Archivo de la categoría ‘Ciencia ficción’

“El lunes empieza el sábado” Arkadi y Boris Strugatski

Somos unos racionalistas ingenuos, pensaba. Unos racionalistas. Queremos que todo se explique inmediatamente de manera racionalista (…) Pero ninguno de nosotros tenemos ni pizca de dialéctica. A nadie le pasa por la cabeza que entre los hechos conocidos y ciertos fenómenos puede haber un mar de cosas desconocidas, por lo que declaramos que el fenómeno nuevo es sobrenatural y, por consiguiente, imposible.” (pág 79 )

La contramoción, por definición, es el movimiento en el sentido contrario. (…) Vive desde el futuro hacia el pasado” ( pág 333 )

No soy lector del género de ciencia ficción. Sin embargo he disfrutado muchísimo con esta novela escrita en los años 60′ en la Unión Soviética, una novela de título curioso y enigmático, “El lunes empieza el sábado”, editado por Nevsky Prospects, con prólogo de Sofia Rhei y traducción de Raquel Marqués García. Una novela que combina un humor de lo más absurdo, con fantasiosos, o no, elementos mágicos, y ciencia de lo más incomprensible – aunque no después de leer este libro – con un toque Fringe de lo más apasionante. Palabra.

Son las peripecias del camarada Privalov, científico de primera o aprendiz de mago, según donde se mire, pues los hermanos Strugatski  (Arkadi, 1925-1991; y Boris, 1933- ) nos proponen un mundo en el que ciencia y magia están separadas por una tenue frontera que no siempre acaba de estar siquiera delimitada. ¿Donde acaba una y empieza la otra?¿No es la ciencia magia y al revés?¿Qué es la ciencia a ojos de alguien que está a años de luz de comprenderla sino magia?

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“Cismatrix” Bruce Sterling

En la contraportada de este libro, publicado por Bibliópolis fantástica y que data de 1985, pone: “la humanidad ha quedado obsoleta: bienvenidos al futuro posthumano”. Esta frase puede servir de perfecto resumen para casi toda la obra literaria  de Bruce Sterling. En el futuro, gracias a la biotecnología, los implantes mecánicos, la clonación y demás avances científicos, el ser humano ha evolucionado considerablemente, su vida se ha alargado hasta unos extremos casi impensables. Los sentimientos han quedado como una anticuada muestra del pasado que sólo los más nostálgicos o reaccionarios sienten y que son vistos como una debilidad. El rejuvenecimiento está a la orden del día y lo que prima es el control de la información y el poder.

La carne es un mero recipiente susceptible de todo tipo de mutaciones. No hay límites ni leyes en la evolución del hombre, y como reflexiona el personaje central de “Cismatrix”, las eternas verdades humanas tienen una naturaleza transitoria.

Sterling ha creado un universo enteramente personal que sobrepasa los límites del cyberpunk en el que se le ha encasillado. Escritor superdotado, suele ir cincopasos por delante del lector que puede perderse fácilmente en este trabajo que roza, a ratos, el cripticismo, sin caer en él. Sterling inventa un mundo nuevo, una jerga nueva, una ética completamente nueva, y como pasa con algunos trabajos de William Gibson, el envoltorio o los detalles parecen primar sobre la historia, una historia con personajes géldos y que tiende a la dispersión, algo acentuado porque transcurre a lo largo de siglos y Sterling parece más preocupado, en los primeros episodios, en recrear todo tipo de descripciones de ambientes o vestuarios que en crear una narración sólida y fácil de identificar para el lector, aunque esto último es problema de éste.

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Inundación – Stephen Baxter

Inundación – Stephen Baxter ( La Factoría de Ideas. Traducción de Ainara Echániz )

Quienes vean este libro en las estanterías de las bibliotecas, puede que se acuerden de películas como El día de mañana o 2012. Pero nada más lejos de la realidad. Mientras que en las mencionadas películas es todo acción y devastación espectacular, en este libro el protagonista de fondo es una inundación lenta, causa por la subida del nivel de los mares.

 

Hay por supuesto pasajes de acción donde los protagonistas se ven amenazados por súbitas crecidas de ríos, etc pero en vez de mostrar enormes olas arrasando todo a su paso, la forma de describirlo es más realista, como cuando vemos en las noticias una inundación. Agua no muy alta que tiene mucha fuerza, llena de lodo, que arrastra vehículos, árboles y todo tipo de basura que la hace más peligrosa aún.

 

Gran parte del libro se desarrolla en Londres, donde como podréis imaginar lo que se desborda es el Támesis. Más tarde volvemos varias veces más a este lugar, en diferentes épocas.

