Archivo de la categoría ‘Cómic’

“Batman. La broma asesina” Alan Moore y Brian Bolland

La breve incursión de un grande como Alan Moore en el mundo de Batman dio lugar a una historia que ya se ha convertido en un pequeño clásico y que es coherente tanto con la personalidad del reputado guionista como con la iconografía del popular superhéroe enmascarado, esta vez con un tono más oscuro y adulto de lo habitual.

Reeditada en una nueva versión excelentemente dibujada y coloreada por Brian Bolland, que demostró tener plena conexión con Moore, es una historia de 46 páginas en las que se cuentan los orígenes de ese gran villano que es “el joker” y donde la empatía y similitudes que guarda con su rival, Batman, llegan más lejos de lo esperado.

Sacudiendo los tópicos como nunca, el rey de la función es, obviamente, el loco payaso criminal. Batman es casi un secundario de lujo y hay cameos de otros iconos como “Dos caras” o “El pingüino” ( hasta salen las torres gemelas en el mítico y desesperado final. Su presencia ha hecho más convincente aún con los años ese climax ). Pero el que acapara protagonismo es “el joker” con su caótica, enloquecida y singularmente coherente, irónicamente lúcida visión del mundo y de la vida.  Su radicalidad, sus diálogos ingeniosos y demoledores, su sentido del humor que culmina en un gag memorable en el final de la historia, y su crueldad e inteligencia.

Si la pasión por destruir es una pasión constructora, “el joker” es un gran artista y un gran inventor al mismo tiempo. Los supervillanos suelen ser más interesantes, fascinantes y llenos de matices que los superhéroes, tan unidireccinales y previsibles, incluso cuando muestran su consabido lado oscuro. Este cómic debería titularse: “El joker, la broma asesina”, aún con toda su fea y inadecuada redundancia, antes que el que realmente tiene.

El aire fresco, la innovación que aportaron Moore/ Bolland influyó ( junto al omnipresente Frank Miller ) en la concepción del extraordinario Joker interpreatado por un magistral Heath Ledger en “El caballero oscuro” de Christopher Nolan. Un personaje más realista, un auténtico anarquista, todo un señor del caos, un extremista más cercano al Tyler Durden de Palahniuk/Fincher, que al Joker pop carnavalesco de Jack Nicholson/ Tim burton, otro gran trabajo, pero inferior al anterior.

Violencia malsana y enfermiza, nihilismo, oscuridad, la locura como escape de la absurda realidad, toques dignos de Todd Browning, y ese mencionado, inesperado final.

No es del todo redonda porque uno desea más, quiere más historia y es una pena que Moore no volviera a este mundillo.

En el presente volumen se incluye también la historia del propio Bolland, “Un tipo inocente” o como en escasas 8 páginas se puede crear una joya sin concesiones que sacude los cimientos del mundo de Gotham City casi tanto como la obra que comparte con el autor de “From Hell”.

El propio Joker se merece tener su propia linea de cómics sin Batman de por medio y si no hubiese sido por la triste suerte de Heath Ledger hasta debería haber tenido su propio film. Si van a hacer películas sobre algunos villanos de los X-Men ¿Por qué no podrían haber hecho uno sobre el payaso asesino? Peor que el bodrio de Catwoman no hubiese sido

Al menos, ya que Nolan va a hacer otra entrega, será mejor que siga teniendo presente a Moore ( algunos de los diálogos finales de Batman son muy parecidos a los que pronuncia en el climax de “El caballero oscuro” )

Yo sólo sé que de mayor quiero ser como el JOKER

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“El alcohólico” Jonathan Ames

Reseña cedida por:

http://erratadevideoteca.wordpress.com/2010/10/08/el-alcoholico/

De nuevo soy yo el que se adentra en la videoteca para ofrecer un libro a las erratas. De nuevo se trata de un cómic/novela gráfica. Me miran extrañadas. No parecen aceptar el intercambio de propuestas. Voy observando un cierto toque de egocentrismo por parte de ellas. Cuando les acerco el cómic miran hacia atrás, hacias las enormes estanterías repletas de las novedades que a mediados del mes pasado trajeron. Lo capto en seguida. La escena aguanta unos instantes así: yo con el libro extendido hacia ellas y un tanto de cuclillas; ellas mirando atrás y a mi cara repetidas veces.
Me estoy empezando a acostumbrar a este tipo de situaciones.
Todo vuelve a la normalidad cuando zarandeo un poco el libro delante de ellas. Me preguntan ¿qué es?

Se trata de “El alcohólico”, escrito por Jonathan Ames e ilustrado por Dean Haspiel. Caí en él a través de cierto artículo publicado en el “20 minutos” sobre una nueva oleada de escritores judíos norteamericanos (entre ellos se encuentran Jonathan Safran Foer, Shalom Auslander, Nicole Krauss o Sloane Crosley). En éste aparecía Jonatham Ames, señor que ya conocía por otras razones, pero que no comentaré ahora porque sería adelantarme.

