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“Curiosidades del cine” Richard T. Kelly

La editorial MA NON TROPPO publica este agradable libro que puede ser visto tanto como una continuación de “Sólo para cinéfilos”, como un trabajo independiente pese a que ambos originalmente procedan del mismo libro, dividido en nuestro país en dos partes.

Con episodios como “Diez grandes funerales”, “Diez grandes películas norteamericanas hechas por no norteamericanos” o el estupendo “Diez grandes utilizaciones de la poesía en el cine”, a cargo de Paul Farley, nos encontramos ante un libro de lectura rápida que funciona como una declaración de amor al cine, con algunos toques mordaces de por medio.

Y todo ello a cargo de un numeroso grupo de críticos, novelistas y directores donde llaman la atención los nombres de Georges Pelecanos, el autor de “El jardinero nocturno” y cineastas como Kevin McDonald o el creador de una película tan hermosa como “Después de una noche” de Mike Figgis, del que muchos admiran su depresivo film “Leaving Las Vegas”.

Es particularmente interesante leer la lista de diez grandes thrillers políticos de McDonald, escrita poco antes que él mismo dirigiera precisamente uno, “La sombra del poder” ( el libro data de 2007 ), y la irregularidad de este tipo de trabajos de compensa con ritmo, con muchas anotaciones curiosas o que aportan cosas nuevas ( ahí resulta muy divertida la novelista Mavis Cheek con su comentario sobre “Rey de Reyes” ).

El capítulo dedicado a las drogas, a cargo del propio Richard T. Kelly contiene algo de moralina. El que realiza Geoffrey McNabb sobre el gran Paul Verhoeven, no queda claro si es una reivindicación o un ataque hacia el cineasta holandés. Hacer notar el de Matt Thorne con su “Diez lances imprevistos al final”. ¿De verdad no ver venir el final de la reivindicalble “El corazón del Ángel” de Alan Parker donde Robert de Niro interpretaba a Lou Cypher?¿O el de “Sospechosos habituales o el de “The game?

Pero éstos son los menos y gente como el mencionado Farley, las grandes reflexiones de Ian Christie o Kaleem Aftab, elevan el nivel del libro, que claro que sí, reconoce que el mejor final de la historia del cine es el de “Grupo salvaje”. Claro que mejor que el final es la matanza previa, tal vez la mejor secuencia de acción a su vez, aunque más que esa mítica escena me gusta su preludio, sobre todo cuando William Holden le dice a Warren Oates: “vamos” y el otro lo mira y contesta: “¿Por qué no?”.

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“Testimonio en Chicago” Allen Ginsberg

En 1968 una acampada contra la guerra de Vietnam en Chicago fue violenta y exageradamente reprimida. A pesar de que las investigaciones oficiales echaran la culpa a la policía, el posterior juicio a los cabecillas pacifistas fue una pantomima burdamente manipulada y sin precedentes, en especial por la grotesca actitud del juez Hoffman, algo irónico si se tiene en cuenta que él acabó defendiendo el libro “El almuerzo desnudo” de Burroughs cuando dicha obra fue llevada a los tribunales por obscenidad.

Burroughs precisamente fue uno de los que acudieron a la concentración pacifista junto a escritores como Norman Mailer, que dedicó su notable “Los ejércitos de la noche” a un suceso similar ocurrido un año antes, Jean Genet o Allen Ginsberg, que fue un testigo de la defensa en el mencionado juicio.

Gallo Nero publica este trabajo que no es exactamente un libro del famoso poeta. Está dividido en tres partes. La primera, a cargo de la reputada periodista italiana Fernanda Pivano, conocida por sus trabajos sobre Charles Bukowski, es un prólogo que sirve de contexto a la segunda parte, los extractos, no completos pero de indiscutible interés, del testimonio de Ginsberg en el juicio.

En ellos se puede leer al poeta recitando algunas de sus obras incluidos algunos fragmentos de su más famoso poema, “Aullido“, y comprobar la vergonzosa actitud tanto del juez como de la acusación, así como de algún alguacil presente en la sala: alucinante el momento en que el escritor empieza a entonar un Mantra y uno de los agentes de la ley, ignorante como pocos, está a punto de desenfundar su arma.