Este libro no es un libro feliz ni optimista. De hecho destila pesimismo hacía el ser humano y su falsa creencia de que está a salvo de grandes cataclismos. No hay héroes que huyen segundos antes con sus familias, ni grandes proyectos internacionales que salven la humanidad.

 

Bueno en realidad sí. Hay proyectos grandes de personas adineradas que al ver que la crecida de los mares no se detiene, primero le sacan provecho a las desgracias de los demás, y luego usan lo recaudado para intentar asegurarse un futuro mejor, lejos del agua. Es otro rasgo del ser humano, el de aprovecharse de la desesperación ajena, que tiene mucha presencia en el libro.

Todos los sucesos que se nos narran ocurren a lo largo de todo el planeta, y normalmente separados varios años entre sí. El autor no quiere describir una odisea particular de un protagonista, aunque sí que hay un personaje destacado. Lo que busca es contar lo que sucede a nivel mundial, y se vale para ello de varios personajes secundarios que trotan por el mundo investigando el fenómeno de la subida del nivel de mar. Entre ellos se encuentran varias veces a lo largo de los años, compartiendo experiencias y dando así al lector una visión global de lo que ocurre.

Y me diréis… si el libro se llama Inundación… ¿hay muchas partes dónde salga el agua subiendo de repente y caos, desorden, gente chillando, niños chillando, perros chillando, gatos chillando, etc? Pues sí. Como ya dije más arriba, Londres se lleva una buena. No podías faltar nueva York. Partes de zonas rurales de Reino Unido, Ucrania, etc. Prácticamente donde hay un río que desemboca en el mar, hay un desastre. Pero como ya dije el agua no son tsunamis uno tras otro. Hay desastres rápidos pero de fondo siempre tienes presente que el nivel del mar sigue subiendo sin parar. Y muy rápido.

 

Y por cierto, las primeras páginas del libro no tienen desperdicio para lectores españoles, y más si viven en Barcelona o Cataluña. Y es que se ha desatado una guerra civil entre separatistas catalanes y el ejército español, y nuestros protagonistas son los rehenes de uno de los grupos separatistas. Ya no hay playas en las costas, Barcelona está medio destruida por bombardeos y combates callejeros. Un cristo vamos.

 

El libro se lo recomendaría a todo el mundo, no solo a los que gusten de la ciencia ficción. Realmente los elementos de ciencia ficción son únicamente aquellos que sirven para documentar los sucesos y darle un origen realista a la subida de los mares. El resto son historias de supervivencia, codicia humana y  grandes desastres. Eso sí, quedáis avisados de que el libro no deja un sabor amable, aunque siempre haya un poco de esperanza…

JIRI

 

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“Las estrellas mi destino” de Alfred Bester

“Las estrellas mi destino” de Alfred Bester

 

Publicada originalmente como Tiger! Tiger! en su primera edición en Reino Unido (1956), fue en su edición norteamericana (1957) donde se cambió el título por el que ahora conocemos. Aún así, la novela conserva referencias mucho más obvias al nombre original que a la “versión americana” (el poema de Blake que inicia la obra, sin ir más lejos).

Salvando la parte final del libro, se puede considerar que estamos ante una novela de aventuras. En este caso, las aventuras de Gulliver Foyle. Un tripulante mediocre de naves espaciales, al cual le va a cambiar la vida al convertirse en el único superviviente y náufrago en un pecio a la deriva (detalle de la historia que, al parecer, está inspirada en el relato de un marinero que pasó por un trance similar durante la 2ª Guerra Mundial). Y cuando otra nave espacial pase de largo, negándole la posibilidad del rescate, Gully Foyle dejará que todo su futuro quede marcado por el anhelo de venganza.

La trama le hace varios guiños claros a “El conde de Montecristo”. Hay un personaje traicionado y  “castigado” en una prisión terrorífica (de hecho, se puede decir que pasa por ese trance varias veces), una venganza que se lleva a cabo gracias a un “tesoro” escondido, y una relación tempestuosa con la mujer que quiere destruir al tiempo que la ama… Sin embargo, Foyle no alcanza el refinamiento de Edmundo Dantes y se muestra habitualmente como el depredador apartado del título original: todo fiereza y sed de sangre.

En cuanto a los elementos de ciencia-ficción, destacaría dos principalmente: la especulación sobre un mundo donde es posible la autoteleportación y la ambientación cuasi cyberpunk en que lo sitúa.

