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“Ocho escenas de Tokio” Osamu Dazai

Este es el segundo libro de Osamu Dazai, tras la novela “Indigno de ser humano”, editado por Sajalín en su colección Al Margen, una recopilación de nueve cuentos que toma su título del relato más largo, y que fueron escritos entre 1936 y 1948 año, en el que el autor cometió ese suicidio anunciado ya en tantos de sus escritos.

Con un marcado tono autobiográfico, Dazai deja constancia de su alma autodestructiva y atormentada, ajena al Japón imperial que asoma como telón de fondo y que tanto le rechazó y persiguió.

Nueve historias que recogen anécdotas, impresiones, reflexiones que tienden a la depresión y que, casi contradictoriamente, están repletas de vida, al menos algunas de ellas. Mi relato favorito es “El sonido del martillo“, una pieza oscura y pesimista, vagamente sobrenatural, escrita con gran precisión e intensidad ( esa  lúcida y tan actual descripción de los políticos ) que guarda conexiones con el mismo Haruki Murakami.

Sus adicciones a los calmantes y, especialmente al alcohol, también son constantes en estas  piezas. Véase por ejemplo en el tragicómico “La mujer de Villon”, y aunque relatos como “Femenino” no pasan de ser curiosidades correctas, el nivel es más que apreciable, y hay títulos como “Demonios apuestos y cigarrillos” para demostrarlo. Irónicamente, la frase que más me ha impresionado de todo el libro, se encuentra en este relato, y no  pertenece a Dazai sino a Válery, pero el escritor nipón la encaja sabiamente en su narración, donde asola esa desolación, ese sinsentido de la vida y del mundo tan indiferentes a él.

Sajalín ha vuelto a esmerarse con este libro de lectura rápida, pues son todo un acierto las fotografías que abren cada cuento de este bohemio al que, por desgracia, pesaban más sus demonios autodestructivos que su lado más hedonista y frívolo, pero que siempre hizo notar su sensibilidad y su admiración por toda forma de belleza, algo que ya delatan alguno de los títulos aqui incluidos.

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“Pregúntale al polvo” John Fante

Esta estupenda novela, que forma parte del cuarteto que John Fante dedicara a su álter ego Arturo Bandini, está considerada como su obra maestra y es indiscutible la grandísima influencia que ha tenido en muchos escritores posteriores. Los más evidentes son, sin duda, Charles Bukowski – que se encarga de un ilustrativo prólogo donde cuenta, con su franqueza habitual, como este libro significó para él algo así como un oasis en medio del desierto – y su hijo Dan, cuyo libro “Mooch” tiene una similar historia de amor tormentosa a la que se narra en “Pregúntale al polvo”.

Bukowski es algo así como un hijo bastardo de Fante, y los dos lo son de la ciudad de Los Ángeles, no Los Ángeles del glamour y las estrellas de Hollywood, sino del de los pobres, de los desheredados, de una ciudad de callejones sucios y moteles sórdidos habitada por todo tipo de personas en situación precaria o al borde del abismo. Sin embargo, también hay que dejar constamcia de que tienen tantas similitudes como diferencias: el alcohol no tiene un papel tan preponderante en Fante padre ( si en hijo ), su estilo es más elaborado y Arturo Bandini es más cínico, más egocéntrico y hasta más chulo que el discreto y alcohólico por elección propia Henry Chinasky. También es más dado al humor negro, más activo y hasta más arrojado.

En todo caso pertenecen a esa serie de escritores que nos narran y describen la auténtica cara de Los Ángeles, junto a a escritores tan dispares como Edward Bunker, James Ellroy o el propio Dante Fante.

Y el estilo vívido, fresco, audaz de John Fante es lo que hace que este libro sea tan especial, un buen ejemplo de que, a veces, el como se cuenta una historia vale más que ésta en sí, porque la que narra la novela es algo vulgar. vulgaridad que el autor trasciende con su energía, sus dotes de observación social, los elementos más “freak” de la trama, sus reflexiones, su constante ironía y ese lírico final tan bonito, triste y conmovedor a la vez.

