“América” de James Ellroy
Este es el despiadado inicio de la trilogía “underworld” que continúa con “Seis de los grandes” y que Ellroy acaba de cerrar con “Sangre vagabunda”.
Tras el cuarteto de Los Angeles, el escritor, enplena madurez, da un salto hacia delante trascendiendo tanto los límites geográficos como con el género negro en el que se enmarcan sus novelas, realizando un recorrido vigoroso y sumamente inquietante por la trastienda ( las cloacas, más bien) de la política USA de finales de los 50′, principios de los 60′, que culmina con el asesinato de Kennedy.
La revolución cubana, la fracasada invasión de Bahia Cochinos. La mafia de Sam Giancana, Jimmy Hoffa y su podrido sindicato. El enloquecido megalómano Howard Hugues. La i mplacable ascensión al poder de los Kennedy…
Ellroy ya avisa desde el principio: América, al contrario de lo que las muchas miradas revisionistas sostienen de forma ingenua, nunca fue inocente, y el mito del arribista JFK una auténtica patraña. Este es un libro feroz, apabullante viaje por los entresijos de los historia, donde se confunden personajes ficticios con los reales y donde a veces es difícil saber que fue real, y que no. Un viaje donde la crueldad, la violencia y la avaricia son norma común. Una historia de hombres muy pero que muy malvados, con la corrupción como estandarte. Es un gran retrato de las peores paranoias del país que domina el mundo: el anticomunismo, el racismo, la adoración al dinero…
Casi todos se alían con casi todos. Casi todos se enemistan encarnizadamente con casi todos. Depende del momento, de las circunstancias. Lealtades perdurables apenas hay y el amor y la redención propios de Ellroy, tienen aqui una menor presencia

Si Don Winslow zarandea al lector con “El poder del perro”, Ellroy le da directamente una paliza y lo deja conmocionado. Esta es una narración negrísima, rica en cadáveres y atrocidades, en horrores y maldades, en conspiraciones y planes que chocan entre sí.
Ellroy ha creado una novela descomunal, donde las ambiciones casan perfectamente con los resultados, donde nunca se lo pone fácil al lector. Su trama es tan compleja que éste tiene que estar muy atento y crearse sus propios esquemas mentales para no perderse dentro de sus ramificaciones y vericuetos, los mismos que le dan una enorme riqueza y hacen de “América” una obra tan barroca como sólida y coherente.
El maestro vuelve a lucirse en la creación de personajes inolvidables. Personalmente hay tres que me fascinan, especialmente el monstruoso Pete Bondurant, implacable matón, asesino a sueldo que acabó con su propio hermano e incitó el suicidio a sus padres. Una mole física que deja una montaña de cadáveres tras de sí. Por poner una referencia famosa sería como el gran Russell Crowe de “L. A. Confidential” elevado al cubo, más turbio y corrupto, el típico psicópata de Ellroy con sus propios y particularísimos principios y mucho más ambiguo de lo que al principio parece – sí, a pesar de sus cientos de asesinatos -. El segundo personaje es el encantador “aristócrata” y manipulador Kemper Boyd, lo que podría llamarse un agente doble, triple y hasta cuádruple ( trabaja para la mafia, para el FBI de Hoover, para su enemigo – del anterior – Robert Kennedy, para la CIA…), si no fuera porque todo lo hace para sus propios intereses. Alguien que hace continuos malabarismos en el peligroso juego de influencias en el que se ha metido. Y el tercero, el mencionado J. Edgar Hoover, director del FBI, uno de los hombres más tétricos de la historia de EE.UU, cuya inteligencia sólo rivaliza con su crueldad. No hace mucho pudimos verlo en el cine en la gran “Enemigos públicos” de Michael Mann, encarnado por Billy Crudup.
Esta inmensa novela puede contarse entre lo mejor de su autor. Ellroy no es infalible. Él fue el responsable del sobado y previsible, casi autoparódico de la mediocre “Dueños de la calle”, de David Ayer, con Keanu Reeves ( aunque también fue el guionista de la preciable e infravalorada “Dark Blue” del reivindicable Ron Shelton, una historia 100% Ellroy ambientada en los disturbios raciales de Los Angeles de 1992). Pero pocos escritores tienen su poder de penetración, su profundidad, su capacidad para explorar en los secretos más escabrosos de la historia de su país y del ser humano en general e intentar sacar algo de genuina luz de todo ello.
Parece como si sus ojos y su cerebro estuviesen dotados de rayos X. Lo que no entiendo es cómo puede dormir tranquilo siendo tan malévolamente lúcido como es. Claro que si hasta Pete Bondurant se enamora, es que no todo está perdido.
Y esto es “América“: más de 800 páginas nada pesadas de locura y muerte donde queda un mínimo resquicio de esperanza…para los que sobrevivan a tanto salvajismo
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