La autoteleportación, denominada jaunteo en la novela, tiene un papel determinante en la trama. Cientos de cambios en la sociedad se deben a la capacidad de la práctica totalidad de la población de “jauntear”: ya no existen medios de transporte terrestres, salvo los que quieren usar los aristócratas para demostrar su nivel social; las casas se han vuelto laberintos para impedir el “jaunteo” de intrusos; quien puede permitírselo, pasa el tiempo viajando siguiendo a la noche para vivir una fiesta continua; y, por supuesto, los criminales son llevados a prisiones subterráneas para evitar su fuga (un castigo menor comparado con la lobotomización). Un dato que puede escandalizar a las posibles lectoras es que, en las familias adineradas, se “protege” a las féminas en habitaciones sin puertas ni ventanas y, por tanto, invulnerables al “jaunteo” de quien podría poner en peligro la honra familiar.

En cuanto a la ambientación “pre-cyberpunk”, comentar que Bester está disponiendo un conjunto de elementos al que sólo le falta un entorno cibernético virtual para ser primo (o padre) del “Neuromante”. En la novela nos movemos la mayor parte del tiempo entre una élite aristocrática (cuyas familias ejercen el papel de megacorporaciones), que pervive en un ambiente cuasi victoriano. Pero cuando nos apartamos de ahí, vemos un mundo mucho más siniestro. Bandas de ladrones que cometen los delitos con impunidad. Drogas de diseño que hacen mella entre los pobladores de las zonas marginales. Empleados capaces de cambiar su personalidad (y su propia individualidad) por convertirse en una “marca de fábrica”… Y a eso se le añaden los implantes de mejora física, la cirugía psíquica, las modificaciones corporales…

Mi único pero es que la acción haya supeditado todo lo demás a su servicio. Hay tantas cosas en la ambientación que sólo llegamos a entrever, que quizás otras veinte o treinta páginas bien nos habrían colmado la curiosidad. Aún así la obra cumple con la capacidad de entretenimiento y asombra hoy tanto como hace cincuenta años.

http://parrafosperturbados.blogspot.com/

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“El invencible” de Stanislav Lem ( Minotauro. Traducción de M. Horne y F. A. )

el i nvencibleAunque el polaco no es precisamente un desconocido entre los aficionados a la ciencia ficción, sí que es cierto que parece estar, en términos de popularidad y a veces incluso de reconocimiento, un peldaño por debajo de los nombres clasicos anglosajones del género, de mayor calado en occidente, algo a lo que no parece ser ajeno su origen y el hecho de que gran parte de su obra aún inédita por aqui, fue escrita en el periodo de la guerra fría, por lo tanto, aún no goza en ciertos ámbitos la fama de Asimov, Arthur C. Clark, Philip K. Dick y otros, aunque esto se vaya arreglando con el tiempo, y sea fácil hacerse con sus libros, aunque desde luego títulos como “Magnitud imaginaria” o este “El invencible” no tienen mucha fama.

De hecho muchos lo conocen de oídas por haber sido el autor de la notable “Solaris“, dos veces llevada al cine, una en los años 70 por Andrei Tarkovski, y que pasa por ser uno de los títulos clave de ciencia ficción- el “2001″ del Este, dicen algunos entendidos que llegan a ponerla por encima de la obra maestra de Kubrick- y la mucho más conocida y relativamente reciente versión de Steven Soderbergh, una adaptación mucho más concisa y con resultados apreciables pero muy inferiores al original.

Uno no es una excepción, y es más lector asíduo del inventivo pero también irregular y cargantemente mesiánico Philip K. Dick, cuya fama y reconocimiento se multiplicaron tras su muerte, siendo objeto de todo tipo de cuidadas reediciones y dispares adaptaciones al cine, que no vió en vida. Tal vez pase lo mismo con Lem, fallecido hace pocos años, lo mismo que J. G. Ballard, que jugaba en otra liga, pero que tengo que reconocer una progresiva fascinación por este autor enormemente original.

Escritor que aborrecía a casi todos sus “compañeros” del género,- especialmente los nortramericanos-, sus obras son tan personales como imaginativas. Tiene un estilo seco, riguroso, denso, exigente, detallado, minucioso cientificamente y a ratos agotador.

“El invencible”, nombre de una nave espacial que explora un planeta en el que ha desaparecido otra nave terrícola, data de 1964, pero salvo algunos detalles técnicos, podría ser de hoy mismo, tal es su rigor, interés y modernidad, la propia de los autores clásicos.

