Archivo de la categoría ‘Ciencia ficción’

“Esfera” Michael Crichton

Esfera (1987) – Michael Crichton (1942/2008)

La ciencia ficción me gusta y trato de leer cuando me queda algo de tiempo o disfrutar de una película del mismo tema. Michael Crichton nos ha regalado numerosas novelas con esta temática, muchas de las cuales han sido llevadas al cine.

Esfera nos transporta al fondo del océano. Los científicos que trabajan allí son convocados para investigar una extraña nave de origen extraterrestre. Se dictamina en primera instancia que la dicha nave ha estado allí por más de 300 años.

Con el paso de los días y las investigaciones, descubren que la nave es terrestre y proviene del futuro. Al parecer el ingreso en un agujero negro la saco de su curso y la transporto a donde ha sido descubierta. Los siguientes hallazgos les revelan que la dicha nave ha recopilado muchos datos y objetos para traerlos a la tierra. En la bodega de carga hayan una esfera liquida, al principio no encuentran la manera de ingresar en ella.

El matemático del grupo advierte a los demás que según sus cálculos nadie saldrá vivo de debajo del océano. De haberlo hecho la nave jamás se hubiera estrellado, lo que crea una paradoja de tiempo.

La esfera es sacada de la nave y llevada hasta el laboratorio. Allí el extraño artefacto comienza a comunicarse a través de las computadoras y les hace saber que alguien se encuentra encerrado en ella.

Pasados unos días extraños eventos ocurren con cada uno de los científicos, que les hace determinar que la esfera es la culpable. Piden ser llevados al barco que les da sustento, pero los atrapa una tormenta que no les permite salir del laboratorio.

El suspense se instala en la lectura y nos arrincona junto al terror. Creo que si están a punto de elegir un relato de suspense para estos días, no deberían dudar de elegir esta obra.

Lilix

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“Fiasco” Stanislaw Lem

Probablemente, las obras de fición más conocidas sobre el contacto humano con una civilización extraterrestre sean las películas de Steven Spielberg “E.T. El Extraterrestre” y “Encuentros en la tercera fase”, esas que han sido homenajeadas recientemente en films como la comedia “Paul” o, sobre todo, en el último producto de J. J. Abrams, “Super 8″. Los dos taquillazos del rey Midas de Hollywood coinciden en una visión benévola, algo simplista, comercial y accesible, contraria a ese indiscutible drama familiar que es, en el fondo, su adaptación de “La guerra de los mundos” de H. G. Wells.

Todo esto viene a colación por esa reivindicación de los años 80 que se está dando desde distintos mundos de la cultura popular. Reivindicación de unos productos y unos valores que son la antítesis de lo que representa esta novela del maestro STANISLAW LEM. Publicada en 1986, uno de sus últimos trabajos, y que tanto en el fondo como en la forma resulta completamente antispilbergiana.

No hace mucho que el científico Stephen Hawking afirmaba que un eventual contacto con alienígenas inteligentes sería, casi con seguridad, un fracaso. Un fracaso que podría tener consecuencias devastadoras. Es esta linea la que sigue LEM, a la que sus lectores ya están acostumbrados con títulos como “Solaris“, “Eden” o “El invencible”, y sin duda una de sus constantes temáticas más recurrentes.

Ya he comentado en otras críticas que para LEM, como para el filósofo Wittgenstein, la inteligencia humana tenía un techo, un límite que no iba a poder trascender la tecnología, porque ésta, como también afirmaba el cineasta David Cronenberg en una memorable entrevista a Eduardo Punset, era completamente humana, un producto resultante del hombre y, por consiguiente, completamente viciada por sus defectos.

Fiasco” es una obra compleja, tensa y claustrofóbica, que nos presenta al ser humano como un destructor galáctico. Una de las grandes ideas que sunyace en esta espléndida y pesimista novela es que la inteligencia y la crueldad son inseparables. A donde quiera que vayamos llevaremos esta violencia con nosotros y si nos encontramos con otra inteligencia, cuidado, puede ser como la de los Quintanos del libro, más dedicados a autodestruirse que a la cooperación, una cooperación a la que sólo recurrirán para echar al intruso humano.

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Recomendación de “El Lunes Empieza el Sábado” de Arkadi y Boris Strugatski

“El Lunes Empieza el Sábado” de Arkadi y Boris Strugatski

 

 

A excepción de la “Guía del Autoestopista Galáctico”, no puedo recordar muchas más obras que aborden la ciencia-ficción desde el punto de vista del humor. O, mejor dicho, tan sólo conocía una novela paródica de ciencia-ficción hasta que llegó a mis manos “El Lunes Empieza el Sábado” (a menos que alguien quiera considerar Sin Noticias de Gurb” dentro del género).

