Archivo de diciembre de 2008
“Almas del nueve largo” de José Luís Alvite
Cuando abres este libro, tu habitación se llena de humo de tabaco, la lámpara del techo se transforma en una simple bombilla, sucia, cubierta por una tulipa cónica, negra como un tizón y tus ropas desaparecen para convertirse en unos elegantes pantalones de pinzas negros, camisa blanca, chaleco, corbata y un sombrero al más puro estilo “Scarface”.
Te encuentras como en medio de una partida de poker de los años 20, donde lo que menos importa son las cartas y el juego. Son los personajes que te rodean, sus vivencias, sus comentarios y sus reflesiones (por cierto, estupendas) los que poco a poco van construyendo un ovillo de historias que poco a poco hay que desliar.
El libro (sobre todo el principio) es muy entretenido, tiene un aire nostálgico buenísimo, parece que te lo esté contando la voz en off de una película de Eliot Ness y te sientes muy arropado y alejado del siglo XXI. Tiene un pero: Se va transformando poco a poco en un libro sobre relaciones de pareja con bastante poco interés.
Mi valoración: Hasta la mitad, un diez. De la mitad al final, prefiero no opinar. Nota media: un cinco
“Los cipreses creen en dios” de Gironella
Este es un libro que retrata la españa de la república hasta el estallido de la guerra civil. Luego vendrán dos partes más, guerra y postguerra. Es una obra tachada de estar al lado de los vencedores.
Partidos políticos, tendencias ideológicas, todo ello es retratado, sin exclusiones, obispos y anarquistas, tradicionalistas y obreros. Cierto es que parece hacer más hincapié en la radicalidad de ciertos grupos y violencia de la llamada izquierda.
En vez de tachar a los cipreses… de obra reaccionaria, mejor sería pararse a pensar en el momento en la que fue escrita, en plena dictadura.
Independientemente de su pensamiento, que parece obvio,
¿Qué otra cosa podría haber hecho?
Nada del otro mundo
Share“El corto verano de la anarquía” de Hans Magnus Enszenberger
Este fantástico libro -compactos anagrama- recoge la vida obra y milagros de Durruti, anarquista leonés emigrado a Barcelona.
En forma novelada, Enzensberger, de forma sencilla, amena, retrata un personaje ya de otro tiempo y un tiempo de otro universo. La utopía anarquista fue puesta en marcha en la ciudad de Barcelona de finales del 36 hasta mediados del 37.
Narración fascinante cuenta como de repente todo el mundo vestía de obrero, todos guardaron sus vestidos bonitos en el ropero lejos del alcance de ojos ajenos. Vemos a los anarquistas, con sus ideales, sueños del que se despertaron pronto. Todos llevamos varios milenios despiertos. Vemos al gran Durruti. Bienaventura de nombre. Lider carismático, arrastra masas. Una suerte de Enrique Lister en Barcelona y anarquista. Sus logros y sobre todo su enigmática muerte. ¿Cómo murió? No está muy claro. Qué si los nacionales, los comunistas o una bala perdida que sus correligionarios no quisieron decir que mató al gran heroe para no acabar de golpe y plumazo con el mito. Vaya manera más tonta de morir para un dios.
En medio de esto, asistimos a una españa republicana cercada por la españa nacional con sus aliados foráneos, y una Barcelona anarquista- breve breve- cercada por la españa republicana, comunista socialista centrista “burguesista” que primero pensó en acabar con anarquistas trosquistas y compañía, -obreros- y luego con los nacionales
Sólo consiguieron lo primero
“Ácido sulfúrico” de Amélie Nothomb
Bueno, un librillo con pocas pretensiones que refleja el mundo de los “reality shows” pero exagerándolos con la intención de hacerlos más atractivos al lector. En este caso narra las vivencias de los concursantes de uno de estos concursos de tele-realidad donde se retrata un campo de concentración, y los nominados no se expulsan, sino que se les pega un tiro entre ceja y ceja. La verdad es que en algunos casos, no sería mala idea…
El libro es flojete, te distrae, tiene algunas frases bastante buenas, reflexiona sobre el mundo de la televisión y los televidentes, pero para ser sinceros, no se salvará de la quema cuando me vuelva loco e incendie la librería más cercana a mi casa.