Lem llega a tener una visión un tanto pesimista de la raza humana, depredadora donde las haya- el vivió la II guerra mundial en Polonia- con una visión que superficialmente algunos podrían designar incluso de ecologista y que niega al ser humano como el ser central del universo, sin ningún tufillo reaccionario-religioso de tantos escritores o directores de cine. En la novela se llega a afirmar que “no nos está destinado todo el universo, no todo cuanto existe nos pertenece…”, una advertencia a la que no parece que hagamos caso.

De hecho en los libros de Lem el hombre suele verse superado o desbordado por formas de vida que en su arrogancia no llega a entender, o es relegado a un papel secundario por la evolución metálica de la inteligencia artificial con los robots a la cabeza, como en su maravilloso libro de cuentos “Ciberiade”, cuyos dos personajes centrales son dos robots protagonistas de otros libros suyos, donde la presencia humana ha quedado extinguida, un mero recuerdo del pasado. Hay que decir que la estupenda y archifamosa serie de TV “FUTURAMA” ha cogido muchas ideas de este libro,para algunos capítulos como ese genial en el que BENDER flota por el espacio. Y es que a Ciberiada tampoco le falta sentido del humor, aunque no tan negro como en la serie.

“El invencible” combina esa filosofía y estilo con episodios d epura acción, con un delicioso toque “PULP“, aunque sin caer en la vulgaridad o infantilismo de buena parte de sus coetáneos. Lem se centra más enla historia y en la atmósfera que en sus funcionales personajes, aunque el principal, ROHAN, desprende cierto carisma.

Un autor recomendable y a redescubrir

HAL 966.376.894

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“Diarios de las estrellas” Stanislaw Lem

El hombre es el centro del universo. Éste gira alrededor nuestro. Todo lo que hacemos tiene sentido. Estas frases y muchas otras de similares características las ha afirmado el ser humano desde hace miles de años. Las que más han insistido han sido las distintas religiones y esta visión antropocéntrica se ha convertido en un dogma que llega hasta nuestros días, un dogma cada vez más atacado por la razón y la ciencia que lo está poniendo en su justo lugar: el de las ridiculeces sin sentido.

Dicho dogma hacía que Stanislaw Lem, uno de los grandes de la ciencia ficción y de la literatura en general, se revolcase por el suelo de la risa, o casi. Tema tratado en novelas como “Eden” o “El invencible“. Lem llegaba a lo más alto tanto en sentido crítico como en cotas de calidad, cuando más, sarcástico, mordaz y abiertamente humorístico se ponía respecto a esa creencia humana, tan egocéntrica, en cuestión. Y “Diarios de las estrellas” primera aparición de su emblemático personaje, el viajero espacial Ijon Tichy, es una de sus obras maestras, un título mayor al que calificativos como genial, maravilloso, original, imaginativo, desternillante, inteligente, agudo, audaz y unos cuantos cientos más, le encajan como un guante.

Dividido en dos partes, la de “viajes“, mucho más extensa que la de “memorias“, y en la que, salvo en el último episodio, transcurre casi por entero en la Tierra, “Diario de las Estrellas” es un libro de cuentos en el que todos alcanzan una altura superlativa, hacen reir y reflexionar, y presentan una imagen caústica de la raza humana. Como muchos grandes escritores, Lem, parece que no se casó con nadie: colaborador de la resistencia polaca en la II Guerra Mundial ( su familia estuvo a punto de ser gaseada ), criticó ferozmente tanto a capitalismo como a comunismo, que le censuró en más de una ocasión, y acabó enfrentándose con los escritores de ciencia ficción estadounidenses, a los que tachaba de infantiles y banales.

Su vasta obra ha tenido varias adaptaciones al cine,  y a la televion en los paises del Este de Europa, y como ya se dijo en otra crítica de MELIBRO, él ha sido la influencia principal de la serie televisiva de animación FUTURAMA, que ha copiado/plagiado abudantes detalles de sus obras más satíricas. Incluso su humor más gamberro es una infuencia clara de Lem, y tanto “Ciberiada” como “Diarios de las Estrellas” son dos claras muestras. ¿Ejemplos? El manicomio para robots, los piratas espaciales, esos viajes en el tiempo donde el protagonista acaba multiplicado por varios miles, el humor negro, la visión chapucera del futuro lejos de la utopía tecnológica perfecta y un largo etcétera…Pero hay mucho más. La visión de la evolución de la carne que tiene Lem en esta novela, especialmente la del “Viaje vigésimo primero” que es una una gran obra maestra, que por sí sola haría aplaudir de entusiasmo a Cronenberg, Barker, William Gibson, Shinya Tsukamoto y demás profetas de la Nueva Carne. La de desconstrucción de la fé y del mito de Dios que Lem lleva a cabo en el mismo capítulo ( y en buena parte del libro ) tendría que haber sido incluido en la recopilación de Christopher Hitchens, “Dios no existe” tal es su agudeza y sentido común.