La tercera parte es un artículo de Jason Epstein aparecido en el “New Yorker review of books” en 1970, donde denuncia la farsa del juicio y hace una valiosa, aún con algunos puntos discutibles, reflexión sobre la libertad de expresión.

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“Río masacre” René Philoctète

Barataria publica este recomendable libro, obra de un autor haitiano semidesconocido por estos lares, ambientada en 1937 cuando el dictador Rafael Trujillo perpetró una matanza de tintes racistas, xenófobos y hasta clasistas, entre los haitianos que trabajaban en la República Dominicana, todo ello con la pasividad cómplice del gobierno de Haití.

Entre 6000 y 10000 personas fueron decapitadas en esta especie de limpieza étnica, una masacre que fue la punta del iceberg de las atrocidades que cometió el sanguinario tirano y que no tuvieron más trascendencia, en parte porque no ocurrieron en Europa.

El libro de Philoctète retrata, con su lenguaje poético y rico, en el que la belleza y el horror están intimamente entrelazados, el nacionalismo de Trujillo y sus secuaces ( todos los estamentos oficiales del país, incluida la iglesia ), como todos los nacionalismos: convencidos hasta el fanatismo que son superiores al resto del mundo, de que su cultura, el color de su piel y su religión son las únicas e indiscutibles, creando a través de sus medios de propaganda, un enemigo impostado, cometiendo todo tipo de crueldades enfermizas que muchas veces tienen su origen en complejos de inferioridad y en unos miedos hacia el diferente, profundamente arraigados en lo más hondo de sus mentes ávidas de control y poder.

No es casualidad que el escritor, testigo directo de la historia del país más machacado de América ( y ya es decir ), utilice estas continuas referencias a otros dictadores como Hitler, Franco o Mussollini, en ese noticiero radiofónico que, con frívola alegría incita a la masacre entre anuncio publicitario y noticias internacionales.

Si el horror lo pone Trujillo y ese gobierno de Haití completamente indiferente a la suerte de sus compatriotas, con ese fragmento pletórico de simbolismo que tan bien los define, la belleza la pone, en una auténtica fiesta de las palabras, llena de colores y poderío visual, si bien no siempre se entiende por aquello de las diferencias culturales, el propio Philoctète y la historia de amor de sus dos protagonistas que demuestran, una vez más, que ni todos los Trujillos del mundo podrán acabar nunca con lo que más odian.

El estilo del escritor, que guarda ciertas conexiones estéticas e ideológicas con el gran Eduardo Galeano, se engloba en un movimiento literario, el espiralismo, del que fue uno de sus fundadores: un estilo que rompe y transgrede no sólamente la narrativa convencional sino que, con una fuerte carga de lo que podría mencionarse como una suerte de surrealismo, parece alejarse del realismo para redefinirlo desde una óptica distinta, exuberante, con todo lo bueno y todo lo malo de la raza humana y que, en algunos momentos, puede llevar a cierta confusión.

Con sus altibajos, “Río masacre” es un libro c0n una gran carga de sabiduría, que refleja, con suma precisión, lo más bajo, abjecto y ruín de este mundo, que son, obviamente, todos los Trujillos del planeta y todos los que los apoyan, que por desgracia, da la impresión, en el libro, de que es buena parte de la humanidad, encerrada en sus prejuicios, supersticiones e ignorancia, y nada deseosa de superar estos lastres a veces tan criminales.

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“El caníbal” John Hawkes

Libros del Silencio edita la primera e influyente novela de John Hawkes, traducido por Jon Bilbao. Publicada en 1949, marcó a escritores como Thomas Pynchon y fue una demostración, no perfecta pero palpable, del precoz y maduro talento de su joven autor.