De escritores alcohólicos hay un montón. Todos ellos se ganaron la fama de los bohemios del siglo XX: almas perdidas y descarriadas, afectadas por el mal de los JASP (jóvenes pero sobradamente preparados), de la sociedad del bienestar y de la imposición del terror pero ante todo, buscadores de la plena libertad y creatividad.

Bukowski es uno de los grandes de estos antihéroes. Malviviendo de cualquier forma, mujeriego empedernido y todo aquello que cualquier suegra nunca quisiera tener, se convirtió pronto en símbolo de una generación perdida. Debo decir, y aunque con ello me gane muchos detractores, que no me encuentro entre esa cantidad ingente de “fanses” que le vanaglorian. Aunque acepto su originalidad y entiendo qué ha hecho que valga tanto la pena leerlo.
No me sucede lo mismo con Hunter S. Thompson, que consigue convertir dichos males en novelas psicotrópicas de ambiente completamente enfermizo. Con descripciones altamente paranoicas consigue introducirte en un mundo distorsionado y en cierta forma aterrador. Esa gran obra que es
“Miedo y asco en las vegas” y su no menos valorada adaptación cinematográfica llevada a cabo por el particular Terry Gilliam es la obra cumbre y el más claro ejemplo de su trayectoria literaria.
Y dentro de este viaje paranoico y de autodegeneración americana citemos a Jack Kerouac. Se le puede etiquetar ya de revolucionario, instigador de la contracultura americana e iniciador del movimiento hippy. Si bien no podemos hablar del mismo grado de degeneración que los dos autores anteriormente citados, ya apunta las reglas del juego: el descontento como forma de vida, la anulación de la sociedad moderna, la insatisfacción generada por ella, las ansias por la libertad “real”…

De estos tres autores podemos sacar una cosa en común: la introducción en la ficción de un alto grado autobiográfico. Los tres hablan en sus historias de sus inquietudes, de sus sentimientos y de sus propias experiencias. Y como buenos alcohólicos, ante todo Bukowski, de su propia adicción. En algunos casos la odían, en otros la intentan justificar y la mayoría de las veces, se depuran intentando simplemente explicar su realidad sin ejercer ningún tipo de moral. Este detalle tal vez sea de los más significativos y que hace auténticos a los escritores alcohólicos: la nula necesidad de trabajar la moral. Seguramente será por ello que siempre han suscitado la crítica y el escándalo en sectores sociales que todavía intentan guardar las apariencias.

¿Qué comparte Jonathan Ames con los autores alcohólicos?

En primer lugar, dichos autores (excepto Bukowski -tal vez sería demasiado explícito-) salen citados en el cómic. Se convierten en los abanderados del protagonista principal. Éste, llamado Jonathan A., comparte juventud con esta etapa literaria del descontento generacional. Estudiante ejemplar y director del periódico de su instituto, su influencia por Hunter S. Thompson es tal que decide empezar todas sus editoriales con la frase “Miedo y asco en…”.
Así pues, y sin culpar en ningún momento dicha influencia, este Jonathan A. cae en la misma espiral de instaisfacción que los autores que tanto adora. Empieza a los 15 años, con su amigo Sal, con el que los fines de semana deciden tomar unas cervezas. Pronto descubre una cierta facilidad a vomitar cuando está borracho, que pronto lo asume como alergia al alcohol, cosa que no frena sus impulsos autodestructivos.
Iniciando el relato en un in medias res realmente chocante (Jonathan A. se encuentra en un coche con una abuela que le ruega que le haga sentir mujer), el protagonista nos llevará del pasado al presente relatándonos su historia y, a la vez, intentando reconstruir lo hechos de esa misma noche.

Si bien no se trata de una obra equiparable a cualquiera de los que el autor hace referencia, encuentra grandes aciertos en su juego metaliterario y en el realismo por el que aboga en el relato.
Y es que el autor juega a ser uno de esos escritores malditos, introduciéndonos en una historia que, como en todos ellos, se encuentra entre la realidad y la ficción.

Y es que si esta obra nos ha llamado la atención, es por lo que está empezando a ser Jonathan Ames. Creemos que es uno de esos nombres que tenemos que empezar a recordar, pues darán de que hablar. Guionista y director de la serie “Bored to death” (extrañamante olvidada por el sector televisivo español y por poco no renovada por la cadena HBO para una segunda temporada que finalemente está emisión en la actualidad) y en la que el protagonista principal se llama…Jonathan Ames, el autor se inscribe dentro de la nueva ola de guionistas que forman otros personales y originales creadores como Noah Baumbach (Margot en la boda, Una historia de Brooklyn, Greenberg) y Wes Anderson (Los Tennembaum, Life acuatic, Fantástico sr.Fox). Comparte con ellos los guiones rápidos, cómicos y a la vez punzantes que hablan sobre las relaciones familiares y de amistad en la contemporaneidad. Muy personales, inteligentes e interdisciplinares, estos autores han aportado en los relativamente pocos años de carrera que llevan una nueva frescura y creatividad altamente alavada por críticos y público.