Para Lem el ser humano iba a ir evolucionando y con ello su moral, pero era enormemente escéptico de que, con ello, dejáramos todas nuestras ideas salvajes, violentas y primitivas a un lado. Su visión en “Salvemos el Cosmos“, de una Galaxia contaminada y repleta de desperdicios por culpa del turismo dominguero es de una gran precisión y verosimilitud, además de otra muestra de su fino sentido del humor. El final de el “Viaje Undécimo” deja bien a las claras lo que pensaba del ser humano. “Me fue devuelta la fé, mermada por unos maleantes cósmicos, en la bondad innata de los guerreros electrónicos. Qué agradable es pensar, en resumidas cuentas, que sólo el hombre puede ser un canalla”.

“Diarios de las estrellas” ( TRADUCCIÓN A CARGO DE JADWIGA MAURICIO ) es una gran novela de ciencia ficción con algunos elementos de terror, ( “El doctor Diágoras” ), una regocijante comedia, una novela de aventuras imprevisible y rica en inventiva y una gran tratado filosófico sobre la triste condición humana, lleno de sabiduria y mala leche, no exenta de bondad. No parece un libro escrito en 1957, sino uno acabado hace apenas un par de días, signo de lo visionario y personal que sigue siendo Stanislaw Lem. Repito: una obra maestra capaz de maravillar al más curtido lector de ciencia ficción y otra clara demostracción de que este género, al contrario de lo que algunos snobs proclaman, no tienen nada de menor.

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“Snow Crash” de Neal Stephenson

Snow Crash.Neal Stephenson

Editorial Gigamesh. Traducción a cargo de Juanma Barranquero

William Gibson inauguró el género del Cyberpunk en 1984, al publicar “Neuromante”. 8 años después, Neal Stephenson se encargó de afinar el modelo. “Snow Crash” bulle de acción, soportada por una explosión de adjetivos prestos en todo momento a darnos la visión, el gusto, el olor y el sonido de ese mundo hipertecnificado en el que los personajes corren de un lado para otro. El discurso cuajado de analogías deslumbrantes, seña de identidad de “Neuromante”, se acompaña aquí de una ambientación que responde al estereotipo del género (sociedad decadente, radicalización de las diferencias sociales, multinacionales con atributos de estados soberanos…)
La historia transcurre a principios del siglo XXI. El gobierno de Estados Unidos ha cedido su soberanía a franquicias internacionales, y el Metaverso constituye un universo binario en el cual la libertad de acceso no impide mantener las diferencias de status,  derivadas de la capacidad para utilizar software/hardware superior. Los habitáculos de almacenaje son una vivienda habitual y los trabajadores de las Franquicias pertenecen (en el amplio sentido de la palabra, a veces) a la empresa. Tras el debacle del gobierno, los Estados Unidos han pasado a regirse por la versión más salvaje del libre mercado.
En términos generales, la trama del libro no deja de ser una historia de “nobles bandoleros” implantada en ese universo futurista: el personaje principal (Hiro Protagonist) y su aliada (T.A.*) son personajes que actúan de forma “alegal”, aunque ceñidos a códigos de conducta que los mantienen dentro de una cierta “tendencia al bien”. Hiro es un hacker, y como tal luce desde el principio una abierta actitud inconformista con el orden establecido. T.A. es un correo, cabalgando las autopistas sobre un patín inteligente para entregar paquetes cuyo contenido le es indiferente. Pero ambos acabarán convertidos en héroes (muy a su pesar), en medio de una gran conspiración por hacerse con el monopolio de los Estados Unidos.
Por supuesto, como toda historia con héroes involuntarios, la acción será la que acabe encontrando a los protagonistas. Acción a raudales, que les obligará a moverse más por instinto de supervivencia que por su idealismo. En el caso de Hiro, su vinculación con el Metaverso le pondrá en contacto con Snow Crash, una forma de virus informático capaz de afectar físicamente al usuario. Y T.A., por su parte, descubrirá que hacerle favores a la Mafia no siempre conlleva experiencias agradables.
En ningún momento podemos olvidar que, sobre todo, esta es una historia de aventuras. Las escenas en que los protagonistas luchan o llevan a cabo hazañas espectaculares priman a lo largo del texto, en una demostración continua de las posibilidades que ofrecen tanto el Metaverso (con su ficción de realidad) como el mundo real (con dispositivos que desafían a la realidad). Así que es posible disfrutar con los combates de espada de Hiro, las acrobacias en monopatín de T.A. y las innumerables batallas que riegan la persecución de Cuervo.
Es por eso que, en comparación, la base teórica en la que fundamenta Stephenson el funcionamiento del virus Snow Crash se queda muy atrás. El mito de Babel pasa a convertirse bajo su pluma en una serie de datos algo abstrusos, que supuestamente permitirán dominar la civilización a quien los desentrañe. Personalmente es el único “pero” que le encuentro a esta obra. La reinvención de los dioses asirios y de parte del Antiguo Testamento, mediante una analogía entre ese mundo primitivo y el funcionamiento de un programa informático, es curiosa. Pero en mi caso no me resultó coherente con el mundo propuesto por Stephenson.
Aún así, la novela es interesante por los planteamientos que hace en torno a evoluciones tecnológicas y sociales. Por ejemplo, el Metaverso. Esta realidad paralela, sustituta de la física, puede considerarse en parte un anticipo del “Second Life”. No en vano comparte varios elementos fundamentales (avatares modificables, la capacidad de interactuar con los demás usuarios, opciones para construirse una vivienda, e incluso el tener un negocio ubicado en ese mundo cibernético…) Aunque, eso sí, en Snow Crash este entorno va unido a dispositivos de Realidad Virtual con una capacidad de inmersión aún por alcanzar.
En cuanto a cambios políticos y sociales, aún estamos lejos (por suerte) de la radicalización que imaginó Stephenson. Y es que, aunque debamos conformarnos con democracias imperfectas, la opción que nos propone la novela (transnaciones basadas en establecimientos franquiciados, que hacen las veces de consulados), resulta bastante más aterradora.
De todos modos, “Snow Crash” cumple sobradamente como “lectura ligera” con la que entretenerse y pasar un buen rato. Seguro que más de uno acaba envidiando las hazañas de Hiro y T.A.

