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“SÉNECA EN AUSCHWITZ. LA ESCRITURA CULPABLE” RAÚL FERNÁNDEZ VÍTORES
Por ARIODANTE
SÉNECA EN AUSCHWITZ. LA ESCRITURA CULPABLE
RAÚL FERNÁNDEZ VÍTORES
Páginas de Espuma,
Colección Voces / Ensayo
Madrid, 2010,
107 páginas.
ISBN: 978-84-8393-070-0
Raúl Fernández Vítores (Madrid, 1962), escritor y profesor de Filosofía en la Enseñanza Secundaria, ha publicado recientemente un breve ensayo muy impactante y de gran calado. Como paso previo al propio comentario del libro, justo sería abundar en la ya indicada condición profesional del autor. Decimos esto porque, dado el estado actual de la Enseñanza universitaria en España, buena parte de los ensayos que, en estos últimos tiempos, tienen originalidad e interés —también, algo que decir—, proviene de autores que deben trabajar en unas condiciones verdaderamente heroicas, una circunstancia ésta no siempre reconocida como sería menester. En la Universidad acaso ocurra que la vigilancia del escalafón y la preocupación por el currículo profesional eclipsa —o al menos inhibe— la verdadera «aventura filosófica» y el riesgo intelectual. En este volumen encontramos, sin duda, ambos atributos.
Tampoco referimos esta circunstancia por casualidad. Fernández Vítores ya ha escrito un libro anterior, Sólo control: panfleto contra la escuela (2002), donde pone en evidencia, y en cuestión, el sistema educativo, en general, y el español, en particular. Señalando allí mismo las causas de las múltiples deficiencias que presenta la escuela, cuando no su neta decadencia. Es autor, asimismo, y entre otros títulos, de Teoría de residuo (1997) y Los espacios bárbaros (2008).
Séneca en Auschwitz supone para el lector un breve, pero intenso viaje hacia el Horror. Y el Horror con mayúsculas tiene un nombre propio: el Holocausto (asimismo, en mayúsculas). Como montándose en uno de los vagones de la destrucción y la muerte en dirección a Auschwitz, o Dachau, o Treblinka…, al lector que abre la primera página del ensayo le espera un trayecto poco confortable hacia ninguna parte, porque al final le espera la Nada. Tras Auschwitz ya no hay posibilidad de esperanza, ni de reparación. De igual forma que el Macbeth de Shakespeare mató el sueño al matar a Duncan, la Humanidad se ha suicidado al consumar el mayor de los delitos jamás conocido: la aniquilación en masa del judío. Una aniquilación fría, calculada, racional, profesional, laboriosa, implacable. Al cortarse uno de sus miembros, la especie humana no ha logrado acabar con la rabia, su rabia. Se ha cortado, sin más, cualquier vía de salida.
Desde el Holocausto, ya nada es posible. Porque la Nada se ha adueñado del mundo, destruyendo su sentido y fin, si es que los ha tenido alguna vez. El Holocausto representa el Pecado Original del Hombre. Pero, en esta ocasión, no hay expiación posible. Tal es la profundidad de la herida: «la herida queda abierta» (pág. 96. Últimas palabras del texto testamento). Incluso cuando se condena el Crimen, cuando se incrimina, no queda uno exculpado de Nada. Tras el Holocausto, toda escritura es culpable. Ha triunfado la «Tanatopolítica». Después de todo, sólo queda la Muerte.
El ensayo —una lucha intelectual sin cuartel, aunque nos conduzca al Campo— no da tregua. Escrito de corrido, sin pausas, ni punto y aparte, sin salida. La salida es el Final: «La visión de lo acontecido nos hace balbucir e inevitablemente trastorna la literatura. Asfixiante como, ¡otro símil lamentable!, esta escritura que impide el resuello, sin pausas, que no da espacio, sin puntos aparte, que marea y casi ahoga e impide la intelección del abominable hecho, reduciendo al modo sectario la cantidad de oxígeno que el corazón bombea al cerebro.» (pág. 75)
Ensayo afilado como un sable, frío como el acero, Séneca en Auschwitz representa un trabajo, no obstante, necesario. Aunque, eso sí, no apto para espíritus pusilánimes ni sentimentales.
Febrero 2011
Share“Mengele” Gerald L. Posner y John Ware
Josef Mengele pasará, tristemente, a la historia como el más famoso de los médicos del nazismo, “médicos” que traicionaron todos los más elementales principios de la medicina, en nombre de una supuesta y enfermiza ciencia y en favor de su ridícula creencia en la superioridad de la raza aria. Estos salvajes con bata blanca hicieron todo tipo de experimentos con gitanos, judíos o prisioneros de guerra ( sobre todo rusos ). Experimentos que fueron pura y llanamente torturas de lo más variopintas y terribles, como sumergir a una persona en agua helada para comprobar cuánto podía aguantar hasta morir o coser las cabezas de gemelos la una a la otra, entre otras muchísimas atrocidades.
En todas ellas, los verdugos trataron a las cobayas-víctimas con sadismo o indiferencia, y Mengele, como médico de Auschwitz, el peor campo de exterminio, ha quedado como el peor de todos, algo discutible, pues todos cometieron crímenes similares, como el del dr. Aribert Heim – conocido como el Dr. muerte -, del campo de trabajo de Mauthausen, donde se torturó y mató a miles de republicanos españoles.
Este libro es una biografía del hombre que se hizo famoso por su sobrenombre “ángel de la muerte”, que logró escapar de los aliados y que encontró la muerte en 1977, ahogado en una playa de Brasil.
Sobre Mengele han corrido todo tipo de rumores exagerados y leyendas fantasiosas entre las que no falta la que afirma, sin ningún fundamento de peso, que Mengele no era el muerto de esa playa, y que siguió vivo y coleando muchos años…como demasiados de sus cobardes colegas que tanto ayudaron a las dictaduras sudamericanas.