Así pues, Jonathan Ames se presenta ahora para unirse a ellos. Más conocido por el público estadounidense por su faceta literaria, Ames ha llegado aquí por la serie antes mencionada. Y ya solo con estos dos referentes (“Bored to death” y “El alcohólico”) ya podemos ver las características personales que le mueven en los terrenos de la ficción. Como Wes Anderson, Ames tiene unos temas recurrentes que hacen de su obra un micro del macro que él es. Así, vemos reflejado en sus personajes algunos de los rasgos que le caracterizan. No se puede ver más claro que en el empleo de su nombre propio para todos sus personajes.

Algunos de estos temas recurrentes son la bebida, la confusión entre amistad-amor homosexual, las referencias a la novela negra o los amores imposibles. En “El Alcohólico” se dan cita todas ellas. En concreto, la relación que se establece entre Jonathan A. y Sal es uno de los puntos fuertes de la novela, que se presenta como una de las historias que forman el libro de forma sincera y tierna. El reflejo del alcoholismo (que finalmente el propio Ames ha tenido que desmentir que se base en su propia experiencia) resulta algo frío y poco claro al inicio pero se vuelve duro y claro en cuanto avanza la historia, ante todo por las propias reflexiones del personaje sobre su propio caso.

Nos gusta mucho, ante todo, los reflejos de la realidad que apunta el libro. Las páginas dedicadas al momento en que Jonathan A. despierta con una enorme resaca y descubre el incidente del 11-S son apabullantes, ayudadas por un dibujo más que acertado. También destilan esa fragilidad y sinceridad que recorren toda la obra. O la cena con Monica Lewinsky, hilarante y comprometida, que se gana al lector al instante.

En definitiva, quedémonos con el nombre de Jonathan Ames. Esta obra es una forma de introducirse en él. Pero como sucede con obras tan personales, cualquier cosa que haga no hará más que ampliar sus propios terrenos y, por lo tanto, generar una, por el momento tríptica (cine-literatura-cómic) red temática personal, singular y más que interesante.

http://erratadevideoteca.wordpress.com/

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“Wilson” de Daniel Clowes

Reseña cedida por:

http://erratadevideoteca.wordpress.com/2010/09/17/wilson-daniel-clowes/

Esta vez he sido yo el que ha entrado en la videoteca para ir a buscar a las erratas y dejarles un libro. Mi propuesta ha sido “Wilson” de Daniel Clowes, ante todo para introducirlas al terreno absolutamente novedoso para ellas de la novela gráfica. De hecho, y para no parecer un erudito en la temática, yo mismo soy un recién introducido en el mundo del cómic. Aunque, y eso sí lo sé, a la hora de utilizar el término novela gráfica -y todavía más si hablamos de este autor- debería ir con pasos de plomo.

Y es que el concepto derivado de la etiqueta novela gráfica ha producido ciertas disputas en el mundo del cómic, debates que os invito a visitar en este interesante blog y por lo que no me extenderé en exceso aquí. Pero para apuntar cuatro cosas que sirvan de guía a la siguiente reseña, debería decir que dicho término implica una compleja situación que se viene extendiendo desde hace unos años.
Punto número 1: ¿Qué caracteriza a la novela gráfica?
El término “novela gráfica” engloba a todos aquellos cómics que tienen una tendencia hacia lo literario o que comparten con la literatura (general) algunos puntos en común.
Por lo tanto, se trata de un género narrativo ilustrado. Aquí quedan excluídos todos aquellos cómics sobre superhéroes, mangas…
Punto número 2: ¿Por qué el debate?
Para muchos de los introducidos en el mundo del cómic, el término “novela gráfica” lleva implícita una degradación de la esencia del cómic. Se apoyan en ello alegando que dicho término se trata de algo impuesto por las grandes editoriales para introducir a nuevos lectores, rebajando el nivel de “freakismo” (disculpen el vocabulario) para, introduciendo la palabra “novela” en la etiqueta, igualarlo a un público general.
Por lo tanto, dichos seguidores denuncian la degradación que supone la introducción del concepto “novela” a un género suficientemente fuerte de por sí.
Punto número 3: ¿Qué papel juega Daniel Clowes en este debate?
Daniel Clowes ha sido desde siempre un autor reticente a dicho término. Para éste, la introducción del mundo del cómic al público general a través del término “novela gráfica”, le hace temer la pérdida de una calidad hasta ahora asegurada, procedente y alimentada por la cultura underground y otras subculturas…Teme, por lo tanto, la estandarización del cómic, en contrapunto al riesgo y la ruptura que hasta el momento ha significado.
Tanto es así que, en su última obra (“Ice Heaven”) se inventó el término comic-strip novel con tal de no utilizar el mareado graphic novel (un apunte: en la versión española de este “Ice Heaven”, no se respetó la versión original de comic-strip novel, cambiada por novela gráfica, obviando los trasuntos ideológicos del autor a causas comerciales).
Punto número 4: ¿A qué viene todo esto?
Daniel Clowes parece haberse bajado del burro con Wilson declarando en el hueco dedicado a su biografía que Wilson es “su primera novela gráfica”.