(*En el original inglés, Y.T., que da pie a un chiste fonético no trasponible al castellano)

 

 

 

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“Huevo del dragón” Robert L. Forward

Antes de nada debo decir que hace mucho tiempo que no escribo. Por ello puede que esta reseña me salga algo oxidada en lo que a descripciones se refiere. De todas formas haré lo posible para que sea amena de leer.

Cuando me invitaron a escribir sobre un libro,  me dijeron que la crítica podía ser tanto positiva como negativa. Me parece que para empezar siempre viene mejor recomendar y describir algo que te ha gustado. Ya habrá tiempo de destripar libros.

Por lo que me han contado, en esta web no se ha escrito mucho sobre la ciencia ficción. Siendo de mis géneros favoritos, os recomendaré el libro que más me ha gustado en los últimos años.  La recomendación tiene varios problemas. Para empezar, el libro está descatalogado en todas partes desde hace años. Únicamente se puede encontrar de segunda mano, y a precios algo abusivos en muchas ocasiones. Otro problema para muchos lectores puede ser el hecho de que el libro sea de ciencia ficción “hard“. Es narrativa, pero con mucha información científica compleja. Una vez aclarado este punto, vamos con lo que importa;

Huevo del dragón no trata sobre los testículos de un dinosaurio volador que escupe fuego.

No, el libro se centra en una estrella de neutrones. Este tipo de cuerpos celestes tiene la peculiaridad de tener una velocidad de rotación y gravedad descomunales, y por azares del destino, es en estas condiciones donde nace la vida que nos presenta el libros. Son los cheela. Os los podéis imaginar como unas manchas móviles, ya que la gravedad les impide ser seres altos. A lo largo del libro les veréis evolucionar, llegando a sentir incluso simpatía por ellos.

Y por supuesto no falta el componente humano, para poder revisar los acontecimientos desde el punto de vista humano. Y es que otra cosa interesante de los cheela es que sus vidas y su mundo se desarrollan a una velocidad muy elevada. La existencia de los cheela se desarrolla un millón de veces más rápido que la de los humanos. Mientras que desde el punto de vista de los cheela los humanos son prácticamente seres estáticos, desde la nave que se aproxima a la estrella todo parece ir a velocidad de vértigo.