Tras la II guerra mundial, en una pequeña y devastada ciudad alemana, siguen yacentes los fantasmas del nazismo que mantuvieron alienada a la nación. Si la estupenda “Compañía K” de William March, está considerada “una antología de la consternación”, en acertadas palabras de Christopher Morley, esta cruel “El caníbal”, puede ser perfectamente calificada como una antología de la desolación, donde las más elementales leyes han saltado hechas pedazos, y lo peor del ser humano campa a sus anchas en un marco de destrucción y primitivismo.

Con toques sobrenaturales y con un ritmo un tanto premioso, “El caníbal” fue una novela adelantada a su tiempo, de una rotunda modernidad, y esto es una impresión muy personal, Hawkes hizo gala de un estilo que comparte muchas semejanzas con un lenguaje cinematográfico posterior, especialmente en esa narrativa paralela donde, al mismo tiempo, vemos lo que están haciendo distintos personajes o esos pequeños saltos en el tiempo que se asemejan a las elipsis fílmicas.

Un estilo rupturista que sirve para realizar aún más el enfoque coral de la historia si bien algunos de sus personajes están algo indefinidos y los episodios que transcurren en el pasado no tienen el mismo poder de fascinación que los que se ambientan en esa ciudad destruida, magistralmente descrita por Hawkes.

En esos fragmentos de la “gran guerra”, Hawkes abusa de las descripciones y parece centrarse más en el estado anímico de los personajes. Pero pronto esta dinamica es abandonada, alza el vuelo con no pocos momentos memorables, y cuando vuelve a la misma ciudad, ahora ya en la posguerra, el alto poder de fascinación se mantiene.

Es un libro que hay que esforzarse para entrar en él, pero se trata de una pequeña joya, contundente y negra como el carbón, que recompensa al lector paciente y valiente que navega por sus turbias y peligrosas aguas.

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“El Barça. Del fútbol total al fútbol cuántico” Sandro Modeo

Ediciones Alfabia publica este notable y singular libro escrito por el mismo autor de “José Mourinho. Veni, vidi, vinci”, cuando el F. C. Barcelona de Guardiola tenía 12 títulos, que luego serían 13 tras esa exhibición histórica ante el Santos brasileño que tantas ampollas ha levantado en el país carioca.

“Un libro de Fútbol que no es como los demás” pone en la contraportada. Que el prólogo sea obra de Irvine Welsh, el creador de “Trainspotting“, “Acid House” y tantos trabajos transgresores, ya indica que el habitual tono “hooligan” propio de estos lares, brilla por su ausencia. Que Modeo, hombre de ciencias, empiece comparando el equipazo de Guardiola con la literatura de William Gibson, Philip K. Dick y el malogrado Forster Wallace, confirma este insólito feliz hecho.

A mí, muchas veces, me ha dado vergüenza reconocer que me gusta el fútbol, ya sea porque detesto casi todo lo que le rodea, por haber aguantado lo que Modeo llama, con cierto solapado desprecio, millones de “conversaciones de barra de bar”, por comprobar que muchos aficionados son fanáticos incultos orgullosos de serlo o por el pésimo nivel de muchos periodistas deportivos que no son más que hinchas disfrazados, lo cierto es que hubo una época en que creía, equivocadamente, que la inteligencia, era un “rara avis” en este mundillo.

Por fortuna el haber leído unos cuántos grandes libros sobre el tema ha hecho trizas mi error, y aunque entiendo, entre asqueado y burlón, que el “deporte rey” se ha extendido a la telebasura en programas en los que todos gritan a la vez y se visualizan sms tipo ” Bmos ha gana ete prtido” o “lo an alludao ls harbitros” ( cuando pasa al revés no dicen nada ) por medio de aficinados y supuestos periodistas. Pero tras el trabajo de Modeo comprendo que sí, que hay mucha inteligencia en el planeta fútbol. Hacen falta más “maldinis” y menos de los otros. Cómo dice uno de los escasos representantes del fútbol total en suramérica, Pacho Maturana, refiriéndose a su país, Colombia: “nuestro fútbol y nuestra sociedad necesitan más cultura”, aqu incluida en la página 218 y que puede extrapolarse al resto del mundo.