Las leyendas más numerosas presentan a presentan a Mengele como un supervillano, un James Bond en negativo, que burló y llegó a asesinar a los agentes del Mossad israelí que intentaban darle caza en unas tramas de lo más delirantes. El que escribe llegó a leer alguno de esos involuntarios folletines “pulp” que no tenían ningún rigor y poco o nada tenían que ver con la realidad,pero que lo cierto era qie, dentro de los malo que era, resultaba trepidante, imaginativo y hasta divertido.
Esas historias son desmentidas por Posner y Ware, que facturan un libro creible que cuenta, más o menos, lo que realmente ocurrió, pero lo hace de una manera harto sosa, aburrida, rutinaria, sin mucha chispa y con algún toque sionista de lo más discutible, y lo que es peor, pasa por encima de las cosas con cierta superficialidad.
Uno no llega a conocer a Mengele del todo. El episodio dedicado a la segunda guerra mundial y a Auschwitz es decepcionante por su brevedad y la obra se centra en los años que pasó escondido sin llegar a ser nunca atrapado.
Es un trabajo que contiene bastante información sobre todo en lo que concierne a los nazis de la pstguerra en sudamérica, pero nunca pasa de una mediana corrección y no destaca entre la avalancha de libros de la segunda guerra mundial que nos invade. Uno más
Share“MAL CONSENTIDO. LA COMPLICIDAD DEL ESPECTADOR INDIFERENTE” AURELIO ARTETA. Alianza Editorial
Por ARIODANTE
MAL CONSENTIDO. LA COMPLICIDAD DEL ESPECTADOR INDIFERENTE
AURELIO ARTETA. Alianza Editorial, Madrid, 2010, 319 páginas.
El primer juicio que merece ser señalado a propósito del último libro de Aurelio Arteta, Mal consentido, es el que tiene que ver con su valentía, sin paliativos ni excusas de ningún tipo. También con la franqueza de su discurso, sin evasivas ni huidas hacia delante o hacia atrás. Porque valeroso y esforzado supone, para empezar, haberse arriesgado a dar a conocer un ensayo de filosofía al público español, tan poco proclive a estos temas. Un estudio de investigación, para mayor audacia, que entra directamente en materia de moralidad (individual y pública), y que, para mayor abundamiento, no oculta un afán moralizador (más que moralista). Un texto, en fin, que no sólo hace pensar, sino que reprueba y denuncia las conductas acomodaticias y cobardes que afectan a una amplia sección de la población. Si no es esto valor, sigamos leyendo.
Aurelio Arteta, (Sangüesa, Navarra, 1945) curtido en la batalla de las ideas, no es la primera vez que acomete una empresa intelectual y un desafío moral de este fuste. Catedrático de Filosofía Moral y Política en la Universidad del País Vasco, ha dedicado buena parte de su trabajo investigador y docente a la reflexión sobre la naturaleza y consecuencias del mal, sin desatender las raíces morales y políticas del problema ni tampoco las materias adyacentes o próximas al mismo. A este respecto es esencial recordar que entre sus obras publicadas destacan La compasión. Apología de una virtud bajo sospecha (1996) y La virtud en la mirada. Ensayo sobre la admiración moral (2002), dos notables trabajos de discernimiento racional y «educación sentimental» que están en la base del libro que ahora nos ocupa.
Preocupa a Aurelio Arteta identificar el mal cometido y el mal padecido, pero no menos que el mal consentido. Sin éste, aquéllos no prosperan. En la fenomenología del mal actúan un agente y un paciente. Pero en la escena del drama humano participa un tercer elemento, sin el cual, la trama tendría otro recorrido y destino. Nos referimos a la figura del espectador indiferente, quien, fundiéndose en la masa, conforma el público, en general (no siempre respetable público). Aquel que contempla el horror, el dolor ajeno, sin inmutarse, sin actuar, es, lo sepa o no, responsable también del mal. Por omisión. Desde un punto de vista moral, social y público, el espectador indiferente es cómplice del padecimiento ajeno en la medida en que llega a convertirse en un requisito necesario, y a menudo hasta suficiente, del daño causado: « ¿O es que sin el consentimiento de tantos iba a tener lugar tanto mal?» (pág. 14).
El mal consentido representa la antítesis de la compasión. La tolerancia abstracta, el relativismo y el «nihilismo ambiental» se han apoderado de las sociedades hasta el punto de ahogar el sentimiento compasivo en los individuos. Mientras tanto, crece el descrédito del heroísmo y el espíritu del sacrificio, valores hoy en desuso. La retirada individual ante la responsabilidad y la dimisión del papel de ciudadano son las necesarias e inmediatas consecuencias de esta situación.
Así pues, cuando la piedad y la admiración moral declinan, el mal encuentra el camino allanado para poder expandirse sin freno alguno. La insensibilidad pública posibilita la práctica impunidad del criminal, quien merece pareja consideración social y moral que una víctima (palabra maldita) o un ser virtuoso (otro término caducado). Aurelio Arteta tenía, pues, perfectamente labrado el terreno para llegar a la consumación del trabajo presente.
La distracción constituye, en rigor, la negación de la acción. La sociedad, narcotizada por el pan y circo, simplemente, no quiere problemas, quiere que le dejen en paz. Educada para comportarse como ciudadanía reclamante de derechos, es refractaria a los deberes. Resuelta en recibir ayudas, se muestra remisa en darlas a los demás. En este panorama, cuando ruge la marabunta, la gente suele mirar para otro lado y exclamar: «Yo no he hecho nada». Desde el momento en que es persuadida de que la paz y la libertad son gratuitas y negociables, la sociedad civil deja de serlo, para volverse masa, sencillamente asustadiza, consentidamente maleable.
Los prejuicios ordinarios y las excusas al uso —junto a la crisis de valores anteriormente mencionada— arman un prontuario de pretextos que funciona en las comunidades en retirada como un botiquín de emergencia. Con excusas, el espectador aspira a sobrevivir, sin más, protegiéndose al mismo tiempo de la mala conciencia: «Todos habrían hecho lo mismo»; «Si no lo hago (o lo consiento) yo, lo hará (o consentirá) otro»; «Todos lo hacen»; «La vida es corta»; «Mi contribución no sirve de nada»; «Me limito a mi trabajo y lo que es de mi competencia»; «Todo esto es muy complejo». Todo vale, en efecto, para no verse ni sentirse concernido con la «mala suerte» de las víctimas. Si el espectador impasible es señalado con el dedo, acusado de cobardía, la indiferencia, entonces, se torna ira e indignación: «¡y quién eres tú para juzgar a nadie!»