Partiendo de la aceptación del autor de etiquetar de esta forma su obra, ¿qué nos presenta Wilson?
Pues ante todo un personaje. Un personaje desagradable, egocéntrico y egótico, autodestructivo, sociópata y desquiciado. Tal vez uno de los personajes más incómodos del autor.
Sin embargo, a través de los episodios de la vida por los que el lector acaba discurriendo, se establece un ligazón con este antipático Wilson que, desde un punto de vista personal, se asemeja con el que uno siente con Michael Scott, de la serie (en su versión estadounidense) “The Office” -en su caso, demostrando que tras la fachada de mismas características de Wilson, se esconde un ser abrumado/deprimido (magnífica escena la del cierre de un episodio de la segunda temporada, donde vemos a Scott con la cara entre las manos llorando, desde un plano de fuera de su casa haciendo la escena completamente fría y rompiendo con el tono y ritmo de la serie)- .
Pero hay algo que diferencia a Michael Scott de Wilson y es la absoluta falta de bondad del segundo en contrapunto con el primero. Wilson no parece tener remordimientos. La gente se equivoca, pero no él. Él es social, pero la gente habla demasiado.
Es así como Wilson acaba por parecerse más al (estilizado) Jimmy Corrigan: ambos personajes solitarios, desencantados del lugar que les ha tocado vivir, seres errantes encerrados en una burbuja de egoísmo y frialdad.

Así nos presenta Clowes a Wilson, en un primer episodio que ya apunta todos los sentimientos y actitudes que encontraremos en las siguientes páginas y a través de las cuales se irán rescatando los temas recurrentes del autor. Y es que, estructurado en forma de episodios restringidos por una extensión continua de una única página, Clowes juega a mostrarnos a través de elipsis que juegan con un espacio de tiempo indeterminado, escenas importantes y muy concretas de su vida.
Por lo tanto, podemos ver como poco a poco y gracias al dominio del autor en cuanto a guión y ritmo, la historia juega a introducirnos lentamente en la intimidad de Wilson. Así pues emplea en un principio escenas mucho más abiertas y genéricas que sirven de introducción del personaje para poco a poco cerrarlas y centrarnos en su historia.
Un lector que se introduzca en el cómic sin previo conocimiento, puede llegar a pensar que es una recolección de viñetas del autor publicadas en alguna revista/periódico, para llegar a descubrir lentamente el hilo argumental que sigue la historia.

Y a esta sensación contribuye el estilo elegido por el autor para desarrollar a su personaje, pues cada episodio se nutre de un tipo de dibujo completamente diferente, que va de la caricatura al realismo más conocido del autor. Del tintado al coloreado recorriendo diferentes tonalidades y formas.
La elección de jugar con el estilo es tal vez uno de los puntos que más inquietan a la hora de juzgar el cómic, pues si por un lado sirven como ejercicio de estilo para Clowes, por otro nos preguntamos si la historia realmente lo necesita.
Creemos, por lo tanto, que dicho ejercicio se inclina más por la posición del autor en referencia al debate que antes anunciábamos sobre la etiqueta novela gráfica. Pues si bien es la primera vez que remite a su obra como tal, también es una de las obras más esquivas al concepto de novela.
La absoluta intención de romper con la narración continuada acompañada por las diferencias estilísticas de cada episodio provoca al lector una sensación de discontinuidad que distancia la obra de la narración convencional. Entonces, ¿se ríe definitivamente Clowes del mundillo comiquero? Dejaremos que sus siguientes obras nos hablen de ello.

Y es que en definitiva, sólo hace falta recurrir a obras anteriores del autor como “Ghost World” (también estructurada en episodios pero más extensos y por ello más alejados de la anécdota que este “Wilson”) o “Ice Heaven” para descubrir que resultan ser más novelas gráficas que esta nueva obra.

“Wilson” es divertida. Desenfadada. Comparte, como el resto de obras del autor, ese aire de risa congelada, de divertimento que oculta una realidad penosa, por otro lado tan presente en el cine de Todd Solodnz. De hecho surgen teorías interesantes comparando las obras de los dos autores: en el retrato de la adolescencia comparando “Ghost World” a “Bienvenidos a la casa de muñecas”; en el retrato de la decadencia americana a través de “Ice Heaven” y “Hapiness” o, la más interesante en cuanto a la obra que reseñamos, el trato y desarrollo de un sólo personaje con “Wilson” y “Palíndromos” (con la que también comparte los cambios de estilo).