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“A cool million. Desmontando a Lemuel Pitkin” Nathaniel West

La editorial Gallo Nero ha publicado la tercera de las cuatro novelas que escribió Nathaniel West antes de morir en un accidente de tráfico que truncó la que podía haber sido una de las carreras literarias más grandes del siglo XX.

Publicada en 1936, esta delirante comedia, trepidante, concisa y desesperada, podía haber sido escrita ayer mismo, ya que su contenido es, tristemente, de lo más actual.

Feroz diatriba contra el sistema capitalista y el engañoso sueño americano, ese que solo alcanzan unos pocos y deja en la cuneta a millones, “A cool million” está ambientada en los Estados Unidos de la Gran Depresión que a tantos dejó en la pobreza más extrema, y su contenido se puede extrapolarfácilmente a la crisis-estafa actual.

En este pequeño clásico, impregnado de una ácida ironía que en ocasiones desemboca en auténticos e hilarantes momentos de humor negro, no se salva nadie.

Con una trama disparatada que realza todo lo absurdo y estúpido que tiene el sistema en la vida real, West describe todo un amplio catálogo de personajes que representan la ruina de un país: banqueros sin escrúpulos, policías de violencia fácil, sudistas tarados, racistas de todo tipo, políticos demagogos y populistas que caen en el fascismo ( ¿ una metáfora de los nazis? ) y un largo etc con agentes comunistas de por medio. El que más llama la atención es ese xenófobo y antisemita expresidente, dispuesto a recuperar la esencia del estadounidense medio aunque sea a costa de pasar por encima de él. Toda una acertada caricatura que, en el fondo, no resulta nada exagerada y sí perfectamente realista.

Llena de inventiva y de situaciones inesperadas, con algún altibajo, cuando uno lee sobre casas hipotecadas, familias desahuciadas, bancos que se enriquecen con el dolor ajeno, estafadores varios, violencia racial y toda la amplia gama de desgracias que le ocurren al ingenuo, manipulado y algo tonto Lemuel Pitkin del título, tiene la molesta sensación de “dejà vu”. ¿ Tan estúpido es el ser humano que, unos 80 años después, seguimos estando en la misma situación?¿Cometiendo una y otra vez los mismos errores a mayor gloria de un sistema canibal en el que sólo cuentan realmente los beneficios y no las personas?

Si Nathaniel West resucitara tengo serías dudas sobre lo que haría: si pegarse un tiro, pegarle unos cuantos a los demás a modo de catarsis, o, lo más probable, se partiría de risa hasta volver a morir en la mejor tradición de humor de los Monty Python, visto el panorama, tan parecido si no peor al que tan bien describió. Resultaría de lo más lógico y coherente. Porque escribir libros y avisar de los peligros que se ciernen sobre nosotros, se está revelando, salvo para unos pocos, como algo completamente inútil.

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“Tormenta de Espadas. Canción de hielo y fuego” Autor: George R. R. Martin

La tercera entrega de la gran saga “Canción de hielo y fuego” es, por el momento, la de más extensión y, por lo tanto, teniendo en cuenta la densidad de sus predecesoras, un trabajo repleto de matices, tramas, subtramas, vericuetos inesperados y todo tipo de giros argumentales que la hacen tan apabullante que resulta casi agotadora y grandiosa en muchos fragmentos.

Hay que resaltar que, pese a sus obvias deudas y homenajes a Tolkien y a que George R. R. Martin haga gala de algunos recursos y hasta de algunas trampas similares a la de “El señor de los Anillos” ( todas esas falsas muertes ), el creador de “El sueño del Fevre” ha creado una obra muy personal, con un estilo directo muy definido, una temática mucho más profunda y ambigua que huye del maniqueismo y que se anticipó al boom cinematográfico de Peter Jackson, quien volvió a poner de moda el subgénero de “Espada y brujería” en su vertiente más light.

Con Martin, los cursis Merry y Pippin hubieran acabado despeñados por un acantilado. A Legolas le hubieran arrancado los ojos y la cabellera, y al plasta de Sam lo hubieran sodomizado una banda de orcos salidos. Casi “por culpa” de este escritor mi aprecio por la saga tolkeniana y sus versiones en el cine ha descendido porque, involuntariamente, pone de manifiesto sus limitaciones.