El hecho es que la novela de los hermanos Strugatski atesora varios factores para resultar, cuando menos, interesante. Para empezar, está escrita en la “época dorada” de la ciencia-ficción (1965), así que se puede catalogar como un clásico. Después, es ciencia-ficción rusa (soviética, para ser históricamente exactos), de la cual, personalmente, yo no conocía ningún ejemplo. Y, para terminar, se escribió en el “lado oscuro” del Telón de Acero. Lo cual supone que debió franquear varios filtros de censura antes de salir a la luz.

¿Cuál es la historia que nos cuenta? Pues, ni más ni menos, que el descubrimiento por parte de Alexander Privalov de la peculiar institución ubicada en el remoto pueblo de Solovets. Privalov es programador y, tras toparse con dos peculiares sujetos en medio de una carretera intransitable, acepta la oferta (casi una súplica) que le hacen para que trabaje con ellos. Lo que no puede sospechar es que ha aceptado incorporarse a una institución dedicada a la magia.

Aquí es importante hacer un inciso sobre dos elementos relevantes de la novela. Primero, para los que se pregunten qué pinta la magia en una obra de ciencia-ficción, señalar que estos poderes se describen en la novela en términos de una “ciencia inexplicable para profanos”. Y, en segundo lugar, señalar que la obra está cuajada de referencias a la mitología eslava (varias de las cuales resultarán, como en mi caso, desconocidas).

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“Muerte de la luz” George R. R. Martin

La primera novela del hoy famoso George R. R. Martin,  creador de la saga “Canción de hielo y fuego” está considerada un pequeño clásico de la ciencia ficción y demostró el inusual, a veces retorcido, talento de su peculiar autor.

Publicada en 1977, es una obra algo breve que contrasta con la prolija extensión de su creación más famosa, pero al mismo tiempo, tanto en estilo como en contenido, guarda también ciertas similitudes, esas que le han convertido en uno de los escritores más personales del género fantástico, ya sea la ciencia ficción como es este caso, el terror o en la vertiente de “espada y brujería” que también asoma en “Muerte de la luz”.

La primera de ellas, el estilo, podría ser su enfoque directo basado en los diálogos. Algo que acabó desarrollando completamente tras su etapa de guionista televisivo. En contenido, podría afirmarse que Martin le da la vuelta a las tradiciones y tópicos de rigor para crear unas historias muy personales, difíciles de resumir en unas pocas lineas y que sirven al autor para hablar de la condición humana de una manera reconocible y a veces  dolorosa.

Se ha dicho que “Muerte de la luz” es una novela romántica, pero lo que predomina en ella es la amargura y el desengaño. Su romanticismo se expresa por vías más sobrias y nada tendentes al sentimentalismo que explotan en un final emocinante pero a la vez atípico e imprevisible, aunque recuerde al de una de las más famosas películas de la historia del cine. Y no digo cuál es para no destripar ese final.

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“En las profundidades” Arthur C. Clarke

También conocida con el muy inadecuado título de “Terror en el mar”, esta breve pero densa novela no se encuentra entre lo mejor del autor de “2001, una odisea en el espacio” ( que tuvo varias secuelas literarias a su cargo ) o “Cita con Rama” ( lo mismo que la anterior ), pero cualquier aficionado a su concepción de la ciencia ficción, podrá disfrutar de ella pues no es en absoluto una obra despreciable.

El protagonista, Walter Franklin, regresa a la tierra tras una aterradora experiencia en el espacio y es destinado a un crucial trabajo bajo las aguas de los oceanos de los que la humanidad saca su principal sustento tras varias crisis mundiales.

Clarke, un escritor preocupado por el futuro del hombre, creó una novela de aventuras que tiene mucho en común con Julio Verne, especialmente con “20.000 leguas de viaje submarino”, y volvió a demostrar su talento para crear imágenes de gran belleza, de gran poder evocador y también su capacidad para inquietar. El momento en que Franklin rememora cómo se quedó colgado en el espacio, es uno de los fragmentos más terroríficos y claustrofóbicos que he leído en mucho tiempo y el mejor que contiene “En las profunidades” con diferencia.