¿Qué es eso tan europeo del fútbol total? Es el sistema en el que “atacan todos y defienden todos”, como afirmó uno de sus máximos gurús, el holandés Rinus Michels. Ese orden riguroso que, como define Modeo, construye antes que destruye, anticipa antes que espera y propone antes que responde. Un sistema netamente ultraofensivo que, nada contradictoriamente, se ve cimentado en una fuerte defensa y que ha llegado a su máxima expresión con el BARÇA de GUARDIOLA, muy posiblemente el mejor equipo de todos los tiempos ( eso no quita que pueda perder )

Historia tanto del Barça como de esa alegría para la vista, el fútbol total se hizo famoso con la Holanda subcampeona del mundial del 74 entrenada por el propio Michels y con Johan Cruyff como máxima estrella. Un equipo que, entre otros logros, arrolló a Argentina, Brasil o Uruguay antes de perder en la final, donde primaba la estética por encima del resultadismo.

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“Desgraciadamente Philip K. Dick ha muerto” Michael Bishop

Como todo gran aficionado de Philip K. Dick sabe, el autor, al que podría definirse como un cristiano contracultural, vivió una peculiar experiencia, o revelación, a mediados de los años 70′. Siempre según su versión, afirmó que se le apareció una entidad de origen divino y extraterrestre, que entre otras cosas, le anunció que Nixon era el anticristo. ¿Alucinación? ¿Visión provocada por las drogas de las que tanto abusaba?¿Realidad?¿Ataque de locura?¿O alguna otra explicación? Porque el hecho es que el creador de “Ubik” vivió dicha experiencia como algo absolutamente real hasta tal punto que sus últimos trabajos, como “La invasión divina”, están fuertemente influenciados por dicho “suceso”.

Y, como no, también ocupa un lugar predominante en sus biografías, como la Emmanuelle Carrere, ha dado lugar a cómics de Robert Crumb o novelas como esta que nos ocupa, a cargo de Michael Bishop, meritoria mímesis literaria, no exenta de ironía y personalidad propia, de las obra de eses autor clave en la ciencia ficción que fue Philip K. Dick.

Un sentido, y a la vez divertido homenaje publicado por La Factoría de Ideas que ya editó otros libros de este escritor como “El eslabón perdido” y “Sólo un enemigo: el tiempo”, también encuadradas en el mismo género.

El libro de Bishop parte de una de esas realidades paralelas tan propias de Dick. En 1982, Estados Unidos ha ganado la guerra del Vietnam y decapitado a Fidel Castro entre otras lindezas. El país se ha convertido en una dictadura racista liderada por Nixon, que ha vapuleado los derechos civiles y el movimiento contracultural de los 60′ ( adiós Jane Fonda, adiós Bob Dylan, adiós Rock ‘n Roll ) y ha propulsado el movimiento espacial, base lunar incluida, adelantándose a los soviéticos con los que vive una frágil tregua. Pero como suele pasar en estos trabajos, la realidad no es lo que parece.

Este es un trabajo que casi parece estar diseñado para hacer las delicias de cualquier seguidor de Dick que ya haya leído toda su obra y eche de menos más material del prematuramente fallecido escritor. En su haber, tiene, además que es una novela más centrada y menos plomiza que las del maestro. Bishop no divaga innecesariamente y construye una obra más sólida de lo que solía ser habitual en Dick, más dado a las ideas, geniales, y a las reflexiones que en tejer un hilo conductor en sus historias. Por otra parte no tiene esa capacidad de sorpresa, ni la inventiva de un escritor, dick, que revolucionó la ciencia ficción y que tanto influyó en creadores posteriores, muchos de ellos del género, pero también cineastas, músicos y todo tipo de artistas.

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“Fante. Un legado de escritura, alcohol y supervivencia” Dan Fante

Sajalín publica en su impecable colección “al magen” la esperada autobiografía del hijo de John Fante, un libro que cumple las expectativas que en él estaban puestas y que gustará a cualquier seguidor de esta peculiar saga familiar, tan relacionada con la mala vida y la ciudad de Los Ángeles, aunque aqui podemos disfrutar de anécdotas cien por cien neoyorkinas, ese lado de la ciudad que no nos enseña Woody Allen.