En la abierta y cruda exposición de este asunto tan escabroso, Aurelio Arteta tiene presente Auschwitz, el Gulag y los grandes horrores sufridos a lo largo de la historia. Ahora bien — según reconoce en las primeras páginas del volumen—, es la circunstancia de vivir y trabajar en el País Vasco el principal inspirador de su indagación. No hay en ese punto contradicción ni incompatibilidad, porque la cuestión planteada afecta a la condición humana, no a una comunidad en particular. Sucede que en el centro del huracán, siente uno más intensamente la violencia del viento.
El terrorismo representa hoy en el mundo contemporáneo la máxima expresión del mal, causa de muerte, dolor y horror para millones de personas. Un mal que en España sigue activo, condicionando la vida y la libertad de los ciudadanos, dividiendo a la sociedad y viciando la convivencia política. La rotunda condena del terror y su derrota no concitan unanimidad en la población ni en los poderes públicos. Sobre el particular todavía existen muchas reservas y múltiples matices que hacer. Mas, sólo desde un sectarismo social sin escrúpulos, un derrumbe moral sin remedio y una corrupción política de vocación ultra-schmittiana puede sostenerse que hay un terror «amigo» y un terror «enemigo», un terror «de izquierdas» y un terror «de derechas». Sólo desde una mentalidad cómplice puede justificarse lo injustificable, excusar lo inexcusable y consentir (determinado) mal.
Llegados a este punto, resulta muy oportuno referir la siguiente sentencia de Albert Camus, citada por Arteta, y que resume, con gran precisión, el admirable propósito que guía el último ensayo del filósofo español: «Pues usted acepta silenciar un terror para combatir mejor otro. Y algunos de nosotros no queremos silenciar nada.» (pág. 133).
Enero 2011
Share“H. R. Giger” Peter Maag. Taschen 25 Aniversario
La gran editorial Taschen, que ya había publicado otros libros muy recomendables sobre el excepcional artista suizo, se lució en 2005 con motivo de su 25 aniversario, con este volumen recopilatorio confeccionado por el propio genio.
Dibujante, escultor, arquitecto…este polifacético hombre conocido sobre todo por ser el creador de las criaturas de la magistral “Alien el octavo pasajero” de Ridley Scott, es el creador de una obra descomunal, casi sin equivalente, que ha llegado a todo tipo de ámbitos: desde la pintura al cine pasando por la música, los tatuajes e incluso el mobiliario, y este libro, que funciona como una breve autobiografía, es una buena muestra d esus múltiples facetas donde el más fascinante es, obviamente, la de pintor. Este trabajo está profusamente ilustrado y ver una sola representación de un cuadro de Giger ya vale más que casi todas las palabras que hay en él.
Admirado por gente como Timothy Leary o William Gibson, Giger siempre se ha movido por el lado oscuro de la vida y por el inconsciente. De este lado oscuro él ha sabido extraer una turbia belleza repleta de simbolismos sexuales que provocaron rechazos y censuras en los puritanos de siempre ( ahí se esconde la mediocridad ). Sus criaturas biomecánicas son auténticas obras de arte que fueron magistralmente aprovechadas por la mencionada “Alien”.
El satanismo, la obra maestra “El maestro y margarita” de Mijail Bulgakov, Vlad Tepes, Aleister Crowley, Freud, Eliphas Levi, H. P. Lovecraft, el marqués de Sade y un largo y gran etc, forman parte del rico bagaje cultural de Giger que s eha reflejado de una manera casi irreconocible en su obra. Él , como un auténtico alquimista, les ha dado una nueva vida y esto habla de la fortísima personalidad, mágica personalidad de una obra que hoy cuenta con su propio museo.
El libro también recoge obras de artistas de la colección personal del artista, como es el caso de Joe Coleman o el propio Dalí.
Por supuesto que no todas las facetas de Giger tienen el mismo interés. Lo de diseñar relojes, como buen suizo, puede dejar frío, pero casi toda su obra resulta fascinante o por lo menos curiosa, desde su colaboración con grupos que van desde “Emerson, lake and palmer” o “Blondie” a “Danzig” o los cafres “Carcass“, pasando por los sillones Harkonnen hasta sus creaciones biomecánicas, casi todo es un placer para los sentidos.
Su influencia en el cine ha sido enorme y es una pena que no se prodigara tanto en este medio y cuando lo ha hecho haya sido en films de tan escasa categoría como “Species” de Roger Donaldson, donde su trabajo tampoco era nada del otro jueves.
Sea como sea, su huella en la gran pantalla es innegable y así lo atestigua este casi impecable libro. Lo de casi viene porque le decida 10 páginas a su mutilado trabajo en la oscura película alemana “El condón asesino”, basada en el cómic de Ralf Konig y sin embargo apenas hay constancia de lo que hizo en “Alien”. Claro que esta carencia es comprensible porque ya hay otros muchos libros que hablan de su trabajo en el film de Scott.
Tampoco hay mucho material sobre el abortado proyecto “Dune“. La película de David Lynch no estaba nada mal, pero pensando en aquell proyecto, ¡ vaya film nos hemos perdido !. Un Dune dirigido por Alejandro Jodorowsky en su época más alucinógena, con diseños de Giger y Moebius y música de los Pink Floyd de la mejor época, hubiese sido digno de ver.
Se está preparando otra versión basada en los libros de Frank Herbert. En principio no tiene buena pinta y no han contado tampoco con la presencia del autor de los Necronomicon. Viendo un libro como este pueden darse cuenta que eso es un gran error, error que no ha cometido Ridley Scott en la precuela de “Alien” que está rodando y que, probablemente, verá la luz en 2012.