El tono más adulto, más maduro, menos bonachón, de Martin brilla especialmente en la descripción psicológica de los peronajes: son más humanos y reconocibles en sus muchas debilidades, en sus paranoias, en su desmedido afán de poder, en su inagotable sed de codicia, en sus lealtades casi absurdas y sus traiciones. Es fácil comprender al personaje que odiabas varias páginas antes y el que parecía tan simpático y positivo de repente te enseña un lado monstruoso completamente verosímil.

Y ese tal vez sea el principal acierto de Martin: que en un mundo de fantasía regido por la superstición, ha creado una larga serie de personajes inolvidables que recrean perfectamente las emociones universales del ser humano hasta tal punto que los pocos defectos de la saga apenas importan.

Algunos desprenden tanta fascinación y carisma que, por ellos solos, ya justifican este libro que pasa limpiamente de las mil páginas. También puede verse como una desmitificación brutal de los viejos libros de caballerías y es que Martin no se frena a la hora de tratar la violencia salvaje que impregna a los conflictos y guerras y   que es otra de las grandes virtudes de la saga, cuanto más excesiva mejor, véase los guerreros a los que llaman “inmaculados” que aparecen en la historia de Daenerys ( tal vez mi personaje favorito ) y que probablemente, desconcierte y hasta ofenda a más de un lector.

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“La cruz de hierro” Willi Heinrich

Esta novela de 1955, tardíamente editada en España, fue llevada al cine en 1977 por Sam Peckinpah, dando lugar a una de sus grandes películas, admirada por el mismo Orson Welles, muy infravalorada en su momento y hoy reivindicada por muchos como uno de los mejores films bélicos de la historia.

Puede que en algún aspecto técnico haya sido superada por el tiempo, pero en mi opinión, es una de las obras mayores, junto a “Grupo Salvaje” y “Pat Garret y Billy the Kid” ( en el montaje del director que aqui se vió por primera vez en 1990 ) de Peckinpah, que contó con actorazos como James Coburn, Maximillian Schell, David Warner o James Manson, un guión que le dió más de un quebradero de cabeza y que difiere sensiblemente del libro, donde participó uno de los responsables de “Casablanca“, entre otros profesionales, y con una producción donde también participó un antiguó veterano alemán de la batalla de la Cabeza de Puente de Kuban de 1943 – donde fue herido -, batalla durante la que transcurre tanto el libro como la película.

Para los que admiramos el film de Peckinpah y nos lo sabemos casi de memoria, es normal que sus imágenes y diálogos vengan a nuestra mente al leer un libro que, en esencia, nos está contando lo mismo de una manera muy diferente.

Willi Heinrich, veterano herido cinco veces, traza una novela introspectiva, a ratos intimista, donde los personajes priman sobre los acontecimientos. Se toma su tiempo para narrar los hechos e interiorizar los diversos puntos de vista de unos soldados atrapados en la citada Cabeza de Puente, uno de los numerosos disparates estratégicos que cometió el mando alemán en el frente del Este y que costó miles de vidas en ambos lados y que casi parece relegado a un segundo plano en la historia.

Con la derrota ya a la vista y como en tantas novelas alemanas que transcurren en dicho frente, sus protagonistas son seres desesperados que se saben condenados a muerte de antemano y cuyas condiciones de vida contrastan brutalmente con el de sus superiores.

Mientras éstos dialogan filosóficamente, sus hombres mueren de una manera atroz y aunque tal vez la novela no sea tan nihilista y misántropa como la película, es palpable el sentimiento de impotencia y asco que despende. El mensaje también es más claro en el film y Heinrich deja que todos sus personajes expongan sus razones, pero las que prevalecen son las del individualista Steiner, un hombre ferozmente antiautoritario, que choca constantemente con todos los que le rodean y cuyo enfrentamiento con el capitán Stransky, un prusiano de la vieja guardia, obsesionado por ganar la Cruz de Hierro del título español, define ambas obras.