Esta historia repleta de violencia, sexo, ira, drogas y alcohol ( Dan Fante fue alcohólico durante unos 25 años ) está narrada con el ritmo dinámico, vibrante e incluso acelerado propio del autor de “Chump Change”, hasta tal punto que este trabajo de más de 400 páginas y profusamente ilustrado con fotografías, para mí sorpresa, me lo he leído en un par de días, y muestra todas las virtudes ( y algún defecto ) del Fante novelista.

Por supuesto, con un padre como John Fante, y con una relación tan errática, tormentosa, a lo largo de varias décadas hasta el fallecimiento de éste, el creador de “Llenos de vida” es parte importante del libro. Al respecto se desmontan algunos tópicos: es cierto que fue ignorado como escritor en vida salvo en breves periodos de tiempo, pero él contribuyó a esta marginación aceptando voluntariamente trabajar como guionista de Hollywood a cambio de suculentos cheques. Y, cosa muy interesante, fue marginado por la camarilla comunista de la meca del cine antes de que a ésta, a su vez, la persiguieran, claro que con mucha más crueldad y contundencia.

Este es un notable libro, rico en anécdotas, en humor negro y que cuenta jugosos cotilleos no sólo de su familia sino también de otros escritores y artistas famosos como Bette Davis, pero también es cierto que deja sensación de “dejà vu”. Tal vez sea porque aqui se repiten algunas historias narradas en los libros de su padre o en las suyas propias, una historia clásica de caída y redención, donde Fante hijo tal vez calle algunas cosas. Pero sigue siendo, repito, un gran trabajo.

Dan Fante no llega – al menos de momento – a la altura de su padre o del gran Charles Bukowski, al que deben, junto a Ben Pleasants, tantas cosas padre e hijo. De todas maneras, y tal como está el patio de adocenado, no seré yo quien me queje porque escritores tan libres y corrosivos, y llenos de talento, como el autor de este libro, que no abundan precisamente, y la irupción, vía Sajalín, de su prosa en el mercado autóctono, ha sido toda una bomba y un soplo de aire fresco. Un escritor con algo que no abunda: una voz propia.

Fante” es un libro divertido, cínico, triste, cruel, salvaje…todos los calificativos que se le pueden poner a una vida tan extrema y chocante. ¿Mi anécdota favorita? La de la página 152 que hace referencia al hijo de William Saroyan. Publicó un poema de una sola palabra y obtuvo un gran reconocimiento crítico, lo que le llevó a Dan Fante a concebir, obviamente, esperanzas en su futuro como poeta. No me extraña!! A partir de ahora dejo MELIBRO y me voy a dedicar a la literatura: ¡ escribiré relatos de una línea ! ¡Novelas de medio folio! ¡Sagas de página y media! ¡Haikus de media letra!. A ver si hay suerte, siguen existiendo críticos similares y lo siguiente que sabe Monsieur Montag de mí es una postal desde las Islas Bermudas.

Bromas aparte, con este libro te entran más ganas de leer las obras inéditas de un autor que, como en tantas otras cosas, tuvieron que ser los franceses quienes lo descubrieran.

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“Metal extremo. 30 años de oscuridad ( 1981-1011 )” Salva Rubio

A estas alturas está claro que, pese a que sus fronteras no estén definidas, el Heavy Metal y el Metal son algo distinto, y dentro de éste, para algunos, o como algo completamente diferente, para otros, pese a que sus fronteras vuelven a estar diluidas, existe el Metal Extremo, el conjunto de varios subestilos que como dice el autor de este libro se caracterizan por “la destrucción consciente de cualquier frontera musical, incluso las que el propio Metal Extremo pudiese levantar”.

Se trata no sólo de la música más “violenta” que existe sino también una de las más ricas y desprejuiciadas y cabría decir que incomprendidas, algo que que al Metal extremo no podría importarle menos. Una música sobre la que se tienen muchos prejuicios ignorantes, que está, generalmente, mal vista y que hasta ha sufrido las persecuciones y censuras de rigor, lo que no ha impedido que se propagase por todo el mundo como un virus indestructible y siempre dispuesto a mutar de las maneras más insospechadas.