Fdo: ROGER, EXTRATERRESTRE SIBARITA, HEDONISTA Y BORRACHUZO
Share“La batalla del atlántico” Andrew Williams
La batalla del atlántico de la II Guerra Mundial tuvo lugar, como su predecesora de la primera, desde los primeros días de dicha guerra ( 1939 ) hasta los últimos días del conflicto en Europa ( Mayo 1945 ), si bien se iba resolviendo a favor de los aliados, a partir de Mayo-Junio 1943, merced a la inmensa superioridad aliada numérica y tecnológica.
La inmensa y desproporcionada batalla que emprendieron los submarinos alemanes, los famosos y temibles “U-boat” para desbaratar las rutas de aprovisionamiento marítimas que iban de EEUU y Canadá al Reino Unido, fue uno de los momentos clave de la contienda y la definitiva victoria anglosajona fue, junto a la de Stalingrado en el frente oriental y la de El Alamein en Egipto, la que hizo que la iniciativa pasase de alemanes a aliados y determinase el rumbo de los acontecimientos.
Una guerra que en alta mar fue también favorable a los nazis durante largo tiempo. Sin ir más lejos, es impresionante el número de mercantes que hundieron en otoño del 42 y en los primeros momentos de la primavera del 43, algo que retrata más que bien este notable libro.
Entre los abundantes trabajos sobre el tema, el libro de Williams destaca gracias a su sabia mezcla de crónica de sucesos históricos y testimonios de veteranos de ambos bandos. Desde la famosa hazaña del “U-47″ en Scapa Flow hasta los últimos y delirantes días de la guerra. Mientras los rusos ocupaban Berlín, varios sumergibles alemanes seguían librando una absurda y surrealista lucha en los oceanos.
Siendo rigurosos, la mal llamada Batalla del atlántico, trascendió esta barrera geográfica para extenderse a otros lugares del globo ( el índico, el Mar de Barents…incluso en el atlántico sur, lejos de los principales escenarios del norte ) y eso es lo que se echa en falta en este potente pero no completo libro. Historias de dichos lugares. Esto, y que a partir de la primavera del 43 ya da poca información sobre los últimos años de la batalla, cuando dejó de ser relevante, algo con lo que coincide con no pocos libros dedicados al mismo tema, como en la autobiografía “10 años y 20 días” de Dönitz.
El jefe de los submarinos alemanes que durante varios días, tras el suicidio de Hitler, ejerció de sucesor de éste, apenas habla de esos desastrosos años. No es extraño, Dönitz, fanático donde los haya, mandó a sus hombres al fondo marino, inutilmente en continuas misiones suicidas. Desperdició estupidamente a sus hombres y a sus máquinas en un empeño ciego ajeno a la realidad.
El notable libro de Williams, productor de la BBC, cuenta con impactantes fotografías, su estilo es tan ameno como riguroso, hay no pocos episodios memorables ( los “U-boat” haciendo una escabechina frente a las costas norteamericanas durante los primeros meses de 1942 ), no carga las tintas con innecesarios toques épicos o patrioteros y ofrece mucha información, útil para cualquiera interesado en este machacón pero absorbente tema.
Share“Un encuentro” de Milan Kundera
En “Un encuentro”(Tusquets) Kundera reflexiona sobre el arte de la novela, sobre la novela en si misma, dándole su justa ubicación en el mundo del arte.
Si los románticos gustaban de una novela donde todo era teatralizado alejándose de la realidad, el siglo XX trae un mayor realismo, un intento de contar las cosas tal y como son, a más cruentas mejor. Esto lo rompe rápido el surrealismo, que considera a la novela como una disciplina menor. Consideran que el mundo ya no puede ser descrito mediante la novela.
Tras la segunda guerra mundial esto va desapareciendo y la novela vuelve a su justo lugar dentro de las artes.
Kundera nos habla de varias obras que apoyan su tesis. De un lado considera a Rabelais como el padre de la novela moderna, capaz de mostrar la aparentemente anodina cotidianiedad. Le interesan las novelas que describen tiempos convulsos, por ejemplo la revolución francesa(1789), tiempos de guerra donde son descritos por contraste lapsos de tiempo donde no pasa nada grandioso, sino la simple cotidianiedad-¡nos parece poco!-, en contraste con la salvaje realidad(“Los dioses tienen sed” de Anatole France). O “La piel” de Curzio Malaparte, novela bélica sobre la segunda guerra mundial, con contínuos contrastes drama de la guerra-cotidianiedad deseperada.
Esto lo mezcla con novelas-capítulo dos del libro:Novelas, sondas existenciales- que transcurriendo en tiempos de paz, llevan dentro una letal dosis de violencia jumana. Como si fuera inevitable contrarestar la temperatura que hace fuera.
Kundera hace una apasionada defensa de la novela, de la novela que muestra la realidad deseando generar sensaciones, no sentimientos que nos hagan prejuzgar. Los dos elementos básicos que estas deben llevar son el HUMOR y la IRONÍA. Estos son los elementos de la novela moderna. Sin humor todo es un panfleto lastimero creado para obligar a los demás a que te den la razón(Judo moral, leer “La lentitud“).
YO me pregunto sobre la novela hoy día. El humor y la ironía eran las armas del novelista del S. XX. Pero, ¿ y las de hoy día? De un lado notar que el 90% de las novelas a las que Kundera hace referencia están descatalogadas. Lo que los designios de Estados totalitarios no acabaron de conseguir, la ley del mercado lo hace de un plumazo y sin traumas. Montag(Fahrenheit 451) ya no quema libros(no literalmente)¿Cómo se puede afrontar nuestro mundo desde una novela?
Creo que sólo mediante el cinismo. En un mundo de constantes quejas pueriles con el cliché como martilleante dogma, y en el que dos más dos no son cuatro, sino lo que más nos conviene en cada momento, sólo mediante el cinismo se puede atrever el novelista a aspirar a mostrar la realidad. Por eso Houellebecq es el autor que mejor retrata las cosas, lo recomiendo absolutamente(como a Kundera, mis dos favoritos), y por ello el que más rechazo provoca: no nos gusta ver en lo que nos hemos convertido.