Steiner, un hombre que probablemente ya detestaba al ser humano antes de la guerra, más solitario y brutal en la novela, es uno de los personajes más carismáticos y arrolladores que uno se ha encontrado en la literatura bélica. Individualista inexpugnable, su pensamiento demuele toda filosofía, ideología o religión creada por el hombre. No sólo detesta a Stransky, sino también al Teniente Coronel Strauss que siempre le protege. Esto no es sólo una forma de cabezonería. Steiner es consciente de que sus auténticos enemigos no son los rusos sino quienes lo han puesto en la situación de matar o morir, y no sólo los nazis, de los que se habla de una manera muy secundaria, sino sobre todo de esos militares siempre dispuestos a sacrificarse estúpidamente por la patria, como si hubiese gloria o principios en ello.

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“Fiasco” Stanislaw Lem

Probablemente, las obras de fición más conocidas sobre el contacto humano con una civilización extraterrestre sean las películas de Steven Spielberg “E.T. El Extraterrestre” y “Encuentros en la tercera fase”, esas que han sido homenajeadas recientemente en films como la comedia “Paul” o, sobre todo, en el último producto de J. J. Abrams, “Super 8″. Los dos taquillazos del rey Midas de Hollywood coinciden en una visión benévola, algo simplista, comercial y accesible, contraria a ese indiscutible drama familiar que es, en el fondo, su adaptación de “La guerra de los mundos” de H. G. Wells.

Todo esto viene a colación por esa reivindicación de los años 80 que se está dando desde distintos mundos de la cultura popular. Reivindicación de unos productos y unos valores que son la antítesis de lo que representa esta novela del maestro STANISLAW LEM. Publicada en 1986, uno de sus últimos trabajos, y que tanto en el fondo como en la forma resulta completamente antispilbergiana.

No hace mucho que el científico Stephen Hawking afirmaba que un eventual contacto con alienígenas inteligentes sería, casi con seguridad, un fracaso. Un fracaso que podría tener consecuencias devastadoras. Es esta linea la que sigue LEM, a la que sus lectores ya están acostumbrados con títulos como “Solaris“, “Eden” o “El invencible”, y sin duda una de sus constantes temáticas más recurrentes.

Ya he comentado en otras críticas que para LEM, como para el filósofo Wittgenstein, la inteligencia humana tenía un techo, un límite que no iba a poder trascender la tecnología, porque ésta, como también afirmaba el cineasta David Cronenberg en una memorable entrevista a Eduardo Punset, era completamente humana, un producto resultante del hombre y, por consiguiente, completamente viciada por sus defectos.

Fiasco” es una obra compleja, tensa y claustrofóbica, que nos presenta al ser humano como un destructor galáctico. Una de las grandes ideas que sunyace en esta espléndida y pesimista novela es que la inteligencia y la crueldad son inseparables. A donde quiera que vayamos llevaremos esta violencia con nosotros y si nos encontramos con otra inteligencia, cuidado, puede ser como la de los Quintanos del libro, más dedicados a autodestruirse que a la cooperación, una cooperación a la que sólo recurrirán para echar al intruso humano.

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“No hay bestia tan feroz” Edward Bunker

La primera referencia de la estupenda colección “Al margen” de Sajalín Editores fue el impecable e implacable debut del convicto Edward Bunker, y es hasta el momento, uno de sus libros más exitosos, puesto que lo he leído en su sexta edición.

Publicado en 1973, fue escrito, al menos en parte, en la cárcel y el éxito de ventas pilló a Bunker nuevamente en esta institución donde pasó al menos 20 años de su vida.

Un libro adelantado a su tiempo, que poco o nada tenía que ver con el resto de la literatura negra o criminal, y que hace gala de una épica y de una moral que es todo lo contrario a la que rige en la sociedad moderna.

Ya en el prefacio, James Ellroy advierte de que Max Dembo, el personaje central, no tiene concesiones ni justificaciones de cara a la galería. Habría que añadir que tampoco hay una previsible redención. Es un hombre orgulloso de ser un ladrón, que se ha convertido en un criminal porque la sociedad, desde niño, no le ha dejado otra opción.