“El origen” de Thomas Bernhard
El origen es el primer volumen de la biografía, autobiografía, de Thomas Bernhard. Son cinco volúmenes en total. Muy cortitos, eso si, que nadie se asuste. No es ningún mamotreto
Este primero Bernhard aprovecha para cargar contra la peor institución jamás inventada por la trastornada mente humana. La escuela.
En un momento en que el nazismo agonizaba, los educadores del colegio austríaco al que Bernhard asistía, como en todos los colegios, el autor los considera anti educadores. Perversos. Con lecciones que ciertamente se graban en las mentes colectivas de los educados. A saber. Respeto absoluto al fuerte, al matón, desprecio absoluto al débil, al debilucho, al de gafas, al sensible, al que le sabe mal hacer el mal por el mal. En medio, una pleyade de termitas humanas, los en realidad débiles catapultados por su debilidad a la cúspide, los que acaban dominando a los violentos y a los sensibles. Los que se aprovechan de la existencia de los primeros para cargar sin tregua contra los segundos.
El que se salga del rebaño se autoseñala como presa fácil.
Lo triste para Bernhard es que tras la caida del los nacionalsocialistas austríacos, llegaron los curas católicos austríacos a la escuela, y, pues todo siguió igual.
Lógico
Es difícil sobrevivir a la escuela
“San Isidro fútbol” y “Aquí no paga nadie”. Pino Cacucci y Dario Fo
Vivimos en un mundo en el que actualmente sólo se nos ve como buenas personas si nos comportamos de una manera socialmente aceptada. Es fácil. Con aparentar que estamos en contra del maltrato de los animales, de la violencia de género, de las dictaduras, del caciquismo, de la especulación, del terrorismo, de la explotación laboral, del respeto al prójimo, de Gran Hermano, de la subida de los impuestos, del avinagramiento social… En fin, de todo lo que te hace ser un vinilo en una estantería de CD’s.
En ambos libros, se nos muestra de una manera tremensamente cómica que, en un principio si que respetamos nuestro ídem (perdón por el juego de palabras…) pero que, como ya nos dijo Mark Twain, “los pricipios sólo tienen fuerza cuando se tiene el estómago lleno”. El respeto, la tolerancia y todas esas cosas tan bonitas que quedan tan bien decir en medio de una multitud de gente, se derrumban como un castillo de naipes ante la presión que ejerce el beneficio propio sobre nuestros valores.
En “San Isidro fútbol” es la figura de un sacerdote que descubre los poderes de un “misterioso polvo blanco” que le da unos poderes sobrenaturales al delantero centro del equipo de fútbol de su pueblo. No sabe (o no quiere saber) la naturaleza de ese polvo e intuye que incluso podría ser pecado la utilización del mismo, pero gracias a él, el delantero centro marca más goles que Garrincha.
En “Aquí no paga nadie” es lo mismo pero digamos…del otro bando. Un trabajador, camarada de sus camaradas, obrero, sindicalista, duro con la patronal y el empresario, trabajador ejemplar,con el puño en alto siempre que puede, se rinde ante la influencia de poder robar con argucias morales al que ni el más desalmado de los mortales se podría resistir. En unos tiempos de crisis donde todas las mujeres están embarazadas (pobrecitas, míralas como sufren) y nadie es capaz de investigar si ese embarazo es real o simplemente por aprovecharse de los beneficios morales y sociales, donde hasta un ataúd sirve para esconder comida robada sin que nadie se atreva a mirar lo que hay dentro (ya tiene bastante pena) y donde cualquier excusa es buena con tal de que sea mentira, los personajes de este libro nos muestran el desasosiego y el malestar social de las clases trabajadoras donde, al contrario de la ley natural, no es el más fuerte el que sobrevive, sino el más débil.