Libro fantástico que Kundera, que pone a nuestra querida Novela en el lugar que se merece, en el que se habla de libros, cine (al que considera idiotizador universal), música y pintura. El libro lo inicia con unas entrevistas a Francis Bacon - logicamente el pintor - muy sugerentes, llenas de reflexiones sobre lo que se ha convertido el arte.
Lo dicho, un diez.
Share“El anticristo” Friedrich Nietzsche
EL ANTICRISTO, De Friedich Nietzsche
Subtitulada “Maldición sobre el cristianismo” esta es una de las obras más representativas, depuradas, polémicas, sabias y necesarias del filósofo alemán.
Un libro tan conciso como incendiario, donde se desmonta la religión cristiana desde un punto de vista histórico, social y psicológico, partiendo de la figura de Cristo, pasando por la de Pablo visto como un gran manipulador un gran corruptor y llegando hasta la iglesia moderna.
Una obra tan breve como dotada de genuina grandeza, un canto a la vida en contraposición al cristianismo, más preocupado en la esperanza de un “más allá” en detrimento de la realidad. Un libro que, al contrario de lo que dicen sus detractores, es un tratado cargado de vida que intenta combatir toda la muerte, todo el dolor e inútil culpa que el concepto de “pecado” ha producido toda la infelicidad moral con la que esta religión ha devastado el planeta a lo largo de siglos.
Censurada por la propia familia de Nietzsche cuando este ya había perdido la razón (¿tanta lucidez conduce a la locura y a la soledad?) no se pudo leer la versión íntegra hasta muchos años después. En España fue en 1974 con una introducción del experto en el autor alemán, Andrés Sánchez Pascual, que también se encargó de las abundantes notas finales que incluyen extractos de los papeles póstumos de Nietzsche que datan de la elaboración de El Anticristo, sobre 1887-1888.
El cristianismo como enemigo de la vida, como corrupción, “la negación de la vida” y de los instintos, que ve maldad en muchos actos inocentes, ni la moral ni la religión tienen contacto en el cristianismo con punto alguno de realidad.
Con todos sus extremismos (“ley contra el cristianismo” muy bella desde el punto de vista estético y mental, que no literal) errores, defectos, contradicciones y pensamiento propios de la época en la que fue concebida, el anticristo, es una obra colosal, inmortal, pletórica de vida, exuberante en su rechazo al cristianismo, presentado como una religión nihilista, rica en razonamiento y reflexiones agudas.
Incluso quien esto escribe que critica la visión de una sociedad tan jerarquizada como la que reivindicaba el filósofo y no siente mucha simpatía por su tan cacareada, mancillada teoría del superhombre de “así habló Zaratustra”, desearía que en vez de la “educación católica que tuvo que sufrir por parte e progenitores, sociedad y escuela, en vez de tener todas esas supuestas enseñanzas cristianas y estar rodeado de gente que comulga con esa religión, desearía, repito, haber tenido una educación de verdad y no esa que está al servicio de ese gigantesco conglomerado de control social que es el vaticano. Una educación en la que hubiese tenido cabida, el anticristo y no para glorificarlo como si fuese otro estúpido dogma a seguir y acatar, sino como una obra que arroja mucha luz sobre las verdades de la vida y del mundo en que vivimos y que puede servir como una necesaria arma mental de autodefensa.
Hubiese sido mucho más sano, agradable y provechoso leer este libro que ser otra víctima de ese cáncer de culpa y degradación que me inculcaron, me inocularon como un virus rabioso ajeno a todas las demás realidades y pensamientos, a ya temprana edad. Un virus con base en un libro que suelta perlas tan bárbaras como “a causa de la fornicación tenga cada uno su propia mujer, y cada una su propio hombre. Es mejor casarse que abrasarse “y que dice que “pongas la otra mejilla” algo tal vez admirable pero que casi ningún cristiano cumple. Claro que ¿cuántos cristianos hay de verdad? A lo largo de mi vida he estado rodeado de gente que se llamaba así misma cristiana pero cristianos de verdad a penas he conocido, ellos son los primeros en saltarse sus leyes, su iglesia no tiene nada que ver con la que se nos predicó, sus veinte siglos de historia atestiguan lo cargados de odio que pueden llegar a estar. Una religión que sataniza al sexo, a la mujer, según Nietzsche la biblia es un libro peligroso que debe mantenerse lejos del alcance de los niños.
El autor no ahorra críticas a los ¿santurrones? Dogmas de Kant a Schopenhauer y a otras religiones, especialmente la judía (otros que van de elegidos y creen ser impunes) pero para él “el cristianismo ha sido hasta ahora la máxima desgracia de la humanidad”. Esto es de 1888, tal vez los horrores del siglo XX como el nazismo, el imperialismo USA (Hiroshima, Nagasaki, Vietnam, Centroamérica y un largo y aún no suficientemente criticado etc. aunque todo lo hicieron desde su cristianismo, algo que confirmaría esta frase del escritor) o el comunismo (las docenas y docenas de millones de muertos en los países del Este, en China o en la atroz dictadura de Corea del Norte, que no tiene nada que “envidiar” a la que sufrió su vecino del Sur) le hubiesen hecho cambiar, matizar su opinión o lo contrario: la hubiesen reforzado.
Resultan muy agudas, esclarecedoras sus percepciones sobre el budismo, una religión para “curar el sufrimiento de los hombres y no para hacerlo enfermar como el cristianismo, más la religión protestante que la católica, Lutero, enemigo del renacimiento, merece todo el desprecio de Nietzsche y con él toda la cultura cristiana alemana, desde las cruzadas hasta la iglesia y la nobleza contemporánea. El Reich alemán, victorioso en la guerra con Francia de 1870, también era objeto de su incisiva y afilada pluma y todo parece indicar que las malinterpretaciones posteriores que sufrió con el II Reich (el de la I Guerra Mundial y el káiser Guillermo) y el nazi III Reich que hicieron apología de los escritos del filósofo muerto en 1900, probablemente hicieron que el autor de “más allá del bien y del mal” se revolviese en su tumba.