En definitiva, una obra de Clowes. Tal vez no la mejor, pero se agradece, de nuevo, la sensación agridulce que desprenden sus viñetas. Se agradece volver a visitar el imaginario tan personal y reconocible del autor.

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“Terminator: Tierra en llamas” Alex Ross

Uno de los mayores deseos de los seguidores de la saga Terminator era ver una historia completamente ambientada en el futuro dominado por las máquinas, algo que en cine no se vió hasta la entretenida “Terminator: Salvation” de McG. Los dos clásicos films de James Cameron, un cineasta megalómano que, posteriormente ha demostrado tener más técnica que alma, y la infravalorada tercera entrega de Jonathan Mostow, dejaban ver sólo retazos de ese mundo apocalíptico.

Lo mismo pasaba con la posterior y recomendable serie de TV “Las crónicas de Sarah Connor”, con una maravillosa Lena Headey haciendo olvidar a Linda Hamilton, y en estimulantes, trepidantes y a veces deslumbrantes series de cómics, como “Terminator: objetivos secundarios” o “Terminator, enemigo interno”, que bebían de las premisas de viajes en el tiempo de la primera película.

Por lo tanto, la aparición de una serie, ya revivida en un tomo único, que sucedía completamente en ese hostil futuro, fue saludado por algunos aficionados, con saltos de alegría, alegría genuina y natural, sin necesidad de recurrir al alcohol o sustancias alternativas, sustancias en las que tal vez más de uno caiga tras comprobar los desalentadores resultados del , a priori, prometedor “Terminator : tierra en llamas”.

Llama la atención que en la cubierta ponga que es el primer trabajo del dibujante especialista en portadas Alex Ross, y no se mencione que el guión es obra de Ron Fortier, y leyendo el cómic uno casi lo entiende: nadie espera, ni hace falta, personajes de hondo calado psicológico, ni una historia compleja, profunda  y densa, pero tampoco puede uno conformarse con la banalidad y endeblez de dicho guión.

Los personajes son casi inexistentes,  incluido John Connor. Los diálogos son sosos, sin chispa alguna, lejos de la contundencia lapidaria de la saga y las situaciones hacen aguas por todas partes. ¿Cómo es que no disparan a los escaladores? ¿Por qué a Skynet después de 40 años de guerra – ¡ 40 ! – se le ocurre acabar con los humanos a bombazo nuclear limpio? ¿A la supercomputadora no se le podía haber ocurrido antes?Preguntas como estas hay unas cuantas y lo que no hay son personajes de peso, ni sorpresas, ni ningún hallazgo nuevo de relevancia. Es como una previsible extensión de lo que habíamos visto en otros cómics/films y el dibujo de alex Ross es tan oscuro y realista, la antítesis de la estética grisácea de “Terminator Salvation”, que a veces es confuso, poco nítido.

Un flojo cómic, mal estructurado, con el típico final abierto sobadísimo. Sólo se salva la potente batalla inicial con sus toques nihilistas, aciertos que van diluyéndose conforme avanza la trama. Con diferencia lo peor que he visto/leído en relación al mundo de los Terminators.

El ahora tan de moda Frank Miller realizó en los 90′ un crossover de los cyborgs asesinos con Robocop ( hay que recordar que fue coguionista de la salvaje segunda parte y también de la infantiloide tercera entrega del robot policía ). Creo que no se editó en España. Ahora que Miller vende como nunca y han reeditado “Hard Boiled”, ¿A qué esperan?

LA TENIENTE MELANIE BALLARD

(COPILOTO DE SU INCESTUOSA HERMANA CATHERINE)

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“Kampfgruppe ZBV” de Motofumi Kobayashi

Ahora que Montag, con suma irracionalidad, quiere que colabore habitualmente, en un acto kamikaze y de profunda irresponsabilidad, impropio de él, va a tener que aguantar – y el sufridor e imprudente lector también – mis fobias y filias incubadas a lo largo de una alegre vida de manicomios, lobotomías y celdas de máxima seguridad.

Y una de ellas es mi interés por todo lo que tiene que ver con el frente oriental de la II guerra mundial.

Para cualquier seguidor de la obra de Sven Hassel este puede ser un cómic ideal ya que guarda muchos puntos de contacto con el escritor de Dinamarca, principalmente porque coincide en narrar la historia de unos soldados alemanes degradados a los que se envía en las peores condiciones, contra los rusos.

A primera vista puede parecer un trabajo exótico: ¡ un cómic manga ambientado en 1944 en el frente ruso, escrito y dibujado por un japonés !. Pero si uno no se fija en el nombre del autor, lo cierto es que ni se nota, ya que parece 100 % occidental.