Estamos hablando de música de verdad tocada por músicos de verdad a los que, salvo algunas excepciones y generalmente cuando abandonan el extremismo, las ventas y las radiofórmulas no podrían importarles menos. Una música además rechazada porque es la que más incita a pensar por uno mismo, algo que este mundo tan homogeneizado y conservador no tolera.

Que este tremendo y riguroso libro haya sido publicado en un país como España roza lo paranormal. Ignoro si su autor es un superhéroe oscuro o algo por el estilo, pero si hay un país de occidente donde, al contrario de Estados Unidos, Alemania, Escandinavia o Reino Unido, no sólo el Metal Extremo sino el Rock en general, con todas las excepciones que las hay, es rechazado más de lo normal, es éste, no en vano uno de los más incultos del primer mundo. En cuestiones de Rock y Metal España es cuarto mundistas y en la ciudad donde vivo sexto mundista, por lo menos.

Lo que empezó como una tesis doctoral en la Universidad se ha convertido en este ambicioso, hermosamente desmesurado libro de cerca de 600 páginas, donde salen más de 1000 bandas de más de 50 países distintos, incluidas algunas de lugares tan exóticos como Malasia, Malta, Corea del Sur, Sudáfrica o Islas Feroe.

No es un libro de anécdotas, ni un libro de críticas, ni una enciclopedia exhaustiva del metal extremo, aunque tiene un poco de los dos primeros y bastante del tercero. Es una historia del metal extremo desde sus pioneros hasta la gloriosa época actual, repasando el auge, caída y resurección de sus diversos y muy diferente estilos.

Un trabajo apasinado y apasionante, aunque escrito con sobriedad y hasta con sutileza, culto, inteligente, que demuestra las varias disciplinas por las que se mueve el autor ( a parte de guionista y miembro de una banda ha hecho alguna exposición de retratos si he leído bien en Internet ), que desmonta no pocos tópicos y hace una inmensa reivindicación de una música como pocas:

-Los pioneros ( “Celtic frost”, “Hellhammer”, “Bathory”, etc…)

- El Trash ( “Slayer”, “Pantera”, “Anthrax”, “Forbidden”, etc…)

- El Death ( “Morbid Angel”, “Dark Angel”, “Deicide”, “Suffocation”, etc…)

- El Black ( “Mayhem”, “Dark throne”, “Inmortal”, “Emperor”,…)

- El Metal Industrial ( “Fear Factory”, “Godflesh”, “Red Harvest”, etc…)

- El Grindcore ( “Napalm Death” – por supuesto -, “Brutal Truth”, “Brujería”, “Nasum”, etc…)

- El Goregrind ( “Carcass”, “Xysma”, “Haemorraghe”, etc…)

- El Doom – capítulo que en el mundillo va acrear polémica – ( “My Dying Bride”, “Anathema” 0 “Cathedral”, pero no “Melvins” o “Saint Vitus” a los que Rubio define como Rock Pesado Stoner, lo que rompe muchos dogmas. El autor se inclina a considerar Metal Extremo a los que tienen componente góticos )

- El Folk Metal ( “Isengard”, “Storm”, “Kampfar”..)

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“Compañía K” William March

William March se alistó voluntario en los marines para combatir en la I guerra mundial y volvió a casa cargado de condecoraciones y con una actitud muy distinta de la que tenía cuando fue a la contienda, lo que le llevó a escribir esta visceral novela antibélica, todo un clásico aún muy desconocido en este país y que ha sido editado por Libros del Silencio, que próximamamente, publicará “La mala semilla”, del mismo y reivindicable autor.

Con un buen y largo prólogo de Philip D. Beidler, que tal vez convenga leer después de la novela pues cuenta bastante de ella, “Compañía K” presentó en su época una estructura que se reveló muy innovadora, que sigue aguantando perfectamente el paso del tiempo y que influyó posteriormente en la literatura norteamericana sobre la guerra del Vietnam. Sus 113 episodios, la mayoría de una extensión muy escueta, lo que hace que sea un libro de lectura rápida, están narrados desde el punto de vista de 113 combatientes que presentan un mosaico amplio, desasosegante y contradictorio de la condición humana.