Estructurada en tres partes que describen la evolución del protagonista, este libro, de 1955, tiene un transfondo ecológico, y si no llega a rayar a gran altura tal vez sea por cierta frialdad en el tono que emplea Clarke,  o por cierta falta de desarrollo. Va directa al grano y le hace falta más emoción. Pero es como mínimo un trabajo eficaz y muy entretenido que demuestra que pese a todos nuestros adelantos tecnológicos, el ser humano no dejará de ser un pequeño insecto en el universo, un insecto con poder de cambiar, en su arrogancia, la naturaleza, pero un insecto al fin y al cabo.

Una novela estimable, algo ingenua ( ¿un mundo sin violencia? ) pero que asegura pasar un buen rato. La he leído en una vieja copia de la entrañable Ultramar Ediciones, y ese es otro pequeño punto a su favor

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“Retorno de las estrellas” Stanislav Lem

Antes que nada, hay que señalar que esta brillante novela no es una secuela de la maravillosa Diarios de las estrellas”, ni pertenece al ciclo de historias de Ijon Tichy, aunque su protagonista, el piloto Hal Bregg, guarde algunas similitudes con éste, y sus aventuras, de un tono más oscuro, no tengan nada que envidiarle.

Una de las grandes virtudes de Stanislav Lem es que, en sus libros, aparecen casi siempre los mismos temas de fondo pero cada uno de ellos posee una personalidad propia muy marcada. Cada uno tiene su propio estilo y ofrece algo que no se puede encontrar en otros trabajos suyos. Este “Retorno de las estrellas” no es una excepción.

Su protagonista, tras su terrorífico en algunas ocasiones, hermoso en otras, viaje por las estrellas, se encuentra con una civilización terrestre que ha cambiado radicalmente. Una civilización que ha erradicado la violencia, pero que se sirve de ella merced a sus siervos robots. Una civilización mucho más adelantada en educación pero peligrosamente homogenea, donde cada avance lleva implícito un hándicap, donde las pasiones humanas han dejado paso a la seguridad y el comfort. Una sociedad ni mejor ni peor que la que todos conocemos, simplemente distinta, en la que el protagonista se ve c0nvertido en un anacronismo viviente, plenamente consciente de que la moral, la tecnología y la educación son conceptos movibles que varían conforme transcurre el tiempo, conceptos intrínsecamente humano, que poco tienen que hacer ante el horror y la belleza que posee el universo, un universo que siempre va a estar por encima nuestra, y del que se nos escapan parte de sus misterios y de su significado, si es que lo tiene.

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Ciudad al final del tiempo. Greg Bear

He sido bastante vago estas semanas, y aunque terminé el libro ya hace tiempo, no me he decidido a escribir una reseña sobre el hasta ahora. Es un poco difícil hablar sobre el libro y que salga algo coherente o que incluso os apetezca leerlo. Es un libro complejo, complicado de leer, lento y pesado en ocasiones, pero que a pesar de todo te apetece leer y terminar para ver a que conclusión llega el autor tras semejante despliegue de genialidad, inventiva, fantasía y desfase en ocasiones.

 

El libro es ciencia ficción hard, pero hard de titanio endurecido con planchas de adamantium. La premisa misma no es sencilla. La humanidad, o en lo que se ha convertido tras millones de años, está siendo acorralada en una ciudad. La última ciudad. Es el Kalpa. Lo que la amenaza y quiere destruirla es el Caos, una fuerza que se desplaza por el universo comiendo y destruyendo todo a su paso, odiando, revolviendo, transformando todo. Leyes de la física, tiempo, materia. Todo. Y se come el tiempo mismo. No es un ser o un malo antagónico, es como una fuerza de la naturaleza de una maldad y odio no comprensible por mente humana.

 

Alrededor del Kalpa la humanidad ha instalado generadores de realidad. El Caos rompe y consume la realidad misma, todo lo que ello conlleva, por lo que la única forma de que la ciudad no sucumba es generar la realidad y defenderla. Aún así a veces el Caos logra penetrar las defensas. Esta historia se desarrolla desde dos frentes, desde dos lados opuestos del tiempo. Desde el final, el Kalpa, y el principio, que son nuestros días.

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“Congreso de futurología” Stanislav Lem

Nuevas aventuras del astronauta Ijon Tichy, esta vez ubicadas exclusivamente en la tierra, escritas en 1970. Tal vez no se pueda comparar a la maravillosa “Diarios de las estrellas” ya que tiene casi 400 páginas menos que esta y por lo tanto menos sorpresas, pero desde luego no le anda lejos y es una estupenda novela con personalidad propia.