Especializado en el género bélico, Kobayashi retrata con un buen dibujo en blanco y negro, más esmerado en la recreación de tanques y vehículos blindados que en los personajes, el infierno salvaje que es la guerra. Un infierno que contrasta con las ingenuas “hazañas bélicas” que muchos devoramos en nuestra infancia, y que, a día de hoy, uno duda que las volviera a disfrutar si las releyera. Un infierno realista en el que se ve lo que no solía ser mostrado en esas historietas: alemanes matándose entre sí, rusos matándose entre sí, el barro y la sangre, la arrogancia y crueldad de los oficiales, las masacres de heridos y prisoneros, etc…

No es un gran trabajo, eso ya lo sugiere el propio  Kobayashi en su epílogo. Los personajes son simples marionetas ( el único que tiene algo de sustancia es el implacable e inquietante jefe del grupo de combate ). No hay una gran historia detrás ( tampoco hace falta ) y los diálogos son mínimos y hasta descuidados ( ¿ o es cosa de la traducción ? ). Kobayashi parece más interesado en recrear  bien los combates y en líneas generales lo consigue, con contundenca y vigor: hay momentos brillantes como la operación del comando Brandemburgo, la dura batalla bajo la lluvia.

Posee un final tan adecuado como abrupto y repentino ( la serie, de la que este tomo es una revisión, fue cancelada ) y aquí no hay monsergas patrioteras ni épica estúpida.

Puede ser un buen complemento para los que admiren la obra mestra “El soldado olvidado” de Guy sajer, a la que recuerda en más de una ocasión. Aquí también aparece la famosa división “Grossdeutschland”.

Lo dicho, no es una gran trabajo, pero dentro de sus muy evidentes limitaciones, es bastante entretenido y hasta apreciable y se lee de un tirón

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“300″ de Frank Miller

La versión de Frank Miller de la batalla de las termópilas, una de las más míticas de las antiguedad. Un cómic que ha sido un rotundo éxito en ventas y ha dado lugar a un famoso film. Por desgracia, y sin ser malos, los resultados de ambos son bastante discutibles y se encuentran entre lo menos logrado de sus interesantes autores tanto del propio Miller como de Zack Snyder, director de “amanecer de los muertos”, un vigoroso remake de “zombie” el clásico de George A. Romero y una de las pocas nuevas versiones realmente afortunadas, y “Watchmen”.

El estilo minimalista pero expresivo y contundente que le ha dado tan buenos resultados a miller, uno de los artistas más valorados en su medio, no resulta el apropiado para narrar esta historia.

Una historia excesivamente breve, cuya extensión es menor que una novela corta, que es superficial y bastante pobre. La falta de desarrollo en todos los sentidos, tanto narrativos como de personajes incluso en sus violentas viñetas de acción, es un handicap importante, casi tanto como el tono épico, inflado, desfasado e inadecuado que le ha dado Miller a la leyenda, con un tufillo derechista-belicista que le ha valido no pocas acusaciones de fascista y de ser una metáfora poco sutil y nada acertada de los tiempos que corren.

Al margen de inexactitudes históricas (algo de escasa importancia pues es una obra de ficción) la caracterización de Jerjes, rey de los persas, aunque puede resultar impactante visualmente, es ridícula, maniquea y tendenciosa, y si el villano de este tipo de obras falla, le resta una enorme convicción a la narración.

El dibujo con colores de su mujer, Lyn Varley es estimable, hay no pocos momentos impresionantes si bien no hay muy bien aprovechados, especialmente los que reflejan la guerrera  y radical cultura de los espartanos, los auténticos protagonistas del cómic por encima de determinados individuos. Y está el habitual solapado romanticismo de Miller que brilla en un memorable, fugaz final. Estas virtudes salvan a “300” de la quema y lo convierten, a mi modo de ver, en un trabajo mediano pero prescindible, un trabajo con poco rigor en los diálogos, simplón en general y cuyos toques jactanciosos y chulescos le pasan factura.

Con dudoso material de partida Snyder lo tenía muy difícil para hacer una buena película y no lo logró. Otro existazo en taquilla con legiones de detractores.

Visualmente, el film es deslumbrante, de una estética llamativa y moderna, revela a un hasta entonces pésimo actor, el aquí adecuado Gerald Butler, y tiene los mismos alicientes que el cómic con algún añadido como la gran escena en la que los persas han clavado a muchos inocentes a un árbol. Una escena de gran valor pictórico.

Pero, previsiblemente, tiene los mismos defectos, y el lógico sstiramiento de la exigua trama se rellena con escenas convencionales y sin ningún interés en su mayoría, casi todo el resto del reparto es de tercera categoría y lo peor es que un film derivativo y sin mucha personalidad propia: su espectacularidad está a la sombra, como docenas de películas más, de “Matrix” y “El señor de los anillos“, algo que es más una lacra que un acierto e incluso tiene algún momento tomado de la  estúpida “Misión imposible II

Todo esto más ese tono épico aún más grandilocuente, inflado y sobado de la novela gráfica invalidan en buena parte la irregular película basada en un cómic a años luz de otras de su autor.

