Era una producción Disney y eso lo explica todo.

También icono del rock, Bettie Page se convirtió, ya mayor, en una cristiana radical y al parecer se vió envuelta de asuntos turbios. Falleció hace unos pocos años ya convertida en mito y nada de esto último trastocó ni siquiera ligeramente, este estatus.

En el libro de Andrade, habitual de “Kiss Comix“, que lo escribió con la musa aún viva, se le puede echar en cara lo escueto de su texto, pero es la única biografía escrita en España ( y si no es así, pido, exijo, demando, ruego, se me informe, pero ¡ya! ) y un buen complemento para todos esos libros exclusivamente fotográficos de Bettie Page, que aún con sus toques desfasados, son capaces de incendiar un geriátrico.

Lo curioso del film de Mary Marron, inédito en España ( ¿por qué ) con Gretchen Mol en el papel de Page y que cuenta con la presencia del entrañable  Jared Harris, todo un señor freak, es que no se puede encontrar ni en DVD, pero hay camisetas promocionales de la película a la venta.

Subtitulado “La reina de las curvas y otras pioneras del erotismo de papel”, Andrade hace un rápido repaso por otras mujeres explosivas, actrices o artistas del “burlesque“, como Blaze Starr, Dixie Evans, la volcánica Hadji, la voluptuosa Tura Satana, la misma Bunny Yeager, Dianne Webber e incluso Marilyn Monroe ( chica “Play boy”, no lo olvidemos ) y un largo y sudoroso etc.

No es un gran libro, vale, pero ¿ qué importa?. Está realizado con cariño y ya sólo por las fotos vale la pena.

Os dejo la web oficial dedicada  a Bettie Page:

http://www.bettiepage.com/

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“Corsarios alemanes de la segunda guerra mundial” de Luis de la Sierra

Luis de la Sierra es un historiador naval que combatió en la guerra civil en el bando nacional pasando a ser oficial de la armada con dilatada experiencia durante la dictadura. Su carrera como historiador militar se centra sobre todo en la segunda guerra mundial (siempre desde el punto de vista del eje, qué curioso) y es mejor así.

Es un gran historiador, pero también lo que podría decirse de un franquista: militarista y derechista anticomunista. El comunismo ha cometido grandes crímenes, pero no mayores que los que en su nombre, a veces, de la libertad y democracia, se han hecho luchando contra él. Cuando rememora puntualmente sus experiencias de la guerra del 36-39, lo hace desde un punto de vista tendencioso, pero afortunadamente no suele tocar mucho el tema y su anticomunismo también sale a la luz en contadas ocasiones.

Mucho más discutibles son las típicas frases belicistas que pueden hacer que a un lector con dos dedos de frente le hagan sentir malestar generalizado. En su, por otra parte, notable libro sobre la I guerra mundial, “El mar en la Gran Guerra, 1914-18″ y a propósito de la encarnizada batalla de Jutlandia, dice :” una de las páginas más hermosas, brillantes y aleccionadoras, en el libro de la historia naval“. Es decir, que una batalla, fascinante como estudio histórico pero que le costó la vida a casi 9000 hombres, la mayoría jóvenes, y dejó cientos de mutilados, le parece algo bonito. Por cosas así está el mundo como está y el autor parece, tal vez típico de su época, admitir la visión contraria. Pero cuando no se mete en cosas como esta ( también hay que decir que hace comentarios en sentido contrario ) sus libros son casi impecables.

De hecho su relato de la mecionada batalla es modélico. Uno de sus trabajos más interesantes es el que dedicó a los barcos corsarios alemanes de la guerra del 39-45. Barcos mercantes camuflados que se dedicaron a combatir el tráfico aliado. La mayoría causaron grandes daños a sus oponentes y 6 de ellos resultaron hundidos. Al contrario de los típicos libros bélicos, este es un libro casi de aventuras. Algunas de las historias de los corsarios son como grandes películas en sí  mismas y su relato escapa de los tópicos militares, como el del “Atlantis”, que tuvo un film basado en sus ajetreadas peripecias, con Charles Laughton.

¡ Corsarios nazis en las costas de Australia! ¡ En el pacífico ! ¡ En el índico !. De la Sierra narra con detalle y con un estilo dinámico, informativo y sencillo, sumamente agradable, las historias de cada barco, uno por uno, y logra un gran libro pese a los defectos antes mencionados.

Al contrario de lo que algunos puedan pensar, disfrutar de un trabajo así no quiere decir que el lector sea fascista. Si es recomendable, para compensar tanta batalla y alguna salida de tono, ver luego “El acorazado Potemkin” de Eisenstein, leer al sabio Noam Chomsky o una novela gay de Dennis Cooper ( “Cacheo” es estupenda )

Esto lo afirma alguien que tiene ganas de leer su libro sobre los corsarios de la I guerra mundial, pues tiene, a priori,  una pinta estupenda

HERMAFRODITA A

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