Con un ritmo trepidante, la novela, cargada de humor negro y gamberro y contínua ironía, podría decirse que está dividida en dos partes: l aprimera, la que más me fascina, es un delirante retrato “Made in Stanislav Lem” de la sociedad convulsa y cambiante de los años 60′. Puede que Lem fuese pacifista, pero no creía en los movimientos que se reivindicaban como tales por la ingenuidad de la que hacían gala y su convencimiento que la maldad es algo intrínseco a la especie humana. Al menos eso parece desprenderse de la lectura de un libro que también ajusta cuentas con el imperialismo belicista norteamericano y la sociedad capitalista en general.

Y todo ello en una historia disparatada, con el lenguaje no menos disparatado de Lem y en el que las drogas juegn un papel crucial que hacen que la novela vaya muy por delante de las previsiones del alucinado lector. Yo nunca he tomado LSD pero imagino que esa primera mitad es algo similar a tener “un buen viaje”, una narración que parece escrita por un Hunter S. Thompson puesto hasta las cejas dedicado a la ciencia ficción.

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“Solaris” Stanislav Lem

Esta gran novela, todo un clásico, que leí  en una antigua edición de Minotauro,  y he vuelto a releer para la ocasión en una nueva edición, no hace mucho editada por Impedimenta, con prólogo de Jesús Palacios.

Está considerada la obra cumbre de Stanislaw  Lem y tal afirmación es muy discutible, no porque no sea una maravilla, sino porque en la dilatada carrera del genio polaco es fácil encontrarse con otros trabajos que igualan e incluso superan a este “Solaris” que parece ensombrecer, en fama, algo injustamente al resto.

En esta conocida historia, en la que un equipo cinetífico intenta inutilmente contactar con una inteligencia alienígena con forma de oceano viviente, asoman todas las preocupacines y obsesiones de Lem, escéptico donde los haya: ¿Cómo vamos a comunicarnos con otras civilizaciones si no sabemos relacionarnos entre nosotros?¿Cómo vamos a conquistar el espacio si la inteligencia y los conocimientos humanos tienen techo? Si cómo reflexiona el protagonista, “el hombre se había lanzado al descubrimiento de otros mundos y otras civilizaciones, sin haber explorado integramente sus propios abismos, ese laberinto de oscuros pasadizos y cámaras secretas, sin haber penetrado en el misterio de las puertas que él mismo ha condenado”.

Porque, como toda gran novela de ciencia ficción, “Solaris” de lo que nos está hablando es de la defectuosa condición humana, de sus anhelos y de sus deseos de trascendencia, que están condenados de antemano al más rotundo fracaso.

El hombre es un ser insignificante en el universo y pensar que puede controlarlo o dominar su destino es una esperanza absurda. Casi siempre por boca del extravagante pero lúcido Snaut, Lem nos dice que el progreso tecnológico no ha hecho avanzar sustancialmente al hombre, ese que es capaz de crear, a veces involuntariamente, todo tipo de monstruos.

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“El lunes empieza el sábado” Arkadi y Boris Strugatski

Somos unos racionalistas ingenuos, pensaba. Unos racionalistas. Queremos que todo se explique inmediatamente de manera racionalista (…) Pero ninguno de nosotros tenemos ni pizca de dialéctica. A nadie le pasa por la cabeza que entre los hechos conocidos y ciertos fenómenos puede haber un mar de cosas desconocidas, por lo que declaramos que el fenómeno nuevo es sobrenatural y, por consiguiente, imposible.” (pág 79 )

La contramoción, por definición, es el movimiento en el sentido contrario. (…) Vive desde el futuro hacia el pasado” ( pág 333 )

No soy lector del género de ciencia ficción. Sin embargo he disfrutado muchísimo con esta novela escrita en los años 60′ en la Unión Soviética, una novela de título curioso y enigmático, “El lunes empieza el sábado”, editado por Nevsky Prospects, con prólogo de Sofia Rhei y traducción de Raquel Marqués García. Una novela que combina un humor de lo más absurdo, con fantasiosos, o no, elementos mágicos, y ciencia de lo más incomprensible – aunque no después de leer este libro – con un toque Fringe de lo más apasionante. Palabra.

Son las peripecias del camarada Privalov, científico de primera o aprendiz de mago, según donde se mire, pues los hermanos Strugatski  (Arkadi, 1925-1991; y Boris, 1933- ) nos proponen un mundo en el que ciencia y magia están separadas por una tenue frontera que no siempre acaba de estar siquiera delimitada. ¿Donde acaba una y empieza la otra?¿No es la ciencia magia y al revés?¿Qué es la ciencia a ojos de alguien que está a años de luz de comprenderla sino magia?

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