El ritmo del libro es muy bueno, aparte de no ser muy largo. Como ya he dicho, hay pasajes que se pueden hacer algo difíciles por las explicaciones de física espacial, pero el autor las dosifica de manera bastante adecuada. A parte en el libro hay anotaciones y explicaciones adicionales que podemos consultar si tenemos problemas imaginando o entiendo alguna parte. Y es que en muchas ocasiones, al menos a mí, se me hacía algo complicado imaginar el escenario que describe el autor. Los polos magnéticos de la estrella obligan a los cheela a moverse solamente en una dirección. Cambiar de sentido o moverse en otra dirección les presenta un serio problema y requiere de todas sus fuerzas.

Aunque el componente humano tiene bastante protagonismo en la novela, lo que uno recuerda son los cheela peleando con la gravedad, y evolucionando viendo a los humanos acercarse lentamente a su planeta, durante generaciones de sus vidas. Lo que sí me ha gustado mucho son los problemas con la gravedad que tienen los  humanos. La estrella de neutrones presenta campos gravitacionales irregulares, y los humanos usan un generador de gravedad propio, pero aún así sienten tirones gravitacionales en diferentes partes del cuerpo. Sin su generador de gravedad, acabarían despedazados en milisegundos.

Seguramente no es el libro recomendado para iniciar a alguien en el mundo de la ciencia ficción, pero si ya has leído algunos decentes anteriormente este no te defraudará.  Tanto la originalidad y la calidad de la historia están por encima de lo normal, y aparte, el rigor científico.

JIRI

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“La guerra de las galaxias ( Star Wars ). Heredero del Imperio” Timothy Zahn

Hace muchos, muchos años, en esta misma galaxia, aunque las cosas han cambiado tanto que parece una muy lejana, existía una trilogía galáctica que era casi intocable para sus seguidores y que era la envidia de los “trekkies” de todo el mundo ( Trekkie. Persona que fue abducida y que ya no volvió a ser la misma. Se pasa el día diciendo cosas como “teletranspórtame Scottie”, cuando coincide en el ascensor con algún sufrido vecino, y frases similares. Lo mejor es no hacerles caso y cambiar de acera para no verlos, especialmente cuando les sale su lado más vulcaniano ).

Se veneraba al ¿ oportunista ? Georges Lucas de una manera casi religiosa y éste explotaba la gallina de los huevos de oro de una manera que, con la avalancha de merchandicing posterior, ahora casi parece inocente. Muchos queríamos una trilogía ( eramos jóvenes e inocentes ) que siguiera narrando las aventuras de Luke Skywalker, Han Solo y compañía, y el propio Lucas se cargó este sueño rodando una nueva trilogía que contaba lo que había ocurrido antes, poniendo de moda las precuelas. Una decisión absurda y facilona que hizo que muchos de sus antiguos seguidores le dieran la espalda, pues consideraron estos films, con tanta sobredosis de tecnología, tan inútiles como infantiles, sobre todo esa inicial y nefasta “La amenaza fantasma”, la mayor decepción cinematográfica de la vida de mucha gente. (  ¡ fusilad a Jar Jar Binks, colgadlo, achicharradlo en la silla eléctrica !  [es broma] )

Desde luego a Lucas eso le importó un comino pues atrajo a una nueva generación de espectadores y los beneficios, con productos derivados al filme, alcanzaon niveles estratosféricos.

A parte de los cómics y para los que echan de menos los viejos tiempos y lloran de rabia cuando tropiezan con el “nuevo” Yoda en algún pase por televisión, puede ser recomendable echarle un vistazo a este “Heredero del Imperio”. Por encargo de Lucas, ( por supuesto ) el premiado escritor de ciencia ficción con tintes bélicos Timothy Zahn, empezó en 1991 una nueva trilogía literaria, que seguía la historia pocos años después de “El retorno del Jedi” y que completó con “El resurgir de la fuerza oscura” y “La última orden”, que no llegué a leer ( por tanto si alguien quiere opinar sobre estos dos libros, será bienvenido ).

“Heredero del imperio” carecía casi por completo de la magia, de esa épica y lírica entrelazadas que caracterizaban a los viejos films, todo era demasiado serio, no había demasiadas sorpresas y el nuevo villano, el gran Almirante Thrawn, estaba bien, pero era poca cosa al lado de Darth Vader, casi parecía alumno suyo. Claro que, era mucho mejor que Darth Maul y marinetas similares, y Zahn, con todos sus peros, facturó una novela estimable con aportaciones de su propia cosecha que le daban un cierto toque personal. No es un clásico ni nada por el estilo y puede que salvo para los muy fans, haya caído en el olvido, pero era, es, un pequeño placer leer a C3PO, la Princesa Leia, R2D2 y demás. Mucho mejor que ver a Annakin Skywalker, Mace Windu, la princesa Amidala y demás monigotes.