De esas manipulaciones belicistas lo defendió, entre otros, Vicente Blasco Ibáñez en su gran “Los cuatro jinetes del Apocalipsis” Las “soluciones” ultraradicales del gran autor germano no tienen, no deberían tener, cabida en la sociedad alguna pero cuando se ve, se oye, se escucha, a tanto fanático pontificar, sermonear, meterse donde no le llaman y no tienen ningún derecho, como es la vida de los demás, con una mentalidad propia de la Edad Media, cuando se comprueba que demasiados cristianos en andan precisamente sobrados de amor y enturbian el buen nombre de los que sí hacen muchas cosas positivas, es cuando se hace más claro que nunca, que libros como este genial “el anticristo” siempre van a ser necesarios y útiles. Aunque sólo sea como higiene mental, la higiene de la que tanto hablaba Nietzsche. Es una ironía que una película tan falaz como “Anticristo” del sobrevaloradísimo Lars Von Trier tenga casi idéntico título, cuando se trata de una obra ultramisógina (lo contrario de la obra de Nietzsche, véase ciertos párrafos finales)y con un tufillo cristiano, maniqueo y retrógrada mente reaccionario ( la aversión a la naturaleza, la mujer presentada como bruja manipuladora que socava la “pureza” del hombre).
Marion Ravenwood, una bruja
ShareCATALINA LA GRANDE, Emperatriz De Todas Las Rusias. SILVIA MIGUENS. Editorial: Nowtilus
Por ARIODANTE
CATALINA LA GRANDE,
Emperatriz De Todas Las Rusias
SILVIA MIGUENS
Editorial: Nowtilus, 2010-12-29
Esta novela nos cuenta en clave muy personal, la biografía de Catalina II de Rusia, denominada La Grande. La autora, la escritora argentina Silvia Miguens (Buenos Aires, 1950), se ha especializado en novelas sobre literatura e historia, a la participación de las mujeres en la Historia. Ha impartido conferencias y seminarios en distintas universidades, y recibido premios literarios como el Ricardo Rojas, por su novela Lupe.
La obra que reseñamos aquí, está escrita casi como un diario o unas memorias personales de la gran Catalina, nacida Sofía Federica Augusta en Stettin (Pomerania) como una princesa alemana, que por arte de la política y las relaciones internacionales viene a convertirse en zarina al casarse con el heredero del trono de todas las Rusias, Pedro Ulrico III, elegido por los Romanov para continuar la dinastía.
Sofía Federica, Figchen, es educada para ser reina bajo la protección de Federico II de Prusia, y sometida a un entrenamiento fortísimo que modela su voluntad para que no se arredre ante nada. Por su imaginaria pluma seguimos toda la trayectoria vital: matrimonio, hijos, numerosos amantes, el interés que le suscita la cultura ilustrada, el empeño en llevar a Rusia a la modernidad,…y los conflictos que le acarrea todo ello.
La edición incluye un árbol genealógico de los Romanov, muy ilustrativo.
El libro tiene una lectura fácil y amena, el personaje es ciertamente muy atractivo: una mujer en pleno siglo XVIII trasladada a un país, Rusia, que aún sigue imerso en la Edad Media. La fortaleza que exhibe la gran duquesa y posteriormente zarina Catalina en los años previos de acceso al trono, la malvivencia con el marido que le ha tocado en suerte, aunque es el que la va a llevar al trono; los recuerdos de la infancia, -con aquellos terribles años encerrada en un corsé para enderezar su columna- y los escarceos amorosos con su tío Giorgio, quizás una parte demasiado imaginaria, pero que nos hace percibir la necesidad de amor de aquella niña, allá en la lejana Pomerania.
Todo ello presenta a Catalina como una mujer que despierta pronto al sexo, a la vida, y que le gusta. Nada fuera de lo normal, por otra parte, pero muy mal visto en una reina. Catalina hizo exactamente lo que hubiera hecho un hombre, gobernó un inmenso país durante treinta y cuatro años; además parió varios hijos, todos ilegítimos, ya que su marido era poco aficionado a su lecho; lo que necesitaba la reina era calor humano, un hombre siempre cerca. Pero si en un rey se consideraba normal, tal comportamiento no se esperaba de una reina; al menos, no con esa naturalidad, por lo que recibió acusaciones diversas. Sin embargo, Catalina tenía una mente lúcida, habituada a pensar y supo dirigir los asuntos de estado con mano firme, se hizo rodear de amantes que además la sirvieran fielmente en política, la apoyaran y defendieran frente a las intrigas de su esposo y de sectores de la aristocracia. Los hermanos Orlov, y el príncipe Potemkim son los que más fidelidad y amor le prestan. Con éste último sus lazos fueron los más profundos. Su muerte le produjo un inmenso pesar.
La propia autora, en una entrevista, nos dice: Catalina me parece una mujer soberbia. Podemos compartir o no políticamente su ideología o sus métodos, no es eso lo que me preocupa porque considero que eso es la parte de la historia que a cada uno le toca vivir y cualquiera puede juzgar. Me fascinó, en primer lugar, tomar su voz. Verdadero desafío, siempre, para un autor.
Efectivamente, Catalina II es una mujer de tomo y lomo, de armas tomar: era toda una mujer. La novela, que se centra más en una perspectiva personal e incluso introspectiva, al ser escrita en primera persona por la protagonista, quizás adolezca de algunas carencias en datos del contexto histórico. No es que no los haya, sino que se nos presentan más como telón de fondo, como decorados del inmenso drama de esta vida apasionada y de un reinado que fue muy productivo y fructífero para Rusia. La lectura nos induce a una mayor profundización sobre el tema, del que tenemos un aperitivo, por decirlo de un modo gastronómico, pero un aperitivo muy, muy sabroso.
Diciembre 2010
ShareKAMIKAZES, por Albert Axell y Hideaki Case
Este libro habla, sobre todo, de los pilotos suicidas nipones de la II Guerra Mundial pero no se queda sólo en esto e intenta analizar los aspectos de la cultura japonesa que facilitaron la creación de este tipo de unidades y trata otros hechos de la guerra como el lanzamiento de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki y otras circunstancias que lo rodearon.
