“ADIÓS, SHANGHAI” ANGEL WAGENSTEIN
Por ARIODANTE
Título original: Сбогом, Шанхай
Traducción de Venceslav Nikólov
Editorial: Libros del Asteroide
ISBN: 978-84-92663-00-2
Fecha edición: Abril 2009
Páginas: 424
Género: novela
Angel Wagenstein, (Plovdiv, Bulgaria, 1922), nacido en una familia sefardí búlgara, pasó su infancia exiliado en París. Regresó a su país siendo un adolescente, Durante la segunda guerra mundial, fue internado en un campo de trabajo, del que se evadió para integrarse en las filas de los partisanos. Arrestado y condenado a muerte en 1944, logró salvarse al entrar el Ejército Rojo en Bulgaria. Finalizada la guerra, cursó estudios cinematográficos en Moscú y empezó una larga y reconocida carrera como guionista y realizador. Su carrera literaria comenzó tardíamente con la publicación de la novela El Pentateuco de Isaac (1998), que fue el inicio de una ambiciosa trilogía dedicada al destino de los judíos en la Europa del siglo XX que completaría más tarde con Lejos de Toledo (2002) de próxima aparición en Libros del Asteroide) y Adiós, Shangai (2004). Actualmente vive en Sofia. La vida del autor no fue precisamente un camino de rosas y sin embargo, la afrontó con esa manera de ver la vida con una cierta ironía y mordacidad con que nos cuenta en sus obras terribles dramas y a la vez, compensa con algo jocoso. Según Wagenstein, si los judíos no se apoyaran en el humor, no serían capaces de sobrevivir.
Adiós, Shanghai está precedida por un breve capítulo cuyo título cita la famosa Sinfonía de Los Adioses de Haydn; la sinfonía es ejecutada por una orquesta de depauperados músicos judíos procedentes de la Filarmónica de Dresde, en los restos de una fábrica bombardeada en Hongkou, Shanghai, ante un regimiento de infantes de la marina norteamericana, vencedores. Estamos en 1945.
Asimismo, la novela acaba con otra cita a la misma sinfonía, con el adagio finale. Poco a poco, los supervivientes se despiden de Shanghai y de todos los que han quedado enterrados allí, como velas apagadas, desde un buque con destino a Europa.
De las dos partes en que está dividida, la primera presenta la situación europea a partir de la noche de los cuchillos largos, con el concierto de Haydn, en el cual, conforme los músicos de la Filarmónica de Dresde van apagando sus velas en la sinfonía Los Adioses y saliendo de escena, van siendo detenidos todos aquellos –y eran muchos- de raza judía. Es 1938. La segunda parte trata de lo que los emigrantes forzosos encuentran al llegar a la aún ciudad internacional de Shanghai, en plena guerra chino-japonesa, con la ciudad dividida en zonas por naciones, donde cada uno de los personajes trata de salir adelante en condiciones penosísimas y cómo todos van a tener algo que ver entre sí, van a formar parte de una fina malla sin saberlo. Una malla que acabará por romperse.
Los diversos personajes, cada cual con su trayectoria, su ambiente y su manera personal de afrontar la vida, van apareciendo en escena a la vez que los acontecimientos de Alemania se precipitan. Todos, de un modo u otro, acaban por escapar, y de un modo u otro, todos acaban en el único sitio al que los dejan entrar: Shanghai.
Wagenstein nos traza un paisaje desolador en Europa: desolador para los judíos, acosados, marginados, humillados y ofendidos. Y desolador para la humanidad, que juega un papel tan deshonroso al consentir tal infamia, durante esos años previos a la guerra, en los que el pacifismo y la política de apaciguamiento primaba.
Muchas novelas han tratado la guerra en Europa o incluso en el Pacífico. Pero pocos han tratado y de modo tan fuertemente realista, lo que representó Shanghai en aquellos años; el inmenso drama de toda aquella gente sin esperanza; el drama de un primer violinista de la Filarmónica que sobrevivía trabajando como ayudante de un jardinero japonés para familias acomodadas, o recogiendo basura por las calles o cargando fardos en los muelles para poder comer.
Hay una trama en la que confluyen personajes que se han conocido en Dresde o en París, en la que hay encuentros amorosos, hay espionaje, hay miseria, tortura y dolor. Pero el tono de la obra discurre en dos niveles: el de los personajes, mezclando drama con cierta retranca, un humor diríamos muy centroeuropeo, en el que ellos se toman a sí mismos como objeto de humor. Y el otro nivel es casi un ensayo histórico, en el que la explicación histórica, contada directamente al lector, por un narrador muy sarcástico, discurre como un telón de fondo en el que van apareciendo el drama de cada personaje. Esta alternancia está algo descompensada, estas largas explicaciones de la situación política quizás podrían haberse resuelto dentro de la trama misma, pero el autor prefiere contárnoslo como en un aparte. En suma, creo que es una novela fallida, que hubiera podido resolverse mejor de otro modo.
Y tanto en uno como en otro nivel, lo que advertimos es un cierto problema con el lenguaje, que suponemos un fallo de traducción. Hay muchas frases mal resueltas o que nos dejan con un poco de confusión o con la sensación de que podría haberse expresado mejor. Al ser traducida del búlgaro, resulta difícil de identificar dónde está el fallo. Pero una revisión más detallada sería interesante para mejorar una novela que tiene un tema interesantísimo pero que no acaba de convencer la manera cómo lo desarrolla.
La última parte mantiene una fuerte tensión y dramatismo. Y nos deja un sabor de boca amargo, porque aunque sabemos que la guerra ha terminado, sabemos también que hay cosas que no pueden restituirse. Dresde arrasada hasta sus cimientos, Hiroshima y Nagasaki arrasados también. Y los supervivientes sin saber qué hacer con su vida y con su historia.
Junio 2010
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