Nada

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“Ronin” de Frank Miller

La novela gráfica que reveló a Frank Miller, es un espectacular cómic, con ingeniosa sorpresa final, que data de 1983-84. Una obra muy personal y casi completamente alejada de las atmósferas de serie negra que caracterizaron posteriormente a su autor, tanto en el noveno arte como en el cine. Mezcla aqui en una historia tan atrevida como disparatada elementos de diversos subgéneros, que resultan contrapuestos y no acaban de encajar bien.

A pesar de los aciertos del Miller dibujante, este es un trabajo sumamente irregular. La historia de un Ronin – un samurai sin dueño ni honor- de la edad media, transportado al Nueva York apocalíptico y a la vez ultratecnológico del siglo XXI, junto a su némesis, el demonio Agat. Una historia sumamente desmadrada, incoherente y absurda.

Miller fusiona alegremente y con suma libertad, desde las influencias del cine oriental de samurais, hasta elementos telequinésicos propios del género de terror, ambientando la historia en un pasiaje que casi parece una versión urbana de “Mad Max” por un lado, y por otro, cuando transcurre en el formidable y complejo Acuario al mando de la computadora “Virgo”, parece entrar en la ciencia ficción más clásica, la de la inteligencia artificial que se rebela contra su creador. Aqui hay ecos de la inolvidable “Hal” de “2001 una odisea en el espacio”, o de “Alien“- la influencia de Moebius se hace notar en la presentación- anticipando en algunos aspectos al Skynet de la saga “Terminator”, una inteligencia artificial que, hija de su tiempo, evolucionará y mutará en un ente casi “Cronenbergiano”. También hay elementos de las pelis de Zombies- sobre todo italianas- que por entonces, hacían furor.

Esta mezcla imaginativa de Miller no acaba de funcionar porque la historia hace aguas, es demasiado increible y muchos de sus componentes no acaban de desarrollarse. A veces se diría que el talento de Miller estaba en estado embrionario y que alcanzaría sus mejores logros posteriormente.

Sé que hay un enorme culto a su alrededor y que mucha gente la considera una obra importante, pero a mi no me convence esa historia con una premisa tan insensata, ese desarrollo tan embarrullado y hasta confuso. El dibujo de Miller por entonces tal vez fuese rupturista, pero hoy no impacta tanta y los diálogos  a veces resultan contundentes y memorables- típico de Miller- pero otras, simplones y pobres- típico también-, con unos personajes no bien definidos. Cierto que Ronin no es, ni tiene porque ser, un estudio de personalidades, pero aqui se echa en falta alguien con carisma, con presencia. Algunas de las tramas secundarias sólo entorpecen la historia central. Vamos: que no hay un equivalente al enorme “Marv” de “Sin City.

Dentro de su contexto, “Ronin” es una historia muy visionaria y audaz que se anticipó a la oleda de films y cómics estadounidenses influenciados por el arte oriental. Ver a un japonés y a una encargada de seguridad negra, que es la típica y bienvenida amazona milleriana de armas tomar, el único personaje humano con algo de vida, puede ser un tópico hoy, pero en su época era algo contracorriente.

Con todo, el cómic resulta esporadicamente divertido y vigoroso. Demuestra el talento del salvaje Miller en situaciones extremas, con dinámicas y violentas viñetas de acción con abundante gore. Su imaginación también brilla en la creación del mencionado complejo tecnológico Acuario. El complejo con vida propia y múltiples poderes con fines maquiavélicos. Una obra maestra de inventiva que contrasta con el también acertado retrato de la Nueva York más oscura y primitiva, con esas montañas de cadáveres y sus bandas peligrosas y bizarras. Lástima que sirvan de marco para una historia tan dispersa, poco rigurosa y descompensada.

heLLvete, EL T-1000 PELUQUERO QUE, ARMADO CON UN AK47, UN AK666 Y UN LANZALLAMAS (A PARTE DE SU MALA HOSTIA ENFOCADA A LOS INSPEC…)EJERCE DE ALEGRE DJ EN SU MUSICAL NEGOCIO

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“Watchmen” de Alan moore y Dave Gibbons

WatchmenEl cómic en el que Moore, uno de los grandes del medio, dinamitó el concepto de superhéroe, es ya un mito y está considerado una de las cimas del noveno arte, que lo es, aunque a algunos aguafiestas lo nieguen.

Moore, con la ayuda del sobrio y expresivo dibujo de Gibbons, reveló toda la turbiedad, oscuridad y doble moral que se agazapa bajo ese aparente y blando concepto, un concepto no muy lejano del superhombre de Nietzsche, dotándolo de profundidad, sentido crítico y ambigüedad, – un subgénero-, en general más festivo, funcional o acartonado.

Moore desmitifica a los superhéroes con cierto realismo, con crueldad, mucho sentido del humor negro – a veces es una pura sátira- y desenmascara todo el fascismo que se esconde en estos iconos a la vez que traza una demoledora radiografía del sueño, la psique y el imperialismo Usaamericano.