El principal problema de este, pese a todo, interesante libro, es que a pesar de su introducción el libro desprende, como tantos otros de Historia un tufillo militarista y patriotero, que a ratos nos parece escrito en el Japón Imperial y no en el Siglo XXI.
Hay que recordar que el Imperio Japonés era una dictadura ultraderechista, militarizada, racista, xenófoba y anticomunista que poseía lo que puede denominarse una “cultura de la muerte” en contraposición a la vida. Donde el pensamiento crítico individual estaba apartado y era perseguido, donde el borreguismo era alentado, un imperio que cometió unas atrocidades, unas aberraciones, que no tienen nada que envidiar a las de la Alemania nazi. Y no sólo contra los aliados, si no infligidas sobre las poblaciones asiáticas, en China, donde asesinaron a millones de civiles. Lástima que no se encuentren en España (al menos fácilmente) libros sobre la monstruosa guerra chino-japonesa que empezó en 1937 y enlazó con la II Guerra Mundial. Los autores pasan por encima demasiado rápido y le dan credibilidad a la repugnante, manipuladora propaganda oficial nipona.
Era un imperio tan moralmente enfermo que una de sus lógicas consecuencias fueron las tácticas suicidas: no sólo de los pilotos Kamikazes (generalmente jóvenes inexpertos que caían a miles antes de alcanzar sus objetivos) sino las de los ataques Banzai en tierra e incluso en algún caso, como en Saipan en 1944, los suicidios en masa de civiles nipones
Una cultura de la muerte que aún sigue notándose en el Japón actual. Es el país con más suicidios al año, al menos 30.000 (¡ en una década 300.000! ) y tiene mucho que ver el lado más alienante de esta sociedad, sea con un imperio ya extinto o con una salvaje sociedad capitalista.
El tratado de Axell y Case adolece de maniqueísmo. Para todo aquel interesado en este apartado de la guerra del Pacífico es un libro recomendado por su abundante información que da cuando se ciñe a hechos históricos.
Su estructura es un tanto deslavazada y no sigue estrictamente el orden cronológico de los hechos, desde que los kamikazes empezaron a ser utilizados en la batalla del golfo de Leyte en octubre de 1944 hasta los últimos días de la guerra en agosto de 1945 pasando por el clímax de su historia en la larga batalla de Okinawa donde se utilizaban en oleadas de ataques masivos suicidas que hundieron más de 30 barcos y averiaron más de 300, casi todos norteamericanos y que estuvieron cerca de provocar la retirada aliada. El precio fue exageradamente alto y miles de aviones con sus pilotos fueron derribados antes de alcanzar sus objetivos. En dicha batalla tuvieron lugar ataques suicidas terrestres y marítimos como el famoso ataque suicida del acorazado “Yamato” y sus escoltas, hundidos antes de acercarse a la flota USA. Una batalla que a Japón costó más de 110.000 vidas y en la que se lanzaron todas las sabias tácticas de defensa de Iwojima (que acabó, pese a todo, son los mismos resultados inevitables por otra parte).
Se incluyen numerosos diarios y testimonios dejados por pilotos kamikazes, no sólo japoneses, también coreanos y de Formosa (actual Taiwan) y que tienen un gran valor tanto histórico como psicológico. Lo que resulta infame son las estúpidas alabanzas en las que se deshacen sus autores (¿más el japonés que el norteamericano? Casi parece que sí), propias de otra época y son las que interfieren en el auténtico trabajo de historia.
Son acertadas sus críticas a esas matanzas masivas que fueron los bombardeos USA de ciudades niponas pero sus excusas, justificaciones y omisiones de la mentalidad imperialista japonesa y sus atrocidades rozan lo pueril, lo obsceno y lo infantiloide.
Se incluyen extractos del original “manual del suicida”, se habla de los pilotos “kamikazes” de Stalin y de los poco conocidos pilotos suicidas nazis y de todo tipo de historias y anécdotas (una mujer subiéndose con su pareja piloto kamikaze, para morir con él).
Notable a nivel informativo, un tanto pobre a nivel crítico, analítico y ético. Demasiados historiadores cuentan con la suficiente distancia y crítica y les pesan demasiado sus propios, y a veces muy discutibles, claro que en libros de la II Guerra Mundial hay muchos casos aún peores.
DIOS LOS CRÍA… Y ELLOS HABLAN DE SEXO, DROGAS, ESPAÑA, CORRUPCIÓN… ALBERT BOADELLA Y FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ
Por ARIODANTE
DIOS LOS CRÍA… Y ELLOS HABLAN DE SEXO, DROGAS, ESPAÑA, CORRUPCIÓN…
ALBERT BOADELLA Y FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ
Planeta & άLTERA,
Barcelona & Madrid, 2010,
348 páginas.
Albert Boadella (Barcelona, 1943) es actor, director y dramaturgo. Formado en centros dramáticos de Estrasburgo y París, funda su propia compañía de teatro, Els joglars, en 1961, con la que ha montado más de treinta espectáculos, películas y series de televisión, labor que ha alternado con la enseñanza y la escritura. Entre sus producciones teatrales más célebres podemos citar La Torna (1977), que motivó su encarcelamiento, posterior fuga y exilio en Francia; Operació Ubú (1981); Teledeum (1983); Visanteta de Favara (1986); Yo tengo un tío en América (1991); Ubú President (1995); Daaalí (1999); En un lugar de Manhattan (2005); Controversia del toro y el toreo (2006; La última cena (2008). Es autor de los libros El rapto de Talía (2000); Memorias de un bufón (2001) y Adiós Cataluña (2007). Tras «transterrarse» a Madrid, a causa de la hegemonía nacionalista gobernante en Cataluña, es desde enero de 2009 director artístico de los Teatros del Canal de Madrid y del Teatro Auditorio San Lorenzo del Escorial.