Libro con fuertes tintes autobiográficos, llama la atención el brutal, dinámico, atraco a la joyería narrado con gran ritmo y con una violencia chocante. En la ficha del autor, se hace notar su labor como actor en “Reservoir dogs” de Tarantino y como asesor en “Heat” de Michael Mann, y lo cierto es que los dos atracos que tienen lugar en dichos y brillantes films están claramente influenciados por el de esta novela, aunque los dos cineastas lo tienen como un punto de partida que luego llevan a su propio terreno. Irónico que en “Heat” salga Danny Trejo, antiguo compinche carcelario de Bunker, ejerciendo su antiguo “oficio”.

“No hay bestia tan feroz” es un libro duro, reflexivo, que retrata con crudeza a una sociedad cuya violencia y miseria engendra criminales, esos que luego mete en la cárcel, esos que son una creación suya que delata todos sus errores y lados oscuros. Bunker denuncia eso sin caer en el maniqueismo ni en el panfleto facilón, narrándolo con la sequedad que le hacen reconocible. Y sobre todo con una gran precisión. Una gran precisión que le sirve para describir a esos criminales personajes y para hacer gala de una lucidez vital desesperada que enmarca una visión atea y nihilista tanto del mundo como de la existencia, y para asi mismo, contar una gran historia. Sabido es que su cociente de inteligencia ( asi como su nivel cultural ) era muy superior a la media y cada página de este excelente libro delata esa condición. Especialmente la amarga, tremenda reflexión final.

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Reseña de HHhH de Laurent Binet

¿Quién fue Heydrich? El jefe de la temible SD alemana, el números dos de Himmler, el hombre que estuvo detrás de “la noche de los cuchillos largos”, “la noche de los cristales rotos”, la creación de los “einsantzgruppen” que mataron a más de un millón y medio de personas en Rusia, el principal instigador de la “solución final”, el hombre que convirtió Checoslavaquia en un infierno, donde casi aniquila a su movimiento de resistencia, y así, un macabro etc…

En definitiva uno de los personajes más siniestros del ya de por sí siniestro nazismo, quien se diferenciaba de muchos de sus colegas en que no era otro simple matón con poderes, sino una persona inteligente, cultivada y tan implacable que hasta su jefe le tenía miedo.

Afortunadamente, y como ya es sabido gracias en parte a tantos libros de historia y novelas que tratan el tema, fue asesinado en Praga a mediados de 1942 por paracaidistas checos enviados por el gobierno libre de su país residente en Londres.

Como ya he dicho, este tema ha sido profundamente tratado y parece mentira que hoy, en este país, no se pueda encontrar una de las muchas biografías sobre este personaje u otros libros históricos o novelas que tratan el famoso atentado. Lo que sí se puede encontrar es este cruce entre ficción y realidad que es el libro del debutante Binet, tan bien tratado por la crítica, especialmente la francesa. El libro tiene algunos aciertos, sobre todo al inicio, y muchos defectos. Me voy a centrar en los segundos por varias razones.

1.- Por no hacer la reseña demasiado corta

2.- Porque dichos aciertos se limitan a lo que Binet ha sacado de otros libros

3.- Porque para encontrar elogios a “HHhH” ya hay docenas de críticas

4.- Y porque sobre todo me parece uno de los peores trabajos que en leído en mucho tiempo

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“Dios no existe” Autor: Christopher Hitchens.

Título:“Dios no existe” Autor: Christopher Hitchens.

 

“Si Dios existiera, habría que abolirlo”, afirmaba  Bill Hicks.