Ignorantes y débiles… La raza que dominará el mundo
“La colmena” De Camilo José Cela
Recuerdo a Cela en los ochenta cuando salía junto con Ramoncín en el programa de Hermida, en la sobremesa, el mismo en que echaban la serie Cheers, cuando no había más que dos canales y ninguna cadena delegaba en otra la responsabilidad de emitir algo decente. Aqui Cela era un poco lenguaraz, soltando algún que otro taco. Parece que tenía buena prensa.
Luego ganó el nobel en el 89 y su imagen se deterioró. Qué si nunca dijo que el Nobel fuera una mierda; qué negará haber sido censor en tiempos pretéritos.
Caiga bien o mal, cayera, lo que aquí nos ocupa si el libro es bueno, si aporta algo a la literatura. Hay quién habla de “La colmena” como de un auténtico coñazo. ¿La han leído?
Para mi es una pasada.
Habla del Madrid de la posguerra. Es una narración ágil, muy sencilla, de cosas que interesan. Sientes frío con los personajes, el miedo de vivir en esa época, de la escasez. Del desprecio de la dueña del café por ciertos clientes, del desmedido aprecio por otros. Sufres con las chicas jóvenes sin más porvenir que buscar un buen partido, que luego resulta ser un sinvergüenza. Son tiempos difíciles, sin mucha ética. Siempre son tiempos difíciles.
Todo de la mano del protagonista, que va buscando huir de su pasado, buscando cobijo y algo de alimento en casa de su hermana, casada con un Nacional, o incluso en los burdeles, las únicas almas caritativas de un Madrid exhausta.
Asi vemos el mundo real de la posguerra, con sus ganadores y perdedores, con una frase muy interesante que curiosamente no sale en el libro sino en su versión cinematográfica salida de la boca de José Sacristán:
- ¡ganar una guerra para esto!
“Siddhartha” de Hermann Hesse
Siddartha es un libro adecuado para esos momentos, tan frecuentes verdad, en los que estás enfadado con el mundo. Siddhartha te reconcilia, y te espera pacientemente hasta la próxima.
Te aporta cierta calma interior
Om
En la antigua India el joven Siddhartha, como todos nosotros, se preguntaba como se alcanzaba el dominio del Yo. Cómo controlarlo. Alcanzar la palabra sagrada.
Om
Con la acumulación de sabiduria vió pronto que no. Ancianos brahmanes, sabios y venerables, hasta la muerte seguían acumulando sabiduría. Si siguen buscando, pensó, es porque no han encontrado aún.
Anulando al Yo, dándole martirios, privándole de comida y bebida, incluso de ropas contra el frío, tampoco pareció ser la solución. Era como beberse toda la cerveza de la India. Al despertar de la borrachera, el Yo seguía alli. Aún sin sentir hambre o frío, antes o después, el Yo volvía a gemir como una quejumbrosa maquinaria.
Con los placeres carnales, pronto el Yo chirria, más que nunca, nunca tiene bastante este Yo.
Bajo un árbol creyó hallar la solución
Ayuno, silencio, poner bajo el listón.
El pasado volvió a él, a los que quería,
y por ellos sufría.
Om
Aprendió a relativizarlo todo. Lo que hoy es tan importante, tal vez mañana no lo sea tanto. Nunca es tarde para cambiar algo torcido.
Sobre todo, que Siddartha era Siddartha, y los demás no lo eran, y no podían aprender lo que él tan claro tenía. No hay que esperar de algo o alguién lo que por lógica no puede hacer o aprender.
Una piedra es una piedra. Tal vez con el tiempo se deshaga en tierra en la que se plante un rosa de la que salga una hermosa flor.
La palabra sagrada se oyó en su corazón cuando vió esto claro. No era el listón de Siddartha lo que estaba alto, era muy alto el listón que había colocado a los demás.
Su hijo, todos nosotros, estamos a disgusto en ese mundo, esclavos del Yo y por eso damos tanta guerra. Siddartha pensó que si él era el primero en aceptar esta conclusión y oir la palabra sagrada, los demás acabaríamos por oirla.
¿Nadie oye nada?