Fernando Sánchez Dragó dice de sí mismo que es hijo natural de Madrid (1936) y adoptivo de Soria (1992). Estudió Filosofía y Letras en la Complutense (secciones de Románicas y de Italiano) y participó activamente desde los años cincuenta en la oposición política al franquismo, lo que le costó cinco procesos, diecisiete meses de cárcel y siete años de exilio. Hoy se define como «anarcoindividualista». Viajero infatigable, ha recorrido setenta y cuatro países y ha sido profesor de Historia, Literatura y Lengua Española en trece universidades de España y del extranjero. Ha trabajado como reportero de prensa en múltiples países de Asia, África y América, y ha colaborado, asimismo, en la Radiotelevisión Italiana, en la Japanese Broadcasting Corporation (NHK), en las publicaciones del Grupo 16, en la cadena SER, en Radiocadena (donde obtuvo el Premio Ondas en 1988) y en Televisión Española. Actualmente dirige y presenta en La 2 el programa de libros «Negro sobre blanco» y en Telemadrid, los espacios«Dragolandia» y «Noches blancas». Es colaborador habitual de El Mundo, Época, Onda Cero, la COPE y otros medios de información. Como escritor ha publicado Gárgoris y Habidis. Una historia mágica de España (1978, y Premio Nacional de Literatura en 1979); La España mágica (1983); Finisterre (sobre viajes, travesías, naufragios y navegaciones, 1984); Del priscilianismo al liberalismo. Doble salto sin red (1987); Volapié, Toros y tauromagia (1987); Discurso numantino (Segunda y última salida de los ingeniosos hidalgos Gárgoris y Habidis, 1995); Diccionario de la España mágica (1997); Historia mágica del Camino de Santiago (1999); Carta de Jesús al Papa (2001); Libertad, fraternidad y desigualdad. Derechazos (2007); Y si habla mal de España… es español (2008); entre muchos otros ensayos y novelas. …
Y BOADELLA Y SÁNCHEZ DRAGÓ SE JUNTAN
— S.Dragó: «[…] En el año 1967 —yo tendría unos treinta años— en Tokio, un día, al salir de una estación de metro de Ikebukuro, que era el barrio en el que yo vivía, me topé con unas lolitas.
— Boadella: ¡Y dale con las lolitas!» (pág. 164).
Con estas palabras arranca el episodio protagonizado por Fernando Sánchez Dragó con dos nínfulas japonesas, descrito con detalle en el último libro escrito al alimón con Albert Boadella, Dios los cría… y ellos hablan de sexo, drogas, España, corrupción…, y que ha provocado (el episodio, no el libro) reacciones airadas, escándalo y rasgado de vestiduras en parte de la sociedad española. Hasta ese momento, el título funcionaba bien en cuanto a ventas se refiere (ya va por la segunda edición). A partir de ahora, puede convertirse en un verdadero fenómeno editorial. En el libro en cuestión, Boadella y Sánchez Dragó hablan, ciertamente, de sexo (sobre todo, Dragó: de «Sexo, sexoo, sexooo», título de la Tercera Parte), pero también sobre muchos otros asuntos. Convocados por Javier Ruiz Portella, responsable de la edición (aunque no de las afirmaciones y opiniones recogidas en la misma), ambos personajes de las artes, las letras y el espectáculo ceden sus propias residencias para la ocasión, esto es, para celebrar un banquete o simposio dialógico a lo largo de varias sesiones y encuentros.
Una estancia en Castilfrío, en las Tierras Altas de Soria, a pocos kilómetros de la capital castellana, donde se ha afincado Sánchez Dragó, rodeado de felinos y libros, y una segunda estadía en Rupit, en la Cataluña profunda, no lejos de Vic ni de la troupe de joglars, desde donde domina la escena Boadella. He aquí los tiempos y los espacios de este duelo intelectual y de ingenio ejecutado por nuestros polifacéticos autores sin que haya mediado ofensa alguna y sin ánimo de competir entre sí. Sólo por el gusto de hablar y por el placer de polemizar.
Sin guión fijo, Dragó y Boadella intercambian experiencias de sus propias vidas y sus labores profesionales, atienden a asuntos de actualidad, disertan sobre lo divino y lo humano y sobre lo que siempre ha interesado al hombre. Por citar algunas muestras, los dos parlanchines, los dos espadachines de la plática, hablando en plata, dan un repaso al sistema educativo español, se preguntan por el sex appeal de Sarah Palin, elucubran sobre las izquierdas y las derechas, ensalzan la fiesta de los toros y maldicen los nacionalismos, denuncian tópicos e hipocresías sociales, comparten vivencias viajeras y especulan sobre el más acá y el más allá.
No se muerden la lengua los dos lenguaraces a la hora de hacer un comentario mordaz o una crítica… destructiva. Así han sido, son y serán los juglares y trovadores de todos los tiempos: picantes y picarescos, sin pelos en la lengua, contraviniendo la corrección política y las modas establecidas, tomándose la libertad de expresión sin esperar la venia ni que les sea concedida por la autoridad competente, sin contemplaciones y sin complejos. Y es que esperar mesura y compostura de un malabarista del verbo y del adjetivo, reserva y discreción a un bufón confeso y a un correcaminos sin fronteras, retraimiento y melindres a estos dos diestros del arte del espectáculo y el toreo de salón, es como sostener que un perro no muerde (muchos dueños de canes lo hacen cuando éstos gruñen y desafían a desconocidos) o jurar por lo más sagrado que un gato no araña (a ninguno de los dos contertulios se les ha comido la lengua el gato). O pedir peras al olmo.
Con todo, y como puede comprobarse en el mismo fragmento arriba señalado, Boadella y Dragó derrochan dos personalidades y caracteres de titán, pero también de lo más distintas (el editor del volumen los denomina «Dionisos Dragó» y «Apolo Boadella»). Por eso se llevan tan bien y tienen tantos temas para debatir. Por eso resulta tan entretenida la cháchara. Porque comparten el arte tan español de la tertulia, de la agudeza y el ingenio sazonados de sentido del humor y pimienta, porque participan de similar valentía intelectual y porque ni dictaduras políticas ni ideológicas les han hecho nunca callar. Por todo ello, Dragó y Boadella, a quienes Dios crió, se han juntado para hablar por hablar, como Fernando y Albert por su casa. Y para dar que hablar.
Noviembre 2010
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