Partiendo de la inquietante premisa de unos USA ganadores de la guerra del Vietnam, – el cómic se sitúa enlos 80, época en el que se realizó- el resultado final es un apabullante, vehemente, lleno de diversas y coherentes lecturas, con altibajos, irregular a ratos, imprevisible, original e imaginativo, muy alejado de los tópicos.

Hay momentos en la que la avalancha de  información con la que Moore estudia a sus bien definidos personajes está de más e historias paralelas y secundarias como las del navío pirata, aún interesantes, entorpecen la trama principal y hacen que “Watchmen” adolezca de cierta dispersión, pero la radicalidad de Moore, su corrosividad, su indiscutible brillantez, hacenque sea un trabajo que si bien y en mi opinión no es la obra maestra que dicen que es, sí se le acerca bastante , y eso es mucho.

Es inevitable hablar un poco de la reciente y cómo no, no exenta de polémica adaptación al cine de Zack Snyder y de la que Moore, como siempre, reniega – ¿principios artísticos o cabeza cuadrada?- hasta el punto que su nombre no se lee en los créditos.

creo que es uno de esos afortunados y no muy abundantes casos – “No es país para viejos” de los Coen/McCarthy sería otro- en los que hay una fusión provechosa entre ambas obras.  La notable película de Snyder no está exenta de notorios defectos. El añadido de típicas, a veces efectivas peleas en la manida onda “Matrix” para hacerla más digerible y comercial; el error de casting del actor que arruina el potente personaje de Adrian Veidt – muy bien el resto del reparto-; y se echan en falta, inevitablemente nopocas cosas del cómic; Pero por otra parte Snyder prescinde de la historia de los piratas sabiamente, lo que centra más la historia, la vuelve más compacta – ha salido a parte en DVD y en animación con el título “Historias del navío negro”. Atentos, sólo dura 20 minutos aunque en la carátula ponga 60, ya que se refiere a todos los extras-; Radicaliza aún más el ya radical climax final quitándole ese monstruo que resulta ya desfasado e incluso ridículo asi como las escenas gore que añade, que le confieren una mayor tono siniestro, personal, diferenciándolo aún más de las típicas super producciones de superhéroes.

En conjunto es un trabajo muy superioral de su mucho más discreta y  unidireccional “300″, basada en uno de los cómics menores de Frank Miller.

“Watchmen”, el cómic, es un trabajo unpelín desigual pero poderoso, recorrido por una visión pesimista, nihilista de la raza humana, con un auténtico espíritu crítico contracultural – no tan notorio aunque palpable en el film- y con unos cuantos personajes inolvidables

MYSTICA

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“Ocurrió cerca de tu casa” de Carlos Areces

ocurrioCarlos Areces, a parte de ser uno de los actores de Muchachada Nui, y antes en la Hora Chanante- viene a ser lo mismo, te ríes igual-, tiene unas tiras cómicas que salen en la revista El Jueves.

Son muy graciosas en las que se parodían grupos de música o peliculas, mezclándolas con otras, asi como sucesos y acontecimientos por todos conocidos, hasta hacer un chiste gráfico muy muy bueno. Asi sabremos que fue lo último que dijo Lady di. O veremos películas como manolETE el extraterrrestre, el diario de ANA FRANKenstein,  El padrino Pan y vino;  al grupo de música KISS cristopherson o a JOAQUIN SABrINA. Esto y mucho más.

Descojonante. Eso si, verlo con los colegas es más divertido que verlo solo

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“Guia completa de los Simpson’s”(Matt Groening)

simpsonEn la guia completa de los Simpson’s podemos encontrar las primeras ocho temporadas desmenuzadas al detalle, que a cualquier seguidor de la serie de Tv le encantaran. Pues imaginate si alguien es un fanático de la serie como yo.

Cada episodio es resumido, con las imágenes y frases más importantes. Asi vemos al detalle episodios míticos como el de los canteros, un pez llamado selma, el del campamento Krusty(¡¡krusty vendrá, Krusty vendrá!!) o el de Pulp fiction.

Frases típicas de cada personaje- muskis, hola soy Troy Mclure, me recordaran de…, multiplicate por cero, hola holita- donde también se desvelan cosas menos conocidas o que pasan más desapercibidas. Asi ya sabremos que significa  la J. del nombre de Homer; que dió por sentado el abuelo Simpson cuando recibió un cheque por haber escrito el guión de un episodio de Rasca y Pica que realmente escribieron Bart y Lisa; el apellido de soltera de Marge; que eran los padres de Flanders; como se llamaba el amigo de Karl y Lenny que jamas aparece pero es citado; cual es la frase típica de radioactivo man; y sobre todo que tenía Homer en la nariz metido que le impedia ser inteligente, y que hizo con eso después de sacárselo, una vez que tenía completa la capacidad de ver la realidad tal y como era.

Lo dicho, para echarse unas risas, pero hay que leerlo en grupo, que mola más.

Dedicado a Frank Grimes, que le gustaba que le llamaran Graimito.


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