El que no se contradice es el propio March, que realizó un retrato devastador, profundamente pesimista de esa misma condición humana que, continuamente, cae en las mismas trampas. Desde los primeros días en la retaguardia, pasando por el infierno del frente en Francia, hasta llegar a la difícil integración en la vida civil una vez firmado el armisticio, March, a parte de un enfoque original, demostró una amargura y una carga crítica muy difíciles de superar.

Todos los episodios llevan el nombre del combatiente en cuestión, pero fácilmente se les podría sustituir por “arquetipos” que revelan las intenciones de March: “El ciego”, “El quemado”, “El suicida”, “El loco”, “El desertor”, “El fanático”, “El oficial carnicero”, “El asesino”, “El saqueador”, “El mutilado”, “El inadaptado”, y un largo etc. Lo curioso es que algunos narran su propia, y casi siempre atroz, muerte. Las aberraciones cometidas y sufridas por ellos se entremezclan continuamente y llegan a su cima cuando dicho “oficial carnicero”, sin explicación lógica, mandó ejecutar a 22 prisioneros alemanes, lo que marcará la vida de sus asesinos. March, con una mordacidad cargada de hiel, narra como, poco después, el citado oficial ordena a su compañía ir a misa y “pasárselo” bien en ella.

Más que un mensaje pacifista a lo “Sin novedad en el frente” o “Platoon“, que lo hay, “Compañía K” es lo que dice Christopher Morley: “Es un libro de un coraje extraordinario. No el coraje propio de la esperenza sino el coraje tranquilo de la desesperación“. Y más adelante lo califica de “antología de la consternación”.

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“El último enemigo” Richard Hillary

Cómplices editorial publica este clásico ambientado en la segunda guerra mundial en los días de la batalla aérea de Inglaterra.

Al hablar de “El último enemigo” es imposible no hacerlo sin comentar la biografía del autor, no sólo porque está basada en sus propias experiencias y lo escribió mientras se recuperaba de las heridas que le dejaron desfigurado, sino porque, alpoco tiempo, falleció en un accidente de aviación, con 23 años y sin llegar a ver el fin de la guerra.

Una mirada superficial podría hacer pensar que esta es la típica novela bélica: Hillary, con una madurez sorprendente, nos relata sus días de Oxford, describe a sus amigos, la mayoría de los cuales murieron antes que él y cuenta con agilidad su ingreso en la RAF y los posteriores entrenamientos hasta llegar a los combates. Todo muy normal, aparentemente convencional o clásico, pero en el fondo nos está contando también otra historia. La de un egocéntrico inteligente, el propio autor, indiferente al mundo y a sus crueles circunstancias que acaba descubriendo un sentimiento del que carecía: la empatía hacia los demás seres humanos en un proceso doloroso que adquiere pleno significado en las últimas páginas y que hace muy diferente este valiosísimo trabajo de tantas otras obras sobre  dicha guerra.

Con un esclarecedor prólogo de Miguel Sáenz, “El último enemigo” que con los años se ha convertido en un pequeño mito, tal vez adolezca en algún momento de las imperfecciones propias de un debutante en cuanto a construcción, estructura o algunas expresiones, pero su profundidad, su hondura, la unión de dinamismo y densidad, el retrato de este Londres continuamente bombardeado y a la vez pletórico de vida, el magistral retrato de su convalescencia o ese impactante arranque en el que narra como fue derribado y pasó varias horas herida, y quemado, en las aguas del Mar del Norte, entre otros aciertos, hace que nos encontremos ante una pequeña joya que trasciende los tópicos del género bélico al mismo tiempo que puede atraer perfectamente a todo aficionado a la literatura de la II guerra mundial.

Un libro muy singular y una demostración, tal vez inconsciente, de la ética de su precoz autor, que realizó un trabajo tan conciso como preciso.

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