Capitán Conan de Roger Vercel

Hace años vi la película de Bernard Tavernier basada en la novela de Roger Vercel y salí del cine encantado, tanto con la historia como con las escenas de guerra. Y hace tan sólo unos días la leí. Puede que la fascinación que siento por la Primera Guerra Mundial y el período de entreguerras hagan de mí su perfecto lector, pero aun así considero que es una obra magnífica, y que merece la pena dejar unas líneas por si pudiesen animar a alguien a su lectura.
Vercel narra lo que vivieron los soldados franceses los meses posteriores a la firma del armisticio en el frente rumano y en el búlgaro, con constantes alegatos pacifistas en las numerosas críticas a la sin razón de la idiosincrasia del mundo del ejército y su mayor expresión, la guerra. Es cierto que no es una novedad en este género, como tampoco lo es el tema central que articula la obra, la toma de contacto con un mundo en tregua pero destrozado.
Nos presenta tres tipos de personajes, los civiles uniformados de militares para la ocasión, clase a la que pertenece el teniente Norbert, narrador de la historia; los militares de carrera, nacidos para servir en el ejército; y una clase de hombres disfrazados de civiles en tiempo de paz, auténticos guerreros. Con la llegada de la Paz cada uno buscará su sitio con mayor o menor fortuna, y es en este punto donde la novela es exquisita, ya que muestra una especial sensibilidad para aquello que espera a cada uno de los que pasaron años enterrados en trincheras. La desorientación del que queda en tierra de nadie, sin saber quién es, ni para lo que vale. El teniente Conan, que ascenderá a capitán, es el prototipo de esa tercera clase de hombres, la menos numerosa pero la más efectiva, la que ganó la guerra casi exclusivamente por conseguir contagiar en el enemigo el peor de los sentimientos, el miedo absoluto. Una clase de soldado que jamás podrá reintegrarse en un mundo nuevo que un día exigió de ellos la deshumanización. La amistad de Norbert y Conan, casi imposible fuera de la vida militar, presenta esa dualidad tan atrayente entre racionalidad e instinto animal, y aun siendo caracterizados casi con mayúsculas nunca dan la sensación de ser personajes exagerados para el propósito del autor.
La maravillosa novela de Remarque, Sin novedad en el frente, tiene una segunda parte muy poco conocida, Después, que muestra la desubicación de los soldados al terminar la guerra pero desde el otro bando, el de los vencidos. En mi opinión, no puede compararse a lo que consigue Capitán Conan, pero aun así transmite ese espíritu desolado que acompañó a la generación que, aun mutilada, debía rehacer los destrozos y que terminó siendo ingrediente esencial en el caldo de cultivo en el que se gestaría el nazismo.
Tan sólo decir que en estos años en los que tanto la narrativa como el ensayo bélico
están en constante alza, casi tanto como el “thriller histórico”, es justo no olvidar este tipo de novelas.

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