Hitchens, autor de libros de éxito como “Dios no es bueno” o ese ataque a la madre Teresa, que por desgracia permanece inédito en este país y que responde al titulo de “ The missionary position: mother Teresa in theory and practice”. Ha reunido en esta antología textos de grandes pensadores, filósofos, novelistas o científicos, contrarios a la religion y a todo el horror que ha representado en la historia, especialmente monoteísta, ya sea cristiana, musulmana o judía y que se declaran ateos o agnósticos.
De Lucrecio hasta la “ Infiel Ayaan Hirsi Ali, Hitchens ha realizado una notable labor de selección. Él se encarga del prefacio y de una eficaz introducción a cada autor y lo mejor que se puede decir de este magnífico, necesario libro, es que puede que sea ideal para el no creyente, pero que lo es más aún para cualquier creyente con dudas o contrario a muchas posturas de su religión oficial. Es además una inmejorable introducción a grandes obras de la humanidad y puede servir para descubrir a no pocos escritores de gran valía que realmente piensan por si mismos y razonan con suma elocuencia.
“Dios no existe” no es una obra redonda, personalmente creo que el fragmento que ha escogido Hitchens del extraordinario “ El espejismo de Dios” de Richard Dawkins es el episodio que menos me interesa de ese gran libro y sobran los extractos de las novelas de Joseph Conrad o George Orwell. Este último, de hecho se puede interpretar como lo contrario de lo que Hitchens dice representar pero casi todo lo demás raya a gran altura.
Es un alivio confirmar que aún en las mayores épocas de oscurantismo, superstición, crueldad y estupidez humana siempre hubo gente como Spinoza o David Hume que representaron y defendieron la luz y la razón tan perseguidas por los intolerantes religiosos de turno. Los mismos que hoy amenazan a Rushdie ( conmovedora su carta aquí incluida), manipulan las palabras de Einstein ( muy esclarecedoras y contundentes sus opiniones antireligiosas aquí recogidas) o rechazan ahora a Stephen Hawking. Los que un día creen en la existencia del limbo y al día siguiente cambian de parecer. Los que no se han dado cuenta de las palpables falsedades, manipulaciones y contradicciones que están incluidas en la biblia y en el Corán. Los que no tienen una opinión propia y se tragan el dogma de turno sin cuestionar, dudar o preguntar, ignorando lo que dijo Santo Tomás de Aquino “Temo al hombre de un solo libro”. Algunas aportaciones como la de la propia Hirsi Ali están realizadas expresamente para este libro. Es muy relevante la carta incluida del mismísimo H.P. Lovecraft ( “ Yo personalmente soy intensamente moral e intensamente irreligioso”). Los demás textos aúnan una ferocidad y una inteligencia sin concesiones y no faltan ilustres en estas lides como Sam Harris, Bertrand Russell, Victor Stenger o Steven Weinberg.

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“El intendente Sansho” Ogai Mori

La editorial Contraseña ha editado esta pequeña colección compuesta por seis relatos de uno de los padres de la literatura moderna japonesa, Ogai Mori, que sigue siendo un semidesconocido por estos lares.

Escritos entre 1910 y 1916 incluye el cuento que da nombre al libro, que dio lugar al film del mismo título del reputado cineasta Kenji Mizoguchi, y que es considerado una de sus obras mayores y hasta, por algunos críticos, una de las mejores películas de la historia del cine.

Englobados en el género histórico, Ogai Mori retrató a una sociedad que se debatía entre las tradiciones y la modernidad, donde las primeras acabarían absorbiendo a la segunda para configurar un imperio extremista que se derrumbó con la II guerra mundial, algo que el escritor no llegó a ver, quien en su epitafio dejó constancia de su animadversión por un país que ahogaba las libertades individuales.

El polifacético narrador, que tuvo una vida con dos guerras incluidas y sufrió el destierro, como bien cuenta Carlos Rubio en su largo e ilustrativo prólogo, hace gala de grandes dotes de observación social, pero su enfoque puede resultar para un lector medio del siglo XXI, algo ingenuo, una ingenuidad ( humanismo dirán otros ) que contrasta con los terribles hechos que narra en algunas piezas.

Mi favorita es “El barco del río Takase”, una reflexión madura y nada maniquea sobre la ambigüedad de las leyes y la justicia, relato que parece dejar la última palabra al lector. Por debajo de este cuento colocaría a “Sarazuki”, breve anécdota simpática o el inferior “La señora Yasui”. “El intendente Sansho”, no sólo el relato que da nombre al volumen, es un general un libro apreciable, de innegable valor histórico, con el que he conectado con la visión sobria y discreta, puede que excesivamente discreta, de Mori.

Cualquier aficionado de la literatura nipona o seguidor del film de Mizoguchi hará bien en leer estos cuentos, que junto al resto de la obra de Mori, se han convertido en un pilar básico de su cultura, algo innegable por la evolución que ha tenido ésta.

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