Vale, “La venganza de los Sith” no estaba mal, pero seguro que hubiese sido mejor ver adaptados los libros de Zahn ( se rumoreó esta posibilidad ) que tener lo que finalmente hemos tenido

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“GLADIATOR, EL SUPERHOMBRE” de Philip Wylie

“GLADIATOR, EL SUPERHOMBRE” de Philip Wylie

La contraportada de este libro hace hincapié en la influencia que tuvo sobre uno de los iconos más populares del siglo XX: Superman. Mal que les pese a Siegel y Shuster, un gran número de estudiosos del fenómeno de los superhéroes afirman la ascendencia, más o menos evidente, de la novela de Wylie sobre el conocido hijo de Krypton.

Personalmente, fue este interés por comprobar cuáles eran las semejanzas entre ambos personajes lo que me llevó a leer el libro. Y aunque el parecido resulta “evidente” (sobre todo respecto al Superman original de 1938), lo es en el entorno de lo puramente físico. Los poderes de Kal-El y Hugo Danner son equiparables, sí. Pero el protagonista de Gladiator está marcado por un perfil psicológico y unos avatares que lo sitúan en las antípodas del Héroe de Acero.

Sobre el autor, nada más decir que probablemente sea uno de esos escritores de los que muy pocos sabemos nada y aún habremos leído menos. Pero el número de obras sobre las que puede reclamar la paternidad Wylie es realmente extenso, e incluso cabe decir que presumir, pues Doc Savage y Flash Gordon también han de confesar una gran deuda de parte de otros dos de sus libros: “Cuando los mundos chocan” y “The Savage Gentleman”.

En Gladiator, la historia que desarrolla Wylie comienza con un científico obsesionado por sus teorías de “modificación genética”, que acaba utilizando a la esposa embarazada (y por ende, a su propio hijo) como inusitada placa de Petri para probar esos conceptos. Este papel del padre, como representante de una ciencia capaz de cambiar la naturaleza de las cosas, sorprende por plantearse en un momento muy alejado aún del momento actual. Y tal y como lo plantea el autor, podemos aventurar que su postura era negativa al especular con la idea.

Quiero aquí añadir una reflexión personal. Se trata de la, a mi parecer, posible influencia psicológica del “Crack del 29” en el espíritu de la obra. A pesar de que esta es la única obra que he leído de Wylie, y aunque en las biografías se refieren a su tendencia a la polémica y al existencialismo, el impulso trágico que subyace en la novela sumado al patente descreimiento en la sociedad me empuja a pensar que no fue impermeable a la impresión que causó la crisis del 29 y sus consecuencias posteriores. Teniendo en cuenta que la obra se publica en 1930, no me parece que la idea de una “causa-efecto” sea un pensamiento peregrino.

Porque eso es algo que aparece a lo largo de toda la obra: un pesimismo trágico, encarnado en Hugo Danner. ¿O acaso puede haber destino más terrible que saberse elegido para un bien superior y ser incapaz de encontrar la manera de llevarlo a cabo? En ese sentido, y por no abandonar los símiles del comic-book, me recordó mucho más al temido y odiado Increíble Hulk. El peregrinar del protagonista le lleva de un lado a otro (de Colorado hasta New York, y de allí al frente de la Primera Guerra Mundial), siempre procurando ocultar lo extraordinario de su naturaleza y, al mismo tiempo, queriendo ser útil buscando una tarea que precise el uso de esos poderes sobrehumanos.

Lo que apena de modo especial al lector es ese descreimiento en el ser humano al que ya he aludido. Wylie no sólo no espera encontrar bondad en las personas, si no que incide en cómo la avaricia, la suspicacia o la simple ignorancia hace de cada uno de vosotros algo horrible. Y los casos en los que permite vislumbrar un poco de luz, son atajados por una nueva bofetada de pesimismo.

En resumen, Gladiator supone un hito muy especial en la literatura de ficción. Un precedente del arquetipo de superhéroes con tintes de tragedia clásica, en el que el autor se planteó cuestiones que ahora nos pueden parecer novedosos; muy especialmente ese sufrimiento al sentirse diferente y temer la reacción de los demás si desvela su secreto. Y con ese planteamiento pesimista, tan alejado de la norma habitual en estos casos, los aficionados al cómic deberían aprovechar la oportunidad para acercarse al texto.

http://parrafosperturbados.blogspot.com/

RAFAEL GONZÁLEZ

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