Om
“Una princesa en Berlín” de Arthur Solmssen
No suelo leer cien hojas de golpe, ya quisiera, pero con este lo hice. La Alemania de entreguerras es una época fascinante,y considero “Una princesa en Berlín” uno de los libros que mejor retratan tal época.
Muy curioso, en una de las tomas de contacto del protagonista con el mundo obrero marxista, a la zona este de Berlín, conoce a ni más ni menos que a Bertolt Bretcht.
Es la historia de un norteamericano que tras participar en la Gran guerra del catorce vuelve a Berlín a principios de la década de 1920. Se rodeará con gente acomodada, pero también con personas con menos ingresos, con gente que cojeará de las más diversas ideologías, por supuesto sin ser citadas-nadie es de nada-. Será un partícipe neutral en mundo agonizante que cree que tiene esperanza- el mundo berlinés digo- donde será recipiente de multitud de confesiones, susurros y algún que otro grito desesperado.
Vemos una alemania en ruinas económica y moralmente. Industriales y banqueros, muchos de ellos judíos aunque no todos, aprovechan la crisis – ¿os suena? para ganar más dinero. Generan tal inflacción que el pan por la noche se compra con un billete 100000 veces el valor que el de la mañana anterior.
Paro, hambre, movilizaciones callejeras, Weimar es un evidente fracaso. La república democrática surgida de la paz de Versalles es una triste charada- sin dinero toda democracia es una charada; sin dinero todo lo es-. La democracia liberal, pues, agoniza, en las calles y la agitación es más que evidente.
Comunistas y Anarquistas amenazan al estado.
El estado liberal ve como su invento anestesiante, colocar a la socialdemocracia en el poder, a fracasado. Los obreros no comen, pues, entonces, no pican el anzuelo.
Unos peligrosos bastiones nacionalistas amenazan el estado por la otra orilla ideológica desde Baviera. Hitler
El estado lo intenta pero es una marioneta de los ricos industriales, banqueros y de la torpe Sociedad Internacional de Naciones. El marco se devalúa y los alemanes se empobrecen por segundos
EL estado va a caer y sus dirigentes, las clases altas, deben decidir a quién le dejan el poder para impedir la anarquía. A los comunistas o a esa incognita con bigote y flequillo que seguro será maleado cuando se apoltrone en el poder
Cualquier cosa mejor que los comunistas, piensan.
Pues ya ves
“Lanzarote” de Houellebecq.
Michel Houellebecq es la voz, -cínica para unos, aguda para otros, nihilista he llegado a oir, -del para mi punto de vista, hartazgo monumental hacía otros individuos de su, nuestra, especie.
No nos soportamos más. Preferimos trocar ese rechazo con feos ismos- racismo, sexismo, clasismo…- antes de reconocer que ya nadie soporta a nadie. Sin exclusiones.
Cada libro de Houellebecq supera al anterior. Este, Lanzarote, fue el primero que leí. Luego he visto que todo lo apenas esbozado aqui, turismo sexual, sectas, clonación humana, incapacidad de amar, sexo como utopía, hartazgo vital, sexo, imposiblidad de recibir amor- ¿he dicho ya sexo y hartazgo vital?-, todo esto, digo, se repite en sus posteriores novelas, revisado y ampliado.
En lanzarote un funcionario harto de todo marcha a esta isla a desconectar y si puede ser resetearse. Como esto aún no es posible, pues se embarca en una aventura con dos alemanas muy abiertas. Hay un momento en la playa, en medio de la arena a la vista de quién quiera ver, que lo poco que se dicen entre ellos está escrito en inglés; será para no herir suceptibilidades. En la isla, siempre pensó en la posibilidad de una isla, se esconde el sueño de una vida sin desasosiego, con pocos humanos y estos en vias de sustitución por réplicas que no sientan la necesidad de molestar en tiempos de paz, aniquilar en tiempos de crisis.
Recomendabilísmo Houellebecq. Risas, escenas picantes, agudas anotaciones de la vida humana, y un poco, bueno un mucho, de mala leche.
Un autor analógico en un mundo digital.





